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viernes, diciembre 31, 2010

2010, un año de cine

Se acaba 2010. Ya sabéis, momento de balances, de hacer memoria y de confeccionar esas listas que tanto nos gustan a todos. Esta es la mía, este año muy cargada de títulos, tan personal e intransferible que no tiene por qué generar consenso. No debería, ahí está la gracia del cine. Pero, al fin y al cabo, es la mía. Y por eso os la cuento.

· La película del año: Origen
Encontrar una chispa de originalidad en Hollywood tiene mérito. Dar con todo un torrente visual y narrativo detrás de las cámaras como es Christopher Nolan, es un tesoro. Y Origen es, junto a las dos entregas de Batman que ha dirigido, el mejor ejemplo de lo que puede dar de sí una película cuando se pone cuidado en todas sus facetas. Magníficamente rodada, espléndidamente interpretada, con un guión tan apabullante como su imaginería visual, una música que pone los pelos de punta, escenas tan innovadoras como la del pasillo del hotel y un final tan abierto como presto para el debate. ¿Quién puede dar más? Origen es una de esas películas que perduran en la memoria. Y eso no tiene precio.
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· Lo más destacado
Cine moderno plagado de clasicismo, cine clásico tan hermoso como siempre y cine de género (¿son los dibujos animados realmente un género?) aferrado al clasicismo que funciona. La red social, Invictus y Toy Story 3. Para mí es lo mejor que se ha estrenado en España en 2010. Y con diferencia. David Fincher, que lleva años en plena forma y convirtiéndose película a película en uno de los directores más fascinantes del momento, creó un peliculón a partir de un guión fascinante y unos diálogos llenos de energía, armas que es bastante probable que le lleven a alzarse con algunos premios el próximo año. ¿El Oscar? Ya veremos. No me atrevería a decir que La red social no se lo merece.
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Clint Eastwood nos regaló con Invictus una gran obra, quizá no entre sus tres mejores (¡mucho decir es eso!), pero sí de una categoría excelsa, por mucho que muchos hayan dudado de ella. Qué hermoso final, qué grande es Morgan Freeman. Y qué grande es Clint, claro. No te mueras nunca. Los chicos de Pixar sí se superaron. Parecía imposible, otra vez más. Pero lo han vuelto a hacer. ¡Otra vez más! Qué manera de llorar en el final de esta película, una hermosísima muestra de que la animación, por mucho que algunos lo quieran seguir negando, es tan cine como el más aplaudido por la crítica. Toy Story 3 es la que más cerca está del peldaño anterior de esta lista, pero alguien va a pensar que estoy a sueldo de Pixar con tantas alabanzas como les dedico siempre.
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· Sorpresas positivas
Un ataúd como único escenario durante 90 minutos. Un solo actor en pantalla. Un director español que rueda en inglés con un intérprete norteamericano. ¿Puede salir algo bueno de ese cóctel? Yo no lo hubiera dicho antes del estreno, aunque admitiera desde el principio la valentía del planteamiento. Pero bueno es poco. Es un filme brillante, sorprendente y cautivador. Buried (Enterrado) es una de esas películas que dejan huella sin necesidad de tener decenas de grandes nombres en su cartel. Sólo con imaginación, ingenio y categoría. Eso sí, no es apta para claustrofóbicos.
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A veces parece que una película pensada para ser un éxito de taquilla (lo sea después o no), no puede ser buena. Sherlock Holmes sorprendió por ese lado. Y también por la fidelidad al personaje de Sir Arthur Conan Doyle, mayor de lo que se temía antes de verla. Una gozada. Y El equipo A fue la sorpresa agradable del verano. Lo tenía todo para ser terrible. Y resulta que es terriblemente entretenida. Como Un ciudadano ejemplar, una película que pasó casi desapercibida y que tenía muchos aciertos, aunque también algún que otro gran agujero.
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La animación dejó dos gratísimas sorpresas. Número 9 es un producto atípico, oscuro y fascinante, que demuestra que no hace falta contar todos los detalles de una historia para hacer una película atractiva y notable. Cómo entrenar a tu dragón dejó claro con una entretenidísima historia que hay vida en Dreamworks. Y eso, en el reinado de Pixar y en el complejo entratamado de las franquicias languidecientes, es una magnífica noticia para los espectadores.
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No pensé que el decadente romanticismo de Hollywood podía dar una película tan hermosa y fresca como Más allá del tiempo. No pensé que Ben Affleck, a pesar de ser tan mal actor, podría confirmar con The Town que es un buen director. No pensé que una peliculita independiente como Sunshine Cleanning, con la magnífica Amy Adams, podría entretenerme tanto. No pensé que An education podía esconder tantas virtudes tras el adorable rostro de Carey Mulligan. Y, por eso, todas ellas me sorprendieron agradablemente.
