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viernes, julio 08, 2016

'Mi amigo el gigante', el Spielberg más irregular

Cuando se siente en cada plano que Steven Spielberg es un director mucho más capaz que la inmensa mayoría de los realizadores que a día de hoy llegan a llevar sus películas a los cines, no alcanzar la excelencia deja sensaciones encontradas. Se puede establecer sin mucho margen de error que Mi amigo el gigante es, probablemente, el filme más irregular de la carrera del genial realizador. Tiene momentos deslumbrantes, es la enésima demostración de que con una cámara en la mano (o en el ordenador, que mucho de eso hay aquí) Spielberg es capaz de hacer lo que sea, de que el espectador se crea todo cuanto coloca en el cuadro, sea realista o fantástico. Pero al menos tiempo es una película a la que le cuesta mucho arrancar, y que en realidad no alcanza su verdadero potencial hasta el tercio final, que es cuando definitivamente remonta y se convierte en el maravilloso cuento que es el relato de Roald Dahl en que se inspira y que Melissa Mathison convirtió en su último trabajo.

Tras la atractiva pero también lenta El puente de los espías, cabe preguntarse si Spielberg ha entrado en una fase en la que le importan más otras cosas que el ritmo. Mi amigo el gigante sería el segundo título consecutivo en el que se pierde el frenesí que incluso sus películas menos alabadas tenían. Por mucho que la factura pueda parecer una pequeña ruptura en el cine de Spielberg, por el exceso de trucajes digitales que sirven para construir este mundo, la película se adentra en terrenos de fantasía que ya ha transitado a lo largo de su filmografía. Quizá un referente claro sea Hook. Pero en el fondo hay más rastros de Mi amigo el gigante en otras películas, Y siempre queda el placer de ver de nuevo a Spielberg dirigiendo con el tino de antaño a actores infantiles, en este caso a una carismática y simpática Ruby Barnhill, que da muy buena réplica a un no menos espléndido Mark Rylance digitalizado en el gigante.

¿Pero cuál es el problema de Mi amigo el gigante? Se ha hablado mucho de que al festín visual, irrefutable, le falta alma. Puede ser, pero en realidad el alma sí se ve en el tramo final de la película, cuando Spielberg conjuga de una manera admirable, sobre todo en las escenas de palacio, el humor que cabe esperar de una fábula infantil como la que escribió Roald Dahl con la magia visual que siempre ha caracterizado al cineasta norteamericano. Por eso da la impresión de que el problema es otro, es más bien el ritmo, que la película tarda muchísimo en arrancar, y después de una formidable escena inicial, una virguería visual en la que el gigante va camuflándose entre las sombras del Londres nocturno para volver al país de los gigantes sin ser visto, la relación que se establece entre ese ser gigantesto y la pequeña Sophia no termina de cuajar. Lo hace mucho más adelante, pero habiendo dejado demasiadas sombras, incluso quizá algo de aburrimiento, en el primer tercio.

Sería muy exagerado decir que Mi amigo el gigante es una decepción, pero no se puede esconder que en esta fase de su filmografía Spielberg no está consiguiendo películas que hagan justicia a su genialidad. Se ve en muchos momentos, se atisba en otros, el entretenimiento que siempre ha sido capaz de sacar de cada una de sus historias sigue ahí, en esta ocasión con especial énfasis en un público de menor edad del habitual, pero no termina de enamorar como lo ha venido haciendo incluso con cintas que a día de hoy permanecen claramente infravaloradas (y esas son unas cuantas). Mi amigo el gigante, en todo caso, es un curso acelerado de cómo rodar una película de escenarios y criaturas digitales haciendo que el asombro campe a sus anchas por el patio de butacas. Es apasionante ver a un tipo tan clásico como Spielberg amoldándose de esta forma al cine del futuro, aunque en esta película sea difícil ver tanta pasión de verdad como ha venido desprendiendo siempre.

viernes, diciembre 04, 2015

'El puente de los espías', magnífica simplificación

Desde ya más años de los que merece la pena recordar, cada película de Steven Spielberg es una masterclass es sí mismo. Puede ser mejor o peor, más o menos atrevido, más o menos entretenido, pero Spielberg deja siempre una marca indeleble en el espectador a través de cada uno de sus filmes. El puente de los espías no es ninguna excepción a esa norma que sigue colocando al cineasta entre los grandes. No es tan osado como el Spielberg de Munich, ni tan solemne como el de Lincoln, ni tan preciosista como el de Caballo de batalla, ni tampoco, por supuesto, tan profundo como el de La lista de Schindler o tan aventurero como el de cualquier entrega de Indiana Jones. Pero es Spielberg. Y su sello impone. La suya es una versión de la guerra fría tremendamente simplificada en algunos aspectos en la historia del abogado James Donovan, pero en todo caso, y con alguna que otra concesión ya habitual en el cine de este espléndido director, magnífica.

Por mucho que la temática sea un auténtico caramelo que encaja de forma natural entre su filmografía, no deja de ser una sorpresa que Spielberg esté detrás de una película cuyo guión acredita a los hermanos Coen, que corrigieron el libreto original de Matt Charman y a quienes parece fácil atribuir los medidos y muy acertados golpes de humor suave que hay en la historia. Y quizá haya que pensar también en ese aspecto para que el filme no sea tan crudo o tan dramático como podía anticiparse por la simple relación entre el cineasta y la época que retrata o por lo que mostraba su trailer. Es posible que por ese lado se le escape a Spielberg una oportunidad de haber redondeado un título memorable dentro de su filmografía, algo que no llega a ser, pero en cualquier caso es un filme de 140 minutos que se pasa volando, absorbidos por la fascinante historia de este abogado que acabó siendo mediador en un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

La fuerza de la película, de hecho, la marca ese personaje protagonista, que Spielberg deja descansar en los hombros de un Tom Hanks formidable. Es ya la cuarta colaboración entre actor y director, después de Salvar al soldado Ryan, Atrápame si puedes y La terminal, y la simple comparación entre todas ellas sirve para valorar el espléndido trabajo de ambos a lo largo de esta colaboración. Hanks es un maestro que se adapta, como muestra este cuarteto de títulos, a personajes muy diferentes entre sí, y a eso se suman la habilidad que tiene Spielberg de hacer creíbles a actores mucho menos conocidos y la presencia igualmente magnética de un soberbio Mark Rylance, que interpreta al espía ruso al que el abogado neoyorquino tiene que defender. Puestos a poner alguna pega en este apartado, los personajes de Alan Alda, uno de los jefes de Donovan, y Amy Ryan, la esposa del protagonista, quedan algo desaprovechados, incluso formando parte de algunas de las mejores escenas de la cinta.

Lo cierto es que El puente de los espías destaca en los dos ámbitos que quiere tocar, por un lado las consecuencias de defender a un espía ruso, que centra la primera mitad del filme, y por otro la partida de ajedrez que es en realidad el trabajo de espionaje en el que se ve envuelto Donovan, y que es donde se ve al Spielberg más espectacular, el que es capaz de sumergir al espectador en cualquier mundo, sea este fantástico o del pasado. No obstante, destacando en ambos, es verdad que el conjunto se resiente mínimamente y no alcanza lo sobresaliente. Sobra también que la película quiera ser demasiado amable y, dicho esto con todo el cariño y ninguna animadversión, demasiado americana. Spielberg es, en cualquier caso, un cineasta brillante, que rueda con la misma habilidad una escena de acción que una basada en la puesta en escena tan memorable que hace con el puente que da título a la película, una gran muestra del cine clásico que sólo él parece ser capaz de hacer en nuestros días.

lunes, enero 21, 2013

'Lincoln', inmenso drama histórico

Lincoln es un drama histórico inmenso. Partir de ese punto simplifica el catálogo de alabanzas que supone hablar de una obra cumbre, una más, de uno de los directores más influyentes de las últimas cinco décadas, al que se le ha negado con demasiada facilidad el reconocimiento por haber servido a la noble causa del entretenimiento audiovisual. Steven Spielberg es uno de los más importantes cineastas de nuestra época, insisto en la palabra cineasta, y así lo atestigua su cine, su elevado número de películas sublimes, aquellas que han servido para marcar épocas y memorias, las que han formado los sueños cinematográficos de tantos espectadores. En Lincoln demuestra una vez su madurez como autor, su dominio absoluto de todo lo que sucede en la pantalla para componer un fresco impresionante. Y añade a su gran colección de interpretaciones, algo que con frecuencia se le ha negado que forme parte de sus talentos, la de un Daniel Day Lewis legendario. Él es, ya para siempre, la efigie de Abraham Lincoln. Y ésta, la película definitiva sobre su protagonista.

