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viernes, abril 01, 2016

'Hitchcock / Truffaut', ¡qué grande es el cine!

Hay pocos libros más importantes en la historia del cine que Hitchcock / Truffaut, una apasionante e imprescindible conversación que sostuvieron los dos cineastas a petición del francés para analizar en profundidad el cine del británico y que se publicó en 1966. Ese es el referente de Hitchcock / Truffaut, el documental que ha realizado Kent Jones. Y aunque no es exactamente un relato sobre cómo se fraguó ese libro y la posterior amistad entre Alfred Hitchcock y François Truffaut, que es lo que se podría pensar viendo el título y el cartel del documental, es uno de esos filmes que hay que ver. Podría tener el montaje más torpe, el guión más deslabazado y la narración más inconexa, que aún así este Hitchcock / Truffaut sería una maravilla. ¿Cómo no serlo si ahonda en lo grande que es el cine como medio, como entretenimiento y como arte, de la mano de un genio asombrosamente discutido en su momento como es Alfred Hitchcock?

El documental se mueve, en realidad, en dos escenarios diferentes. Por un lado, es, efectivamente, un relato de aquella entrevista, de cómo se cruzaron los caminos de dos directores tan diferentes. Jones, director del Festival de Nueva York, utiliza bastantes cortes de audio de aquella entrevista, las fotos con las que se documentó y muchísimo material del cine sobre todo de Hitchcock para explicar algunos de los pasajes de este imprescindible volumen. Por otro lado, es un análisis en toda regla de diversos elementos con los que el mago del suspense se ganó ese apelativo y se mereció, aunque hasta este libro no lo obtuviera en realidad, el calificativo de cineasta. El análisis, para añadir aún más peso al documental, no lo hace Jones sino una gran colección de autores a los que entrevista, entre los que están Martin Scorsese, David Fincher, Paul Schrader o Peter Bogdanovich, a quienes escuchar es siempre una absoluta delicia.

Todo en el documental, de hecho, es una delicia. Es verdad que no termina de satisfacer el objetivo de saber muchas más cosas sobre la entrevista, que no es una biografía de estos dos genios aunque atisbe algunos elementos biográficos de ambos, ni tampoco un estudio en profundidad sobre su cine, aunque sí de algunos de sus elementos. Pero cada momento, cada frase, cada plano que se ve en la pantalla sirve para aprender cine. Para ver cine. Para sentir el cine. Y eso, en realidad, no tiene precio. O si lo tiene es uno que nadie puede pagar. Por eso es una auténtica maravilla recibir clases magistrales de este calibre contenidas en un formato documental de apenas 80 minutos. Ese es el principal acierto de Jones, saber cómo ir fascinando poco a poco, por mucho que siempre dé la impresión de que apenas está rascando la superficie de lo que el libro ya había asentado como una biblia de lectura necesaria.

Por extraño que suene en un documental, también se puede decir que Hitchcock / Truffaut, el libro, es mejor que Hitchcock / Truffaut, la película. Pero dado que Hitchcock era un cineasta eminentemente visual, es también imprescindible que la lectura del libro se haga en paralelo a las imágenes. Para entender qué pretende Hitchcock con un plano concreto, ¿qué puede haber mejor que verlo? Esa es la tarea que emprende Jones como director de esta pieza. Y siempre queda la sensación de que, si se llegara a hacer una serie documental que abarcara todo el libro, el cinéfilo lo devoraría y lo adoraría con la misma intensidad. Son sólo 80 minutos, y aún así en cuanto termina la cinta y se encienden las luces de la sala es imposible no notar la enorme sonrisa que queda en la cara. La sonrisa que siempre produce la sensación de haber aprendido, una vez más, lo grande que es el cine. Y lo grande que fueron Hitchcock y Truffaut, genios de otra época a los que este filme rinde un sincero tributo.

domingo, febrero 03, 2013

'Hitchcock', cine dentro de cine complaciente pero bonito

Las películas de cine sobre cine que se agarran a figuras reconocibles tienen mucho ganado. Hitchcock, obviamente, arranca desde ese terreno y ya tiene ganado una consideración favorable a poco que no ejecute un estropicio de proporciones épicas. Lo que acaba ofreciendo el debutante Sacha Gervasi es un retrato algo edulcorado del conocido como maestro del suspense mientras creaba una de sus últimas obras maestras, Psicosis. Y es, efectivamente, un retrato complaciente en muchos momentos, que no quiere ofender al aficionado, pero no por ello menos bonito de contemplar, francamente gozoso en algunos momentos. Poco aportará en términos históricos a quienes conozcan algo sobre el rodaje de Psicosis, pero para los profanos será una hermosa manera de acercarse a un auténtico clásico siempre disponible para ser descubierto.

