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lunes, febrero 29, 2016

Oscars 2016, cuando la anécdota vence a los premiados

Por mucho que guste dar palos a los Oscars en particular y a Hollwood en general, la ceremonia de entrega de las dichosas estatuillas suele ser una confirmación de lo bueno o lo malo que ha sido un año de cine. 2015 terminó con la sensación de que había más sombras que luces, y la gala lo confirmó. La Academia norteamericana ha acabado apostado por la anécdota antes que por los grandes premiados, por los récords y por las maldiciones antes que establecer a su mejor película como la gran ganadora de la noche. Porque fue Spotlight la película que se llevó el galardón principal, ¿pero alguien tiene la sensación de que fue realmente la ganadora? ¿Nos acordaremos dentro de unos años de que esta sensacional película fue la mejor de 2015? Lo más probable es que no, y a ello contribuye el hecho de que sólo ganara dos premios, el de película y el de guión original. Qué poco parece y, por desgracia, qué poco ayudará a que Spotlight permanezca en la memoria de los cinéfilos a pesar de sus inmensos méritos.

Por desgracia, la foto de la noche no ha sido esta, la del equipo y el reparto de Spotlight, todos ellos probablemente tan sorprendidos como el resto del universo cinematográfico cuando Morgan Freeman abrió el último sobre de la noche y leyó el título del filme de Thomas McCarthy. No creo que hubiera mucha gente que no esperara que en esa pequeña cuartilla estuviera escrito El renacido. Probablemente, Alejandro González Iñárritu ya estaba levantándose para verse nuevamente coronado después de la orgía emocional que supuso haber ganado el Oscar al mejor director por segundo año consecutivo por una película en la que lo que más destaca es su fotografía (la Academia logró otro de esos récords que tanto le gusta, tres premios seguidos para Emmanuel Lubezki) y sus actores (Leonardo DiCaprio, esta sí fue la foto de la noche, ganó el suyo, Tom Hardy no). Sólo Joseph L. Mankiewicz y John Ford habían ganado el premio dos años consecutivos. Con esa comparación sobre la mesa, o algo se está haciendo mal ahora o algo se ha hecho mal durante mucho tiempo.

La de DiCaprio es, probablemente, la mayor anécdota que ocultará el nombre de la tristemente sólo pseudoganadora de la noche, porque ya era la sexta tentativa del actor. El caso es que, por mucho sufrimiento que sea capaz de expresar en la pantalla durante las interminables dos horas y media de El renacido, no parece este su mejor papel, con lo que logrando la estatuilla por él ha entrado en el panteón de las estrellas compensadas, lo que supone una justicia pírrica para con él. Y seguramente no será el último Oscar que gane, con lo que, dentro de muchos años, su relación con la Academia, tormentosa hasta ahora (el actor se negó a acudir a la ceremonia en la que Titanic salió triunfal por no estar él nominado aquel año), será digna de analizar. Al menos no hubo un segundo Oscar de compensación en las categorías de interpretación y Sylvester Stallone se marchó de vacío. La estatuilla del mejor actor secundario se la quedó el brillante trabajo de Mark Rylance en El puente de los espías, y ver a Steven Spielberg puesto en pie fue fue uno de los grandes momentos de la noche.

Y es que fue una noche de momentos y de anécdotas. Porque como pensemos en una ganadora esa es Mad Max. Furia en la carretera, por la que la Academia ha mostrado un fervor sin precedentes para una película de género, hasta quedarse sólo por detrás de la multipremiada El retorno del rey. Hasta seis premios le entregó y por momentos dio la sensación de que la cosa iba a ir más allá para convertirla, con galones, en la triunfadora de la noche. Pero son seis Oscars. Los mismos, por ejemplo, que El Padrino II. El cine clásico muere en las comparaciones que deja esta ceremonia, de eso no hay duda. Lo que está claro es que a los académicos les va la marcha en cuanto al género se refiere, porque si no también resulta difícil entender el vacío a Star Wars. El despertar de la Fuerza, que perdió las cinco opciones que tenía. A Disney, por mucho que la exquisita Del revés de Pixar cumpliera con los pronósticos y se llevara el galardón al mejor filme de animación, no tuvo que hacerle gracia, pero las penas son menos penas con más de 2.000 millones de dólares recaudados sólo en cines y sin contar los miles de objetos licenciados que han vendido como churros.

¿Más perdedores? La gran apuesta es uno de ellos, porque sólo se llevó el primer premio por el que competía, el de mejor guión adaptado. Lady Gaga, sin duda, porque su actuación en la gala, ejecutada justo antes de que se diera el premio a la mejor canción, estaba pensada para que saliera del backstage a recoger el premio y se lo llevó la discutida canción de Spectre. Marte, Carol (ya olvidada en los premios principales) y Brooklyn confirmaron su anecdótica presencia en estos premios marchándose también de vacío. El puente de los espías, que no es lo mejor de Spielberg, logró más de lo que esperaba gracias a Rylance, y tanto La habitación como La chica danesa aportaron la frescura de la juventud con sus premios para Brie Larson y Alicia Vikander, las mejores actrices del año para la Academia. A la segunda incluso le alegró la velada al premio a los mejores efectos especiales para Ex Machina, su otra película del año y una gran sorpresa, pues fue la única categoría técnica además de la fotografía ya cantada para Lubezki en la que no triunfó Mad Max.

Al margen de los premios, llegamos a la gran anécdota de la noche, el boicot de la comunidad negra de Hollywood a la gala, el #OscarSoWhite del que tanto se ha hablado. Pues bien, fue el asunto monotemático de la histriónica conducción de la gala que hizo Chris Rock, centro casi exclusivo de su speech inicial, por supuesto objeto de su broma final, y paso obligado para todos los que querían hacer bromas en la gala. Cansino a más no poder. Alabemos, eso sí la capacidad de reacción de la Academia para convertir esta en la gala con más presencia de actores negros de la historia, con el propio Rock presentando, con Freeman dando el premio final, con muchísimos presentadores de esta raza y continuos planos al patio de butacas para buscar a sus representantes riéndose con las actuaciones del presentador. Hasta se puso bien visible a una violinista negra en uno de los números. Y, por supuesto, Spike Lee, promotor del boicot, apareció en el montaje que le mostraba recibiendo el Oscar honorífico. ¿Artificial? Sin ninguna duda. ¿Ayuda esto a la diversidad y a la igualdad? No, sólo al chismorreo, al chascarrillo y al debate estéril. Todo muy absurdo.

Y como el análisis de fondo no sirve, por eso la anécdota triunfa. Por eso lo mejor fue ver sobre el escenario a C-3PO, R2-D2 y BB8 rindiendo pleitesía al meganominado John Williams, y por desgracia megaperdedor, no lo olvidemos, ganar cinco de 50 nominaciones no es precisamente un gran dato para el que puede ser el mejor compositor de la historia del cine, por mucho que su derrota ante el nonagenario Ennio Morricone estuviera también cantada. Otro Oscar más de compensación, viendo la poquísima música suya que suena en Los odiosos ocho, por muy grande que sea el tema que ha compuesto para el filme de Quentin Tarantino. O la presencia como presentadores de Woody y Buzz, los míticos personajes de Toy Story recordándonos que llevamos veinte años adorándolos. Y es que esta vez no hubo apenas discursos emocionados, destacando el de Pete Docter con el mensaje más bonito de la noche, arengándonos a todos para crear, para hacer cine, para escribir, para dibujar, porque eso puede cambiar el mundo. Aunque luego no ganes un Oscar por ello.

lunes, febrero 23, 2015

Oscars 2015: sólo faltó el graznido de Michael Keaton

La mejor forma de resumir los Oscar de 2015 es que todos tuvieron su momento de gloria. ¿Triunfadora de la noche? Birdman, sí, pero el equilibrismo de la Academia provocó que casi nadie pudiera salir triste de una de las ceremonias más aburridas que se han celebrado nunca. Richard Linklater puede salir cabreado, porque de gran favorita Boyhood se convirtió en la gran olvidada de la noche, sólo con el reconocimiento a Patricia Arquette como mejor actriz. Clint Eastwood, con el que nadie se atrevió a bromear en toda la noche por si acaso, vio cómo El francotirador fue la única que se subió al palmarés desde el escalón de las estatuillas menores, con la de edición de sonido. Pero todas las ocho nominadas a la mejor película se llevaron al menos un premio. En consecuencia, todas ganaron y estarán hoy de celebración. Si esto lo hubiera concedido un jurado y no las votaciones de los académicos olería a tongo compensatorio. En distinta medida, pero todos salieron contentos. Para cumplir con todas las expectativas sólo faltó el graznido de Michael Keaton, que se quedó con las ganas de llevarse el Oscar pero que sí subió al escenario y habló cuando Sean Penn coronó a Birdman como la verdadera vencedora de la noche.

Una noche, por cierto, que se acercó mucho más que nunca al suplicio. La gala superó las tres horas y media, fue muy musical, probablemente en exceso porque sólo funcionaron la locura de La Lego película y la emoción de Selma, que ganó el único Oscar al que aspiraba seriamente, el de la mejor canción. Asimilar a la muy publicitada Lady Gaga homenajeando a Sonrisas y lágrimas fue duro. Pero para emoción la de ver a Julie Andrews en el escenario como colofón a ese momento y para entregar el Oscar a la mejor banda sonora, uno de los pocos instantes verdaderamente sorprendentes y emocionantes. Neil Patrick Harris, en el que se habían puesto muchas esperanzas como conductor de la gala, apenas apareció. Durante demasiado tiempo cabía preguntarse dónde estaba Y eso que empezó con un buen número musical. Pero después hizo muy pocos chistes divertidos, se reía él mismo más de lo que nos reíamos los demás, y sólo dejó huella apareciendo en calzoncillos, imitando, oh, sorpresa, a Michael Keaton en Birdman. Si la gala la hubiera presentado una voz en off no habría supuesto mucha diferencia. La Academia sigue sin encontrar una fórmula que recupere el entretenimiento, pero es que cada vez parece que va a peor.

