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miércoles, enero 30, 2013

'Coriolanus', (re)descubriendo a Shakespeare

Todavía hoy, incluso habría que decir que sobre todo hoy, hay gente que tiembla al escuchar el nombre de William Shakespeare asociado al cine. No sé si lo consideran demasiado elevado y culto o demasiado aburrido e inaccesible. Pero, a menos que se trate de revisiones de aspecto juvenil como aquella (por cierto bastante más deficiente del recuerdo que parece haber dejado) Romeo y Julieta de Baz Luhrmann, asusta. Y no sé muy bien por qué. Shakespeare trataba temas universales e intemporales de una forma sensacional. Por eso Shakespeare es Shakespeare y su nombre resuena con tanto eco. Se ve en sus obras leídas en papel, pero también en el acercamiento de valientes directores contemporáneos. Ralph Fiennes, también protagonista, debuta en la dirección con este Coriolanus que demuestra que Shakespeare tiene sitio en el arte moderno y en el cine de cualquier época. La película, una notable apuesta cinematográfica, también lo es comercialmente hablando, pues se estrena, aunque tardíamente en España, simultáneamente a las salas, en vídeo y en plataformas online. Una buena oportunidad de descubrir o redescubrir a Shakespeare.

A comienzos del siglo XVII, el autor inglés escribió una tragedia sobre la vida de Cayo Marcio Coriolano, general romano que luchó en las guerras del Imperio contra los volscos. Ralph Fiennes actualiza dicha obra a nuestros tiempos, pero sin abandonar Roma como escenario y como modelo político de la trama. Tiene mérito porque, siguiendo el guión de John Logan (Gladiator), consigue hacer creíble esa traslación. Pero tiene mucho más mérito porque, además de actualizar la trama, la balcaniza, dándole un aspecto novedoso a la tragedia que narra la película. Llegando a los títulos de crédito se ve que la película se ha rodado en Serbia y en Montenegro. Pero es que sus imágenes ya delataban ese dato. Un Imperio romano modernizado con senadores en traje y corbata y cónsules en uniforme militar, balcanizado y violento. Asusta pensar en lo actuales que son muchísimos de los planteamientos e imágenes que incluye Fiennes en este su prometedor debut como director.

Es cierto que la película tiene algunos altibajos de ritmo, provocados también por el momento climático que salta a la pantalla a la media hora. Cierto que tarda en conectar emocionalmente con el espectador al detallar la batalla política, cuando lo que se le ha presentado en esa primera media hora es un duelo bélico en una situación de excepción. Pero aún así hay muchísimos aciertos en las dos horas de Coriolanus. El uso de metraje documental es acertado. La recreación de un lugar con la población en ruina es brillante. Las escenas de guerra son formidables. Y el retrato que Fiennes hace de su personaje con la elección de los planos es contundentes. Planos cortos para el decidido soldado, más abiertos y solemnes para el héroe de guerra recibiendo sus honores, en movimiento cuando la ira ensombrece su juicio. Su segunda película, The Invisible Woman, sobre la amante secreta de Charles Dickens (al que interpreta él mismo), llegará en 2013 y será una gran oportunidad para comprobar si se consolida como un director interesante.

Fiennes se reserva el papel principal de la película. Su presencia es muy poderosa, llena la pantalla y firma diálogos y monólogos sencillamente excepcionales. El último de ellos tendría que ser una clase maestra sobre entonación y vocalización que se mostrara en las academias de interpretación. El personaje es todo un caramelo, pero además de aprovecharlo Fiennes sabe rodearse de actores sobresalientes que hacen crecer el conjunto. Es intenso y notable el duelo personal con Gerard Butler (probablemente su más carismática interpretación desde 300), es magnífico ver a Jessica Chastain ampliando su ya amplísimo abanico de registros, es una delicia ver la profesionalidad de Brian Cox o la personalidad de James Nesbitt, pero es imposible no destacar la grandeza de una Vanessa Redgrave excepcional, dando vida a la madre de Coriolano. El reparto ayuda sin ninguna duda a que el escenario de la película sea creíble, volcando con sinceridad largos diálogos teatrales.

Mirando las fechas de estreno de la película, es inevitable sentir un pequeño resquemor sobre cómo funciona  el cine en España. La cinta se pasó en el Festival de Berlín nada menos que en febrero de 2011. En enero de 2012 se estrenó en el Reino Unido y un mes más tarde en Estados Unidos. Desde mayo está en DVD y Blu-Ray. En España hemos tenido que esperar hasta ahora. Coriolanus merece algo mejor, porque es una apuesta valiente, una película apasionante en muchos momentos y con un reparto sencillamente espectacular que, además, exige escucharles en versión original. Y, sí, con expresiones en inglés antiguo, tal y como las escribió Shakespeare. ¿Tan complicado es? La verdad es que no veo por qué. Es una película mucho menos dura de ver de lo que puede parecer desde fuera. Y contiene mucho talento.

