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viernes, agosto 21, 2015

'Cut Bank', lo predecible no quita lo valiente

Buceando entre la filmografía televisiva de Matt Shakman, que debuta en el mundo del largometraje con Cut Bank, no sorprende en absoluto que haya dos episodios de la versión de Fargo para la pequeña pantalla. Aunque sea desde un estilo diferente, la película de los hermanos Coen viene a ser un referente para Shakman a la hora de construir el universo de este su primer filme, un thriller que tiene su mayor defecto en que es bastante predecible, en que se puede anticipar buena parte de su desarrollo después de que se hayan puesto sobre la mesa todos los elementos y personajes, y en que estos son algo tópicos. Pero el caso es que la película se salva y consigue interesar porque el final es una vuelta de tuerca acertada y compensa lo previsible de la hora anterior, pero sobre todo porque el reparto está espléndido, sobre todo por sus nombres más veteranos, los de John Malkovich y Bruce Dern.

En realidad, no hay nada nuevo bajo el sol de Cut Bank. Su historia, que gira en torno a un asesinato (¿por qué añadir nada más si la propia película va desvelando información a partir del misterio?), involucra a una joven pareja (Liam Hemsworth y Teresa Palmer), al padre de ella (Billy Bob Thornton), al sheriff del pueblo (Malkovich), a su cartero (Bruce Dern) y a un extraño vecino que no se relaciona con nadie (Michael Stuhlbarg). Una vez planteado el misterio, no hay que ser demasiado avispado para saber cómo va a terminar. Falta por aclaraer un pequeño detalle, un mcguffin sugerente que Shakman emplea con bastante habilidad, y un epílogo igualmente atractivo, pero el resto se ve venir a la legua. Dado el gran número de elementos tópicos que introduce la película, es difícil que su recorrido no vaya exactamente por donde lo hace. Ese es, con diferencia, el mayor lastre del filme.

Pero se puede olvidar porque los actores van consiguiendo que cada escena funcione por separado, dando una a ratos brillante cohesión a la historia, haciendo que se pase por alto que, en realidad, esto nos lo han contado una y mil veces. No importa que Malkovich sea el arquetípico sheriff de pueblo americano que en su vida ha visto un asesinato, que Stuhlbarg busque los caminos más habituales para generar inquietud con su presencia o que Hemsworth y Palmer cumplan con el arquetipo de pareja joven y guapa, en el fondo se siente que los actores están disfrutando con los personajes y eso eleva el nivel del resultado global. De esta forma, y aún con pleno conocimiento de que no hay nada verdaderamente original, la película se ve con bastante agrado, e incluso se admiten sus puntos más débiles y sus escenas más inverosímiles como algo razonable. Dern, Malkovic y Oliver Platt, en un pequeño papel, hacen además que los diálogos destaquen.

Quizá el problema es que, pensando en esa referencia de Fargo, Shakman no ha terminado de encontrar su propio camino. A veces da la impresión de que quiere buscar un reverso más explícitamente violento pero al momento siguiente soluciona una escena de ese tipo con una elipsis. A veces parece que quiere explorar la faceta más absurda y casi onírica, pero de repente cae en lo más costumbrista y predecible. Cut Bank es una película que no termina de romper pero que tampoco aburre. No le da tiempo a caer en la monotonía en sus 93 minutos, una duración correcta para un filme que al menos sabe contar una historia de una forma adecuada, manejando bien a sus personajes y prestando atención al detalle. Y sí, es bastante previsible, pero sin tomar el pelo a nadie. Malkovich, Dern y Platt son la mejor muestra de que la película es honesta y de que tiene puntos de interés.

