Mostrando entradas con la etiqueta Robert Downey Jr.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Robert Downey Jr.. Mostrar todas las entradas

viernes, julio 28, 2017

'Spider-Man. Homecoming'. el toque Marvel sienta bien una vez más

Se tiende a pensar que Marvel ha encontrado una fórmula y no hace más que repetirla. Pero es una sensación falsa, que cada estreno viene a desmentir. Cierto que en Doctor Strange sí estaba la fórmula Iron Man, pero en realidad el resto de películas no son tan parecidas entre sí. Spider-Man. Homecoming viene a ser no solo una demostración más, sino probablemente el título llamada a romper esa ilusión reiterativa para quienes aún la tengan. Y esta vez el mérito es doble, porque el toque Marvel le ha sentado de maravilla a un personaje que ve su segundo reboot en apenas cinco años. No se trata de comparar los méritos de Homecoming con los de las tres películas de Sam Raimi o las dos de Marc Webb, a estas alturas ya resulta algo innecesario, pero sí es que es evidente que Marvel Studios sabe lo que hace con sus personajes. Los usa, los glorifica y los actualiza de una manera sencillamente espectacular.

Así, John Watts, sorprendente nombre el que Marvel escogió para esta película, cuenta una primera historia con el personaje como protagonista pero entendiendo dos cosas. Por un lado, que forma parte de Marvel, que tiene que encajar con los Vengadores (y ojo a las sorpresas, que hay muchas, sobre todo para quienes pensaran, equivocadamente aleccionados por los trailers, que el Tony Stark de Robert Downey Jr. iba a ser el único enlace) pero que al mismo tiempo desarrolla un universo propio. Y ese universo, por fin, nos muestra el Peter Parker adolescente, el del instituto, el de una edad que todavía no le coloca cerca de ser un adulto responsable. Eso es lo que vemos aquí, por primera vez en una película de Spiderman. Es verdad que es entorno será un shock para el aficionado clásico, porque es una actualización en toda regla que se acerca más a los cómics del universo Ultimate que a los primeros tebeos de Stan Lee, cameo obligado por supuesto, y Steve Ditko.

Todas estas buenísimas sensaciones no se podrían conseguir de haber errado con el protagonista. No es mérito de Homecoming, puesto que Tom Holland ya debutó como Spiderman en Capitán América. Civil War, pero Watts le lleva francamente bien. El chico tiene un talento natural para hacer de superhéroe, y eso no solo se nota cuando la película deriva hacia un drama bastante adecuado, sino incluso con el lenguaje corporal que aporta a Spiderman, siguiendo la estela de algo que Andrew Garfield ya había tratado de incorporar. Y es que el Trepamuros es mucho más que piruetas y efectos visuales, que los hay y de un nivel espléndido, pero es también un personaje muy bien construido, que lucha por convertirse en un héroe, por estar a la altura de la figura paterna en la que se convierte Tony Stark y para tener la oportunidad de convertirse en un Vengador y participar en grandes misiones. 

Pero, como se ha dicho más arriba, la película rinde homenaje, casi pleitesía, al universo personal de Spiderman. Su final es todo un canto de amor a lo que es el personaje, pero por el camino tenemos la oportunidad de ver homenajes a cómics clásicos y no tan clásicos, para aderezar el enfrentamiento con un villano clásico hasta ahora nunca visto, el Buitre, y aquí remasterizado con brillantez para la ocasión con un Michael Keaton brillante dándole vida. Spider-Man. Homecoming acaba siendo así una película que juega muy bien con la acción, con la comedia y con el drama, que sabe ser clásica y moderna, que genera una sensación de diversión desenfadada durante toda la película (incluyendo, por supuesto, la segunda de las dos escenas postcréditos) y que. una vez más, demuestra que el superhéroe en el cine sigue teniendo todavía mucho que decir, por eficacia, por brillantez y por originalidad. Había perspectivas regulares y lo han bordado.

jueves, abril 30, 2015

'Vengadores. La era de Ultrón', el mayor espectáculo superheroico de la historia... por segunda vez

Cuando Joss Whedon estreno Los Vengadores en 2012 se ganó todos los elogios posible, y con razón. En aquel momento era imposible hacer algo más grande, más satisfactorio para el aficionado y más espectacular. Han pasado tres años y llega Vengadores. La era de Ultrón, colofón a la fase dos del universo cinematográfico de Marvel, y las sensaciones son las mismas. Por imposible que parezca, Joss Whedon lo ha vuelto a hacer. Ha filmado el mayor espectáculo superheroico de la historia, por segunda vez en su carrera. La era de Ultrón es un filme gozoso de principio a fin, casi un clímax continuo con unos niveles de épica extraordinarios, con un desarrollo increíblemente sutil no ya de sus personajes, construidos con mimo, sino de todo ese universo que se ha ido tejiendo desde que Iron Man abrió esta singular y pionera aventura cinematográfica de la que Whedon ha sacado lo más grande con una categoría extraordinaria y un conocimiento sublime de los personajes y de lo que podía sacar de cada uno de ellos.

Resulta inevitable preguntarse cuál de las dos películas de los Vengadores es mejor, y la respuesta más acertada sería que ninguna. Lo que consigue La era de Ultrón es recrear las mismas sensaciones de emoción que generó el filme original, pero en espectadores con tres años más de experiencia en este riquísimo universo. Todo lo bueno de Los Vengadores está en La era de Ultrón, incluyendo un clímax memorable cuyo único enemigo es el marketing que ha desvelado demasiado en los trailers. Y todo lo malo de la primera entrega se intenta corregir. Eso puede provocar defectos nuevos, no es cuestión de decir que estamos ante una película perfecta (y que no lo es se puede ver, por ejemplo, en un personaje secundario presentado previamente y que tiene un indudable sabor a decepción, o en la forma en la que se prescinde del final de una de las películas de este universo), pero el sentido del entretenimiento y de la diversión que exprime Whedon en cada secuencia es tan memorable que cualquier pequeño fallo se disculpa con facilidad.

