viernes, mayo 20, 2016

'X-Men. Apocalipsis', y vuelta a empezar


Por Sonia Rodríguez Fernández

Regresan los mutantes de X-Men de la mano de Bryan Singer tras Días del futuro pasado con un nuevo y poderoso villano: Apocalipsis (Oscar Isaac). Este nuevo personaje, nos cuenta la historia, parece ser el primer mutante que existió. Más conocido en su tiempo original, en Egipto, como En Sabah Nur, al ser único mutante en esa época, se ve a sí mismo como un dios entre los débiles, los simples humanos. Por una traición, como ocurre en estos casos, es enterrado durante siglos, despertando de su letargo en 1983 y descubriendo que el mundo que él tenía en mente no es ni de lejos parecido al que tiene delante: los humanos comunes dirigen la Tierra, sin ningún tipo de poder y obligando a los mutantes (a los que él ve cómo sus hijos) a controlarse, a ser precavidos y muchas veces a esconderse, por lo que Apocalipsis decide juntar a sus Cuatro Jinetes y poner orden en lo que ve como un caos sin sentido.

Para llevar a cabo su purga, Apocalipsis necesita nuevos adeptos, esos Cuatro Jinetes que le ayuden en sus propósitos, por lo que, muy listo él, elige a mutantes que en ese momento estén desencantados del mundo como son Mariposa Mental (Olivia Munn), la que será Tormenta (Alexandra Shipp) y Ángel (Ben Hardy), junto con un viejo conocido, Magneto (Michael Fassbender), al que comprendemos mejor que nunca. Enfrente, los buenos, claro, a la cabeza con Charles Xavier (James McAvoy), Bestia ( Nicholas Hoult) y Mística (Jennifer Lawrence), al igual que la agente especial de la CIA Moira MacTaggert (Rose Byme), que repiten en sus papeles de las anteriores entregas, además de las caras nuevas que hemos visto crecer a lo largo de la serie original, Cíclope (Tye Sheridan), Jean Grey (Sophie Turner) y Rondador Nocturno (Kodi Smit-McPhee). Todas las nuevas incorporaciones llegan pisando fuerte, y no dejan nada indiferente.

¿Dónde empiezan los problemas? Pues por varios frentes. Lo primero, el argumento. Sí, Apocalipsis en el cómic es un gran villano, pero aquí se mueve en una historia que parece ser la tónica general de las últimas películas de X-Men: hay un problema, nos juntamos aunque estemos enfadados y volvemos a empezar... Un bucle del que parece que Bryan Singer no sabe salir. Lo segundo, la pérdida de identidad de varios personajes, cómo son Bestia, Magneto y Mística, que parecen totalmente desganados, un tenemos que estar porque es lo que toca, muy lejos de la convicción por la causa que mostraban en las primeras películas de la saga. Y no podemos olvidar al malo malísimo más que trillado al que parece hay que meter con calzador en las últimas entregas: Striker, interpretado por Josh Helman, que aparece más para rellenar que para otra cosa, y desaparece de la misma manera absurda con la que aparece.

Por supuesto, la película tiene cosas buenas, todas las nuevas incorporaciones refrescan y están muy bien, destacando Tormenta y Jean Grey, y sobre todo esta última, por ver a Sophie Turner en un papel distinto al de Sansa Stark en Juego de tronos y que deja ver lo que puede llegar a hacer. Oscar Isaac, aunque con un maquillaje que parece lo que es, maquillaje, también está muy bien, llegando a imponer y a dar algo de miedo en varias escenas. Pero X-Men no es X-Men sin su icono, Charles Xavier, con un James McAvoy que vuelve a estar soberbio en el papel del mejor telépata del mundo, con permiso de Jean Grey, claro. En conjunto, X-Men. Apocalipsis entretiene, pero dista de ser una de las mejores de la saga. Esperemos que en próximas entregas la historia evolucione y salgamos de esta horquilla temporal, tanto de historias como de personajes (hay aparición sorpresa y ya trillada incluida) para ver una evolución real de los personajes.

