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viernes, octubre 06, 2017

‘Blade Runner 2049’, el arte visual de Villeneuve no es suficiente

Aunque hoy parezca increíble, Blade Runner no fue un éxito en 1982. Ni de taquilla ni, realmente, de crítica. La cinta de Ridley Scott, un caos absoluto durante su rodaje y un continuo cambio en la sala de montaje hasta muchos años después de su estreno, se convirtió poco a poco en lo que es hoy, una cinta de culto y clásico absoluto de la ciencia ficción de los años 80. Esa condición y este interminable revival que vivimos convertían a su secuela en un plato muy apetecible para casi todos. A diferencia de otros proyectos, que tanto se nota que nacen con la vocación única de hacer dinero, que no es malo pero no puede ser suficiente, Blade Runner 2049 nació con un aura de calidad. El respeto al original y la presencia en la silla de director de Denis Villeneuve convertían la película, a priori, en uno de los platos más apetecibles de los últimos tiempos. Y el resultado está, por desgracia, lejos de lo esperado. Que nadie piense que estamos ante una mala película o un desperdicio, ojo, pero no colma las expectativas.

Es difícil ver en la película de Villeneuve una continuación natural de Blade Runner. Es complicado sentirse dentro del mismo mundo, por mucho que haya paralelismos que casi nos pueden hacer pensar en lo que J. J. Abrams hizo con El despertar de la Fuerza para convencernos de nuevo de que Star Wars es lo más grande. Y es casi inevitable, por sacrílego que pueda parecer, recordar lo que Ridley Scott firmó en Prometheus, una obra tan absurda en su guion como deslumbrante en lo visual. Blade Runner 2049 es, en muchos sentidos, mejor que el intento de Ridley Scott de explicarnos el mundo de Alien, pero a la vez es una cinta mucho más vacía de lo que parece, tanto en su historia, sencilla y casi intrascendente por momentos, y que en su poesía queda lejísimos de su referente, como admite cuando claudica en su formidable banda sonora y recurre a Vangelis para ilustrar uno de los momentos álgidos del viaje que nos cuenta.

No será aquí donde se desvelen los secretos de Blade Runner 2049, pero sí se puede decir sin miedo que Villeneuve busca un respeto tan reverencial que es difícil ver la línea entre la secuela y el remake, sobre todo porque este Deckard de Harrison Ford apenas conecta con el que ya conocíamos y cede el protagonismo a un Ryan Gosling al que ya hemos visto antes en estas lides sin necesidad de ser un replicante. Porque del mundo del Blade Runner original apenas nos queda una mínima pincelada de historia. Los replicantes han cambiado. La caza no es la misma. El discurso sobre la vida y la muerte ha desaparecido. Y lo que sí encaja, como por ejemplo el personaje de Ana de Armas, en realidad tendría que ser la guinda para entender la evolución de este mundo cyberpunk y no lo más destacado de este regreso a una sociedad que se antoja menos violenta, menos radical y menos oscura que la que ya conocíamos, a pesar de que en teoría el escenario es peor.

Villeneuve, desde luego, es un artista visual de los que hay pocos ahora mismo en el cine actual. Y eso, probablemente, consigue un efecto hipnótico que oculta algunas de las carencias de su película, seguramente y en todo caso la más impersonal de su filmografía. El problema quizá esté ahí, que no termina de ser Blade Runner ni tampoco termina de ser Villeneuve puro. Y en esa indefinición hay muchos tiempos muertos. El ritmo lento era previsible, pero no que haya escenas superfluas (como el regreso de un viejo conocido) o instantes que rozan el aburrimiento, sobre todo durante su larga primera mitad. No da la sensación de que las mejores ideas de la cinta, como el sistema de control de los replicantes o la manera en la que la inteligencia artificial se ha colado en la vida emocional incluso de estos seres artificiales, logren elevar la película al nivel que cabía esperar. Sin ser un tropiezo, tampoco es la joya que podría haber sido.

viernes, julio 31, 2015

'El secreto de Adaline', la importancia del detalle

En la primera escena de El secreto de Adaline, el personaje de Blake Lively le dice a un chaval que se dedica a vender documentación falsa que preste atención a los detalles, porque eso es lo que puede delatarle. Eso acaba siendo prácticamente una premonición para la película. Una buena película, intensa, emocionante, de muy lograda atmósfera y de buenas, muy buenas interpretaciones. Pero con un par de detalles que son los que impiden que sea uno de esos filmes que se quedan grabados a fuego en la memoria. Detalles de guión, como la presencia de algún personaje totalmente superfluo (la hermana del coprotagonista) o una excesiva previsibilidad, incluso deslices como tener que explicar algo que la protagonista tendría que saber (la escena del Trivial) o deseos absolutos de aprovechar obras ajenas, desde la narración de El curioso caso de Benjamin Button, con la que se puede trazar algún paralelismo, o el aspecto de Michiel Huisman, idéntico al que luce en Juego de tronos.

