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miércoles, julio 12, 2017

'La guerra del planeta de los simios', otra portentosa lección de cómo hacer blockbusters

Incluso asumiendo que El origen del planeta de los simios es una película ligeramente sobrevalorada, es evidente que ya podemos decir que este serie es, con diferencia, uno de los mejores reboots que se ha realizado nunca. Quizá debiéramos decir que el mejor, así, sin tapujos. La guerra del planeta de los simios, tercera entrega de la serie moderna, confirma las magníficas sensaciones que dejó la anterior entrega, El amanecer del planeta de los simios. Y lo hace además, saliéndose del camino más sencillo, el que en realidad marca su propio título. Estamos en guerra, sí, pero no es exactamente la guerra lo que vemos. No a una escala gigantesca, como podríamos haber pensado. Y sin embargo, funciona. Como guerra, como planeta de los simios y, sencillamente, como película. La forma en la que Matt Reeves está dignificando el blockbuster hollywoodiense con las dos últimas entregas de esta serie no tiene parangón.

Reeves supo aprovechar un personaje magistralmente detallado en la primera película, de Rupert Wyatt, y lo ha convertido en leyenda. En La guerra consigue servirnos una película que mezcla géneros a conveniencia, por momentos parece un western, pasa a ser un drama carcelario con su correspondiente huido, no deja de ser una película bélico y, por supuesto, es una sensacional muestra de ciencia ficción. El director maneja con tiento cada fase de la película, mima cada personaje que aparece en pantalla y ofrece un relato que alcanza un nivel de intimismo que no suele verse en las superproducciones norteamericanas. Hay mucho diálogo y mucha expresión que comunica. Hay planos mudos, que sirve a la historia con una sencillez descomunal, que transmiten más que películas enteras, y que demuestran que, por encima de todo, estamos ante una magnífica historia. No es una secuela forzada. No es solo cine para recaudar. Es cine. Y punto.

¿Por qué este entusiasmo? Porque estamos ante una película de imponentes efectos visuales, protagonizada de una manera muy acusada por un grupo de simios creados digitalmente a partir de actuaciones tan soberbias como la de Andy Serkis (¿cuánto tiempo se va a resistir Hollywood a que trabajos como este puedan ser nominados a un Oscar de interpretación?), que desemboca en un clímax épico y espectacular, pero que tiene su base en la historia, en los personajes, en la metáfora, en el homenaje a grandes títulos de la historia del cine y, por qué no decirlo, a nuestro presente oscuro, al miedo a lo diferente. Hay tantas capas en La guerra del planeta de los simios que es una película que no cesa de sorprender. Lo hace con sus transformaciones de género, con la forma en la que cambia el propio César, y por el añadido de personajes tan opuestos como el de la encantadora niña a la que da vida Amiah Miller o el despiadado general que interpreta un brillante Woody Harrelson.

Todo engancha con una naturalidad que parecía imposible cuando el mundo decidió lapidar a la en todo caso entretenida revisión de este universo que hizo Tim Burton en 2001. Esta serie está convenciendo porque ha encontrado un camino nuevo y diferente, arriesgado y valiente, pero firme y decidido. No es que tenga un sublime cuidado técnico, que lo tiene, es que a nivel narrativo y cinematográfico está a un nivel colosal. La forma en la que Reeves rueda por igual tiroteos y escenas con personajes llorando es inaudita. El cine espectáculo está evolucionando, y por este camino nos reconcilia a cualquier con las propuestas de los grandes estudios. Estamos en pleno verano, y muchas películas nos harán olvidar esta tendencia, nos defraudarán y nos recordarán que esa es la faceta más idiotizante del cine moderno. Pero siempre nos quedará El planeta de los simios para recordar que es posible hacer cine con mayúsculas gastando y recaudando mucho dinero.

