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viernes, junio 28, 2013

'After Earth', no al injusto linchamiento de Shyamalan

Cada película que ha ido estrenando M. Night Shyamalan ha sido un paso más en un camino plagado de menosprecios, cuchillos afilados y críticas sangrantes. No creo que haya muchos directores contemporáneos, por ínfima que haya sido la calidad de sus mejores películas, que hayan encontrado críticas tan furibundas como Shyamalan, antaño alabado por El sexto sentido y muy infravalorado después. Cierto es que ahora mismo no está al nivel de sus primeros títulos. Cierto que After Earth es una película bastante tópica y previsible en algunos sentidos. Pero no habrá en estas líneas ninguna intención de sumarse al injusto y exagerado linchamiento a un director que sigue manteniendo una notable habilidad para construir mundos de ficción. After Earth es una película más que decente, que apunta algunas ideas interesantes y que tiene un aspecto visual hermoso y logrado. Por ahí fuera hay quien habla de ésta como la peor película de la historia del cine. Y no entiendo ese linchamiento, cuando After Earth es mucho mejor que películas con legión de seguidores... incluso entre la crítica.

After Earth es la primera incursión de Shyamalan en la ciencia ficción, después de una carrera forjada en la fantasía. Tras un arranque dubitativo, extraño en su director por las decisiones que toma de lo que muestra y de lo que oculta y algo tópico por la narración en off que da los detalles de este universo (la Tierra ha quedado inhabitable y la raza humana se ha trasladado a otro planeta, Nova Prima, donde entra en conflicto con los S'krell y, especialmente, con las criaturas que envían para aniquilar a los hombre, los Ursa). No tengo mucho interés en sentirme molesto por las coincidencias con la cienciología que algunos críticos han visto. Si las hay, que las disfruten los cienciólogos, porque eso no hay la película ni mejor ni peor. Más que analizar encuentro en que es una película realizada por empeño de Will Smith (quizá demasiado inexpresivo en ocasiones), protagonista junto a su hijo Jaden, productor entre otros junto a su mujer, Jada Pinckett Smith, y autor del argumento. ¿Exime eso de responsabilidad o autoría a Shyamalan? No, por supuesto, pero es un detalle a tener en cuenta, más si tenemos en cuenta que su anterior película, Airbender, tampoco nace de una idea personal.

Dos son los problemas que arrastra After Earth durante todo su metraje. El primero, la poco convincente interpretación de Jaden Smith. Por las mismas razones que con Shyamalan aunque con menos bagaje (y, hay que decirlo, un no demasiado favorecedor apadrinamiento de Will Smith), no pretendo tampoco sumarme al linchamiento que parece haberse establecido contra él, pero parece evidente que sobreactúa para mostrar el miedo que siente su personaje en los dos primeros tercios de la película. Mejora indudablemente en el acto final (gracias también a la belleza de las imágenes que planifica Shyamalan), pero el necesario contraste que demandaba la evolución del personaje se pierde por exageración. El segundo, que es una película que suma elementos más o menos conocidos sin demasiado margen a la sorpresa. Todo sucede conforme a un esquema mil veces visto en el género. Shyamalan hizo de la sorpresa final una forma de entender el cine (de hecho, está presente en sus grandes y en muchos casos infravaloradas películas: El sexto sentido, El protegido, Señales y El bosque), y se agradece que no sea el único motor de su cine, pero aquí cae en el extremo contrario, en el que nada se sale de los arquetipos y los cánones previstos.

