Las películas de cine sobre cine que se agarran a figuras reconocibles tienen mucho ganado. Hitchcock, obviamente, arranca desde ese terreno y ya tiene ganado una consideración favorable a poco que no ejecute un estropicio de proporciones épicas. Lo que acaba ofreciendo el debutante Sacha Gervasi es un retrato algo edulcorado del conocido como maestro del suspense mientras creaba una de sus últimas obras maestras, Psicosis. Y es, efectivamente, un retrato complaciente en muchos momentos, que no quiere ofender al aficionado, pero no por ello menos bonito de contemplar, francamente gozoso en algunos momentos. Poco aportará en términos históricos a quienes conozcan algo sobre el rodaje de Psicosis, pero para los profanos será una hermosa manera de acercarse a un auténtico clásico siempre disponible para ser descubierto.
Hitchcock no estrictamente un biopic, no abarca toda la vida del protagonista. Ni siquiera un amplio espectro de la misma. Hitchcock es la creación, rodaje y estreno de Psicosis. No va ni pretende ir más allá. Gervasi (cuyo trabajo más relevante hasta ahora es el guión de La terminal, de Steven Spielberg) realiza un ejercicio de síntesis bastante inusual y, por qué no decirlo, agradecido, en esta época. Lo que le podría haber dado para un filme mucho más extenso, y quizá sea posible que le falten algunos minutos en algunos tramos, se queda en unos ajustados 98 minutos en los que, si peca de algo, es de plantear demasiados temas sin llegar a dejar que ninguno coja el protagonismo que habría tenido en otras manos. Está el Hitchcock megalómano, su obsesión con las actrices rubias, su colaboración con su esposa, Alma, su lucha contra los demonios interiores (curiosamente personificados en esta película en Ed Gein, el asesino en serie que inspiró Psicosis, interpretado por un inquietante Michael Wincott), su pelea con la censura y con el estudio por hacer las películas tal y como las quería.
Dar vida a Hitchcock es un caramelo en cierto modo envenenado del que Anthony Hopkins sale más que airoso. En ocasiones parece algo preso de la caracterización física del personaje, pero en otros momentos cobra vida ante la cámara, hasta acabar en un gozoso final que capta a la perfección la esencia de todo lo que representa Hitch, el hombre que quería provocar sensaciones nuevas en el interior de una sala de cine. Las interpretaciones, de hecho, van desde lo mejor a lo más insulso de la película. Toni Collette borda el papel de Peggy Robertson, la secretaria de Hitchcock, dándole el tono de comedia desenfadada que en el fondo requería la película. Scarlett Johansson y Jessica Biel no logran la trascendencia que sí podrían haber tenido, dando vida a Janet Leigh y Vera Miles, las dos protagonistas femeninas de Psicosis. Y aunque James D'Arcy apunta buenos detalles como Anthony Perkins, lo cierto es que el filme pasa totalmente de puntillas sobre su personaje, perdiendo una oportunidad interesante. Ahí, por ejemplo, falta metraje.
En realidad es que, salvo por resaltar la presencia de Scarlett Johansson, el rodaje de Psicosis no alcanza un papel dominante en esta recreación. Importa mucho más su gestación, lo que representa en la carrera de Hitchcock y el momento personal en que le llega (Helen Mirren da vida a Alma, ejemplificando de nuevo los altibajos a los que refería antes, por momentos espléndida pero en otros mera comparsa), su montaje (con la inolvidable anécdota con Bernard Herrmann de la música en la escena de la ducha) y su estreno, que no el proceso de filmación. Quizá por eso los actores que interpretan a actores no cobran tanta relevancia como, por ejemplo, el escritor Whitfield Cook (Danny Huston, siempre solvente), a quien Hitch considera un rival por el afecto de su esposa y no duda en dejárselo claro cada vez que se cruza con él. Por supuesto, todo está contado desde el prisma más favorable a Hitchcock, carismático hasta en sus flaquezas, y con la sensación de que la idea es dejar bien a todo el mundo, incluso a su odiada Vera Miles.
