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lunes, marzo 08, 2010

...y ganó la guerra independiente

En tierra hostil 6 - Avatar 3. Goleada, sí, pero mucho mayor en el fondo que en los números. No sé, y lo digo honestamente, qué tiene la película de Kathryn Bigelow para convertirse en la mejor del año, pero sí tengo claro que ha ganado por dos motivos. En primer lugar, porque la Academia americana quería un dato histórico, una foto de portada, para ocultar lo previsible y aburrido que resultó todo el tinglado que montó. Y el dato histórico no es otro que colocar a Bigelow como la primera mujer en ganar el Oscar al mejor director. Es de esos Oscars que uno considera cantados en cuanto ve a la persona que lo va a entregar. Salió Barbra Streisand, dijo que podía ser la primera directora en llevarse la estatuilla (aunque luego también lo maquilló diciendo que Lee Daniels también habría sido el primer director negro en ganar; nadie dio importancia a este detalle antes de la gala, igual porque todos sabíamos que la reivindicación racial vendría en la actriz secundaria), y confirmó el secreto a voces.

El segundo motivo es que Hollywood ha querido girar su mirada al cine independiente, pequeño, de bajo presupuesto e intimista. Lo había hecho ya con las nominaciones, pero completó la jugada con los premios. Con los de En tierra hostil, Precious o Corazón rebelde. Con la clara derrota de Avatar incluso en las categorías técnicas. Con el, por otra parte merecido, ninguneo absoluto a Up in the air (seis nominaciones, ningún premio) o Malditos bastardos (ocho candidaturas, una estatuilla), o el que ya se había hecho previamente al Invictus de Clint Eastwood (que repite ostracismo por segundo año consecutivo a pesar de la categoría de su cine). Y dentro de la apuesta por el cine más modesto, otra apuesta menos: por dos de los géneros oscarizables más clásicos: la guerra y el drama. Vamos, que District 9 no era una apuesta real de la Academia, sino una concesión a una película que ya debía de sentirse premiada sólo con la nominación.

En cualquier caso, esta mirada que Hollywood quiso vendernos con la concesión de sus premios, quedó totalmente oscurecida (aunque nadie haya hecho ese análisis) con la ceremonia que planteó. Sí, le dio los premios al cine más independiente, pero su reconocimiento real se fue al cine más comercial. No hay otra forma de entender la presencia de tantos actores jóvenes de productos comerciales (o que tantos nominados sin premio al final actuaran como presentadores en la gala) o los dos grandes vídeos que se emitieron. El primero fue un homenaje desmesurado y exagerado a la figura de John Hugues, director de cine adolescente de los años 80 que falleció el año pasado (sacándole, además, de un in memorian que resultó de lo más soso) y el segundo una recopilación de los clásicos de un género comercial por excelencia, el de terror, que sólo ha recibido reconocimiento en forma de premios una vez, con El silencio de los corderos. La Academia dio un mensaje algo surrealista y esquizofrénico. Sabe quién le da de comer, pero quiere estar a buenas con todos. Y así quedan unos premios raros y deslucidos. Quizá Hollywood sabe que En tierra hostil no va a ser un clásico.

Lo cierto es que para mí no hay gran diferencia entre la victoria de En tierra hostil y la que podría haber sido de Avatar, más allá de estos dos pequeños detalles. Las dos películas, y otras muchas de las nominadas, me parecieron en el mejor de los casos decepcionantes. Por eso, la noche de los Oscars me pareció sosa y aburrida, poco emocionante y algo surrealista. La única alegría de la noche me la dio el triunfo de la prodigiosa banda sonora del genial Michael Giacchino para Up y su dedicatoria. "Si queréis ser creativos, sedlo, porque no es una pérdida de tiempo", dijo (o al menos eso vino a decir el traductor que tapó sus palabras en la retransmisión). Eso es el cine, eso es su trabajo, eso es Up y eso es Pixar, por encima de muchos de los que ganaron. La Academia quiso la foto histórica de una mujer. ¿Querrá algún día la de una película de animación? ¿Reconocerá algún día que esta forma de hacer cine es tanto o más auténtica que la imagen real? Probablemente, y por desgracia, tardará mucho en hacerlo.

