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miércoles, junio 25, 2014

'Yo, Frankenstein', una de esas malas entretenidas

Sería absurdo esconder que Yo, Frankenstein es una película mala en muchos sentidos. Pero igualmente absurdo sería no reconocer cierta diversión culpable al verla. Es mala, de acuerdo. A ratos, bastante mala. Hay giros, explicaciones y diálogos que no se sostienen de ninguna de las maneras, y los personajes son cuadriculados. Pero tiene ritmo. O, por lo menos, mucha acción sin parada, lo que hace que sus 92 minutos se pasen bastante rápido, incluso admitiendo, de nuevo hay que volver a la premisa inicial, que estamos ante una película mala. En realidad, no deja de ser una vuelta de tuerca a las premisas de la saga Underworld (¡si hasta hereda a Bill Nighy como uno de los actores principales!), pero cambiando los hombres lobo y los vampiros por demonios y gárgolas, añadiendo una iconografía cristiana que tampoco es tan importante y colocando entre ambos bandos al monstruo de Frankenstein, rebautizado aquí como Adam. A pesar de sus 65 millones de dólares de presupuesto, su aspecto de serie B le da un ligero encanto.

Y es ahí por donde la película se va salvando de un gran ridículo, porque hay momentos en que lo bordea, destacando especialmente el momento en el que Adam (Aaron Eckhart) explica a una realmente asombrada reina de las gárgolas (Miranda Otto) cuál es el asombroso plan de los demonios liderados por Naberius. La guerra entre ambas facciones es, efectivamente, herencia absoluta de Underworld, también la estética de la película (trasladada de nuevo al presente, la única forma en la que parece que se quieren mover todos estos productos). No hay sorpresa alguna en este sentido, puesto que Kevin Grevioux, autor del cómic en que se basa Yo, Frankenstein, es a su vez cocreador de la saga protagonizada por Kate Beckinsale. Sí es más sorprendente que ésta sea la segunda película como realizador de Stuart Beattie, después del sorprendente éxito que supuso en Australia, su país de origen, la primera que dirigió, Mañana, cuando la guerra empiece, una cinta de aspecto, tono y preocupaciones diametralmente opuestos a esta.

En realidad, la película no está basada directamente en el cómic de Grevioux (que es también coautor del argumento junto a Beattie y se reserva el papel de productor y hasta un personaje en la cinta), sino que expande una misma idea que en las viñetas ha explorado de una forma diferente. La historia, de esta forma, no difiere mucho de otras propuestas similares, como la ya mencionada Underworld o la de Cazadores de sombras, por citar un par de ejemplos. Ni siquiera la presencia del monstruo de Frankenstein le da un cariz diferente a la película. Por mucho empeño que le ponga Aaron Eckhart, y por muchos intentos que haya en la historia de dar importancia a la ausencia de alma, a su turbio pasado o a la forma en la que fue creado, lo cierto es que no hay demasiado trabajo de composición del personaje. Ni de este ni del de nadie. Lo que importa es la acción y de eso hay muchísimo y variado en Yo, Frankenstein.

De hecho, eso acaba siendo la única razón de ser de la película y lo que salva el resultado final de la quema, siempre visto desde una perspectiva benévola. Y es que la acción no está mal resuelta. Incluso los efectos visuales, aunque están lejos de la perfección, le dan un toque simpático y relativamente atractivo al filme, aunque al final todo esté construido con bastantes agujeros (el principal, el más palpable, la idea de que demonios y gárgolas libran una batalla al margen de los humanos y constatar que al morir un integrante de cualquiera de los dos bandos se monta tal espectáculo de luz y sonido que parece imposible que no haya espectadores de las peleas dentro del plano). Mala, sin duda, pero probablemente una de esas malas que encontrará un público benevolente que llegará a disfrutarlas. Pese a todo y aún con el final abierto, parece difícil que Yo, Frankenstein corra la misma suerte que Underworld y sea el inicio de una saga.

viernes, marzo 15, 2013

'Jack, el caza gigantes', entretenido tópico digital

Me huelo que Jack, el caza gigantes va a ser devorada por la crítica. Y, francamente, no creo que lo merezca. Sus puntos débiles saltan a la vista de forma inmediata. Le falta tensión al guión, le sobra imaginería digital que se lleva por delante algunos logros visuales de la película, pierde en las comparaciones con otras películas (¿con Oz, con la que compartirá cartelera? Con esa no tanto...), y habría sido más agradecido que no se vieran tan fácilmente los progresos de la historia. Cierto es que Warner se ha gastado 200 millones de dólares en este juguete de Bryan Singer, y las cifras de su arranque en Estados Unidos y otros mercados internacionales indican que será complicado que los recupere, pero, olvidando estos detalles, lo cierto es que como divertimento palomitero cumple sobradamente. Buenas escenas de acción, un mundo de fantasía aceptable, y un entretenimiento digno que, además, se convierte en una de las pocas películas basadas en un cuento que se limita a contar un cuento, sin necesidad de modernizarlo, idiotizarlo, sexualizarlo o ponerlo patas arriba. Y eso también tiene mérito en el cine actual.