¿Qué ofrece a cambio de estos problemas? Un universo sumamente atractivo en lo visual, una muy acertada dirección y los toques familiares y personales que acostumbra a introducir Shyamalan (coautor del guión) en sus películas. Lo primero es, probablemente, lo más interesante y conseguido. Para ser un director que no había tocado antes la ciencia ficción, su sensibilidad a la hora de llevar a la pantalla mundos futuros y tecnológicos es formidable, y su encaje con la naturaleza desbocada que muestra en la segunda mitad es bastante notable. Que es un buen director lo evidencia a lo largo de toda la película, planificando sus escenas con mimo, colocando la cámara en lugares desde los que puede ofrecer al espectador una acción nítida y acertando en el montaje, con buenos flashbacks que aportan información de forma adecuada, incluso siendo previsible. En cuanto a las temáticas habituales, no llegan con la maestría con la que compuso las relaciones personales por ejemplo en El protegido o El bosque, pero hay poco que reprochar. Y todo está convenientemente subrayado por la excelente música de James Newton Howard, su compositor habitual.

After Earth tiene mucho más que ver con un espléndido acabado visual (más personal en el primer y en el último tercio del filme, el central parece sacado de películas de Peter Jackson como King Kong o El Señor de los Anillos) que con una historia rompedora. Está lejos de ser la película más personal de un Shyamalan que sigue mostrando el suficiente talento como para pedir a gritos un poco de indulgencia por parte de la crítica y un proyecto más cercano a su sensibilidad como cineasta (y a sus mejores trabajos) para recuperar el crédito perdido. Pero incluso sin acercarse a la excelencia, sus 100 minutos hacen de After Earth un agradable entretenimiento, con las dosis justas de aventura, drama y ciencia ficción. Y ojo a los dos papeles femeninos de la historia, interpretados francamente bien por Sophie Okonedo y, sobre todo, Zoë Kravitz. La hija de Lennie Kravitz llama la atención con su gran trabajo, y es que Shyamlan, con el pequeño desliz en ese sentido que fue Airbender, suele sacar buenas cosas de sus actores. No es tan mala como algunos dicen. No os dejéis llevar por el linchamiento y juzgad la película por sus méritos.