lunes, agosto 12, 2013

'RED 2', un más de lo mismo mejor que el original

RED fue más de lo mismo, la clásica comedia de acción que parece más una reunión de viejos amigos que una película aceptable. RED 2 viene a ser lo mismo que aquella, pero resulta que acaba siendo mejor. Y es difícil decir por qué, porque esta parece la clásica secuela que muchos ventilarían con un "si te ha gustado la primera ésta también te va a gustar, y si no te gustó ésta tampoco". No es que la mejora sea descomunal, pero quizá las piezas encajen mejor en la secuela. Quizá haya chistes más divertidos que en la primera entrega, aunque siga sin verle la gracia al personaje de Helen Mirren (parece menos presente en esta entrega) o al de John Malkovich (por repetitivo, quizá el actor menos en forma de todos los que aparecen en la franquicia). Pero Bruce Willis entiende este tipo de películas desde los años 90, Mary-Louise Parker está divertidísima y las inclusiones de Anthony Hopkins, David Thewlis, Catherine Zeta-Jones y, en menor medida, Lee Byung-hun son acertadas. Sí, persisten los inexplicables agujeros en la trama, pero RED 2, en conjunto, entretiene más que RED.

Básicamente hablamos de lo mismo que ya ofrecía aquella película, una serie de actores veteranos que se meten en una historia de acción sin límites. Si RED 2 es más entretenida se debe a que sus puntos fuertes son más sólidos que en la primera entrega. Y el principal es la relación entre los personajes de Bruce Willis y Mary-Louise Parker, que es divertida y funciona de principio a fin. Él, a pesar de la edad, sigue siendo un gran héroe de acción (su primera secuencia en solitario así lo atestigua), y muchas de las secuencias de la película evidencian que sigue teniendo un apreciable sentido del humor. Ella, por su parte, complementa a la perfección a Willis, y juntos protagonizan los mejores gags de la película, a pesar de algún exceso como la persecución por las calles de París, que, eso sí, tiene un final brillante. Para hacer crecer esta parte de la película, la interacción con Catherine Zeta-Jones es muy agradable, aunque su personaje sepa al final a muy poco.

¿Los puntos flacos? En realidad, los mismos que en la primera entrega aunque aquí se notan algo menos. No termino de encontrarle la gracia a los personajes de John Malkovich o Helen Mirren por mucho que lo intente, les veo demasiado caricaturizados y exagerados, no son partícipes de los momentos más divertidos (aunque en esta segunda entrega Malkovich sí se acerca a alguno), y en el caso de Mirren (su alusión a que es la reina de Inglaterra es lo más divertido de su presencia en la película) arrastra a Brian Cox a repetir prácticamente su participación en la primera película. Hay dos momentos delirantes con coches de por medio, el primero lo protagonizan Willis y Zeta-Jones, el segundo Mirren y Byung Hun. El primero es divertido, el segundo suena a hueco, exagerado y digital. No parece casualidad. Y eso que las escenas de acción en general están muy bien resueltas, no desentonan en la película y tampoco da la sensación de que haya dobles, aunque sin duda los hay.

RED 2 ofrece casi dos horas de la conocida mezcla de acción y comedia que estaba en las previsiones. Pero sí la película crece es probablemente porque Bruce Willis está algo más cómodo y a que Parker se lleva de calle muchas de las escenas de comedia. Hay que dar por descontado que este es un cine que no se toma en serio a sí mismo, y basa en esa percepción el olvido de casi todos sus errores. Y al final, en realidad, lo acaba consiguiendo. Con sus altibajos, con sus defectos, y con el recuerdo algo escaso que dejó la primera entrega, lo cierto es que este singular universo de veteranos crece con respecto a la primera gracias a la solvente locura de Anthony Hopkins, sin que se note demasiado el cambio de director (Robert Schwentke deja su silla a Dean Parisot, realizados hace 14 años de Héroes fuera de órbita) y con una historia simpática.

viernes, abril 19, 2013

'Memorias de un zombie adolescente', sorprendentemente simpática

Que una película se titule Memorias de un zombie adolescente casi parece una razón de peso para no verla. El título es, efectivamente, horrible. No es una traducción del original (Warm Bodies), no responde a lo que cuenta la película, es facilón y parece abocar a una película de saldo que quiera aprovechar el tirón de los monstruos de terror rebajados a lo Crepúsculo. Y resulta que no así. Para nada, de hecho. Memorias de un zombie adolescente es una película simpática, que encuentra el tono perfecto para no caer en el ridículo, para que sus protagonistas sean atractivos y para que la comedia funcione a todos los niveles, desde su romanticismo hasta su parodia del cine de terror, pasando por la música, a veces excepcionalmente escogida. Hay claros errores en las normas que plantea y un desarrollo algo precipitado que restan credibilidad al conjunto final, en el que también chirrían los efectos visuales, pero las risas hacen que esto quede en un segundo plano. Sorprendentemente, pero así es.