Pero hechas esas salvedades, lo cierto es que la película funciona francamente bien. Sin revelar demasiado de su argumento, es una historia que lidia desde una perspectiva fantástica con el paso del tiempo y cómo afecta eso al amor. Es, por tanto, una película romántica, por momentos se puede decir que incluso ñoña (sin que ese adjetivo tenga aquí connotación negativa alguna), que tiene su primer punto fuerte en un armazón cronológico muy potente. La estructura de la película, lejos de ser lineal, funciona espléndidamente, aunque la voz en off que acompaña esos saltos deje algunas dudas, asienta el tono de fábula que no pierde nunca la película pero también le da algo de pretenciosidad que no ayuda. El otro gran acierto de la película es su aspecto, cercano pero al mismo tiempo, de nuevo, cercano a la fábula. Quiere ser una historia realista hasta cierto punto, pero también satisfacer a quienes buscan el lado más fantástico de su trama. Y lo consigue.

El tercer aspecto en el que la película sobresale es su reparto, pero los principales elogios en ese sentido se pueden mezclar con el segundo de sus aciertos. Desde siempre, y aunque su belleza engañe en ese sentido, Blake Lively ha parecido mejor actriz de lo que algunos de sus papeles han permitido ver. Su presencia en El secreto de Adaline es al mismo tiempo angelical y pesarosa, y eso es un elemento más, el principal, del aspecto que quiere tener el filme. La fábula, la realidad y la fantasía se pierden en la mirada de Lively, en su media sonrisa, en su calculado lenguaje corporal. Aunque Huisman no dé la misma sensación de solidez, el hecho de compartir la película con ella le da a su trabajo más empaque del que ella aporta. Y la presencia de actores veteranos es un argumento más. Ellen Burstyn y Kathy Baker están espléndidas, pero es Harrison Ford el que llama la atención. Es otro que es mejor actor de lo que su propio icono le ha dejado ser, de lo que él mismo ha mostrado en los últimos años. Es su mejor trabajo desde hace mucho tiempo.

Si en el guión hay ideas interesantes, muy interesantes de hecho (y quizá la fundamental sea dar el protagonismo de la película, por lo que cuenta y por lo que implica, a una mujer), y si hay sobre todo dos actores haciendo trabajos brillantes como Blake Lively y Harrison Ford (aunque su presencia se haga de rogar y no llegue hasta el tramo final), es evidente que la película funciona. Pero al mismo tiempo queda en el debe de Lee Toland Krieger, un director todavía con poca experiencia, no haber sabido pulir los defectos que impiden que el filme dé un salto de calidad que probablemente podría haber dado. Los detalles, los detalles de los que habla Adaline al comienzo del filme, los que marcan la diferencia entre lo bueno y lo excelente. Aún así, no es poca cosa ser bueno y El secreto de Adaline (otra de esas traducciones con inventiva del original The Age of Adaline) lo es.

miércoles, marzo 05, 2014

'El poder del dinero', nombres para compensar enormes vacíos

El poder del dinero ha sido un enorme fracaso en taquilla, donde apenas lleva recaudados 13 de los 35 millones de dólares que costó, y de crítica, vapuleada por prácticamente todo el mundo. Y tristemente hay que decir que de forma merecida. El único valor que tiene el filme es haber reunido un reparto muy atractivo sobre el papel. Están muy lejos de conseguirlo, pero los nombres son lo que tenía que haber ocultado los enormes vacíos que hay en una película con innumerables defectos, tópicos y situaciones absolutamente inverosímiles, rodada aparentemente con una enorme desgana, lo que posibilita que hasta los detalles más pequeños sean fuente de críticas y lamentos fundados. Como revisión de lo que andan haciendo en estos momentos Harrison Ford o Gary Oldman y los inevitablemente guapos protagonistas Liam Hemsworth y Amber Heard, es mínimamente pasable. Desde cualquier otro punto de vista, totalmente prescindible. Y siendo quisquilloso, hasta cabreante.

Empezamos mal hasta desde el título. Paranoia, que es el origen, se convierte en el impersonal El poder del dinero, que recuerda a otras doscientas películas y que podría ser un título genérico para ir estrenando una tras otra con la misma denominación. En realidad, la historia no habla de ninguna paranoia y del poder del dinero se habla poco y mal. Y es que el siguiente gran problema que tiene el filme es su guión. Cuenta la historia de Adam (Liam Hemsworth), un tipo al que echan de una empresa de telefonía después de no haber convencido con un nuevo proyecto a su jefazo, Nicholas Wyatt (Gary Oldman), que después le medio obligan a trabajar para ellos haciendo espionaje industrial en la competencia, en la empresa que dirige Jock Goddard (Harrison Ford), y en la que casualmente trabaja como directora de marketing Emma Jennings (Amber Heard), la chica con la que se enrolló la misma noche en la que le despidieron. Lo que sorprende es que, enlazando esos elementos, nadie haya querido darse cuenta de cuántos absurdos hay en la película.

En realidad, lo más probable es que todo el mundo sea consciente de esos enromes vacíos que hay en la película, y eso es triste, pero que se haya confiado en que los actores llenen ese vacío. Ni siquiera a eso se puede agarrar el filme. Gary Oldman y Harrison Ford son dos actores a los que se les suele notar cuando están en una película por un cheque, y éste es el caso. Ninguno de los dos convence lo más mínimo y más allá del carisma que puedan tener, están lejos de ser razones de peso para disfrutar de la película. El caso de Liam Hemsworth y Amber Heard parece estar sustentado en estudios de mercado. Esos que dicen que protagonistas jóvenes, guapos y esbeltos tienen el suficiente tirón como para que se vendan entradas de cine, independientemente de que sus personajes sean inverosímiles y planos. Pero parece poco factible que funcione, porque más allá del torso de él y la espalda de ella, renuncia a esas escenas de desnudo que suelen llenar estas películas con ese ansia sexual de consumo que mueve a tantas películas.