lunes, noviembre 14, 2011

10 PELÍCULAS... que no me gustan de directores que me suelen encantar

Hasta el mejor escribano echa un borrón, asegura el dicho popular. Y es cierto. En cine, es prácticamente imposible encontrar una filmografía inmaculada o desprovista de algún título que no colmara las expectativas de quienes habitualmente disfrutan con sus películas. Hay directores que alternan buenas y malas películas. Hay otros que, en realidad, sólo tiene una que me chirríe especialmente entre tanta genialidad. Una en la que piense que no es posible que sea ese adorado cineasta el que se ha colocado detrás de la cámara. Estas son diez, ordenadas alfabéticamente según el apellido de sus directores.
· Tim Burton: Alicia en el País de las Maravillas (2010)
Adoro a Tim Burton desde siempre. Recuerdo la fascinación que me provocó Bitelchús, su segunda película, y esa es una sensación que ha ido creciendo película tras película, con la construcción de un universo personal y fantástico. Hasta que llegó su visión de Alicia en el País de las Maravillas. Sí, tiene las criaturas y los escenarios que uno podría esperar de Burton, pero le falta su magia, su espíritu, su belleza. Mucho artificio digital, pero nada de lo que encandilaba en Eduardo Manostijeras, en Pesadilla antes de Navidad, en Batman, en Big Fish. Incluso en El planeta de los simios, película que siendo todo lo plana que es al menos se convirtió en un divertido espectáculo pirotécnico. ¿Pero Alicia? No me convenció nada. Menos que nada su protagonista, Mia Waiskowska, pero tampoco me convenció un Johnny Depp más sobreactuado de lo normal. Fue una decepción.
· James Cameron: Titanic (1997)
Cuesta creer que un director que ha dado tantas horas de diversión se esté convirtiendo en uno de los que más me aburren... justo cuando tiene un éxito descomunal e incomparable. Terminator y su secuela, Aliens, Abyss... En los años 80, en los grandes años 80, era uno de los grandes nombres de la fantasía y la ciencia ficción. Pero llegó la película que me rompió el mito. Y no es Avatar, que no es que no me guste, pero me pareció muy sencillita para ser la película con la que iba a cambiar el mundo del cine. Hablo de Titanic. Nada menos que uno de los títulos que más Oscars ha cosechado. Pero no, no aguanto esa película. Y eso que desde niño me fascinó la tragedia del transatlántico insumergible que chocó contra un iceberg. Pero es que la veo aburrida, tópica, incluso repetitiva. No me provoca la misma emoción que a casi el resto de los mortales. Sí, los efectos visuales y el hundimiento del barco son espectaculares... ¿pero 194 minutos para eso? La película dura más que el mismo hundimiento del Titanic a tiempo real. Y recuerdo historias de amor mucho más bonitas en el cine.
· Brian De Palma: La dalia negra (2006)
El precio del poder, El fantasma del paraíso, Atrapado por su pasado, Carrie, Los intocables de Eliot Ness, Misión imposible... Incluso gracias películas menos apreciadas como Ojos de serpiente, La hoguera de las vanidades, Redacted o a sus nada velados homenajes a Hitchcock de sus primeros años de carrera, Brian De Palma siempre me ha parecido un director interesantísimo. Hasta que llegó La dalia negra (incluso un poco antes, cuando estrenó Femme fatale, la verdad). Lo que tendría que haberse convertido en el resurgir del cine negro, adaptando una novela de James Elroy, se quedó en una película aburridísima, farrogosa, imposible de seguir o de entender, con actuaciones de lo más anodinas (¿fue aquí donde Scarlett Johansson me empezó a parecer una belleza cansada de aparecer en el cine?). Habrá quien piense que exagero, pero tengo La dalia negra como una de las más clamorosas oportunidades perdidas para hacer un título que marcara época.
· David Fincher: El club de la lucha (1999)
Probablemente me tope con una legión de fans indignados al decir esto, pero no soporto El club de la lucha. Me pareció una película imposible, que rozaba el absurdo, que sobrepasaba los límites y que, ideológicamente, podía incluso catalogarse como peligrosa (líbreme el poder divino de pedir su censura, pero no por ello voy a comulgar con lo que defiende). Asumo que el libro de Chuck Palahniuk goza de tantos seguidores como el filme, y por eso no creo que me acerque a él, pero tengo este título como una película alejada de la genialidad habitual de David Fincher. Ese que ha revolucionado el policíaco en dos ocasiones (con Seven y, sí, también con la infravalorada Zodiac). Ese que me hizo llorar y emocionarme con El curioso caso de Benjamin Button. Ese que me interesó desde sus inicios con la excesivamente modificada por el productor Alien 3. Ese que me maravilló con La red social. Y entre todo eso, Edward Norton y Brad Pitt liándose a mamporros por pura diversión. No me cuadra, no.
· Alfred Hitchcock: La trama (1976)
El mago del suspense y uno de los directores más universalmente reconocibles de la historia del cine no se merecía un epitafio cinematográfico tan triste como el que dejó. La trama es su última película y es de todo menos una película de Alfred Hitchcock. No hay en ella nada demasiado reconocible. Es muy blanda, es demasiado cómica, es extremadamente convencional. Igual con otro nombre detrás de la cámara sería una peliculita simpática para pasar la tarde. Pero es que la dirigió un tipo que hizo Psicosis, Con la muerte en los talones, Vértigo, Los pájaros. Auténticas palabras mayores del suspense. La trama, sin el carisma que conseguía Hitchcock de sus actores, protagonistas y secundarios, es justo lo contrario: una simple anotación a pie de página, un relato sin demasiado interés que se podría haber quedado en un episodio de una de las muchas series de televisión cómico-policíacas de los años 80. Pero no. Llevaba el nombre de Hitchcock. Su sello no.