viernes, mayo 06, 2016

'La venganza de Jane', el western vive

Cuando pasen algunos años más, habrá que estudiar detenidamente qué es lo que ha sucedido con el western para que sea un género moribundo que de vez en cuando resurge para demostrar que está vivo. Porque vive, eso es algo que se demuestra con cada título del género que llega a los cines, y pasa de nuevo con La venganza de Jane, desafortunadísimo título español de Jane Got a Gun, un filme que ha sobrevivido a los muchos cambios sufridos en su equipo desde que el proyecto se anunció hace cuatro años para evidenciar que el Oeste americano sigue siendo un escenario magnífico en el que colocar toda suerte de historias. La paradoja es que el western murió con su último gran éxito a todos los niveles, Sin perdón, y desde entonces sólo asoma la cabeza de manera muy puntual pero casi siempre con un nivel más que aceptable.

Y no es que la película de Gavin O'Connor sea de las mejores que se han visto en el western de los últimos años, pero sí es bastante digna. Decía Quentin Tarantino que John Ford destestaría Los odiosos ocho, el último intento aunque bastante especial de western, y de La venganza de Jane seguramente lamentaría que no haya sabido explorar con acierto la épica del género, que se haya empequeñecido cuando la historia apuntaba a algo más o cuando el conflicto podría haber derivado en planos algo más espectaculares. En ese sentido, da mucha rabia ver que O'Connor no sabe sacar partido del momento visualmente más atractivo del filme, o incluso que no domine esas áridas llanuras de arena y roca que dominan el western con tanta contundencia. Pero la historia es muy atractiva, lo es desde el principio y también por medio de los flashbacks que dan la información que satisface la intriga.

Casi parece mentira que la película se haya transformado tanto, y su supervivencia con dignidad es uno de esos pequeños milagros que da gusto ver, ya que la presencia de Joel Edgerton como coescritor de la cinta y de Natalie Portman como coproductora casi hace pensar que estamos ante un proyecto muy personal. Puede serlo más en el caso de Portman, su protagonista indiscutible y una actriz de suficiente talento como para hacerla bastante creíble. Edgerton secunda muy bien, como también Ewan McGregor en un papel de villano, inusual en su carrera, que acaba pareciendo lo más desaprovechado de la película. McGregor está francamente bien pero su personaje es el que más sufre el irregular ritmo de la película, que pierde mucho tiempo en conversaciones entre Portman y Edgerton que van desde lo imprescindible a lo redundante y se olvida de dar más fuerza al conflicto real que alumbra la película, el que obliga a Jane a coger un arma y defender lo suyo.

Pero, con todos sus defectos, que los tiene, La venganza de Jane es una película bastante solvente. Integra perfectamente al espectador en el drama y le recompensa con imágenes de un gran poder visual (la entrada del personaje de Noah Emmerich en el burdel armado con dos pistolas es, probablemente, el mejor ejemplo), por mucho que no sepa sacar partido de su ajustada duración (no llega a 100 minutos) y no consiga que el resultado final haga del todo justicia a lo bien insertados que están los flashbacks. El final tampoco ayuda, porque preparar emocionalmente al espectador durante toda la película para llegar al punto que llega es algo tramposo por parte de los guionistas. Pero al menos queda la satisfacción de volver a visitar el western, ese viejo género que sigue resistiéndose a morir a pesar de que ya hay demasiada gente que le ha asestado desde fuera un rejón de muerte. El porqué, toda una incógnita con la que tendrán que lidiar los libros de historia...

viernes, abril 29, 2016

'Capitán América. Civil War', simplemente impresionante

Por Sonia Rodríguez Fernández

Podemos decir que esta Capitán América: Civil War es una de las mejores películas hasta el momento de Marvel. Como inicio de la futura Fase 3 de Marvel, Civil War consigue su objetivo, engancharnos desde el principio. Anthony y Joe Russo logran darle a la cinta dinamismo y unas escenas de acción que no dejan indiferentes a nadie, en especial a los amantes de estos personajes de cómic. Aunque el título de la cinta, Capitán América: Civil War, nos da a entender que se trata de una posible tercera película sobre las aventuras del Capitán, tras El primer Vengador y El Soldado de Invierno, es mucho más que eso. Entre otras cosas, una presentación de futuros pesos pesados dentro del universo Marvel, como son Spiderman, interpretado por un refrescante Tom Holland, y Pantera Negra, con un Chadwick Boseman simplemente brillante.

