lunes, abril 21, 2008

'Robocop': ¿El futuro o los años 80?

En la segunda mitad de los años 80 llegó Robocop. Antes de producirse, nadie quería hacerla. Cuando se estaba rodando, los problemas dificultaron en exceso su estreno. Y después de que llegara a los cines, la recepción fue fantástica. Robocop nace como una película de serie B muy típica de los años 80, tanto en la temática como en el aspecto visual, pero se ubica, como tantas otras películas de su tiempo, en un futuro no muy lejano. ¿El futuro o los años 80? Ambas cosas, habría que decir. Ese es el valor actual de una película muy apreciada también en su momento como lo que es, una película de ciencia ficción con un trasfondo más profundo y que rebosa violencia por los cuatro costados, la violencia que se convirtió en la imagen de marca del director Paul Verhoeven.

Nunca queda del todo claro en qué año se desarrolla la película, pero es obviamente un futuro no muy lejano. El lugar, la ciudad de Detroit, asolada por el crimen. Quizá uno de los elementos más clarividentes de Robocop sea la presencia de la OCP, una corporación privada que lleva asuntos públicos, en este caso, el funcionamiento de la Policía de Detroit. La OCP quiere dar un paso más, que la seguridad de la ciudad tenga agentes no humanos. Pero los fallos del robot construído para ese fin (un majestuoso ED-209 realizado mediante técnicas de stop motion, las mismas que hicieron de Ray Harryhausen una leyenda en el campo de los efectos especiales) obligan a abordar otro proyecto, la creación de un ciborg, mitad hombre y mitad máquina. El asesinato de Murphy, un policía recién llegado, será la oportunidad esperada.

Vista desde un punto de vista superficial, Robocop no deja de ser el típico entrentenimiento de ciencia ficción de los años 80. El guión está plagado de lugares comunes y situaciones tópidas que pueden reforzar ese sentimiento. Pero a otro nivel, Robocop es un muy interesante ejercicio de identidad, una lucha entre la humanidad y la frialdad de la máquina. En este sentido, a Verhoeven siempre le ha gustado destacar la importancia de la secuencia en la que Robocop, una vez asumido que antes fue un hombre llamado Murphy, visita la vacía casa que ocupó junto a su familia. Los recuerdos se agolpan. El hombre, sus miedos y sus sueños, van venciendo a las órdenes programadas. Había otra secuencia prevista para reforzar esa idea, la de Robocop visitando la tumba de Murphy, pero no llegó a rodarse.

Si bien se trata de una película futurista en la que vemos ciborgs y robots, lo cierto es que la estética es muy ochentera en casi todos sus aspectos. Y también la temática. La violencia en las calles o la apuesta armamentística es muy propia de los años de gobierno de Ronald Reagan, aunque, por desgracia, nada de esto ha perdido actualidad en nuestro días. Y lo mismo se puede decir de los yuppies tan bien reflejados en el enfrentamiento directivo en la OCP. Paul Verhoeven ve una lectura más en la película, una de carácter religiosa. El director compara a Robocop nada menos que con Jesús, ve similitudes en su martirio, en su muerte y en su resurrección (pretende ser una señal en este sentido el plano en el que se le ve, enfrentándose al hombre que le ha matado como hombre, caminando sobre las aguas). Para esto hay que echarle mucha imaginación, pero lo cierto es que subyace también esa interpretación.

Pero si algo es Robocop es una auténtica película de serie B, una de las muchas realizadas en los años 80 y que han encontrado un hueco en la historia de la ciencia ficción. El escaso presupuesto no le daba al director, así que, para conseguir más dinero y tiempo para rodar la película, decidió dejar para el final una escena que no se podía eliminar, el tiroteo al cuerpo de Murphy que da inicio a la vida de Robocop. A pesar del poco dinero disponible, los efectos especiales creados por Rob Bottin y Phill Thippett son sencillamente magníficos, como la iluminación de los directores de fotografía Sol Negrin y Jost Vacano, que siempre encuentra reflejos que destacar en la piel metálica de Robocop.