· Michael Mann: Corrupción en Miami (2006)
Cuando en 1995 salí de ver Heat fue una de las pocas veces en mi vida que, gracias a la genialidad, no había sido consciente de ver una película tan larga. Su director era Michael Mann, un tipo que después me ha fascinado en unas cuantas ocasiones con sus retratos de conflictos humanos (para mí, su cima es El dilema; ¿algún otro director habría conseguido que Russell Crowe pudiera parecer un hombre tan impotente?). Cuando se anunció que iba a dirigir un remake cinematográfico de Corrupción en Miami, serie que él mismo había creado, lo cierto es que no me pareció mal. Pero creo que ahí falla casi todo Parece un videoclip muy alargado, en el que los actores parecen tener más ganas de poner caras de malo (incluso los buenos, mirad a Jamie Foxx y Colin Farrell) que de construir personajes. La acción, normalita. El guión, convencional. La fotografía es preciosa. Pero es que ya habíamos visto Collateral. El de Corrupción  en Miami no fue, desde luego, el Michael Mann que esperaba.
· Martin Scorsese: Kundun (1997)
Martin Scorsese. Si es que decir su nombre ya provoca una admiración incontenible. El director que mejor ha retratado el Nueva York más sucio y oscuro. El que mejor ha sabido enseñarnos a Robert De Niro. Uno de los mejores en enseñarnos el mundo de la mafia. Y a finales de los años 90 hizo Kundun. Después de haber hecho nada menos que Casino. Probablemente sería ésta una película que significara mucho para el Scorsese persona, para su sentido de la espiritualidad. Pero cinematográficamente se quedó escasísima, aunque es una cinta que tiene cierto prestigio. Yo me quedo con el Scorsese más trascendente, el de Taxi Driver, el de Toro Salvaje. Prefiero el vigor con el que rueda hoy en día aunque El aviador, Gangs of New York o Shutter Island no sean películas tan perfectas. Incluso disfruté con títulos de su filmografía que no parece recordar nadie, como Al límite. ¿Pero Kundun? Si no supiera que es de Scorsese, puede que su nombre fuera el último que diría intentando adivinar su director.
· M. Night Shyamalan: El incidente (2008)
Junto con Tim Burton, pero de una forma muy diferente, M. Night Shyamalan me parece el fabulista más interesante del cine moderno. Sus películas encierran una magia poco convencional y al mismo tiempo perfectamente reconocible. Y no, no es Airbender la película de su filmografía que no me gusta nada, porque esa me parece masacrada con demasiada saña para lo que se merece su entretenimiento. Es El incidente. Con un comienzo brutal, va perdiendo fuerza a cada minuto que pasa. Tiene alguna que otra escena que cae en el ridículo. Y ni sus actores parecen creerse lo que está pasando en la película. ¿Dónde está la tensión dramática de El sexto sentido, Señales, El bosque, La joven del agua o El protegido, para mí sin duda su mejor filme hasta la fecha? No se ven por ningún lado. En su momento pensé que la historia podía dar para un episodio de una serie de televisión, pero nunca para un largometraje, muy alargado y muy mal rematado.
· Steven Spielberg: 1941 (1979)
Incluso el Rey Midas de Hollywood puede cometer deslices. Me duele incluirle en la lista porque siempre he tenido la impresión de que no gusta reconocerle a Spielberg sus inmensos méritos cinematográficos, a pesar de que formo parte de una generación que ha crecido con sus películas. Siento que no se reconoce su madurez, y no hablo de sus dramas (La lista de Schindler a la cabeza, aunque, por ejemplo, se infravaloró Munich), sino de absolutas maravillas como Inteligencia artificial, Minority Report o La guerra de los mundos. Pero hay que reconocer que 1941 no es la película que uno espera ver firmada por Steven Spielberg. Una comedia absurda ubicada en la Segunda Guerra Mundial. Nunca se ha visto el director de las películas de Indiana Jones, E.T. o Encuentros en la tercera fase (ésta ya la había rodado cuando se metió en el lío de 1941) tan fuera de lugar. Si acaso, se pueden salvar algunos actores que viven el papel (John Belushi a la cabeza), pero hay que reconocer que no, que no funciona para nada.
· Ridley Scott: Un buen año (2006)
Este es otro director al que se infravalora con mucha facilidad. Qué fácil se olvida que es el responsable de Alien y Blade Runner. Y qué escaso valor se han dado a pequeñas maravillas como El reino de los cielos (mejor en su montaje del director), Gladiator o American gangster. Incluso a Hannibal, para mí una dignísima secuela de El silencio de los corderos. ¿Pero Un buen año? No me cabe la menor duda de que Scott se lo debió pasar de maravilla en esas pequeñas vacaciones que se concedió para rodar en Francia con su amigo Russell Crowe. Y seguro que presumirá de lo lindo de haber sido el lanzador real de la carrera americana de Marion Cotillard (que no deja de trabajar en Hollywood desde entonces, e incluso ganó un Oscar por una película francesa, La vida en rosa), pero ¿qué cuenta Un buen año? Miro su cartel y veo a Russell Crowe riéndose. Y, sí, me acuerdo otra vez de eso, de que se lo debieron pasar genial rodándola. Yo ya ni me acuerdo de qué iba.