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· Me gustaron... como esperaba
No me sorprendieron, pero me gustaron. Me gustó el Ridley Scott del entretenidísimo Robin Hood. Como también el Martin Scorsese de Shutter Island, aunque el guión no estuviera a la altura que merecía la forma de rodar del maestro. O el Roman Polanski de El escritor, aunque no fuera su mejor película (pero qué gran Pierce Brosnan). Igualmente me gustó el Peter Jackson de la hermosa pero mal acabada The lovely bones. También el M. Night Shyamalan de Airbender, aunque muchos se empeñen en enterrar a quien encumbraron tras El sexto sentido. Y el Oliver Stone de la secuela de Wall Street, aunque no fuera la película definitiva de la crisis que podría haber sido.
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Si de secuelas hablamos, Harry Potter y las reliquias de la muerte me gustó tanto como esperaba. Es decir, no demasiado, como toda la saga, pero con sus pequeños aciertos. O Iron Man 2, por mucho que los villanos no terminaran de convencerme (pero es que Robert Downey Jr. está colosal). O Tron Legacy, una delicia visual. O las heroicidades huecas (muy huecas) de Furia de titanes. Convence la fuerza visual de Ga'Hoole. La leyenda de los guardianes. Y el regreso de Joe Dante al terror juvenil con Miedos. Corazón rebelde aguanta gracias a un Jeff Bridges inspiradísimo. Y Tiana y el sapo... ¿cómo no me va a convencer si tiene el sello de Disney y es, de nuevo, animación tradicional? Un pequeño cambio me hizo reír, por mucho que Jennifer Anniston siga interpretándose a sí misma. Al límite era el regreso de Mel Gibson, y con eso ya cabía esperarse lo que era. Y el remake de Déjame entrar me gustó más que la original gracias a la asombrosa música de Michael Giacchino.
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Cine más pequeño pero igualmente convincente es el que ofrece la animación de The secret of Kells. La cinta blanca y Un hombre soltero me gustaron tanto como esperaba, aunque por desgracia fue menos de lo que le gustó al universo de la crítica, que las ensalzó, sobre todo a la primera. Soul Kitchen y El silencio de Lorna son buenas películas para evadirse del cine americano. Y Cinco minutos de gloria para obtener una mirada muy, muy diferente sobre el terrorismo. La decisión de Anne no es tan pequeña, pero su tono de telefilme hace que se empequeñezca un poquito hasta quedarse en lo que es.
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· Enormes decepciones
Decepciona aquello que genera expectativas. Y los premios y la crítica se pusieron de acuerdo en ensalzar películas que se me quedaron en decepciones de mayor o menor calibre. El vacío espectáculo pirotécnico y pretencioso de Kathryn Bigelow, En tierra hostil, se lleva la palma, por muchos Oscars que ganara. Pero casi tanto como Up in the air (me pareció hueca e intrascendente, aunque lo intentara disimular) y Precious (un telefilme en toda regla, valiente si queréis, pero telefilme). Lo mismo me ocurrió con la premiadísima cinta francesa Un profeta, que me llevó al aburrimiento durante casi todo su larguísimo metraje.
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Tim Burton me decepcionó por primera vez con una versión sin alma de Alicia en el País de las Maravillas. Detrás de grandes nombres de actrices, Nine adolecía de lo mismo, de un espíritu que la sostuviera. The blind side contaba con el Oscar de Sandra Bullock, pero lo mismo daba, era la historia de siempre. Y El solista tenía buenos actores y mejores intenciones, pero no terminaba de dar con la tecla. Madres e hijas se me queda como una película coral tan fácil de hacer como casi todas las que han puesto de moda estas historias, y Two lovers prometía más de lo que ofrece, quizá lastrada por un poco creíble Joaquim Phoenix.
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El futuro apocalíptico de La carretera quedó demasiado filosófico. Como El libro de Eli de Denzel Washington. El americano de George Clooney quedó demasiado aburrido y pretencioso. El Irak de Paul Greengrass y Matt Damon en Green Zone quedó menos trasngresor de lo que se esperaba. Y los Hermanos que cortejaban a Natalie Portman demasiado insulsos. El Centurión de Neil Marshall se quedó lejísimos de revitalizar el cine de romanos. Casi tanto como Los mercenarios de Stallone de ofrecerse un autohomenaje digno. O El retrato de Dorian Gray de hacer justicia al novelón en que se basa.
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Shrek. Felices para siempre demostró lo equivocado que es estirar una saga hasta la extenuación. Astro Boy, que no basta con una buena animación para hacer una buena película. Como Fantástico Señor Fox en otro registro muy diferente. El aprendiz de brujo es tan mala que asusta, con lo fácil que parece hacer una película de fantasía simplemente entretenida. Scott Pilgrim contra el mundo evidencia que el lenguaje del cómic y el del cine son hermanos pero no gemelos. Y El hombre lobo casi no se merece el calificativo de decepción de lo mala que es. Qué pena de película.