A estas alturas, sigue sorprendiendo que se hagan las películas de esta forma. No hay sorpresa en que su director sea Robert Luketic, responsable de Una rubia muy legal, La madre del novio o La cruda realidad, pero sí en que gente con nombre respetado como Oldman o Ford y con posibilidades de ascender como Hemsworth o Heard se vean envueltos con tanta facilidad en títulos como éste, en los que falla todo. La intriga es absurda, la resolución es completamente dependiente de la casualidad, los detalles hunden por completo muchas escenas (¿de verdad uno pierde el tiempo en vestirse antes de piratear el ordenador de su novia después una noche de sexo mientras ella se está duchando o va andando tranquilamente mientras intenta robar un prototipo y le persiguen todo el cuerpo de seguridad de una empresa puntera?), el arranque es el lento y aburrido, y el final es tópico. Por desgracia, porque había mimbres para más, ver a sus actores, y más por fetichismo que por lo que ofrecen, es el único aliciente por ver El poder del dinero. Y eso es tan poco...

viernes, noviembre 08, 2013

Crítica doble de 'El juego de Ender'

En diciembre se cumplen siete años desde que La Sala de Cine echó a andar. Salvo alguna pequeña excepción, todas las críticas las he realizado yo. Con El juego de Ender, vamos a dar un paso más y lo que os ofrecemos es una crítica doble, escrita por dos periodistas, yo mismo y Lucía Alegrete, que colabora aquí por primera vez (¡y espero que no se la última!). Una misma película, dos puntos de vista. Esperamos que disfrutéis del experimento.
En los años 80 podría haber sido un clásico


Por Juan Rodríguez Millán

El juego de Ender es una de esas películas con elementos suficientes para convertirse en un clásico de la ciencia ficción pero que no termina de alcanzar dicha condición. Es una de esas películas que, de haberse realizado en los gloriosos años 80 del siglo pasado (casualmente la década en la Orson Scott Card escribió la novela, sobre cuyos derechos cinematográficos ha sido tan protector hasta ahora), probablemente habría logrado ese estatus. Es un más que aceptable y agradable entretenimiento de ciencia ficción, pero no consigue ser ese algo más que siempre esperan los aficionados al género. Y es un filme que se gana el derecho a que el espectador recuerde más sus aciertos, entre los que destaca una espléndida evolución de su personaje que hace el joven Asa Butterfield (La invención de Hugo) que sus puntos más débiles, a pesar de que los elementos de ciencia ficción son algo más fríos y menos rompedores de lo esperado.

El mundo de El juego de Ender arranca años después de una gran guerra contra una raza alienígena que quiso invadir la Tierra, los insectores. Aunque fue repelida, la humanidad se prepara para su regreso formando en una escuela militar a los chicos más preparados para encabezar esa ofensiva. Ender es uno de ellos, el llamado a liderar a las fuerzas terrestres en la batalla final. El escenario, el mismo de una novela a la que aparentemente sigue con bastante fidelidad, es sumamente atractivo y ofrece incontables posibilidades. Lo más decepcionante de la película, escrita y dirigida por Gavin Hood, autor de la olvidable Lobezno, es que el entorno de ciencia ficción no se eleva tanto como debería. Las batallas son confusas, hasta el punto de que parece difícil saber quién va ganando y por qué (además de las inmensas similitudes con la de Independence Day), y los efectos especiales tan correctos como rutinarios, sin llegar en realidad a alcanzar la personalidad distintiva que exigía el filme.

Con esos elementos algo disminuidos, aunque siempre dentro de la corrección que basta para que las secuencias del juego en el adiestramiento sean las más emocionantes junto con un, aquí sí, extraordinariamente bien resuelto clímax (por la historia que ya está en el libro y por la puesta en escena de Hood), gana terreno el factor más humano de la película. Y aunque hay relaciones y evoluciones que están apresurada o incluso livianamente narradas, la espléndida interpretación de Butterfield hace que la historia llegue con mucha más facilidad al espectador. Tanto Harrison Ford como Ben Kingsley le dan caché al reparto, aunque se nota que Viola Davis no acaba de encajar en este entorno. Hood consigue equilibrar bastante la balanza entre la ciencia ficción más pura y el drama iniciático. Hay elementos de ambas y por eso la película se abre a un público más amplio que el que ofrecería una película de efectos especiales.

No obstante, El juego de Ender podría haber llegado mucho más lejos. Los elementos morales y éticos que se van planteando en la historia, desde el reclutamiento de niños para escuelas militares, la violencia que hay dentro de Ender o el decisivo condicionante del clímax del filme apenas están dibujados. Presente de una forma clara en la historia, pero sin tanta fuerza como para ser su espíritu. Y es por eso que, en realidad, le falta algo de fuerza y espectacularidad al filme dentro de su corrección, y eso se deja ver en el doble epílogo que tiene la película, uno que, volviendo al punto de partida, en los años 80 habría podido redondear un clásico. Entonces, aún sin los sofisticados efectos especiales por ordenador que hoy en día lucen ya en cualquier película, los cineastas conseguían sacar más emociones de trajes de látex o incluso de muñecos de plástico. Con todo, El juego de Ender cumple razonablemente bien para aficionados al género e incluso para quienes no lo son.

