miércoles, noviembre 04, 2009

Tarantino y yo no nos entendemos

Nos conocemos desde hace 17 años y no, Quentin Tarantino y yo no nos entendemos. Ni creo que lo vayamos a hacer. Según nos presentaron, parecía que podíamos tener algo en común. O eso creí tras ver Reservoir dogs, una película que me llamó la atención positivamente. Pero cuando le conocí de verdad, con Pulp fiction, me di cuenta de que estaba ante una amistad imposible. Éramos incompatibles. Entonces me dijeron que viera Jackie Brown, que me iba a gustar, que era la mejor película de Tarantino y la menos Tarantino de todas. Y tampoco, la verdad. Las dos entregas de Kill Bill fueron una penitencia pagada no sé muy bien por qué culpa, pero las vi. Y me confirmaron que no hay entendimiento posible. Llegamos al día de hoy, cuando caí de nuevo en la trampa. Intentaron reconciliarme con él, ya sabéis, una amiga común que quiere que sus dos amigos se lleven bien. Pero sus Malditos bastardos me han dejado, como poco, indeferente.

Sé que no represento al cinéfilo medio cuando proclamo mi disgusto ante cada película de Quentin Tarantino. Sé que tiene fans enfervorizados que ven una obra maestra casi en cada película que hace este director. Sé que hay quien piensa que Malditos bastardos es su mejor filme (la valoración en IMDB le coloca en el segundo puesto, tras Pulp fiction). Pero yo veo otra cosa. Yo no aprecio la genialidad de unos diálogos que para los suyos son sublimes y para mí charla intrascendente. Yo no veo veo ritmo cinematográfico en unas secuencias que me parecen lentas y lastradas precisamente por tertulias inacabables. Yo no veo actuaciones geniales en personajes idénticos que van pasando de unas películas a otras de su director, cambiando de uniforme y de actor que les da vida. Y, sin sentir un especial rechazo a la violencia en el cine (más bien lo contrario, me gusta cuando la historia lo requiere), no entiendo la forma en que la presenta Tarantino.

Todavía no sé cuál es la historia, de qué va Malditos bastardos. De hecho, la película me pierde ya en su primera escena, un interminable diálogo de casi veinte minutos... que nada tiene que ver con la trama principal. No es más que la presentación del auténtico protagonista de la cinta (no, no es Brad Pitt, aunque la promoción de la película se haya olvidado de todo lo demás con tal de sacar al marido de Angelina Jolie, ni tampoco uno de los bastardos del título), el coronel nazi Hans Landa, interpretado por Christoph Waltz. Veinte minutos en los que no he dejado de preguntarme qué aporta en realidad esa escena. ¿Que los nazis eran muy malos? ¿Que los franceses colaboraban por miedo? ¿Que los judíos tenían que esconderse? ¿Que nuestro protagonista tiene un sentido del humor muy especial? Hace ya algún tiempo leí a un director, cuyo nombre no recuerdo, lamentarse de que el principal problema que tenía el cine actual era la falta de síntesis de la que hacía gala el cine clásico. Tarantino es un buen ejemplo de ello. Para dar una mínima información, rueda secuencias larguísimas.

Las películas de Tarantino se confunden en mi memoria. Si no fuera por la ambientación en la Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial, bien podría pensar que cualquiera de las secuencias que acabo de ver estaban sacadas de Reservoir dogs, de Pulp Fiction o de Kill Bill. No veo originalidad, ni en la forma de rodar, ni en el trazo de los personajes (qué fácil me ha parecido la caricatura de Hitler y Goebbles), ni el tratamiento musical (tenía la sensación de estar escuchando la música de Kill Bill). Nada. Si tanta gente está de acuerdo en que Tarantino es un innovador, tendré que pensar que algo tiene, pero en las conversaciones en las que este director está presente me agarro a la máxima con la que encaro el cine: es una experiencia personal en la que todos podemos tener una opinión, una sensación y un sentimiento distintos.

Mi experiencia con Tarantino, y me perdonarán sus seguidores, es distinta a la de la mayoría. Tiene que serlo, porque Malditos bastardos, como casi todo lo anterior que he visto del director (todo menos Death proof y su segmento de Four rooms), me genera más indiferencia que otra cosa.

3 comentarios:

Doctora dijo...

Tarantino es como Almodovar,los Cohen o Woody Allen,tienen un universo propio y no se les puede pedir otra cosa.
Yo he visto varias pelis de Tarantino y aunque debo confesar que ha dejado algunas escenas memorables,en conjunto no me gusta su estilo.
Esta de los nazis no la he visto precisamente porque las pelis de tarantino me gusta verlas en casa,donde tengo la posibilidad de pasarme las escenas que no me están gustando.

bebita dijo...

Me quito el sombrero ante el genio de Quentin y ante la que puede ser su gran obra maestra. Al menos, hasta que llegue la próxima, espero que pronto, y me vuelva a hacer creer de nuevo en eso de que el cine es una fábrica de sueños.
No lo puedo evitar, le adoro!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Doctora, sí, eso sí, personal sí que es... Pero yo tampoco conecto con él, qué le vamos a hacer...

Bebita, ya sabía yo que en ésta no íbamos a coincidir, je, je, je... Di que sí, adórale... aunque yo no vea lo mismo que tú, que eso es lo grande del cine, vivirlo y sentirlo.