viernes, abril 24, 2015

'La pirámide', el horror... pero cinematográfico

Cuando uno ve La pirámide, la pregunta que surge de inmediato es cómo es posible que una película así pueda, no ya llegar a estrenarse, sino simplemente hacerse de esa forma tan lamentable. Si hay un género que es fácilmente maltratable, ese es el terror, pero hay filmes como este que se salen de las escalas. Está realizada, interpretada y escrita con tal torpeza que parece mentira que sea una obra profesional, con un gran estudio detrás de ella y que incluso llegue a los cines, cuando siendo más que benévolo es carne de videoclub. Siendo, en realidad, muy benévolo. No siendo demasiado quisquilloso, la verdad es que la película podría haber sacado partido de una ambientación correcta, pero la dirección del debutante Grégory Levasseur, una cierta sensación amateur de la que es imposible sustraerse y unos diálogos terriblemente torpes, tópicos y absurdos, ejecutados por unos actores que no se creen absolutamente nada de lo que están diciendo terminan de rematar a un filme de horror... pero cinematográfico, sí.

La pirámide sigue los pasos de dos arqueólogos, un técnico, una periodista y un cámara que acaban en el interior de una construcción egipcia recién descubierta e inexplorada. El toque exótico del escenario pierde encanto bastante pronto. La mejor manera de entender que es un filme bastante malo es que no provoca ninguna sensación de terror. Al contrario, bordea las involuntarias arenas de la comedia con situaciones y frases lapidarias completamente inverosímiles. En realidad, la advertencia es clara desde el principio, cuando parece que va a ser uno de esos ya incontables filmes de género que se narran mediante cámara en mano, ese subgénero tan poco exitoso del found footage, y muy pronto comienza a hacerse trampas hasta en eso, pasando a una narración tradicional complementada con esos planos grabados por los propios personajes y aderezados con la terriblemente tópica frase de uno de los personajes instando a otro a dejar de grabar. Si ese fuera el único problema del filme, no irían mal las cosas, pero no.

La torpeza con la que está escrita el guión es tan grande que presenta a una periodista que se va a Egipto a cubrir una excavación como esta y le sorprende el nombre de Osiris. O incluye una escena en la que hace falta un arqueólogo supuestamente extraordinario para interpretar como una amenaza un jeroglífico en el que le están reventando la cabeza a un personaje. Por no hablar de la incompetencia con la que expertos al parecer de renombre y experiencia se adentran alegremente en una pirámide sin equipo y sin precauciones serias, o de ese extraordinario momento en el que intentan rescatar a una víctima de una de las por supuesto previsibles trampas con las que se topan en el interior de los túneles de una forma asombrosamente ignorante. La única forma de pasar los afortunadamente breves 89 minutos de la película es tomársela a broma, como por desgracia suele suceder demasiadas veces en el género de terror. Si eso lo hubiera hecho Levasseur, igual se podría haber rescatado algo, pero por razones difíciles de comprender da toda la impresión de haber querido hacer una genuina película de terror.

Siendo tan previsible, es evidente que la película cae en todos los tópicos habidos y por haber. De hacer una quiniela, es casi imposible fallar en el orden en el que los personajes van cayendo en las amenazas de la pirámide (porque, obviamente, esta es una de esas películas en las que un grupo se va viendo diezmado por fuerzas misteriosas), por supuesto la joven, rubia y atractiva protagonista tiene que aparecer semidesnuda (lo cual ya tiene mérito en una película que se desarrolla casi de forma íntegra en el interior de una pirámide), y el final se prolonga hasta la extenuación, cuando podría haberse quedado unos diez minutos antes, simplemente por incluir una escena de efectos especiales que es bastante risible, no sólo por la baja calidad de las figuras realizadas por ordenador sino incluso por su misma ejecución en el set. Si por lo menos hubiera algún momento de genuino terror... Pero ni eso. Por mucha estridencia que se ponga en los efectos de sonido, La pirámide no provoca ni el más mínimo sobresalto. Es triste tener que emitir juicios tan duros sobre una película, pero es que no hay por dónde cogerla.

1 comentario:

El Mirador dijo...

No podría estar más de acuerdo. A mi me encanta el antiguo Egipto y el cine de terror, e ingenuamente pensé que iba a disfrutar al ver esta película, pero madre mía que decepción. Es que de principio a fin la cinta es un contínuo absurdo de todo. De reacciones, de actuaciones, de guión, de historia... En fin, que yo no se la recomiendo a nadie, ni siquiera por pasar el rato.