La sensación que deja Lincoln es profunda. Durante su visionado y después del mismo. Tiene presencia y tiene poso. Spielberg, siguiendo un sobresaliente guión de Tony Kushner (que ya hizo para Spielberg el también impactante libreto de Munich), muestra una historia intensa y memorable, la del final de la guerra civil estadounidense y la lucha por sacar adelante la decimotercera enmienda de su Constitución, la que debía abolir para siempre la esclavitud. Y, al mismo tiempo,traza un minucioso retrato de una figura histórica como la de Lincoln. Fascinante en el papel y aumentada en la pantalla por la labor de Spielberg y Daniel Day Lewis. El director le da al actor todas las armas para que su interpretación sea única y redonda. Hace crecer su figura con sus encuadres, con sus sombras, con sus movimientos de cámara. Lo hace con una sutileza impresionante pero que tendría que ser mostrada en todas las escuelas de cine. Nada de lo que hace Spielberg es gratuito, toda tiene una razón de ser y prácticamente todo (por no hablar en términos absolutos) funciona a la perfección.

Y Daniel Day Lewis responde al mismo nivel, dejando un regalo irrepetible. Aunque hay que tener en cuenta que este actor sólo sale de su casa cuando una película realmente le motiva, no deja de ser curioso que no fuera la primera opción para el papel. Liam Neeson, al que Spielberg sacó un trabajo inolvidable en La lista de Schindler, iba a hacer la película. Entre director y actor refuerzan una imagen mítica a la que hasta ahora le faltaba un referente indiscutible. Hacen que sea un hombre legendario, a la altura de este presidente de los Estados Unidos intocable que forma parte de la memoria colectiva, pero también un hombre de carne y hueso. Vemos al político, al líder, pero también al esposo y padre de familia. No es un retrato complaciente, sino complejo y que, en manos de ese guión de Kushner y la dirección de Spielberg, evita el riesgo de ser el centro único e indiscutible de la película que se lleve por delante lo que tiene alrededor. Al contrario. Lincoln no es sólo Daniel Day Lewis, sino que él es la pieza central de un conjunto extraordinario, que dentro de su reparto aporta la enorme presencia de Tommy Lee Jones o el magnífico contrapunto de Sally Field.

Y es que Lincoln es perfecta en muchísimos sentidos. Hay apartados técnicos de matrícula de honor, como la fotografía de Janusz Kaminski o el montaje de Michael Kahn, por no hablar de la intachable ambientación histórica por medio del diseño de producción de Rick Carter o el vestuario de Joanna Johnston. Decir que lo más flojo está en la música del maestro John Williams, quizá demasiado impersonal, da idea del altísimo nivel que tiene la película en todas sus facetas. Y qué decir de todo el reparto, memorable en un conjunto, con apariciones destacadas de Joseph Gordon-Levit (aún con una gran e indispensable escena, puede ser el personaje menos útil a la historia), James Spader, Jared Harris o David Strathairn. Pero la maestría técnica de cada uno de estos aspectos sobrepasa los límites de cada sector y acaba desembocando en una artesanía magistral gracias a Spielberg, el autor que mejor entiende cómo conectar todos los elementos para crear una película apasionante. En ningún momento se hacen pesados sus 150 minutos, necesarios para entender la historia. No sobra una escena. No está de más un solo plano. ¿Que apela a los sentimientos? Sí, eso forma parte de Spielberg. ¿Eso hace de Lincoln una película blanda? No, aunque quizá quienes no conecten habitualmente con su sensibilidad puedan considerarla así.

Lincoln es una obra de arte. Y lo digo en el sentido más amplio de la expresión. Teniendo un guión formidable y unos diálogos importantes, tal es el poder cinematográfico de Spielberg que incluso sin sonido es una película visualmente magnética. Puestos a calificar, y dentro de sus dramas, encaja entre los mejores, probablemente junto a La lista de Schindler y la infravalorada Munich. Y en este punto de su carrera recoge con sumo acierto y mejorando características anteriores aspectos que recuerdan a otros de sus filmes: las escenas políticas solemnes de Amistad, el arrollador carisma de un personaje protagonista de La lista de Schindler, la poética transmisión de mensajes con planos muy concretos de Caballo de batalla, la trascendencia histórica de Munich, el mensaje de El color púrpura, y la sinceridad de El imperio del sol. Es un Spielberg en estado puro que, ya desde la misma temática de la película, estaba llamado a ser impresionante y que con un clasicismo ejemplar y de escuela de cine cumple las expectativas que siempre levante la obra de un genio que no siempre es reconocido como se merece.

viernes, febrero 10, 2012

'Caballo de batalla', Spielberg es de otra época

Si en los años 70 y 80 Steven Spielberg fue un renovador del cine, el mismo realizador se ha ido convirtiendo a sí mismo en una reliquia. Dicho así, puede sonar mal, despectivo. Pero es justo lo contrario. Steven Spielberg es hoy un cineasta de otra época, uno que en los años 40 y 50 habría sido adorado con devoción y que, sin embargo, es examinado con lupa en el siglo XXI. Caballo de batalla le confirma como el más clásico de los directores épicos contemporáneos, como un maestro de los sentimientos más allá y en connivencia con la imagen, como un dominador absoluto de todo cuando acontece en la pantalla. Tiene tanto dominio del arte como del lenguaje cinematográfico, y eso, sinceramente, hay muy poquitos cineastas que lo puedan decir. Hay en Caballo de batalla una hermosa ingenuidad que, quizá, haga que no sea éste su mejor filme. Pero ya quisieran otros muchos, con sus obras magnas, ser capaces de emocionar la mitad de lo que Spielberg consigue con este precioso y emocional cuento.

Supongo que en este punto es obligado admitir que soy un ferviente admirador de Steven Spielberg. Quienes vieran una estupidez la excusa argumental de Salvar al solado Ryan, quienes se aburrieran con La guerra de los mundos, quienes no piensen que E.T. encierra una grandeza única o quienes no se emocionaran hasta la lágrima con Inteligencia artificial es bastante probable que no estén de acuerdo con lo que diré de Caballo de batalla o de su autor. A Spielberg la excelencia técnica se la reconoce todo el mundo, pero se le suele negar con demasiada frecuencia su condición de artista. Y sin embargo, es uno de los pocos cineastas que consigue que todo funcione en sus películas. Podrán gustar más o menos, podrán tener más o menos fallos, se podrá empatizar más o menos con sus mensajes, pero lo que se ve en pantalla es siempre lo que la mente de Spielberg imagina. No se me ocurre nada más elogioso que eso para calificar a un artista, que sabe lo que quiere y tiene la capacidad de plasmarlo tal y como lo ve, además de conectar fácilmente con el espectador.

Caballo de batalla no deja de ser un cuento, y como todo cuento tiene partes muy sensibleras. Eso forma parte del espectáculo tal y como está concebido, aunque seguro que eso mismo le restará aprecio a este título como ya le sucedió a otras películas de su filmografía. Tiene este filme cosas del Spielberg de diferentes épocas. Recupera repartos más o menos desconocidos, como los que usó durante sus primeros años en el cine (y qué pedazo de reparto, encabezado por el joven Jeremy Irvine; no hay ningún actor que esté fuera de lugar en ningún momento) y utiliza escenarios de guerra que no se atrevió a pisar con seriedad hasta que no alcanzó una madurez como director dramático. Pero al mismo tiempo se reinventa con una estructura muy distinta a la que ha utilizado en anteriores películas, muy casual, con continuos cambios de ritmo pero evitando con maestría el aburrimiento, que no llega en ningún momento de las dos horas y media que dura el filme.

Y, por supuesto, adereza todo el conjunto con un envoltorio precioso, el que le otorga la confianza de sus colaboradores de siempre, con especial atención a la magnífica fotografía de Janusz Kaminski y a la espléndida música (con resonancias de Un horizonte muy lejano) del mítico John Williams. Una vez vista Caballo de batalla queda enterrado para siempre el mito de que no se debe rodar con animales. El caballo protagonista, Joey, es mucho más que un actor en la película. Es un transmisor de emociones que se mueve al son que marca la genialidad de Spielberg. No hay nada falso en las peripecias que vive, desde que nace en Devon, un pueblecito inglés, hasta que se ve inmerso en las batallas de la Primera Guerra Mundial. No es, por cierto y por si alguien espera ver el desembarco de Normandia de Ryan, una película de guerra, aunque las escenas bélicas que hay en la hora final del filme están a la altura de los mejores momentos que ha rodado jamás Spielberg, tanto a nivel visual como a nivel emocional (impresionante a todos los niveles la huida del caballo entre las trincheras y el campo de batalla y el posterior encuentro entre un soldado inglés y otro alemán).