viernes, julio 18, 2014

'El amanecer del planeta de los simios', la película soñada de la franquicia

Cuando se estrenó El origen del planeta de los simios, la crítica se rindió al resultado final. En realidad, la película tenía defectos palpables, pero dado que casi todo el mundo esperaba un fiasco derivado de la reinterpretación de esta franquicia que hizo Tim Burton, el buen acabado hizo que la cinta se ganara una admiración probablemente excesiva, incluso admitiendo que era una forma diferente de blockbuster veraniego. Por encima de todo, a aquella película le faltaba un tercer acto, un clímax que coronara las grandes y atractivas ideas que tenía. Pues bien, El amanecer del planeta de los simios viene a satisfacer esa necesidad de una forma brillante, inteligente y terriblemente entretenida, respondiendo a la valentía de la propuesta original con un atrevimiento incluso mayor y cerrando la película soñada de la franquicia, un formidable producto que combina lo mejor del cine espectáculo hollywoodiense con el toque de autor que pide a gritos un universo tan sumamente interesante y provocador como es el de El planeta de los simios (¿acaso hace falta recordar el prodigioso final de la mítica película original como muestra?).

Y la primera sorpresa está en el nombre de ese autor, que para colmo sustituye a Rupert Wyatt, que dirigió la primera entrega (y ya se sabe que los cambios de esta naturaleza en Hollywood suelen esconder líos). El amanecer del planeta de los simios es la tercera película de Matt Reeves y las dos anteriores no invitan a pensar en algo tan brillantemente rodado como esta cinta. Ni Monstruoso ni el remake americano de Déjame entrar están en la misma categoría ni de lejos. Y es que esta entrega de ciencia ficción funciona tanto a gran escala (son impresionantes las escenas de masas que, salvando las distancias y la escala, son las primeras en el cine espectáculo capaces de generar sensaciones similares a las de las batallas de El retorno del Rey) como en las escena de corte intimista, que son más de las que cabía esperar, porque la película tiene un muy fuerte componente emocional que nunca parece forzado. Puede que la historia sea algo más lineal o predecible que la de El origen del planeta de los simios, pero es al mismo tiempo una continuación tan natural que lo inverosímil habría sido no seguirla. Y es que esta es una película, por fin, de simios. Los humanos son los secundarios.

No es fácil cuantificar cuánto se agradece ese enfoque, pero es sin duda lo que hace que El amanecer... sea mejor película que El origen... Repetir la fórmula, estirarla hasta la saciedad, habría sido una decisión equivocada. Lo que ofrece esta secuela, épica en sus 130 minutos de duración, es una historia profundamente humana con un ingente nivel de acción, con un desafiante uso de la violencia y con una gran cantidad de escenas solventadas con un buen gusto que no se ve con tanta frecuencia en el gran cine de estudio (ojo a ese plano del personaje de Jason Clarke adentrándose en su hogar buscando algo mientras los simios actúan a su alrededor). Y al final lo que importa es que, a todos los niveles, la película destila una sinceridad poco habitual. En la construcción de los personajes, con ese César dirigiendo el asentamiento simio y convirtiéndose, si no lo era ya, en un personaje imprescindible para entender el cine moderno. Pero también en su plasmación visual. Qué espectáculo de primer nivel el de los efectos, que son capaces de poner en pantalla a cientos de simios, que les hacen interactuar con incontables elementos y que consiguen unas escenas memorables.

Si a eso se le añade un más que competente reparto encabeza por Jason Clarke y Gary Oldman en el lado humano y a un Andy Serkis convertido en el mejor actor de la historia de captura de movimiento por el bando de los simios, queda poco más que decir. Cuando alguien defienda que en Hollywood ya no hay ideas o que las secuelas no merecen la pena, siempre se le podrá recordar que esta maravilla es la octava película de la franquicia, secuela directa del tercer punto de partida de la serie cinematográfica. El amanecer del planeta de los simios destaca en absolutamente todo lo que se propone, desde un guión formidable (que a diferencia de su predecesora sí acierta en el punto en el que deja la historia para que el corte sea temáticamente significativo) hasta una puesta en escena soberbia (maravilloso trabajo de producción, soberbia banda sonora de este majestuoso compositor que es Michael Giacchino). Será difícil que está no sea la película del verano y que, salvo que la próxima película convierta el relato en un crescendo imposible de olvidar, ésta sea El Imperio contraataca de la saga de El planeta de los simios. Brillante.