lunes, agosto 16, 2010

'Airbender', Shyamalan a ratos

La crítica norteamericana ha descubierto un nuevo juego: la caza de M. Night Shyamalan. Desde que hace ya once años nos impresionara a todos con El sexto sentido, los entendidos han decidido que este director ya no les vale. Han despreciado una por una todas sus películas, negando la genialidad, la poesía, la aventura, la brillantez visual o el carácter único y personal que desprendían casi todas ellas. Cierto es que había razón en los palos que recibió el cineasta (cineasta, sí; director se le queda corto) por su último trabajo, El incidente, pero choca que alguien tan original y tan fiel a sí mismo no tenga algún pequeño grupo de adeptos entre la crítica. Cuando se anunció que iba a hacer Airbender. El último guerrero, muchos lo interpretaron como una renuncia a seguir siendo él mismo. Abrazar un material ajeno por primera vez en su carrera (a pesar de haber escrito también el guión) no entierra a Shyamalan, ni mucho menos. Sólo a ratos se le ve en esta película, pero en absoluto es el desastre que ha querido dibujar la crítica americana.

Airbender adapta una serie de dibujos animados. Elección atípica a simple vista para Shyamalan, pero que una vez visto el resultado es fácil de explicar. En el fondo, este filme aborda los mismos temas que tocaba en sus anteriores trabajos, en especial la búsqueda de personas, extraordinarias por algún motivo, de su lugar en el mundo. De eso va Airbender, como también era el tema de El bosque, El protegido (estas dos, probablemente, las obras más redondas de Shyamalan), La joven del agua o El sexto sentido. Y sus imágenes, para quien no se deje engañar por la artillería de efectos especiales que contiene este filme, aportan la misma genialidad de antaño, la misma habilidad para colocar la cámara allí donde debe estar para explicar lo que esconde cada plano sólo con imágenes, sin necesidad de otro apoyo (aunque los tiene, en especial la nuevamente brillante música de James Newton Howard, con quien el realizador forma un tándem mágico). Y rodando planos abiertos, fáciles de comprender y lejos de la confusión que presenta la acción moderna de Hollywood. Es ahí donde se ve al Shyamalan más auténtico. Pero, por desgracia, eso no llega a toda la película.

