lunes, agosto 11, 2008

'Gladiator', fuerza y honor

Cuando uno puede ver una película una y otra vez disfrutándola como si la descubriera en ese momento, es que el título en cuestión merece la pena, resiste el paso del tiempo y es altamente recomendable. Eso es Gladiator, el filme que reconcilió casi por completo a Ridley Scott con Hollywood, después de una década algo oscura en su filmografía (que culminó con La teniente O'Neil). No era una tarea fácil porque en décadas nadie había conseguido hacer una película ambientada en la Roma imperial que cautivara a las audiencias y funcionara en taquilla. Tampoco era fácil conjugar el fácil desprecio que puede suscitar una película que podría haberse quedado en un simple vehículo de acción con las auténticas intenciones del proyecto. Porque hay una gran historia detrás, no sólo combates de gladiadores.

Es complejo no disfrutar con una película tan rica como ésta. Quien piense que sólo va a ver acción, se equivoca. Sí, la película arranca con una espectacular y poética escena de batalla en Germania, donde escuchamos por primera vez el grito de guerra "fuerza y honor". Sí, los combates en la arena del coliseo son formidables, en especial el primero, recreando la batalla de Cartago. Pero Gladiator es mucho más que eso. De hecho, si algo perdurará durante décadas serán unos brillantes diálogos, las escenas de tono más intimista, un magnífico desarrollo de personajes y unas actuaciones memorables. Es ahí donde está el verdadero valor de Gladiator. Lo demás es sólo el marco en el que se desarrolla la historia (que no la Historia; hay mucho de ficción en la película).

Gladiator es una de esas películas en las que hoy no se pueden imaginar otros actores que los que aparecen. Mel Gibson rechazó el papel de Máximo que al final interpretó Russell Crowe. Jennifer López pudo haberse hecho con el de Lucilla, que recayó en la entonces semidesconocida Connie Nielsen (¡qué lástima que Hollywood no haya sabido aprovechar el talento de esta actriz! Rodó Gladiator con 35 años, acercándose peligrosamente a la barrera de juventud que impone la industria...). El reparto lo completaron actores magníficos. Joaquim Phoenix, Oliver Reed, Richard Harris, Djimon Hounsou o Dereck Jakobi (espléndido actor al que redescrubrí gracias a las primeras películas como director de Kenneth Branagh; su papel en Gladiator se quedó en buena medida en la sala de montaje, aunque se recuperó para la edición extendida que apareció hace tiempo en DVD).

Durante el rodaje, Oliver Reed sufrió un ataque al corazón del que no pudo sobreponerse. Su muerte fue un duro golpe, pero Ridley Scott se negó a sacarle de la película. Podría haberlo hecho, ya que las claúsulas del contrato le permitían reemplazarle por otro actor, pero prefirió reescribir el guión (su personaje, Próximo, era quien debía enterrar en la arena del coliseo las figuras de la mujer e hijos de Máximo) y utilizar los gráficos por ordenador para superponer el rostro de Reed en el cuerpo de un doble. Un magnífico homenaje a un gran actor que había realizado un notable trabajo en la película y una despedida hermosa.

Lo mejor de Gladiator, insisto, son las escenas de conversación. Richard Harris protagoniza tres inolvidables. Primero con Connie Nielsen ("Basta de política. Aparentemos que eres una hija amante y que yo soy un buen padre"), después con Russell Crowe ("Quiero que tú seas el protector de Roma después de mi muerte") y finalmente con Joaquim Phoenix ("Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre"). Igualmente intensas son las escenas de Crowe con Nielsen, sobre todo la primera vez que se curzan en pantalla y entendemos que tienen un pasado sentimental que ya está enterrado, más por él que por ella. Magníficas y tensas son las escenas entre Phoenix y Nielsen, sobre todo cuando el ya emperador Cómodo amenaza a su hermana Lucilla con un relato que le está contando a Lucio, el hijo de ésta. Todas las conversaciones son impresionantes.