viernes, diciembre 30, 2011

2011, un año de cine


Fin de año y, como siempre, un gran momento para hacer balance. Y este será un balance muy personal que, viendo lo que estoy viendo por otros lares de este vasto mundo que es Internet, no va a coincidir demasiado con el de los grandes entendidos o el de los medios de comunicación más destacados, sean especializados o generalistas. Una nueva prueba de que el cine es diferente según los ojos de quien lo vea. En cualquier caso, ahí va el resumen y la clasificación de todas películas estrenadas en 2011 que he tenido tiempo de ver. Seguro que en muchas no estaremos de acuerdo. ¿O sí?
· La película del año: Super 8
Si el cine es la materia de la que están hechos los sueños, el título que marcará este 2011 es Super 8. Sé que muchos la infravalorarán por ser una película de género. Incluso por ser un canto a la nostalgia. Incluso por los nombres que la sustentan. Pero es cine en estado puro, de ese que emociona, que conmueve, que te sitúa al borde de la butaca empatizando con sus personajes. Hay magia en la forma de rodar de J. J. Abrams, hay un emocionadísimo homenaje al cine con el que hemos crecido varias generaciones (y, concretamente, al productor ejecutivo de la película, Steven Spielberg), hay sentimiento en cada gesto de sus actores juveniles, en especial de la impresionante Elle Fanning. Super 8, como E.T. El extraterrestre en su día aunque algún peldaño por debajo, lo tiene todo para ser un clásico instantáneo, a pesar de contar con un final ligeramente precipitado. Pero todo en ella es todo tan emocionante, que se merece esta distinción. 
· Lo más destacado
Nunca es fácil calibrar si un año ha sido bueno o malo, máxime si tenemos en cuenta que algunas de las películas que acapararán las nominaciones a los Oscars no se han estrenado todavía en España, pero hay títulos que merecen estar entre lo mejor de 2011. Criadas y señoras es quizá el más redondo de todos ellos. Una película hermosa, bien narrada, maravillosamente interpretada por un grupo excepcional de actrices, uno de esos filmes que te dejan una sensación magnífica al salir del cine, una de esas historias más grandes que la vida, con un tema importante y que, además, tiene mucha significación hoy en día a pesar de estar ambientada hace unas cuantas décadas. Una delicia.

Como deliciosa es la comedia de Un dios salvaje, con un Roman Polanski en estado de gracia que saca soberbias interpretaciones de sus cuatro actores gracias a unos diálogos muy poderosos; el espléndido retrato de la madurez que traza Mike Leigh en Another Year; la esencia de la ciencia ficción que capta con maestría Duncan Jones en Código fuente; la aventura más genuina y la mejor animación motion capture que se ha visto hasta ahora de Lasaventuras de Tintín. El secreto del Unicornio del casi infalible Spielberg; y, a pesar de sus defectos, las grandes cualidades cinematográficas e interpretativas que encierra El topo. Y, por supuesto, las películas de dos grandes de Hollywood: La conspiración (dirigida por un Robert Redford siempre preocupado por su realidad) y Más allá de la vida (Clint Eastwood siempre en forma, incluso en una historia sobrenatural).
· Sorpresas positivas
Todos los años llegan películas de las que uno no espera demasiado o incluso de las que no ha oído hablar y que se convierten en títulos que da gusto ver y revisar. Eso sucede con Margin Call, hasta hoy la mejor película de ficción que se ha rodado sobre la crisis económica, una obra de teatro en el sentido más elogioso del término, que narra los acontecimientos de una única noche en la que se descubre el ruinoso juego de una empresa con el dinero de los demás. Un reparto espectacular (con Kevin Spacey y Jeremy Irons dando auténticas lecciones) completa el cóctel de una película imprescindible.

Eva es la sorpresa española del año. Era difícil prever cuántas cosas buenas iba a encontrarse uno en una historia de ciencia ficción patria, pero las reúne. El inagotable encanto de Rachel McAdams y la socarronería de Harrison Ford colocan a Morning Glory como la comedia sorpresa del año, deliciosa y divertida. Destino oculto es más que ciencia ficción, una bonita historia de amor disfrazada de thriller fantástico. El inocente es una notable película de trasfondo judicial con el mejor Matthew McConaughey. Hanna confirma que Joe Wright es un director interesante que domina como nadie los planos secuencia. Y Sin identidad es un thriller modélico dirigido por el español Jaume Collet-Serra.