Caballo de batalla es la película en la que Spielberg da rienda suelta a la inocencia del cine de mediados del siglo XX y que ha venido colando en mayor o menor proporción en casi todas sus películas. Hay algún momento en que esta apuesta puede resultar excesiva, debido a que todo parece demasiado orquestado como para ser creíble. Pero hay que darlo por bien empleado si gracias a eso se puede conseguir un final tan visualmente hermoso como el que brinda aquí Spielberg o una conversación tan bonita como la que ofrecen justo antes dos de los principales protagonistas de la película (impresionante aquí Niels Arestrup, que junto a Peter Mullan y Emily Watson dan un toque de distinción y madurez a un reparto eminentemente joven). Quizá lo más flojo de Caballo de batalla esté en su primera mitad, donde es posible que se hubiera podido recortar el metraje, y eso también ofrece cierto desequilibrio con la fantástica hora final. Pero impresiona en cualquier caso. Aunque sea una película de 2011 que en realidad debió de estrenarse en 1951.

lunes, noviembre 14, 2011

10 PELÍCULAS... que no me gustan de directores que me suelen encantar

Hasta el mejor escribano echa un borrón, asegura el dicho popular. Y es cierto. En cine, es prácticamente imposible encontrar una filmografía inmaculada o desprovista de algún título que no colmara las expectativas de quienes habitualmente disfrutan con sus películas. Hay directores que alternan buenas y malas películas. Hay otros que, en realidad, sólo tiene una que me chirríe especialmente entre tanta genialidad. Una en la que piense que no es posible que sea ese adorado cineasta el que se ha colocado detrás de la cámara. Estas son diez, ordenadas alfabéticamente según el apellido de sus directores.
· Tim Burton: Alicia en el País de las Maravillas (2010)
Adoro a Tim Burton desde siempre. Recuerdo la fascinación que me provocó Bitelchús, su segunda película, y esa es una sensación que ha ido creciendo película tras película, con la construcción de un universo personal y fantástico. Hasta que llegó su visión de Alicia en el País de las Maravillas. Sí, tiene las criaturas y los escenarios que uno podría esperar de Burton, pero le falta su magia, su espíritu, su belleza. Mucho artificio digital, pero nada de lo que encandilaba en Eduardo Manostijeras, en Pesadilla antes de Navidad, en Batman, en Big Fish. Incluso en El planeta de los simios, película que siendo todo lo plana que es al menos se convirtió en un divertido espectáculo pirotécnico. ¿Pero Alicia? No me convenció nada. Menos que nada su protagonista, Mia Waiskowska, pero tampoco me convenció un Johnny Depp más sobreactuado de lo normal. Fue una decepción.
· James Cameron: Titanic (1997)
Cuesta creer que un director que ha dado tantas horas de diversión se esté convirtiendo en uno de los que más me aburren... justo cuando tiene un éxito descomunal e incomparable. Terminator y su secuela, Aliens, Abyss... En los años 80, en los grandes años 80, era uno de los grandes nombres de la fantasía y la ciencia ficción. Pero llegó la película que me rompió el mito. Y no es Avatar, que no es que no me guste, pero me pareció muy sencillita para ser la película con la que iba a cambiar el mundo del cine. Hablo de Titanic. Nada menos que uno de los títulos que más Oscars ha cosechado. Pero no, no aguanto esa película. Y eso que desde niño me fascinó la tragedia del transatlántico insumergible que chocó contra un iceberg. Pero es que la veo aburrida, tópica, incluso repetitiva. No me provoca la misma emoción que a casi el resto de los mortales. Sí, los efectos visuales y el hundimiento del barco son espectaculares... ¿pero 194 minutos para eso? La película dura más que el mismo hundimiento del Titanic a tiempo real. Y recuerdo historias de amor mucho más bonitas en el cine.
· Brian De Palma: La dalia negra (2006)
El precio del poder, El fantasma del paraíso, Atrapado por su pasado, Carrie, Los intocables de Eliot Ness, Misión imposible... Incluso gracias películas menos apreciadas como Ojos de serpiente, La hoguera de las vanidades, Redacted o a sus nada velados homenajes a Hitchcock de sus primeros años de carrera, Brian De Palma siempre me ha parecido un director interesantísimo. Hasta que llegó La dalia negra (incluso un poco antes, cuando estrenó Femme fatale, la verdad). Lo que tendría que haberse convertido en el resurgir del cine negro, adaptando una novela de James Elroy, se quedó en una película aburridísima, farrogosa, imposible de seguir o de entender, con actuaciones de lo más anodinas (¿fue aquí donde Scarlett Johansson me empezó a parecer una belleza cansada de aparecer en el cine?). Habrá quien piense que exagero, pero tengo La dalia negra como una de las más clamorosas oportunidades perdidas para hacer un título que marcara época.
· David Fincher: El club de la lucha (1999)
Probablemente me tope con una legión de fans indignados al decir esto, pero no soporto El club de la lucha. Me pareció una película imposible, que rozaba el absurdo, que sobrepasaba los límites y que, ideológicamente, podía incluso catalogarse como peligrosa (líbreme el poder divino de pedir su censura, pero no por ello voy a comulgar con lo que defiende). Asumo que el libro de Chuck Palahniuk goza de tantos seguidores como el filme, y por eso no creo que me acerque a él, pero tengo este título como una película alejada de la genialidad habitual de David Fincher. Ese que ha revolucionado el policíaco en dos ocasiones (con Seven y, sí, también con la infravalorada Zodiac). Ese que me hizo llorar y emocionarme con El curioso caso de Benjamin Button. Ese que me interesó desde sus inicios con la excesivamente modificada por el productor Alien 3. Ese que me maravilló con La red social. Y entre todo eso, Edward Norton y Brad Pitt liándose a mamporros por pura diversión. No me cuadra, no.
· Alfred Hitchcock: La trama (1976)
El mago del suspense y uno de los directores más universalmente reconocibles de la historia del cine no se merecía un epitafio cinematográfico tan triste como el que dejó. La trama es su última película y es de todo menos una película de Alfred Hitchcock. No hay en ella nada demasiado reconocible. Es muy blanda, es demasiado cómica, es extremadamente convencional. Igual con otro nombre detrás de la cámara sería una peliculita simpática para pasar la tarde. Pero es que la dirigió un tipo que hizo Psicosis, Con la muerte en los talones, Vértigo, Los pájaros. Auténticas palabras mayores del suspense. La trama, sin el carisma que conseguía Hitchcock de sus actores, protagonistas y secundarios, es justo lo contrario: una simple anotación a pie de página, un relato sin demasiado interés que se podría haber quedado en un episodio de una de las muchas series de televisión cómico-policíacas de los años 80. Pero no. Llevaba el nombre de Hitchcock. Su sello no.
· Michael Mann: Corrupción en Miami (2006)
Cuando en 1995 salí de ver Heat fue una de las pocas veces en mi vida que, gracias a la genialidad, no había sido consciente de ver una película tan larga. Su director era Michael Mann, un tipo que después me ha fascinado en unas cuantas ocasiones con sus retratos de conflictos humanos (para mí, su cima es El dilema; ¿algún otro director habría conseguido que Russell Crowe pudiera parecer un hombre tan impotente?). Cuando se anunció que iba a dirigir un remake cinematográfico de Corrupción en Miami, serie que él mismo había creado, lo cierto es que no me pareció mal. Pero creo que ahí falla casi todo Parece un videoclip muy alargado, en el que los actores parecen tener más ganas de poner caras de malo (incluso los buenos, mirad a Jamie Foxx y Colin Farrell) que de construir personajes. La acción, normalita. El guión, convencional. La fotografía es preciosa. Pero es que ya habíamos visto Collateral. El de Corrupción  en Miami no fue, desde luego, el Michael Mann que esperaba.
· Martin Scorsese: Kundun (1997)
Martin Scorsese. Si es que decir su nombre ya provoca una admiración incontenible. El director que mejor ha retratado el Nueva York más sucio y oscuro. El que mejor ha sabido enseñarnos a Robert De Niro. Uno de los mejores en enseñarnos el mundo de la mafia. Y a finales de los años 90 hizo Kundun. Después de haber hecho nada menos que Casino. Probablemente sería ésta una película que significara mucho para el Scorsese persona, para su sentido de la espiritualidad. Pero cinematográficamente se quedó escasísima, aunque es una cinta que tiene cierto prestigio. Yo me quedo con el Scorsese más trascendente, el de Taxi Driver, el de Toro Salvaje. Prefiero el vigor con el que rueda hoy en día aunque El aviador, Gangs of New York o Shutter Island no sean películas tan perfectas. Incluso disfruté con títulos de su filmografía que no parece recordar nadie, como Al límite. ¿Pero Kundun? Si no supiera que es de Scorsese, puede que su nombre fuera el último que diría intentando adivinar su director.
· M. Night Shyamalan: El incidente (2008)
Junto con Tim Burton, pero de una forma muy diferente, M. Night Shyamalan me parece el fabulista más interesante del cine moderno. Sus películas encierran una magia poco convencional y al mismo tiempo perfectamente reconocible. Y no, no es Airbender la película de su filmografía que no me gusta nada, porque esa me parece masacrada con demasiada saña para lo que se merece su entretenimiento. Es El incidente. Con un comienzo brutal, va perdiendo fuerza a cada minuto que pasa. Tiene alguna que otra escena que cae en el ridículo. Y ni sus actores parecen creerse lo que está pasando en la película. ¿Dónde está la tensión dramática de El sexto sentido, Señales, El bosque, La joven del agua o El protegido, para mí sin duda su mejor filme hasta la fecha? No se ven por ningún lado. En su momento pensé que la historia podía dar para un episodio de una serie de televisión, pero nunca para un largometraje, muy alargado y muy mal rematado.
· Steven Spielberg: 1941 (1979)
Incluso el Rey Midas de Hollywood puede cometer deslices. Me duele incluirle en la lista porque siempre he tenido la impresión de que no gusta reconocerle a Spielberg sus inmensos méritos cinematográficos, a pesar de que formo parte de una generación que ha crecido con sus películas. Siento que no se reconoce su madurez, y no hablo de sus dramas (La lista de Schindler a la cabeza, aunque, por ejemplo, se infravaloró Munich), sino de absolutas maravillas como Inteligencia artificial, Minority Report o La guerra de los mundos. Pero hay que reconocer que 1941 no es la película que uno espera ver firmada por Steven Spielberg. Una comedia absurda ubicada en la Segunda Guerra Mundial. Nunca se ha visto el director de las películas de Indiana Jones, E.T. o Encuentros en la tercera fase (ésta ya la había rodado cuando se metió en el lío de 1941) tan fuera de lugar. Si acaso, se pueden salvar algunos actores que viven el papel (John Belushi a la cabeza), pero hay que reconocer que no, que no funciona para nada.
· Ridley Scott: Un buen año (2006)
Este es otro director al que se infravalora con mucha facilidad. Qué fácil se olvida que es el responsable de Alien y Blade Runner. Y qué escaso valor se han dado a pequeñas maravillas como El reino de los cielos (mejor en su montaje del director), Gladiator o American gangster. Incluso a Hannibal, para mí una dignísima secuela de El silencio de los corderos. ¿Pero Un buen año? No me cabe la menor duda de que Scott se lo debió pasar de maravilla en esas pequeñas vacaciones que se concedió para rodar en Francia con su amigo Russell Crowe. Y seguro que presumirá de lo lindo de haber sido el lanzador real de la carrera americana de Marion Cotillard (que no deja de trabajar en Hollywood desde entonces, e incluso ganó un Oscar por una película francesa, La vida en rosa), pero ¿qué cuenta Un buen año? Miro su cartel y veo a Russell Crowe riéndose. Y, sí, me acuerdo otra vez de eso, de que se lo debieron pasar genial rodándola. Yo ya ni me acuerdo de qué iba.