Pero volvamos a la ganadora, Birdman. A la Academia siempre le ha gustado Alejandro González Iñárritu y parece que estaba esperando la ocasión propicia para premiarle. Curioso que sea la Academia la que premie un filme que le da tantos palos a su forma de entender el espectáculo. Y curioso encima que premien por eso a un director mexicano, con los prejuicios que ha tenido siempre Hollywood y que, eso sí, parecen estar cayendo a una velocidad impresionante. Cuando Sean Penn le dio un misterio imposible de creer al último premio de la noche y se preguntó "quién le ha dado a este hijo el permiso de residencia" hizo la definición perfecta. Es lo que se esperaba, es lo que querían y es con lo que han disfrutado. Ellos, por lo menos, porque tengo la impresión de que sin ese falseado plano secuencia y sin el reparto que tiene, un grupo de actores en estado de gracia, Birdman perdería muchos enteros como película. Aún así, es valiente, es divertida, es cínica y está bien hecho. ¿Suficiente para un Oscar? Esa pregunta dejó de tener sentido hace años. Son premios, no ejercicios de justicia, aunque queda por ver si Birdman deja tanta huella en la historia como le quieren reconocer las cuatro estauillas que se llevó.

Como la propia gala es un espectáculo, tres de las películas que olían a fracaso antes de que el resultado de las votaciones deparara tanta satisfacción son las que dejaron sinceridad, emoción y, justo eso, espectáculo. Imposible no contagiarse de la honesta alegría con la que Eddie Redmayne recogió el Oscar al mejor actor por su excepcional recreación de Stephen Hawking en La teoría del todo. Fue tan bonito que hasta se le perdona el apoteósico y bastante incomprensible ridículo que hace en El destino de Júpiter. Emociones a flor de piel también hubo cuando Graham Moore se hizo con el premio al mejor guión adaptado por The Imitation Game, por desgracia el único galardón que se llevó el filme y uno de los momentos de mayor reivindicación, que bastante hubo en la gala, junto a la de Arquette por la igualdad de la mejor, jaleada con entusiasmo por Meryl Streep y Jennifer López. Y una enorme satisfacción dejó que Whiplash encontrara más reconocimiento del que se esperaba, tres premios encabezados por el de J. K. Simmons, injusto por la categoría, ya que es actor protagonista y no secundario, pero adecuado a su gran trabajo. Tanto es así que cuando se habían superado con creces las dos horas de ceremonia, este sensacional filme era el que más premios acumulaba, tres, empatando con el premiado aspecto de El gran hotel Budapest de Wes Anderson, otra que sale muy feliz de la gala con sus cuatro premios.

Una de las frases más repetidas a lo largo de la noche fue "estaba cantado". Y es que apenas hubo sorpresas, lo que destroza en buena medida el resultado de la gala. Desde luego no hubo sorpresas en las categorías principales. A Redmayne, Simmons y Arquette se unió en el grupo de actores el Oscar más anticipado de la noche, el de Julianne Moore por Siempre Alice. Si bien los actores protagonistas cumplieron a rajatabla el dicho de que una discapacidad es un impulso descomunal para ganar un Oscar, los secundarios abrieron la puerta a que la interpretación sea otra cosa. Por eso, gusten más o menos, casi hacen más ilusión los premios a Simmons y Arquette que los de Redmayne y Moore. Por ser previsibles, hasta se anticipó con facilidad el premio a la mejor película de habla no inglesa para Ida o las migajas que le dieron a Interstellar con el premio a los mejores efectos visuales. Sorpresa relativa fue que Disney reeditara su éxito en la categoría de animación con la demasiado criticada Big Hero 6. Y si hay que encontrar algo realmente discutible es que se hiciera justicia con el compositor Alexandre Desplat con El gran hotel Budapest y no con su memorable partitura para The Imitation Game, dejando también fuera a un Hans Zimmer cada día más brutal por su trabajo en la casi ninguneada Interstellar.

A mucha gente le gustó que el In memorian se plasmara en la pantalla del auditorio con imágenes dibujadas de los personajes a los que dijimos adiós, pero en realidad quedó un poco frío sin la presencia de imágenes en movimiento, porque son las películas lo que quedará en nuestros corazones y no hay mejor homenaje que ese. Tampoco fue acertado que se impidiera, con música por supuesto, que hubiera un aplauso final de homenaje, después de haber cercenado ya las ovaciones durante el vídeo para no hacer distinciones. Y puestos a encontrar dos perdedores más entre lo más oculto del palmarés, David Fincher acumula con Perdida un nuevo desprecio de la Academia, no por ya conocido menos destacable, y que casi merece una celebración que el cierre de la muy decepcionante trilogía de El hobbit se quedara sin premio. Claro que tres horas y cuarenta minutos de madrugada en España para ver lo que todos sabíamos y con tan pocos momentos para recordar... Por mucho que los Oscars de Lego y ese Batman con su logo en el pecho construido con las clásicas figuritas fuera tan simpático, hay que hacer más. Si estamos celebrando el cine, hay que hacerlo mucho mejor.

sábado, febrero 21, 2015

Oscars 2015: niños contra hombres (pájaro)

Vaya por delante que esta edición de los Oscar no me resulta terriblemente emocionante. Hay películas interesantes, alguna verdaderamente sobresaliente, pero en general no hay experiencias absolutamente inolvidables, y sobre todo no entre las que tienen más posibilidades de vencer. Sé que muchos no estarán de acuerdo con esa afirmación, sobre todo por lo que se refiere a las dos grandes favoritas, Boyhood y Birdman, pero la explicación al arranque de estas líneas hay que buscarla precisamente en que esas dos películas no las sitúo entre las mejores de 2014, ni siquiera entre las nominadas. El duelo, en todo caso, parece claro. Quizá La teoría del todo sea la única cualificada para dar la sorpresa, pero sería un desenlace curioso que la ganadora de la noche no estuviera entre las películas de Alejandro González Iñárritu y Richard Linklater. Eso sí, ya va siendo hora de que la Academia se deje de absurdeces y nomine tantos directores como películas, porque sigue siendo un absurdo incomprensible que haya riesgo de que la mejor cinta de un año no cuente con, al menos, uno de los mejores realizadores.

El viejo enfrentamiento entre originalidad y clasicismo, ese manido tira y afloja de Hollywood en sus reconocimientos, va a tener este año como ganador al primero. Boyhood es una película pionera. Nadie ha rodado un filme a lo largo de doce años hasta Linklater. Pero eso no quiere decir que sea un gran filme. Estas secuencias extraídas de momentos no necesariamente esenciales del paso de la niñez a la edad adulta del joven Ellar Coltrane tienen sus méritos, pero no me llena. Es más, me sorprende el fervor que ha levantado. Necesariamente faltan claves, algunos de sus larguísimos 165 minutos sobran, y tiene un enorme aura de pretenciosidad, precisamente por su carácter pionero. Birdman es otra apuesta bizarra, insensatamente divertida, eso no se puede negar, pero a la que le falta un propósito claro, una trascendencia mayor. Es un retrato cruel de la profesión que precisamente le ha situado al borde del éxito en forma de premios, pero a veces se asemeja más al divertimento que a la trascendencia. La nominación de la divertidísima El gran hotel Budapest, aunque sin opciones serias, entra también en este grupo.

La ganadora estará ahí, y la única película de corte más clásico que amenaza este más que posible reinado es La teoría del todo. Los premios interpretativos y técnicos, como siempre, son los que pueden aportar consuelo a otras de las nominadas y hacer que el triunfo de los dos contendientes más claros por el gran honor sea más o menos claro. Whiplash será seguramente el caso más evidente de lo primero. Lo más probable es que sea J. K. Simmons quien se lleve el Oscar al mejor secundario, y eso satisfará a una película que habría merecido mucho más reconocimiento. Es, con diferencia, mi favorita de las ocho grandes nominadas. Y eso que Simmons no es secundario, sino protagonista, aunque ha caído ahí precisamente porque tiene más opciones de ganar. The Imitation Game está en una posición parecida, aunque apunta a ser una de las grandes perdedoras de la noche porque las posibilidades de Benedict Cumberbatch de llevarse el premio están mucho más discutidas. Bradley Cooper y Steve Carrell (cuyo personaje en Foxcatcher tiene muchas dosis de maquillaje) están un peldaño por debajo de Michael Keaton y el gran favorito, Eddie Redmayne, un fascinante Stephen Hawking en La teoría del todo. Y eso que falta un memorable Jake Gyllenhaal por Nightcrawler.

Entre las actrices, da la impresión de que Julianne Moore se llevará el de mejor actriz, por mucho que su trabajo forme parte de un telefilme amplificado por su presencia, Siempre Alice, que Marion Cotillard se haya llevado los mayores elogios por Dos días, una noche o que Rosamund Pike sea la última esperanza de reconocimiento para Perdida, el último trabajo del siempre ignorado David Fincher. A la hora de valorar las candidaturas de las actrices secundarias, se agradecería una mayor valentía generalizada para asumir que la enésima nominación a Meryl Streep es profundamente injusta, porque su papel en Into the Woods no es más que un divertimento fácil que ni siquiera es el más destacado de la película. Si hubiera que nominar a alguien por ese filme, Emily Blunt podría sentirse bastante despreciada en ese sentido. Así que, en realidad, el enfrentamiento es entre experiencia, la de la propia Streep, Laura Dern y Patricia Arquette, y juventud, la de Emma Stone y Patricia Arquette. La presencia de esta última servirá para medir, ya desde el principio de la noche, el alcance de Boyhood en el resultado final.

Hay más detalles a los que prestar atención. Los premios a los mejores guiones marcarán triunfos o reconocimientos forzados. La injustamente olvidada Nightcrawler, de Dan Gilroy, y (luego se quejan de que haya piratería) la todavía por estrenar en España Puro vicio, de Paul Thomas Anderson, pueden romper muchas quinielas, aunque, en realidad, no parece probable. El Oscar a la mejor película animada determinará si Hollywood apuesta de nuevo por Disney, con Big Hero 6, o por Ghibli, con El cuento de la princesa Kaguya. También si Alexandre Desplat consigue la estatuilla a la mejor banda sonora estando doblemente nominado por El gran hotel Budapest y la extraordinaria partitura de The Imitation Game, si Hans Zimmer logra su primer premio sin Disney mediante o si Johann Johansson da la sorpresa en su primera nominación por su gran trabajo en La teoría del todo. El reconocimiento a los efectos especiales servirá para decidir a quién corona la Academia como blockbuster veraniego. Y, por supuesto, habrá que ver si Relatos salvajes se hace con el premio a la mejor película de habla no inglesa.

lunes, marzo 03, 2014

Oscars 2014: 'Gravity' sobresale en una gala decepcionante y sin muchas sorpresas

Qué pocas sorpresas han deparado los Oscars de este año. Tan pocas que se puede defender con bastante legitimidad y acierto que la ceremonia fue bastante superflua. Los premios fueron a las manos de quienes se esperaba, la gala siguió unos cauces muy políticamente correctos, la música recuperó un protagonismo perdido y poco más. Se intuía que película y director no irían para el mismo título, y fueron demasiadas las estatutillas cantadas que fueron a manos de quienes ya se había señalado antes de la ceremonia. La Academia lleva tiempo sin grandes sorpresas y sin apuestas arriesgadas, en los premios y en la propia gala, y eso, al final, juega en contra de este evento mucho más que las siempre habituales críticas a la ceremonia, al conductor de la misma (este año conductora, Ellen DeGeneres) o incluso al mismo cine norteamericano. En los premios principales, sólo el que se llevó Lupita Nyong'o como actriz secundaria se puede catalogar de sorpresa, y bastante relativa porque ya había ganado el premio del sindicato de actores y estos son mayoritarios en la Academia.