Al resto de los integrantes del equipo ya los conocemos. Por un lado, el bando del Capitán (Chris Evans): Halcón (Anthony Mackie), Ojo de Halcón (Jeremy Renner), Ant-Man (Paul Rudd), el Soldado de Invierno (Sebastian Stan), Sharon Carter (Emily VanCamp) y la Bruja Escarlata (Elisabeth Olsen). Enfrente, el bando de Iron Man (Robert Downey Jr.): Viuda Negra (Scarlett Johansson), Visión (Paul Bettany), Máquina de Guerra (Don Cheadle) y los ya mencionados Pantera Negra y Spider-Man. Como telón de fondo e inicio de la disputa, los Acuerdos de Sokovia, responsables de la ruptura de los Vengadores. En estos, los gobiernos quieren ejercer un control sobre los superhéroes, sometiendo sus acciones a decisión de las Naciones Unidas (más si cabe, tras una desafortunada misión en África con numerosas bajas civiles).

Iron Man, afectado tras una conversación con una madre de una víctima de los sucesos ocurridos en Sokovia, considera que es mejor ceder ante la supervisión de los organismos internacionales para evitar estas desafortunadas situaciones. Por el contrario, surge la férrea oposición del Capitán, que defiende la importancia de la libertad de actuación para lograr realmente un mundo mejor. La aparición, por otra parte, del Soldado de Invierno complica aún más la trama, emponzoñando la situación. Como villanos encontramos a Crossobones (Calavera), interpretado por Frank Grillo, y Zemo, por Daniel Bhrül. Aquí tal vez podemos encontrar los únicos peros de la película: el primero, pese a su peso en los cómics, desaparece con relativa facilidad. Bhrül, por su parte, tiene una motivación que bien puede también atribuirse a la madre que sermonea a Iron Man, y que ya se ha usado mucho en otras ocasiones. Eso si, podemos atribuirle la hazaña de, siendo un simple mortal, consigue ni lo que un Dios como Loki logró: separa al grupo de héroes más poderoso del universo.

Los Russo han sabido adaptar de manera impecable el cómic al cine, creando una película casi perfecta, impresionante. Por su también reciente estreno, no podemos olvidarnos de Batman v Superman. El origen dela justicia y cabe hacer una comparación a pesar de ser universos distintos. Aunque la película de DC Comics tiene muchas cosas buenas, como un sorprendente Ben Affleck que calló a los más escépticos y una increíble Gal Gadot cómo Wonder Woman, nada tiene que ver con esta Civil War de Marvel, que demuestra una vez más que Marvel tiene las pilas mucho más cargadas que DC hasta la fecha. Quedan por ver algunos estrenos de ambas editoriales este año, como X-Men: Apocalipsis y Escuadrón Suicida. ¿Superarán a este Capitán América? Y un último apunte: no moverse al finalizar la película, ya que no una sino dos escenas adicionales nos esperan…

viernes, abril 22, 2016

'Toro', una oportunidad fallida

Eva fue una espléndida carta de presentación para Kike Maíllo. No era una película perfecta, pero sí una tremendamente llamativa, que confirmaba a su director como un espléndido emprendedor de género patrio. Por eso había bastantes expectativas puestas en este su segundo filme, Toro, pero el resultado final queda como una oportunidad fallida para que Maíllo se confirme en una primera línea. No es una mala película, ojo, no es un patinazo sin remedio, pero sí es por desgracia una cinta que deja mucho que desear en algunos aspectos que acaban resultando claves para que sus 103 minutos dejen algo frío y, sobre todo, con algo de perplejidad por la forma en que se han resultado algunas cuestiones que lastran bastante el filme. Toro tiene grandes ideas y podría haber sido un título más que notable, pero se queda en uno simplemente entretenido y con algunos defectos bastante palpables.