Hitchcock no estrictamente un biopic, no abarca toda la vida del protagonista. Ni siquiera un amplio espectro de la misma. Hitchcock es la creación, rodaje y estreno de Psicosis. No va ni pretende ir más allá. Gervasi (cuyo trabajo más relevante hasta ahora es el guión de La terminal, de Steven Spielberg) realiza un ejercicio de síntesis bastante inusual y, por qué no decirlo, agradecido, en esta época. Lo que le podría haber dado para un filme mucho más extenso, y quizá sea posible que le falten algunos minutos en algunos tramos, se queda en unos ajustados 98 minutos en los que, si peca de algo, es de plantear demasiados temas sin llegar a dejar que ninguno coja el protagonismo que habría tenido en otras manos. Está el Hitchcock megalómano, su obsesión con las actrices rubias, su colaboración con su esposa, Alma, su lucha contra los demonios interiores (curiosamente personificados en esta película en Ed Gein, el asesino en serie que inspiró Psicosis, interpretado por un inquietante Michael Wincott), su pelea con la censura y con el estudio por hacer las películas tal y como las quería.

Dar vida a Hitchcock es un caramelo en cierto modo envenenado del que Anthony Hopkins sale más que airoso. En ocasiones parece algo preso de la caracterización física del personaje, pero en otros momentos cobra vida ante la cámara, hasta acabar en un gozoso final que capta a la perfección la esencia de todo lo que representa Hitch, el hombre que quería provocar sensaciones nuevas en el interior de una sala de cine. Las interpretaciones, de hecho, van desde lo mejor a lo más insulso de la película. Toni Collette borda el papel de Peggy Robertson, la secretaria de Hitchcock, dándole el tono de comedia desenfadada que en el fondo requería la película. Scarlett Johansson y Jessica Biel no logran la trascendencia que sí podrían haber tenido, dando vida a Janet Leigh y Vera Miles, las dos protagonistas femeninas de Psicosis. Y aunque James D'Arcy apunta buenos detalles como Anthony Perkins, lo cierto es que el filme pasa totalmente de puntillas sobre su personaje, perdiendo una oportunidad interesante. Ahí, por ejemplo, falta metraje.

En realidad es que, salvo por resaltar la presencia de Scarlett Johansson, el rodaje de Psicosis no alcanza un papel dominante en esta recreación. Importa mucho más su gestación, lo que representa en la carrera de Hitchcock y el momento personal en que le llega (Helen Mirren da vida a Alma, ejemplificando de nuevo los altibajos a los que refería antes, por momentos espléndida pero en otros mera comparsa), su montaje (con la inolvidable anécdota con Bernard Herrmann de la música en la escena de la ducha) y su estreno, que no el proceso de filmación. Quizá por eso los actores que interpretan a actores no cobran tanta relevancia como, por ejemplo,  el escritor Whitfield Cook (Danny Huston, siempre solvente), a quien Hitch considera un rival por el afecto de su esposa y no duda en dejárselo claro cada vez que se cruza con él. Por supuesto, todo está contado desde el prisma más favorable a Hitchcock, carismático hasta en sus flaquezas, y con la sensación de que la idea es dejar bien a todo el mundo, incluso a su odiada Vera Miles.