lunes, noviembre 07, 2011

'Anonymous', sorprendente canto a la obra de Shakespeare

Causa sorpresa ver que William Shakespeare es el asunto (más que el protagonista, a pesar de que la promoción da un lugar destacado al nombre del dramaturgo inglés) de una película que dirige Roland Emmerich. Y causa la misma sorpresa descubrir que el resultado, Anonymous (otro título que tendría que haberse traducido, no hay explicación para no hacerlo), no está nada mal. No es que sea un peliculón inolvidable, pero sí que es la demostración de que incluso quien ha montado gigantescos espectáculos pirotécnicos, a veces tan espectaculares como vacíos siempre, puede dar el salto a otro tipo de cine. Usando como base la teoría de que Shakespeare no fue el verdadero autor de las obras que hoy asociamos a su nombre, es fácil pensar que Anonymous es todo un castillo de naipes, fácilmente desmontable a cada momento. Y, sin embargo, en ese delicadísimo equilibrio consigue sostenerse con dignidad hasta el final gracias a un brillante reparto.

Anonymous adolece de algunos puntos débiles. Quizá el más flagrante sea su punto de partida. Cierto es que hay teorías que hablan de que Shakespeare no escribió Hamlet, Romeo y Julieta, Macbeth y ninguna de las obras que han hecho que su nombre forme parte de la literatura universal con letras de oro. Pero aceptarlo como verdad histórica para hacer una película es un reto formidable. Emmerich, muy acostumbrado a tomarse licencias en sus películas, casi consigue dotar de credibilidad a la teoría gracias a un espléndido inicio, orquestado en torno al actor Derek Jacobi, shakespeariano intérprete que precisamente por su vocación teatral nunca ha conseguido el reconocimiento que merece. Luego, el guión de John Orloff (responsable también del de Ga'Hoole. La leyenda de los guardianes o Un corazón invencible) no consigue ligar con inteligencia durante la primera mitad de la película las dos tramas que cuenta, la cuestión política y la cuestión literaria. Van tan alejadas, que casi parecen dos filmes diferentes y permiten la dispersión del espectador.

La historia se cuenta en dos momentos temporales diferentes y con dos grupos de actores para algunos personajes. Edward De Vere (un espectacular Rhys Ifans y un más comedido pero correcto Jamie Campbell Bower) es un joven prodigioso, con un enorme talento para las letras. De noble cuna, acaba sucumbiendo a los encantos de la reina Elizabeth (formidable la aproximación a la demencia de Vanessa Redgrave y seductora interpretación de Joely Richardson), pero sometido por el consejero real William Cecil (magnífico David Thewlis) a un matrimonio de conveniencia con su hija. De Vere almacena docenas de obras escritas por él mismo que jamás podrá publicar, y admirado por el poder que el teatro tiene sobre las masas decide entregar sus obras al escritor Ben Jonson (un interesante Sebastian Armesto, con quien arranca la historia), para que él las firme. Pero antes de que pueda reclamar la falseada autoría y después de un primer y apabullante éxito, un oportunista actor llamado William Shakespeare, ávido de un reconocimiento que jamás podrá lograr por sus medios, proclama que las obras son suyas.

No termina ahí un reparto absolutamente brillante, en el que es obligado nombrar también a Edward Hogg dando vida a Robert Cecil, hijo de William Cecil, también consejero de la reina y también tormento de De Vere. Si algo falla en ese espléndido conjunto de actores es precisamente lo que tendría que ser su mejor gancho: el Shakespeare de Rafe Spall, poco menos que un secundario cómico, un personaje excesivamente ridiculizado por el guión y también por la dirección de la película. Quizá la responsabilidad esté más ahí que en el trabajo de Spall, pero es su rostro el que queda en la pantalla. Esa debilidad hace que el andamiaje se tambalee, porque hay muchos momentos de la película, bastantes, en los que Shakespare es absolutamente prescindible. No así el hermoso canto de amor a su obra que supone esta película, que impregna la película en su totalidad y que estalla con fuerza en un magnífica secuencia en la que se ven consecutivamente los estrenos de algunos de los más populares títulos de la obra shakespeariana. Tanto es así, que dan ganas de sumarse al fervor del público que también aparece en pantalla.

No es descabellado decir que Anonymous es la mejor película que ha filmado el director de Independence Day, Godzilla o 10.000, y no sólo por el loable cambio de registro de Emmerich. Este filme es un drama político, histórico y literaria que funciona bastante bien a ratos, aunque peca de falta de concisión (130 minutos son excesivos, y por eso la película flaquea en algunos momentos). Su reparto es formidable (hay una indudable química entre las parejas que se forman, las de índole sentimental y también las que confrontan su sed de poder), su producción es modélica (aunque chirrían esos grandilocuentes planos aéreos, efectos digitales formidables pero que sacan al espectador de la película y que parecen una concesión del propio Emmerich a sí mismo, a su parte de director de espectáculos de mayor envergadura). Pero sobre todo es un bonito canto de amor a la obra de Shakespeare. Descabellado a veces, hermoso en otras. Pero bonito en todo caso, sea por locura, por audacia o por respeto. Y es imposible decir que no a una película que ensalce de esta forma a Shakespeare.