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· Pérdidas de tiempo
Todos tuvimos amigos que ya no lo son. Llevado esto al cine, Predators es el mejor ejemplo. Por favor, que no hagan más. Woody Allen también encaja parcialmente en ese grupo, porque amigo-amigo nunca llegó a ser, y Conocerás al hombre de tus sueños creo que ya sólo contentó a los fans del Woody Allen actual. O los Coen, esos hermanos que dejaron de hacer cine tras El gran Lebowski y que ofrecieron (es un decir) Un tipo serio. Y el cine español, cumpliendo su cuota en esta apartado con Balada triste de trompeta (asombrosa película, sin duda), Didi Hollywood (todo más que previsible viniendo de Bigas Luna y Elsa Pataki) o Habitación en Roma (Julio Médem parece haber perdido definitivamente el buen rumbo de sus primeras películas).
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Skyline, Imparable, Salt, Splice, Pesadilla en Elm Street, Noche y día, Kick-Ass, Percy Jackson y el ladrón del rayo, Legión, Prince of Persia, Desde París con amor, Ex-posados, Teniente corrupto, Solomon Kane, Daybreakers, Una escapada perfecta, La cuarta fase (¿cuántas películas ha hecho Mila Jovovich, por dios...?), Los hombres que miraban fijamente a las cabras... Hollywood, en mayor o menor medida, pero siempre prescindible. El circo de los extraños es demasiado igual a todas las nuevas sagas de fantasía juvenil. Liam Neeson y Laura Linney no bastan para levantar Crónica de un engaño. Y Milley Cirus sí se basta solita para acabar con La última canción.
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· La peor película del año: Machete
A veces resulta más difícil escoger la peor película del año que destacar a la mejor. Suele haber más competencia por el lado de lo malo, vaya, y este año había varias películas que lucharon con denuedo por obtener esta mención. Me quedo con Machete por lo que representa. El de Robert Rodríguez, y por extensión el de Quentin Tarantino, es un cine alabado por ciertos sectores de la crítica y por una gran legión de aficionados. Lo ven como entretenido, quizá hasta rompedor. Y, sin embargo, a mí me parece un cine absurdo, facilón, salvaje (en el peor sentido de la palabra) y carente de toda genialidad, fruto de un tiempo en que vale más rodearse de amigos que de talento. Machete es una colección de tópicos, de absurdeces, de escenas sin sentido, de actores acomodados o directamente merecedores del olvido. Y todo esto tiene sus fans. Me parece genial. Pero yo no soy uno de ellos.
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· Ningún interés por verlas
Hace algunos años no me hubiera atrevido a decir que Robert de Niro es la razón por la que no tengo ningún interés en ver una película. Ahora lo digo sin miedo. Es lo que me pasó con Stone. Nunca he tenido reparos, en cambio, en decir eso del sobrevalorado Javier Bardem, un actor al que yo no le veo nada de nada de lo que sí le ven otros muchos. Por eso ni Biutiful ni Come, reza, ama me seducen lo más mínimo. Ni el Amador del otrora esperanzador Fernando León de Aranoa. O Los ojos de Julia que me suena a copia de El orfanato. O los 3 metros sobre el cielo. O el innecesario remaje de The Karate Kid.
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Ahora los padres son ellos (¿por qué, De Niro, por qué...?), Saw VI (¿y VII...?), Resident Evil. Ultratumba (¿cuántas van ya...?), Paranormal activity 2 (¿en serio engañó tanto la primera como para hacer una secuela...?), Sexo en Nueva York 2 (no me dice mucho esta serie, no...). Mucha secuela, mucho original que ya no me interesaba. Como los Millenium, aunque igual ahora que David Fincher hace el remake americano me toca revisarlas. Eclipse directamente no, que a mí me gustan los vampiros de verdad, los aterradores, y no los de Crepúsculo.
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· Lo que me queda por ver
Por mucho cine que uno vea, siempre se quedan películas en el tintero. A veces porque se han estrenado en las últimas semanas del año, como es el caso de El discurso del rey. También de otras como Burlesque, Megamind o The tourist. A veces porque su distribución es limitadísima, como Cheri, Acantilado rojo, Ciudad de vida y muerte, Philip Morris ¡te quiero!, Chloe o Tamara Drewe. A veces porque, ceñido al tópico, me sigue dando pereza que sean películas españolas, como me sucedió con Lope, Agnosia o El mal ajeno. A veces simplemente porque se escapan a la espera de una mejor ocasión. Ahí entran títulos como la tercera entrega de Las crónicas de Narnia, Ladrones, Caza a la espía, Rumores y mentiras, La otra hija, Adele y el misterio de la momia o Gru, mi villano favorito. Y seguro que hay más.