El arranque de la película, su primera secuencia, ya consigue esa sensación de estar viendo una película consciente de lo que es. El zombie protagonista, con el muy maquillado rostro de Nicholas Hoult (Jack el caza gigantes o X-Men. Primera generación) y una actuación convincente, cuenta exactamente eso, que está muerto y vagando sin rumbo como tantos otros. ¿Que cómo lo cuenta si es un zombie? Primer hallazgo simpático de la película que funciona, lo cuenta él mismo mediante una muy bien insertada voz en off, que ni se hace pesada ni se cuela en momentos en que no sea necesaria, además de lograr algunos de los puntos más divertidos de la película. Una vez presentado el mundo de los zombies (memorable esa primera conversación entre el protagonista y su mejor amigo), le toca el turno al de los supervivientes. Nada demasiado original por ese lado, pero necesario para entender la historia romántica que presenta a continuación.

Ni la película ni sus carteles esconden que lo que vamos a ver es un relato de amor entre un zombie de aspecto adolescente y una joven humana. ¿Original? Tampoco demasiado, la verdad, pero no importa, porque Jonathan Levine, director y guionista del filme basándose en la novela de Isaac Marion, encuentra el punto exacto para casi todo. Acierta con el gag, convierte la música en un elemento más de la diversión y esconde con cierta habilidad las flaquezas de la película. Pero existen y hay que decirlas. La esencial, un desarrollo demasiado precipitado, que rebaja considerablemente lo especial que tiene la relación entre el zombie de peculiar nombre y Julie (Teresa Palmer; guapa pero demasiado sosa y previsible, hasta el punto de desperdiciar alguna buena escena y a ratos incluso la química necesaria). Pero la combinación entre lo fantástico y lo romántico está conseguida, y sólo queda levemente afeada por los efectos digitales de las criaturas más fantásticas, unos zombies mucho más demacrados y violentos, que casi parecen animaciones para un videojuego de hace algunos años.

Quizá se puede achacar a Memorias de un zombie adolescente una falta de valentía para explorar en profundidad aspectos transgresores (como quién es la última víctima humana del protagonista y los efectos que eso tiene en su vida) o aspectos visuales como que la Julie tenga siempre unos dientes tan blancos y un pelo tan aseado en un mundo tan apocalíptico. Pero es que el filme es condenadamente simpático, y eso basta hasta para olvidar que John Malkovich esté en esa fase en la que aceptará cualquier papel por poco exigente que parezca. Superando los prejuicios que puede provocar la película, la experiencia es francamente divertida. Es delirante, sin duda, y todo un reto para todos aquellos espectadores, aficionados o no al cine de terror, que detesten el trajo vejatorio hacia las criaturas más clásicas del celuloide. No son estos, obviamente, zombies aterradores aunque tengan sus momentos de salvaje desenfreno, pero ofreciendo tanta diversión es difícil resistirse a este simpático entretenimiento. Pero lo del título habría que mirarlo. Engañará a algún adolescente, pero da una imagen que no se corresponde con la película.

miércoles, enero 26, 2011

'RED', otra reunión de viejos amigos

Cada vez son más frecuentes, por un lado, las películas que reúnen a un número importante de actores conocidos y, por otro, las adaptaciones de cómics y novelas gráficas que nada tienen que ver con los clásicos superhéroes de las viñetas. La verdad es que suele haber poco que rascar en unas y otras, más allá de un breve y pasajero rato de entretenimiento. RED, una fusión de las características de ambos grupos de películas, cumple con todas las expectativas previas. Quien espere grandes interpretaciones de los grandes nombres que pueblan el reparto, que se olvide, porque sólo se lo están pasando bien. Quien espere una historia reflexiva más allá de los denostados superhéroes, que se olvide porque sólo hay divertimento. RED es lo que es. Lo que tantas otras películas han sido antes que ésta: un entretenimiento pasajero. Se ve y se olvida con la misma facilidad. Síntoma inequívoco de que se podría haber hecho mejor, claro. Pero como ese momento pasajero que se acerca a las dos horas no ha dejado pesadumbre por haberlo vivido, tan mala no será. Simplemente es otra más.