Los actores ganadores fueron los previstos. Ni el más mínimo atisbo de sorpresa. Ni de emoción en mí, salvo en el caso de Jeff Bridges. Bien es cierto que me hubiera gustado que Morgan Freeman saliera con la estatuilla para reivindicar a Invictus, pero el entusiasmo y la felicidad sincera con la que Bridges celebró el premio, y a la espera de ver su película bien valía esa concesión. Mo'nique no me conmovió tanto en Precious (y menos mal que no hubo doblete con su protagonista, Gabourey Sidibe), si acaso en su escena final, y Sandra Bullock nunca me ha parecido una gran intérprete. Lo de Christoph Waltz me parece algo sobrevalorado, como todo en Malditos bastardos y como todo el cine de Tarantino (¿cuánto había de broma de guión y de guiño a la realidad en la intervención de Almodovar, que le dijo a Tarantino que le encanta su cine pero que no lo entiende?). Pero como todo esto estaba cantado, poco hay que decir.

Y, en realidad, como la ceremonia estaba planteada como un cara a cara entre En tierra hostil y Avatar, no hay mucho más que decir sobre los premiados, más allá de anotar que la victoria de la primera llegó incluso en los terrenos en los que casi todos esperábamos el triunfo de la segunda. La película de Bigelow le quitó a la de Cameron tres premios menores, técnicos, de esos en los que se podía haber cimentado el triunfo de Avatar (ambos títulos competían en cuatro de esas categorías y Cameron sólo ganó en una, la fotografía). Curioso mensaje el de la Academia en este sentido. O, quizá, una forma de engrosar el número de premios de la película vencedora para que realmente haya una sensación de película vencedora. En cualquier caso, dejó un poso extraño, por mucho que la ceremonia estuviera pensada para que sólo importasen los grandes detalles, los premios importantes y, sobre todo, el mundo de los actores. Sólo ellos tuvieron protagonismo en casi todos los aspectos de una gala larga y bastante más aburrida que la de otros años.

La culpa no hay que echársela a los presentadores, Steve Martin y Alec Baldwin. Ellos estuvieron bien, brillantes en algún momento concreto (formidable la parodia a Paranormal activity), pero apenas tuvieron minutos en la ceremonia. Y tanto fue así que el mejor gag de la noche no lo protagonizaron ellos, sino Ben Stiller (y eso que no me cae especialmente bien). Salió a presentar el Oscar al mejor maquillaje disfrazado de na'vi, una de las criaturas azules de Avatar. Y él mismo se reía de su broma recordando que Avatar ni siquiera estaba nominada en esa categoría. El caso es que no se asume que una ceremonia de este estilo tiene que ser larga por naturaleza y duró tres horas y media. Más o menos como siempre, y eso que hubo muchos, muy sonados y muy desafortunados recortes y cambios. Para empezar, el inicio. Si tienes dos presentadores, ¿porque el número musical con el que se abre la ceremonia está a cargo de otro (Neil Patrick Harris)?

La obsesión por la duración desembocó en un final desprovisto de todo glamour y profesionalidad. Debe ser que las tres horas y media era el tope máximo de duración, porque a Tom Hanks le hicieron leer deprisa y corriendo el nombre de la ganadora de la noche. No citó a las nominadas y pilló por sorpresa a casi todo el mundo, incluyendo a Bigelow, que volvió del backstage dando la sensación de que ni había oído que su película era la ganadora. Qué frialdad más inesperada. Tampoco se interpretaron las canciones nominadas (sí hubo un número musical con las bandas sonoras... y fue de lo mejor y más aplaudido de la noche). Y nos robaron la ovación que todos hubiéramos deseado darle a Lauren Bacall por su Oscar honorífico. Le dieron la estatuilla en una ceremonia previa, junto a otros premios honoríficos, pero llevaron a estos insignes premiados a la gala para mencionarles de pasada, y esa circunstancia la aprovecharon muchos para ponerse en pie y forzar un aplauso más largo de lo normal para la actriz.

España se vino de vacío. Bueno, casi. El Oscar a la mejor película de habla no inglesa es uno de los que menos interesa por allí, pero recayó en El secreto de tus ojos. No es española, es argentina, pero algo español hay. Esa fue la gran sorpresa de la noche, y tuvo que llegar, como decía, en una categoría menor para los estadounidenses. Eso dice mucho de lo previsible de toda la ceremonia. Penélope Cruz no consiguió su segundo Oscar, y tengo que decir que me alegro. No entiendo qué han visto en ella, ni tampoco en su trabajo en Nine. Mucha más pena me dio que no ganara el corto de Javier Recio, La dama y la muerte, aunque consiguió que se hablara de él en una categoría en la que sonaban mucho al menos otros dos de los candidatos. Ojalá que dentro de poco veamos a Recio en nuevos y más ambiciosos proyectos.