lunes, marzo 08, 2010

...y ganó la guerra independiente

En tierra hostil 6 - Avatar 3. Goleada, sí, pero mucho mayor en el fondo que en los números. No sé, y lo digo honestamente, qué tiene la película de Kathryn Bigelow para convertirse en la mejor del año, pero sí tengo claro que ha ganado por dos motivos. En primer lugar, porque la Academia americana quería un dato histórico, una foto de portada, para ocultar lo previsible y aburrido que resultó todo el tinglado que montó. Y el dato histórico no es otro que colocar a Bigelow como la primera mujer en ganar el Oscar al mejor director. Es de esos Oscars que uno considera cantados en cuanto ve a la persona que lo va a entregar. Salió Barbra Streisand, dijo que podía ser la primera directora en llevarse la estatuilla (aunque luego también lo maquilló diciendo que Lee Daniels también habría sido el primer director negro en ganar; nadie dio importancia a este detalle antes de la gala, igual porque todos sabíamos que la reivindicación racial vendría en la actriz secundaria), y confirmó el secreto a voces.

El segundo motivo es que Hollywood ha querido girar su mirada al cine independiente, pequeño, de bajo presupuesto e intimista. Lo había hecho ya con las nominaciones, pero completó la jugada con los premios. Con los de En tierra hostil, Precious o Corazón rebelde. Con la clara derrota de Avatar incluso en las categorías técnicas. Con el, por otra parte merecido, ninguneo absoluto a Up in the air (seis nominaciones, ningún premio) o Malditos bastardos (ocho candidaturas, una estatuilla), o el que ya se había hecho previamente al Invictus de Clint Eastwood (que repite ostracismo por segundo año consecutivo a pesar de la categoría de su cine). Y dentro de la apuesta por el cine más modesto, otra apuesta menos: por dos de los géneros oscarizables más clásicos: la guerra y el drama. Vamos, que District 9 no era una apuesta real de la Academia, sino una concesión a una película que ya debía de sentirse premiada sólo con la nominación.

En cualquier caso, esta mirada que Hollywood quiso vendernos con la concesión de sus premios, quedó totalmente oscurecida (aunque nadie haya hecho ese análisis) con la ceremonia que planteó. Sí, le dio los premios al cine más independiente, pero su reconocimiento real se fue al cine más comercial. No hay otra forma de entender la presencia de tantos actores jóvenes de productos comerciales (o que tantos nominados sin premio al final actuaran como presentadores en la gala) o los dos grandes vídeos que se emitieron. El primero fue un homenaje desmesurado y exagerado a la figura de John Hugues, director de cine adolescente de los años 80 que falleció el año pasado (sacándole, además, de un in memorian que resultó de lo más soso) y el segundo una recopilación de los clásicos de un género comercial por excelencia, el de terror, que sólo ha recibido reconocimiento en forma de premios una vez, con El silencio de los corderos. La Academia dio un mensaje algo surrealista y esquizofrénico. Sabe quién le da de comer, pero quiere estar a buenas con todos. Y así quedan unos premios raros y deslucidos. Quizá Hollywood sabe que En tierra hostil no va a ser un clásico.

Lo cierto es que para mí no hay gran diferencia entre la victoria de En tierra hostil y la que podría haber sido de Avatar, más allá de estos dos pequeños detalles. Las dos películas, y otras muchas de las nominadas, me parecieron en el mejor de los casos decepcionantes. Por eso, la noche de los Oscars me pareció sosa y aburrida, poco emocionante y algo surrealista. La única alegría de la noche me la dio el triunfo de la prodigiosa banda sonora del genial Michael Giacchino para Up y su dedicatoria. "Si queréis ser creativos, sedlo, porque no es una pérdida de tiempo", dijo (o al menos eso vino a decir el traductor que tapó sus palabras en la retransmisión). Eso es el cine, eso es su trabajo, eso es Up y eso es Pixar, por encima de muchos de los que ganaron. La Academia quiso la foto histórica de una mujer. ¿Querrá algún día la de una película de animación? ¿Reconocerá algún día que esta forma de hacer cine es tanto o más auténtica que la imagen real? Probablemente, y por desgracia, tardará mucho en hacerlo.

Los actores ganadores fueron los previstos. Ni el más mínimo atisbo de sorpresa. Ni de emoción en mí, salvo en el caso de Jeff Bridges. Bien es cierto que me hubiera gustado que Morgan Freeman saliera con la estatuilla para reivindicar a Invictus, pero el entusiasmo y la felicidad sincera con la que Bridges celebró el premio, y a la espera de ver su película bien valía esa concesión. Mo'nique no me conmovió tanto en Precious (y menos mal que no hubo doblete con su protagonista, Gabourey Sidibe), si acaso en su escena final, y Sandra Bullock nunca me ha parecido una gran intérprete. Lo de Christoph Waltz me parece algo sobrevalorado, como todo en Malditos bastardos y como todo el cine de Tarantino (¿cuánto había de broma de guión y de guiño a la realidad en la intervención de Almodovar, que le dijo a Tarantino que le encanta su cine pero que no lo entiende?). Pero como todo esto estaba cantado, poco hay que decir.