Y eso que la cosa sobre el papel podía prometer algo más. Bruce Willis lleva algunos años perdido, y sólo se ha encontrado volviendo a los orígenes, recuperando a John McLane en La jungla 4.o. Darle un papel protagonista en una especie de comedia de acción, basada en la novela gráfica del aclamado autor inglés Warren Ellis, pintaba bien. Willis encaja en la socarronería necesaria para el papel y para la película. Si encima se le rodea de Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren, Richard Dreyfuss, Karl Urban, Ernst Borgnine (¡qué gozada verle de nuevo en la pantalla!), Mary-Louise Parker, Brian Cox y Julian MacMahon, las expectativas crecen. Si además dirige un director tan variado como Robert Schwentke (autor de las muy dispares Plan de vuelo: desaparecida y Más allá del tiempo), el cóctel puede ser como poco original. Y al final no lo es tanto. Es sólo una reunión de viejos amigos, un género que recuperó y perpetuó la (para mí algo aburrida) saga de Ocean's Eleven, que no aporta más que el enorme placer de ver a un grupo notable de actores pasándoselo bien (supongo que esa era la intención inicial de Stallone y Los mercenarios, por citar otro ejemplo) y un director correcto trasladando viñetas a la gran pantalla.

RED (que significa Retired Extremely Dangerous, Retirado Extremadamente Peligroso) tiene como protagonista a Frank Moses, un antiguo agente de la CIA que vive una vida bastante aburrida en la que sólo se relaciona, y por teléfono, con Sarah Ross, una mujer que le gestiona el dinero de su pensión. Todo cambia cuando Frank tiene que repeler a un grupo armado que llega a su casa para asesinarle. El siguiente paso, y como había decidido conocer en persona a Sarah, será ir a buscarla, porque si han querido matarle a él lo normal es que traten de encontrarle a través de ella. Comenzará así una pequeña gran montaña rusa en la que Frank, Sarah y otros viejos amigos que irán apareciendo por el camino tendrán que averiguar quién quiere acabar con sus vidas y por qué, lo que acabará modificando por completo el objetivo de su huida. Todo muy propio de Warren Ellis, todo muy cínico, todo muy cómicamente violento y supuestamente transgresor. Quizá en las viñetas funcione todo con más facilidad de lo que lo hace en la pantalla, donde se juntan algún que otro giro inverosímil y previsible que no procede comentar para no chafar a quien simplemente se deje llevar sin pensar dónde le están llevando.

Esta película ni destaca ni se hunde por nada en especial. Simplemente es un título claro y honesto que, de ser entendido, permitirá un mayor disfrute al espectador. Si no lo es, tenemos un problema, porque entonces recorre con demasiado riesgo la frontera del absurdo hasta el punto de que ni actores como Freeman, Malkovich y Mirren pueden rescatar. El éxito de RED en el espectador dependerá de esa capacidad de abstracción que demuestre cada uno de ellos, porque en realidad no ofrece mucho más. ¿Suficiente? Cada uno tendrá na valoración. Para mí no, no fue suficiente, porque una vez vista cuesta recordar alguna secuencia de la película, algún diálogo, algún momento, algún personaje. Todo está muy visto en esta amalgama de películas de acción corales con tintes de comedia. Y lo que no está visto (el primer cruce entre los personajes de Willis y Urban, una persecución de coches) es tan artificialmente inverosímil que puede llegar a asustar. Sólo convence esa irrealidad en el epílogo, divertido, desenfadado y exgerado a partes iguales. Pero el caso es que la película parece haber gustado a la crítica y al público, hasta el punto de que ya se ha anunciado una secuela. Será que me estoy volviendo muy exigente.