jueves, octubre 27, 2011

'Las aventuras de Tintín. El secreto del uniconio', el Spielberg aventurero desatado

Steven Spielberg no podía fallar cuando hay aventura de por medio. Y no falla, desde luego que no falla. Las aventuras de Tintín. El secreto del unicornio es, sencillamente, la película más trepidante del año, el regreso del Spielberg más aventurero (muy superior al, mejor de lo que se dijo, de la ya estupenda Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal), construyendo una película de acción y aventuras para toda la familia con una animación deslumbrante (infinitamente superior a la motion capture que muestran las películas que ha hecho Robert Zemeckis con esa técnica) y una capacidad cinematográfica inagotable, que es lo que tiene Spielberg, uno de los grandes entre los grandes aunque muchos se lo nieguen (algún día, ojalá muy lejano, se morirá y entonces todo serán buenas palabras...). Quizá por haber tocado antes el techo de espectacularidad o quizá porque hay vocación de que esta película inaugure una saga, lo cierto es que el final de la película sí deja una sensación un tanto extraña. Pero lo anterior ha sido tan divertido, tan entretenido y tan genial que eso se queda en un fallo menor.

El cine de aventuras es algo de otra época. Hoy manda más la acción imposible. Se ha perdido la ingenuidad, la inocencia, la sana diversión. Hoy no parecen posibles películas como Robin de los bosques, Scaramouche, El temible burlón o El hombre que pudo reinar. Y, sin embargo, de vez en cuando se producen hechos sobresalientes como esta adaptación a la gran pantalla de las aventuras de Tintín. Porque es sobresaliente. Spielberg es el mejor cineasta vivo para plasmar en una película la aventura más pura y genuina, y he aquí una nueva prueba. No sé si hay otro autor capaz de hacer lo que él hace en la prodigiosa persecución que se asoma al filme en su tramo final (auténtico climáx aunque en realidad no lo sea, de ahí que el auténtico final deje un sabor de boca un tanto más discreto) o de rodar el deslumbrante combate naval que acontece poco antes. Como queda claro incluso en el prólogo (autohomenaje a Atrápame si puedes), hay auténtico cine en El secreto del unicornio, primera de las tres entregas previstas de Las aventuras de Tintín. Y cine familiar, que también es noticia, aunque un poco menos en el año en que la nostalgia ochentera de Super 8 (producida igualmente por Spielberg) triunfó en el verano.

La adaptación de los cómics de Tintín es fiel en muchos sentidos. No sigue literalmente el relato de uno de los libros de Hergé, sino de tres. Sin ser un gran experto en el personaje, dicen de la película que hay bastantes libertades a la hora de adoptar esos relatos, pero lo cierto es que las bases de los personajes, conocidísimos para todo el mundo incluso sin haber leído muchos de sus álbumes, están ahí. Tintín (Jamie Bell) es el curioso periodista lleno de recursos e ideas, el capitán Haddock (Andy Serkis) es ese entrañble y gruñón borrachín, Hernández y Fernández (los cómicos Simon Pegg y Nick Frost) son los dos mejores policías despistados del mundo, y todos ellos se enfrentan, con la inestimable ayuda de un divertido y logradísimo Milú, al malévolo Sakharine (Daniel Craig) en la búsqueda de un tesoro. Spielberg lo capta todo a la perfección, acompañado como siempre por una espléndida arquitectura cinematográfica en la que todo funciona como un reloj, desde la juguetona y maravillosa banda sonora de John Williams (¡que no se muera nunca!) a la fotografía de Janusz Kaminski (brillante incluso en un formato de dibujos animados).

A esa fidelidad contribuye el formato en que se ha realizado la película, con la técnica de animación de motion capture. Es tentador pensar qué película podría haber quedado si Spielberg hubiera rodado con imagen real, pero es sólo eso, un ejercicio tentador que no obedece a fallos de la película. Al contrario, esta técnica encuentra en Spielberg a su, por el momento, realizador definitivo, después de que Robert Zemeckis no ofreciera nada tan deslumbrante en sus intentos (si acaso, en Beowulf, pero ni mucho menos en Cuento de Navidad o Polar Express). Aquí la animación funciona porque Spielberg rueda, porque hace cine por encima de todo. No busca la espectacularidad porque sí, sino porque encaja en la película. No hace falta forzar continuos giros de cámara si ya tiene el mejor plano posible. Eso Spielberg lo domina como nadie, su forma de rodar es ejemplar y todo tiene sentido bajo su mando. Absolutamente todo. Por eso él sí es capaz de sacar interpretaciones convincentes de lo que para otros sería sólo un dibujo animado. Por eso Daniel Craig asombra como villano y tanto Bell como Serkis hacen realidad los sueños de millones de aficionados de Tintín con sus caracterizaciones, voces y movimientos.

Las aventuras de Tintín. El secreto del unicornio es una delicia, una película de aventuras como las de antes y la mejor prueba de que Spielberg no ha perdido su toque más juguetón y para todos los públicos. No son pocas las similitudes de esta película con En busca del Arca perdida, como tampoco con otros grandes títulos del cine de aventuras. Pero, al mismo tiempo, es una película muy contemporánea, muy de hoy en día, y que encaja perfectamente en la cada vez más ejemplar filmografía de su realizador. De este filme se puede decir que es divertido (es imposible no reírse con Milú, Haddock o Hernández y Fernández), que está repleto de guiños al cómic de Hergé (haría falta un auténtico experto para desgranarlos todos, pero ya el primero que se ve en pantalla deja bien claro el respeto que se quiere tener por la obra original), que es trepidante (magníficas escenas de acción que, como en el caso del primer Indiana Jones, encuentran su apogeo en la de persecución) y que está pensado para que lo disfruten públicos de todas las edades (incluso por su duración, 107 minutos). Yo sólo puedo añadir que me lo he pasado como un niño pequeño y que me parece, sin duda alguna, uno de los títulos del año. Spielberg demuestra una vez más su grandeza.

jueves, agosto 18, 2011

'Super 8' y la maravillosa emoción de la inocencia

Super 8 me daba miedo. Lo confieso. Mucho miedo. El cine de fantasía y ciencia ficción de los años 80 tiene un espacio muy grande en mi corazón cinéfilo. Muy grande, de verdad. No sólo es que haya crecido con esas películas, es que a día de hoy hay muchas que me siguen pareciendo tan espléndidas como entonces. Puede que fuera por la inocencia con la que las vi, pero es inocencia no tiene nada de malo. Al contrario. Es una sensación que el cine, en especial el cine norteamericano, había olvidado. Hoy todo es oscuro, triste, dramático, violento. Y ya no hay sitio para esa inocencia. Cuando se anuncia que J. J. Abrams, de la mano de la producción de Steven Spielberg, quiere recuperar esa sensación, sentí miedo. Miedo a que destrozaran esa inocencia, a que no supieran entenderla dos décadas después, a que pervirtieran ese recuerdo juvenil. Afortunadamente, mi miedo era injustificado. Super 8 es una emocionante maravilla que transporta a otro tiempo, a otro lugar, a otra sensación. Y qué gozada de viaje es éste.