Capitán América es un brillante espectáculo para todos los públicos que demuestra cómo hacer una película de superhéroes contando el origen del personaje principal y, además, culminando años de precuelas que desembocarán en 2012 en Los Vengadores, pero pintaba mal cuando se anunció que Joe Johnston sería su director (responsable de ese horror que es El hombre lobo). Junto con X-Men. Primera generación, porque lo de Matthew Vaughn en Kick-Ass hacía temer lo peor, son los dos títulos que elevan el cine de superhéroes a categorías más elevadas de lo que se le suele consideran (Christopher Nolan al margen, por supuesto). Y lo mismo se puede decir Misión imposible. Su cuarta entrega, Protocolo fantasma, está entre lo mejor de la serie y del cine de acción contemporáneo. 
· Me gustaron... como esperaba
Suelo hacerme una idea bastante aproximada de las películas que voy a ver, así que muchas cumplen con las expectativas previas que tenía. El origen del planeta de los simios fue una de ellas... pero también una en la que difiero bastante del juicio que ha recibido. Muchos la han visto como una de las mejores películas comerciales del año, y a mí la verdad es que no me pareció para tanto. Para mí la historia necesitaba un final mucho más contundente que el que ofreció. Es buena, es probablemente un notable comienzo para una saga, pero no pensaba que fuera a ser y de hecho no creo que sea un peliculón inolvidable.

Entre las que más me gustaron, cumpliendo lo que esperaba de ellas, están Cisne negro (con los defectos de Aronofsky y la genialidad de Natalie Portman), Cowboys & Aliens (una muy entretenida mezcla de western y ciencia ficción), El ilusionista (una hermosa película de animación, homenaje a Jacques Tati), Enredados (un muy buen Disney), Harry Potter y las reliquias dela muerte parte 2 (esperaba que fuera la mejor de la saga y, con todo lo que me gusta de ella, lo es), Rango (confiaba en ver una rareza entretenida y eso es justo lo que vi), Secretariat (una inspiradora historia de esas bonitas y final feliz), Sucker Punch (una frikada con estilo), The fighter (actores bordándolo en una historia más floja) y Thor (un buen superhéroe de la mano de Kenneth Branagh).

No tan buenas pero cumpliendo el cometido mínimo de entretener en la medida de sus posibilidades encontré a Acero puro (será por el carisma de Hugh Jackman o por su copia de Rocky), Anonymous (ni de lejos tan buena como se cree Roland Emmerich, pero curiosa), Blackthorn (un atípico western con sabor español), Con derecho a roce (le vi química a la pareja que forman Mila Kuns y Justin Timberlake... y me enamoré otra vez de Nueva York), Crazy, Stupid, Love (había para más, pero intuía que se quedaría en eso), Drive (no termino de verle la genialidad de la que casi todo el mundo está hablando, pero muchas partes me gustan), El Gato con Botas (digna y punto), Furia ciega (una de esas que son malas pero entretenidas), La cosa (cumple sin hacer el ridículo), La gran aventura de Winter, el delfín (cine americano familiar), Ladeuda (bien hecha), La trampa del mal (parece un episodio de la vieja serie de Alfred Hitchcock sin más pretensiones) y One day (una estructura simpática). 
· Enormes decepciones
No deja de ser curioso que entre mis enormes decepciones de 2011 estén bastantes títulos que han acaparado las listas de mejores películas del año que han hecho críticos y revistas, además de aquellas que han acaparado premios en festivales y nominaciones en los grandes premios. Lo más decepcionante de los últimos doce meses ha sido para mí El árbol de la vida, una especie de ejercicio filosófico-espiritual que está mucho más cerca de la videocreación que del cine. Su primera parte me llevo a mirar al techo en más de una ocasión preguntándome qué era lo que estaba viendo y la segunda no remonta porque Terrence Mallick nunca ha conseguido entusiasmarme, más bien al contrario. La película no parecía esconder un mal guión, lo dijo Sean Penn, pero el resultado es desconcertante.