Hitchcock es una película tan amable como hermosa de ver. O quizá es que el cinéfilo que llevo dentro disfruta sobremanera con películas que tocan los entresijos del mundo del cine. Lo que es un innegable es que hay un sincero intento de mostrar cómo era Hitch y cómo era el cine de aquella época. Además de los ya habituales sobresalientes tareas de diseño de producción, uno de los elementos que más ayudan al espectador en esa tarea es la magnífica banda sonora de Danny Elfman, que recrea el mítico tema de la serie televisiva Alfred Hitchcock Presenta y, por supuesto, algunos de los temas de Psicosis. Hitchcock, con sus toques de humor, es un filme que requiere ganas de disfrutar, porque está hecha como un homenaje cariñoso a una figura que, precisamente, careció del reconocimiento de la industria cuando todavía estaba en activo. Ese es otro de los temas de este interesante y entretenido filme, seguramente el que más sentido da a todo el trabajo que conlleva, con muchas cosas interesantes aunque sólo por esa hermosísima y genial escena final en el cine, en el estreno de Psicosis, ya merece la pena.
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domingo, febrero 03, 2013
jueves, enero 10, 2013
'El hombre de las sombras', de la intriga al sinsentido
El hombre de las sombras (traducción que tira por elevación en la grandilocuencia para evitar la directa de The Tall Man, El hombre alto) es una película extraña. Comienza como una intriga bastante tradicional, por un momento parece que va a pegar un salto diferencial importante con respecto a otras películas similares (de las de madre/padre que busca a hijo desaparecido sin la ayuda de nadie y ante una amenaza de corte o apariencia sobrenatural que todo el mundo teme y cuyo secreto alguien conoce y esconde), y finalmente, por desgracia, acaba sumergida en el más absoluto de los sinsentidos. Y es que está muy bien que se quiera sorprender al espectador, pero no se puede decir una cosa y la contraria, no se puede justificar cualquier comportamiento con tal de que la sorpresa funcione aunque sea durante un segundo. El hombre de las sombras, del francés Pascal Laugier, es una película extraña que no termina de llegar a ninguno de los sitios que parece proponerse.
Al mirar el cartel de la película queda claro cuáles son sus dos reclamos. Por un lado, y en primer plano, Jessica Biel, lo que resulta algo pobre porque no parece una de esas actrices que, por popular que pueda ser, atraiga público por sí sola. Por otro lado, y acechando desde atrás, el hombre de las sombras, o lo que es lo mismo, el toque fantástico y siniestro de una historia de desaparición de niños. La protagonista cumple, sin más, lo que no es poco teniendo en cuenta que su personaje no está del todo bien desarrollado (y eso se ve en alguna escena de forma individual pero, sobre todo, después de ver todo el conjunto). El toque fantástico no. Y no lo hace por razones que en realidad no se pueden contar sin destripar la película. Como aquí no me gusta explicar los filmes con spoilers, hay muchas cosas de las que no se pueden hablar y da la impresión de que eso empieza a ser algo buscado en este tipo de cine. Es decir, que los giros son bruscos y fundamentales precisamente para que el crítico sienta la debilidad de no estropear la sorpresa y, por tanto, de valorar como se merecería la película.
Porque El hombre de las sombras se basa en una sorpresa intermedia, un giro argumental que pone patas arriba parte de lo que se ha visto durante la primera mitad. Y el caso es que, durante un segundo, parece una opción terriblemente interesante y original. Pero después de ese segundo arranca la reflexión y es evidente que la película está cargada de trampas e imposibles que se van confirmando con cada escena que pasa y que se rematan en un final endeble. El comienzo es prometedor, ofrece una atmósfera propicia para una película de terror o al menos para un thriller de misterio, en función del camino más o menos fantástico que desee recorrer, pero poco a poco el globo se desinfla solo. No sólo en lo argumental, sino también en lo cinematográfico. Hay escenas rodadas de forma torpe y poco espectacular (por ejemplo, la huida en la camioneta) y sólo lo más tópico del género (el perro o esos personajes que uno busca y que siempre se escabullen misteriosamente antes de alcanzar el lugar donde estaban) funciona si no se tienen muchas pretensiones.