Y, en realidad, como la ceremonia estaba planteada como un cara a cara entre En tierra hostil y Avatar, no hay mucho más que decir sobre los premiados, más allá de anotar que la victoria de la primera llegó incluso en los terrenos en los que casi todos esperábamos el triunfo de la segunda. La película de Bigelow le quitó a la de Cameron tres premios menores, técnicos, de esos en los que se podía haber cimentado el triunfo de Avatar (ambos títulos competían en cuatro de esas categorías y Cameron sólo ganó en una, la fotografía). Curioso mensaje el de la Academia en este sentido. O, quizá, una forma de engrosar el número de premios de la película vencedora para que realmente haya una sensación de película vencedora. En cualquier caso, dejó un poso extraño, por mucho que la ceremonia estuviera pensada para que sólo importasen los grandes detalles, los premios importantes y, sobre todo, el mundo de los actores. Sólo ellos tuvieron protagonismo en casi todos los aspectos de una gala larga y bastante más aburrida que la de otros años.

La culpa no hay que echársela a los presentadores, Steve Martin y Alec Baldwin. Ellos estuvieron bien, brillantes en algún momento concreto (formidable la parodia a Paranormal activity), pero apenas tuvieron minutos en la ceremonia. Y tanto fue así que el mejor gag de la noche no lo protagonizaron ellos, sino Ben Stiller (y eso que no me cae especialmente bien). Salió a presentar el Oscar al mejor maquillaje disfrazado de na'vi, una de las criaturas azules de Avatar. Y él mismo se reía de su broma recordando que Avatar ni siquiera estaba nominada en esa categoría. El caso es que no se asume que una ceremonia de este estilo tiene que ser larga por naturaleza y duró tres horas y media. Más o menos como siempre, y eso que hubo muchos, muy sonados y muy desafortunados recortes y cambios. Para empezar, el inicio. Si tienes dos presentadores, ¿porque el número musical con el que se abre la ceremonia está a cargo de otro (Neil Patrick Harris)?

La obsesión por la duración desembocó en un final desprovisto de todo glamour y profesionalidad. Debe ser que las tres horas y media era el tope máximo de duración, porque a Tom Hanks le hicieron leer deprisa y corriendo el nombre de la ganadora de la noche. No citó a las nominadas y pilló por sorpresa a casi todo el mundo, incluyendo a Bigelow, que volvió del backstage dando la sensación de que ni había oído que su película era la ganadora. Qué frialdad más inesperada. Tampoco se interpretaron las canciones nominadas (sí hubo un número musical con las bandas sonoras... y fue de lo mejor y más aplaudido de la noche). Y nos robaron la ovación que todos hubiéramos deseado darle a Lauren Bacall por su Oscar honorífico. Le dieron la estatuilla en una ceremonia previa, junto a otros premios honoríficos, pero llevaron a estos insignes premiados a la gala para mencionarles de pasada, y esa circunstancia la aprovecharon muchos para ponerse en pie y forzar un aplauso más largo de lo normal para la actriz.

España se vino de vacío. Bueno, casi. El Oscar a la mejor película de habla no inglesa es uno de los que menos interesa por allí, pero recayó en El secreto de tus ojos. No es española, es argentina, pero algo español hay. Esa fue la gran sorpresa de la noche, y tuvo que llegar, como decía, en una categoría menor para los estadounidenses. Eso dice mucho de lo previsible de toda la ceremonia. Penélope Cruz no consiguió su segundo Oscar, y tengo que decir que me alegro. No entiendo qué han visto en ella, ni tampoco en su trabajo en Nine. Mucha más pena me dio que no ganara el corto de Javier Recio, La dama y la muerte, aunque consiguió que se hablara de él en una categoría en la que sonaban mucho al menos otros dos de los candidatos. Ojalá que dentro de poco veamos a Recio en nuevos y más ambiciosos proyectos.

¿La alfombra roja? Parece cada vez más rutinaria y aburrida, cada vez más desconectada de lo que sucede dentro del Kodak Theatre y cada vez más propia de una pasarela que de una fiesta del cine. En cualquier caso, no hubo grandes vestidos que desentonaran (¿soy el único al que no le gustó nada, nada, nada, el de Sarah Jessica Parker...?). Charlize Theron me parece siempre encantadora, Meryl Streep estaba estupenda con un vestido original (al menos, rompió la estética del 99,9 por ciento restante de las actrices), me encantó el look que lució Kate Winslet (hizo de ella una mujer intemporal, sin edad, una auténtica estrella de celuloide) y sólo puedo añadir que, aunque no la viera en la alfombra roja sino en el anuncio de las nominaciones al Oscar al mejor actor, sigo profunda y perdidamente enamorado de Michelle Pfeiffer.