No he sido un especial seguidor de J. J. Abrams en su aventura televisiva (Alias, Perdidos), pero sí en la cinematográfica. Y me gusta. Me encantó su Misión imposible, tercera entrega de la saga que sirvió para olvidar el malísimo sabor de boca que me dejó la segunda, de John Woo. Y aún más disfruté con su formidable revisión de Star Trek, de la que espero con muchas ganas una secuela. A Abrams le veo mucho clasicismo a la hora de entender el cine sin por ello alejarse de su propia época y de los códigos que tienen las películas contemporáneas. Sabe manejar con respeto los legados de ficción sin renunciar a que todo tenga su sello personal. Y si tengo tan buena opinión de Abrams, ¿por qué me asustaba esta película? Pues porque el referente claro de Super 8 está en E.T. El extraterrestre, y ésta siempre ha sido para mí (aunque no sea necesariamente una opinión popular o que pueda entender mucha gente) una de las películas más perfectas que jamás se han rodado.

De E.T. me gusta todo, pero sobre todo el inmenso carisma que desprendían todos los personajes, incluyendo y sobre todo a los niños. Siempre he pensado que semejante nivel de maestría es imposible de igualar. Super 8 no llega a tanto, pero se queda muy cerca durante buena parte del metraje. Es imposible no meterse de lleno en la filmación de esa película en super 8 que están haciendo los chavales. De no reírse con la afición a los petardos de uno de ellos. De no entender el miedo que tiene otro con los acontecimientos que se desatan. De no mirar con ojos enamoradizos a la chica del grupo. Es tan fácil entrar en la película. Tan fácil. Y es tan emocionante compartir los misterios que presenta, tan divertido sumarse a la aventura que propone, tan hermoso contemplar el curso de cine que imparte Abrams con una forma de rodar tan clásica como romántica. No me extraña que Spielberg haya querido poner su nombre en esta película como productor. Podría haberla rodado él mismo. Aunque, en realidad, ya lo hizo. La propia E.T. y Encuentros en la tercera fase tienen mucho que ofrecer a Super 8.

Pero la película de Abrams no es una copia, no es un remedo, no es un producto oportunista. En absoluto. Hay mucho de rompedor en estrenar una película así en el año 2011. El cine hace tiempo que se desmarcó del cine de fantasía y ciencia ficción de los años 80. Ya no se hacen películas como Super 8, el cine familiar serio está en franca decadencia, pero no tanto por falta de calidad o de ideas sino como resultado de una elección consciente. Hoy se prefieren hacer otras películas. Y seguro que los estudios de mercado, esos que se olvidan de que el cine es sentimiento por encima de cualquier otra cosa, dicen que los espectadores quieren ver ese cine mayoritario. Pero Super 8 viene a demostrar lo contrario. Se puede hacer un cine de calidad así, por este camino clásico y apto para todos los públicos. Sin que nadie salga del cine pensando que le han tomado el pelo o que no ha entendido nada.

La delicia de ver Super 8 pasa por no contar nada del argumento. ¿Para qué estropear las sorpresas y las sensaciones? Sólo hay que saber que vamos a ver una historia tan humana como de ciencia ficción ambientada en 1979, que los protagonistas son un grupo de chavales de un pequeño pueblo de Ohio y que hay una espectacular escena en la que un tren descarrila (en la que Abrams demuestra un dominio inaudito de todos los aspectos de la realización). Lo importante no es la criatura, que la hay. Lo importante son los personajes. Lo importante es enamorarse del personaje de la adorable y prodigiosa Elle Fanning (¡qué grande puede llegar a ser esta cría si la cuidan!; desde ya me convierto en su fiel seguido, porque mejora las interpretaciones que ha hecho hasta ahora su hermana Dakota). Es comprender el conflicto en que se ve envuelto el chico al que da vida Joel Courtney. Es deleitarse con el juego de cine dentro del cine que plantea Abrams o con los preciosos planos que crea en los que la profundidad de campo actúa casi como un personaje más.

Super 8 no es perfecta, pero casi. El principal mal que presenta es que no tiene un final redondo. Al contrario, es apresurado y algo torpe en algunos momentos, lo que es una pena teniendo en cuenta que llevábamos ya más de hora y media de cine descomunal a nuestras espaldas cuando alcanzamos ese desenlace. Y la culpa ahí es de Abrams como autor del guión, no como director, porque incluso ahí sigue rodando con una categoría increíble. Super 8 no es perfecta, decía, ni tampoco es E.T. Pero es, desde ya, un clásico instantáneo, una de esas películas que no me cansaré de volver a ver año tras año, una delicia impropia de su época y que, ojalá, sea capaz de trasladar a nuevas generaciones el amor por el cine que siente de una forma tan obvia Abrams. El mismo que se veía en el Spielberg de E.T., Encuentros, Tiburón o las películas de Indiana Jones. Y, como aquellas, Super 8 es una maravillosa joya.

Aquí, otra crítica más seria y menos apasionada.

miércoles, mayo 21, 2008

Indiana Jones vuelve a lo grande

Es él. Es el de siempre. Ha pasado el tiempo pero sigue siendo el mismo que nos encandiló allá por el lejano año de 1981. Es el mismo con el que hemos crecido ya un par de generaciones. Es el mismo héroe socarrón, imperfecto, inteligente e intrépido de siempre. Tiene el mismo miedo a las serpientes que le conocimos cuando buscaba el Arca. Tiene el mismo sentido de la amistad y de la familia que mostró en sus aventuras en el templo perdido o cuando, con su padre, intentaba hallar el Santo Grial. Su sentido del humor sigue tan fresco como hace veinte años, pero sabe que ya no es el joven arqueólogo que viajaba por el mundo buscando las más extrañas reliquias. Ahora tiene un poso de amargura, de decepción por los tiempos que le han tocado vivir. Pero es él. Es Indiana Jones. Todo un placer volver a verle.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal cumple todas las expectativas y se convierte en un entretenimiento espectacular, a la altura de las tres películas anteriores de esta saga. Abunda en el tono divertido e irónica de La última cruzada, pero al mismo tiempo tiene un punto oscuro como El templo maldito. Y abundan los homenajes a En busca del arca perdida. Es el mismo Indiana Jones de siempre, sí, pero el gran acierto de esta cuarta entrega es no presentar al mismo personaje. Han pasado los años e Indiana lo sabe, como lo saben George Lucas y Steven Spielberg. Es imposible no sonreír cuando Indy habla del paso del tiempo y mira las fotos que hay en su escritorio.

Harrison Ford lo borda, como siempre. Si hay un personaje para el que ha nacido, ese es Indiana Jones. Y eso es mucho decir para un actor que ha hecho papeles tan carismáticos como los de Blade Runner o Star Wars. Pero es que esa sonrisa cínica de Indy y su sentido del humor siguen encantando como el primer día. Shia Labeouf es una interesante adquisición de la saga. Como actor viene de la horrible Transformers, pero aquí, en un personaje en apariencia similar, consigue darle un tono fresco y nuevo, que encaja perfectamente (sobre todo con su segunda escena, la del bar) en este salto de la mitología de Indy a los años 50, a las disquisiciones de la guerra fría.

Dado que la promoción de la película ha sido ejemplar, ha evitado el bombardeo (sólo dos trailers que, además, no desvelan casi nada de la trama) y ha ocultado a los fans multitud de detalles de esta nueva aventura de Indy (incluso se han dado pistas falsas sobre los personajes que interpretan algunos actores), prefiero no revelar casi nada de la misma. Vedla como George Lucas y Steven Spielberg han querido que la veáis, descubriéndola poco a poco, escena a escena, diálogo a diálogo, personaje a personaje, escenario a escenario y misterio a misterio. Y disfrutadla, porque estamos ante una oportunidad única.

