jueves, enero 03, 2008

'Soy leyenda', entretiene pero decepciona

Hace ya algunos años cayó en mis manos la novela Soy leyenda, de Richard Matheson, una notable y angustiosa novela de terror escrita a mediados de los años 50 con una premisa muy básica: ¿cómo sería un mundo infestado de vampiros y cómo podría sobrevivir en él un solo hombre?. La novela tuvo dos adaptaciones cinematográficas que cambiaron demasiadas cosas, The last man on earth y El último hombre... vivo, la primera con Vincent Price y la segunda con Charlton Heston. La primera no he tenido la oportunidad de verla (pero el propio Matheson pidió que le retiraran de los créditos ante el poco parecido entre su obra y la película) y la segunda es una muestra del cine de catástrofes de los años 70 que elimina de la novela algo esencial: los vampiros.

Me ilusionó la noticia, a finales de los años 90, de que Arnold Schwarzenegger y Ridley Scott querían poner en marcha una versión mucho más fiel de la novela. Me entristeció saber que al final ambos abandonaron el proyecto, que iba a ser una de las películas más caras de su época Entre unas cosas y otras, esa versión se ha retrasado una década más y ha cambiado por completo. Will Smith es el protagonista y Francis Lawrence (autor de Constantine) el director. Y la fidelidad a la novela se ha quedado también por el camino en buena medida. Eso es lo que más decepciona de esta Soy leyenda, una película que vista por sí sola es un entretenimiento comerical de Hollywood, sin grandes pretensiones y sin grandes fallos, algo atípica por ser una película básicamente de un solo actor.

Dado que voy a comparar película y novela, creo que a partir de aquí me veo en la obligación de hablar demasiado para quien no haya visto aún el filme, así que sugiero que no sigáis leyendo si todavía no habéis visto Soy leyenda. El que avisa... De todos modos, no reviento el final, así que vosotros mismos.

La novela Soy leyenda es la historia de un hombre, Robert Neville, que intenta sobrevivir siendo, en apariencia, el último hombre sobre la faz de la tierra que no ha sido infectado por un virus que ha convertido a la población en una especie de vampiros. Neville, que vive en su casa de un pueblo a las afueras de Los Ángeles, pasa sus ratos de ocio leyendo y aprendiendo sobre las más diversas materias, cualquier cosa que le pueda ayudar en su lucha por la supervivencia, y en excursiones en busca de material y provisiones en un coche que cuida con esmero porque es el único medio que le permite alejarse de su casa y volver at iempo antes de que anochezca. Y, al mismo tiempo, tiene que hacer frente a las provocaciones de los vampiros, en especial un viejo vecino suyo y las mujeres.

La película Soy leyenda cambia por completo todas estas premisas. Para empezar, no son exactamente vampiros lo que aparece en la película, sino más bien unos mutantes violentos y caníbales que, eso sí, mantienen la aversión a la luz intensa. Neville, en este caso, es un general y un científico que trata de encontrar una cura para el virus. El escenario ha cambiado. Es Nueva York y el Neville cinematográfico tiene todo lo que necesita para sobrevivir en su casa fortificada. Y como ningún ser infectado sabe dónde vive, no tiene que sufrir las provocaciones de los vampiros, seres en absoluto inteligentes que no manifiestan ningún comportamiento social o racional y que no son capaces de hablar. Ni siquiera hay provocaciones de las mujeres, puesto que la película elimina todo el erotismo que, en este limitado sentido, contenía la novela.

Comparando ambas premisas, es obvio concluir que la angustia del protagonista cada vez que abandona la casa (pensando que un error le impediría volver a tiempo) y el duelo personal entre un vampiro y un ser humano han desaparecido de la película. Y eran dos de los mejores elementos que tenía la novela. Por eso, la película Soy leyenda es decepcionante. No ha sabido entender las bazas más interesantes que ofrecía la novela de Matheson. Aprovecha la locura que puede provocar a un hombre la soledad, pero no que le estén ofreciendo constantemente el dulce final de la muerte. El final apocalíptico, dramático y desesperanzador de la novela encuentra un cierto eco en la película que seguramente muchos no esperaban, pero el epílogo cinematográfico se carga todo el espíritu que tenía el cierre de la novela.

Dicho todo esto, la película por sí sola funciona bastante bien como una historia fatalista en su desarrollo y triste (sobre todo uno de los flashbacks) en lo que se nos cuenta, especialmente en su primera mitad (y en una escena aislada que da inicio real al desenlace, que provoca un último movimiento desesperado de Neville). La descripción de un desolado Nueva York en el que un hombre solo vive a sus anchas, con su pastor alemán, es interesante, aunque roza el límite de lo repetitivo en algunas escenas. Se echa en falta una mayor tensión, una mayor sensación de amenaza ante lo que sale a las calles por la noche, que en realidad no llega a verse en toda la película. Cuando se ve, la violencia solapa por completo el terror.

Los ¿vampiros? son al final criaturas generadas por ordenador, lo que le resta toda la humanidad que podrían tener. Dicen que el director no le gustó cómo quedaban los actores con maquillaje y por eso recurrió al universo digital, pero a mí me queda la duda de qué habría sido mejor. Will Smith hace un auténtico tour de force, puesto que aparece en todas y cada una de las escenas de la película, muchas veces en solitario. No me gusta nada como cómico, pero como actor serio tiene grandes virtudes. En buena medida, es él quien hace que funcione esta entretanida película pero decepcionante adaptación.

Un último apunte, éste especialmente dedicado a los estudiosos de la publicidad en el cine y a los fans del mundo del cómic. Al final de la primera escena, en las calles de Nueva York se puede ver un cartel de una hipotética película de Batman y Superman con fecha de estreno en 2010. Rápidamente, los foros de Internet se hicieron eco de la noticia. ¿Era esta la forma de Warner de anunciar que el proyecto iba a ver la luz? De ser así, Soy leyenda sería una película pionera en esta forma de publicidad. Pero no. Akiva Goldsman, productor y coguionista de Soy leyenda, aseguró que no es más que una broma privada. Goldsman lleva años luchando por que se haga aquella película, que de momento tendrá que esperar a ver cómo le va al muchas veces anunciado proyecto de la Liga de la Justicia. Después he leído, aunque no llegué a verlo en la película, que en la escena del videoclub se pueden ver carátulas de otras supuestas versiones cinematográficas de héroes DC, Green Lantern y Teen Titans.

2 comentarios:

Mara dijo...

Otra que no he visto! si es que siempre digo lo mismo jejeje pero esta no la he visto pq mi mejor amiga me ha dicho que da pena y confío plenamente en su criterio...

princesa bacana dijo...

Psi, es un poco lo peor... yo en cuanto vi que los leones eran de mentira y que cantaban mogollón pensé "ya la hemos cagado".

"El espía" es otro truñete, ni se te ocurra ir a verla.
Hijo, cuánto blog, no sabía por dónde visitarte!!!