Estaba más que cantado que Gravity iba a ser la reina de la noche, indiscutible en los premios más técnicos. Se llevó los galardones en las categorías de fotografía, efectos especiales, banda sonora, montaje, edición de sonido y mezcla de sonido antes de coronar su gran noche con el de mejor director para Alfonso Cuarón, un reconocimiento casi necesario vistos los premios anteriores por su trabajo descomunal tras las cámaras. En total, siete premios. Claro que ahí empiezan las contradicciones. Gravity es una película de prácticamente una sola actriz. Por mucha maestría técnica que tenga el filme, que la tiene, su éxito reposa en los hombros de Sandra Bullock, en la mejor interpretación de su carrera con mucha diferencia. Lo dijeron varios de los premiados en sus agradecimientos y no les falta razón. Pero Bullock se quedó sin estatuilla, porque en la categoría de actriz la ganadora fue Cate Blanchett por Blue Jasmine. ¿Justo? ¿Injusto? Son premios, una mirada de ese tipo no se corresponde con su naturaleza.

También parecía cantado que Gravity no se iba a llevar el premio a la mejor película, un camino que ya se emprendió cuando no estaba entre las nominadas en la categoría de guión (da para un larguísimo debate hablar de lo que hace bueno o malo un guión). Cuando John Ridley logró el premio al guión adaptado por 12 años de esclavitud, se colocó en una posición inmejorable, corroborada cuando su a priori gran rival, La gran estafa americana, sucumbió en la de guión adaptado al Her de Spike Jonze. Efectivamente, 12 años de esclavitud se llevó el premio a la mejor película pero apenas tres estatuillas en total. Sólo hay nueve películas en la historia que ganaron menos premios que la cinta de Steve McQueen incluyendo el de mejor película, y todas ellas en épocas muy, muy lejanas. El mayor espectáculo del mundo (1953), Rebecca (1941), Vive como quieras (1939), Cimarrón (1932), Sin novedad en el frente (1930) y Alas (1927) lograron dos, y La tragedia de la Bounty (1936), Gran Hotel (1932) y La melodía de Broadway (1930) sólo uno, el principal.

Entre los ganadores hay que contar a Dallas Buyers Club (la única de entre los grandes títulos de este año que aún no ha llegado a los cines españoles), que logró tres estatuillas como 12 años de esclavitud, y dos de ellas fueron para sus actores, Matthew McConaughey y Jared Leto. También a Frozen, que rompió la histórica injusticia de que Disney no hubiera ganado aún el Oscar a la mejor película de animación (el reinado de Pixar había sido indiscutible hasta ahora), superando además la retirada de Miyazaki en esa categoría y nada menos que a U2 en la de mejor canción. Triunfó Spike Jonze, porque así hay que entender que Her se llevara el Oscar al mejor guión original. Lo hizo también Blue Jasmine, película que salió galardonada gracias a Cate Blanchett y que no aspiraba a mucho más. Y triunfó, quizá siendo lo más inesperado de la noche, el estilo visual de Baz Luhrmann en El gran Gatsby, que logró los premios de vestuario y diseño de producción, ganando este segundo en contienda con la intratable Gravity.

¿Los perdedores? Más que evidentes: La gran estafa americana y El lobo de Wall Street, con diez y cinco nominaciones respectivamente se marcharon a casa de vacío. Ya es sabido que la Academia nunca ha reconocido demasiado el cine de Scorsese, error histórico que subsanó con Infiltrados, y el palo a David O. Russell, al que ya dejaron de lado con El lado bueno de las cosas en la edición del pasado año (sólo el Oscar a Jennifer Lawrence) quizá hay que entenderlo como un reflejo de la división de opiniones que ha generado La gran estafa americana, que ha suscitado tantos juegos de palabras con su título en español que casi parece que es una película para olvidar aunque esté muy lejos de serlo. Una lástima que su descomunal reparto se quede sin un solo reconocimiento. Capitán Phillips, la misma Her, Nebraska y Philomena ya habían alcanzado su techo con las nominaciones, y salvo el premio al guión de Spike Jonze parecía, de nuevo, cantado, que estas películas se irían también sin ningún premio.

Y es que todo pareció, efectivamente, cantado. Incluso que Ellen DeGeneres convencería relativamente. Empezó muy, muy bien, con personalidad, buenos chistes y prescindiendo del habitual vídeo inicial para darle un perfil propio a su trabajo, pero poco a poco decayó porque sus apariciones en la gala eran intrascendentes, para presentar a los presentadores y dar paso a la publicidad. Remontó gracias a la espontaneidad de las grandes estrellas de Hollwyood con sus números de las fotografía (en realidad, una más que calculada estrategia para arrasar en las redes sociales, que todo el mundo picase y poder presumir en la misma gala) y el gag de la pizza (Brad Pitt pasando platos, Harrison Ford cogiendo un trozo con avidez), pero no fue nada memorable. En realidad, todo muy preparado. Por eso, lo mejor de la gala fue la espontaneidad de Bill Murray para introducir a Harold Ramis entre los nominados a modo de homenaje, o el sentido aplauso que recibió Sidney Poitier cuando salió al escenario del brazo de Angelina Jolie.

En ese sentido, fue una gala algo extraña, en la que los homenajes fueron raros. El del aniversario de El mago de Oz, aún siendo imprescindible, es una sorpresa, porque cumple los mismos años la entonces reverenciada por la Academia, Lo que el viento se llevó. El homenaje a los héroes tan anunciado se quedó en un vídeo con una mezcla tan extraña que incluía al Rick de Casablanca o el Schindler de Spielberg junto a Superman o el Iñigo Montoya de La princesa prometida. La Academia prohibió los aplausos durante el In Memoriam (en el que no estuvo Sara Montiel, para cabreo de muchos españoles; ¿la Academia de nuestro país no tendría que hacer algo al respecto para que esos olvidos no se produjeran?), dejando el reconocimiento en un vídeo que, tristemente, se vio de una forma muy aséptica y menos emoción de la necesaria, aunque se agradezcan los reflejos de introducir a los nombres que nos dijeron adiós de forma más reciente como el de Harold Ramis. Frialdad y previsibilidad son malas compañías para una gala que llegó a las tres horas y media y que, por eso mismo, no fue nada memorable y sí algo decepcionante.

lunes, febrero 25, 2013

Oscars 2013, una noche algo extraña

Fue una noche algo extraña... hasta el gran final. Porque antes de que un Jack Nicholson tan pasado de vueltas como ya se espera de él diera paso a Michelle Obama para que anunciara el premio más importante desde la Casa Blanca, parecía que la ganadora de la noche iba a ser La vida de Pi. Y el caso es que a mí no me dice gran cosa esa película, lo que sumado a algún que otro enfado que me provocaron algunas decisiones más de los académicos hacía que la cosa pintara francamente mal. Me perdonarán los seguidores de Ang Lee, pero no termino de encontrarle la genialidad. Cierto que La vida de Pi tiene un final bonito y cargado de significado para añadir muchos matices a la película, pero el conjunto me pareció largo y menos impresionante visualmente de lo que cabía esperar. A otros directores que llevan años manejándose con acierto en la creación de mundos que entran por los ojos se les ningunea con la misma facilidad con la que se quiso alabar a Lee. Pero Michelle Obama abrió el sobre, dijo "Argo" y la cosa se arregló... aunque sólo en parte.

Viendo las nominaciones, me pareció incomprensible que Ben Affleck, un director que crece película a película y que ya es uno de los imprescindibles del cine contemporáneo, no estuviera entre los cinco directores elegidos. Viendo el resultado de la ceremonia, lo entiendo aún menos. Los Oscars premiaron a una película por sus méritos globales, por su guión y por su montaje. Pero no a su director. No, no entiendo el concepto. Más detalles: Argo derrotó a La vida de Pi en la categoría de guión adaptado. Y por si faltaba algo, y aunque ahora paso a hablar de algunos de ellos, tres de los cinco directores nominados tuvieron a sus películas entre las perdedoras de la noche. ¿Por qué Ben Affleck no subió también a recoger la estatuilla al mejor director? Supongo que es una de esas cosas que pasará a la historia dentro de las clásicas injusticias de unos premios como éstos. Pero Argo ganó al Oscar a la mejor película y esa satisfacción fue muy, muy grande.

Aunque sea un efecto colateral de esa victoria, lo que nunca terminaré de entender es por qué mira tan mal la Academia a Steven Spielberg. Le profeso auténtica admiración a un director que me parece único, que hace lo que quiere en la pantalla, que domina tantas facetas que acaba construyendo películas memorables. Pero la Academia no termina de reconocérselo, incluso cuando sí le pone en la pista de los posibles premiados con las nominaciones. Sí, está su triunfo con La lista de Schindler, pero ninguno más. Y eso, con una filmografía como la suya, viene a ser sangrante. Sin el Oscar a Daniel Day-Lewis y la sorpresa que fue el de su dirección artística, Lincoln se habría acercado mucho a una humillación histórica, la que la Academia le hizo a Spielberg con El color púrpura, que logró once nominaciones, entre las que no estaba la del director... y le negó todos los premios. Con Lincoln, dos de doce. ¿Era el mejor Spielberg? No, eso está claro. Pero tampoco hablamos del mejor Ang Lee, y creo que en eso incluso estarán de acuerdo hasta muchos de sus seguidores.