Sólo con ver la sombra del personaje, su sombrero y su látigo, ya se siente algo especial. Sólo con escuchar la maravillosa melodía que John Williams creó para el personaje (a pesar de que la partitura es la de menor personalidad propia de la saga), ya se ponen los pelos de punta. El cierre musical de la película, al final de los títulos de crédito, es una reinvención preciosa de ese tema. Sólo con recordar la cantidad de veces que uno ha visto sus tres aventuras anteriores tiene multitud de instantes en este Reino de la calavera de cristal en los que volver a sentirse niño por un par de horas.

No me cabe la menor duda de que muchos despreciarán esta película por ser un título de aventuras fantásticas. Habrá quien no entienda su mensaje nostálgico (obvio por el paso del tiempo, y eso va tanto por el desarrollo de los personajes como por el de la industria cinematográfica) o el leve cambio de género que tiene esta aventura con respecto a las anteriores (que si se piensa es de lo más lógico). También quien se limite a desdeñarla por ser una película de Steven Spielberg, un director de masas incomprendido por supuestos elitistas desde el comienzo de su carrera y hoy, incluso, por parte de esa misma masa que antes le adoraba. O de George Lucas, que parece que es una diana incluso más apetecible para algunos sobre todo tras su nueva trilogía de Star Wars. Pero quien no vaya a verla al cine se pierde algo irrepetible.

Yo sólo soy capaz de ponerle un pero. Su clímax deja una sensación de deja vu, tomando como referente la propia saga de Indiana Jones y otras películas de sobra conocidas (pero que no voy a nombrar para no arruinar el final, claro). Pero eso es todo. Lo demás es formidable. Desde las interpretaciones al cuidado guión (que es lo que más costó hacer para que esta película sea hoy una realidad; se descartaron varios libretos, incluso uno que había entusiasmado a Spielberg pero no a Lucas), desde la coreografía de las secuencias de acción (las peleas con espada o la persecución de un coche a una motocicleta ya tienen un nuevo referente) hasta el formidabloe aspecto visual de la película. Todo es formidable.

Ya lo dejas claro en la última escena de la película. El sombrero sigue siendo tuyo, Indy. La película del año sin duda por lo que es y por lo que supone. Chapeau.

sábado, mayo 17, 2008

La sabiduría de Spielberg

Leer las explicaciones de Steven Spielberg siempre es una delicia. Por mucho que algunos disfruten machacando todo lo que hace y todo lo que dice (ya hay quien se ha empeñado en censurar Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal, incluso sin haberla visto, por supuesto...), es un hombre de cine, que sabe de cine y que vive el cine. Y sus palabras son grandes enseñanzas para aquel que las quiera aprovechar. Leo la entrevista que publica hoy El País con motivo del estreno ya la próxima semana (¡qué ganas!) de la cuarta entrega de Indiana Jones y saco muchas conclusiones. Pero sobre todo una.
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Le pregunta Rocío Ayuso por ese crítica tan recurrente a Spielberg y otros directores de su generación de haber destruído el cine de autor y abierto la puerta al cine de palomitas, algo profundamente negativo para los detractores de esta generación que recoluvionó Hollywood a finales de los años 70. Spielberg se ríe y después responde. "No despreciaría a estas películas. Mientras haya sitio para todo tipo de cine, no veo ningún problema. Hay que acostumbrarse a hablar de un género, el de superhéroes, que en ocasiones hace malas películas y en otras muy buenas", contesta el director norteamericano.
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Llevo tiempo dándole vueltas a esta cuestión. Cuando se estrena una película con un héroe o superhéroe de fantasía, la crítica seria se lanza al cuello de sus autores. Desprecian géneros enteros por la forma que adoptan. Pero no se paran a ver el fondo. Como en cualquier otro mundo, todo género da obras muy buenas, obras decentes y obras muy malas. Pero no se encontrará un crítico serio (perdón por la insistencia en ese término) que confiese haber disfrutado con Indiana Jones, que no dejará de ser para ellos un título menor en la filmografía de Spielberg, con Spider-Man o, por citar una película en cartel, con Iron Man. Que no reconocerá Regreso al futuro como un pequeño clásico de los años 80. Que no verá el carácter visionario de una película como Inteligencia Artificial porque no la firma Kubrick y no se rodó en los años 70.
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Ese desprecio es hoy muy acusado en las adaptaciones de cómic o dibujos animados, pero, en realidad, afecta a casi todo el cine fantástico, de aventuras y de ciencia ficción. Parece que algunos sólo saben encontrar cine que merezca la pena en el drama. Un superhéroe nunca les dará para mucho, pero un policía sí. Un arqueólogo aventurero jamás se podrá comparar en su mente a un magnate y su biografía. Una epopeya futurística nunca merecerá la misma categoría que una histórica. Y el caso es que me parece una concepción un poco triste del cine. Delimitar tanto el terreno en el que uno puede encontrar películas apreciables supone perderse mucho cine. A mí me entusiasma el Spielberg de La lista de Schindler o Munich tanto como el Spielberg de E.T. o Minority report. Porque cuando hay un genio detrás de la cámara, no hay película que no pueda convertir en una dignísima obra de arte. Y Spielberg, digan lo que digan, es un genio.

jueves, febrero 14, 2008

Primer trailer de 'Indy 4'... no tengo palabras

Después de ver un rápido repaso a las tres primeras películas, vemos el sombrero. Su sombrero. En el suelo. Y ÉL alarga una mano, lo coge y se lo pone. Vemos sólo la sombra. Y sabemos inmediatamente que es él, que es Indiana Jones. El de siempre. Uno de los más grandes iconos de la historia del cine. Uno de los pocos personajes a los que podemos reconocer sólo por su silueta. O por la maravillosa y evocadora marcha que el maestro John Williams compuso para él, y que suena mientras le vemos recoger su sombrero y durante el siguiente minuto.

Ya tenemos trailer de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. El primero. No muestra mucho de la película, alguna pequeña pincelada que, si se sabe ver, dice por dónde va a ir la película. Y todavía sin calavera de cristal a la vista. Pero yo me he quedado sin palabras. Es él. Es Indy. Casi 20 años después de la última vez que le vimos. Pero es él, en plena forma, con el mismo humor de siempre, con el látigo, con el sarcasmo, con todo. Es Indy. ¿Cómo puede ser mala esta película si es Indy...? Y si es Spielberg quien dirige, el último genio de la aventura y la fantasía, ¿cómo va a salir más este glorioso regreso a la gran pantalla...?

Dice el contador que hay en la web de Yahoo (que distribuye el trailer en exclusiva) que me quedan 97 días, 14 horas, dos minutos y siete segundos para que llegue el estreno. Y la espera se me hace eterna...

martes, noviembre 20, 2007

'Encuentros en la tercera fase' cumple 30 años

El 16 de noviembre de 1977 se estrenó en Estados Unidos Encuentros en la tercera fase. Ya han pasado 30 años. Quien me conoce, sabe que Steven Spielberg es lo más cercano a un dios que tengo en el mundo del cine. Encuentros fue la primera película que recuerdo haber visto en la televisión, siendo muy, muy crío. No entendí nada, claro. No sabía por qué el protagonista se dedicaba a hacer una montaña con el puré de patatas o con la espuma de afeitar. No entendía por qué ese francés estaba tan interesado en alejar a la gente de aquella montaña. No calibraba cuál era la importancia de ese lugar ni qué iba a pasar allí. Pero me fascinó por completo visualmente con los veinte minutos finales. Me recuerdo de cuclillas, en el sillon, delante del televisor, sin poder apartar la mirada.

Años después, la fascinación que tenía de niño por esta película se convirtió en adoración. No sólo es un espectáculo visual de primera magnitud, obra de un absoluto maestro del cine como es Spielberg, sino que es una película brillante a todos los niveles. Un maravilloso guión, unas interpretaciones formidables, unos efectos inolvidables, una puesta en escena brillante, una música sencillamente magistral de ese maestro que es John Williams... Todo funciona a la perfección en Encuentros en la tercera fase. En plenos años 70, y acostumbrados a que la ciencia ficción nos mostrara la hostilidad de los visitantes de otros planetas, Encuentros supuso un cambio radical, quizá el embrió en Spielberg para hacer después E.T., quizá incluso de parte de Inteligencia Artificial.

Aquel 1977 fue el mismo año en que se estreno Star Wars. Dos piezas fundamentales para la ciencia ficción cinematográfica, pero dos películas muy diferentes entre sí. Star Wars es aventura, Encuentros es pura poesía. Los Oscar despreciaron a ambos títulos y sólo les dieron premios menores. La ganadora aquel año fue Annie Hall. En 1998, el Instituto Americano de Cine incluyó Encuentros entre su lista de las 100 mejores películas de todos los tiempos, en el puesto 64, por detrás de La diligencia y por encima de El silencio de los corderos. Spielberg coloca otras cuatro películas por encima de Encuentros. En la actualización de la lista que este organismo hizo en 2007, esta película desapareció por motivos que no consigo explicarme.