Lograda odisea espacial

Por Lucía Alegrete

La reconocida novela de ciencia ficción del escritor estadounidense Orson Scott Card, publicada en el año 1985, es llevada finalmente a la gran pantalla, de la mano del director Gavin Hood y cuenta, entre su elenco protagonista, con el mítico Harrison Ford. La taquilla estadounidense ha sido una gran sorpresa para los productores y realizadores, quienes no esperaban un éxito tan inmediato, habiendo recaudado ya casi 30 millones de dólares. El juego de Ender es el primero de los cuatro libros conocidos como la Saga de Ender. La historia está ambientada en un futuro distópico, donde la tecnología ha avanzado enormemente y la humanidad debe enfrentarse a una nueva especie alienígena, los insectores, si quiere garantizar su supervivencia. Para ello se ha creado un programa de entrenamiento y lucha para menores que se desarrolla en la Escuela de Batalla, una estación espacial usada como complejo militar, dirigida por el coronel Hyrum Graff (Harrison Ford) y Stilson (Brendan Meyer).

Allí unos pocos niños elegidos son preparados para la gran lucha final. Entre ellos se encuentra nuestro protagonista Ender Wiggin (Asa Butterfield, La invención de Hugo), un niño sumamente inteligente pero, al mismo tiempo, introvertido y problemático. Una de las causas que explican su conducta y su gran impulsividad tiene que ver con su ámbito familiar y, más concretamente, con los problemas con su hermano mayor, Peter, quien le guarda una enorme animadversión fomentada en la envidia y la rivalidad. En la otra cara de la moneda encontramos a su compasiva y bondadosa hermana Valentine, quien sirve como soporte y ayuda para los miedos y dudas que atormentan a Ender.

Es impactante la gran evolución que sufre el personaje, un niño retraído e inseguro se torna en un líder nato, un estratega que comandará la suerte y el destino de miles de personas. En sus manos recaerá el peso y la responsabilidad del futuro de toda la humanidad. Ayudado siempre por su leal compañera y amiga de batalla, Petra Arkanian (Hailee Steinfeld, Valor de ley) quien se convertirá en una figura clave en la vida de Ender. Lo mejor de la película tiene dieciseis años y se llama Asa Butterfield. A pesar de su corta edad y experiencia, plasma perfectamente las sensaciones y sentimientos del protagonista, sus miedos, dudas y errores, y sobre todo su transformación durante el transcurso de la historia. Todo ello se acompaña de grandes secundarios que realizan una labor más que correcta, y ayudan a mantener el buen ritmo que sigue la trama. También es destacable el gran despliegue de efectos especiales, y el buen uso que se hace de ellos, no enormemente marcados pero si bien utilizados, acompañado todo ello de una excelente banda sonora.

Quizás la parte negativa de la película es que, a pesar de saber que es una fiel adaptación de la novela, me es imposible eliminar ese sabor amargo de que se rige por un esquema premeditado de película americana, donde siempre vencen los buenos, y la moralidad y la justicia se acaban imponiendo por encima de cualquier fuerza  contraria. También debido a la limitación temporal que conlleva una película de este tipo, la trama final se ve acelerada y los hechos se suceden rápidamente, dando al espectador una sensación de confusión y desconcierto. Sin embargo, el clímax final compensa esas sensaciones, y nos deja un efecto positivo, una buena reflexión sobre un mundo bastante más parecido al nuestro de lo que creemos.

domingo, agosto 14, 2011

'Cowboys & Aliens', el placer de lo irreverente

Cowboys & Aliens. La primera reacción al tener noticia de este proyecto fue de pánico. Porque, con ese título, tenía pinta de bodrio. O de serie Z de los años 50. Pero no, iba a ser un estreno nuevo. Después veo que la va a dirigir Jon Favreau. El de Iron Man y su secuela. Bueno, habrá que darle una oportunidad, pienso entonces. Después me entero del trío protagonista: Daniel Craig, Harrison Ford y Olivia Wilde. Me voy convenciendo un poco más. Luego me entero de que está basada en una novela gráfica. La leo y me gusta la idea aunque no del todo el desarrollo. Pero ya estoy más que decidido a verla. Por supuesto, la veo. ¿Y qué me ha parecido? Una deliciosa irreverencia a los aficionados al western, muy alejada (para bien) de la historia del cómic, y un más que entretenido producto veraniego, con carismáticos actores y una muy buena mezcla entre acción, aventuras y humor.