sábado, noviembre 06, 2010

'Secretariat', Diane Lane y una bonita historia de superación

Es la vez muy fácil y muy complicado acercarse a una historia real de trasfondo deportivo. Es fácil porque tiene una serie de clichés muy aceptados, que funcionan siempre por muy repetitivos que puedan parecer. Es difícil precisamente por lo mismo. ¿Cómo hacer una película que parezca diferente a lo que ya se ha visto hasta entonces? Secretariat se mueve en ese delicado equilibrio, con dos inconvenientes añadidos. El primero, que su temática, las carreras de caballos, no es demasiado popular en demasiados lugares. La segunda, que hace sólo siete años ya hubo una película notable y popular (nominada incluso a los Oscars) sobre este tema, Seabiscuit. A pesar de todo, Secretariat sale triunfante como historia de superación con el deporte como telón de fondo por dos motivos, porque en ocasiones consigue abordar de una manera original un tema manido y por Diane Lane.

Secretariat narra una historia real, con lo que si alguien tiene algún afán por saber cómo termina la epopeya de este caballo (rebautizado así para competir pero de nombre real Big Red) y de su dueña, Penny Chennery, no hay más que navegar un poco por Internet. La película comienza siendo una historia de superación personal y de afirmación de la personalidad de una mujer en los años 60 y 70 (cómo le gusta al cine americano introducir pinceladas que meten de lleno al espectador en esas épocas, en este caso a través del rol de la mujer en el núcleo familiar en aquellos años y, sobre todo, por la ideología hippie de una de sus hijas) y se acaba transformando en una película tan deportiva como humana. La idea es ver cómo la mujer intenta demostrar que es capaz de realizar metas a las que renunció por cuidar de su familia y, al mismo tiempo, que el caballo luche por ganar la triple corona, algo que ningún otro animal ha hecho en los últimos 25 años.

Esa es justo la primera pretensión arriesgada de Secretariat, convertir al caballo en un personaje, y en uno importante, y no dejarlo como una simple parte del escenario. Durante las carreras vemos en ocasiones el punto de vista del animal y no del jinete. Hay incluso un sorprendente juego de miradas antes de comenzar una carrera entre los dos caballos que compiten por la victoria, como si fueran los dos pistoleros de un western, y más de un primerísimo plano al ojo del caballo protagonista. Se busca, y se consigue, dar una personalidad al caballo. La segunda pretensión arriesgada es la de cambiar la óptica tradicional para una película de este estulo. No es frecuente una mirada original a un evento deportivo, y dos de las tres grandes carreras que tiene la película ofrecen ese punto de vista distinto y ese enfoque atrevido.

La segunda de ellas, por realzarse a través del otro gran pilar de la carrera, el personal y familiar de la protagonista femenina. La tercera y última, por una resolución atípica (tanto en su narración como en su música, eso sí bastante convenional a lo largo de todo el filme). Cierto es que se trata de una historia real y que no daba mucho margen al dramatismo y a la emoción habituales del cine deportivo, pero la originalidad le corresponde también como mérito a la película dirigida por Randal Wallace, responsable de sólo dos películas más en doce años de carrera, El hombre de la máscara de hierro y Cuando éramos soldados. Wallace no logra la conexión emocional que exigen las carreras con su público y a veces parecen cortes de películas diferentes, pero sí consigue el climax que busca en la primera carrera, momento álgido de Secretariat sin ninguna duda.

Diane Lane, decía, es otra de las grandes bazas de esta película. Tiene 45 años y es un ejemplo espléndido de que todavía hay papeles en Hollywood para actrices de esa edad. Se mueve como pez en el agua en el personaje que le pongan por delante y hace suyas las películas que interpreta sin necesidad de forjar su fama en un desnudo, un posado o un romance con cualquier actor o director que se le presente en su camino. Su presencia y su elegancia en pantalla son maravillosas y ejemplares. Sabe llorar y sabe reír. Sabe conmover con sus lágrimas en los momentos más duros para su personaje y, al mismo tiempo, sabe emocionar con su sonrisa, sus miradas, sus gestos y sus palabras. Es una actriz maravillosa que no cuenta con todo el reconocimiento que merece. Y es un pilar esencial de Secretariat.