La historia del general que se convirtió en esclavo, del esclavo que se convirtió en gladiador, cautivó enseguida al pública. Y, algo más extraño en la carrera de Ridley Scott, también a buena parte de la crítica. Gladiator ganó cinco Oscar, incluyendo el de mejor película y mejor actor para Russell Crowe. A pesar de ser la triunfadora de la noche, Traffic (qué final más decepcionante tiene esta buena película de Steven Soderbergh) le arrebató algunos de los premios más importantes, incluyendo el de mejor director. Hollywood se rendía al cine de Ridley Scott, pero le negaba el ansiado reconocimiento personal. Un premio que se escapó de forma incomprensible fue el de la mejor música. Hans Zimmer, un auténtico genio capaz de auténticas maravillas, veía como Tan Dun y Tigre y Dragón le arrebataban el merecido Oscar, un premio que logró cinco años antes con El Rey León (aunque fuera más por la inercia de aquellos años en los que Disney ganaba todos los premios musicales).

Como curiosidad, recordar que Máximo es hispano, pero según la versión que se escuche su procedencia es distinta. En el original, viene de Trujillo, y así se lo cuenta el general al emperador Marco Aurelio cuando le pregunta por su hogar. Pero en la versión doblada el nombre que se escucha es el de Emerita Augusta, la actual Mérida. Curioso cambio, desde luego... Según explica IMDB, los dobladores españoles adujeron para el cambio que "Trujillo no reúne las cualidades para ser cuna de un gladiador". Y, por cierto, ¿por qué demonios la película se quedó con el título inglés cuando tenía una traducción tan sumamente sencilla...?

Gladiator es una hermosa película, una historia sobre el regreso a casa de un hombre (ese, y no la venganza, es el tema que quisieron abordar guionistas, productores y director), un gran espectáculo hollywoodiense y, sobre todo, un gran relato épico lleno de interpretaciones magníficas. Una gozada que, ocho años después, va incluso ganando en valor gracias a unos diálogos birllantes e inolvfidables, una puesta en escena poderosa, una fotografía deslumbrante, un diseño de producción único y ambicioso y, sobre todo, mucho taltento.

"Me llamo Máximo Décimo Meridio. Comandante de los ejércitos del norte, general de las legiones Félix, leal servidor del verdadero emperador, Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, marido de una mujer asesinada. Y alcanzaré mi venganza, en esta vida o en la otra".

3 comentarios:

bebita dijo...

Russell Crowe le "robó" a Javier el que podría haber sido su primer Oscar... Y mira que la película me había gustado, pero desde ese día ya no... :P
Besitos!!

C.C.Buxter dijo...

Por fin puedo hablar bien de Ridley Scott en tu blog...

Como dices, una muy buena película que resucitó el género del "peplum", que ya parecía totalmente abandonado. Son curiosas las anécdotas sobre Oliver Reed y el origen de Máximo, que desconocía. Sí recuerdo que el propio Scott reconoció haberse inspirado en el desembarco de Normandía de "Salvar al soldado Ryan" a la hora de rodar la batalla en los bosques germanos.

A la película le achacaron varios deslices históricos relacionados con las épocas de los emperadores, así como trasladar un concepto "mediático" de los gladiadores que no existía en ese momento. Sin embargo, y aunque cada vez le doy más importancia a estas cosas (antes pensaba que eran tonterías, pero últimamente, no sé no sé...), lo cierto es que es totalmente irrelevante en este caso.

Además, también coincido contigo en que la BSO de "Gladiator" es impresionante. Ay, si Ridley hiciese más películas como esta... ;P

Juan Rodríguez Millán dijo...

Bebita, si es que todo gira en torno a Javier, je, je... De todos modos, es verdad que muchas veces a las películas les podemos coger manía por los motivos más insospechados, ¿eh...?

C.C.Buxter, alguna que otra ha hecho, no creas, je, je... También patina, como todo el mundo, pero tiene mucho interesante en su filmografía. Ya sabes que le tengo un gran aprecio al buen de Ridley...