jueves, julio 07, 2016
'Money Monster', falta algo de valentía
viernes, enero 10, 2014
'Agosto', el poder de los actores
lunes, abril 02, 2012
'Blancanieves', comedia sin hadas
Viendo Blancanieves es complicado entender qué ha motivado a los prácticamente desconocidos Melissa Wallack y Jason Keller para crear un guión como el que escriben. Cogen Blancanieves, dispersan sus detalles más significativos a lo largo de sus páginas, pero lo hacen sin demasiado sentido, lo que demuestra que en el fondo les da igual ese cuento, porque lo mezclan sin rubor con La Bella Durmiente, Caperucita Roja o incluso con la leyenda de Robin Hood (porque, claro, ¿qué sería de Blancanieves si durante cinco minutos de película, sólo cinco minutos, no robara a los ricos para dárselo a los pobres?). Qué más da, el caso es hacer algo extraño y que llame la atención. Y a eso se suma el particular estilo visual de Tarsem Singh, que en este caso ni siquiera es tan personal como cabría parecer. La influencia de la olvidable Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, cuyo éxito es seguramente el origen económico del lanzamiento de esta Blacanieves, es más que evidente. Ni historia ni diseño cumplen su función, así que esta película está ya tocada desde su origen.
Blancanieves se me queda en un error a todos los niveles. Si no quiere ser un cuento de hadas, es absurdo coger la historia de Blancanieves. Para hacer una comedieta infantil en la que lo más gracioso sea ver a un príncipe comportándose como un cachorrito, a una doncella que lejos de estar en apuros pelea con espada y recibe cachetes en el trasero mientras aprende a hacerlo, o que los enanos lleven zancos no hacía falta buscar una historia tan conocida. Si a eso añadimos que el estilo visual de Tarsem Singh (Immortals está muy reciente; sus otras dos películas son La celda y El sueño de Alexandria) a mí nunca me ha llenado y aquí es mucho más dibujo animado que nunca, lo que queda es un disparatado despropósito difícil de entender. O igual es que para mí un cuento de hadas es otra cosa.
viernes, septiembre 30, 2011
'Larry Crowne', fallida rareza
Tom Hanks sorprendió en 1996 dirigiendo The Wonders, una bella película sobre el mundo de la música en los años 60. Y desde entonces, silencio total en su incipiente carrera como realizar. Hasta Larry Crowne. Y no es un regreso afortunado, sino fallido (e irónico, pues en España se ha subitutlado como Nunca es tarde, y casi parece una alusión al propio regreso de Hanks como director). Es este filme una rareza, algo extraño, que pretende ser realista y que, en realidad, tiene demasiados agujeros como para ser siquiera creíble. Y, sin embargo, tiene algunos momentos divertidos. Lo malo de esos alivios cómicos es que no tienen nada que ver con la trama principal, muy dispersa y extraña. Hanks, en su triple faceta de protagonista, guionista y director, no alcanza los mínimos exigibles en ninguna de ellas. Indudablemente, lo mejor de la película no está en él, ni en Julia Roberts, ni en el tono de la enésima comedia romántica que se mueve por los mismos parámetros de siempre, ni en la visión descafeinada de los efectos de la crisis con la que se abre la historia. No. Lo mejor es George Takei, memorable e hilarante. Lo demás se queda en una fallida rareza.
Es evidente que no es fácil actuar y dirigir al mismo tiempo, mucho menos si además uno se está basando en un guión propio. A Hanks le pesa demasiado esa triple tarea. En la pantalla, se queda lejos, muy lejos de lo que otros directores han sacado de él. Su nivel interpretativo en Larry Crowne está lejos de lo que Johnathan Demme sacó de él en Philadelphia, Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan y Atrápame si puedes, Robert Zemeckis en Forrest Gump o Sam Mendes en Camino a la perdición. Lejísimos. Pero es que eso ni siquiera le permite rodar una buena película como director. Hay planos absurdos, hay personajes superfluos, hay una historia difícil de encajar y de torpe desarrollo. Pretende ser una película inspiradora y sólo podría alcanzar ese objetivo en mentes increíblemente ingenuas o en espectadores poco reflexivos. Y es que ni siquiera en una comedia, sea romántica o simplemente buenista, tiene encaje la solución a la crisis que expone Tom Hanks en Larry Crowne. De hecho, cabe considerar lícito que la primera media hora pueda provocar incluso el enfado de algún espectador. Si no lo hace, es probablemente porque Hanks tiene la cualidad innata de caer bien.
