sábado, octubre 27, 2007

'Stardust', una fantasía como las de antes

Hacía mucho, mucho, mucho tiempo que el cine fantástico no dejaba en las pantallas una joya como Stardust. Si este filme se hubiera hecho en los años 80 (con los medios de aquella época, claro) hubiera sido uno más dentro de una colección de películas inolvidables como La princesa prometida, Willow, La historia interminable, Dentro del laberinto, Cristal oscuro y tantas otras. Unas fueron mejores, otras peores, pero todas ellas dejaron un recuerdo imborrable entre quienes las vimos en aquellos años. Ya sabéis que soy un nostálgico de la fantasía de aquella década. Y Stardust me lleva precisamente a esa época, a esas sensaciones. Al estar rodada en una época en la que la fantasía ya no es como antes, ésta se convierte en una película realmente especial.
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Stardust es una aventura tremendamente entretenida, que despliega una imaginación tremenda que hay que atribuir, en primer lugar, a Neil Gaiman. Conozco poco, más allá de su magnífica reputación, de este autor inglés de fantasía y ciencia ficción, que ha tocado prácticamente todos los campos, desde la novela al cómic (Sandman, Los libros de la magia) pasando por el cine (coguionista de la inminente Beowulf, que tiene una pinta impresionante) y la televisión. Stardust es, originalmente, un relato de fantasía escrito por Gaiman que fue publicado en una miniserie con bastantes ilustraciones. Todavía no lo he leído, pero lo haré en breve porque la historia es fascinante.
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También tiene mucho mérito la dirección de Matthew Vaughan. Esta es su segunda película, después de Layer Cake, cinta que no he visto, y ya se ha comprometido para adaptar al cine el cómic de Marvel Thor. Stardust es fantasía, a veces realmente tétrica, a veces más infantil, pero lo que está claro es que es una película para toda la familia. Normalmente cuando se pone esa calificativo quiere decir que es una película estúpida. Stardust no lo es. Su humor funciona casi siempre sin caer en el ridículo en que suelen caer este tipo de producciones con demasiada facilidad. Es divertida, pero no cargante. Es entretenida, pero no trivial. Es bonita, pero no empalagosa. Casi todo funciona bien en el guión, aunque tiene algún pequeño agujero, que seguramente cabe achacar a la ingenuidad de antaño que desprende la película, alejada de los discursos trascendentalistas en los que suele caer la fantasía moderna.
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Y la película funciona porque tiene un puñado de actores maravillosos. Lo mejor de la película, sin duda alguna, es Michelle Pfeiffer. ¿Cómo hemos podido sobrevivir cinco años sin ver a esta impresionante actriz en la pantalla? Tiene 49 años y sigue siendo una belleza impresionante. Ya quisieran algunas veinteañeras de las que tanto se habla en los medios de comunicación, esas que confunden juventud con belleza como si fuera lo mismo, tener la elegancia de la Pfeiffer. Salvo con su voz en la película de dibujos animados de Simbad (muy recomendable, por cierto), no recuerdo que Michelle Pfeiffer haya hecho antes de villana. ¡Y qué villana! He disfrutado con ella como hacía tiempo que no disfrutaba con una actriz en el cine.
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Leí hace poco una entrevista en la que Michelle Pfeiffer dijo esto: "No estaba muy segura de si quería volver. Había una parte de mí que habría estado muy feliz si me hubiese retirado definitivamente. Acepte particupar en Stardus para ver si disfrutaba del regreso, pensando que tal vez ésta iba a ser mi última experiencia y que no iba a actuar nunca más. Pero disfruté tanto que ahora me doy cuenta de que es algo que tiene que seguir estando en mi existencia". Y en la nuestra, sin duda. ¡No te retires nunca, Michelle!
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Anda por ahí un divertido, aunque a veces algo pasado de rosca, Robert De Niro (sigo viendo en él tanto talento desaprovechado...), un majestuoso Peter O'Toole (siempre es un placer ver en la pantalla al mismísimo Lawrence de Arabia, aunque sea en un papel tan breve como éste), una pareja protagonista un pelín sosa (Charlie Cox y Claire Danes son lo más tópico de la historia aunque tampoco es que estén mal) y algún que otro secundario memorable como el mercader que interpreta Ricky Gervais (al que no conocía de nada y veo que es sobre todo un actor de televisión). o el guardian del muro. Todo ello con un lenguaje más moderno con el que el director considera que ha hecho "una película fantástica-no fantástica". Extraña definición, la verdad...
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Y tenemos unicornios, brujas malvadas, cazadores de rayos, piratas, estrellas, magia, traiciones y ansias de poder, la gran historia de amor y, sobre todo muchísima imaginación. Para todo, para el desarrollo de este particular universo y para situaciones que, de verdad, no se habían visto antes en el cine de género (y me encantaría hablar de un par de ellas, pero ¿por qué destriparos el final si puedo animaros a que lo veaís en el cine...?). Fantasía pura y un entretenimiento de primera. Hacía mucho que no disfrutaba tanto con una película de género como ésta.

2 comentarios:

Mara dijo...

Me alegro de que Michele haya vuelto... y a ti, Juan, te digo lo de siempre! unas ganas locas que me han entrao de ir al cine después de leer tu texto. Tomo nota y apunto el nombre. Si te digo la verdad, había visto el trailer pero no me había llamado la atención pq este tipo de pelis me suele decepcionar. Pero bueno, ¡te haré caso! Y Willow... me encantó. No sé cuantas veces la pude ver de pequeña. Muchos besos.

Edur dijo...

Hola Juan,
yo si recuerdo a Michelle Pfeiffer haciendo de villana, concretamente de catwoman en "Batman Returns". Lo cierto es que la carga sensual y erótica que imprime al personaje es impresionante, infinitamente superior a la catwoman de Halle Berry.
Saludos,
Edurne