Hitchcock es una película tan amable como hermosa de ver. O quizá es que el cinéfilo que llevo dentro disfruta sobremanera con películas que tocan los entresijos del mundo del cine. Lo que es un innegable es que hay un sincero intento de mostrar cómo era Hitch y cómo era el cine de aquella época. Además de los ya habituales sobresalientes tareas de diseño de producción, uno de los elementos que más ayudan al espectador en esa tarea es la magnífica banda sonora de Danny Elfman, que recrea el mítico tema de la serie televisiva Alfred Hitchcock Presenta y, por supuesto, algunos de los temas de Psicosis. Hitchcock, con sus toques de humor, es un filme que requiere ganas de disfrutar, porque está hecha como un homenaje cariñoso a una figura que, precisamente, careció del reconocimiento de la industria cuando todavía estaba en activo. Ese es otro de los temas de este interesante y entretenido filme, seguramente el que más sentido da a todo el trabajo que conlleva, con muchas cosas interesantes aunque sólo por esa hermosísima y genial escena final en el cine, en el estreno de Psicosis, ya merece la pena.

lunes, noviembre 14, 2011

10 PELÍCULAS... que no me gustan de directores que me suelen encantar

Hasta el mejor escribano echa un borrón, asegura el dicho popular. Y es cierto. En cine, es prácticamente imposible encontrar una filmografía inmaculada o desprovista de algún título que no colmara las expectativas de quienes habitualmente disfrutan con sus películas. Hay directores que alternan buenas y malas películas. Hay otros que, en realidad, sólo tiene una que me chirríe especialmente entre tanta genialidad. Una en la que piense que no es posible que sea ese adorado cineasta el que se ha colocado detrás de la cámara. Estas son diez, ordenadas alfabéticamente según el apellido de sus directores.
· Tim Burton: Alicia en el País de las Maravillas (2010)
Adoro a Tim Burton desde siempre. Recuerdo la fascinación que me provocó Bitelchús, su segunda película, y esa es una sensación que ha ido creciendo película tras película, con la construcción de un universo personal y fantástico. Hasta que llegó su visión de Alicia en el País de las Maravillas. Sí, tiene las criaturas y los escenarios que uno podría esperar de Burton, pero le falta su magia, su espíritu, su belleza. Mucho artificio digital, pero nada de lo que encandilaba en Eduardo Manostijeras, en Pesadilla antes de Navidad, en Batman, en Big Fish. Incluso en El planeta de los simios, película que siendo todo lo plana que es al menos se convirtió en un divertido espectáculo pirotécnico. ¿Pero Alicia? No me convenció nada. Menos que nada su protagonista, Mia Waiskowska, pero tampoco me convenció un Johnny Depp más sobreactuado de lo normal. Fue una decepción.
· James Cameron: Titanic (1997)
Cuesta creer que un director que ha dado tantas horas de diversión se esté convirtiendo en uno de los que más me aburren... justo cuando tiene un éxito descomunal e incomparable. Terminator y su secuela, Aliens, Abyss... En los años 80, en los grandes años 80, era uno de los grandes nombres de la fantasía y la ciencia ficción. Pero llegó la película que me rompió el mito. Y no es Avatar, que no es que no me guste, pero me pareció muy sencillita para ser la película con la que iba a cambiar el mundo del cine. Hablo de Titanic. Nada menos que uno de los títulos que más Oscars ha cosechado. Pero no, no aguanto esa película. Y eso que desde niño me fascinó la tragedia del transatlántico insumergible que chocó contra un iceberg. Pero es que la veo aburrida, tópica, incluso repetitiva. No me provoca la misma emoción que a casi el resto de los mortales. Sí, los efectos visuales y el hundimiento del barco son espectaculares... ¿pero 194 minutos para eso? La película dura más que el mismo hundimiento del Titanic a tiempo real. Y recuerdo historias de amor mucho más bonitas en el cine.
· Brian De Palma: La dalia negra (2006)