Decepción es la palabra para definir lo que me provocaron Melancolía, por sensaciones en el fondo no tan diferentes a las que genera El árbol de la vida; el Woody Allen del año, Midnight in Paris, que me sigue pareciendo muy igual a otros muchos de sus títulos; Somewhere, donde se demuestra, quién sabe si de una vez por todas, que Lost in Translation fue una feliz casualidad en la carrera de Sophia Coppola; la visión catastrofista del Contagio de Steven Soderbergh, que a mí no me conmovió lo más mínimo; el soso regreso a la dirección de Jodie Foster, El castor; o la superficial Un método peligroso, alejadísima de los últimos grandes trabajos de David Cronenberg.

De entre las nominadas a los Oscars que se dieron en febrero, quedan como decepciones Valor de ley, porque los hermanos Coen fotocopian la película original y la hacen pasar por una obra de autor; 127horas, con una forma de rodar y montar, la de Danny Boyle, que no me convence en absoluto; Los chicos están bien, una historia más o menos simpática pero que todavía no sé qué me quería contar exactamente; o Winter’s Bone, a la que no le vi demasiado jugo, ni siquiera en sus interesantes interpretaciones. Apuntaba mucho más alto El demonio bajo la piel, y se me quedó en algo aburrido; no le vi la gracia a la alabadísima Four Lions; ni tampoco pasé de la frialdad en que me sumió Nunca me abandones.

Del cine más comercial, quedan como decepciones Cars 2, porque Pixar también falla en alguna ocasión; Conan el Bárbaro, porque el personaje merecía una adaptación medianamente digna que no obtuvo, GreenLantern, porque es una sosería más o menos simpática que reúne todos los tópicos posibles de una película de superhéoes inane (la antítesis de Capitán América); In time, porque da pena ver cómo se desaprovecha un planteamiento inicial rico en una cinta convencional; Insidious, porque si eso es el cine de terror moderno entonces queda en evidencia que el género pasa por un momento terrible; o The Company Men, porque lo que se podría haber convertido en una gran película sobre la crisis se queda en una historieta feliz y convencional.
· Poco que disfrutar
Muchas películas se ven y se olvidan. Algunas son mejores, otras son peores, pero es difícil que alguna de estas se quede en la memoria por sus méritos cinematográficos. Entre las visibles están Cómo acabar con tujefe (saca alguna que otra risa u Kevin Spacey está brutal en la primera mitad), Footloose (entretiene, pero es que es una fotocopia de la original), Immortals (por aquello de la aventura y el impacto visual), Invasión a laTierra (porque en el fondo siempre está bien una invasión en el cine de vez en cuando), Jane Eyre (bien hecha, pero fría), Los pitufos (no es mala película infantil) y Sin compromiso (y es que Natalie Portman da muy poco de lo que disfrutar).

Sinceramente, por mucho que ya lo haya hecho y no tenga remedio, yo no perdería el tiempo con 30 minutos más o menos, Asesinos deélite, Bad Teacher, Caballeros, princesas y otras bestias (que en realidad se podría merecer lo de peor película del año), Caperucita roja, Colombiana, Detrás de las paredes (a pesar del gran esfuerzo de sus actores), El amor y otras cosas imposibles, El cascanueces en 3D, El santuario, El sicario de Dios, En tiempo de brujas (ojalá Nicolas Cage deje de estar en la ruina, nos ahorraríamos algunos bodrios suyos...), La legión del águila, Larry Crowne, Mañana, cuando la guerra empiece, Monsters, No tengas miedo a la oscuridad, Perros de paja, Piraña 3D, RED, Sin límites, Sólo una noche, Soy el número cuatro, Templario, The Green Hornet y XP3D (cuyo comentario colgaré aquí en los próximos días). 
· La peor película del año: Transformers. El lado oscuro de la Luna
Probablemente no sea ésta la peor película del año, no. Pero trazando una ecuación imposible entre medios, posibilidades y resultados, Transformers. El lado oscuro de la Luna se gana con creces el dudoso honor de estar aquí. Que Michael Bay tenga tantas cosas a su disposición (desde los actores más cotizados a las cantidades de dinero más ingentes) para hacer siempre películas que son cinematográficamente tan pobres es algo que me llama la atención. La tercera entrega de los Transformers fue la que más claramente evidencia que el director no entiende la franquicia ni sus personajes, que lo único que quería era a unos cuantos robots en pantalla pegándose mamporros mientras explotan cosas a su alrededor y una mujer despampanante que sustituyera a Megan Fox se paseaba por ahí con su pelo al viento y su vestuario impoluto, siempre dispuesta a echar la bronca a un robot gigante que dice quiere dominar el universo. Inenarrable.
· Ningún interés por verlas
Secuelas, muchas secuelas entre el cine de 2011 que no me ha llamado la atención. Y entre todas ellas destacan las nuevas entregas de dos sagas que nos someten a un bombardeo publicitario brutal cada vez que llegan en los cines: Crepúsculo y Piratas del Caribe. Ni Amanecer (parte 1; ¿por qué ahora se ha puesto de moda dividir en dos filmes libros que son adaptables en una sola película?) ni En mareas misteriosas me dicen mucho ni me incitan a sentarme delante de una pantalla. Pero tampoco me interesan demasiado Resacón 2, Paranormal Activity 3, Scream o Torrente 4, Fast & Furious 5 o Saw VII. Sexta entrega creo que no se me ha pasado ninguna.