Fusionar western y ciencia ficción es una idea tan descabellada y con tan pocas probabilidad de éxito en apariencia que, más allá de Almas de metal (aquel experimento con Yul Bryner ahora de culto para algunos), apenas se puede recordar algún título que se acerque a ese planteamiento. Cuando alguien encara algo así, casi tiene que asumir que su público es el que espera ver aliens y no el que suspira porque los cowboys regresen a la gran pantalla con el esplendor de antaño. Pero, al final y por sorprendente que pueda parecer, resulta que Cowboys & Aliens es un producto satisfactorio para ambos públicos. Quizá ante su mezcla sean más receptivos los aficionados a la ciencia ficción, por supuesto, pero, sin haber visto el título en pantalla (y sin hacer mucho caso a eso que lleva el personaje de Daniel Craig en la muñeca), la primera hora media del filme pasa perfectamente como la introducción de una película del oeste más que decente, magníficamente ambientada, lo que oculta su algo simplista y tópico desarrollo como western.

Seguramente esa primera parte de la película no habría convencido de la misma manera sin Daniel Craig. Desde que se convirtió en James Bond (en realidad, desde su anterior película, la infravalorada Munich), Craig ha encontrado un camino carismático y completo. Tanto le da hacer un héroe de acción amargado como uno que disfruta de cada segundo de la aventura. Su dominio de la pantalla interpretando a este pistolero seco y directo es impresionante, tanto a nivel dramático como en los toques más cómicos que tiene su personaje. Sencillamente, está perfecto. Para ver a Harrison Ford hay que esperar algo más, pero la espera merece la pena. Seguro que quienes criticaron con saña la última entrega de Indiana Jones, quienes miraron su fecha de nacimiento para pensar que era una apuesta imposible, aquí disfrutarán con sus escenas de acción. Y es que quien tiene madera de héroe cinematográfico no la pierde con los años Ni haciendo de Indy, ni haciendo de vaquero.

Favreau es inteligente y domina perfectamente la mezcla entre humor y aventura. En Iron Man se podía pensar que eso era mérito de Robert Downey Jr. y y su socarrona interpretación de Tony Stark, pero Cowboys & Aliens demuestra que el realizador tiene su cuota de mérito. Como también la tiene al saber rodearse de un reparto espléndido, muy bien escogido y que incluso tapa las carencias del guión, las habituales de cualquier superproducción veraniega (un tanto inverosímil la evolución del personaje de Harrison Ford...). Si Craig y Ford desprenden un carisma extraordinario, no le va a la zaga el oficio de Sam Rockwell (que ya trabajó con Favreau en Iron Man 2) o la belleza de Olivia Wilde (un precioso maniquí que, no obstante, está teniendo muy buen gusto a la hora de escoger proyectos que prolonguen su fama televisiva lograda en House, títulos tan variopintos como ésta, Tron Legacy o Los próximos tres días).

No conviene contar demasiado sobre el argumento, entre otras cosas porque arruinaría la espléndida secuencia de apertura de la película y algunas de las sorpresas que hay más adelante (el trailer ya hace un fantástico trabajo destrozando ese necesario y no apreciado elemento de lo desconocido a la hora de seguir una película). Lo mejor del guión, en todo caso, radica en que coge del cómic original de Cowboys & Aliens sólo lo que necesita, la idea, el contexto y algunas escenas, pero inventa su propia aventura. Es, en ese sentido, una gran adaptación, que rehuye del manido y cada vez menos interesante proceso de trasladar a la pantalla la literalidad de un cómic o una novela por temor a los fans más recalcitrantes. Aquí no es así. Cowboys & Aliens es una cosa en la novela gráfica y otra muy distinta en el cine. Sus personajes son diferentes. Sus mensajes, también. Y con ese cambio, la película supera al cómic como obra de entretenimiento.

Es evidente que John Wayne, Gary Cooper o John Ford se revolverían en sus tumbas si supieran de una historia como ésta, un irreverente sacrilegio a la esencia del western. Pero, visto con mente abierta y asumiendo que se trata de un producto que sólo busca la diversión, lo cierto es que Cowboys & Aliens convence de sobra. Más que de sobra. Tiene grandes momentos, un gran personaje protagonista que está muy bien acompañado en el reparto, buenos efectos especiales (y fotografía, atentos a los cambios cromáticos de los recuerdos del personaje de Craig y a esos tan magníficos como clásicos escenarios de película del oeste) y toda la diversión que uno puede conseguir de la marcianada que supone mezclar esos elementos tan habituales y a la vez tan dispares de los juegos de cualquier niño (sobre todo americano), los vaqueros y los extraterrestres. Cowboys & Aliens, que para eso hemos dejado el título en su versión original.

miércoles, marzo 09, 2011

'Morning glory', risas y carisma

Está claro que el cine hay que verlo cuando hay que verlo. Porque es la única forma de entender que Morning Glory me haya dejado tan buen sabor de boca. La miras detenidamente y no es una gran película. No tiene un buen guión, muy previsible y con olor a refrito. Es una mirada demasiado amable sobre un tipo de periodismo que a mí, la verdad, no me entusiasma. Pero desborda simpatía y produce risas. Eso es lo más inesperado, claro, pero es que hacía tiempo que no me reía tanto con una película. No vayáis a pensar que es la comedia más desternillante de la historia, pero tiene sus puntos. Y esos puntos tienen su origen en el carisma que desprenden sus actores protagonistas. Porque Harrison Ford, por fin, ha encontrado un papel que le va como anillo al dedo después de años de naderías en las que no encajaba (con el intermedio de volver a ser Indiana Jones, por supuesto) y porque Rachel McAdams demuestra un talento innato para la comedia. Lo demás no es nada del otro mundo, pero es una cinta simpática.