El precio del poder, El fantasma del paraíso, Atrapado por su pasado, Carrie, Los intocables de Eliot Ness, Misión imposible... Incluso gracias películas menos apreciadas como Ojos de serpiente, La hoguera de las vanidades, Redacted o a sus nada velados homenajes a Hitchcock de sus primeros años de carrera, Brian De Palma siempre me ha parecido un director interesantísimo. Hasta que llegó La dalia negra (incluso un poco antes, cuando estrenó Femme fatale, la verdad). Lo que tendría que haberse convertido en el resurgir del cine negro, adaptando una novela de James Elroy, se quedó en una película aburridísima, farrogosa, imposible de seguir o de entender, con actuaciones de lo más anodinas (¿fue aquí donde Scarlett Johansson me empezó a parecer una belleza cansada de aparecer en el cine?). Habrá quien piense que exagero, pero tengo La dalia negra como una de las más clamorosas oportunidades perdidas para hacer un título que marcara época.
· David Fincher: El club de la lucha (1999)
Probablemente me tope con una legión de fans indignados al decir esto, pero no soporto El club de la lucha. Me pareció una película imposible, que rozaba el absurdo, que sobrepasaba los límites y que, ideológicamente, podía incluso catalogarse como peligrosa (líbreme el poder divino de pedir su censura, pero no por ello voy a comulgar con lo que defiende). Asumo que el libro de Chuck Palahniuk goza de tantos seguidores como el filme, y por eso no creo que me acerque a él, pero tengo este título como una película alejada de la genialidad habitual de David Fincher. Ese que ha revolucionado el policíaco en dos ocasiones (con Seven y, sí, también con la infravalorada Zodiac). Ese que me hizo llorar y emocionarme con El curioso caso de Benjamin Button. Ese que me interesó desde sus inicios con la excesivamente modificada por el productor Alien 3. Ese que me maravilló con La red social. Y entre todo eso, Edward Norton y Brad Pitt liándose a mamporros por pura diversión. No me cuadra, no.
· Alfred Hitchcock: La trama (1976)
El mago del suspense y uno de los directores más universalmente reconocibles de la historia del cine no se merecía un epitafio cinematográfico tan triste como el que dejó. La trama es su última película y es de todo menos una película de Alfred Hitchcock. No hay en ella nada demasiado reconocible. Es muy blanda, es demasiado cómica, es extremadamente convencional. Igual con otro nombre detrás de la cámara sería una peliculita simpática para pasar la tarde. Pero es que la dirigió un tipo que hizo Psicosis, Con la muerte en los talones, Vértigo, Los pájaros. Auténticas palabras mayores del suspense. La trama, sin el carisma que conseguía Hitchcock de sus actores, protagonistas y secundarios, es justo lo contrario: una simple anotación a pie de página, un relato sin demasiado interés que se podría haber quedado en un episodio de una de las muchas series de televisión cómico-policíacas de los años 80. Pero no. Llevaba el nombre de Hitchcock. Su sello no.
· Michael Mann: Corrupción en Miami (2006)
Cuando en 1995 salí de ver Heat fue una de las pocas veces en mi vida que, gracias a la genialidad, no había sido consciente de ver una película tan larga. Su director era Michael Mann, un tipo que después me ha fascinado en unas cuantas ocasiones con sus retratos de conflictos humanos (para mí, su cima es El dilema; ¿algún otro director habría conseguido que Russell Crowe pudiera parecer un hombre tan impotente?). Cuando se anunció que iba a dirigir un remake cinematográfico de Corrupción en Miami, serie que él mismo había creado, lo cierto es que no me pareció mal. Pero creo que ahí falla casi todo Parece un videoclip muy alargado, en el que los actores parecen tener más ganas de poner caras de malo (incluso los buenos, mirad a Jamie Foxx y Colin Farrell) que de construir personajes. La acción, normalita. El guión, convencional. La fotografía es preciosa. Pero es que ya habíamos visto Collateral. El de Corrupción  en Miami no fue, desde luego, el Michael Mann que esperaba.
· Martin Scorsese: Kundun (1997)