Los actores premiados vinieron a hacer justicia a las películas nominadas. Daniel Day-Lewis es el alma de Lincoln, Anne Hathaway es el reconocimiento esencial a Los miserables (que, con todo, se llevó dos premios más, hasta un total de tres, y protagonizó uno de los grandes y más brillantes momentos de la noche, con todo su reparto cantando en el escenario). Y aunque da pena que Bradley Cooper no lograra el mismo reconocimiento, el Oscar a Jennifer Lawrence premia a El lado bueno de las cosas en su conjunto (los premios le sientan mal a esta espléndida actriz; rompió su vestido al subir a recoger el Globo de Oro y se cayó por su bellísimo pero aparatoso vestido cuando iba a buscar el Oscar). Lo que no termino de entender es lo de Christoph Waltz. Hubo ya una cierta injusticia al nominarle como secundario cuando es protagonista de Django desencadenado. Pero es que, además, su papel es un refrito del de Malditos bastardos... que ya le dio el Oscar. Con lo que había nominado en esa categoría, normal que ni se lo creyera cuando subió al escenario. Dos nominaciones, dos premios. Pensar en leyendas que no tienen Oscar hace aún peor este premio.

Otro galardón que tampoco compartí es el de Quentin Tarantino. También me asombra la fascinación por este personaje, que se repite, que bucea lugares comunes, que comete errores evidentes en sus guiones y aún así sigue consiguiendo reconocimiento. No le veo la genialidad, pero la Academia se la reconoció anoche. Eso sí, no tenía rivales de peso en su categoría, porque la Academia no quiso arriesgar. Y es que a veces sucede eso, que no hay ganas de arriesgar. Sucede también, y lleva sucediendo con cierta frecuencia, en el Oscar a la mejor música. La más que previsible banda sonora de Mychael Danna para La vida de Pi se llevó propuestas mucho más originales y significativas. Y no, esta vez no voy a apostar por un John Williams que, con toda su genialidad y mitología, no destaca en Lincoln. Pero me asombra que Alexandre Desplat, con cinco nominaciones en siete años, aún no haya recogido ninguna estatuilla. O que en una noche en la que tanto homenaje se rindió a la música de James Bond, la de Thomas Newman para Skyfall no corriera la misma suerte ganadora que la canción de Adele.

A Michael Haneke era obvio que sólo le iban a compensar con el Oscar al mejor filme de habla no inglesa. Como también parecía obvio que Bestias del sur salvaje fue sólo una rareza de la Academia en las nominaciones que no se iba a llevar ningún premio (la única de las nueve nominadas a mejor película que se marchó de vacío). Y obvio era que La noche más oscura se iba a quedar muy lejos de la suerte que corrió la anterior película de Kathryn Bigelow, la sobrevalorada En tierra hostil. La Academia arriesga poco, sí. No se puede considerar la victoria de Argo como un riesgo, porque lleva dos meses recogiendo todos los premios posibles. Y tampoco hubo riesgo en otra de las decepciones de la noche, el casi obligado Oscar a Pixar. Brave no es la mejor película de animación del año pasado. Pero Disney, al parecer, no está tan bien vista. ¡Rompe Ralph!, ganadora en los Annie, los premios del mundo de la animación, merecía mejor suerte, incluso Frankenweenie. Pixar, geniales casi siempre y yo me sumo a esa consideración, tiene a todo el mundo encandilado hasta extremos ya fanáticos.

¿Y la ceremonia qué tal? Bien, la verdad. Fue muy musical, y creo que eso le da mucho colorido, aunque sea precisamente lo que más ralentiza la entrega de premios. Pero, sinceramente, yo prefiero una gala así, en la que el reparto entero de Los miserables ponga la piel de gallina sobre el escenario, Adele celebre de forma anticipada el Oscar que iba a ganar interpretando Skyfall, Barbra Streisand corone el In memorian realzando la desaparición en el último año de Marvin Hamlisch o el presentador, Seth MacFarlane, arranque su humor desde la música (como, por cierto, hizo Hugh Jackman hace un par de años para convertirse en el mejor presentador de los Oscars de la última década). MacFarlane estuvo menos gamberro de lo que algunos seguramente habrían querido, pero me pregunto si no estamos pidiendo demasiado al presentador de esta gala. Él estuvo correcto, divertido en muchos momentos, ácido en otros. A mí me gustó. Como me gustan los Oscars, esos premios de los que casi todo el mundo habla aunque sea para darles palos. Y como me gusta que Argo sea la ganadora, incluso sin ser la que más premios se llevó.

lunes, febrero 27, 2012

En defensa de los Oscars

Año tras año, los Oscars son objeto de una crítica feroz y despiadada. Que si son rancios, que si la Academia tiene que evolucionar, que si las películas no son las mejores, que si la ceremonia es aburrida, que si no hay nada transgresor, que si están amañados... Pensad en cualquier argumento, incluso en los más despreciativos, se ha utilizado ya contra los Oscars, contra sus presentadores, contra su esencia. Pero el caso es que, año tras año, sigue siendo un evento muy seguido, analizado y disfrutado por personas que no sé muy bien por qué tienen que ser sistemáticamente descalificadas por compartir su interés por estos premios. Guste o no, es de lo que la gran mayoría de los que disfrutamos del cine hablamos al día siguiente. Es una fiesta, un espectáculo, algo que tiene sus propias normas, como las tiene el Festival de Cannes, el de Sundance o los Goya. Es evidente que no puede gustar a todos, pero tiene magia, porque si no sería imposible acaparar tanta atención entre los profesionales de todo el mundo y entre espectadores de más o menos los mismos sitios. El Oscar, pese a quien pese, tiene una importancia capital cuando hablamos de cine, sobre todo de cine norteamericano pero no sólo de allí.

Decir que en el fondo sólo es cine americano (como si eso fuera malo per se), me parece injusto cuando sólo en la última ceremonia tuvieron momentos especiales Francia, Italia o Irán. Hablar de inmovilismo cuando la gran ganadora ¡en 2012! ha sido una película muda y francesa (primer filme no anglosajón en alzarse con la estatuilla principal, nada menos), me parece una acusación fuera de lugar. Decir que el cine minoritario no tiene cabida cuando Woody Allen ha ganado un Oscar y Terrence Mallick ha sido nominado como mejor director creo que denota una falta de comprensión de lo que suponen estos premios y quiénes los votan. Y hablar de justicia o injusticia me parece, sencillamente, un debate imposible. El cine es un arte y como tal es imposible que suscite unanimidad. Por eso los ganadores se eligen en votación de los académicos. A mí me podrán gustar más o menos, como a cualquier otra persona, pero son los Oscars. Y eso, insisto, tiene un peso importante. Habría que respetar más lo que supone y a las personas que lo disfrutan.

Dicho esto, soy de los que no salieron contentos del resultado de la gala. Ya había escrito que The Artist no me había parecido tan maravillosa como a la mayoría del mundo del cine en todos sus espectros, desde los espectadores hasta los profesionales, pasando por los críticos. A mí el título que me maravilló sin remedio de entre las nueve nominadas a mejor película es La invención de Hugo. Adoro también Criadas y señoras. Y me encantó Moneyball. The Artist no. Y, al margen de los dos principales (temo que dentro de algunos años miraremos con asombro como el nombre de Michel Hazanavicius se impuso al de Martin Scorsese), hay dos premios de la película francesa que me han chirriado sobremanera, el de mejor actor y el de mejor banda sonora. Entiendo el papel casi de mimo de Jean Dujardin, pero no lo veo tan meritorio. En cuanto a la música, no comprendo cómo se puede premiar una música que cede la escena principal de la película a unas notas compuestas por otro artistas (en este caso, hay un uso que veo como fraudulento semántica y temáticamente de la banda sonora del maestro Bernard Herrmann para Vértigo). Y con dos partituras de John Williams como rivales, que gane Ludovic Bource me parece sencillamente un clamoroso error.

A La invención de Hugo le han reconocido su excelencia visual, que roza lo incuestionable, pero poco más. Y eso es sólo la mitad de la película de Scorsese. Es una maravilla a contemplar, pero es también una historia que emociona. Sinceramente, creo que merecía más y contaba con alguna pequeña esperanza de que a última hora no se cumplieran los pronósticos. Además de la ganadora de la noche, me frustró el enésimo ninguneo de la Academia a Spielberg, ya previo con Las aventuras de Tintín y definitivo anoche con Caballo de batalla. Previsible, sin duda, pero doloroso igualmente. Tampoco encontré demasiado consuelo con el Oscar al mejor montaje para Millennium. Los hombres que no amaban a las mujeres, porque sigo pensando que la Academia tiene una deuda importante con David Fincher, al que le ha dejado acercarse a la gloria ya en dos ocasiones (El curioso caso de Benjamin Button y La red social) para arrebatársela al final. También fue una decepción que Criadas y señoras se quedara a las puertas de la gloria con dos actrices negras como ganadoras. Meryl Streep es inmensa, pero su Margareth Thatcher en La dama de hierro me llega menos que otros rabajos suyos recientes (sigo sin enteder que no ganara por La duda) y la actuación de Viola Davis es sencillamente descomunal.

El Oscar a Octavia Spencer, maravillosa también como la anterior en Criadas y señoras, fue de los pocos momentos de la gala en que compartí la alegría del vencedor de forma completa y sincera. El de Christopher Plummer tampoco me disgustó, pero tengo que reconocer cierta debilidad por Max von Sydow y su papel en la vapuleadísima Tan fuerte, tan cerca, que por lo visto yo he disfrutado más que la mayoría de la gente. Los premios a los guiones tampoco me encandilaron. Hace tiempo que no encuentro genialidad en Woody Allen, aunque asumo que sus seguidores estarán entusiasmados con el Oscar al mejor libreto original para Midnight in Paris. Y Los descendientes no me parece una absoluto una película perfecta sobre el papel. Ni mucho menos. Es más, seguramente sin la presencia de George Clooney habría sido una película que no habría llegado tan lejos ni habría acaparado tantos elogios. Pero así es el cine, las películas y la industria. Tienen sus reglas y, para disfrutar de este mundo, hay que aceptarlas. Aunque, claro, no todos los años pueden ganar nuestros favoritos. Yo ya espero el siguiente para desquitarme del mal sabor de boca que me dejan los de 2012.