Vaya por delante una advertencia: no estamos ante una comedia romántica. Hay un romance, por supuesto, porque eso no puede faltar en una película hecha en Hollywood, pero no es eso lo que ofrece Morning Glory. Su protagonista es la ya esterotipada mujer joven entregada por completo a su trabajo que encuentra un reto en el que todo se pondrá en su contra pero del que hará lo imposible para salir airosa. Un cliché muy visto. Y muy visto también el entorno amable de la televisión que retrata la película. Amable porque no pretende hacer crítica alguna sobre lo que se cuenta. No es un análisis de la televisión actual o sobre los programas matinales de variedades. Morning Glory no pasa de ser lo que es, una peliculita simpática con actores carismáticos. Buscarle más profundidad equivale a experimentar un chasco inmenso en su visionado. Pero si se ve como lo que es, una comedia ligera, cumple a la perfección con su misión de entretener.

Y como la película en sí misma no ofrece mucho donde rascar, el mérito de esa empatía que despierta está indudablemente en sus actores. Morning glory empieza con una conversación (¿es muy maquiavélico trazar un paralelismo, a la baja por supuesto, con el prodigioso comienzo de La red social?) en la que se busca asentar la personalidad de la protagonista, Becky Fuller, una mujer que no llega a los treinta y que vive entregada por completo a su trabajo como productora de un programa en una emisora local. Por eso mismo, no es capaz de tener una vida sentimental normal. Es además una mujer que habla mucho y que no domina los usos sociales para cambiar su forma de actuar. El retrato suena atractivo, pero Roger Mitchell (director de Notting Hill) cambia pronto de rumbo. Esa adicta al trabajo pronto encuentra también lugar para los sentimientos y su labia pronto se ve enterrada por la apabullante presencia de Mike Pomeroy, un periodista de prestigio y malencarado con el que empezará a trabajar.

Es decir, que la película empieza con trampa. Lo quye vemos en la primera escena no encuentra reflejo después. La Becky de esa conversación inicial no termina de ser la misma persona que aparece en el resto de la película. Perdonada esa incongruencia, Rachel McAdams demuestra un talento especial para la comedia amable, lo que unido a su versatilidad (Sherlock Holmes, Más allá del tiempo, La sombra del poder) hace de ella un nombre y un rostro muy atractivos para todo tipo de película. Aquí sale triunfante a pesar de estar rodeada de grandes nombres. O, mejor dicho, precisamente por eso. Porque hay química en sus (un tanto escasas) escenas con Jeff Goldblum y, sobre todo, con Harrison Ford. De hecho, es la aparición conjunta de McAdams y Ford lo que dispara la película. Suyas son las mejores escenas, incluso cuando no están compartiendo plano pero sí secuencia. Diane Keaton, mucho más sosa de lo que uno podría esperar, a veces parece sobrar más allá de su papel de catalizador, pero en ese lugar sí funciona (ver el pique en pantalla de Keaton y Ford ante una McAdams primero boquiabierta detrás de las cámaras y después enfurecida delante de ellos).

Morning glory es una de esas muchas películas que ofrecen visiones complacientes y nada arriesgadas de un mundo profesional en concreto. Son la excusa para enfrentar personajes muy dispares y ver lo que sucede. Es una clave cinematográfica muy usada, muy manida, pero que funciona cuando el casting es acertado. Aquí lo es, y por eso la película acaba funcionando. Sin dejar una huella demasiada profunda en el espectador, pero sí ofreciendo cien minutos de entretenimiento sincero, correctamente rodado, bien acompañado musicalmente y, sobre todo, muy bien interpretado. Una película perfecta para ver cuando uno necesita olvidarse del mundo y sonreír.

miércoles, mayo 21, 2008

Indiana Jones vuelve a lo grande

Es él. Es el de siempre. Ha pasado el tiempo pero sigue siendo el mismo que nos encandiló allá por el lejano año de 1981. Es el mismo con el que hemos crecido ya un par de generaciones. Es el mismo héroe socarrón, imperfecto, inteligente e intrépido de siempre. Tiene el mismo miedo a las serpientes que le conocimos cuando buscaba el Arca. Tiene el mismo sentido de la amistad y de la familia que mostró en sus aventuras en el templo perdido o cuando, con su padre, intentaba hallar el Santo Grial. Su sentido del humor sigue tan fresco como hace veinte años, pero sabe que ya no es el joven arqueólogo que viajaba por el mundo buscando las más extrañas reliquias. Ahora tiene un poso de amargura, de decepción por los tiempos que le han tocado vivir. Pero es él. Es Indiana Jones. Todo un placer volver a verle.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal cumple todas las expectativas y se convierte en un entretenimiento espectacular, a la altura de las tres películas anteriores de esta saga. Abunda en el tono divertido e irónica de La última cruzada, pero al mismo tiempo tiene un punto oscuro como El templo maldito. Y abundan los homenajes a En busca del arca perdida. Es el mismo Indiana Jones de siempre, sí, pero el gran acierto de esta cuarta entrega es no presentar al mismo personaje. Han pasado los años e Indiana lo sabe, como lo saben George Lucas y Steven Spielberg. Es imposible no sonreír cuando Indy habla del paso del tiempo y mira las fotos que hay en su escritorio.