Martin Scorsese. Si es que decir su nombre ya provoca una admiración incontenible. El director que mejor ha retratado el Nueva York más sucio y oscuro. El que mejor ha sabido enseñarnos a Robert De Niro. Uno de los mejores en enseñarnos el mundo de la mafia. Y a finales de los años 90 hizo Kundun. Después de haber hecho nada menos que Casino. Probablemente sería ésta una película que significara mucho para el Scorsese persona, para su sentido de la espiritualidad. Pero cinematográficamente se quedó escasísima, aunque es una cinta que tiene cierto prestigio. Yo me quedo con el Scorsese más trascendente, el de Taxi Driver, el de Toro Salvaje. Prefiero el vigor con el que rueda hoy en día aunque El aviador, Gangs of New York o Shutter Island no sean películas tan perfectas. Incluso disfruté con títulos de su filmografía que no parece recordar nadie, como Al límite. ¿Pero Kundun? Si no supiera que es de Scorsese, puede que su nombre fuera el último que diría intentando adivinar su director.
· M. Night Shyamalan: El incidente (2008)
Junto con Tim Burton, pero de una forma muy diferente, M. Night Shyamalan me parece el fabulista más interesante del cine moderno. Sus películas encierran una magia poco convencional y al mismo tiempo perfectamente reconocible. Y no, no es Airbender la película de su filmografía que no me gusta nada, porque esa me parece masacrada con demasiada saña para lo que se merece su entretenimiento. Es El incidente. Con un comienzo brutal, va perdiendo fuerza a cada minuto que pasa. Tiene alguna que otra escena que cae en el ridículo. Y ni sus actores parecen creerse lo que está pasando en la película. ¿Dónde está la tensión dramática de El sexto sentido, Señales, El bosque, La joven del agua o El protegido, para mí sin duda su mejor filme hasta la fecha? No se ven por ningún lado. En su momento pensé que la historia podía dar para un episodio de una serie de televisión, pero nunca para un largometraje, muy alargado y muy mal rematado.
· Steven Spielberg: 1941 (1979)
Incluso el Rey Midas de Hollywood puede cometer deslices. Me duele incluirle en la lista porque siempre he tenido la impresión de que no gusta reconocerle a Spielberg sus inmensos méritos cinematográficos, a pesar de que formo parte de una generación que ha crecido con sus películas. Siento que no se reconoce su madurez, y no hablo de sus dramas (La lista de Schindler a la cabeza, aunque, por ejemplo, se infravaloró Munich), sino de absolutas maravillas como Inteligencia artificial, Minority Report o La guerra de los mundos. Pero hay que reconocer que 1941 no es la película que uno espera ver firmada por Steven Spielberg. Una comedia absurda ubicada en la Segunda Guerra Mundial. Nunca se ha visto el director de las películas de Indiana Jones, E.T. o Encuentros en la tercera fase (ésta ya la había rodado cuando se metió en el lío de 1941) tan fuera de lugar. Si acaso, se pueden salvar algunos actores que viven el papel (John Belushi a la cabeza), pero hay que reconocer que no, que no funciona para nada.
· Ridley Scott: Un buen año (2006)
Este es otro director al que se infravalora con mucha facilidad. Qué fácil se olvida que es el responsable de Alien y Blade Runner. Y qué escaso valor se han dado a pequeñas maravillas como El reino de los cielos (mejor en su montaje del director), Gladiator o American gangster. Incluso a Hannibal, para mí una dignísima secuela de El silencio de los corderos. ¿Pero Un buen año? No me cabe la menor duda de que Scott se lo debió pasar de maravilla en esas pequeñas vacaciones que se concedió para rodar en Francia con su amigo Russell Crowe. Y seguro que presumirá de lo lindo de haber sido el lanzador real de la carrera americana de Marion Cotillard (que no deja de trabajar en Hollywood desde entonces, e incluso ganó un Oscar por una película francesa, La vida en rosa), pero ¿qué cuenta Un buen año? Miro su cartel y veo a Russell Crowe riéndose. Y, sí, me acuerdo otra vez de eso, de que se lo debieron pasar genial rodándola. Yo ya ni me acuerdo de qué iba.