Aunque parezca un detalle trivial, puede que sea justo eso lo que más me atrae de Jack, el caza gigantes. Es un cuento, contado como un cuento y que no se sale de su escenario de cuento, algo a lo que contribuye la música de John Ottman ya desde los logotipos de los estudios involucrados en la película. ¿Tan difícil es? Por lo visto sí, y el ejemplo más reciente de como sentirse en la obligación de modificarlo todo para acabar haciendo una película escasamente satisfactoria es Hansel y Gretel, cazadores de brujas. Lo más probable es que sea precisamente éste uno de los motivos por los que la película no termine de cuajar como le hubiera gustado, y es que el público ya no parece dispuesto a aceptar un cuento por lo que es, al menos no en el cine y en este tipo de producciones, pero para mí supone un valor añadido. La pega es que, habiendo construido un buen armazón en torno a la historia más clásica, le falta bastante nervio para que se sostenga por sí sola y sin necesidad de atender a sus muy grandilocuentes efectos visuales.

Esos efectos, de hecho, acaban jugando más en contra que a favor de la película en su bagaje final. Y es que  la película arranca con la narración de la leyenda en dibujos animados... y luego resulta que la "acción real" no marca tantas diferencias con respecto a ese prólogo, lo que resta credibilidad a los gigantes, e incluso a la famosa planta que surge de las habichuelas mágicas. No es que chirríe tanto elemento digital, por otra parte muy bien integrado con la imagen real y los actores de carne y hueso, pero sí satura en buena medida porque parece ya la única opción para recrear mundos de fantasía en el cine. ¿Impide eso que la película entretenga? La verdad es que no. La forma de encarar el filme de Singer es sincera y hay que agradecerlo. Busca una aventura para toda la familia, que consigue enmascarar con acierto la abundante violencia que hay en la historia para que sea un filme asequible prácticamente para todo el mundo. Y consigue que los personajes, a los que les falta carisma, sí enganchen lo suficiente como para seguir la historia con agrado hasta el final.

Hay que rebuscar en el guión para encontrar el origen de ese problema de carisma, que no procede del trabajo de los actores, pues el reparto consigue mucho más ante tanta pantalla verde, por insistir en la comparación, que las actrices del Oz de Sam Raimi. Nicholas Hoult y Eleanor Tomlinson son los clásicos actores jóvenes a los que le dan el protagonismo de una superproducción de efectos digitales y que cumplen con su cometido, dejando para los más populares Ewan McGregor y Stanley Tucci los momentos más divertidos y logrados procedentes del trabajo del reparto. Incluso es interesante ver los rasgos y la voz (sólo en versión original, obviamente) de Bill Nighy como el general de los gigantes. Aunque efectivo, todo es tópico, e incluso se pierde alguna ocasión de mostrar elementos socialmente más rompedores. A partir de ahí, lo que queda es el disfrute de las secuencias de acción, del salvajismo de estos gigantes y de lo logrado que está el tramo final de la película (que es tan atractivo como demostrativo de que aquel clímax bélico, aún insuperable, de El retorno del rey... y ya ha pasado una década), por tópicos que puedan ser algunos de sus registros.

Jack, el caza gigantes es un producto entretenido, montado desde su base con oficio. ¿Original? No demasiado, no al menos más allá de volver a las raíces de la historia como fábula (que, insisto, me parece algo novedoso en los tiempos que corren) o de interpretar la búsqueda de la dama en apuros que planteaba King Kong dentro de ese escenario de cuento, pero tampoco hace falta buscarle tres pies al gato. Cierto que es una película que sorprende en la filmografía de Bryan Singer por muchos motivos pero especialmente por la escasa profundidad que adquieren sus personajes (algo que predominó incluso en sus otros grandes espectáculos palomiteros, sus dos entregas de X-Men y Superman returns) o por el giro que parecía haber supuesto Valkiria para alejarse precisamente de productos como éste. Pero su habilidad como director basta para ofrecer una película más que aceptable, mucho más honesta y sabedora del alcance de su propuesta que otras similares, que habría crecido con un libreto más conseguido y que, en el fondo y a pesar del disfrute, hace echar de menos una forma de hacer cine más artesanal que ésta.

viernes, septiembre 14, 2012

'Total Recall', otro remake inferior

Empecemos por lo bueno. El remake de Desafío total dirigido por Len Wiseman y que en España se estrena con su título original, Total Recall, ofrece una propuesta visual completamente diferente a la del filme de 1990 de Paul Verhoeven. En la narrativa, en cambio, pasa de la más que evidente fotocopia (mover algún elemento de sitio no es sinónimo de originalidad) al alejamiento más evidente del relato corto de Philip K. Dick en que están basadas ambas películas. Y es que, y aquí es donde llega el palo para los amantes tanto de aquel relato como de la película de Verhoeven, Marte no aparece en este Total Recall. Normal, por tanto, que el enfoque visual esté tan alejado del de la película original. La apuesta de Wiseman es una película con mucha y muy lograda imagen por ordenador y mucha acción para que se luzcan como héroes y villanos sus tres actores protagonistas, Colin Farrell, Jessica Biel y, sin duda la mejor de los tres, toda una reina tardía pero en alza de este género, Kate Beckinsale.

