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jueves, agosto 30, 2007

Corazón de dragón

Los dragones no tienen una gran historia cinematográfica. No hay muchas películas basadas en estas criaturas fantásticas que hayan conseguido dar en el clavo. Alguna vez he hablado de El dragón del lago de fuego, quizá la única que supo plasmar en la pantalla, con los limitados efectos visuales que permitían los primeros años 80, la grandiosidad de este ser. En 1996 hubo otra película que se ganó mis simpatías y las de muchos: Dragonheart. Modesta, y se nota en cómo se camufla la falta de medios técnicos, pero con mucha imaginación, con un guión precioso y actores muy interesantes.

Dragonheart (en España se subtituló como Corazón de dragón) cuenta la relación entre Bowen, un caballero, el último que sigue el viejo Código de honor y que ha jurado acabar con los dragones, con el último ser de esa noble estirpe. Rob Cohen (XXX, Pánico en el túnel, Stealth: la amenaza invisible) nunca ha conseguido dirigir una película tan entretenida y simpática como ésta, y lo mismo sucede con otros miembros del equipo, sobre todo con Randy Edelman, autor de una banda sonora preciosa, de un tema para mí inmortal (y que en los años siguientes se pudo escuchar en muchos trailers, por ejemplo, si no me falla la memoria en Siete años en el Tibet), a cuya calidad no ha vuelto nunca a aproximarse.

Dennis Quaid, que por aquel entonces (1996 es el año de estreno de esta cinta) llevaba unos cuantos años perdido para el cine, interpreta a Bowen. Y da gusto verle tan metido en un papel que le viene como anillo al dedo. Dina Meyer (Starship troopers, la serie inédita en España Birds of prey) es la actriz de la función. Siempre me ha dado pena que Dina no llegara a ser de verdad una gran estrella. Otras muchas niñas monas con muchísimo menos talento que ella sí lo han conseguido. Pete Postlethwaite (En el nombre del padre, Jurassic Park: El mundo perdido) borda ese fraile metido a poeta, secundario cómico de la película. David Thewlis (ahora más conocido como Remus Lupin en la saga de Harry Potter) tiene el papel más fácil de hacer, el del villano de la función. Y Julie Christie (Doctor Zhivago, Troya) aporta toda la clase que tiene.

Pero el plato fuerte de una película sobre dragones tiene que ser por fuerza el dragón. Sean Connery dobló a Draco en el original. El escocés siempre ha sido de mis actores predilectos, y su voz es impresionante, muy adecuada además para una criatura que se mueve en un entorno medieval como éste. Para la versión española se contó con Paco Rabal, una voz maravillosa también. Personalmente, en todo caso, me quedo con la original. Connery es mucho Connery. Y visualmente el dragón es una delicia, así que ¿qué más se puede pedir para pasar algo más de hora y media de entretenimiento de calidad?

Para siempre, además, queda ese Código de honor que oímos recitar varias veces durante la película, la mejor cuando Bowen lo recuerdo en todo su esplendor en Avalon, junto a la tumba del Rey Arturo.

"Un caballero debe ser valeroso
Su corazón sólo conoce la virtud
Su espada defiende a los desvalidos
Su fuerza sostiene a los débiles
Su palabra sólo dice la verdad
Su ira aniquila al malvado"

jueves, diciembre 21, 2006

'Eragon' devuelve los dragones al cine

Dentro de todas las criaturas fantásticas que pueblan mis sueños cinematográficos, siempre he tenido debilidad por los dragones y en el cine se han visto muy poquitos, y menos aún han permanecido en mi recuerdo. Ninguno ha superado el que vi en El dragón del Lago de Fuego, una película, hoy de culto, si no me equivoco no editada en DVD, que Disney produjo a comienzos de los 80. Su tono oscuro, con el sello de la productora más familias de todos los tiempos, provocó que fuera un rotundo fracaso en taquilla. Hubo que esperar mucho, hasta Dragonheart para volver a ver un dragón interesante, con la voz de Sean Connery y de Paco Rabal en la versión española. Los avances de los efectos especiales se notaron, y dejaron una película más que entretenida.
Y ahora llega Eragon, una película difícil de valorar. Si la hubiera visto de niño, estoy seguro de que me habría vuelto loco. Pero la he visto de adulto, y por eso asumo que es una cinta dirigida a un público juvenil. Aún así, la he disfrutado gracias sobre todo a los diez minutos de climax, en los que se al dragón protagonista en todo su apeogeo (la foto pertenece a esa batalla final, aunque no se ve con mucha claridad). Esos minutos han bastado para emocionarme, para hacerme sentir como un niño, y eso, en el cine de hoy en día, no tiene precio. Que nadie me malinterprete, que no estoy diciendo que Eragon sea un peliculón, aunque gracias a su final abierto puede ser el embrión de una interesante saga fantástica. Pero sí reconozco que, durante los 100 minutos que dura (otro punto a favor; no es necesario eternizar una película hasta las dos horas y media aunque el cine moderno crea que sí) ha despertado al chaval que sigo llevando dentro y que de vez en cuando se emociona con poquita cosa delante de una pantalla. No me habían hablado bien del todo de la película, pero para mí merece la pena. Sobre todo si crees en los dragones.