jueves, julio 01, 2010

50 años de 'Psicosis'

El 16 de junio de 1960, Nueva York acogió la premiere de Psicosis. El estreno oficial se produjo en el Reino Unido el 4 de agosto y en Estados Unidos el día 10 de ese mes. Se cumplen, por tanto, 50 años de Psicosis. 50 años de una de las películas más hipnóticas, transgresoras, aterradoras y brillantes de todos los tiempos. 50 años de una de las mejores películas del maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Quizá todavía quede alguien que no la haya visto. Serán muchos menos los que no conozcan su escena más famosa. Quizá. Qué gran oportunidad para recuperarla y, en el caso de esas personas que aún no lo han hecho, descubrirla. Es una de esas joyas inmortales, un auténtico icono, y eso que nació para ser una película de bajo presupuesto y sin demasiadas pretensiones.

Alfred Hitchcock estaba en la cima. Venía de triunfar con dos de sus mejores películas: Con la muerte en los talones y Vértigo. Y fue con Psicosis cuando llevó al extremo su apelativo de mago del suspense. Porque suspense hay en toda la filmografía del maestro, pero aquí hizo del suspense un elemento de puro arte, ya desde la primera secuencia. Incluso en la publicidad. "Por favor, no revele el final. No dispongo de otro", rezaba uno de los carteles del filme. "Nadie... absolutamente nadie... podrá entrar a la sala después de que el pase haya comenzado", decía otro. El rodaje se llevó a cabo en el más absoluto de los secretos. Normal, teniendo en cuenta las sorpresas que tenía reservadas Hitchcock. Janet Leigh ya era una estrella, Anthony Perkins se convirtió en leyenda con este filme, aunque el resto de su carrera no estuviera a la altura. Queda para la Historia su portentosa banda sonora, opresiva y tensa haste límites insospechados. Su fotografía en blanco y negro, hermosa y aterradora. Su mítico Motel Bates, imitado hasta la saciedad. Su protagonista, Norman Bates, que apareció en tres secuelas.

Y, sí, la escena de la ducha. Sobre ella, y sin revelar nada más por si acaso, hay una anécdota que no me resisto a contar. Mejor dicho, a citarla del libro Cien bandas sonoras en la Historia del cine, de Roberto Cueto. "Según contaba Bernard Herrmann, Alfred Hitchcock no quedó muy satisfecho con Psicosis después de haberla rodado, y pensó en la posibilidad de no estrenarla en los cines, sino en reducirla a una hora de duración e incluirla en su serie televisiva Alfred Hitchcock Presenta. Recordaba Herrmann: 'Le dije '¿Por qué no te vas de vacaciones de Navidad y mientras yo compongo y grabo la música y a la vuelta lo piensas mejor'. 'Bueno', contestó, 'haz lo que quieras pero sólo te pido una cosa: no compongas nada para la escena de la ducha. Debe ir sin música'. Como es bien sabido, Herrmann no hizo caso de esta última recomendación".

¡Qué grande es la magia del cine!

martes, junio 10, 2008

El cine según Hitchcock

"Las películas mudas son la forma más pura del cine. La única cosa que faltaba a las películas mudas era evidentemente el sonido que salía de la boca de la gente y los ruidos. Pero esta imperfección no justificaba el enorme cambio que el sonido trajo consigo. (...) En la mayoría de los films hay poco cine y yo llamo a esto habitualmente fotografía de gente que habla. Cuando se cuenta una historia en el cine, sólo se debería recurrir al diálogo cuando es imposible hacerlo de otra forma".

"Yo leo una historia una vez. Cuando la idea de base me sirve, la adapto, olvido por completo el libro y fabrico cine. Sería incapaz de contarle Los pájaros de Daphne du Murier. Sólo la he leído una vez y rápidamente. Lo que yo no comprendo es que alguien se apodere realmente de una obra, de una buena novela cuyo autor ha empleado tres o cuatro años en escribir y que constituye toda su vida. Se manipula el asunto, se rodea uno de artesanos y de técnicos de calidad y ya tenemos candidatura a los Oscar, mientras que el autor se diluye en segundo plano. No se piensa más en él".

"A menudo me he dado cuenta de que ciertas situaciones de suspense han quedado comprometidas cuando el público no comprende claramente la situación. Por ejemplo, dos actores llevan trajes casi iguales y el público no los distingue; el decorado es confuso, la gente no reconoce muy bien los lugares en los que se encuentra y, mientras el espectador trata de reconstruir la verdad, se desarrolla la escena y queda vacía de toda emoción. Es preciso clarificar constantemente".

"Si se quiere analizar todo y construirlo todo en términos de plausibilidad y verosimilitud, ningún guión de ficción resistiría ese análisis y sólo se podría hacer una cosa: documentales. (...) Pedir a un hombre que cuenta historias que tome en consideración la verosimilitud me parece tan ridículo como pedir a un pintor figurativo que represente las cosas con exactitud. ¿Cuál es el colmo de la pintura figurativa? Es la fotografía en color, ¿no?".

"En una pareja, es la mujer la que elige el film que van a ver y diré, incluso, que es ella quien decide después si el film era bueno o malo. Las mujeres pueden soportar la vulgaridad en la pantalla a condición de que no sea expresada por personas de su mismo sexo".