Lane encabeza un buen reparto con un puñado de nombres conocidos. Si bien la presencia de Scott Glenn sabe a muy poco, en un papel que él parece limitar más todavía que el guión, siempre es estimulante ver en la gran pantalla a actores como John Malkovich (aunque su personaje es un cliché en sí mismo y él tampoco parece tomárselo demasiado en serio, salvo en dos o tres escenas en las que sí demuestra que es un gran actor; ojo al momento en el que quema los recortes de periódico sobre sus derrotas) o James Cromwell, junto a un más que eficaz grupo de secundarios que da empaque al producto final. Casi tanto como la preciosista factura del filme, y es que Hollywood domina a la perfección el viaje en el tiempo que supone ubicar una de sus películas en décadas pasadas del siglo XX.

Es Secretariat una película notable que cumple con su objetivo, emocionar y entretener, aunque no siempre por los caminos que uno pudiera esperar. Quizá la mejora hubiera podido venir de un uso más claro de las elipsis temporales o del montaje en algunas partes de la película, pero es un producto típicamente bonito (típicamente Disney, si se quiere, que para eso es la productora del filme), muy convincente y muy agradable. Merece la pena.

domingo, octubre 24, 2010

Cómics de saldo: 'Jonah Hex' y 'Los perdedores'

No es un ningún secreto que las adaptaciones de cómics están de moda en el cine, y no sólo en los títulos procedentes de Hollywood. Tampoco es secreto alguno que el género ha alcanzado una madurez notable de la que es en gran medida responsable la visión de Batman que Christopher Nolan ha plasmado ya en dos películas (y ya está trabajando en la tercera). Pero igualmente pocos se podrán sorprender si digo que este boom del subgénero deriva al mismo tiempo en la producción de películas que en el mejor de los casos se pueden considerar olvidables. Jonah Hex y Los perdedores son, con sus diferencias, dos de esos cómics de saldo que ofrece el cine de vez en cuando.


No es del todo justo que ambas películas caigan en el mismo saco, a pesar de su prodecencia en forma de viñetas y de no haber cumplido las expectativas. Y es que Jonah Hex es, directamente, una película infame, un filme anunciado a bombo y platillo durante su producción como uno de los títulos del verano y que, al final, llegará a España directamente en DVD tras su fracaso comercial en Estados Unidos. A pesar de que hay nombres a destacar detrás del título, ese fracaso es merecido. Es una mala película, es una mala adaptación de un cómic, es un mal western sobrenatural. Es mala. Punto. Se puede ver con más o menos cariño, tratando de pasar el mejor rato posible en los (afortunadamente) 81 minutos que dura, pero es un título insalvable desde todos los puntos de vista. Caerá en el olvido y muchos de los que participaron en ella la considerarán en un futuro no muy lejano como uno de esos errores que hay que cometer para hacer una carrera en Hollywood.

Dirige Jimmy Hayward, semidebutante en estas lides después de años de trabajo como animador en Pixar y de dirigir la cinta animada Horton. Viendo el resultado de Jonah Hex, se puede decir que poco se le ha pegado del trabajo cinematográfico de la casa animada, pues su primera película de acción real es un ejercicio torpe en todos los terrenos, un caro juguete de 47 millones de dólares que en Estados Unidos sólo recaudó diez en taquilla. El guión es torpe y malinterpreta los puntos fuertes del antihéroe creado por DC Comics, desperdiciando además los escasos buenos momentos que apunta y ofreciendo un climax final soso y sin garra. Ni siquiera técnicamente se puede destacar mucho, con unos efectos visuales ordinarios y un maquillaje rígido y poco realista para el rostro de Jonah Hex, una de sus características más visibles. La película encaja a la perfección en el prototipo de fracaso anunciado, con sus problemas durante el rodaje y sus retrasos en el estreno. Pero lo malo es que arrastra nombres decentes, empezando por el de su protagonista.