Whedon es quien más partido ha sacado de un reparto que ya funcionaba a la perfección en las películas individuales. Por ejemplo, La era de Ultrón es, por segunda vez, el filme definitivo de Hulk sin que el alter ego verdoso de Bruce Banner sea su protagonista. Pero sabe tanto Whedon de Marvel y también de cine que al mismo tiempo la introducción de los nuevos personajes es magnífica. Ultrón es un villano a la altura, pero la función se la llevan la Bruja Escarlata que interpreta Elizabeth Olsen y la Visión de un físicamente muy sorprendente Paul Bettany. ¿Cuántas películas basadas en cómics han tenido resultados nefastos por no saber administrar un número de personajes elevados? Pues La Era de Ultrón tiene nada menos que una docena de personajes centrales, más de una quincena de personajes Marvel con los que hay que satisfacer al aficionado y, al mismo tiempo, crear una historia coherente. Incluso Thor, que tiene aquí menos protagonismo que en la entrega anterior, está sensacionalmente descrito con elementos puramente narrativos y nunca de cara a la galería, plantando semillas que, seguro, se verán nacer en Thor. Ragnarok.

El festival de efectos especiales tiene algún momento demasiado digital, sobre todo en la brillante escena inicial (recordatorio, por cierto, de uno de los grandes momentos del clímax de Los Vengadores), pero la acción está tan increíblemente bien orquestada que acaba dando igual. La historia, escrita con sutileza, deja incontables guiños para el aficionado, bien de esta serie cinematográfica o bien de los tebeos (por supuesto, entre ellos está un memorable cameo más de Stan Lee, o la inevitable escena que aparece tras los primeros créditos, de nuevo para poner los dientes largos), y Whedon deja su sello tanto en la bellísima construcción de los personajes como en el constante humor que introduce y que no entorpece en absoluto el drama que hay en el filme. Porque son superhéroes, y su objetivo es entretener al público, pero también están ahí para salvar el mundo y contarlo de una forma humanamente realista como ha hecho Whedon exige una capacidad emocional muy intensa. Así, lo peor de La era de Ultrón no es otra cosa que saber que Whedon no estará para Infinity War, la tercera película del grupo. Porque estas dos son bestiales.

viernes, octubre 24, 2014

'El juez', oportunidad perdida

Cuando un actor se produce una película, es obvio que va a ser un vehículo programado para su lucimiento personal. Y si hay un actor capaz de sacar partido a esas situaciones, ese es Robert Downey Jr. El juez es una película pensada para él y ese lado de la ecuación es de largo lo más sólido de la cinta, mucho más si tenemos en cuenta la brillantez de todo el reparto, incluyendo un formidable Robert Duvall, uno de esos actores que no sabe estar mal. Pero El juez, a pesar de tenerlo todo a su favor (una historia dramática y familiar, el género judicial como telón de fondo, sobre todo dos actores de peso y nombres de categoría también en el apartado técnico) acaba siendo una película simplemente correcta. ¿Por qué? Porque ni el guión ni la dirección saben llevar la cinta a los derroteros que mejor le habrían sentado. Todo es bastante previsible, todo queda desarrollado de una forma casi hasta desganada (eso se nota en la fotografía de Janusz Kamiski, iluminando igual a personajes antagónicos, o en el escaso peso de los personajes secundarios) y todo queda absolutamente supeditado a lo que hagan Downey Jr. y Duvall.

Eso, lo que hacen los protagonistas, es formidable, y cada una de las muchas escenas que comparten, son de esas en las que sabes que puede pasar algo especial, pero parece una oportunidad perdida de haber realizado una gran película. En realidad, hay fallos demasiado evidentes en El juez como para no notarlos. Escenas y subtramas introducidas para mayor gloria de su protagonista (su ex mujer, su hija) funcionan de forma individual pero son las primeras que llaman la atención cuando resulta evidente que los 141 minutos del montaje final necesitan claramente un recorte. Los tópicos se dejan llevar con facilidad por la maestría del reparto, pero no dejan de ser tópicos. Emocionar, emociona lo justo, y lo hace con intensidad siempre y cuando sean las actuaciones el verdadero motor que enganche al espectador (como en la escena del baño, con su parte más dramática y la más anecdótica). Y es que casi todo es superficial en el guión. Lo es al referirse a los valores del juez (Duvall), al cuestionar la moralidad del abogado (Downey Jr.), en la reaparición de la ex novia de juventud (por mucho que ver a Vera Farmiga sea siempre exquisito).

Pero eso no basta porque al final todo parece insuficiente. La historia de venganza que desencadena todos los acontecimientos (bien entrada la película, eso sí) no está bien desarrollada. La presencia de algunos secundarios (la camarera del bar, la misma hija del abogado, incluso sus dos hermanos) es rutinaria aunque en todos y cada uno de ellos se intuyen historias apasionantes que podrían haber completado mucho mejor el drama. Al final, la película se queda en un choque de personalidades entre un padre y un hijo, entre un juez de recta moral y un abogado de éxito a costa de tener dudosos clientes, en lo personal y en lo profesional, pero que necesita demasiados minutos para entenderse y que ni siquiera así deja con una total satisfacción salvo en lo interpretativo. En todo eso seguramente tiene mucho que ver que David Dobkin no parece el director adecuado. No sabe imprimir a la película un tono reconocible, a ratos deja unos tintes cómicos que no se entienden muy bien (el vaso del abogado interpretado por Billy Bob Thornton remarcado por un contundente efecto de sonido) y le falta alma.