El cineasta falla donde habitualmente triunfaba: con las palabras. No hay un solo diálogo en esta película que sea realmente necesario para entender lo que estamos viendo. Ni siquiera interesante de verdad. La mayoría de ellos son rutinarios. La voz en off que cubre las (algo extrañas) elipsis temporales es directamente superflua. Pero eso no puede ser excusa para quien hizo de una frase ("en ocasiones veo muertos") su tarjeta de presentación al mundo. Con las palabras, falla en ocasiones el ritmo de la película, a la que le pesa demasiado el hecho de no ser más que una introducción (nuevamente estamos ante un filme pensado para ser la primera parte de una trilogía, pero luego volvemos sobre eso). Pero eso no puede ser excusa para Shyamalan, que ya deslumbró a quien quisiera verlo haciendo de El protegido una perfecta película en sí misma a pesar de ser, en realidad, el primer acto de lo que podría haber sido una saga más larga (desde que se estenó, se rumorea con que Shyamalan hará una segunda parte). Y falla en algunas imágenes, afortunadamente no en demasiadas, por esa moda que hasta el propio Shyamalan ha criticado de estrenar ya toda película de fantasía en 3D. Christopher Nolan ya ha demostrado con Origen que no hacen falta gafas para deslumbrar.

Eso es lo negativo. Lo positivo está en que Shyamalan ha encontrado un buen camino como director de acción, algo a lo que hasta ahora no se había lanzado. El clímax, extenso y bien montado, demuestra que se maneja a gusto con multitudes, cuantiosos elementos en pantalla y el ritmo de una batalla. También hay cierta habilidad en la dirección de actores, la mayoría de ellos desconocidos para el gran público, y a ese reto de no tener rostros populares se enfrenta por primera vez en su carrera. No es que ninguno de los intérpretes haga el papel de su vida, pero hay mucho oficio en pantalla, incluso entre los actores más jóvenes. Son más que interesantes las dos chicas que aparecen, la tierna ingenuidad de Nicola Peltz (que apenas tiene experiencia en el mundo del cine pero cuyo nombre apunto) y la presencia magnética de Seychelle Gabriel (que ya se merendó a la sorprendentemente bien considerada Eva Mendes en la horrenda The Spirit haciendo su mismo personaje pero de joven). Y es interesante ver a Dev Patel, protagonista de la para mí sobrevalorada Slumdog Millonaire, ofreciendo nuevos registros.

El conjunto final puede saber a poco para quienes admiramos la categoría de Shyamalan, pero Airbender no deja de ser una correcta y entretenida película de fantasía. A pesar de la ferocidad con la que ha sido recibida entre los críticos (no tanto entre el público; lleva 200 millones de dólares recaudados aunque costó 150), es mucho mejor que otras sagas de fantasía juvenil (por temática, público o protagonistas) que han visto la luz en los últimos tiempos. Ni se le acercan primeras partes de sagas que no continuarán en el cine, como La brújula dorada, El circo de los extraños o Eragon. Es más adulta que las interesantes Crónicas de Narnia. Y tiene más diversión que Crepúsculo o Harry Potter (y aquí ya sé que me enfrentaré a la ira de los fans). Pero ésta la firma alguien que se reivindica como cineasta y eso, por lo visto, merece más palos que aplausos. Los míos no, desde luego. Shyamalan sigue siendo Shyamalan, aquel director que me asombró hace once años y que, salvo en una ocasión, me ha deslumbrado con algo en todas sus películas. Espero que haya secuela. Y espero que Shyamalan dirija también otro guión original suyo lo antes posible.

martes, junio 24, 2008

'El incidente', decepción y repetición

Soy fan de M. Night Shymalan desde que me maravilló con El sexto sentido. Me han entusiasmado todas las películas que ha hecho después, hasta el punto de que le considero uno de los más grandes fabuladores del cine actual (junto con Tim Burton, pero en el lado opuesto del espectro de los cuentos modernos). Es un director que no suele contar con el fervor de la crítica, que no entiende un cine habitualmente brillante, sorprendente y tremendamente imaginativo. Le pasó con la incomprendida El protegido (quizá su mejor película), con la menospreciada Señales, con la malinterpretada El bosque y con la directamente ninguneada La joven del agua. Pero con El incidente Shymalan comete su primer desliz en esta carrera y ofrece una película que no convence en absoluto.

