viernes, septiembre 13, 2013

'Asalto al poder', la Casa Blanca de cristal pasada por el rodillo de Roland Emmerich

Asalto al poder es la segunda entrega hollywoodiense de los destrozos cinematográficos veraniegos de la Casa Blanca, tras Objetivo: la Casa Blanca. Y si aquella ya parecía un remedo de Jungla de cristal, la visión de Roland Emmerich es todavía más deudora del mítico filme de John McTiernan protagonizado por Bruce Willis. Pero, claro, que Emmerich sea el director, y a pesar del paréntesis que supuso Anonymous en su filmografía, obliga a que esta versión de la captura de la residencia del presidente de los Estados Unidos esté tapizada de explosiones, disparos y peleas sin fin, y salpicada con un patriotismo exacerbado. Nada nuevo. Quizá en otra época hubiera tenido más gracia, pero hoy en día ya no convence el tono cómico, no hay especial química entre los actores y salvo algún que otro momento rescatable la película se convierte en un difícilmente aprobable batiburrillo de acción en el que los planos más espectaculares parecen sacados de un videojuego y el desarrollo del filme directamente del manual que imponen los expertos de márketing.

No hay en el guión de James Vanderbilt o en la dirección de Roland Emmerich ningún intento de esconder que esto es lo que podría haber sido una secuela de La Jungla en la Casa Blanca. Hasta Channing Tatum, un buen héroe de acción con experiencia en esos zapatos, acaba con la camiseta de tirantes blanca tan característica de John McClane. Pero a la película le falta todo el encanto de aquella. La ecuación es sencilla: Asalto al poder no ofrece nada nuevo, ni dentro del cine de acción ni tampoco dentro de la vertiente que toca. Objetivo: la Casa Blanca no sólo llegó primero sino que saca más partido al planteamiento que propone. Dentro de la más absoluta inverosimilitud por la que apuestan ambas, la idea de aquella es mucho más coherente que la de Vanderbilt y Emmerich, que cae en elementos patrioteros que fuerzan demasiado la credibilidad que el espectador está dispuesto a sacrificar, en manidos tópicos, en diálogos incomprensible aunque esperadamente cómicos y la única sorpresa es un absurdo giro final.

Desde que sorprendió con la notable Stargate, Emmerich cumple en sus espectáculos pirotécnicos con una máxima evidente: sus películas no son buenas, pero tampoco aburridas. Asalto al poder no lo es. Ni buena, ni aburrida. El disfrute lo marcará la altura del listón que ponga cada espectador. El mayor mérito del que puede presumir el filme es su ritmo y es por eso que nunca cae en el aburrimiento. Pero será cada espectador el que decida cuán molesto le resulta que los efectos especiales supuestamente más espectaculares parezcan impropios de una película de gran presupuesto. O las bromas en medio de la acción, como que el presidente de los Estados Unidos (un Jamie Foxx que parece fuera de lugar en más de un momento) reproche a un terrorista que le toque sus zapatillas de Jordan. O que tenga que haber una niña a la altura del mayor héroe de acción. O que dentro de un reparto a priori imponente sólo Richard Jenkins ofrezca algún momento de sutileza interpretativa. Puede que James Woods también se merezca algún elogio por su primera media hora, pero el resto, hasta los 130 minutos, acaba contagiando a su valoración.

No es que estos detalles puedan sorprender teniendo en cuenta el nombre del autor de la película. Y es que Roland Emmerich es un director que está más allá de la decepción porque son muchos años ofreciendo exactamente lo mismo en contextos diferentes. Tanto da que sea la Tierra invadida por alienígenas en Independence Day, Nueva York arrasado por Godzilla o el mundo amenazado por las profecías mayas sobre su destrucción en 2012. El cine de Roland Emmerich es evidente y fácilmente anticipable. Así que nadie se puede sorprender, después de haber pagado su entrada (menos aún después de ver el trailer), que Asalto al poder ofrezca algo más de dos horas de explosiones, banderas, héroes rocosos, chistes fáciles y tópicos del cine de acción de acción. Si es que hasta se permite el lujo de autoreferenciarse con su destrucción, entonces sí original, de la Casa Blanca en la mencionada Independence Day. Para bien y para mal, es puro Roland Emmerich. Con Channing Tatum disfrutando metralleta, pistola y cuchillo en mano y con muchas explosiones a su alrededor. ¿O acaso alguien esperaba otra cosa?

3 comentarios:

Éowyn dijo...

Hola

Hace una semana vi, Objetivo: La casa blanca. No me gustó demasiado. y cuando vi el trailers de "Asalto al poder", lo primero que pensé fue: Otra peli casi calcada a la otra? O bien Wollywood se ha quedado sin ideas y les da por hacer pelis parecidas o es que los guionistas están fumaos.

Saludos!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Éowyn, pues a mí me entretuvo más 'Objetivo: la Casa Blanca', así que con eso te lo digo todo... Lo de las pelis parecidas viene de lejos, acuérdate de los dos Robin Hood, los dos Cristóbal Colón o los dos meteoritos que amenazaban la Tierra...

Éowyn dijo...

Juan, a ver, Objetivo: La casa blanca, me hizo pasar un buen rato, no lo voy a negar, pero no me terminó de gustar. Cierto es que viene de lejos, las pelis parecidas. Y las seguirá habiendo.