La explicación seguramente está en el pasado de Dobkin, director encasillado en comedias (Los rebeldes de Shnaghai, De boda en boda, El cambiazo) que, en realidad, muchas veces no sabe muy bien qué hacer con un drama de trasfondo judicial. Con otros actores, probablemente el golpe habría sido contundente, pero la genialidad de Robert Downey Jr., que elabora un personaje en una fascinante transición personal (ver el resultado de ese viaje es lo que da sentido a la primera y a la última escena de la película) y que encuentra un eco contundente y magnífico en Robert Duvall, es razón más que suficiente para disfrutar la cinta. Siempre con la sensación de que se ha dejado pasar una ocasión perfecta para crear un sólido y hasta memorable drama judicial y familiar, pero con la garantía de que un actor en estado de gracia basta para salvar un título que deja sinsabores en otros muchos terrenos. El juez dista mucho de ser la película que podría haber sido, pero tiene momentos más que suficientes para ser disfrutada.

viernes, abril 26, 2013

'Iron Man 3', un espectáculo formidable y sorprendente

¿Qué se podía hacer en el cine con los personajes de Marvel Comics después de Los Vengadores sin que palideciera en comparación? No ha hecho falta ni un solo patinazo para encontrar una agradable y espectacular respuesta a esa pregunta. Iron Man 3 es más pequeña, sin duda, pero más intimista, formidable, un espectáculo de primer nivel y una película que consigue algo que el cine moderno de efectos especiales y acción, víctima de unas exageradas y poco calculadas campañas de marketing, no consigue hacer normalmente: sorprender. Esta tercera entrega, en la que Shane Black coge el mando en la dirección en lugar de Jon Favreau, hace crecer la saga sin ningunear las dos notables primeras partes, potencia lo mejor que tenían aquellas y le añade piezas de acción espléndidas y un desarrollo de los personajes a la medida de un reparto excepcional, encabezado por un inmejorable Robert Downey Jr. Sigue siendo Iron Man, pero todavía mejor. Palabras mayores dentro de este subgénero.

¿Qué ofrece Iron Man 3? Una mezcla estupenda entre lo que funcionaba de sus dos primeras entregas y unas novedades más que apetecibles. Entre lo primero destacan dos cosas. Por un lado, un Robert Downey Jr. brillante, en la que es probablemente la mejor interpretación de un superhéroe que se ha visto en la gran pantalla (y que perdonen los fans del Superman de Christopher Reeve, entre los que me cuento). Por otro, unos efectos especiales sorprendentes, que dan vida a unas armaduras diseñadas con sumo detalle. No hay nada que chirríe en lo visual y eso permite una espectacularidad hermosa en las escenas de acción. Y he ahí donde las novedades cobran protagonismo. Las dos primeras películas, aún siendo cine de superhéroes, no eran unas películas plagadas de acción, e incluso el clímax de Iron Man 2 estuvo entre lo más decepcionante que ofrecía. Aquí son tres grandes piezas, diferentes entre sí, muy bien rodadas, emocionantes y prácticamente lo que uno espera ver en un filme del género.

Hay relevo en la dirección, pero todos los cambios son fluidos. Se acepta sin ningún problema la herencia de las dos primeras películas, ambas dirigidas por Jon Favreau (que sigue interpretando, ahora con más metraje, a Happy Hogan, antiguo guardaespaldas de Tony Stark), incluso la muy referenciada Los Vengadores, de Joss Whedon. Shane Black, coguionista además de director, integra toda esa mitología en la película y le sirve para hacer crecer la psicología de los personajes (sobre todo pero no sólo la de Tony Stark), pero le da una autonomía propia (sólo rota en la escena tras los créditos... que quizá, y aún siendo muy divertida, es lo más decepcionante de Iron Man 3; es tan sobresaliente lo que ofrece la película que ese final se antoja flojo) y, sobre todo, muestra valentía, que no temeridad, a la hora de adaptar lo que le ofrecía el cómic. Sin revelar ninguna de las sorpresas de la película, que son en algún caso muy sorprendentes, hay que decir que coge como base una popular saga escrita por Warren Ellis, Extremis, e incorpora por fin a la gran pantalla al villano principal de Iron Man, el Mandarín.

Para confeccionar este explosivo cóctel superheroico, Black, reconocible como guionista de la saga Arma Letal más que como director, recurre a un reparto espléndido. Gwyneth Paltrow, que no es precisamente una de mis actrices favoritas, ofrece su mejor interpretación de la saga. Pero el trío de fichajes se lleva los focos y se merece los elogios. Ben Kingsley asombra, Guy Pearce convence y Rebecca Hall está espléndida. Quizá el actor que salga peor parado sea Don Cheadle, ya presente en la segunda. Si con todos los demás está realmente conseguida la mezcla entre drama, acción y comedia, para el hombre debajo de la armadura de Máquina de Guerra (rebautizada aquí como Iron Patriot) no queda demasiado más que figurar. Y esa mezcla es lo que hace que la película funcione y evite en todo momento que pueda parecer una repetición o una simple secuela para ganar dinero. Es Iron Man, sí, pero es algo nuevo, que mantiene al espectador de la película en vilo por conocer los caminos que va a seguir la película y que asombra, insisto, por su valentía en algún momento.

Esa misma valentía puede hacer que algún purista del cómic salga cabreado de la sala. Puede ser. Pero hay que admitir que cine y cómic son lenguajes diferentes y que la adaptación realizada es sobresaliente en todos los aspectos. Iron Man sigue siendo una saga divertida, con un humor asequible a todo tipo de públicos (no es casualidad que Tony Stark interaccione durante varias escenas con un niño), explotando con enorme acierto por un Robert Downey Jr. que ha hecho de este personaje una segunda piel, pero sin desdeñar los aspectos más oscuros y siniestros de la trama. Es espectacular en todo momento, con escenas de acción formidables (un poco demasiado anticipadas por los trailers, pero sumamente disfrutables) y un sabor de boca final tan formidable que invita a pensar qué demonios va a hacer Marvel para continuar con la historia de Iron Man, no ya en una hipotética cuarta entrega sino en la segunda de Los Vengadores. Con decir que lo peor de Iron Man 3 está en el brevísimo cameo de Stan Lee, probablemente el más flojo de todos los que ha protagonizado, está todo dicho. Una gozada.

jueves, abril 26, 2012

'Los Vengadores', el mayor espectáculo superheroíco de la historia

Hay quien piensa que las expectativas, sobre todo cuando son muy elevadas, son un mal compañero de butaca en el cine. Que si se piensa que lo que vamos a ver es grandioso, nada de lo que se nos ofrezca estará a la altura de lo que deseamos ver. Si tú, amigo lector, piensas así cuando vas a ver una película y te fías, aunque sea mínimamente, de las opiniones que suelo plasmar aquí, igual no te conviene seguir leyendo lo que tengo que decir de Los Vengadores. Porque, y ya lo dejo claro desde el principio, estamos ante el mayor espectáculo de superhéroes que se ha realizado nunca y ante una de esas películas que se convierten en un modelo a seguir durante décadas, como en su momento lo fue el Superman de Richard Donner para contar el origen de un héroe de cómic o El Caballero Oscuro para narrar su vertiente más oscura y realista. Los Vengadores triunfa a todos los niveles porque es imposible hacer esta película con un mayor cariño hacia los personajes y hacia un tipo de cine, el blockbuster hollywoodiense, a menudo demasiado despreciado. Yo, que no lo desprecio, sólo puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto en una sala de cine.