Aquí, una crónica más formal de la ceremonia. Y aquí, cómo España se quedó sin premios en esta gala, me apenó especialmente que el gran compositor Alberto Iglesias no encontrara todavía el reconocimiento de la Academia.

lunes, febrero 28, 2011

Oscars 2011. Previsibles y aburridos

Algo falla si lo mejor de los Oscars de este año es que Kirk Douglas, con sus 94 años, aparezca en el escenario y que eso se produzca a los pocos minutos de comenzar la ceremonia. Por descontado, fue una delicia verle derrochando desparpajo, gracia y categoría, pero si eso es lo mejor, ¿para qué sirvió el resto de las poco más de tres horas que duró la gala? Los premios fueron los más previsibles en muchos años. Los presentadores, los más sosos. La gala, la de menos ritmo en mucho tiempo. Y Hollywood no dio muchos signos de evolucionar. Sí de premiar lo bueno, que no estoy en contra de los galardonados, pero la Academia dejó pasar alguna que otra oportunidad de dar un paso adelante. El resumen es que los premios estaban cantados (sobre todo los importantes, porque no había quiniela que no tuviera a los cuatro actores ganadores), que no hubo grandes momentos para el recuerdo (ni siquiera con la embarazada Natalie Portman) y que la ceremonia fue sosa. Bueno, todo menos Kirk Douglas y el muy añorado en estas lides Billy Crystal.

Ganadora de la noche: El discurso del rey. Sí, pero no. Ganó, porque se llevó los premios a mejor película, mejor director, mejor actor y mejor guión original. Pero ganó poco. Porque comparte con Origen el hecho de haberse llevado cuatro premios, aunque los de la película de Christopher Nolan sean todos de carácter ténico. Para mí, Origen sigue siendo la mejor película de 2010. Es la más completa, la más original, la más rompedora y la que seguramente se recordará más de aquí a que pasen unos años. Pero como la Academia no había incluído a Nolan en el quinteto de nominados a mejor director, era imposible que saliera como ganadora de la noche. Como la, para mí, segunda mejor película de 2010: Toy story 3. Hollywood todavía no se atreve a valorar como se merece el cine de dibujos animados. La migaja de darle una categoría propia me sigue pareciendo un absurdo, una justificación como cualquier otra para no reconocer que la animación es una técnica tan válida como la acción real para hacer una gran película.

Lo que también queda claro después de estos Oscars es que David Fincher va a tardar lo suyo en encontrar el reconocimiento en forma de premios (y basta que escriba esto para que su próxima película se lleve diez estatuillas...). Se le ignoró con sus revoluciones del cine policiaco (Seven y Zodiac) y aunque sí se le nominó por El curioso caso de Benjamin Button y ahora por La red social, los premios fueron para otros. La espectacular película sobre el origen de Facebook merecía mejor suerte, pero que se llevara el premio al mejor guión es un buen reconocimiento. Que lograra también el de la mejor banda sonora me dejó un poco frío. Muy adecuada en la película, sí, perolo que Hans Zimmer hace por Origen o lo que Alexandre Desplat consigue en El discurso del rey está muy por encima del carácter innovador de la música de La red social. Puestos a ser originales, podían haberle dado el premio a Daft Punk por su formidable trabajo para Tron Legacy. Eso sí hubiera sido rupturista.

Los actores ganadores, irreprochables. Especial alegría me produjeron los premios a Natalie Portman y a Christian Bale. Para mí, dos de las interpretaciones más prodigiosas no del año sino de muchos años. Colin Firth está igualmente fantástico y si acaso alguno me deja un sabor un tanto agridulce es el de Melissa Leo. No porque no me guste su impresionante trabajo, sino porque tengo una especial debilidad por su compañera de reparto y de nominación, Amy Adams, a la que creó que perjudicó el guión y quizá el montaje de The Fighter. Y no sólo irreprochable sino además una gran noticia me pareció que Valor de ley se fuera de vacío, convirtiéndose en una de las grandes perdedoras de la historia de la historia de estos premios. Hollywood no apostó por la originalidad, pero al menos no premió la descarada fotocopia de los sobrevaloradísimos hermanos Coen. Algo es algo. En cualquier caso, tampoco hay que tomarse los premios tan en serio. Alicia en el País de las Maravillas es una película muy, muy limitada. Probablemente lo peor que haya hecho Tim Burton. Y se llevó dos premios (dirección artística y vestuario).

Eso en cuanto a los ganadores. En cuanto a la gala, creo que fue de lo peor de los últimos tiempos. Sosa y aburrida. Sin más gracia que la que destiló Anne Hathaway en el número musical en el que recordó al último gran presentador de los Oscar, Hugh Jackman. El caso es que Hathaway y James Franco se vieron superados por completo en los primeros quince minutos por la sobriedad de Tom Hanks (el primero en presentar premios) y un desatado Kirk Douglas. Y si a eso le sumamos la aparición posterior de Billy Crystal (al que el Kodak Theatre recibió con una ovación, quizá la mayor de la noche junto a la que recibieron los ninguneados ganadores de los premios honoríficos, Francis Ford Coppola y Eli Wallach, entregados en otra gala y que aquí vinieron sólo a saludar desde el escenario), la cosa pinta mal para los presentadores de este año. Crystal se ganó al auditorio en poco más de un minuto, hizo su papel y lo hizo con gracia. Fue Billy Crystal en los Oscars una vez más. Cada vez parece más imprescindible para que esta gala se haga de forma entretenida.

La sensación que queda es la de que los Oscars 2011 han pasado sin pena ni gloria. Y eso que había muy buen cine entre los nominados, al igual que actores carismáticos que ganaron y que no recibieron la estatuilla. El evento apenas pasó de las tres horas, no fue tan largo como en otras ediciones que, siendo más largas, fueron abiertamente criticadas. Pero parece claro que algo falla cuando hay mimbres y sale un espectáculo aburrido. Porque si algo está claro es que de esta gala vamos a recordar a Kirk Douglas. Ni a los ganadores, ni a los perdedores, ni a los presentadores. Sólo a Kirk Douglas. Un tipo que, por cierto, nunca ganó el Oscar, aunque como él mismo recordó le nominaron en tres ocasiones (El ídolo de barro, Cautivos del mal y El loco del pelo rojo) y le dieron un premio honorífico en 1996. Qué cosas tiene la vida.

Para leer un relato más formal y con más datos a cargo de este humilde cronista, podéis pinchar aquí. Para leer sobre el hecho de que Javier Bardem no logró su segundo Oscar en su tercera nominación, pinchad aquí.

lunes, marzo 08, 2010

...y ganó la guerra independiente

En tierra hostil 6 - Avatar 3. Goleada, sí, pero mucho mayor en el fondo que en los números. No sé, y lo digo honestamente, qué tiene la película de Kathryn Bigelow para convertirse en la mejor del año, pero sí tengo claro que ha ganado por dos motivos. En primer lugar, porque la Academia americana quería un dato histórico, una foto de portada, para ocultar lo previsible y aburrido que resultó todo el tinglado que montó. Y el dato histórico no es otro que colocar a Bigelow como la primera mujer en ganar el Oscar al mejor director. Es de esos Oscars que uno considera cantados en cuanto ve a la persona que lo va a entregar. Salió Barbra Streisand, dijo que podía ser la primera directora en llevarse la estatuilla (aunque luego también lo maquilló diciendo que Lee Daniels también habría sido el primer director negro en ganar; nadie dio importancia a este detalle antes de la gala, igual porque todos sabíamos que la reivindicación racial vendría en la actriz secundaria), y confirmó el secreto a voces.

El segundo motivo es que Hollywood ha querido girar su mirada al cine independiente, pequeño, de bajo presupuesto e intimista. Lo había hecho ya con las nominaciones, pero completó la jugada con los premios. Con los de En tierra hostil, Precious o Corazón rebelde. Con la clara derrota de Avatar incluso en las categorías técnicas. Con el, por otra parte merecido, ninguneo absoluto a Up in the air (seis nominaciones, ningún premio) o Malditos bastardos (ocho candidaturas, una estatuilla), o el que ya se había hecho previamente al Invictus de Clint Eastwood (que repite ostracismo por segundo año consecutivo a pesar de la categoría de su cine). Y dentro de la apuesta por el cine más modesto, otra apuesta menos: por dos de los géneros oscarizables más clásicos: la guerra y el drama. Vamos, que District 9 no era una apuesta real de la Academia, sino una concesión a una película que ya debía de sentirse premiada sólo con la nominación.

En cualquier caso, esta mirada que Hollywood quiso vendernos con la concesión de sus premios, quedó totalmente oscurecida (aunque nadie haya hecho ese análisis) con la ceremonia que planteó. Sí, le dio los premios al cine más independiente, pero su reconocimiento real se fue al cine más comercial. No hay otra forma de entender la presencia de tantos actores jóvenes de productos comerciales (o que tantos nominados sin premio al final actuaran como presentadores en la gala) o los dos grandes vídeos que se emitieron. El primero fue un homenaje desmesurado y exagerado a la figura de John Hugues, director de cine adolescente de los años 80 que falleció el año pasado (sacándole, además, de un in memorian que resultó de lo más soso) y el segundo una recopilación de los clásicos de un género comercial por excelencia, el de terror, que sólo ha recibido reconocimiento en forma de premios una vez, con El silencio de los corderos. La Academia dio un mensaje algo surrealista y esquizofrénico. Sabe quién le da de comer, pero quiere estar a buenas con todos. Y así quedan unos premios raros y deslucidos. Quizá Hollywood sabe que En tierra hostil no va a ser un clásico.

Lo cierto es que para mí no hay gran diferencia entre la victoria de En tierra hostil y la que podría haber sido de Avatar, más allá de estos dos pequeños detalles. Las dos películas, y otras muchas de las nominadas, me parecieron en el mejor de los casos decepcionantes. Por eso, la noche de los Oscars me pareció sosa y aburrida, poco emocionante y algo surrealista. La única alegría de la noche me la dio el triunfo de la prodigiosa banda sonora del genial Michael Giacchino para Up y su dedicatoria. "Si queréis ser creativos, sedlo, porque no es una pérdida de tiempo", dijo (o al menos eso vino a decir el traductor que tapó sus palabras en la retransmisión). Eso es el cine, eso es su trabajo, eso es Up y eso es Pixar, por encima de muchos de los que ganaron. La Academia quiso la foto histórica de una mujer. ¿Querrá algún día la de una película de animación? ¿Reconocerá algún día que esta forma de hacer cine es tanto o más auténtica que la imagen real? Probablemente, y por desgracia, tardará mucho en hacerlo.