No os voy a hablar mucho de la película. Es mejor que la descubráis, o redescubráis, por vosotros mismos. Ahora sale en DVD una nueva edición que, por supuesto, acabará en mi estantería en algún momento. Esta edición tiene los tres montajes que se han hecho de la película, el original para su estreno en cines de 1977, el que hizo Spielberg tres años después para su reestreno (fue uno de los primeros títulos en vivir el ahora conocido como director's cut) y el montaje que se hizo en 1998. A quienes no hayáis visto la película, sólo puedo deciros que me dais una envidia tremenda. Lo que daría yo por volver a sorprenderme por primera vez con una película tan especial y maravillosa como ésta...

Era la segunda película magistral que hacía Spielberg, después de la inolvidable Tiburón. Después vinieron más. Y seguirán viniendo. Pocos directores tienen garantizada mi entrada hagan lo que hagan. Spielberg es uno de ellos. No importa que sea el Spielberg aventurero de siempre o el Spielberg maduro de los últimos tiempos, no importa que me hable de un arqueólogo fantástico, de terrorismo, de ciencia ficción, de falsos culpables, de dinosaurios clonados o de un Peter Pan adulto. ¡Qué enorme satisfacción estar viviendo la carrera de Steven Spielberg como la estoy viviendo!

miércoles, septiembre 26, 2007

Lincoln para Spielberg, Mandela para Clint Eastwood

A Hollywood siempre le han gustado las biografías y ya prepara dos películas biográficas de mucha altura. Los personajes escogidos son tremendamente conocidos y representativos: Abraham Lincoln y Nelson Mandela. Y los nombres que están detrás de los proyectos son también bastante impresionantes. Liam Neeson dará vida al presidente norteamericano en una película dirigida por Steven Spielberg y Morgan Freeman hará lo propio con el histórico líder sudafricano, probablemente dirigido por Clint Eastwood.

Spielberg, ahora inmerso en la cuarta entrega de la saga de Indiana Jones, lleva años intentando dirigir una biografía de Lincoln y el 200 aniversario del nacimiento del presidente americano, que se cumple en febrero de 2009, parece una ocasión perfecta para el estreno. Para Spielberg no sería un problema tener la película lista para esa fecha, puesto que un realizador muy rápido. Neeson está comprometido para hacer el papel protagonista desde hace bastante tiempo. En los últimos días, Dreamworks ha anunciado que Sally Field dará vida a Mary Todd, la esposa del 16º presidente. La película estará basada en el libro escrito por Doris Kearns Goodwin, ganador del Premio Pullitzer. En todo caso, habrá que esperar todavía bastante para ver estas dos cintas, que se encuentran aún en periodo de preproducción.

La película sobre Mandela estará también basada en un libro, el escrito por John Carlin. Morgan Freeman ejerce como productor de la película, que distrubuirá Warner Bros. Todavía no tiene director, pero parece que el proyecto le interesa y mucho a Clint Eastwood (que ya compartió reparto con Freeman en dos maravillas que él mismo dirigió: Sin perdón y Million dollar baby), que en breve dirigirá a Angelina Jolie en The Changeling. The human factor, que así se titulará esta biografía, sería su siguiente película. Matt Damon también está en negociaciones para sumarse al reparto. La cinta narrará acontecimientos posteriores a la caída del Apartheid y la liberación de Mandela.

lunes, septiembre 10, 2007

Indy IV ya tiene título oficial y definitivo

Ya es oficial. El título de la cuarta entrega cinematográfica del arqueólogo más famoso del mundo es Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, algo así como Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, aunque todavía tendremos que esperar a que los temidos traductores le metan mano a este título para su estreno en España. De momento, suena a viejo serial, como la misma saga; suena a clásico, como ha sido siempre Indiana Jones; suena al cine de otros años, alejado del estruendo de las películas actuales de acción y aventuras.

La foto es de los días que se ha pasado Karen Allen (Marion) por el rodaje. No me digáis que Harrison Ford, por mucho que tenga 65 años, no sigue pareciendo el mismo Indy de siempre... Queda mucho, pero cada vez menos para verle en acción...

martes, agosto 21, 2007

'Munich', la hasta ahora última maravilla de Spielberg

Hace ya casi dos años que no vemos una película de Steven Spielberg, al que todos esperamos ver en todo su esplendor aventurero en 2008 con la cuarta entrega de Indiana Jones. La última maravilla que nos ha dejado este pedazo de director, hasta el momento, es Munich, una película necesaria, valiente, cinematográficamente extraordinaria, con un guión portentoso y unas actuaciones memorables. Mantengo desde hace mucho tiempo que no hay un director vivo capaz de igualar el genio y la maestría de Spielberg, aunque siempre da la sensación de que hay gente esperanda cada película suya para despedazarla o, en el mejor de los casos, infravalorarla. Y algún día, esperemos que muy lejano, Spielberg morirá y entonces seguro que todos saldrán a reconocer su genio y admitirán que ha marcado su infancia, su juventud y, en general, su vida como espectadores de cine.
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Munich, por si alguien todavía no lo sabe, comienza con el asalto a la villa olímpica de la ciudad alemana en el año 1972, que finalizó con la muerte de once atletas israelíes y explica la respuesta violenta y no oficial que dio el gobierno israelí, el intento de asesinato de once supuestos responsables de la masacre de Munich. No parece una película fácil de hacer en los tiempos que corren, en los que dibujar una caricatura de Mahoma provoca revueltas sociales, en los que vivimos bajo la permanente amenaza de grupos terroristas y en los que cualquier alusión a un país, una religión o un hecho histórico corre el riesgo de convertirse en una ofensa de Estado.
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Pero Spielberg cogió el toro por los cuernos y se arriesgó a hacer una película dura que tiene un claro mensaje de fondo: la violencia no sólo no conduce a nada sino que marca para siempre las vidas de quienes la sufren y la ejecutan. Es todo un alegato en contra de los asesinatos selectivos (sin por ello dejar de mostrar los puntos de vista de quienes los consideran necesarios), un canto a la vida (como reflejan escenas tan emocionantes, en el significado más amplio de la palabra, como la del personaje de Eric Bana, Avner, llorando al escuchar a su niña balbucear por teléfono, sin haberla podido conocer todavía por su misión asesina) y una reflexión muy necesaria todavía hoy.
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Sin un guión extraordinario como éste (Tony Kushner retocó el original de Eric Roth, basado en la novela de George Jonas), no se podría haber hecho una cinta tan maravillosa. Lo mismo sin el magnígico trabajo de fotografía de Janusz Kaminski (nueve películas con Spielberg desde la prodigiosa La lista de Schindler) o la emocionante música del maestro John Williams (que ha hecho todas las películas de Spielberg salvo El diablo sobre ruedas, Loca evasión y El color púrpura, construyendo el mejor binominio cineasta-compositor de la historia del cine).
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Pero sin un reparto como el que presenta Munich, nada habría sido posible. Eric Bana lo encabeza. Le descubrí y minusvaloré en la horrenda Hulk, me entusiasmó como Héctor en la aburrida Troya (sin duda Bana era lo mejor del film) y me emocionó en Munich. Daniel Craig me dejó sin palabras antes de convertirse en James Bond. Y el resto de nombres, semidesconocidos para la mayoría como decía, bordan sus papeles, ya sean principales o secundarios. Desde los miembros del comando de Avner (junto a Craig, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz y Hanns Zischler) hasta la asesina holandesa que interpreta Marie-Josée Croze, pasando por Geoffrey Rush, que da vida al mando del Mossad que da las órdenes al grupo israelí al que seguimos con sumo interés durante las dos horas y media de la película.
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Cinematográficamente hablando, para quien crea que rodar una película es fácil, Munich es el ejemplo perfecto de que se equivoca. Cada plano es una auténtica obra de arte, puesto en la película por un motivo, con un sentido, con el fin de crear una emoción distinta. En sencillamente impresionante ver las sensaciones que Spielberg es capaz de provocar en el espectador con un giro de cámara, con un reflejo perfectamente estudiado en un cristal, con una coreografía sencillamente perfecta, con un movimiento casual que pasa inadvertido en un principio, con un brillante montaje paralelo de secuencias en apariencia inconexas...
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Y es que Spielberg, digan lo que digan quienes se empeñen en criticarle, es uno de los grandes directores de los dos siglos que le han visto trabajar. Para mí el mejor cineasta vivo. Porque nadie como él ha conseguido hacer creíble la visita de unos extraterrestres a la Tierra, volar por delante de la luna, correr delante de una bola gigantesca, la persecución de los nazis a los judíos, ver dinosaurios de carne y hueso en movimiento, la paradoja de un hombre que no puede salir de un aeropuerto, la odisea de un robot que quería ser un niño, el pánico que desata un tiburón o un Peter Pan adulto. Spielberg no hace películas, sino que plasma en el cine la materia de la que están hechos los sueños. Mis sueños y los de millones de espectadores en todo el mundo.

viernes, julio 27, 2007

Marion (Karen Allen) vuelve en 'Indy 4'

Se siguen produciendo jugosas novedades sobre la cuarta entrega de Indiana Jones. La última noticia que podemos encontrar en Internet es que el personaje de Marion Ravenwood, la chica de En busca del Arca perdida, volverá a encontrarse con el arqueólogo más famoso del mundo del cine. En la foto se puede ver a Karen Allen la actriz que dio vida al personaje allá por 1981 (y que llevaba unos años algo desaparecida, recuerdo haberla visto en un breve papel en La tormenta perfecta y poco más...) charlando con el director de toda la saga, Steven Spielberg. Al parecer la foto corresponde a un momento de descanso del rodaje de la pelícual en Hawai.