Conocidos los cinco antecedentes de Los Vengadores, el primer triunfo de Joss Whedon a la hora de encarar esta película está en que no son en absoluto necesarias para comprender este filme. Sí, por supuesto, para saber más sobre los personajes que van a acompañarnos durante casi dos horas y media gozosas de principio a fin. Quizá la más necesaria en ese sentido sea Thor, más que nada debido a que el villano de la función (como en el cómic que dio origen de Los Vengadores) sea Loki, e incluso Capitán América. El primer Vengador para saber algo más de la naturaleza del artefacto que sirve de excusa argumental al filme. Pero Whedon se las ingenia para montar una estructura lógica y asumible. Es cierto que hay pequeños fallos de continuidad con las películas anteriores (¿cómo vuelve Thor a la Tierra?) e incluso que la premisa argumental es algo débil, pero llegados al final de la película son detalles nimios en comparación con el divertimento salvaje que ofrece, pues casi hay más acción aquí que en las cinco ya mencionadas juntas.

Porque Whedon lo que hace es coger lo mejor de cada una de las películas anteriores, mezclarlo con su innata capacidad de gestionar repartos con muchos nombres (siempre recomendaré en ese sentido su tristemente breve serie Firefly, un prodigio televisivo que no tuvo suerte en su momento y que en España es muy desconocido) e introducirle las dosis justas de sentido del humor (una constante en la película) y, por supuesto, de épica. Porque no hay otro adjetivo mejor para calificar el clímax de la película, salvaje, intenso, gigantesco, modélico en todos los aspectos. En él da tiempo a construir a los personajes psicológica y visualmente y también a dar un curso de cine. Es impagable el plano secuencia con el que Whedon muestra, a una velocidad trepidante, cómo luchan los Vengadores como equipo. Ese momento pasa desde ya a los anales de la historia del cine de fantasía y ciencia ficción. Sobra decir que los efectos especiales son impresionantemente buenos, y que convierten a la Viuda Negra en una acróbata descomunal, a Ojo de Halcón en el arquero que debe ser, a Hulk en la imparable fuerza de la naturaleza que tiene que ser o a Thor en un auténtico semidios.

Pero no está ahí, en la excelencia visual, lo que hace de Los Vengadores algo único. Eso tan especial es el alma que tiene la película. Los seis héroes tienen su momento de gloria, al menos uno que hable de la capacidad que han tenido estos personajes para enamorar a tantos aficionados durante cinco décadas. Y, seguramente, está aquí la mejor versión de todos ellos, mejor que lo que les hemos visto hasta ahora, pensemos que es bueno o no tan bueno. Si hay uno que mejora de forma exponencial, ese es Hulk. Y si no me creéis, no tenéis más que ver todo su papel en la batalla final por las calles de Manhattan pero, sobre todo, su irrupción en la misma. Es de esos momentos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda mientras piensas que, por fin, alguien ha entendido a un personaje casi siempre maltratado por sus versiones de carne y hueso. Pero no es el único. Es que está todo en la película, todo lo que cabe esperar de ella y del desarrollo de sus protagonistas. De los humanos y de los inmateriales. Que levante la mano el aficionado Marvel que no se emocione al ver el Helitransporte de SHIELD por primera vez. O que no sonría en el inevitable y como siempre divertidísimo cameo del creador del Universo Marvel en los cómics, el mítico Stan Lee.

La mayor sorpresa que esconde esta película, con respecto a cómo probablemente mucha gente se ha imaginado que podría ser, es la gran cantidad de momentos cómicos que reúne. Whedon se acerca a la delgadísima línea que separa una película divertida de una ridícula, precisamente porque abundan los momentos para reír. Pero siempre se queda en el lado bueno de la frontera. Esa comicidad, ese saber reírse de lo que el director tiene entre manos, es lo que le ha faltado a muchas adaptaciones de cómic. Aquí nada sobra, nada suena extraño. Y qué decir de los actores. Este Universo Marvel cinematográfico cuenta con un casting brutal. La socarronería de Robert Downey Jr. como Iron Man, la grandeza de Chris Evans como Capitán América, la calculada ambigüedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner y como Hulk, la clara mejoría de Scarlett Johansson como Viuda Negra con respecto a Iron Man 2, el misterio que aporta Jeremy Renner a Ojo de Halcón, la planta imponente de Samuel L. Jackson como Nick Furia, lo maquiavélico que puede ser Tom Hiddleston como Loki, la ironía de Clark Gregg como el agente Coulson y la seriedad de Cobie Smulders como la agente Hill son sencillamente brillantes.