Harrison Ford lo borda, como siempre. Si hay un personaje para el que ha nacido, ese es Indiana Jones. Y eso es mucho decir para un actor que ha hecho papeles tan carismáticos como los de Blade Runner o Star Wars. Pero es que esa sonrisa cínica de Indy y su sentido del humor siguen encantando como el primer día. Shia Labeouf es una interesante adquisición de la saga. Como actor viene de la horrible Transformers, pero aquí, en un personaje en apariencia similar, consigue darle un tono fresco y nuevo, que encaja perfectamente (sobre todo con su segunda escena, la del bar) en este salto de la mitología de Indy a los años 50, a las disquisiciones de la guerra fría.

Dado que la promoción de la película ha sido ejemplar, ha evitado el bombardeo (sólo dos trailers que, además, no desvelan casi nada de la trama) y ha ocultado a los fans multitud de detalles de esta nueva aventura de Indy (incluso se han dado pistas falsas sobre los personajes que interpretan algunos actores), prefiero no revelar casi nada de la misma. Vedla como George Lucas y Steven Spielberg han querido que la veáis, descubriéndola poco a poco, escena a escena, diálogo a diálogo, personaje a personaje, escenario a escenario y misterio a misterio. Y disfrutadla, porque estamos ante una oportunidad única.

Sólo con ver la sombra del personaje, su sombrero y su látigo, ya se siente algo especial. Sólo con escuchar la maravillosa melodía que John Williams creó para el personaje (a pesar de que la partitura es la de menor personalidad propia de la saga), ya se ponen los pelos de punta. El cierre musical de la película, al final de los títulos de crédito, es una reinvención preciosa de ese tema. Sólo con recordar la cantidad de veces que uno ha visto sus tres aventuras anteriores tiene multitud de instantes en este Reino de la calavera de cristal en los que volver a sentirse niño por un par de horas.

No me cabe la menor duda de que muchos despreciarán esta película por ser un título de aventuras fantásticas. Habrá quien no entienda su mensaje nostálgico (obvio por el paso del tiempo, y eso va tanto por el desarrollo de los personajes como por el de la industria cinematográfica) o el leve cambio de género que tiene esta aventura con respecto a las anteriores (que si se piensa es de lo más lógico). También quien se limite a desdeñarla por ser una película de Steven Spielberg, un director de masas incomprendido por supuestos elitistas desde el comienzo de su carrera y hoy, incluso, por parte de esa misma masa que antes le adoraba. O de George Lucas, que parece que es una diana incluso más apetecible para algunos sobre todo tras su nueva trilogía de Star Wars. Pero quien no vaya a verla al cine se pierde algo irrepetible.

Yo sólo soy capaz de ponerle un pero. Su clímax deja una sensación de deja vu, tomando como referente la propia saga de Indiana Jones y otras películas de sobra conocidas (pero que no voy a nombrar para no arruinar el final, claro). Pero eso es todo. Lo demás es formidable. Desde las interpretaciones al cuidado guión (que es lo que más costó hacer para que esta película sea hoy una realidad; se descartaron varios libretos, incluso uno que había entusiasmado a Spielberg pero no a Lucas), desde la coreografía de las secuencias de acción (las peleas con espada o la persecución de un coche a una motocicleta ya tienen un nuevo referente) hasta el formidabloe aspecto visual de la película. Todo es formidable.

Ya lo dejas claro en la última escena de la película. El sombrero sigue siendo tuyo, Indy. La película del año sin duda por lo que es y por lo que supone. Chapeau.

jueves, febrero 14, 2008

Primer trailer de 'Indy 4'... no tengo palabras

Después de ver un rápido repaso a las tres primeras películas, vemos el sombrero. Su sombrero. En el suelo. Y ÉL alarga una mano, lo coge y se lo pone. Vemos sólo la sombra. Y sabemos inmediatamente que es él, que es Indiana Jones. El de siempre. Uno de los más grandes iconos de la historia del cine. Uno de los pocos personajes a los que podemos reconocer sólo por su silueta. O por la maravillosa y evocadora marcha que el maestro John Williams compuso para él, y que suena mientras le vemos recoger su sombrero y durante el siguiente minuto.

Ya tenemos trailer de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. El primero. No muestra mucho de la película, alguna pequeña pincelada que, si se sabe ver, dice por dónde va a ir la película. Y todavía sin calavera de cristal a la vista. Pero yo me he quedado sin palabras. Es él. Es Indy. Casi 20 años después de la última vez que le vimos. Pero es él, en plena forma, con el mismo humor de siempre, con el látigo, con el sarcasmo, con todo. Es Indy. ¿Cómo puede ser mala esta película si es Indy...? Y si es Spielberg quien dirige, el último genio de la aventura y la fantasía, ¿cómo va a salir más este glorioso regreso a la gran pantalla...?

Dice el contador que hay en la web de Yahoo (que distribuye el trailer en exclusiva) que me quedan 97 días, 14 horas, dos minutos y siete segundos para que llegue el estreno. Y la espera se me hace eterna...

jueves, noviembre 29, 2007

¡¡¡Quiero verles ya!!!