¿La alfombra roja? Parece cada vez más rutinaria y aburrida, cada vez más desconectada de lo que sucede dentro del Kodak Theatre y cada vez más propia de una pasarela que de una fiesta del cine. En cualquier caso, no hubo grandes vestidos que desentonaran (¿soy el único al que no le gustó nada, nada, nada, el de Sarah Jessica Parker...?). Charlize Theron me parece siempre encantadora, Meryl Streep estaba estupenda con un vestido original (al menos, rompió la estética del 99,9 por ciento restante de las actrices), me encantó el look que lució Kate Winslet (hizo de ella una mujer intemporal, sin edad, una auténtica estrella de celuloide) y sólo puedo añadir que, aunque no la viera en la alfombra roja sino en el anuncio de las nominaciones al Oscar al mejor actor, sigo profunda y perdidamente enamorado de Michelle Pfeiffer.

Y tengo que añadir un detalle más. Qué poco me gustó la retransmisión de Canal +. Qué poco aportaron los encargados de conducir la gala, más allá del su propio entretenimiento personal. Me hubiera gustado más información, más detalle, más contenido. Me pareció una reunión en el salón de una casa como podría tener cualquiera para ver los Oscars. O un partido de fútbol. En especial, me pareció irritante la participación de Antonio Muñoz de Mesa y sus entrevistas en la fiesta organizada por el canal, entrevistas a personajes que no tenían nada que decir, que no habían visto las películas nominadas (sin juzgarle, me parece decepcionante que alguien como Daniel Monzón, que ha sido crítico y ahora es director, diga que no ha visto más que Up... ¡y porque la fue a ver con su hija!) y a los que, a veces, ni siquiera presentaba. Eche de menos a Jaume Figures, que sí daba un valor añadido a la retransmisión de años precedentes.

Para un análisis complementario a éste, más formal y periodístico y menos apasionado, de la ceremonia y los premiados, os remito a este otro artículo mío en Suite 101.

jueves, marzo 04, 2010

Criaturas azules o guerras independientes

Ya están aquí los Oscar. Y, la verdad, tampoco es que haya una excitación sin precedentes, al menos para mí. Aunque haya nada menos que diez cintas nominadas a la mejor película, lo cierto es que las favoritas no me emocionan y, además, llevamos meses viendo como se presenta una contenienda entre las criaturas azules y multimillonarias de James Cameron en Avatar y los artificieros en la guerra de Irak en el cine independiente que ofrece En tierra hostil. La referencia está en los nominados a mejor director, puesto que las cinco no han conseguido el reconocimiento a su realizador no parece que vayan a tener más exito que la nominación. ¿Querrá la Academia premiar a la película que ha ganado 2.500 millones o apostará por un filme pequeño, que se pasó año y medio sin distribución y que no ha sido precisamente un éxito de taquilla? ¿O quizá ambas cosas, premiando así por primera vez a una mujer como mejor directora? Soy de los que piensa que la mejor película debe tener al mejor director, así que no comulgo con esa opción.

Hay quien piensa que la sorpresa puede venir de Malditos bastardos. A mí es que ninguna de las tres me motiva demasiado como para recibir el cartel de mejor película del año. Avatar pasará a la historia por muchas cosas, pero no por ser una gran película. En tierra hostil seguramente no pasará a la historia, salvo que consiga arrasar en estos premios. Y Malditos bastardos tiene ya su hueco gracias a los muchos seguidores de Tarantino. ¿Pero la mejor película de 2009? No creo que esté en esa terna, ni siquiera en el quinteto sumando Up in the air o Precious. Para mí, no hay discusión, aunque sé que es una apuesta perdedora para el próximo domingo. La mejor de las diez nominadas es Up. Pero ya es un triunfo que esté entre las mejores, aunque sea gracias a esa decisión de incluir diez títulos que tanto devalúa un mérito cuyo único referente es de hace casi dos décadas, cuando La Bella y la Bestia se convirtió en la primera cinta de animación nominada en la categoría principal.

