martes, agosto 21, 2007

'Munich', la hasta ahora última maravilla de Spielberg

Hace ya casi dos años que no vemos una película de Steven Spielberg, al que todos esperamos ver en todo su esplendor aventurero en 2008 con la cuarta entrega de Indiana Jones. La última maravilla que nos ha dejado este pedazo de director, hasta el momento, es Munich, una película necesaria, valiente, cinematográficamente extraordinaria, con un guión portentoso y unas actuaciones memorables. Mantengo desde hace mucho tiempo que no hay un director vivo capaz de igualar el genio y la maestría de Spielberg, aunque siempre da la sensación de que hay gente esperanda cada película suya para despedazarla o, en el mejor de los casos, infravalorarla. Y algún día, esperemos que muy lejano, Spielberg morirá y entonces seguro que todos saldrán a reconocer su genio y admitirán que ha marcado su infancia, su juventud y, en general, su vida como espectadores de cine.
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Munich, por si alguien todavía no lo sabe, comienza con el asalto a la villa olímpica de la ciudad alemana en el año 1972, que finalizó con la muerte de once atletas israelíes y explica la respuesta violenta y no oficial que dio el gobierno israelí, el intento de asesinato de once supuestos responsables de la masacre de Munich. No parece una película fácil de hacer en los tiempos que corren, en los que dibujar una caricatura de Mahoma provoca revueltas sociales, en los que vivimos bajo la permanente amenaza de grupos terroristas y en los que cualquier alusión a un país, una religión o un hecho histórico corre el riesgo de convertirse en una ofensa de Estado.
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Pero Spielberg cogió el toro por los cuernos y se arriesgó a hacer una película dura que tiene un claro mensaje de fondo: la violencia no sólo no conduce a nada sino que marca para siempre las vidas de quienes la sufren y la ejecutan. Es todo un alegato en contra de los asesinatos selectivos (sin por ello dejar de mostrar los puntos de vista de quienes los consideran necesarios), un canto a la vida (como reflejan escenas tan emocionantes, en el significado más amplio de la palabra, como la del personaje de Eric Bana, Avner, llorando al escuchar a su niña balbucear por teléfono, sin haberla podido conocer todavía por su misión asesina) y una reflexión muy necesaria todavía hoy.
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Sin un guión extraordinario como éste (Tony Kushner retocó el original de Eric Roth, basado en la novela de George Jonas), no se podría haber hecho una cinta tan maravillosa. Lo mismo sin el magnígico trabajo de fotografía de Janusz Kaminski (nueve películas con Spielberg desde la prodigiosa La lista de Schindler) o la emocionante música del maestro John Williams (que ha hecho todas las películas de Spielberg salvo El diablo sobre ruedas, Loca evasión y El color púrpura, construyendo el mejor binominio cineasta-compositor de la historia del cine).
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Pero sin un reparto como el que presenta Munich, nada habría sido posible. Eric Bana lo encabeza. Le descubrí y minusvaloré en la horrenda Hulk, me entusiasmó como Héctor en la aburrida Troya (sin duda Bana era lo mejor del film) y me emocionó en Munich. Daniel Craig me dejó sin palabras antes de convertirse en James Bond. Y el resto de nombres, semidesconocidos para la mayoría como decía, bordan sus papeles, ya sean principales o secundarios. Desde los miembros del comando de Avner (junto a Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz y Hanns Zischler) hasta la asesina holandesa que interpreta Marie-Josée Croze, pasando por Geoffrey Rush, que da vida al mando del Mossad que da las órdenes al grupo israelí al que seguimos con sumo interés durante las dos horas y media de la película.
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Cinematográficamente hablando, para quien crea que rodar una película es fácil, Munich es el ejemplo perfecto de que se equivoca. Cada plano es una auténtica obra de arte, puesto en la película por un motivo, con un sentido, con el fin de crear una emoción distinta. En sencillamente impresionante ver las sensaciones que Spielberg es capaz de provocar en el espectador con un giro de cámara, con un reflejo perfectamente estudiado en un cristal, con una coreografía sencillamente perfecta, con un movimiento casual que pasa inadvertido en un principio, con un brillante montaje paralelo de secuencias en apariencia inconexas...
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Y es que Spielberg, digan lo que digan quienes se empeñen en criticarle, es uno de los grandes directores de los dos siglos que le han visto trabajar. Para mí el mejor cineasta vivo. Porque nadie como él ha conseguido hacer creíble la visita de unos extraterrestres a la Tierra, volar por delante de la luna, correr delante de una bola gigantesca, la persecución de los nazis a los judíos, ver dinosaurios de carne y hueso en movimiento, la paradoja de un hombre que no puede salir de un aeropuerto, la odisea de un robot que quería ser un niño, el pánico que desata un tiburón o un Peter Pan adulto. Spielberg no hace películas, sino que plasma en el cine la materia de la que están hechos los sueños. Mis sueños y los de millones de espectadores en todo el mundo.

3 comentarios:

Mara dijo...

jejej se nota que te gusta mucho spilberg! y sabes qué? eso se nota en que esta crítica es de las mejores que te he leído hasta ahora. Me ha gustao mucho el estilo. Un beso enorme juan!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Muchas gracias, Mara.

Sí, está claro que cuando uno habla con emoción de algo le queda un texto mucho mejor que la media, je, je...

Liliana dijo...

Yo lo que le admiro a Spielberg es que logra embaucarme. Me atrapa en la sala de cine y olvido que estoy viendo una película de alguien con quien no comparto demasiado su modo de ver el mundo. Aunque en este caso, es verdad que "Munich" es una excelente película.
Sus otros films son buenos, están magníficamente rodados, pero... pero... siempre aparece el mensaje moralista, ingenuo, políticamente correcto de un hombre que no vuela demasiado en lo ideológico, pero que es un creativo de primera.