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lunes, marzo 15, 2010

Fallida 'Nine'

Nine es una película fallida y queda claro desde la primera escena, en el número musical que tendría que servir para presentarnos al protagonista, un director de cine con problemas, y a todas las mujeres que le rodean (su esposa, su amante, su musa, su recuerdo sexual de la infancia y una periodista, además de su diseñadora de vestuario y su madre). En ese número musical, las estrellas femeninas aparecen diluídas, perdidas en el cuadro de bailarinas. No destacan, no consiguen personalidad propia, no despuntan, no adquieren alma, y eso que casi todas ellas han ganado algún Oscar. La música, brillante, sí. Pero un musical va más de la música y eso es algo que no se acaba de entender en el cine en algunas ocasiones, en esta constante moda de pensar que cada película músical va a revitalizar el género.

La película está basada en un musical de Broadway que a su vez se declara deudor del autobiográfico 8 1/2 de Fellini. Sin haber visto ninguno de los dos referentes, es difícil decir cuánto tiene de culpa el director de este Nine, Rob Marshall (al que también se atribuyó una de las anteriores revitalizaciones del musical, Chicago, y que ahora va a dar un extraño giro a su carrera con la cuarta entrega de Piratas del Caribe), en el fallido experimento que supone. O a su reparto. No deja de ser curioso que en Hollywood se hable continuamente de la falta de papeles para mujeres y que en la película en que más estrellas femeninas se reúnen en muchísimo tiempo, y todas ellas además oscarizadas, el mejor intérprete sea precisamente el hombre. Daniel Day Lewis es uno de esos actores que nunca pueden estar mal. No es que aquí haga el papel de su vida, pero supera el examen con muy buena nota. El de la intrepretación y el de la canción.

Ninguna de las actrices, en realidad, consigue entusiasmar y la mayor decepción es la de Sophia Loren. Poco queda de aquella diva que enamoraba con la mirada hace algunas décadas y mucho de la actriz que tan poco aparece ya en el cine. Kate Hudson y Nicole Kidman apenas tienen papel que desarrollar, aunque la primera cuenta con uno de los dos mejores números musicales del filme (uno de los tres creados para la adaptación cinematográfica, Cinema italiano; de difícil explicación en la película, como la periodista a la que interpreta Hudson, pero inmensamente pegadizo). Judi Dench se ha acostumbrado demasiado a interpretarse a sí misma y no ofrece mucho. Penélope Cruz no destaca lo más mínimo y no deja de sorprenderme el furor por su actuación, para mí de lo más corriente. Quizá destaque algo más Marion Cotillard, quizá porque es la única de todas ellas que cuenta con dos números musicales. Pero, en realidad, la mejor de la película, la que realmente consigue lo que se propone y la que tiene el mejor número musical es Fergie. La que no tiene un Oscar.

No es, en todo caso, en la actuación donde se cimenta lo fallido de la película (hay mucha corrección, quizá demasiada), sino en un guión irrregular y una dirección floja. Nine no consigue en ningún momento implicar al espectador. No preocupa la relación que Guido, el director protagonista, tenga con su mujer o con su amante, ni tampoco los recuerdos de su madre, ni mucho menos los problemas que pueda tener para escribir el inexistente guión de su película, ni lo que tenga que decirle a su estrella para convencerla de que participe en el proyecto. Nada, en realidad. De hecho, la única parte de la película que suscita cierto interés es cuando el propio Guido canta sobre sí mismo. Pero eso, seguramente, se debe al talento de Daniel Day Lewis y nada más (el papel iba a ser para... Javier Bardem; no soy capaz de imaginarlo, no...). O a la buena música de Maury Yeston, porque las canciones sí enganchan fuera de la pantalla (y seguramente también sobre el escenario de un teatro).

Al final, el único espectador que disfrutará de verdad con Nine será aquel que tenga un gusto especial por los musicales. No sobresale esta película más que por algunas canciones, aunque muchos quisieron colocarla en la carrera por los grandes premios. Al final contó sólo con reconocimientos puntuales y secundarios, y desembocó en un gran fracaso en taquilla (no llegó a cuarenta millones de dólares en todo el mundo, cuando su presupuesto fue de ochenta). Una de esas películas que demuestra que no basta con tener nombres de prestigio para convencer a público y crítica. Un caro pasatiempo que no satisface.