Con las diez nominadas, lo que la Academia ha querido hacer es premiar a un cine que no suele tener cabida (hasta hace algunos años) en los Oscars. Pero, de paso, le ha quitado nivel a las elegidas y ha dejado muy claro que, salvo sorpresón mayúsculo, la mayoría de las nominadas no tiene nada que hacer. Lo normal es que arrase Avatar (y más después de que uno de los productores de En tierra hostil infringiera las normas de la Academia y pidiera el voto para su película en lugar de para "la que ha costado 500 millones"). No hay duda en las categorías técnicas, lo que seguro que le da alguna estatuilla que en realidad no merezca, y esa corriente es probable que le dé premios hasta convertirse en la clara ganadora de la noche. Si no hay sorpresas, claro. Año tras año insisto en que no suelo acertar con los ganadores, a veces ni siquiera cuando parecen obvios, pero en cualquier caso hay va mi quiniela de las principales categorías.

PELÍCULA
Creo que va a ganar: Avatar
Quiero que gane: Up
En los quince primeros minutos de Up veo más cine que en las otras nominadas juntas (a falta de ver An education y The blind side, aunque no creo que eso cambie mi opinión). Pero sé que es imposible. Como que gane mi otra gran esperanza, District 9. Lástima que la ciencia ficción siga echando para atrás a tanta gente. Si gana el despropósito de los Coen, Un tipo serio, perderé toda mi fe en estos premios. Si es que se puede tener fe en ellos, claro.

DIRECTOR
Creo que va a ganar: James Cameron (Avatar)
Quiero que gane: -
Es así de sencillo, no quiero que gane ninguno. Decía que la mejor película debe tener al mejor director y en este caso no cuenta con nominación. La imagen de ver a James Cameron reviviendo su "soy el rey del mundo" de Titanic es muy golosa. No me gustaría que ganara Quentin Tarantino, su éxito me es incomprensible.

ACTOR
Creo que va a ganar: Jeff Bridges (Corazón rebelde)
Quiero que gane: Morgan Freeman (Invictus)
Llevamos meses oyendo hablar de Jeff Bridges como el favorito, aunque yo no descartaría a Colin Firth. No he visto los papeles de ninguno de los dos, así que ahí no me mojo. Pero que ganara Morgan Freeman sería un punto de reivindicación ante el ninguneo de la Academia a Clint Eastwood por segundo año consecutivo.

ACTRIZ
Creo que va a ganar: Sandra Bullock (The blind side)
Quiero que gane: Meryl Streep (Julie & Julia)
No sólo no hay muchos grandes papeles para actrices, sino que además no hay grandes intérpretes, lo que permiten que lleguen aquí actrices normalitas. Supongo que por eso la favorita viene siendo, desde hace meses, Sandra Bullock. Mi voto para Meryl Streep es por ella (y el estado de gracia en el que está en los últimos años) más que por su personaje, pues no he visto la película.

ACTOR SECUNDARIO
Creo que va a ganar: Christoph Waltz (Malditos bastardos)
Quiero que gane: Matt Damon (Invictus)
Éste parece el Oscar más cantado de la ceremonia. A mí es que Malditos bastardos no me dijo nada. Con mi deseo de que gane Damon se repite el deseo de la categoría de actor principal, aunque tampoco le haría ascos a que la estatuilla se le lleve Christopher Plummer. Stanley Tucci no me terminó de convencer en The lovely bones, aunque tiene momentos sublimes.

ACTRIZ SECUNDARIA
Creo que va a ganar: Mo'Nique (Precious)
Quiero que gane: Anna Kendrick (Up in the air)
También éste parece cantado, aunque reconozco que Precious no me ha llegado al alma. El problema es el mismo que con las actrices protagonistas. Ninguno de estos trabajos me emociona de verdad. Apostemos por savia nueva y por un papel mal rematado (culpa del guión) pero al menos original. ¿Penélope Cruz? No doy crédito, no sé qué le ven. Y menos en Nine, una película pensada para recordar a las actrices y en la que todas sucumben a la categoría de Daniel Day Lewis.

GUIÓN ORIGINAL
Creo que va a ganar: En tierra hostil
Quiero que gane: Up
Una de las mayores satisfacciones de las candidaturas fue escuchar Up en esta lista. No va a ganar, claro. Si la triunfadora de la noche es Avatar (menos mal que no recibió nominación para su simplista guión...), lo normal es la compensación aquí con En tierra hostil. Nada descartable que Tarantino sí se lleve este premio para sus malditos bastardos. ¿Los Coen? Por favor, no.