Los actores ganadores fueron los previstos. Ni el más mínimo atisbo de sorpresa. Ni de emoción en mí, salvo en el caso de Jeff Bridges. Bien es cierto que me hubiera gustado que Morgan Freeman saliera con la estatuilla para reivindicar a Invictus, pero el entusiasmo y la felicidad sincera con la que Bridges celebró el premio, y a la espera de ver su película bien valía esa concesión. Mo'nique no me conmovió tanto en Precious (y menos mal que no hubo doblete con su protagonista, Gabourey Sidibe), si acaso en su escena final, y Sandra Bullock nunca me ha parecido una gran intérprete. Lo de Christoph Waltz me parece algo sobrevalorado, como todo en Malditos bastardos y como todo el cine de Tarantino (¿cuánto había de broma de guión y de guiño a la realidad en la intervención de Almodovar, que le dijo a Tarantino que le encanta su cine pero que no lo entiende?). Pero como todo esto estaba cantado, poco hay que decir.

Y, en realidad, como la ceremonia estaba planteada como un cara a cara entre En tierra hostil y Avatar, no hay mucho más que decir sobre los premiados, más allá de anotar que la victoria de la primera llegó incluso en los terrenos en los que casi todos esperábamos el triunfo de la segunda. La película de Bigelow le quitó a la de Cameron tres premios menores, técnicos, de esos en los que se podía haber cimentado el triunfo de Avatar (ambos títulos competían en cuatro de esas categorías y Cameron sólo ganó en una, la fotografía). Curioso mensaje el de la Academia en este sentido. O, quizá, una forma de engrosar el número de premios de la película vencedora para que realmente haya una sensación de película vencedora. En cualquier caso, dejó un poso extraño, por mucho que la ceremonia estuviera pensada para que sólo importasen los grandes detalles, los premios importantes y, sobre todo, el mundo de los actores. Sólo ellos tuvieron protagonismo en casi todos los aspectos de una gala larga y bastante más aburrida que la de otros años.

La culpa no hay que echársela a los presentadores, Steve Martin y Alec Baldwin. Ellos estuvieron bien, brillantes en algún momento concreto (formidable la parodia a Paranormal activity), pero apenas tuvieron minutos en la ceremonia. Y tanto fue así que el mejor gag de la noche no lo protagonizaron ellos, sino Ben Stiller (y eso que no me cae especialmente bien). Salió a presentar el Oscar al mejor maquillaje disfrazado de na'vi, una de las criaturas azules de Avatar. Y él mismo se reía de su broma recordando que Avatar ni siquiera estaba nominada en esa categoría. El caso es que no se asume que una ceremonia de este estilo tiene que ser larga por naturaleza y duró tres horas y media. Más o menos como siempre, y eso que hubo muchos, muy sonados y muy desafortunados recortes y cambios. Para empezar, el inicio. Si tienes dos presentadores, ¿porque el número musical con el que se abre la ceremonia está a cargo de otro (Neil Patrick Harris)?

La obsesión por la duración desembocó en un final desprovisto de todo glamour y profesionalidad. Debe ser que las tres horas y media era el tope máximo de duración, porque a Tom Hanks le hicieron leer deprisa y corriendo el nombre de la ganadora de la noche. No citó a las nominadas y pilló por sorpresa a casi todo el mundo, incluyendo a Bigelow, que volvió del backstage dando la sensación de que ni había oído que su película era la ganadora. Qué frialdad más inesperada. Tampoco se interpretaron las canciones nominadas (sí hubo un número musical con las bandas sonoras... y fue de lo mejor y más aplaudido de la noche). Y nos robaron la ovación que todos hubiéramos deseado darle a Lauren Bacall por su Oscar honorífico. Le dieron la estatuilla en una ceremonia previa, junto a otros premios honoríficos, pero llevaron a estos insignes premiados a la gala para mencionarles de pasada, y esa circunstancia la aprovecharon muchos para ponerse en pie y forzar un aplauso más largo de lo normal para la actriz.

España se vino de vacío. Bueno, casi. El Oscar a la mejor película de habla no inglesa es uno de los que menos interesa por allí, pero recayó en El secreto de tus ojos. No es española, es argentina, pero algo español hay. Esa fue la gran sorpresa de la noche, y tuvo que llegar, como decía, en una categoría menor para los estadounidenses. Eso dice mucho de lo previsible de toda la ceremonia. Penélope Cruz no consiguió su segundo Oscar, y tengo que decir que me alegro. No entiendo qué han visto en ella, ni tampoco en su trabajo en Nine. Mucha más pena me dio que no ganara el corto de Javier Recio, La dama y la muerte, aunque consiguió que se hablara de él en una categoría en la que sonaban mucho al menos otros dos de los candidatos. Ojalá que dentro de poco veamos a Recio en nuevos y más ambiciosos proyectos.

¿La alfombra roja? Parece cada vez más rutinaria y aburrida, cada vez más desconectada de lo que sucede dentro del Kodak Theatre y cada vez más propia de una pasarela que de una fiesta del cine. En cualquier caso, no hubo grandes vestidos que desentonaran (¿soy el único al que no le gustó nada, nada, nada, el de Sarah Jessica Parker...?). Charlize Theron me parece siempre encantadora, Meryl Streep estaba estupenda con un vestido original (al menos, rompió la estética del 99,9 por ciento restante de las actrices), me encantó el look que lució Kate Winslet (hizo de ella una mujer intemporal, sin edad, una auténtica estrella de celuloide) y sólo puedo añadir que, aunque no la viera en la alfombra roja sino en el anuncio de las nominaciones al Oscar al mejor actor, sigo profunda y perdidamente enamorado de Michelle Pfeiffer.

Y tengo que añadir un detalle más. Qué poco me gustó la retransmisión de Canal +. Qué poco aportaron los encargados de conducir la gala, más allá del su propio entretenimiento personal. Me hubiera gustado más información, más detalle, más contenido. Me pareció una reunión en el salón de una casa como podría tener cualquiera para ver los Oscars. O un partido de fútbol. En especial, me pareció irritante la participación de Antonio Muñoz de Mesa y sus entrevistas en la fiesta organizada por el canal, entrevistas a personajes que no tenían nada que decir, que no habían visto las películas nominadas (sin juzgarle, me parece decepcionante que alguien como Daniel Monzón, que ha sido crítico y ahora es director, diga que no ha visto más que Up... ¡y porque la fue a ver con su hija!) y a los que, a veces, ni siquiera presentaba. Eche de menos a Jaume Figures, que sí daba un valor añadido a la retransmisión de años precedentes.

Para un análisis complementario a éste, más formal y periodístico y menos apasionado, de la ceremonia y los premiados, os remito a este otro artículo mío en Suite 101.

jueves, marzo 04, 2010

Criaturas azules o guerras independientes

Ya están aquí los Oscar. Y, la verdad, tampoco es que haya una excitación sin precedentes, al menos para mí. Aunque haya nada menos que diez cintas nominadas a la mejor película, lo cierto es que las favoritas no me emocionan y, además, llevamos meses viendo como se presenta una contenienda entre las criaturas azules y multimillonarias de James Cameron en Avatar y los artificieros en la guerra de Irak en el cine independiente que ofrece En tierra hostil. La referencia está en los nominados a mejor director, puesto que las cinco no han conseguido el reconocimiento a su realizador no parece que vayan a tener más exito que la nominación. ¿Querrá la Academia premiar a la película que ha ganado 2.500 millones o apostará por un filme pequeño, que se pasó año y medio sin distribución y que no ha sido precisamente un éxito de taquilla? ¿O quizá ambas cosas, premiando así por primera vez a una mujer como mejor directora? Soy de los que piensa que la mejor película debe tener al mejor director, así que no comulgo con esa opción.

Hay quien piensa que la sorpresa puede venir de Malditos bastardos. A mí es que ninguna de las tres me motiva demasiado como para recibir el cartel de mejor película del año. Avatar pasará a la historia por muchas cosas, pero no por ser una gran película. En tierra hostil seguramente no pasará a la historia, salvo que consiga arrasar en estos premios. Y Malditos bastardos tiene ya su hueco gracias a los muchos seguidores de Tarantino. ¿Pero la mejor película de 2009? No creo que esté en esa terna, ni siquiera en el quinteto sumando Up in the air o Precious. Para mí, no hay discusión, aunque sé que es una apuesta perdedora para el próximo domingo. La mejor de las diez nominadas es Up. Pero ya es un triunfo que esté entre las mejores, aunque sea gracias a esa decisión de incluir diez títulos que tanto devalúa un mérito cuyo único referente es de hace casi dos décadas, cuando La Bella y la Bestia se convirtió en la primera cinta de animación nominada en la categoría principal.

Con las diez nominadas, lo que la Academia ha querido hacer es premiar a un cine que no suele tener cabida (hasta hace algunos años) en los Oscars. Pero, de paso, le ha quitado nivel a las elegidas y ha dejado muy claro que, salvo sorpresón mayúsculo, la mayoría de las nominadas no tiene nada que hacer. Lo normal es que arrase Avatar (y más después de que uno de los productores de En tierra hostil infringiera las normas de la Academia y pidiera el voto para su película en lugar de para "la que ha costado 500 millones"). No hay duda en las categorías técnicas, lo que seguro que le da alguna estatuilla que en realidad no merezca, y esa corriente es probable que le dé premios hasta convertirse en la clara ganadora de la noche. Si no hay sorpresas, claro. Año tras año insisto en que no suelo acertar con los ganadores, a veces ni siquiera cuando parecen obvios, pero en cualquier caso hay va mi quiniela de las principales categorías.

PELÍCULA
Creo que va a ganar: Avatar
Quiero que gane: Up
En los quince primeros minutos de Up veo más cine que en las otras nominadas juntas (a falta de ver An education y The blind side, aunque no creo que eso cambie mi opinión). Pero sé que es imposible. Como que gane mi otra gran esperanza, District 9. Lástima que la ciencia ficción siga echando para atrás a tanta gente. Si gana el despropósito de los Coen, Un tipo serio, perderé toda mi fe en estos premios. Si es que se puede tener fe en ellos, claro.

DIRECTOR
Creo que va a ganar: James Cameron (Avatar)
Quiero que gane: -
Es así de sencillo, no quiero que gane ninguno. Decía que la mejor película debe tener al mejor director y en este caso no cuenta con nominación. La imagen de ver a James Cameron reviviendo su "soy el rey del mundo" de Titanic es muy golosa. No me gustaría que ganara Quentin Tarantino, su éxito me es incomprensible.

ACTOR
Creo que va a ganar: Jeff Bridges (Corazón rebelde)
Quiero que gane: Morgan Freeman (Invictus)
Llevamos meses oyendo hablar de Jeff Bridges como el favorito, aunque yo no descartaría a Colin Firth. No he visto los papeles de ninguno de los dos, así que ahí no me mojo. Pero que ganara Morgan Freeman sería un punto de reivindicación ante el ninguneo de la Academia a Clint Eastwood por segundo año consecutivo.