Los Vengadores es una montaña rusa desde el principio. Es evidente que cuando se pone toda la carne en el asador es en su descomunal batalla final, pero todas las secuencias de acción son impactantes. Todas, sin excepción. Y sus bromas son divertidas, igualmente sin excepción. Es un sueño hecho realidad. Y cuando uno está pensando que no hay nada que pueda hacer de Los Vengadores una película más espectacular, satisfactoria, gozosa y entretenida, llega el epílogo que Joss Whedon ha incluido y del que hay que ser un insensato para revelar nada, aunque es verdad que sólo los fans de Marvel lo comprenderán en toda su magnitud. Y, una vez entendido y asumido, sólo queda comportarse como un fan hambriento de más y desear que llegue ya, cuando antes Los Vengadores 2. Eso sí, después de haber saboreado en el cine en más de una ocasión este audaz vehículo de hacer felices a quienes hemos leído cómics de superhéroes durante años y de ofrecer un sincero gran rato a quienes no conozcan de nada a estos personajes. Una joya a día de hoy inigualable. Sin más y sin complejos.

jueves, enero 05, 2012

'Sherlock Holmes. Juego de sombras', salvada la temida catástrofe

Hace poco más de dos años se habló más de la fidelidad, o infidelidad, del Sherlock Holmes de Guy Ritchie al original literario de Sir Arthur Conan Doyle que de sus virtudes como película, que las tenía. Ahora, ya asumidas las líneas en las que se mueve esta libre pero no tan alejada adaptación, la duda era si Sherlock Holmes. Juego de sombras mantendría el nivel de entretenimiento de la primera. La respuesta es negativa, y la primera mitad de esta secuela hace temer lo peor durante muchos minutos, pues hay torpeza en la narración, injusticia en el veredicto hacia los resquicios de la primera película y algo de aburrimiento. Pero todo cambia en la segunda mitad. Ahí regresa el sano espíritu aventurero y gamberro de la primera entrega, una acción original y divertida, unos personajes muy bien formados y un clímax magnífico. Salvada la temida catástrofe, uno sale del cine con buen sabor de boca, aunque sea una película inferior en casi todo a la primera.

Da la impresión de que Guy Ritchie se ha debatido entre marcar un punto y aparte con respecto a la primera película o que fuera un punto y seguido. Y dudando, lo que ofrece precisamente es un producto dubitativo que se equivoca en lo que quiere dejar de lado y lo que quiere rescatar de la película original. Arrincona a dos personajes de gran protagonismo en la primera entrega, dándole un simple cameo a uno y un indigno e injusto final a otro. Se equivoca, sobre todo en lo segundo, porque menosprecia puntos positivos del filme de 2009, aunque entonces no terminara de explotarlos. Potencia lo que ya vimos, es decir, las habilidades deductivas de Holmes incluso en las peleas, y eso huele a repetitivo. Y apuesta por una forma de rodar más propia todavía de Guy Ritchie que lo visto en el Sherlock Holmes que sirvió de apertura a esta saga, dificultando el seguimiento de la acción. Tampoco parece razonable la insistencia en comenzar la película con las mismas alusiones al futuro de casado de Watson, gracias que ya cumplieron su objetivo en la primera mitad.

El guión, además, tarda en arrancar, supeditado a lo que se mantiene del primer filme con acierto y fidelidad: la calculada química que hay entre Robert Downey Jr. y Jude Law. Ambos actores disfrutan, y se nota, de sus papeles. Encajan en ellos a la perfección y se complementan de una forma sutil y natural, sus diálogos fluyen y las situaciones, por descabelladas y absurdas que puedan parecer (y aquí esa frontera se sobrepasa una o dos veces), acaban teniendo credibilidad. Eso sostiene la primera mitad de la película, pero, claro, es algo que ya está visto. Además, ésta es la película de la verdadera introducción de Moriarty, atisbado sólo entre las sombras en la primera entrega, y eso, en una historia de Sherlock Holmes, obliga a la excelencia. Sin embargo, y a pesar del buen e intenso trabajo de Jared Harris al dar vida al villano definitivo del detective más famoso del mundo, en la primera mitad no se atisba la grandeza del personaje. Ni de la historia. Por eso, la sensación de una larga hora de película es decepcionante. Al margen de Downey Jr. y Law, sólo destaca la introducción de Stephen Fry como un divertidísimo Mycroft Holmes (desternillante su encuentro con la esposa de Watson).

Contra todo pronóstico, y cuando la esperanza estaba a punto de desvanecerse por completo, Guy Ritchie y su equipo parecen abrir los ojos y recuperan todo lo bueno que tenía la primera película. A partir de la impresionante escena de huida de la fábrica de armas (innovadora, emocionante y muy bien subrayada por la música del genial Hans Zimmer, a ratos poderosamente oscura y a ratos juguetona, en sí misma, mezclándose con música clásica e incluso con los efectos de sonido), todo cambia, se recupera el sentido más aventurero de la cinta original, su toque de comedia elegante y emocionante thriller de misterio. Con los admisibles excesos que ya vimos en Sherlock Holmes, pero también con ganas de ofrecer algo nuevo y diferente. El clímax no es tan físico como intelectual, y se convierte en lo que uno espera del deseado duelo en la pantalla, y sobre un tablero de ajedrez, entre Holmes y Moriarty. Es una escena en la que todos los actores se crecen (especialmente Jared Harris, porque de la pareja protagonista ya conocíamos su capacidad), en la que Guy Ritchie acierta en sus planos, en su montaje y en sus diálogos, un final espléndido para una película que no había comenzado precisamente con el mismo vigor e interés que la primera.

Sherlock Holmes. Juego de sombras deja sensaciones contradictorias, porque contradicción parece haber en su propia concepción. Mezcla aciertos y errores tanto en lo que rescata de aquella primera película (la química de la pareja protagonista o el irresistible encanto de Rachel McAdams está entre lo mejor, la repetición de trucos visuales y chistes es lo peor) como en lo que quiere introducir de novedoso (magnífico Stephen Fry y el Moriarty de Harris en la segunda mitad; desconcertante el guión en su primera mitad y la introducción de los gitanos encabezados por una Noomi Rapace que parece algo perdida... hasta el clímax final). Pero si acertamos a escoger los aciertos de la película, lo cierto es que queda un producto simpático. Menos que la primera película, desde luego, porque la capacidad de sorpresa se ha perdido y porque el inicio de esta secuela es bastante descorazonador. Pero como resulta que lo mejor de Juego de sombras está al final, predomina el buen sabor de boca. O será que entré al cine con ganas de que me convencieran de que no iba a ser el desastre que temía y me acabé encontrando con dos grandes escenas que compensan los fallos.