De entre lo más reputado entre ciertos sectores de crítica y público, lo que menos me interesa es el último filme de Pedro Almodóvar, La piel que habito. El manchego no consigue llegarme de ninguna de las maneras. Tampoco quiero ver las acrobacias de estos imposibles Los tres mosqueteros, ni el remake de Noche de miedo, ni la recreación del 23-F, ni los sin duda continuos disparos de The Mechanic, ni Los pingüinos del Sr. Poper, ni El último exorcismo, ni la Carta blanca de los hermanos Farrelly, ni las gracias de El oso Yogi o las de un extraterrestre llamado Paul. 
· Lo que me queda por ver
Aunque en 2011 he visto mucho cine, muchísimo, siempre hay películas que se quedan en el tintero. Por supuesto, este año la más relevante es The Artist, a la que muchos colocan ya como ganadora del Oscar el próximo año. Aunque sólo sea por el valor de estrenar en plena segunda década del siglo XXI una película en blanco y negro y muda, tengo la impresión de que va a merecer mucho la pena. También tengo muchas ganas de ver, y la esperanza de que sean títulos destacados, London Boulevard y Los amos de Brooklyn. Falta también Beginners, que puede ser notable gracias a Christopher Plummer.

Menos alicientes, pero alguno que otro tengo para ver Agua para elefantes, Amor y otras drogas, Camino a la libertad, El mundo según Barney e Intruders. En español suenan varios títulos que aúno no he podido ver: Capitán Trueno y el Santo Grial (me temo lo peor, pero está avalada por su procedencia de cómic), Mientras duermes (creo que puede ser inquietante), No habrá paz para los malvados (tengo muchas expectativas en ella), Primos (dicen que es divertida) y También la lluvia (bien valorada por la crítica).

miércoles, agosto 10, 2011

'El origen del planeta de los simios', valiente pero limitada

Cuando se anunció una nueva entrega de la saga de El planeta de los simios, esta vez planteada como una precuela al nivel más absoluto posible, es decir, el inicio del inicio, pensé en dos opciones. Podía ser un producto risible, ridículo y estrambótico, sin pies ni cabeza ni relación alguna con la mitología de este universo. O bien podía ser una película sumamente original, que sentara cátedra, que se convirtiera en un prodigioso espectáculo y en un sincero homenaje a aquella película que inició la saga e hizo historia a finales de los años 60. Vista El origen del planeta de los simios, ninguna de las dos posibilidades se ajusta a la película que nos han entregado. Es un buen espectáculo, pero sobre todo un filme valiente en muchos tramos e ideas. Pero también es un típico producto veraniego, con sobredosis de efectos digitales y demasiados cabos sueltos. Está siendo todo un éxito de público y también de crítica. Para mí, es un título que merece la pena ver pero que tiene muchos defectos como para pensar que estamos ante algo totalmente diferente.