El principal error de El incidente es que sigue la misma línea que Señales y explora los mismos caminos. Demasiadas similitudes en la historia y en la forma de narrar. Como aquella, es una historia más grande que la vida (allí era una invasión alienígena a escala mundial, aquí un virus natural que afecta a millones de personas en Estados Unidos) contada desde el punto de vista de unos pocos personajes anónimos, gentes que no luchan para resolver el problema sino simplemente por sobrevivir. Por eso queda la sensación de deja vu, en muchas escenas y en la forma de resolverlas. Shymalan se repite y eso, en un director con tal capacidad imaginativa, es aún más doloroso.

El segundo problema al que tiene que hacer frente El incidente es su nula conciencia de que la historia no llega para una película. La cinta dura 90 minutos y se hacen algo largos, porque, en realidad, no hay demasiado que contar. La idea que da pie a esta película quizá hubiera sido un gran segmento de una serie tipo En los límites de la realidad. Pero como película no llega. No se hace pesada primero por su escasa duración (menos mal que Shyamalan es un director inteligente que no alarga innecesariamente historias más allá de las dos horas, como sí hacen otros directos con mucha mejor reputación que él) y porque los mejores momentos de la película se encuentran en el último tercio. Esos momentos no llegan por la continuidad del guión, sino por la casi siempre eficaz narrativa visual del director.

Y el tercer punto que hace que esta película decepcione es precisamente el guión. Nunca unos diálogos escritos por Shyamalan habían sonado tan vacíos, intrascendentes y previsibles como algunos de los que se escuchan en El incidente. Muchas escenas quedan mal resueltas y colgando en el aire. Demasiada información nos llega de forma aparentemente casual pero en realidad muy forzada (a través de vídeos caseros o informativos en televisión, tal y como ya se había visto en Señales). Y todo ello nos conduce a un desarrollo en el que el espectador no llega realmente a ver un riesgo claro para los protagonistas y desemboca en un final que no causa demasiada impresión.

Shyamalan no hace aquí ningún cameo ni se reserva personaje alguno y deja todo el peso de la película a Mark Wahlberg (Shyamalan dice que escribió la película pensando en él), simplemente correcto como el resto del reparto. Lo que sí destaca por encima de la media, como siempre, es la música de James Newton Howard. Este compositor, no demasiado reconocido durante muchos años, parece tocado por la providencia cada vez que escribe música para Shyamalan. Su mejor trabajo sigue siendo El bosque, pero El incidente es una muy apreciable banda sonora que funciona a la perfección en pantalla.

Pese a que es bastante olvidable, El incidente no es una película mala, ni mucho menos. Había un genio detrás de la cámara y hay momentos inolvidables (como una de las primeras manifestaciones del virus, en un edificio en construcción de Nueva York; esa y muchas secuencias beben, aunque se queden muy lejos, de La guerra de los mundos de Spielberg, una película también incomprendida y despreciada en su momento pero que estoy seguro que en unos años se convertirá en un título de culto). Pero el conjunto es decepcionante. Dicen que hasta el mejor escribano tiene un borrón. Este es el de Shyamalan, dentro de una filmografía que seguiré reivindicando.