Y tengo que añadir un detalle más. Qué poco me gustó la retransmisión de Canal +. Qué poco aportaron los encargados de conducir la gala, más allá del su propio entretenimiento personal. Me hubiera gustado más información, más detalle, más contenido. Me pareció una reunión en el salón de una casa como podría tener cualquiera para ver los Oscars. O un partido de fútbol. En especial, me pareció irritante la participación de Antonio Muñoz de Mesa y sus entrevistas en la fiesta organizada por el canal, entrevistas a personajes que no tenían nada que decir, que no habían visto las películas nominadas (sin juzgarle, me parece decepcionante que alguien como Daniel Monzón, que ha sido crítico y ahora es director, diga que no ha visto más que Up... ¡y porque la fue a ver con su hija!) y a los que, a veces, ni siquiera presentaba. Eche de menos a Jaume Figures, que sí daba un valor añadido a la retransmisión de años precedentes.

Para un análisis complementario a éste, más formal y periodístico y menos apasionado, de la ceremonia y los premiados, os remito a este otro artículo mío en Suite 101.

jueves, marzo 04, 2010

Criaturas azules o guerras independientes

Ya están aquí los Oscar. Y, la verdad, tampoco es que haya una excitación sin precedentes, al menos para mí. Aunque haya nada menos que diez cintas nominadas a la mejor película, lo cierto es que las favoritas no me emocionan y, además, llevamos meses viendo como se presenta una contenienda entre las criaturas azules y multimillonarias de James Cameron en Avatar y los artificieros en la guerra de Irak en el cine independiente que ofrece En tierra hostil. La referencia está en los nominados a mejor director, puesto que las cinco no han conseguido el reconocimiento a su realizador no parece que vayan a tener más exito que la nominación. ¿Querrá la Academia premiar a la película que ha ganado 2.500 millones o apostará por un filme pequeño, que se pasó año y medio sin distribución y que no ha sido precisamente un éxito de taquilla? ¿O quizá ambas cosas, premiando así por primera vez a una mujer como mejor directora? Soy de los que piensa que la mejor película debe tener al mejor director, así que no comulgo con esa opción.

Hay quien piensa que la sorpresa puede venir de Malditos bastardos. A mí es que ninguna de las tres me motiva demasiado como para recibir el cartel de mejor película del año. Avatar pasará a la historia por muchas cosas, pero no por ser una gran película. En tierra hostil seguramente no pasará a la historia, salvo que consiga arrasar en estos premios. Y Malditos bastardos tiene ya su hueco gracias a los muchos seguidores de Tarantino. ¿Pero la mejor película de 2009? No creo que esté en esa terna, ni siquiera en el quinteto sumando Up in the air o Precious. Para mí, no hay discusión, aunque sé que es una apuesta perdedora para el próximo domingo. La mejor de las diez nominadas es Up. Pero ya es un triunfo que esté entre las mejores, aunque sea gracias a esa decisión de incluir diez títulos que tanto devalúa un mérito cuyo único referente es de hace casi dos décadas, cuando La Bella y la Bestia se convirtió en la primera cinta de animación nominada en la categoría principal.

Con las diez nominadas, lo que la Academia ha querido hacer es premiar a un cine que no suele tener cabida (hasta hace algunos años) en los Oscars. Pero, de paso, le ha quitado nivel a las elegidas y ha dejado muy claro que, salvo sorpresón mayúsculo, la mayoría de las nominadas no tiene nada que hacer. Lo normal es que arrase Avatar (y más después de que uno de los productores de En tierra hostil infringiera las normas de la Academia y pidiera el voto para su película en lugar de para "la que ha costado 500 millones"). No hay duda en las categorías técnicas, lo que seguro que le da alguna estatuilla que en realidad no merezca, y esa corriente es probable que le dé premios hasta convertirse en la clara ganadora de la noche. Si no hay sorpresas, claro. Año tras año insisto en que no suelo acertar con los ganadores, a veces ni siquiera cuando parecen obvios, pero en cualquier caso hay va mi quiniela de las principales categorías.

PELÍCULA
Creo que va a ganar: Avatar
Quiero que gane: Up
En los quince primeros minutos de Up veo más cine que en las otras nominadas juntas (a falta de ver An education y The blind side, aunque no creo que eso cambie mi opinión). Pero sé que es imposible. Como que gane mi otra gran esperanza, District 9. Lástima que la ciencia ficción siga echando para atrás a tanta gente. Si gana el despropósito de los Coen, Un tipo serio, perderé toda mi fe en estos premios. Si es que se puede tener fe en ellos, claro.

DIRECTOR
Creo que va a ganar: James Cameron (Avatar)
Quiero que gane: -
Es así de sencillo, no quiero que gane ninguno. Decía que la mejor película debe tener al mejor director y en este caso no cuenta con nominación. La imagen de ver a James Cameron reviviendo su "soy el rey del mundo" de Titanic es muy golosa. No me gustaría que ganara Quentin Tarantino, su éxito me es incomprensible.