ACTRIZ
Creo que va a ganar: Sandra Bullock (The blind side)
Quiero que gane: Meryl Streep (Julie & Julia)
No sólo no hay muchos grandes papeles para actrices, sino que además no hay grandes intérpretes, lo que permiten que lleguen aquí actrices normalitas. Supongo que por eso la favorita viene siendo, desde hace meses, Sandra Bullock. Mi voto para Meryl Streep es por ella (y el estado de gracia en el que está en los últimos años) más que por su personaje, pues no he visto la película.

ACTOR SECUNDARIO
Creo que va a ganar: Christoph Waltz (Malditos bastardos)
Quiero que gane: Matt Damon (Invictus)
Éste parece el Oscar más cantado de la ceremonia. A mí es que Malditos bastardos no me dijo nada. Con mi deseo de que gane Damon se repite el deseo de la categoría de actor principal, aunque tampoco le haría ascos a que la estatuilla se le lleve Christopher Plummer. Stanley Tucci no me terminó de convencer en The lovely bones, aunque tiene momentos sublimes.

ACTRIZ SECUNDARIA
Creo que va a ganar: Mo'Nique (Precious)
Quiero que gane: Anna Kendrick (Up in the air)
También éste parece cantado, aunque reconozco que Precious no me ha llegado al alma. El problema es el mismo que con las actrices protagonistas. Ninguno de estos trabajos me emociona de verdad. Apostemos por savia nueva y por un papel mal rematado (culpa del guión) pero al menos original. ¿Penélope Cruz? No doy crédito, no sé qué le ven. Y menos en Nine, una película pensada para recordar a las actrices y en la que todas sucumben a la categoría de Daniel Day Lewis.

GUIÓN ORIGINAL
Creo que va a ganar: En tierra hostil
Quiero que gane: Up
Una de las mayores satisfacciones de las candidaturas fue escuchar Up en esta lista. No va a ganar, claro. Si la triunfadora de la noche es Avatar (menos mal que no recibió nominación para su simplista guión...), lo normal es la compensación aquí con En tierra hostil. Nada descartable que Tarantino sí se lleve este premio para sus malditos bastardos. ¿Los Coen? Por favor, no.

GUIÓN ADAPTADO
Creo que va a ganar: Up in the air
Quiero que gane: District 9
Aquí la contienda parece entre Up in the air y Precious, entre las risas que la primera haya podido provocar la primera entre los académicos y las lágrimas derramadas en la segunda. Tampoco es descartable An education, pero parece menos probable. El toque de originalidad sería para In the loop o District 9. Yo no apostaría por ello.

PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA
Creo que va a ganar: La cinta blanca
Quiero que gane: La cinta blanca
La verdad es que no he tenido opción de ver más que la película alemana, con lo que no hay mucha más discusión. Por lo que dicen, es un mano a mano entre la más que interesante La cinta blanca y la francesa Un profeta. El castellano, presente por partida doble con El secreto de tus ojos y La teta asustada, parece que se irá de vacío.

PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Creo que va a ganar: Up
Quiero que gane: Up
No contemplo otra opción. Pixar reina por encima de todo y si la película se ha colado en la categoría principal, ¿cómo no va a ser la mejor de animación? Y eso que Los mundos de Coraline es muy interesante.

MÚSICA ORIGINAL
Creo que va a ganar: Avatar (James Horner)
Quiero que gane: Up (Michael Giacchino)
Si hay un huracán de Avatar, éste se lo llevará por inercia pero no por méritos. Horner vuelve por sus fueros de autoplagios y sonidos idénticos a los de películas anteriores. Giacchino, en cambio, es innovador en cada música que compone. Que ganara el Sherlock Holmes de Hans Zimmer tampoco me disgustaría nada, pero la Academia ya ha dejado pasar obras maestras de este genio sin nominarle siquiera.

lunes, febrero 23, 2009

Oscars 2008: una noche de pocas alegrías

Habida cuenta del fervor que ha encontrado Slumdog millonaire, seré de los pocos que no está pegando saltos para celebrar su aplastante victoria en los Oscars. Ganó en ocho de las nueve categorías en las que competía, sólo perdió en Sonido. El triunfo de esta película supone el fracaso del modelo que el propio Hollywood vende, un fracaso que ellos mismos han reconocido con estos premios, por paradójico que parezca. ¿Grandes presupuestos? A El curioso caso de Benjamin Button sólo le han dado tres trofeos menores. ¿Grandes actores? Ninguneadas La duda y El desafío. Frost contra Nixon, a las que no les dieron ni una sólo estatuilla de compensación. ¿Películas americanas? Gana una británica, presenta un australiano, una española se lleva una estatuilla y hasta un corto de animación japonés vence a Pixar... ¿Apuestas claras por una película? En Slumdog millonaire sólo creían quienes estaban trabajando directamente en ella, ya que sus productores pensaron incluso lanzarla directamente en DVD. Algo falla en todo el modelo.

Fue un aplastamiento al que no termino de encontrarle sentido, pero ya se sabe que esto de los premios es lo más subjetivo que tiene el subjetivo mundo del cine. Parece que había ganas de que una película modesta (sólo en comparación con otros títulos, claro, porque tachar de modesta una producción de quince millones de dólares podría ser discutible en muchos foros...) arrasara y para lograrlo se le dieron premios que pueden discutir incluso los más entusiastas seguidores de Slumdog millonaire. El ejemplo más claro, el de montaje. Atropellado, a veces confuso y muy videoclipero sobre todo en su primera mitad. Pero gana el Oscar. Cuando logró uno de los primeros premios, el de guión adaptado, ya se veía que la noche iba a ser de esta cinta. La ceremonia estaba planteada como un duelo entre Benjamin Button y Slumdog millonaire, y está claro quién ganó y quién perdió. ¿Declaración de inteción de Hollywood? Pese a todo, lo dudo. El primero que haga una superproducción, gana el año que viene.

Al margen de ese duelo, la gala pareció pensada y hecha para y por actores. Lo más elaborado fue la entrega de los galardones a los intérpretes y, curiosamente, lo que generó las ovaciones más cerradas y sinceras del auditorio. Cinco ganadores del pasado lanzaron elogios a los nominados de la mejor forma que supieron (y entre ellos destaco a unRobert de Niro que estuvo mejor que en la mayoría de las películas que ha hecho en la última década). A algunos seguro que les supo a poco lo que escucharon de sí mismos teniendo en cuenta lo que decían de sus colegas. Sorpresas, sólo una y relativa: Sean Penn. Todo el mundo apostaba por Mickey Rourke y fue una alegría que ganara Sean Penn (aunque sólo fuera por ver la mirada de felicidad de esta espléndida mujer y actriz que es Robin Whright). Su discurso de agradecimiento fue el más sincero, divertido y natural de la noche y compensó la decepción de no ver en el escenario al mejor actor del año, Clint Eastwood, ni al mejor de los nominados, Frank Langella.

El Oscar a Kate Winslet me dejó algo indiferente, pero fue todo un triunfo (esperado, eso sí) el de Heath Ledger. Es el primer actor que gana un Oscar por un personaje creado en las viñetas de un cómic y eso nos llena de satisfacción a todos los que llevamos años predicando la madurez del noveno arte y del género trasladado al cine. ¿Hubiera ganado de no haber muerto? Me apena pensar que no. El premio a Penélope Cruz estaba también cantado. No me gusta Penélope como actriz, Vicky Cristina Barcelona me parece una película bastante olvidable (por ser suaves) de Woody Allen y el personaje de la actriz española me parece del montón. Pero ya sabemos lo mucho que gusta en Hollywood un personaje que no está bien de la cabeza. Hacer de loco funciona por allí. Y esta vez ha funcionado. A mí no me alegra especialmente el premio precisamente por la competencia que tenía. Sin haber visto a Marisa Tomei en El luchador, las otras tres me entusiasmaron mucho más que Penélope.

Bien pensado, la gala me dejó muy poquitas satisfacciones. Además del homenaje póstumo a Ledger, premios que me encantaran sólo hubo tres: el de mejor película de animación para Wall·E (a pesar de lamentar la inmensa cobardía de no incluír a esta cinta en las categorías grandes o de no darle el Oscar al mejor guión) y los de Efectos especiales y Maquillaje para Benjamin Button. Lo malo es el mensaje que dejaron estos dos últimos. Cuando se estrenó la película de David Fincher, alabé el personaje de Brad Pitt, preguntándome cuánto de actor y cuánto de trabajo técnico había en él. La Academia, en una cita en la que quiso precisamente reivindicar el papel del actor en general, le dio un varapalo serio a una de las estrellas de su firmamento. Y no tenía la excusa del triunfo de Slumdog Millonaire para no premiar a Brad Pitt (ya que estamos, ¿por qué ningún actor de la película de Danny Boyle estaba nominado...? ¿Aquí sí pesó el carácter independiente y los nombres desconocidos del filme?)

Ni siquiera me gustó el otro Oscar que ganó El Caballero Oscuro (¡cómo la eché de menos en las categorías importantes!), sonido, puesto que supuso otro menosprecio de Hollywood a un tipo al que debieran hacer un monumento: Ben Burtt. Buena parte de lo que es Wall·E se debe al trabajo de este tipo, que revolucionó el mundo del sonido en el cine norteamericano hace ya tres décadas y sigue construyendo cine como si fuera el primer día. Pero el ninguneo a Burtt no es una sorpresa, viene de lejos. Es lo malo de trabajar para George Lucas y ayudarle a construir su criticado mundo de Star Wars. El que sí me apenó que perdiera la secuela de Batman begins fue el de Dirección artística, que fue el que compelto el trío compensatorio a Benjamin Button. Fue un reparto extraño de compensaciones y menosprecios.

Y si hablamos de compensaciones, Benjamin Button sale malparada pero al menos con tres premios. Los responsables de Mi nombre es Harvey Milk seguro que no esperaban que este título fuera el ganador de la noche, por lo que los premios al mejor guión adaptado y al mejor actor supusieron para ellos un triunfo descomunal. Los agraviados son La duda y El desafío. En el caso de la primera, ya estaban advertidos con las nominaciones. Ni a la mejor película, ni al mejor directory el guión adaptado tenía todas las de perder con Benjamin Button y Slumdog millonaire como competidores. Pese a todo, una lástima que no ganara la espléndida Meryl Streep. Pero a El desafío el ninguneo ha sido total. A Ron Howard era difícil que le premiaran después de hacerlo cuando no lo merecía, con Una mente maravillosa, pero se fueron de vacío todos los nominados por esta película que, insisto, para mí era a mejor de las cinco seleccionadas.