El principal hay que buscarlo en el guión. No precisamente por su apuesta por arquetipos y situaciones más o menos previsibles, porque de eso hay abundancia en el cine actual y tampoco es demasiado grave, sino porque hay momentos en los que Rafael Cobos (coautor del mucho más lúcido libreto de La isla mínima) y Fernando Navarro (uno de los nombres detrás de Anacleto, agente secreto) no se parecen haber tomado demasiadas molestias. Hay tantos elementos irreales en el filme (¿un arma de fuego en toda la película, y sobre todo en el clímax, una que además provoca más sorderas que sangre, cuando estamos hablando de una organización criminal supuestamente tan peligrosa?) y tantos comportamientos que no encajan en los personajes (el plano final de la primera secuencia y la misma resolución de la cinta) que siempre se tiene la sensación de que algo falla.

Y es una pena, porque hay un intento sincero de crear un thriller local con elementos muy interesantes. Maíllo le saca mucho partido, por ejemplo, a su reparto, destacando como casi siempre un Luis Tosar fantástico, también un José Sacristán calmado y complejo, e incluso aceptando el papel de Mario Casas como ¿héroe? granítico, pero también a una estética reconocible, que pasa por la llamativa desviación de unos créditos que se inspiran en los de los filmes de James Bond para encontrar una personalidad propia, la misma que Maíllo busca con el aspecto visual del filme. Para ello, no sólo no esconde sus escenarios, sino que presume de ellos. Hay valentía en esa decisión y Toro se beneficia mucho de ella. Pero la película se va derrumbando poco a poco por su inconsistencia y por su irregularidad, no sólo en el apartado cinematográfico sino también en el técnico, con escenas muy logradas y otras que no parecen de la misma cinta.

Maíllo sí demuestra que sabe moverse con cierta soltura, pero firma un segundo filme que está claramente por debajo del primero. No termina de encontrarle el punto perfecto para contar esta historia de venganzas y redenciones fallidas en la que demasiados elementos están por estar (la niña interpretada por Claudia Canal, hija del personaje de Tosar y sobrina del de Casas no tiene en realidad un papel definido) y en la que acaban sucediendo demasiadas cosas completamente inverosímiles que no encajan con los mismos personajes. Muy buenas intenciones, pero una ejecución muy por debajo hacen que Toro sea un filme un tanto extraño, que no termina de sacar todo el jugo de su dramático aunque manido poso ni del más que aceptable planteamiento con el que nace, y que el propio Toro echa por tierra cuando se le quiere convertir en el mayor de los antihéroes, un ángel de la venganza ensangrentado e imbatible, cuando en realidad, viendo lo que implica su comportamiento, es un simple ladrón de lo más torpe y descuidado. Lástima.

viernes, abril 15, 2016

'El libro de la selva', salto correcto

Disney se ha lanzado a adaptar en imagen real sus películas animadas más populares. El libro de la selva, la última de ellas, es un producto correcto, un salto adecuado, que sabe respetar los puntos más admirados de la cinta de animación y que, al mismo tiempo, se convierte en una versión actual para que el público actual descubra la disneyzación de los libros de Rudyard Kipling. Pero, al mismo tiempo, es poco más que eso, y se abre así una vía de decepción también bastante peligrosa. Es verdad que la tecnología le ha permitido a Jon Favreau rodar una de las películas más verosímiles con animales digitales, pero si eso es todo a lo que podía esperar es normal que la visión más optimista del filme se quede en esa corrección, la que permite pasar un rato entretenido aún a sabiendas de que no hay más expectativas que esas.

En ese aspecto, Favreau demuestra un enorme dominio en el terreno de los efectos visuales, algo que no es nada nuevo para quien disfrutara de sus dos primeras entregas de Iron Man. Si bien es más asequible crear cosas que son imposibles o propias del terreno de la fantasía mediante el trabajo por ordenador, no es fácil evitar el riesgo de que los animales sean artificiales, y el primer gran mérito que hay que admitirle a El libro de la selva es precisamente ese, que Baloo, Bagheera, Shere Khan, Kaa o incluso el sobredimensionado Rey Louie parecen reales en comparación con el único actor humano de la película, el joven debutante Neel Sheti, quien tampoco es que componga un Mowgli excesivamente memorable. Cumple, como casi todo en la película, pero hasta el clímax de la película no hay demasiado en su trabajo que invite a pensar en una carrera extraordinaria.