ACTOR
Creo que va a ganar: Jeff Bridges (Corazón rebelde)
Quiero que gane: Morgan Freeman (Invictus)
Llevamos meses oyendo hablar de Jeff Bridges como el favorito, aunque yo no descartaría a Colin Firth. No he visto los papeles de ninguno de los dos, así que ahí no me mojo. Pero que ganara Morgan Freeman sería un punto de reivindicación ante el ninguneo de la Academia a Clint Eastwood por segundo año consecutivo.

ACTRIZ
Creo que va a ganar: Sandra Bullock (The blind side)
Quiero que gane: Meryl Streep (Julie & Julia)
No sólo no hay muchos grandes papeles para actrices, sino que además no hay grandes intérpretes, lo que permiten que lleguen aquí actrices normalitas. Supongo que por eso la favorita viene siendo, desde hace meses, Sandra Bullock. Mi voto para Meryl Streep es por ella (y el estado de gracia en el que está en los últimos años) más que por su personaje, pues no he visto la película.

ACTOR SECUNDARIO
Creo que va a ganar: Christoph Waltz (Malditos bastardos)
Quiero que gane: Matt Damon (Invictus)
Éste parece el Oscar más cantado de la ceremonia. A mí es que Malditos bastardos no me dijo nada. Con mi deseo de que gane Damon se repite el deseo de la categoría de actor principal, aunque tampoco le haría ascos a que la estatuilla se le lleve Christopher Plummer. Stanley Tucci no me terminó de convencer en The lovely bones, aunque tiene momentos sublimes.

ACTRIZ SECUNDARIA
Creo que va a ganar: Mo'Nique (Precious)
Quiero que gane: Anna Kendrick (Up in the air)
También éste parece cantado, aunque reconozco que Precious no me ha llegado al alma. El problema es el mismo que con las actrices protagonistas. Ninguno de estos trabajos me emociona de verdad. Apostemos por savia nueva y por un papel mal rematado (culpa del guión) pero al menos original. ¿Penélope Cruz? No doy crédito, no sé qué le ven. Y menos en Nine, una película pensada para recordar a las actrices y en la que todas sucumben a la categoría de Daniel Day Lewis.

GUIÓN ORIGINAL
Creo que va a ganar: En tierra hostil
Quiero que gane: Up
Una de las mayores satisfacciones de las candidaturas fue escuchar Up en esta lista. No va a ganar, claro. Si la triunfadora de la noche es Avatar (menos mal que no recibió nominación para su simplista guión...), lo normal es la compensación aquí con En tierra hostil. Nada descartable que Tarantino sí se lleve este premio para sus malditos bastardos. ¿Los Coen? Por favor, no.

GUIÓN ADAPTADO
Creo que va a ganar: Up in the air
Quiero que gane: District 9
Aquí la contienda parece entre Up in the air y Precious, entre las risas que la primera haya podido provocar la primera entre los académicos y las lágrimas derramadas en la segunda. Tampoco es descartable An education, pero parece menos probable. El toque de originalidad sería para In the loop o District 9. Yo no apostaría por ello.

PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA
Creo que va a ganar: La cinta blanca
Quiero que gane: La cinta blanca
La verdad es que no he tenido opción de ver más que la película alemana, con lo que no hay mucha más discusión. Por lo que dicen, es un mano a mano entre la más que interesante La cinta blanca y la francesa Un profeta. El castellano, presente por partida doble con El secreto de tus ojos y La teta asustada, parece que se irá de vacío.

PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Creo que va a ganar: Up
Quiero que gane: Up
No contemplo otra opción. Pixar reina por encima de todo y si la película se ha colado en la categoría principal, ¿cómo no va a ser la mejor de animación? Y eso que Los mundos de Coraline es muy interesante.

MÚSICA ORIGINAL
Creo que va a ganar: Avatar (James Horner)
Quiero que gane: Up (Michael Giacchino)
Si hay un huracán de Avatar, éste se lo llevará por inercia pero no por méritos. Horner vuelve por sus fueros de autoplagios y sonidos idénticos a los de películas anteriores. Giacchino, en cambio, es innovador en cada música que compone. Que ganara el Sherlock Holmes de Hans Zimmer tampoco me disgustaría nada, pero la Academia ya ha dejado pasar obras maestras de este genio sin nominarle siquiera.

jueves, febrero 11, 2010

'En tierra hostil', realismo, decepción y exageración

En tierra hostil es una película realista. Desde hace mucho tiempo, la única forma de tratar la guerra en la pantalla grande es así, con grandes dosis de realidad o de realismo, que a veces se confunden sin que se sepa encontrar diferencia entre una y otra. En tierra hostil es, desde mi punto de vista, una película decepcionante. Hay quien ha querido ver en ella un símbolo y está lejos de serlo, aunque se deje ver. En tierra hostil es una exageración. O, mejor dicho, el objeto de una exageración. Quizá Hollywood necesitaba de una película diametralmente opuesta a Avatar que le hiciera la competencia en los Oscar y por eso se ha magnificado la categoría de una película que no creo que dé para tanto. En esos tres términos están las claves de lo que es la última película de Kathryn Bigelow, una directora que no estrenaba desde 2002 (K-19) y cuya mejor película data de 1995 (Días extraños).