En el apartado musical, otra sorpresa negativa pero esperada. Slumdog millonaire arrasó. Un compositor indio pone música india a una película que se desarrolla en la India. Nada nuevo en el horizonte, pero sí algo exótico. La categoría de banda sonora siempre ha sido escenario de una colección de decisiones controvertidas. El premio suele ser para composiciones que son fácilmente olvidables y, al menos por mi parte, el de este año entra en esa categoría. Perdurará para siempre en mi cabeza la olvidada música de Hans Zimmer y James Newton Howard para El Caballero Oscuro, y entre las nominadas el Benjamin Button de Desplat. Se habla del buen rollo que deja la canción ganadora del Oscar. Totalmente de acuerdo, pero creo que es una canción ajena a la película y que, además, rompe con el espíritu de la cinta. Se premia con demasiada facilidad a canciones que adornan títulos de crédito (y hubiera sucedido lo mismo de haber ganado la de Wall·E). Las que nadie escucha en las salas porque se marcha en cuanto se acaban las imágenes, las que no sirven como vehículo narrativo sino comercial. Una pena.

Aunque se anunció que la gala iba a ser más corta de lo habitual, al final alcanzamos las tres horas y media acostumbradas. Pero la ceremonia fue amena gracias a un sorprendente Hugh Jackman. Una ovación con el auditorio puesto en pie puso fin a su introducción a la gala, la más brillante que se ha vivido desde que Billy Crystal dejó de presentar la ceremonia. Y después con su magnífico número musical (con una deslumbrante Beyoncé). Y con sus bromas con Brad Pitt por haber sido nombrado como el hombre más sexy del mundo. Estuvo magnífico y despejó todas las dudas que había despertado su elección, por ser el primer actor no cómico desde hacía dos décades que ejercía de anfitrión de los premios de la Academia. Impagable también fue el momento de un cómico por el que no siento demasiado cariño, Ben Stiller, imitando la reciente aparición televisiva de Joaquim Phoenix, junto a una Natalie Portman que me recordó por qué estoy enamorado de ella.

Y puestos a hablar de la alfombra roja y de los vestidos de las damas (entre ellos, el único que dio la nota, para bien o para mal según gustos, fue Mickey Rourke, metido en su personaje real hasta el final), la verdad es que hubo mucho y muy bueno. Marisa Tomei o Amy Adams estaban deslumbrantes, mucho más que correcta (y eso que no me apasiona) Penélope Cruz. Elegante como casi siempre Meryl Streep. Entre lo peor, Tilda Swinton. Pero en conjunto muy poco negativo, a pesar de que se vieron menos estrellas que de costumbre, dicen, por el secretismo que se guardó hasta el último momento en los presentadores de la gala. ¿Crisis? Con los vestidos y joyas que llevaban era imposible pensar que estábamos en un escenario de crisis. Menos mal que luego apareció Hugh Jackman con su decorado de cartón piedra para recordárnoslo. Y para hacernos sonreír, que con la que está cayendo no es poco en absoluto. Lo mismo que con el in memorian y ese final con el gran Paul Newman. Una lágrima tan merecida como el aplauso.

martes, febrero 17, 2009

Porra para los Oscar

Un año más, llega la noche de los Oscar, y como el Reverendo Pohr me ha pedido que aproveche este blog especializado para organizar una porra, pues aquí va. No incluyo todas las categorías, sólo las once principales, y mi elección va a ser una mezcla de apuesta y preferencia. Aviso que casi todos los años me suelo equivocar bastante, pero ahí quedan, en negrita, mis apuestas. Y más abajo, las razono y cuento alguna cosa más... No puedo ofrecer premio para quien acierta más categorías, pero si os apetece participar, podéis poner vuestras elecciones en los comentarios.
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· PELÍCULA
El curioso caso de Benjamin Button
El desafío: Frost contra Nixon
El lector
Mi nombre es Harvey Milk
Slumdog Millionaire
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· DIRECTOR
David Fincher (El curioso caso de Benjamin Button)
Ron Howard (El desafío. Frost contra Nixon)
Gus Van Sant (Mi nombre es Harvey Milk)
Stephen Daldry (El lector)
Danny Boyle (Slumdog Millionaire)
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· ACTOR
Mickey Rourke (El luchador)
Brad Pitt (El curioso caso de Benjamin Button)
Sean Penn (Mi nombre es Harvey Milk)
Richard Jenkins (The Visitor)
Frank Langella (El desafío. Frost contra Nixon)
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· ACTRIZ
Kate Winslet (El lector)
Anne Hathaway (La boda de Rachel)
Melissa Leo (Frozen River)
Angelina Jolie (El intercambio)
Meryl Streep (La duda)
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· ACTOR DE REPARTO
Josh Brolin (Mi nombre es Harvey Milk)
Heath Ledger (El Caballero Oscuro)
Robert Downey Jr. (Tropic Thunder)
Phillip Seymour Hoffman (La duda)
Michael Shannon (Revolutionary Road)
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· ACTRIZ DE REPARTO
Marisa Tomei (El luchador)
Penélope Cruz (Vicky Cristina Barcelona)
Taraji P. Henson (El curioso caso de Benjamin Button)
Viola Davis (La duda)
Amy Adams (La duda)
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· GUIÓN ORIGINAL
Courtney Hunt (Frozen River)
Mike Leigh (Happy. Un cuento sobre la felicidad)
Martin McDonagh (Escondidos en Brujas)
Dustin Lance Black (Mi nombre es Harvey Milk)
Andrew Stanton, Jim Reardon y Pete Docter (Wall·E)
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· GUIÓN ADAPTADO
Eric Roth (El curioso caso de Benjamin Button)
John Patrick Shanley (La duda)
Peter Morgan (El desafío. Frost contra Nixon)
David Hare (El lector)
Simon Beaufoy (Slumdog Millionaire)
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· PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Wall·E
Kung Fu Panda
Bolt
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· PELÍCULA EXTRANJERA
The Baader Meinhof Complex (Alemania)
La clase (Francia)
Departures (Japón)
Revanche (Austria)
Vals con Bashir (Israel)
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· BANDA SONORA
Alexandre Desplet (El curioso caso de Benjamin Button)
James Newton Howard (Resistencia)
Danny Elfman (Mi nombre es Harvey Milk)
A. R. Rahman (Slumdog Millionaire)
Thomas Newman (Wall·E)
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Ha sido un año extraño. Resulta que cuando más se ha hablado de la crisis de ideas de Hollywood, más películas interesantes se han estrenado. Se han quedado fuera de las principales nominaciones títulos que yo habría incluído con los ojos cerrados. El Caballero Oscuro (no ha habido valor para apostar por una cinta fantástica, privilegio que ya logró El retorno del Rey y que seguro que tardaremos en volver a ver unos cuantos años...), Wall·E (confinada, como suele suceder con las obras maestras animadas, al Oscar del género... y al guión), El intercambio, Gran Torino (increíble el ninguneo a Clint Eastwood de este año), Antes que el diablo sepa que has muerto (la película de Sydney Lumet ha sido olvidada por completo) o La duda (que logra nominaciones a los actores y al guión, pero no película ni director). Revolutionary Road, que ha ganado premios en otros galardones, no la he visto, así que no la incluyo.
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Yo le habría dado un hueco en las principales categorías a cualquiera de esas películas por encima de dos de las cinco elegidas que me dejaron algo frío: Slumdog Millonaire y Mi nombre es Harvey Milk. Y sin embargo, la primera de ellas parte con opciones según la crítica y las encuestas. Mi favorito de este año tiene que ser por muchos motivos El desafío. Frost contra Nixon, pero tengo la sensación de que la ganadora va a ser El curioso caso de Benjamin Button. Tampoco me disgustaría, la verdad. El lector es la única de las cinco elegidas que todavía no he podido ver, pero me extrañaría mucho que fuera la ganadora. Con las nominaciones muy repartidas, y teniendo en cuenta el previsible reparto de los Oscar técnicos entre El curioso caso de Benjamin Button y El Caballero Oscuro, quizá se use el premio al mejor director y los guiones para reconocer los méritos de alguna otra de las cinco nominadas. Nunca entenderé que la mejor película no tenga al mejor director, pero la Academia hollywoodiense suele dar estas sorpresas...
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No se esperan muchas sorpresas en el apartado interpretativo (aunque cuando uno dice eso ya sabe que está tentando a la suerte y seguro que todo sale al revés...). Sería una gran sorpresa que Mickey Rourke y Kate Winslet no ganaran las estatuillas a los mejores actores principales, y lo mismo con Heath Ledger y Penélope Cruz en lo que se refiere a los secundarios. No son mis favoritos en casi ninguna de esas categorías, pero eso es lo que apuntan galardones previos. Para mí, la mejor actuación del año ha sido sin duda la de Clint Eastwood en Gran Torino, pero entre los nominados me quedo con Frank Langella y soy un incondicional de la actuación de Meryl Streep en La duda. Heath Ledger será el justo ganador con su Joker de El Caballero Oscuro (¿le habrían nominado de no haber muerto? Me da que no...) y, aunque no veo nada de nada en Penélope Cruz (ni en Vicky Cristina Barcelona), lo más normal es que la española gane.
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En cuanto a la película de animación, no considero otra posibilidad que no sea Wall·E. Si gana cualquiera de las otras dos, será el momento de plantearse la cordura de los académicos norteamericanos. En la categoría de película de habla no inglesa la cosa está muy abierta, pero yo aspotaría por la película israelí (¿influirá la política aquí...?) o la francesa. Y en cuanto a la banda sonora, asombrado todavía por la ausencia de la música de El Caballero Oscuro (bueno, en realidad no, porque anunciaron que quedaba excluída por una norma que fija el porcentaje de la música de la película que tiene que estar firmada por sus autores, y después la Academia dio marcha atrás), compuesta por Hans Zimmer y James Newton Howard, mi apuesta es para el cada día más interesante Alexandre Desplat. Me gustó su Benjamin Button.
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La ceremonia será en la madrugada del domingo. Hasta que empiece, tenéis tiempo de sobra para poner vuestros favoritos y, quien quiera, argumentar sus elecciones. Suerte a todos.