Es un remake y, como tal, es obligado compararlo con la original. Y es evidente que sale perdiendo. Desafío total es un clásico y Total Recall se queda en una película entretenida que anda todo el rato peleando entre la inevitable tentación de respetar situaciones y diálogos de aquella con la necesidad de innovar y ofrecer alfo diferente. Visualmente sí consigue el objetivo de ser una película independiente, pero narrativamente no hasta el final (por cierto, absolutamente prescindible su absurdo epilogo), cuando ya parece tarde para remontar el vuelo en ese sentido. No es Total Recall, ojo, una mala película, o una que deje una sensación de fiasco, en absoluto. Tenía todas las papeletas para serlo y, sin embargo, es un videojuego entretenido, que solventa con eficacia las escenas de acción y que sabe explotar el trabajo de los animadores por ordenador para recrear un futuro más que atractivo. Además de eso, lo que multiplica con respecto al original es la acción. Wiseman elimina diálogos, personajes y secuencias para meter más persecuciones, más tiros, más caídas y más explosiones. Se nota mucho, en ese sentido, que han pasado 22 años entre una y otra.

¿En qué falla entonces? Como decía, en que anula buena parte del encanto del Desafío total original por dos modificaciones de base. La primera, la ya mencionada ausencia de Marte en la trama más allá de un guiño pasajero. Desafío total, el de Verhoeven y Arnold Schwarzenegger, era la lucha por el aire en el planeta rojo, era la creación de mutantes por el aire contaminado, era el conflicto por el control de la colonia extraterrestre. Y todo eso aquí no está. Aquí se habla de un conflicto entre las dos zonas en las que ha quedado dividida la Tierra, con un gobierno autoritario en una y una colonia oprimida en la otra. Se meten unas gotas de terrorismo, se agita un poco el cóctel y ya parece que hay una trascendente cuestión política de fondo. Tampoco es eso, pero se intenta. Y eso, cuando el foco está tan desacaradamente puesto en la acción y en el trío protagonista, no es más que un detalle trivial. La segunda modificación está en que la historia es lineal. El encanto de romperse la cabeza pensando si la aventura del Quaid interpretado por Arnold Schwarzenegger es real o la ilusión implantada en Memoricall (Rekall en el original) aquí no está presente. Lástima.

Pero es que el cine de acción moderno es así. Si hay un remake, prima el guiño al original (abundante, muy abundante en Total Recall) y la acción desenfrenada por encima del guión. Sólo así se pueden entender fallos tan de principiante como convertir al líder del pueblo dominante, el Cohaagen interpretado por Bryan Cranston (muy inferior al de Ronny Cox de hace dos décadas), en un oponente físico que pelea con el doble agente Quaid/Hauser de Colin Farrell. Y más teniendo en cuenta que la inclusión más importante de la película (parcialmente desaprovechada y no siempre contada con coherencia) es la de un ejército de androides de combate. En cualquier caso, eso sucede en la segunda mitad de la película, cuando Total Recall intenta alejarse del guión de la original y, mucho más todavía, del relato de Philip K. Dick. La acción por la acción es lo que es y no hay que pedirle más, pero tiene sus ventajas, eso sí. Y es que sus escenas están muy logradas, las interpretadas por los actores, las orquestadas por los dobles (Kate Beckinsale tiene una doble que quita el aliento) y las preparadas en el monitor del ordenador.

Le falta mucho espíritu a este Total Recall, pero es más producto de un guión sin pausa que del trabajo de los actores, bastante competente en todos los casos. Sobresale Kate Beckinsale, que de un tiempo a esta parte, curiosamente también desde la muy inferior saga de Underworld donde está dirigida por Wiseman, su marido, está opositando muy seriamente para ser considerada como la reina del género, muy por encima de otras actrices de más nombre. Su personaje es una fusión de los que hacían Michael Ironside y Sharon Stone en el original, y la combinación es sumamente atractiva. Colin Farrell le da un toque algo más realista que Arnold Schwarzenegger a su papel y Jessica Biel cumple con las exigencias del guión, incluida la ya casi siempre inevitable pelea de mujeres (por cierto, fue Desafío total una de las primeras películas en darle un protagonismo inusitado a esos duelos de féminas con el de Sharon Stone y Rachel Ticotin). No es Total Recall mejor que Desafío total, eso es evidente. Pero son dos horas de ciencia ficción y acción palomiteras bastante dignas, sin duda lo mejor que ha hecho Wiseman junto a La Jungla 4.0 pero el mismo problema de rozar el exceso en muchas ocasiones. Pero entretiene, que no es poco.

Aquí, otra crítica de la película en Suite 101.