Quizá la clave para entender lo que significa En tierra hostil esté en una frase pronunciada por el director de Avatar y ex marido de Bigelow, James Cameron. "Creo que puede ser el Platoon de la guerra de Irak", dijo. Para asumir como cierta la frase de Cameron, primero habría que aceptar que el magnífico filme de Oliver Stone es la película más emblemática de la guerra de Vietnam, lo cual es difícil de hacer teniendo en cuenta la existencia de otros títulos como El cazador o Apocalypse now. Pero, más importante, habría que sacar de la película de Bigelow mucho más de lo que en realidad ofrece, temática y cinematográficamente. Lo temático se diluye porque lo que ofrece es una historia muy concreta de la realidad en Irak, el trabajo del grupo militar de artificieros. El resto del conflicto no aparece demasiado, perdiendo así esa capacidad icónica.

Cinematográficamente porque, mirando todos los aspectos individualmente, no hay ninguno que destaque especialmente. Ni la dirección, ni las actuaciones (bastan tres minutos de Ralph Fiennes para superar al resto de un reparto que no pasará a la historia pero, eso sí, cumple a la perfección), ni la fotografía, ni la banda sonora (casi inexistente, pero sorprendentemente nominada al Oscar), ni nada. Todo muy correcto, todo muy profesional. Pero todo algo frío. Y además la película peca de una más que curiosa falta de definición en cuanto a su mensaje. El primero que uno ve en la pantalla es que la guerra es una droga. Pero durante las dos horas siguientes el filme expresa lo contrario: la guerra es un escenario del que hay que huir como sea (los rótulos en pantalla van contando los días para que acabe la misión del grupo protagonista). Y, sin embargo, los últimos cinco minutos retoman el mensaje original, de una forma simplista y poco desarrollada.

Es realista. Eso es evidente. Si bien las películas más conocidas sobre la guerra de Vietnam también lo eran, lo cierto es que gustaban de introducir elementos cinematográficos que enriquecieran el producto final. Desde que Steven Spielberg hiciera el prodigioso prólogo de Salvar al soldado Ryan y desde que Ridley Scott rodara la Guerra (con mayúsculas) en Black Hawk derribado, acabaron con esas licencias (aunque el propio Spielberg demostró, con el resto de su película, que conjugar ambas cosas no sólo era factible sino una opción tremendamente válida). A partir de éstas, toda película bélica debía rodarse con crudeza, verosimilitud y cámara en mano. No hay opción posible. En tierra hostil lo demuestra. Una vez más. Si bien es cierto que ofrece algunas secuencias de gran tensión narrativa, también es verdad que el conjunto se resiente. Todo es muy episódico y algo deslabazado, no se vislumbra un conjunto claro y homogéneo.

Y, claro, viendo todo esto uno se pregunta si no estaremos exagerando con cierta facilidad. En tierra hostil se deja ver, pero no es una pica inolvidable en el cine bélico. Hay quien la ha intentado vender como el primer gran éxito cinematográfico basado en la guerra de Irak. Y por muchas nominaciones que tenga, hay dos datos que contradicen esta forma de vender la película. El primera, que a día de hoy, la película apenas ha cubierto costes. Su presupuesto fue de 15 millones de dólares y en Estados Unidos apenas recaudó doce y medio. A los yanquis les sigue pareciendo poco interesante una película sobre este tema. Pero es que en el resto del mundo apenas lleva recaudados cuatro millones más. El segundo dato es que la película se pudo ver por primera vez en el Festival de Venecia... ¡de 2008! Y hasta hoy no ha suscitado interés ni ha encontrado estreno en países como el nuestro. Como poco, peculiar. Y digno de estudio.

La exageración que mencionaba parece una tendencia habitual en el mundo del cine. En España hay críticos que quieren ver donde no las hay cuatro o cinco obras maestras absolutas cada año. Y en el cine americano más reciente, me he topado con un buen puñado de películas elevadas a los altares (críticos, de premios y a veces incluso de público) que no me dicen gran cosa. Me paso con los Malditos bastardos de Tarantino, con Si la cosa funciona de Woody Allen y, por supuesto, con el Avatar de Cameron. Pero al menos estos tres son directores que cuentan con un estilo y un grupo de más o menos de seguidores. Bigelow no es una realizadora a la que se pueda identificar con claridad ni que cuente con un puñado de éxitos a sus espaldas. Por eso me sorprende tanto bombo. Por eso, y por lo que he visto en la película, claro. Un correcto filme sobre la guerra de Irak, incluso necesario para conocer los entresijos de un conflicto del que creemos saberlo todo (cuando no es así), pero poco más en realidad.