Todas estas reflexiones son de Alfred Hitchcock y están incluídas en el imprescindible libro que surgió de las cincuenta horas de conversación que mantuvo con el director francés François Truffaut. El cine según Hitchcock es la transcripción de una maravillosa entrevista que permite conocer anécdotas sobre las películas del Mago del suspense y su forma de concebir tanto el cine como la vida. Y aunque la entrevista se hiciera en 1962, emociona comprobar que muchas de las respuestas y buena parte del debate entre los cineastas se mantienen plenamente vigentes y actuales. Pocas veces leer sobre cine es tan interesante y revelador. Un libro no sólo recomendable sino necesario para cualquier amante del cine de Hitchcock en particular y del séptimo arte en general.

martes, mayo 06, 2008

Coincidencias mortales

La muerte es uno de los elementos más cinematográficos que existen. Es difícil encontrar una película que no aborde el tema, aunque sea indirectamente. Lo que es más inusual es toparse en una misma semana, como me ha sucedido, con dos coincidencias cinematográficas relacionadas con la muerte. Pero no con la muerte en la pantalla grande, sino con la muerte en la vida real.


Atrapa a un ladrón es una película, según algunos expertos, considerada menor dentro de la filmografía de Alfred Hitchcock. ¡Benditas sean las películas menores si proporcionan un entretenimiento como éste! Cary Grant da vida a un ladrón de joyas retirado hace algunos años que se ve obligado a perseguir a un nuevo delincuente que copia sus métodos, y así demostrar que no tiene nada que ver con los robos. En su aventura por la costa francesa conoce a una joven millonaria, interpretada por Grace Kelly, la rubia hitchcockiana por excelencia y una de las mujeres más hermosas que jamás se haya podido ver en una pantalla de cine. La cinta es una magnífica mezcla de thirller y comedia romántica, con grandiosos diálogos y espléndidas interpretaciones.

Hitchcock, que nunca pudo soportar que Grace Kelly dejara el cine, fue, irónicamente, quien le enseñó el camino para hacerlo con esta película. Durante su rodaje conoció al Príncipe Rainiero de Mónaco, con el que acabó casándose. Pero Atrapa a un ladrón contiene una coincidencia mucho más macabra. Hay una escena en la que Grace Kelly conduce un coche a gran velocidad, con una confianza aplastante, para huir de la Policía que persigue al ladrón que interpreta Cary Grant, sentado a su lado. En esa misma carretera donde se rodó la escena, Grace Kelly encontró la muerte en un accidente de tráfico el 14 de septiembre de 1982. No están del todo claras las circunstancias en que sucedieron los hechos, pero parece que le dio un ataque al corazón y perdió el control de su coche.

La sorpresa es inmensa en el comienzo del cuarto capítulo de la segunda temporada de Luz de Luna, aquella serie con la que tantos crecimos en la que Bruce Willis y Cybill Shepherd daban vida a dos detectives que pasaban del amor al odio con una facilidad inmensa. ¡Orson Welles en Luz de Luna! ¿Qué hace un director tan atípico como él en una serie de televisión comercial como ésta? El caso es que encaja perfectamente en este episodio. Y la serie no es mala, no me malinterpretéis. Hoy las tramas se antojan algo simples y es bastante fácil averigurar la conclusión de cada episodio mucho antes de que se produzca, pero sigue teniendo un encanto irresistible ver a David Addison y Maddie Hayes resolviendo misterios más de 20 años después de haberlo visto por primera vez.

"Buenas noches. Soy Orson Welles" es lo primero que oímos en ese episodio. El genial y mítico director aparece en pantalla, con un inmenso puro en la mano, para presentar un episodio que se rodó en gran parte en blanco y negro, reivindicando el encanto de otros tiempos en los que el color sólo pertenecía a la vida real. ¿Qué tiene que ver eso con la muerte? Nada en realidad. Pero esas imágenes de Orson Welles son las últimas que se rodaron de Welles en vida. Welles murió el 10 de octubre de 1985, el mismo día en que falleció otro actor, Yul Bryner. El episodio se emitió apenas cinco días más tarde y, lógicamente, estaba dedicado a él. Pocas veces se graba a alguien sabiendo que serán sus últimas imágenes.

martes, abril 01, 2008

'Náufragos', o cómo rodar una espléndida película de suspense en un bote salvavidas