martes, mayo 04, 2010

'Iron Man 2', espectáculo del bueno

El primer Iron Man se convirtió hace dos años, por derecho propio, en una de las mejores adaptaciones de cómics Marvel que jamás se han hecho, a pesar de que se produjo con mucho menos bombo que otras películas del género. Al mismo tiempo, aquella cinta fue la génesis del Universo Marvel cinematográfico que estamos viendo y que seguiremos viendo en los próximos años. De la secuela de Iron Man lo primero que hay que decir es que es tan espléndida como la primera entrega, tan entretenida como aquella, con un sentido del espectáculo tan refinado como la original. ¿Diferencias? Las hay. A simple vista para bien, porque crece aquello que en parte faltaba en la primera: la espectacularidad. Rascando algo más, hay otra diferencia más negativa, y es que el guión, siendo muy interesante, no termina de sacar partido a algunos de los elementos y personajes que pone en pantalla. Pero es una gozada. Como la primera. ¿Mejor? Qué difícil decidir cuál de las dos es mejor.

Si en la primera entrega ya quedó claro, la segunda confirma aún más que esta saga no tendría ningún sentido sin Robert Downey Jr. La mayoría de los actores consiguen, a lo largo de sus carreras, encontrar un personaje que les define. Tony Stark/Iron Man es el de Robert Downey Jr. Vista su interpretación parece sencillamente imposible encontrar a alguien que hubiera podido aunar con semejante brillantez la socarronería y excentricidad del multimillonario inventor con la seriedad de su trabajo, su carácter de mujeriego empedernido con la lucha por la vida es que está inmerso, la comicidad de algunas secuencias con la mayor profundidad de otras. No sé por qué hay tanto miedo, sobre todo en las nominaciones anuales, a destacar a un actor que interpreta a un personaje de cómic. Ojalá los premios a Heath Ledger por su sobrecogedora actuación en El Caballero Oscuro vayan teniendo reflejo en trabajos como el de Robert Downey Jr.

Iron Man nos hablaba del efecto que podía tener sobre el mundo la aparición de una máquina bélica tan contundente como la armadura del héroe. Iron Man 2 nos habla de la reacción del mundo a esa irrupción, y ahí juego un papel importante un empresario rival, Justin Hammer (un divertido Sam Rockwell). El concepto, analizado millones de veces en el cómic (y no sólo en los de este personaje, desde luego), es apasionante. Sin embargo, este planteamiento queda algo lastrado por la obsesión del cine de superhéroes de centrarse en historias de origen, que era precisamente lo que relantizaba la primera entrega. Y como aquí el de Iron Man ya está establecido, son muchos los minutos de su metraje los que se dedican a contarnos la historia del villano, Látigo (un Mickey Rourke adecuado en un personaje que no queda del todo bien dibujado), minutos que lastran bastante, sobre todo en la primera mitad de la película. Habrá quien también vea lentitud en muchos tramos de la película, pero a mí más me parecen elementos de cohesión entre las dos entregas de Iron Man y, sobre todo, con el resto de ese ya mencionado Universo Marvel cinematográfico.

Y es que muchas de las novedades (y elementos ya vistos, aunque fuera de pasada en la primera, como el escudo que usará el Capitán América; todo un toque de irreverencia el uso que se le da en ésta) que aporta Iron Man 2 parecen pensadas para expandir ese universo. El Nick Furia de Samuel L. Jackson tiene aquí más metraje que en la primera película por eso, porque se está gestando la película de los Vengadores. La introducción de la Viuda Negra de Scarlett Johansson tiene también esa razón de ser, además de introducir el nombre de otra estrella en el reparto. La actriz, por cierto, confirma que, hoy por hoy, es más una imagen de marca que una intérprete. No es que falle su personaje (mucho más breve de lo que sugiere que uno de los elementos más publicitados haya sido su traje ajustado de cuero negro), es que ella parece conformarse con exhibir una incuestionable imagen sexy y bordar la escena de acción que se le presenta (una escena, por cierto, rodada de forma magnífica por Jon Favreau, quien ya en la primera parte demostró un gran estilo como realizador de acción eludiendo la confusión en pantalla que suele dominar este género).

La mejora de la secuela con respecto al original se nota en su espectacularidad. Lo más decepcionante de Iron Man, seguro que por falta de medios para aumentar su escala, era su clímax. Aquí el avance es considerable, porque se trata de un magnífico enfrentamiento final dividido en tres segmentos (el peor de ellos, por desgracia para el personaje de Rourke, el último), intercalado con una segunda acción paralela muy bien montada. Es aquí donde destaca la novedad de este filme que parece propia de esta saga y que no tendrá protagonismo en los Vengadores (aunque todo es posible): Máquina de Guerra. Don Cheadle sustituye (y mejora) a Terrence Howard como James Rhodes. La presencia de dos armaduras en la parte final del filme aumenta el espectáculo, un tanto digital a veces pero lleno de diversión en todo momento (y muy bien planteado por su director, intercalando planos de los rostros dentro de la armadura con la acción). Gwyneth Paltrow repite papel y sensaciones con respecto a la primera entrega, bien pero quizá algo desaprovechada.

Una parte importante de esta saga es el humor, muy presente de nuevo en la secuela (incluyendo, una vez más, el impagable cameo del creador del personaje, Stan Lee; buscadle después de la presentación de Iron Man en la Expo Stark), pero no por ello se desprecian elementos más dramáticos o trascedentes (quizá lo más endeble sea la conexión de Tony Stark con su padre), lo que hace de Iron Man 2 un magnífico ejemplo de cine espectáculo, un modelo para futuras películas que busquen objetivos similares, un cine de cómic espléndido y un título muy recomendable para introducir al público en ese género, una cinta de acción con un ritmo y una elegancia que ya quisieran títulos con mucha mayor reputación, dos horas de puro entretenimiento. Y que sean algo más de dos horas, porque quien se vaya antes del final de los títulos de crédito, como ya sucedió en la primera entrega, se perderá la última escena del filme... que invita directamente a seguir inmerso en el Universo Marvel. Y larga vida a ese universo mientras produzca películas como ésta.