Una vez terminada, lo cierto es que parece claro que El hombre de las sombras quería plantear un debate moral, pero es también evidente que no lo consigue, porque el envoltorio no está a la altura ni aprovecha algún camino interesante que aparecía sembrado en el guión (ese peculiar altar con fotos de los niños desaprecidos). El guión es descuidado y va perdiendo fuerza. Lo mejor está en los actores, que hacen una labor sólida y, en realidad, titánica para creerse lo que están interpretando, pero no hay nada que destaque especialmente. Es una cinta floja que sólo tiene el interés de descubrir cuál es el misterio que se esconde tras la premisa argumental. Pero que nadie intente encontrarle sentido a todas las escenas porque lo complicado es encontrar alguna que sea coherente con la siguiente. Para disfrutar de un par de secuencias de misterio y muy poco más.
Al mirar el cartel de la película queda claro cuáles son sus dos reclamos. Por un lado, y en primer plano, Jessica Biel, lo que resulta algo pobre porque no parece una de esas actrices que, por popular que pueda ser, atraiga público por sí sola. Por otro lado, y acechando desde atrás, el hombre de las sombras, o lo que es lo mismo, el toque fantástico y siniestro de una historia de desaparición de niños. La protagonista cumple, sin más, lo que no es poco teniendo en cuenta que su personaje no está del todo bien desarrollado (y eso se ve en alguna escena de forma individual pero, sobre todo, después de ver todo el conjunto). El toque fantástico no. Y no lo hace por razones que en realidad no se pueden contar sin destripar la película. Como aquí no me gusta explicar los filmes con spoilers, hay muchas cosas de las que no se pueden hablar y da la impresión de que eso empieza a ser algo buscado en este tipo de cine. Es decir, que los giros son bruscos y fundamentales precisamente para que el crítico sienta la debilidad de no estropear la sorpresa y, por tanto, de valorar como se merecería la película.
Porque El hombre de las sombras se basa en una sorpresa intermedia, un giro argumental que pone patas arriba parte de lo que se ha visto durante la primera mitad. Y el caso es que, durante un segundo, parece una opción terriblemente interesante y original. Pero después de ese segundo arranca la reflexión y es evidente que la película está cargada de trampas e imposibles que se van confirmando con cada escena que pasa y que se rematan en un final endeble. El comienzo es prometedor, ofrece una atmósfera propicia para una película de terror o al menos para un thriller de misterio, en función del camino más o menos fantástico que desee recorrer, pero poco a poco el globo se desinfla solo. No sólo en lo argumental, sino también en lo cinematográfico. Hay escenas rodadas de forma torpe y poco espectacular (por ejemplo, la huida en la camioneta) y sólo lo más tópico del género (el perro o esos personajes que uno busca y que siempre se escabullen misteriosamente antes de alcanzar el lugar donde estaban) funciona si no se tienen muchas pretensiones.