Josh Brolin es un buen actor, que ha dado la medidas de sus posibilidades, por ejemplo, trabajando para Oliver Stone en la segunda entrega de Wall Street o en W., pero aquí está perdido, trata de cumplir la papeleta con la mayor dignidad posible. Fracaso. Como John Malkovich, quien seguro que cobró un cheque con muchos ceros por su desquiciado villano. De Megan Fox casi es mejor no hablar. Dicen que es una de las mujeres más deseadas del mundo, pero su colección de malas películas es aún más impresionante que cualquier portada de revista que pueda protagonizar. Si algún día hace una buena (una película, se entiende), seguro que no será por su aportación. La nula química entre la pareja protagonista es la mejor explicación de por qué no funciona este filme. Y es que aquí la única química que hay es la que produce explosiones.

Decía que no es justo meter a Los perdedores en el mismo saco que Jonah Hex, porque no es tan mala película ni mucho menos. Pero sí es fallida. Está basada en una serie de 32 números publicada entre 2003 y 2006 también por DC Comics, a través de su sello para adultos Vertigo. La serie recibió atención de la crítica del medio al ser nominada a los prestigiosos Premios Eisner como mejor nueva serie de 2004. La película, sin embargo, con retrasos similares a los que vivió Jonah Hex, se pierde en un maremagnum de títulos idénticos. Y es que sobran ahora mismo las películas sobre un grupo de antihéroes, veteranos de guerra, tipos duros donde los haya que, con la inevitable presencia de una misteriosa mujer que dé un toque sensual a la historia, cumplen una misión suicida enfrentándose a un malo malísimo y haciendo explotar por el camino todo lo que pillen a su paso. El género es viejo y las novedades que aporta cada título son escasísimas. Los perdedores no es una excepción, a pesar de que, en el fondo, cumple con lo que promete. Es eso y nada más. Y, con todo, no es de los peores títulos que se han estrenado.
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La clave para asumir lo que cuenta Los perdedores es estar dispuesto a perdonar cientos de clichés y excesos, de vueltas de tuerca y de mucho ruido y movimientos de cámara. Si es así, Los perdedores entretiene. Es una diversión tonta y simple, sí, pero entretiene. Lo malo es que no es capaz de distanciarse de otros títulos similares y, por cercanías en su estreno, sale perdiendo en la comparativa con el título más similar que pudiera imaginarse: El equipo A. A los personajes de Los perdedores les falta el carisma que sí tenían los herederos de la serie de televisión de los años 80. Quizá con otros actores, quizá con otro tono, se podría haber ofrecido un producto más llamativo. ¿No es exactamente lo mismo que ofreció Stallone en ese llamativo revival de los 80 que era Los mercenarios? Lo dicho, demasiados títulos con la misma idea en la cabeza, los mismos arquetipos como protagonistas y la misma vía para resolver los conflictos del mundo a tiros.
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El reparto no ayuda demasiado tampoco. Hay nombres conocidos, pero de segunda fila. Jeffrey Dean Morgan (el Comeidante de Watchmen), Zoe Saldaña (Uhura en el nuevo y entretenidísimo Star Trek de J. J. Abrams), el español Oscar Jaenada (Camarón; aquí, por cierto, apenas tienes líneas de guión a pesar de que sí aparece mucho en pantalla), Chris Evans (la Antorcha Humana en Los 4 Fantásticos y el próximo Capitán América) o el histriónico (he aquí un eufemismo) villano que conforma Jason Patric (Speed 2, En el valle de Elah) son rostros conocidos, pero, como apuntaba más arriba, ninguno tiene el suficiente carisma como para elevar el nivel de una película correcta pero que se queda en el camino. Aunque raspa el aprobado (no lo hará para todos los espectadores), es quizá un modelo de cómo adaptar un cómic sin la pasión necesaria como para que funcione.