GUIÓN ADAPTADO
Creo que va a ganar: Up in the air
Quiero que gane: District 9
Aquí la contienda parece entre Up in the air y Precious, entre las risas que la primera haya podido provocar la primera entre los académicos y las lágrimas derramadas en la segunda. Tampoco es descartable An education, pero parece menos probable. El toque de originalidad sería para In the loop o District 9. Yo no apostaría por ello.

PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA
Creo que va a ganar: La cinta blanca
Quiero que gane: La cinta blanca
La verdad es que no he tenido opción de ver más que la película alemana, con lo que no hay mucha más discusión. Por lo que dicen, es un mano a mano entre la más que interesante La cinta blanca y la francesa Un profeta. El castellano, presente por partida doble con El secreto de tus ojos y La teta asustada, parece que se irá de vacío.

PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Creo que va a ganar: Up
Quiero que gane: Up
No contemplo otra opción. Pixar reina por encima de todo y si la película se ha colado en la categoría principal, ¿cómo no va a ser la mejor de animación? Y eso que Los mundos de Coraline es muy interesante.

MÚSICA ORIGINAL
Creo que va a ganar: Avatar (James Horner)
Quiero que gane: Up (Michael Giacchino)
Si hay un huracán de Avatar, éste se lo llevará por inercia pero no por méritos. Horner vuelve por sus fueros de autoplagios y sonidos idénticos a los de películas anteriores. Giacchino, en cambio, es innovador en cada música que compone. Que ganara el Sherlock Holmes de Hans Zimmer tampoco me disgustaría nada, pero la Academia ya ha dejado pasar obras maestras de este genio sin nominarle siquiera.

domingo, enero 03, 2010

Cómo evaluar 'Avatar' intuyendo que nadie estará de acuerdo conmigo

Hay películas que intimidan a la hora de evaluarlas. En el caso de Avatar, intuyo que nadie va a estar de acuerdo conmigo. Casi nadie, por lo menos. Lo intuyo porque por la red hay un fervor apasionado por la última película de James Cameron, el autoproclamado rey del mundo hace ya más de una década. Lo intuyo porque el resultado en taquilla está siendo demoledor y ya hay quien piensa que puede lograr la inverosímil hazaña de batir el estratosférico récord de recaudación que el propio Cameron estableció con Titanic. Yo entré en la sala con muchas reticencias previas, convencido de que no iba a ver la revolución en el cine y en la forma de verlo que se estaba pregonando. Y no la vi. Avatar no es una revolución. Creo, sinceramente, que está muy lejos de serlo. Al menos no una revolución en el mundo del cine. Creo que queda muy lejos de sus objetivos como película. Como producto, es obvio que está arrasando. Por eso intimida evaluarla.

Sin ningún tipo de connotación externa, previa o posterior, Avatar es una película entretenida. Es un espectáculo incluso notable en el que casi todo funciona, que deja casi tres horas de diversión en un hermoso universo de ciencia ficción. Está bien rodada, eficazmente interpretada y técnica y visualmente es incluso sobresaliente en buena medida. Pero hay muchos peros. El esencial, que la historia es realmente torpe. Y su desarrolo en diálogos a veces vergonzoso e infantil. No hay realmente nada destacable en el interior de su hermoso envoltorio de efectos especiales. Los personajes son planos y previsibles. Todo lo que aparece en la película es para justificar algo que sucederá media hora más tarde. Cameron no construye un universo, sino un microclima en el que todo lo que se ve es material manipulado para llegar al final de la película. Nada se presenta con ingenio y sutileza, sino simplemente porque toca, porque hay que hacerlo. Y todo eso se ve, arruinando cualquier sorpresa en el desarrollo posterior de la historia.

El guión es sin duda lo peor de Avatar. Y no sólo por esa torpeza narrativa, propia de principiantes, sino porque en esta película que tenía que cambiar nuestra forma de ver sucede justo lo contrario. Ya la hemos visto. El referente que tenía en la cabeza antes de ver la película funciona a la perfección para describir la película de James Cameron. Con todos los matices que se quiera, pero es Bailando con lobos en el espacio. Personaje que llega a un mundo desconocido, a una cultura que le es ajena y que acaba siendo aceptado no sólo como uno más, sino como el ansiado líder que les rescatará de los peligros. En este caso, un marine que llega a una luna alienígena para conocer a una raza de seres humanoides de gran tamaña y aspecto primitivo. En el de la película de Kevin Costner, un soldado americano que se integra en la vida de los indios. El paralelismo es evidente.