miércoles, enero 13, 2010

Un 'Sherlock Holmes' muy entretenido y más reconocible de lo esperado

Cuando alguien se lanza a hacer una película sobre un personaje que forma parte del imaginario cultural popular, siempre hay prejuicios (y no necesariamente negativos). Cuando se adelantaron detalles de Sherlock Holmes, detalles que rompían con la imagen clásica del personaje que todo el mundo puede tener en su cabeza, hubo de todo. Desde quienes criticaron hasta la saciedad que se rompiera la esencia del personaje que se admira como el mejor detective del mundo hasta quienes lo veían como una actualización necesaria de los mitos creados por Arthur Conan Doyle. Suelo moverme en un terreno intermedio, porque entiendo que los personajes deben evolucionar y adaptarse a nuevos medios, a nuevas formas de rodar, a nuevas formas de entender su papel. Pero en el fondo soy muy clásico y me dan miedo estos cambios. Este Sherlock Holmes me daba miedo. Y el caso es que los miedos eran infundados. La película funciona a la perfección como lo que pretende ser, un entretenimiento de lujo que inicie una nueva franquicia cinematográfica.

El filme no esconde nada. Desde su primera escena ya enseña lo que es, su estilo y cómo van a ser sus personajes. Ahí empiezan las rupturas. Desde la portentosa y tremendamente apropiada banda sonora de ese genio que es Hans Zimmer (y que seguramente no hubiera pegado en ningún filme anterior de Holmes) hasta los movimientos de cámara propios de su director, pasando por la estética de Londres y de los propios personajes. Sherlock Holmes no es visualmente el Sherlock Holmes que conocíamos. Es tan buen detective como le hemos conocido siempre, sí, pero hay algo diferente. Su vestuario para empezar, claro, pero sobre todo su actitud. Uno espera a un Holmes serio. Pedante incluso, pero lejos de ser un cínico. Este Sherlock Holmes lo es. Y socarrón. Muy socarrón. Por eso Robert Downey Jr. está sencillamente perfecto.

Es admirable la capacidad que tiene este actor de asumir personajes mundialmente conocidos y hacerlos suyos como si fuera la primera vez que los vemos. Nada sorprendente ahí, no en vano hablamos de un tipo que se dio a conocer dando vida a Chaplin para Richard Attenborough. El debate puede ser tan extenso como queramos pero, en el fondo, no es un Sherlock Holmes tan diferente al más clásico. Depende de la imagen que se tenga de él, claro. Yo guardo con cariño la de la última gran aparición cinematográgica del detective, hace nada menos que 25 años en El secreto de la pirámide. Y, eliminando la historia de amor de aquella, me cuadra perfectamente que aquel adolescente se haya convertido en este adulto. Hay mucho del Holmes original en este Holmes, aunque no estemos acostumbrados a verle pelear con sus puños. Primer gran punto a favor de la película.

El segundo punto a favor de la película, un gran reparto, con dos nombres más a destacar. Jude Law está también brillante como el doctor Watson. Otro cambio radical, el aspecto del fiel acompañante. Olvidad la idea del Watson bajito y rechoncho. Aquí Watson es físicamente tan capaz como Holmes. Y me gusta. Le da otra dimensión a la relación entre los personajes, que bordan Downey Jr. y Law con diálogos ácidos, con miradas llenas de sentido, con escenas maravillosas (la del restaurante es sencillamente antológica e ilustra a la perfección quiénes son estos dos hombres). Muchos pensarán que no se puede hacer una película de Sherlock Holmes sin enfrentarle a Moriarty desde el primer al último minuto. Mark Strong (Red de mentiras) demuestra lo contrario. Impresionante como Blackwood. Impresionante de verdad, desde la primera vez que se le ve en pantalla.

La presencia de Rachel McAdams, en cambio, es uno de los puntos algo más débiles de la película. No por la actriz, que me gustó en La sombra del poder, sino porque el guión no termina de sacarle partido a su personaje. Tenía muchas posibilidades que quedan a medias, ensombrecidas por el gran potencial de la relación entre Holmes y Watson y por el poderoso influjo del villano de la función. Es el gran lunar de un guión que funciona como un reloj de precisión. No hay trampa alguna, todo está ahí. Quizá Guy Ritchie (director que nunca me ha convencido demasiado y que me ha sorprendido porque no le veía rodando un Sherlock Holmes adecuado) peca demasiado de mostrar en pantalla las deducciones detectivescas de Holmes, pero hay que entenderlo en que el filme busca ser un taquillazo apto para todos los públicos. Incluso para los que no quieren pensar demasiado.

Tercer punto a favor de la película, una cuidadísima ambientación. Desde la ya mencionada banda sonora de Zimmer hasta el escenario de la película. Es maravilloso y muy adecuado ver a Holmes desenvolverse en un Londres que está abrazando la modernidad enfrentado a un enemigo de base sobrenatural. Y cuarto punto a favor, que es la mar de entretenida. En sus escenas de acción (admirable el clasicismo que tiene el clímax final) y en sus escenas de diálogo (ácidos en muchas casos, divertidos en otros y con momentos incluso para un sentimentalismo que Holmes no tiene). Y en ese final abierto que lo que nos dice es que estamos ante un personaje inmortal que tiene la capacidad de aparecer en muchas películas y de mil maneras diferentes. Sherlock Holmes, el mejor detective del mundo, volverá. Tiene que volver porque ya se le está esperando. En su mundo y desde el patio de butacas.

