La peliculita de 2009 no me ha hecho gracia. Pequeña Miss Sunshine estuvo bien, Juno tuvo su gracia. Up in the air me ha dejado frío y descolocado. Diría que hasta me ha cabreado por momentos. No me ha convencido su historia difícilmente clasificable ni sus bandazos temáticos y cinematográficos. Sus actuaciones sólo en parte. Pero en conjunto no sé qué clase de película quiere ser. Parece que se ha puesto de moda esto de rodar películas como si fueran independientes (no produce Paramount Vantage, filial independiente, sino Paramount) pero con al menos una gran estrella de Hollywood. Ese es George Clooney, una estrella más que un actor, un profesional mucho más interesante cuando se vuelca en proyectos temáticamente comprometidos que cuando exprime sus gestos de comedia amable vistos hasta la saciedad. Up in the air no es tan independiente (u original) como se quiere vender y no es tan interesante como pretende ser.Decir lo poco que me ha gustado esta película se encuentra con un escollo fundamental: no revelar su trama y sus giros argumentales. Sí se puede decir, porque eso ya se anuncia en el trailer, que su protagonista, Ryan Bingham, es un tipo al que contratan empresarios cobardes que no se atreven a despedir en persona a sus trabajadores, y para ello está constantemente viajando por Estados Unidos en avión. En estos tiempos que corren, semejante empleo ya dificulta y mucho que el espectador sienta empatía por el protagonista. Lo cierto es que el enfoque que da la película a este asunto es todavía más descorazonador y desconcertante. Bajo el envoltorio de una comedia, la única conclusión que saca Up in the air es que es mucho más humano (y por lo visto divertido) despedir a una persona cara a cara que mediante una videoconferencia. El mensaje descoloca, y mucho, para este tipo de película.
George Clooney despliega todos los gestos, ademanes y sonrisas que ya hemos visto de él en decenas de películas de corte aparentemente similar. ¿Algo nuevo en el horizonte? En absoluto. Pues nominación al Oscar al canto. Hay estrellas que tienen estrella y Clooney la tiene, no hay duda. Pero el caso es que sus dos compañeras de reparto, Vera Farmiga (me gustó bastante, y más que aquí, en Infiltrados) y Anna Kendrick (aparece en la saga Crepúsculo... lo que quiere decir que no la conocía), están bastante mejor que Clooney. Ambas también están nominadas al Oscar como secundarias. Y ambas sujetan las partes de la película que mejor funcionan (sobre todo cuando coinciden en pantalla). Y a pesar de las apariencias, quizá Kendrick tenga más peso en la película que Farmiga, a pesar del decepcionante, apresurado y frío desenlace que el guión guarda para su personaje.
Llegamos al guión. También nominado al Oscar, como su director y como la película. Y aquí, como ya se puede intuir en el anterior párrafo, es donde realmente me pierde Up in the air. El guión, adaptado de una novela de Walter Kim, no me convence en absoluto. El motivo esencial es que no sabe desplegar la información. La larguísima introducción de la película (de unos veinte minutos) es algo que cualquier director y guionista de comedia clásico habría resuelto en una sola escena de tres minutos. No hace falta más para lo que se propone y emplea demasiado metraje para tan poca información, que no es otra que presentarnos el trabajo y el modo de vida de nuestro protagonista. Eso da pie a que la película parezca (y digo parezca) una historia sobre la soledad. Tampoco eso me convence. Aquí no sólo se queda a medio camino con situaciones muy difíciles de explicar en un plano y forzado (ojo a la escena previa a la boda... totalmente inverosímil) desarrollo de personajes, sino que además las conclusiones son todavía más descorazonadora que en el temática laboral.
Quizá es eso lo que pretendía Up in the air y sencillamente a mí no me ha llegado el mensaje. O quizá sí me ha llegado y justo eso es lo que ha provocado que no me haya gustado la película. Creo que me quedo con la segunda opción. Y soy consciente de que la mayoría encontrará en este filme una simpatía, una diversión e incluso una reflexión que yo no veo. Pero si no lo veo, no puedo deciros otra cosa. Ni me he reído demasiado, ni me ha emocionado, ni me ha llegado. Qué le vamos a hacer.