Una vez terminada, lo cierto es que parece claro que El hombre de las sombras quería plantear un debate moral, pero es también evidente que no lo consigue, porque el envoltorio no está a la altura ni aprovecha algún camino interesante que aparecía sembrado en el guión (ese peculiar altar con fotos de los niños desaprecidos). El guión es descuidado y va perdiendo fuerza. Lo mejor está en los actores, que hacen una labor sólida y, en realidad, titánica para creerse lo que están interpretando, pero no hay nada que destaque especialmente. Es una cinta floja que sólo tiene el interés de descubrir cuál es el misterio que se esconde tras la premisa argumental. Pero que nadie intente encontrarle sentido a todas las escenas porque lo complicado es encontrar alguna que sea coherente con la siguiente. Para disfrutar de un par de secuencias de misterio y muy poco más.
viernes, septiembre 14, 2012
'Total Recall', otro remake inferior
Empecemos por lo bueno. El remake de Desafío total dirigido por Len Wiseman y que en España se estrena con su título original, Total Recall, ofrece una propuesta visual completamente diferente a la del filme de 1990 de Paul Verhoeven. En la narrativa, en cambio, pasa de la más que evidente fotocopia (mover algún elemento de sitio no es sinónimo de originalidad) al alejamiento más evidente del relato corto de Philip K. Dick en que están basadas ambas películas. Y es que, y aquí es donde llega el palo para los amantes tanto de aquel relato como de la película de Verhoeven, Marte no aparece en este Total Recall. Normal, por tanto, que el enfoque visual esté tan alejado del de la película original. La apuesta de Wiseman es una película con mucha y muy lograda imagen por ordenador y mucha acción para que se luzcan como héroes y villanos sus tres actores protagonistas, Colin Farrell, Jessica Biel y, sin duda la mejor de los tres, toda una reina tardía pero en alza de este género, Kate Beckinsale.
Es un remake y, como tal, es obligado compararlo con la original. Y es evidente que sale perdiendo. Desafío total es un clásico y Total Recall se queda en una película entretenida que anda todo el rato peleando entre la inevitable tentación de respetar situaciones y diálogos de aquella con la necesidad de innovar y ofrecer alfo diferente. Visualmente sí consigue el objetivo de ser una película independiente, pero narrativamente no hasta el final (por cierto, absolutamente prescindible su absurdo epilogo), cuando ya parece tarde para remontar el vuelo en ese sentido. No es Total Recall, ojo, una mala película, o una que deje una sensación de fiasco, en absoluto. Tenía todas las papeletas para serlo y, sin embargo, es un videojuego entretenido, que solventa con eficacia las escenas de acción y que sabe explotar el trabajo de los animadores por ordenador para recrear un futuro más que atractivo. Además de eso, lo que multiplica con respecto al original es la acción. Wiseman elimina diálogos, personajes y secuencias para meter más persecuciones, más tiros, más caídas y más explosiones. Se nota mucho, en ese sentido, que han pasado 22 años entre una y otra.
¿En qué falla entonces? Como decía, en que anula buena parte del encanto del Desafío total original por dos modificaciones de base. La primera, la ya mencionada ausencia de Marte en la trama más allá de un guiño pasajero. Desafío total, el de Verhoeven y Arnold Schwarzenegger, era la lucha por el aire en el planeta rojo, era la creación de mutantes por el aire contaminado, era el conflicto por el control de la colonia extraterrestre. Y todo eso aquí no está. Aquí se habla de un conflicto entre las dos zonas en las que ha quedado dividida la Tierra, con un gobierno autoritario en una y una colonia oprimida en la otra. Se meten unas gotas de terrorismo, se agita un poco el cóctel y ya parece que hay una trascendente cuestión política de fondo. Tampoco es eso, pero se intenta. Y eso, cuando el foco está tan desacaradamente puesto en la acción y en el trío protagonista, no es más que un detalle trivial. La segunda modificación está en que la historia es lineal. El encanto de romperse la cabeza pensando si la aventura del Quaid interpretado por Arnold Schwarzenegger es real o la ilusión implantada en Memoricall (Rekall en el original) aquí no está presente. Lástima.