Revisado y admirado el trabajo digital, El libro de la selva se convierte en una de esas películas que invita a debatir largo y tendido sobre el doblaje. Con Bill Murray, Ben Kingsley, Scarlett Johansson, Idris Elba o Christopher Walken dando vida a los principales animales de la cinta, ¿tiene mucho sentido verla en versión original? ¿Se entiende así la personalidad que han dado estos actores a todos estos personajes animados? Desde luego, la versión original aporta un plus que la doblada se reconoce incapaz de alcanzar, y es una pena perderse el trabajo de semejante reparto. Pero en España el doblaje sigue mandando, y por eso la versión que muchos verán de El libro de la selva tendrá una tara esencial, independientemente de que el trabajo de los dobladores sea bueno y malo. El debate es más importante de lo que parece porque, hablando de una película con un único actor humano, se está suprimiendo el 100 por 100 de lo que hace buena parte del reparto original.

Puede ser injusto, pero quizá ese sea uno de los motivos por los que El libro de la selva no tenga la capacidad de enamorar que siempre se le puede atribuir a esta versión, la de Disney, del relato de Kipling. A pesar de algunos momentos interesantes, en los que un Shere Khan que quizá aparece demasiado poco se convierte en lo mejor del filme (junto con Baloo, aunque este desde una perspectiva mucho más humorística), la película de Favreau sufre de una falta de consistencia real en su mensaje (¿debe Mowgli actuar como un lobo o como un humano?). Como aventura para todos los públicos sí se entiende esa corrección en el resultado final, también como adaptación más del propio filme del estudio del ratón que de la novela original, terrenos en los que Favreau sí se mueve con bastante comodidad, pero sin riesgo, incluso replicando casi por sorpresa los números musicales de la cinta animada.

viernes, abril 01, 2016

'Hitchcock / Truffaut', ¡qué grande es el cine!

Hay pocos libros más importantes en la historia del cine que Hitchcock / Truffaut, una apasionante e imprescindible conversación que sostuvieron los dos cineastas a petición del francés para analizar en profundidad el cine del británico y que se publicó en 1966. Ese es el referente de Hitchcock / Truffaut, el documental que ha realizado Kent Jones. Y aunque no es exactamente un relato sobre cómo se fraguó ese libro y la posterior amistad entre Alfred Hitchcock y François Truffaut, que es lo que se podría pensar viendo el título y el cartel del documental, es uno de esos filmes que hay que ver. Podría tener el montaje más torpe, el guión más deslabazado y la narración más inconexa, que aún así este Hitchcock / Truffaut sería una maravilla. ¿Cómo no serlo si ahonda en lo grande que es el cine como medio, como entretenimiento y como arte, de la mano de un genio asombrosamente discutido en su momento como es Alfred Hitchcock?

El documental se mueve, en realidad, en dos escenarios diferentes. Por un lado, es, efectivamente, un relato de aquella entrevista, de cómo se cruzaron los caminos de dos directores tan diferentes. Jones, director del Festival de Nueva York, utiliza bastantes cortes de audio de aquella entrevista, las fotos con las que se documentó y muchísimo material del cine sobre todo de Hitchcock para explicar algunos de los pasajes de este imprescindible volumen. Por otro lado, es un análisis en toda regla de diversos elementos con los que el mago del suspense se ganó ese apelativo y se mereció, aunque hasta este libro no lo obtuviera en realidad, el calificativo de cineasta. El análisis, para añadir aún más peso al documental, no lo hace Jones sino una gran colección de autores a los que entrevista, entre los que están Martin Scorsese, David Fincher, Paul Schrader o Peter Bogdanovich, a quienes escuchar es siempre una absoluta delicia.

Todo en el documental, de hecho, es una delicia. Es verdad que no termina de satisfacer el objetivo de saber muchas más cosas sobre la entrevista, que no es una biografía de estos dos genios aunque atisbe algunos elementos biográficos de ambos, ni tampoco un estudio en profundidad sobre su cine, aunque sí de algunos de sus elementos. Pero cada momento, cada frase, cada plano que se ve en la pantalla sirve para aprender cine. Para ver cine. Para sentir el cine. Y eso, en realidad, no tiene precio. O si lo tiene es uno que nadie puede pagar. Por eso es una auténtica maravilla recibir clases magistrales de este calibre contenidas en un formato documental de apenas 80 minutos. Ese es el principal acierto de Jones, saber cómo ir fascinando poco a poco, por mucho que siempre dé la impresión de que apenas está rascando la superficie de lo que el libro ya había asentado como una biblia de lectura necesaria.