Acostumbrados a que las películas se promocionen con el nombre de los actores o (en algunos casos contados) del director, sorprende relativamente que El origen del planeta de los simios tenga un solo nombre como carta de presentación: Weta, la compañía de efectos especiales. Sorpresa relativa, digo, porque aunque no es lo usual sí supone el reconocimiento de algo que viene aquejando a las superproducciones veraniegas desde hace ya muchos años, la supremacía de los efectos especiales por encima de todo. Y esa supremacía deja un sabor contradictorio. Es innegable que los efectos están a gran altura. Andy Serkis, el actor más cotizado del mundo a la hora de aportar su movimiento corporal y facial a todo tipo de personajes y criaturas, es el chimpancé de la película, y su interacción con el mundo real resulta asombrosa. Sin embargo, hay un abuso de los planos digitales, de movimientos de cámara irreales, que restan verosimilitud y añaden artificiosidad al conjunto final. Esos momentos son achacables a la impericia de su casi debutante director, Rupert Wyatt.

Asombrados o no por los logros visuales de la película, lo cierto es que hay que reconocer la valentía que tiene la película en lo temático. No es habitual que se trate a un animal como un protagonista más (incluso como EL protagonista en diversos tramos de la película), y menos que se haga con tanta inteligencia como aquí. Caesar, el simio cuya historia se nos narra, el que abrirá el camino para que los primates sean la especie dominante en el planeta, es un personaje espléndidamente bien trazado, que encuentra un origen creíble y bien definido. Por desgracia, el guión no trata tan bien a los personajes humanos. Todos, sin excepción y aunque en alguno se note incluso más que en otros, forman parte de un conjunto de estereotipos sin demasiado interés. El científico noble pero ambicioso (James Franco), la chica simpática y poco más (Freida Pinto), el padre sin más trascendencia que la que le da su enfermedad (John Ligthgow)... Es evidente que la película tenía más interés en los simios que en los humanos.

Por eso, las mejores escenas de la película son las que dan el protagonismo a los simios, sean aquellas en las que se explica la evolución de la mente de Caesar o la explosión de violencia final, realmente formidable en todos sus aspectos pero especialmente en su endiablado ritmo. Decía que es una película valiente, y lo es sobre todo por su descripción de los simios, por el trato que les da y por las acciones que acometen en esa parte final. No es fácil moverse entre la frontera del ridículo y de lo espectacular, y el caminar de El origen del planeta de los simios por esa línea es ejemplar, incluso en los momentos más descabellados (que no procede desvelar para no matar la sorpresa, por supuesto). Por eso se nota tanto el desnivel que hay con respecto a los personajes humanos, porque el perfil del simio (de los simios, en realidad) es sobresaliente. En esto no sobra nada, e incluso la película podría enriquecerse si se hubiera estirado algo más (apenas sobrepasa los 100 minutos, una duración poco usual en las películas que quieren asaltar la taquilla veraniega, que con demasiada facilidad se van a las dos horas y media).

Pero el gran problema de la película, el que de verdad limita su alcance, está en la voluntad de dejar una historia inconclusa. Es difícil decir si esto obedece a a la pretensión de crear una nueva saga o si era la intención original de guionistas y director, pero yo lo siento como algo que va en contra de la película. El origen del planeta de los simios pide a gritos un final a la historia, y no sólo a los acontecimientos que se desencadenan al final de la película. Un final, por abierto que sea, que siga el modelo de la película original. Pero, claro, ahí ya hablamos de palabras mayores. Mucho se ha comentado acerca de que esta precuela ignore el remake que dirigió Tim Burton de El planeta de los simios hace ya una década, pero lo cierto es que también se salta algunas premisas del planteamiento original de la saga (como evidencia el epílogo del filme de Wyatt). Por supuesto, los guiños a los aficionados más clásicos no podían faltar, por mucho que la acción de la película tenga lugar en San Francisco. Atentos al momento de la mítica frase, la más conocida de la saga, que aquí vuelve a sonar con esplendor.

Un final limitado, el flojo retrato de los personajes humanos y la irrealidad de algunos planos de efectos visuales hacen que El origen del planeta de los simios no sea una película redonda. Su valentía en muchos aspectos y un poderoso clímax (de casi media hora de duración) son grandes logros. Es lo de siempre, el vaso estará medio lleno o medio vacío según lo decida cada espectador. Para casi todos, ésta será una película sumamente entretenida y más que digna, muy interesantes en muchos momentos y con un ritmo frenético en su tramo final. Eso ya hace que merezca la pena. Y mucho. Pero podría haber sido aún más.