Pero es que el cine de acción moderno es así. Si hay un remake, prima el guiño al original (abundante, muy abundante en Total Recall) y la acción desenfrenada por encima del guión. Sólo así se pueden entender fallos tan de principiante como convertir al líder del pueblo dominante, el Cohaagen interpretado por Bryan Cranston (muy inferior al de Ronny Cox de hace dos décadas), en un oponente físico que pelea con el doble agente Quaid/Hauser de Colin Farrell. Y más teniendo en cuenta que la inclusión más importante de la película (parcialmente desaprovechada y no siempre contada con coherencia) es la de un ejército de androides de combate. En cualquier caso, eso sucede en la segunda mitad de la película, cuando Total Recall intenta alejarse del guión de la original y, mucho más todavía, del relato de Philip K. Dick. La acción por la acción es lo que es y no hay que pedirle más, pero tiene sus ventajas, eso sí. Y es que sus escenas están muy logradas, las interpretadas por los actores, las orquestadas por los dobles (Kate Beckinsale tiene una doble que quita el aliento) y las preparadas en el monitor del ordenador.
Le falta mucho espíritu a este Total Recall, pero es más producto de un guión sin pausa que del trabajo de los actores, bastante competente en todos los casos. Sobresale Kate Beckinsale, que de un tiempo a esta parte, curiosamente también desde la muy inferior saga de Underworld donde está dirigida por Wiseman, su marido, está opositando muy seriamente para ser considerada como la reina del género, muy por encima de otras actrices de más nombre. Su personaje es una fusión de los que hacían Michael Ironside y Sharon Stone en el original, y la combinación es sumamente atractiva. Colin Farrell le da un toque algo más realista que Arnold Schwarzenegger a su papel y Jessica Biel cumple con las exigencias del guión, incluida la ya casi siempre inevitable pelea de mujeres (por cierto, fue Desafío total una de las primeras películas en darle un protagonismo inusitado a esos duelos de féminas con el de Sharon Stone y Rachel Ticotin). No es Total Recall mejor que Desafío total, eso es evidente. Pero son dos horas de ciencia ficción y acción palomiteras bastante dignas, sin duda lo mejor que ha hecho Wiseman junto a La Jungla 4.0 pero el mismo problema de rozar el exceso en muchas ocasiones. Pero entretiene, que no es poco.
Aquí, otra crítica de la película en Suite 101.
Es un remake y, como tal, es obligado compararlo con la original. Y es evidente que sale perdiendo. Desafío total es un clásico y Total Recall se queda en una película entretenida que anda todo el rato peleando entre la inevitable tentación de respetar situaciones y diálogos de aquella con la necesidad de innovar y ofrecer alfo diferente. Visualmente sí consigue el objetivo de ser una película independiente, pero narrativamente no hasta el final (por cierto, absolutamente prescindible su absurdo epilogo), cuando ya parece tarde para remontar el vuelo en ese sentido. No es Total Recall, ojo, una mala película, o una que deje una sensación de fiasco, en absoluto. Tenía todas las papeletas para serlo y, sin embargo, es un videojuego entretenido, que solventa con eficacia las escenas de acción y que sabe explotar el trabajo de los animadores por ordenador para recrear un futuro más que atractivo. Además de eso, lo que multiplica con respecto al original es la acción. Wiseman elimina diálogos, personajes y secuencias para meter más persecuciones, más tiros, más caídas y más explosiones. Se nota mucho, en ese sentido, que han pasado 22 años entre una y otra.
¿En qué falla entonces? Como decía, en que anula buena parte del encanto del Desafío total original por dos modificaciones de base. La primera, la ya mencionada ausencia de Marte en la trama más allá de un guiño pasajero. Desafío total, el de Verhoeven y Arnold Schwarzenegger, era la lucha por el aire en el planeta rojo, era la creación de mutantes por el aire contaminado, era el conflicto por el control de la colonia extraterrestre. Y todo eso aquí no está. Aquí se habla de un conflicto entre las dos zonas en las que ha quedado dividida la Tierra, con un gobierno autoritario en una y una colonia oprimida en la otra. Se meten unas gotas de terrorismo, se agita un poco el cóctel y ya parece que hay una trascendente cuestión política de fondo. Tampoco es eso, pero se intenta. Y eso, cuando el foco está tan desacaradamente puesto en la acción y en el trío protagonista, no es más que un detalle trivial. La segunda modificación está en que la historia es lineal. El encanto de romperse la cabeza pensando si la aventura del Quaid interpretado por Arnold Schwarzenegger es real o la ilusión implantada en Memoricall (Rekall en el original) aquí no está presente. Lástima.