jueves, mayo 01, 2008

'Iron Man', un cómic espléndido y muy convincente

Cualquier aficionado al cómic siente reacciones encontradas cuando se anuncia que un personaje va a tener adaptación cinematográfica. Por un lado, sabe que puede ser un sueño hecho realidad, ver a personajes que ha visto cientos de veces en la viñeta trasladados a la gran pantalla. Pero, por otro lado, sabe que si se hace mal puede ser una auténtica pesadilla. Entre las películas que gustaron se cuentan Spider-Man, Batman Begins o X-Men. Entre las sencillamente olvidables para el común de los espectadores e incluso para muchos de los fans, por mucho cariño que se le pueda tener a los personajes, figuran Elektra, Catwoman o Los 4 Fantásticos. Iron Man es el primer superhéroe que llega a los cines este año (los próximos, Hulk y Batman, ambas secuelas). Y el resultado es sencillamente espléndido.
-
No deja de ser curioso que Iron Man lleve años gestándose como una película de cómic light, sin demasiadas pretensiones que superen el entretenimiento durante dos horas, y muy por debajo de las expectativas generadas por otras sagas superheróicas. Poco a poco, y según se iban viendo imágenes fijas y en movimiento de la película, fue llamando más la atención. Y si no fuera porque las expectativas en The Dark Knight (me niego por el momento a llamarla El Caballero Oscuro, como ya han adelantado los trailers que se traducirá en España), me atrevería a decir que es la mejor adaptación de un cómic de superhéroes que se ha hecho en bastante tiempo, muy por encima de otros productos surgidos de Marvel Comics como Daredevil, Hulk (ojalá la secuela supere al aburrido original) o Ghost Rider, y probablemente al mismo nivel de las películas iniciales de sagas como Spider-Man o X-Men.
-
Con lo que conozco de la mitología de Iron Man (que, tengo que reconocerlo, no es demasiado), la película se presenta como una adaptación tremendamente fiel (quizá demasiado similar a la primera mitad de la película de animación que se hizo del héroe hace sólo un año, The invincible Iron Man). Se cambia la guerra de Vietnam por Afganistán (siempre he considerado importante que un cómic tenga los pies en una realidad histórica; no hay motivo para tener como única referencia cinematográfica de Vietnam joyas del cine como El cazador, o de Afganistán títulos como Leones por corderos), pero pocos cambios más hay. Y las dos horas de la película que dirige Jon Favreau (el abogado amigo del alter ego de Daredevil en la película homónima) se convierten así en una modélica historia iniciática del personaje.
-
Ese puede ser el punto más débil de la película, que, como todo título del género de superhéroes, se centra en el nacimiento del héroe. Para quien conozca la historia puede ser algo largo el devenir de los acontecimientos (como suele ser habitual en este subgénero, Iron Man como todos lo conocemos no aparece hasta la segunda hora de metraje) pero está claro que el objetivo es que toda la audiencia se familiarice con todo el universo del personaje para fidelizarla de cara a próximas películas. Porque seguro que habrá secuela, algo que queda convenientemente preparado a lo largo de la película(impagable el comentario que hace junto a uno de los prototipos de la armadura Jim Rhodes, interpretado por Terrence Howard... o el final tras los títulos de crédito, del que luego digo algo más).
-
El gran acierto de esta película es el cásting. De largo. ¿Por qué? Porque continúa, con el mayor acierto posible, la línea abierta por Tim Burton cuando escogió a un actor como Michael Keaton para dar vida a Batman. El superhéroe cinematográfico no tiene por qué ser un actor hipermusculoso de 23 años. No todos los superhéroes son iguales y Iron Man es de los más diferentes en ese sentido. Tony Stark, el hombre que se enfunda la armadura, es antes de ser superhéroe un playboy millonario, amante de la bebida, de las mujeres y de la buena vida, empresario del sector armamentístico y un hombre sin más principios que disfrutar del momento. ¿Encaja ahí una estrella hollywoodiense pletórica de juventud? Desde luego que no. ¿Encaja Robert Downey Jr.? Como un guante. Brillante trabajo del actor que descubrí dando vida a Chaplin en el cine hace ya 16 años, muy bien secundado por Jeff Bridges (Gwyneth Paltrow parece más perdida en este universo de cómic).
-
Los efectos especiales son formidables, hasta el punto de que ya empieza a ser una tarea para auténticos expertos diferenciar los planos reales de los que se han realizado por ordenador. La dirección de Favreau, elegante y sin estridencias, ayuda a que el mundo real y el digital se integran de maravilla. Las escenas de acción están perfectamente calculadas y planificadas. No son muchas (y eso se debe, insisto, al enfoque iniciático; la secuela seguro que tendrá bastante más movimiento) pero sí muy eficaces, como casi todo lo que se ve en la pantalla. Quizá lo más convencial sea el climax final, pero hay que reconocer que a todo aficionado al personaje se le va a caer la baba, literalmente, la primera vez que vea en movimiento la armadura roja y dorada del protagonista.
-
El humor está muy presente, inteligentemente insertado, y eso permite que sea una película espléndida para los aficionados más jóvenes (tiene la calificación de no recomendada para menores de siete años, y estoy de acuerdo, los niños mayores la disfrutarán muchísimo). El momento más divertido, no podía ser otro, es el cameo del gran Stan Lee, creador del personaje en las viñetas. Lee nos sigue deleitando con sus apariciones en las películas basadas en héroes de Marvel Cómics. El cameo en Iron Man es uno de los mejores que ha protagonizado, quizá el mejor junto con su memorable aparición en Los 4 Fantásticos y Silver Surfer. Otro guiño al cómic que no todo el mundo entederá es el nombre del ordenador con el que interactúa Tony Stark (que no es otro que Jarvis, en los cómics originales el nombre del mayordomo de la mansión de los Vengadores).
-
Y otro cameo más de especial importancia es el que cierra la película, después de los títulos de crédito, del que no doy más detalles para no reventar la sorpresa (eso sí, si queréis saber de qué personaje y actor se trata, podéis verlo aquí). La insensatez generalizada de no esperar hasta el final me ha convertido en el único espectador en mi sesión que ha visto el formidable cierre de Iron Man. Avisados quedáis, no salgáis de la sala hasta el final, porque si no habréis dilapidado algún que otro centimo del carísimo precio de la entrada. Jamás un final de una película había abierto tanto la puerta a todo un mundo de posibilidades para el aficionado al mundo del cómic...
-
En resumen, Iron Man es una de las mejores adaptaciones de cómic Marvel que se han hecho hasta la fecha. Y hay unas cuantas bastante buenas ya. Un poco más de dos horas de sincero y honesto entretenimiento que divertirá a jóvenes y mayores, a aficionados a este universo y debutantes en la materia.