miércoles, abril 04, 2007

'El protegido', una película a reivindicar

Un canal digital emitió ayer martes El protegido, de M. Night Shyamalan. Y me encontré con la agradable sorpresa de que la crítica de El País le daba nada menos que tres estrellas sobre cuatro posibles. Digo que es una sorpresa agradable porque no conozco a mucha gente que, en su día, cuando esta película llegó a las salas, hablara especialmente bien de ella. Más bien al contrario. En mi entorno prevalece la opinión de que es una película aburrida. Sobra decir que discrepo, y mucho, de esas opiniones. Es más, pienso que desde que Shyamalan saltara a la fama con esa joya que es El sexto sentido no ha hecho mejor película que El protegido. Y puede que ésta sea incluso mejor película que aquella del niño que ve muertos.
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"Tras El sexto sentido, se esperaba mucho de M. Night Shyamalan. Y dio aún más: un audaz homenaje al mundo del cómic que construye correspondencias en el mundo de la vida real para los héroes de los tebeos. El protegido es un thriller tenso y crispado, pero también un denso retrato de personajes que se mueve entre eléctricas sacudidas y hace del destino su motor narrativo. Más allá del propio relato se apoya en una puesta en escena majestuosa, espléndida, rebosante de clasicismo", escribió Miguel Ángel Palomo en ese diario.
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Creo que El protegido tiene dos elementos fuera de lo común y ambos los destaca esta crítica. En primer lugar, la puesta en escena es brillante, algo a lo que contribuye una fotografía plagada de sombras (en contrapunto precioso con los colores que daban las claves en El sexto sentido). Después hay que destacar el retrato de los personajes, brillante como casi siempre en el cine de Shyamalan. A ello contribuyen poderosamente unos actores que están fabulosos. Bruce Willis siempre me ha parecido mejor actor de lo que mucha gente cree y desde que encontró a Shyamalan lo demuestra más a menudo. Samuel L. Jackson borda a su obsesivo personaje. Y Robin Wright hace que lamentemos no ver más a menudo en la gran pantalla a la mujer de Sean Penn.
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El protegido, como El sexto sentido, tiene también sorpresa final. Cuando la vi por primera vez en el cine, fui avisado de que aquí también Shyamalan quería dar un imprevisible giro final. Al igual que la primera vez, Shyamalan me sorprendió. No lo vi venir. Y me encantó. Porque daba un sentido tan completo a este maravilloso homenaje al mundo de los superhéroes del cómic que casi parecía mentira. Una genialidad. Recomendable a todas luces. Aunque, insisto, parece una película bastante incomprendida...

jueves, marzo 08, 2007

Shyamalan regresará con un filme restringido a menores

M. Night Shyamalan es uno de sus directores que, conmigo, tiene asegurada la venta de una entrada de cine. Desde que vi El sexto sentido, me he convertido en un asiduo. El protegido, Señales, El bosque y La joven del agua me han tenido como apasionado espectador. En todas ellas encuentro muchas cosas positivas. El cine de Shyamalan me conmueve, me emociona, me entusiasma, como el de pocos directores modernos. Y suelo defenderle mucho más que a otros porque Shyamalan, a excepción de con El sexto sentido, no ha conseguido realmente el respaldo ni de la crítica ni del público. Creo que es un director bastante incomprendido. Pero es un tipo que rueda de maravilla, que escribe historias ingénuas y muy bonitas. Que es el dueño de la fábula cinematográfica moderna junto con Tim Burton.
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La próxima película de Shyamalan será una doble novedad. Por un lado, será el primer título que le distrubuya la 20th Century Fox. Después de una larga asociación con Disney y una mucho más breve y tormentosa con Warner Bros (sólo hizo allí La joven del agua), ahora vuelve a cambiar de estudio. Y la segunda novedad, la más interesante desde el punto de vista del espectador, es que su próxima película, The happening (antes conocida como The green effect) tendrá una calificación R, es decir, restringida a los menores de edad que no vayan acompañdos de un adulto. ¿Un Shyamalan que busca sobre todo un público adulto? ¿Una película mucho más dura que las anteriores? Qué ganas de descubrirlo...
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Esta película se centrará en la historia de una familia en medio de una crisis medioambiental que amenaza a toda la humanidad. Por Internet circula alguna sinopsis más completa de la película, pero no la reproduzco aquí por respeto al cine de Shyamalan (al que tanto gustan los giros sorprendentes) y a los futuros espectadores que no quieran conocer más detalles. La película tendrá un presupuesto de 57 millones de dólares (el fracaso de La joven del agua de momento no se manifiesta en recortes a este director, afortunadamente) y está previsto que una gran estrella masculina encabece el reparto, aunque todavía no han aparecido públicamente nombres vinculados a este proyecto.