Sé que muchos pensarán que no es ahí donde Avatar tenía que plantear una revolución, que es una película que lo que tenía que cambiar era nuestra forma de percibir el cine visualmente. Ahí hay dos cuestiones muy diferentes. Por un lado, está la técnica de 3D. Yo no había visto antes una película en ese formato, así que no puedo comparar. No sé si hay de verdad una revolución tecnológica en Avatar. Pero sí tengo que admitir que salí levemente decepcionado. Impresiona, pero no tanto. Hay planos pensados para que el efecto 3D impacte, por encima incluso del efecto que puede hacer la propia película (y eso no es bueno), se vea en el formato en el que se vea. En general tampoco llega a ese punto revolucionario que se esperaba, aunque esto a lo mejor tiene que ver con la sala en que vi la película y no con la película en sí misma. Con el efecto 3D, Avatar pierde luminosidad y es una pena teniendo en cuenta la riquísima paleta de colores que han utilizado los ilustradores para dar vida a este mundo y estos seres.

Por otro lado, están los efectos especiales. Son brillantes, sin duda. No puede ser de otra forma teniendo en cuenta el altísimo porcentaje de imagen generada por ordenador que vemos en el filme y en el dinero y el tiempo que se han invertido para lograrlos. Pero ¿no lo habíamos visto ya? ¿Hay algo verdaderamente nuevo e insuperable en Avatar? Cantidad puede, calidad no. Las escenas de batalla no superan la genialidad que puso Peter Jackson en su trilogía de El Señor de los Anillos (la batalla de los campos de Pelennor, junto a la ciudad blanca de Minas Tirith, en El retorno del Rey, es infinitamente más emocionante, complejo y soberbio que el climax de Avatar). La integración del mundo real con el virtual no supera los logros de George Lucas en Star Wars. No hay nada que provoque un estremecimiento en el espectador, no como el T-1000 de Terminator 2, no como el primer dinosaurio de Parque Jurásico, no como los movimientos de cámara de Star Wars, no como el Gollum de Las dos Torres.

Todo lo que ofrece Avatar ya lo he visto antes. Puede que no en esa cantidad. Puede que no en 3D. Pero ya lo he visto (y oído; James Horner, con algún momento de esa brillantez que siempre ha llevado dentro, vuelve a autoplagiarse con descaro en la banda sonora, sobre todo repite su Titanic). Tan poco sorprende, tan poco emociona, que en realidad la atención se va irremediablemente al 3D por encima de cualquier otra cosa. No importa que ganen los buenos (que son muy buenos) o los malos (que son muy malos; decepcionante la descripción del empresario y del militar, malos sencillos de crear y tan planos que asombran). Lo único que lleva al espectador al final de la película es un entretenimiento puro que no falla porque se basa en modelos que sabemos que funcionan, en arquetipos inocentes y poco complejos que obtienen una respuesta amable, y el deseo de encontrar algún truco digital hermoso.

Con todo esto no quiero decir que Avatar sea una mala película. No lo es. Es muy entretenida y eso seguramente basta. Tiene momentos hermosos, aunque disten mucho de ser originales o novedosos. El diseño de la película es magnífico. Los actores cumplen en su mayoría. Sam Worthington tiene todas las papeletas para convertirse en el nuevo héroe soso y rocoso del cine de acción y es una delicia volver a ver a Sigourney Weaver en un mundo de ciencia ficción (eso sí, ¿soy el único que tiene la sensación de que su modelo digital actúa a veces mejor que ella misma...?). Pero el contexto, las aspiraciones y las expectativas hacen que Avatar sea una decepción. Parece una historia de un mundo secundario de Star Wars... y Star Wars ya lo vimos hace más de 30 años. Lo curioso es que todo aquello por lo que a George Lucas se le despellejaba, sirve ahora para encumbrar a James Cameron. Avatar me gustó como esperaba porque me entretuvo. Pero no me emocionó, no me conmovió, no me hizo abrazar el final abierto con el deseo irrefrenable de ver cuanto antes las inevitables y ya anunciadas secuelas.