Por extraño que suene en un documental, también se puede decir que Hitchcock / Truffaut, el libro, es mejor que Hitchcock / Truffaut, la película. Pero dado que Hitchcock era un cineasta eminentemente visual, es también imprescindible que la lectura del libro se haga en paralelo a las imágenes. Para entender qué pretende Hitchcock con un plano concreto, ¿qué puede haber mejor que verlo? Esa es la tarea que emprende Jones como director de esta pieza. Y siempre queda la sensación de que, si se llegara a hacer una serie documental que abarcara todo el libro, el cinéfilo lo devoraría y lo adoraría con la misma intensidad. Son sólo 80 minutos, y aún así en cuanto termina la cinta y se encienden las luces de la sala es imposible no notar la enorme sonrisa que queda en la cara. La sonrisa que siempre produce la sensación de haber aprendido, una vez más, lo grande que es el cine. Y lo grande que fueron Hitchcock y Truffaut, genios de otra época a los que este filme rinde un sincero tributo.

miércoles, marzo 23, 2016

'Batman v Superman. El amanecer de la justicia', gozoso despropósito

Zack Snyder ha optado por un camino complejo y ha transformado al más luminoso de los superhéroes en un figura oscura, nolanizada y quizá exageradamente compleja. Lo hizo en El Hombre de Acero, una película más que interesante, pero con muchos altibajos. Y Snyder es verdad que ha tomado nota de sus errores. Todos los personajes que había en aquella y que reaparecen en Batman v Superman. El amanecer de la justicia parecen haber mejorado. Y todo lo nuevo resulta, como poco, bastante atractivo. Pero la película es un despropósito. Juega demasiadas cartas a la vez, quema demasiados conceptos, tritura un número demasiado amplio de cómics y trastea demasiado con la posibilidad de un universo expandido que ya es real y que terminará de plasmarse este año con Escuadrón Suicida y, sobre todo, cuando llegue la ansiada película de la Liga de la Justicia. Pero hay demasiada prisa. Sencillamente, demasiada. Y por eso la cosa no funciona tan bien como debiera.

El caso es que Snyder juega buenas cartas. Arranca la película, secuela directa de El Hombre de Acero por mucho que se haya querido jugar a decir que no, con una secuencia doble muy potente que deja a las claras que esta, en realidad, es sobre todo una película de Batman hasta que la acción, sorprendentemente muy ausente a lo largo de todo el metraje, se desboca en los dos clímax finales, brillantes e intensos en muchos aspectos, en realidad las dos escenas anticipadas por los trailers que cualquiera que pague una entrada de Batman v Superman está deseando ver. Lo demás, una complicada construcción para dar base a que el Caballero Oscuro y el Hombre de Acero estén enfrentados durante toda la película que el guión acaba diluyendo entre esas dos secuencias de gran envergadura. Y saliendo del cine con el espléndido sabor de boca que dejan clímax y epílogos, lo cierto es que no basta para que la película alcance el nivel que podía anticiparse.

Y es una pena, porque la posibilidad de hacer algo mejor estaba ahí. Los temas que trata el filme, incluso alguno imposible de analizar sin caer en spoilers, son fascinantes. Pero a Snyder se le va la mano en muchos sentidos. La película, como ya es costumbre en el género, cae en un galimatías argumental en el que las cosas suceden porque sí y el tiempo y el espacio se saltan todas las leyes físicas de nuestra realidad para que todo acabe encajando. Hay muchas absurdeces de este tipo como para no lamentarlo. Eso puede no suponer gran cosa para quienes se centren en los personajes y en esas dos grandes batallas finales, pero importa, porque lastra buena parte de la propuesta del filme. Y eso que Batman se adueña de la película mientras Superman mejora al personaje de la película precedente, Jesse Eisebnberg compone un formidable Lex Luthor y la Lois Lane de Amy Adams, el Perry White de Laurence Fishburne o el Alfred de Jeremy Irons son geniales.

