
21 gramos, la anterior película de González Iñárritu, me encantó. Me pareció una gran historia, con personajes bien definidos, con un trío de actores protagonistas descomunales y con una más que interesante ruptura de la cronología temporal. No he visto Amores perros, la cinta que rodó antes el realizador mexicano, pero me han dicho que tiene demasiados elementos en común con 21 gramos, narrativa y estéticamente. Con Babel se marca una aparente distancia en cuanto a la temática (aunque no tanta en realidad; mismas cuestiones, mismos enfoques, diferentes escenarios) pero ninguna en cuanto a la estética. Y eso cansa. La misma estructura (saltos en el tiempo y en el espacio, absolutamente todos los planos cámara en mano) denota que el director no ha evolucionado desde su anterior película, y me temo que tampoco lo hará en el futuro. Quizá ha pensado en explotar la misma fórmula a sabiendas de que en 21 gramos gustó, pero a mí me deja una sensación de decepción. La película me pareció montada un poco al azar. Daría exactamente igual que una historia durase cinco minutos más o menos, daría igual que la película comenzara con la historia de Japón en lugar de con la de Marruecos.
En cuanto a la temática, el director escoge grandes temas universales: la incomunicación, la soledad, la inmigración... Temas que lleguen fácil al espectador sin necesidad de profundizar mucho en ellos. Y para plasmarlos hila tres historias (que acaban convirtiéndose en cinco) que dejan la sensación de que no habrían podido soportar por sí solas el peso de una película. A mí no consiguió ninguna de ellas dejarme una sensación de empatía con los personajes. Emocionarme, lo que se dice emocionarme, sólo lo consiguió con la segunda parte de la historia de la niñera mexicana, en parte a que esa actriz, Adriana Barraza, es lo mejor de la película. Porque lo de Brad Pitt me sigue asombrando... Me parece un actor limitadísimo (aunque se deje ojeras y aparezca con canas, recurso que parece que está de moda en Hollywood cuando una estrella todavía joven quiere aparecer como un actor serio) que, por algún extraño motivo, triunfa.
Aunque sé que sorprenderá a muchos lo que voy a escribir, creo que Babel es una película fácil de hacer. Un par de grandes temas, un par de situaciones dramáticas, un nexo de unión (me pareció ridículo el que utiliza para hilar la historia de Japón)... y final feliz sólo para los norteamericanos de la película. Qué llamativo me pareció ésto, más teniendo en cuenta que es la película de un mexicano, pero en fin... Y así muchos detalles que no me gustaron, como dejar inconclusa la mitad de la historia de México (¿dónde queda el personaje de Gael García Bernal? No se explica en ningún momento qué sucede con él...).
Babel forma parte, desde mi punto de vista, de un cine moderno que reúne unas características muy definidas: cine pretendidamente social, de personajes conflictivos y al borde de una crisis, con varias historias mezcladas, con un reparto coral... y que me suele dejar indiferente. Me pasó lo mismo con Crash, que curiosamente fue la vencedora del pasado año en los Oscar como Babel lo puede ser en la próxima (espero que Scorsese me haga feliz a eso de las cinco de la mañana de la noche en que se entregan los premios...). Qué lejos quedan películas de temática similar como Grand Canyon, que sí me emocionaban, que sí me llegaban al corazón, que sí me parecían complejas e interesantes...
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