Y otra novedad un poco más rebuscada, aunque de lo más interesante... Entrando en la web oficial de Indy (http://www.indianajones.com/site/index.html), se puede encontrar una pista muy interesante sobre el argumento de esta cuarta película... Y como no quiero destripar a nadie nada que no quiera saber, lo voy a escribir un poco más abajo con un color que se disimule en el blog. No es exactamente un SPOILER, pero puede que no todo el mundo quiera saberlo... Si queréis leerlo, no tenéis más que seleccionar el texto, ¿de acuerdo?. Ahí va:

¡¡¡El sombrero y el látigo de Indy están sobre la caja en la que quedó depositada el Arca de la Alianza al finalizar la primera película!!!

Y la espera se va a hacer eterna hasta que veamos el año que viene esta película...

lunes, julio 02, 2007

Otra foto de Indy

Nueva foto del rodaje de la cuarta entrega de Indiana Jones. Interesante porque es la primera en la que aparecen juntos Harrison Ford y Shia LaBeouf. Todavía no se ha confirmado oficialmente, pero lo que se ha venido diciendo en los últimos meses es que Labeouf, protagonista de Transformers, dará vida al hijo del arqueólogo más famoso de la historia del cine.
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Y si alguien esperaba ver una especie de Indy más joven (para eso ya salió River Phoenix en La última cruzada), lo lleva claro... La película se desarrolla en los años 50 y a tenor de la vestimenta del actor en la fotografía, a LaBeouf parece que le van a convertir en un macarrilla tipo James Dean. No parece muy interesado por la arqueología, no, así que a ver con qué tipo de relación padre-hijo nos sorprenden Spielberg y Lucas... Si es que no nos han estado engañando todo este tipo y al final resultan que sus personajes no tienen relación familiar, claro...
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Por este blog irán apareciendo las nuevas fotos que merezcan la pena del rodaje de la esperadísima cuarta película de Indiana Jones, pero que todo el mundo esté tranquilo, que no voy a reventar la historia. Odio a la gente que lo hace...

viernes, junio 22, 2007

¡Primera foto de Indy!

Pues esta es la primera fotografía del rodaje de Indiana Jones 4, publicada por la web www.comingsoon.net. Según explican, la imagen la tomó personalmente el director de la película, el inigualable Steven Spielberg... Vemos a un Harrison Ford entrado en años, sí, pero creo que nadie podrá negar que el de la foto es Indy, el auténtico Indiana Jones. Magulladuras, polvo y heridas incluidas, que no podían faltar en el arqueólogo más famoso del mundo. Si tuviera el látigo en la foto ya sería insuperable...

En el anterior post que publiqué sobre Indiana se me preguntaba por detalles de la historia. Pues no los hay (ya se sabe el secretismo con el que se trabaja hoy en día en Hollywoood, a pesar de que Internet se empeña en reventar película tras película...), más allá de que se habla de una escena en una cascada y de que la película estará ambientada en los años 50. ¿Habrá nazis a los que el héroe se pueda enfrentar todavía en esta época...?

A pesar del disgusto que supone no contar con la presencia de Sean Connery, el reparto es impresionante. Por supuesto, está Harrison Ford como Indy, y le acompañan Shia LaBeouf (protagonista de la decepcionante Transformers, que ya he visto y que comentaré en los próximos días), Cate Blanchett, John Hurt, Ray Winstone y Jim Broadbent. Y por descontado, dirige Spielberg y produce George Lucas. La película se estrenará el 22 de mayo de 2008... ¡y yo no sé si puedo esperar tanto!

jueves, junio 14, 2007

Sean Connery no volverá en 'Indiana Jones 4'

Los peores temores se han confirmado... Sean Connery no formará parte del reparto de la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones... Y es una lástima, porque bordó el personaje en Indiana Jones y la última cruzada. La verdad es que se me había hecho muy difícil imaginarme una nueva película sin él, pero así es la vida... Si nos atenemos a lo que había dicho en fechas anteriores George Lucas, el personaje de Henry Jones Senior se eliminará de la película, aunque en realidad todavía no hay nada confirmado.

Esta es la explicación que ha dado Connery: "Lo he pensado mucho, porque si algo me podía sacar del retiro habría sido una película de Indiana Jones. Adoro trabajar con Steven (Spielberg) y George (Lucas), y es un honor tener a Harrison (Ford) como mi hijo. Pero al final la jubilación es demasiado entretenida". Y finaliza: "¡Nos vemos en los cines el 22 de mayo de 2008!". Así es, nos veremos en el cine en esa fecha, pero tristemente sin Sean Connery en la pantalla... En todo caso, como mi confianza en Spielberg y Lucas es máxima, seguro que veremos una grandiosa aventura de Indiana Jones.

jueves, abril 05, 2007

Lucas da nuevos detalles de 'Indiana Jones 4'

Poco a poco vamos descubriendo nuevos detalles de la esperadísima cuarta entrega de la saga del arqueólogo más famoso de la historia del cine, Indiana Jones. George Lucas, productor de las cuatro películas, es quien los ha dado a conocer en una breve entrevista que publica USA Today. Y hay detalles sobre el reparto, sobre el argumento y sobre lo que influirá la edad de Harrison Ford en la historia.

Primero el reparto. Todavía no está confirmado que Sean Connery retome el papel de Henry Jones senior que bordó en Indiana Jones y la última cruzada, personaje que sí aparece en el guión. "Lo seguimos intentando", ha dicho Lucas. Y ruego para que lo consigan, porque es bastante complicado ver a otro actor encarnando al padre de Indy después de haber visto a Connery hace ya 18 años. Sí está confirmado el nombre de Cate Blanchett, quien, según revela Lucas, es quien quería Steven Spielberg para la película.

En cuanto a la historia, va a ser una película tan movida como las anteriores a pesar de la edad que ya tiene Harrison Ford, nada menos que 64 años. "Él no corre en ninguna de las anteriores películas. Va a caballo, conduciendo un coche o una motocicleta. Las persecuciones tendrán más suspense que velocidad, como la bola gigante de la primera película. No es que él corra rápido, es que hay una bola gigante que le persigue", explica Lucas.

Otro gran detalle. El primer trailer lo veremos, aproximadamente, el Día de Acción de Gracias (el cuarto jueves del mes de noviembre) y será entonces cuando conozcamos el título definitivo de esta película. Y otro más. En realidad no sabemos nada del argumento de la película ni dónde se va a rodar a partir del mes de junio (comenzará en Los Ángeles, pero las localizaciones están bajo un estricto secreto). Pero Lucas ha revelado que una de las escenas de acción tendrá lugar en una catarata. Seguiremos informando de las novedades de esta ansiada película...

sábado, marzo 17, 2007

'E.T.', 25 años de magia

Quien me conoce sabe que pienso que Steven Spielberg es el más grande de los directores vivos. Y que E.T. El extraterrestre es, desde mi humilde punto de vista, una de las mejores películas jamás rodadas nunca. He escrito y publicado un reportaje sobre el 25 aniversario del estreno de esta mítica joya en Quidsweb, una muy interesante web sobre televisión que tiene su apartado de cine, en el que colaboro asiduamente. Quien quiera saber algo más sobre este clásico del cine moderno que tanto adoro y seguiré adorando durante el resto de mi vida, aquí tiene el enlace para ver el artículo, que está publicado en dos partes: http://www.quidsweb.com/cine/infocine.php. Y si os ha interesado, volved a ver la película y disfrutad como si fuérais otra vez niños pequeños. Su magia es eterna. Ya son 25 años. Dentro de otros 25 volveré a daros la lata con esta maravilla...