Después de meses sin encontrar a un actor adecuado para el papel (se pensó en Arnold Schwarzenegger, seguramente por influencia de Terminator, pero se le descartó por ser demasiado grande y musculoso), se acabó contratando a Peter Weller, que desde el principio tuvo claro el tipo de movimiento corporal del que quería dotar a Robocop. Pero hubo problemas desde el principio. El pesadísimo traje, que le hacía perder al actor casi un kilo y medio cada día por la deshidratación, llegó al rodaje justo el día que la cámara empezaba a grabar. Pero la sorpresa llegó cuando Weller comprobó que el traje no le permitía moverse como había ensayado. Al final, un retraso de un par de días le dio tiempo a perfeccionar unos movimientos que hoy son la esencia del personaje.

El retraso en la contratación de Weller no fue el único problema en el reparto. Stephanie Zimbalista (la actriz protagonista de la serie Remington Steele) fue la escogida para el papel de la agente Anne Lewis, pero podos días antes del comienzo del rodaje abandonó la película. Hoy es difícil imaginarse a una actriz de aspecto más frágil haciendo éste papel, sobre todo después de tantos años viendo a Nancy Allen como la finalmente escogido. Era una actriz conocida por papeles más desagradables y menos heróicos que el de Lewis y por sus rubios rizos. Para romper con esa imagen, lo primero que hizo Verhoeven fue pedirle que se cortara el pelo. Si los personajes calaron en la audiencia, también lo hizo la música de Basil Poledouris, que creó una pegadiza marcha para el personaje.

Verhoeven acabó convencido de que su primera película americana es la mejor que ha rodado nunca en Estados Unidos, pero al principio no quiso hacerla. Pensaba que el guión era una basura y fue su mujer quien le convenció para que la hiciera. No deja de ser curioso que, de hecho, marcara la tendencia de un director como éste, que hasta entonces no había hecho ciencia ficción (ni tenía mucho intereés por hacerla) y hoy es famoso gracias a ese género, después de películas como Desafío total o Starship Troopers. Con ésta segunda compartió Robocop el análisis de fascista que se hizo desde algunos sectores. Hay mucha violencia, sí, incluso tendencias algo reaccionarias, pero no deja de ser la manifestación del deseo del director de que la violencia se vea en pantalla. No hay mucho más detrás de eso.

Robocop ya ha tenido dos secuelas. La primera, más apreciable de lo que fue apreciada en su día, contó, en una de sus primeras incursiones en el mundo del cine, con un guión de Frank Miller (genio del cómic, codirector de Sin City y ahora director en solitario de la futura The Spirit). Robocop 3, en cambio, fue un enorme fiasco, una película con un tono de violencia irrisoriamente rebajado y un serio déficit de imaginación y presupuesto. Ahora se habla de la posibilidad de hacer una nueva película, ya que Robocop forma parte de los planes de futuro de la renacida Metro Goldwyn-Meyer. Habrá que esperar un tiempo para saber si se trata de una secuela o de un remake de la película original, un nuevo lanzamiento de una saga que en los años 80 se hico su hueco en los corazones de los aficionados a la ciencia ficción.

3 comentarios:

Mara dijo...

Ay Juan, te puedes creer que ni si quiera he visto robocop? estoy segura de que si me tuvieras a mano me pegarías unos cuantos tirones de oreja... me faltan tantas imprescindibles! jeje
Besitos

Críptica dijo...

Robocop podría haber sido el prota de algún cómic no? eyyy Juan¡ acabo de recibir un comentario tuyo¡
El caso es que es de esas pelis que te partes de risa cuando la vuelves a ver, el cine de ahora no tiene casi nada que ver. Aunque es un logro transmitir ese ejercicio de identidad humana que comentas a través de un personaje con muy poquitas frases en la película. Besossssssss

Juan Rodríguez Millán dijo...

Algún día tendremos que hablar tú y yo, Mara, y hacerte una lista de cosas por ver, je, je... (yo también tengo que hacer una, no creas...).

Críptica, de hecho, Robocop sí fue protagonista de una serie de cómic, pero después del estreno de la película. Y no demasiado imprescindible, la verdad...