Pero es que el cine de acción moderno es así. Si hay un remake, prima el guiño al original (abundante, muy abundante en Total Recall) y la acción desenfrenada por encima del guión. Sólo así se pueden entender fallos tan de principiante como convertir al líder del pueblo dominante, el Cohaagen interpretado por Bryan Cranston (muy inferior al de Ronny Cox de hace dos décadas), en un oponente físico que pelea con el doble agente Quaid/Hauser de Colin Farrell. Y más teniendo en cuenta que la inclusión más importante de la película (parcialmente desaprovechada y no siempre contada con coherencia) es la de un ejército de androides de combate. En cualquier caso, eso sucede en la segunda mitad de la película, cuando Total Recall intenta alejarse del guión de la original y, mucho más todavía, del relato de Philip K. Dick. La acción por la acción es lo que es y no hay que pedirle más, pero tiene sus ventajas, eso sí. Y es que sus escenas están muy logradas, las interpretadas por los actores, las orquestadas por los dobles (Kate Beckinsale tiene una doble que quita el aliento) y las preparadas en el monitor del ordenador.
Le falta mucho espíritu a este Total Recall, pero es más producto de un guión sin pausa que del trabajo de los actores, bastante competente en todos los casos. Sobresale Kate Beckinsale, que de un tiempo a esta parte, curiosamente también desde la muy inferior saga de Underworld donde está dirigida por Wiseman, su marido, está opositando muy seriamente para ser considerada como la reina del género, muy por encima de otras actrices de más nombre. Su personaje es una fusión de los que hacían Michael Ironside y Sharon Stone en el original, y la combinación es sumamente atractiva. Colin Farrell le da un toque algo más realista que Arnold Schwarzenegger a su papel y Jessica Biel cumple con las exigencias del guión, incluida la ya casi siempre inevitable pelea de mujeres (por cierto, fue Desafío total una de las primeras películas en darle un protagonismo inusitado a esos duelos de féminas con el de Sharon Stone y Rachel Ticotin). No es Total Recall mejor que Desafío total, eso es evidente. Pero son dos horas de ciencia ficción y acción palomiteras bastante dignas, sin duda lo mejor que ha hecho Wiseman junto a La Jungla 4.0 pero el mismo problema de rozar el exceso en muchas ocasiones. Pero entretiene, que no es poco.
Aquí, otra crítica de la película en Suite 101.
jueves, julio 22, 2010
Fuera complejos: 'El equipo A' funciona de maravilla
Casi todos los veranos llega a los cines una de esas películas de acción que apuntan a desastre, que se basa en una franquicia cuyos protagonistas originales recelan o incluso reniegan de ella, que tiene un trailer que asusta más que animar a verla... y que al final resulta una película de acción entretenidísima. El año pasado, ese honor recayó en G.I.Joe y en este 2010 este particular reconocimiento se lo lleva El equipo A. No hay que tener problemas en reconocer que, por mucha nostalgia que nos aceche a la hora de mencionar ese título televisivo de los años 80, esta película no sólo actualiza sino que mejora el producto original. No hay que sentir miedo alguno en admitir que esta película está muy bien rodada, mejor montada y adecuadamente interpretada. Fuera complejos: El equipo A es una gran película veraniega de acción que cumple con todo lo que promete y a mí, desde luego, no me duelen prendas en reconocer lo bien que me lo he pasado con ella.Porque, claro, con esto de las reimaginaciones, actualizaciones, remakes o como se quiera llamar hoy en día el relanzar una franquicia ya conocida, tenemos el problema de la memoria de cada espectador. No importa tanto el nivel de calidad que tuviera el original, sino el nivel de calidad que cada uno de nosotros creemos que tenía. Y los años 80 son casi intocables para una amplia generación de espectadores que hoy se mueve en la treintena. Sin embargo, creo que es justo reconocer que, por muy nostálgico que sea el recuerdo que tengamos de El equipo A, como serie era un producto bastante flojo. Con unos personajes muy carismáticos, eso sí, y unos actores que hicieron de ellos un recuerdo maravilloso para todos los que crecimos con ellos. Pero cada episodio era una fotocopia del anterior, con el grupo acudiendo al rescate de la dama o grupo marginal en apuros. Pero si el miedo es que hayan cambiado eso, lo cierto es que la película no traiciona en absoluta esa esencia. Más bien al contrario, la engrandece, le da un origen y una historia de fondo.