Por eso es gozoso, porque lo bueno que tiene que ofrecer Batman v Superman es francamente bueno, entretenido e incluso fiel a los personajes, siempre eso sí desde una vertiente oscura que no todo el mundo entenderá con la misma facilidad. Pero es un desporpósito porque comete errores de bulto. Es complicado entender que una película de esta envergadura apenas ofrezca acción hasta su tramo final. O que en un filme titulado Batman v Superman los momentos más brutales los protagonice la Wonder Woman de Gal Gadot, sensacional aportación al panteón del universo DC que bien hubiera merecido un espacio en el título y en el cartel del filme. Las comparaciones son odiosas, pero sigue dando la impresión de que hay muchas ganas de alcanzar el mismo estatus que Marvel se ha ido fraguando con un número importante de películas y Snyder, ya con casi cinco horas de historia, parece haber quemado cartuchos demasiado importantes como para seguir en una casilla de salida. El amanecer de la justicia aprueba, pero por desgracia sin alardes.

'Resucitado', Semana Santa de saldo

Asumamos que Resucitado tiene un punto de vista original a la historia de siempre, la historia de Jesús tras ser crucificado hasta la muerte y de cómo regresó para inspirar a sus fieles apóstoles en la enseñanza del cristianismo. Una vez hecho ese ejercicio, se acabó todo lo positivo que se puede decir de la película. Por mucho que hayan pasado muchos años desde su época de gloria, da hasta cierta pena ver a Kevin Reynolds, director de la muy entretenida Robin Hood, príncipe de los ladrones y de la injustamente menospreciada Waterworld, ambas con Kevin Costner, no sólo como director de este filme de Semana Santa de saldo, sino también como su coguionista. Pero es que incluso asumiendo que es una producción que se ha hecho con cuatro duros, la película no consigue enganchar de ninguna de las maneras.

Efectivamente, el comienzo no es malo del todo. Resucitado, a pesar de su título, sigue las andanzas del tribuno que investiga qué sucedió con Jesús tras salir de su entierro. Jesús es, por tanto, una figura secundaria, pero Reynolds no consigue que tenga la fuerza necesaria ni en su presencia (ojo al final de la película, un efecto visual tan pobre como desconcertante) ni en su ausencia. Y si lo que tiene que ser el eje central de las preocupaciones y dilemas del protagonista no adquiere el poder necesario, toda la película se tambalea, hasta el punto de que es muy difícil de seguir incluso cuando da un giro radical y la cuestión pasa de ser un asunto romano a uno personal. La película acaba perdiéndose en una necesidad casi irrefutable de creerse lo que está contando en lugar de, simplemente, contarlo bien. Eso no lo hace.

Joseph Fiennes, protagonista del filme, hace lo que puede con su personaje, viendo cómo le rodean diálogos a veces absurdos y a veces repetitivos (¿cuántas veces se dice "Pilatos te reclama", como si no hubiera otra forma de provocar diálogos entre dos personajes?). Se asume que la película no busca ser épica, como otros grandes títulos de corte religioso que todas las Semanas Santas vemos por televisión, pero en realidad lo que ofrece es demasiado pobre. Hubiera sido mejor asumir esa escala y no incluir, por ejemplo, una escaramuza que casi parece una batalla de patio de colegio o esa escena de búsqueda de Jesús que casi parece un escondite también infantil y que acaba con una sensación casi alucinógena, la de unos protagonistas tan embriagados de felicidad que casi parecen fuera de la realidad.

Reynolds ni siquiera sabe imprimir ritmo a la película, tampoco a las poquísimas escenas intensas que hay en el relato, y la película cae en demasiados momentos en un exagerado aburrimiento. No interesan los diálogos, no se sabe muy bien qué papel juegan en esta historia el propio Pilatos o el personaje de Tom Felton, una especie de ambicioso segundo oficial al que se despacha sin desarrollarle. Resucitado no pasa el corte porque, en realidad, tampoco aspira a pasarlo. Se conforma con esa originalidad del punto de partida y después se hunde al asumir su escasez de miras, su pobreza presupuestaria y su escasa profundidad emocional o narrativa. Y no es cuestión de medios, porque manteniendo la escala desde luego se podría haber hecho una película mucho más interesante de la que ha firmado Reynolds con aburridas escenas de interrogatorios, persecuciones sin garra y personajes más bien planos.