¡Indy vuelve! Nuevas fotos las que aparecen por Internet del arqueólogo más famoso de la historia del cine. Y sigue siendo él. Con su sombrero. Con su látigo. Con su misma expersión de siempre. Es Indiana Jones. ¿Que Harrison Ford tiene 65 años? ¡Qué más da! El de la foto es Indiana Jones. Y, sí, la foto es del rodaje de Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, tomada este mismo año, no es de algunas de las películas que ya hemos visto. Sigo sin tener dudas de que Geroge Lucas, Steven Spielberg y Harrison Ford, que ya han terminado el rodaje, no nos van a defraudar y nos van a dar un espectáculo tan involvidable como el de las tres primeras entregas. Quiero verla, quiero verla ya, y sé que todavía me quedan unos cuantos meses... La espera va a ser dura...

Y también quiero ver ya The Dark Knight, la secuela de Batman Begins, porque esta nueva saga del Hombre Murciélago, a poco que siga el camino marcado, promete ser de lo mejor que se ha hecho a la hora de adaptar cómics a la gran pantalla. Quiero ver al Joker que ha creado Heath Ledger y al que se ve por primera vez de cuerpo entero en la portada de Empire que acompala a estas líneas. El trabajo que Christopher Nolan hizo en aquella primera película fue fantástico y le dio carta blanca para hacer lo que quisiera en la continuación. Y quiso hacer un Joker distinto a lo que muchos esperaban, más real, menos cómico y más terrorífico que el de Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton. También estoy seguro de que lo ha conseguido. Este Joker, además, vendrá acompañado por el maravilloso reparto de la primera entrega, Christian Bale, Michael Caine y Morgan Freeman. Poco más se puede pedir.
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Bueno, sí, que se estrenan ya estas dos películas, pero eso es imposible... Indy 4 llegará el 28 de mayo del año que viene, y The Dark Knight el 13 de agosto... Qué larga se va a hacer la espera de ambas...

lunes, julio 02, 2007

Otra foto de Indy

Nueva foto del rodaje de la cuarta entrega de Indiana Jones. Interesante porque es la primera en la que aparecen juntos Harrison Ford y Shia LaBeouf. Todavía no se ha confirmado oficialmente, pero lo que se ha venido diciendo en los últimos meses es que Labeouf, protagonista de Transformers, dará vida al hijo del arqueólogo más famoso de la historia del cine.
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Y si alguien esperaba ver una especie de Indy más joven (para eso ya salió River Phoenix en La última cruzada), lo lleva claro... La película se desarrolla en los años 50 y a tenor de la vestimenta del actor en la fotografía, a LaBeouf parece que le van a convertir en un macarrilla tipo James Dean. No parece muy interesado por la arqueología, no, así que a ver con qué tipo de relación padre-hijo nos sorprenden Spielberg y Lucas... Si es que no nos han estado engañando todo este tipo y al final resultan que sus personajes no tienen relación familiar, claro...
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Por este blog irán apareciendo las nuevas fotos que merezcan la pena del rodaje de la esperadísima cuarta película de Indiana Jones, pero que todo el mundo esté tranquilo, que no voy a reventar la historia. Odio a la gente que lo hace...

domingo, diciembre 31, 2006

El cuarto Indiana Jones llegará en mayo de 2008

George Lucas nos ha dejado una gran noticia para terminar 2006. La cuarta entrega de la saga de Indiana Jones llegará a los cines en mayo de 2008. "Va ser fantástica, va a ser la mejor de todas", dice Lucas, que ejerce como productor en esta saga. ¿Qué sabemos en realidad de la nueva entrega? Con seguridad, que el guión acaba de ser finalizado, porque lo ha confirmado el propio Lucas. Obviamente, el director será el genial Steven Spielberg. Y en cuanto al reparto, Harrison Ford volverá a ponerse el sombrero y el látigo, y ya se ha mostrado dispuesto a hacerlo a pesar de que tiene ahora mismo 64 años. Y en realidad nada más se sabe con certeza.
Durante los últimos años ha habido rumores de todo tipo. Se habló de una aventura con la Atlántida de fondo, pero el videojuego sobre este asunto enterró esa posibilidad. Se asegura que Sean Connery volverá a dar vida al padre de Indy, Henry Jones, y ojalá que así sea. Se apuntó hace ya algunos años que Kevin Costner iba a dar vida al hermano pequeño del arqueólogo. Se ha escrito que aparecerán las tres chicas Jones (si se me permite el símil bondiano) de las anteriores películas, e incluso que Natalie Portman interpretará a la hija de Indy. De la historia no se sabe nada. Sólo que Lucas deshechó hace no demasiado un guión que a Spielberg le había encantado.
Desde el estreno de la anterior película hasta el de la nueva habrán pasado 19 años. Indiana Jones y la última cruzada (la más divertida de la saga) se estrenó en 1989. Indiana Jones y el templo maldito (la más oscura) y En busca del Arca perdida (la más aventurera) lo habían hecho, respectivamente, en 1984 y 1981. No me cabe la menor duda de que, ya que se juntan en esta nueva producción los genios que hicieron posibles las anteriores entregas, la película será una gozada. ¿La mejor de todas como anuncia Lucas? Ojalá que sí, pero lo veo complicado. Para mí la mejor sigue siendo la primera, llena de momentos inolvidables, diversión en estado puro y una auténtica lección de cine.