lunes, mayo 19, 2014

'Por un puñado de besos', ausencia total de realismo

Comedia romántica. Otra más. Eso es Por un puñado de besos, un título que no lleva precisamente a engaño. Y eso implica que están todos los elementos que tienen que estar por leyes no escritas. Una chica guapa, un chico guapo, los dos jóvenes, su enamoramiento a pesar de las circunstancias que complican la relación, un distanciamiento porque uno de los dos (como casi siempre, él) mete la pata, un trasfondo que haga la película diferenciable del resto de comedias románticas (y que, como parte de la publicidad de la película y de casi todas las críticas, ayuda a destrozar el misterio que quiere plantear el director, David Menkes), unas cuantas canciones pegadizas. Lo de siempre. ¿Qué falla? La absoluta ausencia de realismo que reina en toda la película y que encuentran su manifestación más evidente en unos diálogos inverosímiles que en algunas escenas rozan el ridículo. Sol (Ana de Armas) y Dani (Martiño Rivas) se hacen inverosímiles a través de sus palabras, que les alejan por completo de las personas normales que tendrían que haber sido para que la historia funcionara.

Salvando el trasfondo de la película (¿de verdad es tan necesario desvelarlo en una crítica cuando la propio narración de la historia quiere ocultarlo en sus primeras escenas para generar algo que intrigue al espectador y que dé un poso diferente a lo de siempre?), lo cierto que Menkes sigue las líneas más básicas de la comedia romántica casi al pie de la letra. Y eso incluye también algunos de sus repetitivos recursos (el momento videoclipero, la división de la pantalla para ver a ambos protagonistas o la al parecer indispensable secuencia sin razón de ser narrativa en la que la actriz principal aparece en ropa interior), aunque en Por un puñado de besos no funcionan peor que en cualquier otra película de corte similar. Lo que rompe por completo la atmósfera es la irrealidad que domina la película, y que tiene una manifestación evidente en las calles vacías por las que se mueven los protagonistas pero sobre todo en los ya mencionados diálogos, imposibles e inverosímiles en todos los personajes que aparecen en la película.

Son esas frases las que lastran buena parte de la experiencia e impiden centrarse en la bonita historia de superación que hay junto al relato romántico. Sin haber leído el libro en el que se basa la película, Un poco de abril, algo de mayo, todo septiembre, y por tanto desconociendo si los diálogos son idénticos en las páginas de la novela, lo que resulta obvio es que en la pantalla no funcionan. Lo que tendría que ser una historia humana, que apelara a lo más emocional de cada espectador, suena mucho más irreal de lo que debería. Ningún personaje suena como en realidad debería hacerlo. Todos declaman, pero en realidad ninguno habla. No hay diferencias lingüísticas o de discurso entre los personajes, todos hablan igual, e igual de irrealmente además. Y eso, aunque se puede achacar en parte a los actores, es más una cuestión de la dirección o del guión, ambas facetas responsabilidad de Menkes, en este su primer filme en solitario después de tres películas codirigidas con Alfonso Albacete.

No se trata de sentenciar a la comedia romántica como género por lo fallido de cada película, pero es obvio que en los últimos años (¿décadas?) éste no deja de ofrecer las mismas historias, los mismos personajes y las mismas situaciones. Y una rareza argumental o social para marcar diferencias no altera demasiado el resultado. A Por un puñado de besos se le puede admirar la valentía que tiene el trasfondo en el que sitúa su historia, que pone el énfasis en un problema real (que sea o no mayoritario o ahora menos actual que hace años no invalida la propuesta), pero también se puede lamentar que se pierda en los clichés de siempre y no saque todo el partido que permitían el tema y los personajes. Pero sobre todo, y hay que insistir en ello, lo que falla es la ausencia total de realismo de los diálogos, que no se queda sólo en el romanticismo de la película (y que, por tanto, no es un problema del género), sino que afecta a todas las situaciones, a muchas escenas y a personajes de todo tipo. Y sin creerse lo que dicen, es muy difícil entrar en lo que se muestra.

3 comentarios:

Saramaga dijo...

A estos dos no los aguanto.. lo siento. Incluso prefiero a Mario Casas.. jajaja

Bea Mendes dijo...

No la he visto y ya en el trailer se nota la mala actuaciones de los protagonistas. Como has dicho, totalmente irreales.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Saramaga, je, je, je, contra eso no puedo discutir nada...

Bea, más que los protagonistas, que hacen lo que pueden, creo que el problema viene de antes, del guión...