Lo cierto que la historia que construye es lo de más irregular. Larry Crowne es un tipo que, sin trabajo, sin dinero, sin casi amigos y sin esposa ni hijos, tiene que rehacer su vida. ¿Cómo lo hace? Volviendo a la universidad y trabajando de lo que le salga, es decir, de cocinero en un restaurante. Desde ese ángulo, Larry Crowne podría ser una película sobre la crisis. Pero no lo es, no más allá de los cinco primeros minutos. Después podría ser una comedia sobre un tipo excéntrico en un lugar en el que se siente desubicado, pero eso dura otros cinco minutos, los que tarda en acoplarse sin ningún problema a su nueva situación. Después, y una vez que entra en juego el personaje de Julia Roberts (al menos diferente a lo que suele enseñar, pero no se establece empatía alguna con Hanks como para que la historia crezca), una profesora que da una clase sobre oratoria, podría convertirse en una comedia romántica. Y eso sí lo es, pero tras una absurda escena de flirteo deriva en los que son casi todas, una historia rutinaria en la que hay equívocos, buenos sentimientos y final feliz. Lo de siempre. Y entre medias quedan un par de detalles de los que Tom Hanks podría haber sacado mucho más partido pero, desgraciadamente, no lo hace.
Por ejemplo, de la relación que mantiene con una joven estudiante (una simpática y debutante en cine Gugu Mbatha-Raw, con la que Hanks sí establece cierta química), que se queda en un simple coqueteo para arrancar cuatro o cinco miradas airadas de su novio y en la excusa para normalizar la vida del desubicado Larry. De lo que sí saca partido Hanks es del personaje de George Takei (Sulu, en la tripulación clásica del Enterprise de Star Trek), un hilarante profesor de economía que ofrece, indudablemente, los mejores momentos de la película. La ironía se dispara cuando Hanks incluye un formidable gag sobre Star Trek en la película, breve pero divertidísimo. Quizá eso sea la mejor explicación de lo que es Larry Crowne, una película imposible de sostener a ningún nivel, ni desde el guión, ni desde la dirección, ni desde los actores, con fugaces instantes que sí dicen algo, pero tan breves que no harán que la película perdure. Lástima que Tom Hanks haya evolucionado tan poco como director en los quince años que han pasado desde su más que apreciable debut. Larry Crowne es una película fallida que, aún dando pizcas de entretenimiento, seguramente caerá en el olvido.
miércoles, abril 23, 2008
'Closer': cuatro motivos para disfrutar de una película que no me genera empatía
Casi siempre que me pongo a ver una película cifro sus posibilidades de éxito conmigo en la empatía que puedan generarme los personajes. Cuanto más me interesan las vidas ajenas que veo, por distintas y distantes que sean a la mía, más disfrutaré con la película. Con Closer no me sucede nada parecido. Con ninguno de los cuatro personajes principales siento empatía alguna. Más bien siento una cierta antipatía. No siento la vida como ellos, no afronto las relaciones personales como ninguno de ellos. No sé ponerme en su piel. Pero me encanta la película. ¿Cómo puede ser eso posible? Hay cuatro razones que hacen que disfrute viendo las desventuras amorosas de estos cuatro personajes incomprensibles desde mi visión del mundo.La primera razón es un reparto de lujo. Jude Law, Clive Owen, Natalie Portman y Julia Roberts. Ellos cuatro sostienen sin ayuda de más personajes secundarios los 100 minutos de película. De Jude Law admiro su capacidad para meterse en la piel de personajes tan diversos; puede ser un tipo duro o frágil, poderoso o débil, racional o pasional. De Clive Owen destaco su sobriedad; le toca un tipo duro y lo sostiene admirablemente, adaptándose a cada conversación con los distintos personajes con una facilidad asombrosa. De Natalie Portman lo admiro todo; hay pocas actrices que lloren tan bien o que sonrían tan bien en una pantalla, es una actriz inmensa, a la que adoro desde que era una niña (una Beautiful girl, en realidad). De Julia Roberts destacaría que, sin ser santo de mi devoción, no lastra la película; y eso es mucho decir.
La segunda razón es un guión sencillamente maravilloso. Es una película de diálogos. Ingeniosos, duros, ácidos, banales o trascendentes. Da igual. Hay de todo en esta película. Desde la delirante y divertidísima conversación a través del chat entre los dos personajes masculinos hasta las más tiernas conversaciones de enamorados, pasando por los durísimos cruces de palabras en los momentos de la ruptura. La conjunción de tonos tan diversos es un truco de magia. Tantas sentencias admirables contiene esta película, que es imposible destacar una sola frase de esta historia de extraños que jamás llegan a conocerse.
La tercera razón es el montaje y el uso de la elipsis. Vemos nada menos que cinco años en la vida de estos cuatro personajes. Los saltos en el tiempo son los más naturales, precisos y adecuados que he visto en mucho tiempo. La información que recibimos es la necesaria, la que es imprescindible conocer para seguir el ritmo de la historia. Lo que no sabemos lo iremos descubriendo en base al avance del guión y con acertadísimos flashbacks. Un auténtico lujo que debemos a Mike Nichols, director veterano pero al todavía que le queda mucha fuerza narrativa y cinematográfica que enseñar.
Y la cuarta razón es uno de los mejores comienzos que ha deparado el cine moderno. Es imposible ver los dos primeros minutos y medio (¿a quién no le ha sucedido algo similar, que se le vaya la mirada con una persona desconocida que vemos por la calle y a la que en ese momento sabemos que nunca jamás volveremos a ver?), los que enseña el vídeo colgado aquí abajo, y no sentir curiosidad por saber qué pasa de ahí en adelante. El resto está a la altura. Una pequeña joya moderna.