A Hitchcock le encantaban los retos. Lo que quería por encima de todo era sorprender a la audiencia y para ello nada era intocable. No lo era la estrella, que podía morir en un asesinato antes de la mitad de la película. No lo era la música, que podía no aparecer sin que nadie la echara en falta. No lo era el reparto, que podía estar repleto de nombres desconocidos. No lo era la estructura cinematográfica, que podía quebrar completamente la clásica estructura de tres actos o incluso en el montaje, rodando en larguísimos planos sin corte. Y no lo era tampoco el escenario. Hitch podía rodar en decenas de ellos para una sola película, desde los más famosos hasta los más intimistas, o en uno solo. Náufragos sólo tiene un escenario. Un bote salvavidas. Apenas una decena de personajes en todo el metraje. Y es una maravilla de película.

Náufragos no fue entendida en su estreno y muchos críticos de la época (se estrenó en 1944) la despedazaron... precisamente porque no captaron el mensaje. Hitchcock quiso hacer su contribución a la lucha contra el nazismo. Y la hizo mediante una metáfora del momento histórico, por lo visto demasiado sutil para algunos. Vista hoy sorprende que alguien pensara incluso que los nazis la podrían haber utilizado para sus propósitos, pero así se llegó a publicar en Estados Unidos. Paradójicamente, en Alemania no se pudo llegar a ver la película hasta el año 1974, ya en televisión. Para el doblaje germano, y como en algunas escenas se hablaba alemán, se pretendió que el náufrago nazi era en realidad en holandés que se había enrolado en el ejército de Hitler.

Lo realmente prodigioso de Náufragos no es sólo que mantenga la tensión en un escenario único tan pequeño como es un bote salvavidas que recoge a un pequeño grupo de supervivientes de un barco hundido por un submarino nazi. Lo increíble es la verosimiltud de todos y cada uno de sus planos. Aunque se rodó en el interior de un estudio, la barca siempre se está moviendo como si la estuviera meciendo el oleaje marino (eso y el agua provocó que todos los miembros del equipo sufrieran mareos, y más de uno incluso neumonías), por orden expersa del director. Y tan increíblemente verosímil como el movimiento es el cambio de ángulo para cada plano. Hithcock hace la barca tan grande como quiere y es capaz de ofrecer planos desde todos los ángulos.

Quizá sea una de las películas más desconocidas de Hitchcock (lo que permite el maravilloso gustazo de poder descubrirla todavía hoy, seis décadas después de su estreno), pero también es uno de sus títulos que más reconocimiento obtuvo de Hollywood. No ganó ningún Oscar, pero tuvo tres nominaciones (director, guión original -el escritor John Steinbeck es el autor del libreto- y fotografía en blanco y negro), lo que no está nada mal para un director frecuente y tristemente repudiado por la Academia. Talullah Bankhead, el nombre más conocido del reparto en aquella época (más como actriz de teatro que de cine), logró el premio a la mejor actriz concedido por el Círculo de Críticos de Nueva York.

Una anécdota memorable del rodaje Náufragos es una conversación que habla y mucho del carácter de su director. Una de las actrices de este filme (ninguna de ellas cumple precisamente el arquetipo rubio de la mujer soñada por el director, que se acercaba muchísimo a la imagen de Grace Kelly), Mary Anderson, le preguntó a Hitch cuál era su mejor lado para rodar sus planos desde ese ángulo. "Estás sentada en él, querida", le contestó el realizador. La historia no ha recogido la respuesta de Anderson ante este comentario, tan machista como ácido. Anderson nunca llegó a hacer una gran carrera en el mundo del cine, aunque antes había llegado a aparecer en Lo que el viento se llevó.

Sabido es que a Hitckcock le encantaba hacer un cameo en todas sus películas. ¿Y cómo puede hacerse esa breve aparición en una película que tiene por único escenario un bote salvavidas...? Fácil, al menos para el mago del suspense: apareciendo en un periódico que lee uno de sus naúfragos, en un anuncio de un producto para perder peso. ¡Y ambas fotos son reales y del famoso realizador, puesto que el propio Hitchcock se había puesto a dieta antes de rodar esta película! Sin duda alguna, uno de sus cameos más logrados y divertidos, que incluso propicio que el estudio que se encargó de la película, 20th Century Fox, recibiera cartas preguntando por estas píldoras para adelgazar que, claro está, no existían...