Uno de los motivos de duda sobre el resultado final de la adaptación cinematográfica era el nombre del director. Joe Carnahan, con la única experiencia de la película de 2006 Ases calientes, podía hacer cualquier cosa. Y hete aquí que lo que ha hecho es exactamente lo que tenía que hacer para que la película funcionara. El respeto que demuestra por los personajes (y, de forma indirecta, por los espectadores que sienten cariño hacia ellos) es bastante grande. Desde el primer momento en que aparecen en pantalla son perfectamente reconocibles aquellos que nos entretuvieron hace más de dos décadas durante tantos episodios. La película no sólo está bien dirigida y ofrece una acción clara de seguir, sino que ofrece más detalles. El montaje paralelo del clímax final es uno de los mejores que ha dado el género en bastante tiempo y es un colofón magnífico a casi dos horas de entretenimiento de altura.
Liam Neeson encabeza un buen reparto. Y Neeson siempre funciona, mucho más en estos papeles de líder y/o mentor a los que nos ha acostumbrado en los últimos años. Es un muy bien Hannibal Smith y escucharle decir aquello de "me encanta que los planes salgan bien" suena igual de bien que en boca de George Peppard (tan bien como las notas del clásico tema musical de la serie, reescrito aquí, como toda la banda sonora, por Alan Silvestri, que se copia un poco a sí mismo pero cumple). Bradley Cooper es quizá quien más registros nuevos introduce con su Fénix. Lo esencial está ahí, pero es algo más extremo que el que conocíamos. Y funciona, ya lo creo que funciona. Sharlto Copley, que sorprendió en District 9, es un Murdock sencillamente genial. Tanto, que se lleva los mejores momentos de la película con bastante facilidad. Y Quinton Rampage Jackson cumple como M.A., completando un muy buen cuarteto protagonista. Quinteto, con la clásica furgoneta (ojo a lo que hacen con ella, irreverencia en grado sumo... y por ello digno de aplaudir).
El guión, no obstante, falla en lo de casi siempre. Sale airoso de la necesaria modernización de personajes y situaciones (la referencia ya no es Vietnam, sino Irak), cumple con la premisa de ofrecer una violencia para todos los públicos (marca de la casa en una serie en la que era imposible que tantos disparos no acertaran a alguien aunque fuera por casualidad), pero se equivoca en la introducción de la heroína en cuestión. Durante buena parte de la película, uno no deja de preguntarse qué hace Jessica Biel ahí, más allá de rellenar la cuota de nombres femeninos en las películas de acción del verano de 2010. Quizá, y sólo quizá, la percepción mejora hacia el final del filme, pero está claro que este aspecto es donde el esfuerzo ha sido inversamente proporcional al atractivo de la actriz escogida. Es una moda cansina eso de meter a una actriz atractiva en todas las películas... simplemente porque sí. No entiendo por qué Hollywood desprecia la posibilidad de tener personajes femeninos interesantes en una película de acción.
El equipo A lo tenía todo para ser un horror y, en cambio, es uno de las películas más entretenidas del verano norteamericano. Ofrece diversión sin complejos y sin límite desde el notable prólogo hasta el sobresaliente final, consciente en todo momento del leve toque autoparódico que encierra, una aventura de acción correctamente llevada a todos los niveles. La nostalgia no gana este asalto, lo gana la adaptación y además por goleada. Me ha caído simpática la película, sí. Y, además, El equipo A tiene la mejor broma sobre el 3D que Hollywood nos quiere meter con calzador. ¿Se puede pedir más?
domingo, agosto 05, 2007
'Next', ciencia ficción más propia de los 80
Que una película esté basada en un relato de Philip K. Dick, el responsable de las historias que dieron pie a clásicos como Blade Runner, Desafío total o Minority Report es para mí motivo más que suficiente para pagar una entrada y entrar en una sala. Next cuenta con ese aspecto positivo de partida. Había leído algunos comentarios de espectadores americanos que ponían bien a la película en cuestión, sin grandes alardes pero bien, aunque la crítica no ha sido demasiado benevolente con ella y eso había enfriado un poco mi ánimo. Y después de verla, creo que la razón de esa falta de aprecio es que Next no es una película del siglo XXI, sino que es la clásica película de ciencia ficción que tendría que haber visto la luz en los años 80.Porque Next no tiene grandiosos efectos especiales. No tiene esas escenas de acción y persecución con las que te quedas con la boca abierta. No busca el más difícil todavía ni el plano que nadie había conseguido hacer hasta ahora. No tiene un final incomprensible a lo Matrix Reloaded que hace tambalear todo lo que has visto hasta ese momento. No tiene nada de eso. Pero es una película modesta, de poco más de 90 minutos de duración, que tiene una historia realmente simpática y entretenida y un final que supone un auténtico soplo de aire fresco en el cargado cine de acción y ciencia ficción actual. Por supuesto, como siempre, no lo pienso desvelar, pero espero que lo veáis y que coincidáis conmigo en que no es lo más habitual para este género...
Tiene mérito que una película me guste teniendo como protagonista a un Nicolas Cage que cada vez me dice menos cosas en la pantalla. Nunca le veo cambiar de registro. Da igual el personaje que interprete. Siempre es Nicolas Cage, por encima de lo que ponga un guión u otro. A quien sí da gusto ver es a Julianne Moore, que últimamente no me había convencido demasiado en algunas películas (lo de Misteriosa obsesión, si alguien ha tenido la mala suerte de verla, es una broma de mal gusto...). Y quien también da gusto ver, aunque me temo que no por motivos cinematográficos, es a Jessica Biel. No me parece mala actriz, ojo, me gustó en El ilusionista, pero aquí es más florero que otra cosa.
Dirige Lee Tamahori, a quien ya le había visto desenvolverse en una cinta de acción grandilocuente, Muere otro día, y que ahora le veo manejarse en un escenario mucho más modesto. Lo mejor que se puede decir que es que dirige de una forma muy asequible para el espectador, que se sigue sin problema lo que muestra con la cámara (a diferencia de otros gurús de este tipo de cine, y es obvio que estoy hablando de Michael Bay; no hay quien me quite de la cabeza lo que Transformers podría haber sido en otras manos...). Y sobre todo destaca la escena inicial en el casino. No revelo más, que merece la pena verla.
No es una obra maestra, ni de lejos, pero me ha parecido una película altamente recomendable para todo aquel que quiera huir, aunque sólo sea un rato, del salvaje e imposible cine actual de ciencia ficción. Una buena idea es el mejor modo de hacer una película de este género. Y Next, insisto, es una buena idea más propia del cine de los 80 que del siglo XXI. Añorados años 80, por cierto, en los que la fantasía y la imaginación alcanzaron cotas que no se han vuelto a superar...
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