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viernes, abril 26, 2013

'Iron Man 3', un espectáculo formidable y sorprendente

¿Qué se podía hacer en el cine con los personajes de Marvel Comics después de Los Vengadores sin que palideciera en comparación? No ha hecho falta ni un solo patinazo para encontrar una agradable y espectacular respuesta a esa pregunta. Iron Man 3 es más pequeña, sin duda, pero más intimista, formidable, un espectáculo de primer nivel y una película que consigue algo que el cine moderno de efectos especiales y acción, víctima de unas exageradas y poco calculadas campañas de marketing, no consigue hacer normalmente: sorprender. Esta tercera entrega, en la que Shane Black coge el mando en la dirección en lugar de Jon Favreau, hace crecer la saga sin ningunear las dos notables primeras partes, potencia lo mejor que tenían aquellas y le añade piezas de acción espléndidas y un desarrollo de los personajes a la medida de un reparto excepcional, encabezado por un inmejorable Robert Downey Jr. Sigue siendo Iron Man, pero todavía mejor. Palabras mayores dentro de este subgénero.

¿Qué ofrece Iron Man 3? Una mezcla estupenda entre lo que funcionaba de sus dos primeras entregas y unas novedades más que apetecibles. Entre lo primero destacan dos cosas. Por un lado, un Robert Downey Jr. brillante, en la que es probablemente la mejor interpretación de un superhéroe que se ha visto en la gran pantalla (y que perdonen los fans del Superman de Christopher Reeve, entre los que me cuento). Por otro, unos efectos especiales sorprendentes, que dan vida a unas armaduras diseñadas con sumo detalle. No hay nada que chirríe en lo visual y eso permite una espectacularidad hermosa en las escenas de acción. Y he ahí donde las novedades cobran protagonismo. Las dos primeras películas, aún siendo cine de superhéroes, no eran unas películas plagadas de acción, e incluso el clímax de Iron Man 2 estuvo entre lo más decepcionante que ofrecía. Aquí son tres grandes piezas, diferentes entre sí, muy bien rodadas, emocionantes y prácticamente lo que uno espera ver en un filme del género.

Hay relevo en la dirección, pero todos los cambios son fluidos. Se acepta sin ningún problema la herencia de las dos primeras películas, ambas dirigidas por Jon Favreau (que sigue interpretando, ahora con más metraje, a Happy Hogan, antiguo guardaespaldas de Tony Stark), incluso la muy referenciada Los Vengadores, de Joss Whedon. Shane Black, coguionista además de director, integra toda esa mitología en la película y le sirve para hacer crecer la psicología de los personajes (sobre todo pero no sólo la de Tony Stark), pero le da una autonomía propia (sólo rota en la escena tras los créditos... que quizá, y aún siendo muy divertida, es lo más decepcionante de Iron Man 3; es tan sobresaliente lo que ofrece la película que ese final se antoja flojo) y, sobre todo, muestra valentía, que no temeridad, a la hora de adaptar lo que le ofrecía el cómic. Sin revelar ninguna de las sorpresas de la película, que son en algún caso muy sorprendentes, hay que decir que coge como base una popular saga escrita por Warren Ellis, Extremis, e incorpora por fin a la gran pantalla al villano principal de Iron Man, el Mandarín.

Para confeccionar este explosivo cóctel superheroico, Black, reconocible como guionista de la saga Arma Letal más que como director, recurre a un reparto espléndido. Gwyneth Paltrow, que no es precisamente una de mis actrices favoritas, ofrece su mejor interpretación de la saga. Pero el trío de fichajes se lleva los focos y se merece los elogios. Ben Kingsley asombra, Guy Pearce convence y Rebecca Hall está espléndida. Quizá el actor que salga peor parado sea Don Cheadle, ya presente en la segunda. Si con todos los demás está realmente conseguida la mezcla entre drama, acción y comedia, para el hombre debajo de la armadura de Máquina de Guerra (rebautizada aquí como Iron Patriot) no queda demasiado más que figurar. Y esa mezcla es lo que hace que la película funcione y evite en todo momento que pueda parecer una repetición o una simple secuela para ganar dinero. Es Iron Man, sí, pero es algo nuevo, que mantiene al espectador de la película en vilo por conocer los caminos que va a seguir la película y que asombra, insisto, por su valentía en algún momento.

Esa misma valentía puede hacer que algún purista del cómic salga cabreado de la sala. Puede ser. Pero hay que admitir que cine y cómic son lenguajes diferentes y que la adaptación realizada es sobresaliente en todos los aspectos. Iron Man sigue siendo una saga divertida, con un humor asequible a todo tipo de públicos (no es casualidad que Tony Stark interaccione durante varias escenas con un niño), explotando con enorme acierto por un Robert Downey Jr. que ha hecho de este personaje una segunda piel, pero sin desdeñar los aspectos más oscuros y siniestros de la trama. Es espectacular en todo momento, con escenas de acción formidables (un poco demasiado anticipadas por los trailers, pero sumamente disfrutables) y un sabor de boca final tan formidable que invita a pensar qué demonios va a hacer Marvel para continuar con la historia de Iron Man, no ya en una hipotética cuarta entrega sino en la segunda de Los Vengadores. Con decir que lo peor de Iron Man 3 está en el brevísimo cameo de Stan Lee, probablemente el más flojo de todos los que ha protagonizado, está todo dicho. Una gozada.

martes, abril 16, 2013

'Iron Man. La rebelión de Technivoro', Marvel en versión anime

La confrontación cinematográfica entre los personajes de Marvel y DC está hoy en día absolutamente volcada del lado de los primeros. Los Vengadores, y sus títulos previos, el reinicio de Spider-Man sumado a su trilogía anterior, la nueva vida de los X-Men tras Primera generación y muchos planes futuros oscurecen la apuesta ahora mismo y tras el final de la trilogía de Batman supeditada al éxito del Superman de El Hombre de Acero. Sin embargo, en el terreno de la animación, enfocada al mercado de vídeo, sucede justo lo contrario. Batman, Superman, Green Lantern y la Liga de la Justicia han protagonizado notables películas, mientras que Marvel no ha conseguido aún despegar. Con ese panorama, no es de extrañar que sus apuestas busquen la originalidad. Iron Man. La rebelión del Technivoro es una clara muestra de esta situación. Es una película Marvel, sí, pero es también anime. Y la mezcla es bastante interesante, porque permite exceder los límites que tienen las películas de imagen real para ofrecer una historia a la vez más cercana a algunos elementos del cómic, plagada de acción y con el toque distintivo de la animación japonesa.

No es la primera vez que Iron Man tiene una versión en anime, pero sí la primera que llega en forma de largometraje. Hace poco más de dos años Marvel y Madhouse, un estudio de animación japonés, se aliaron para crear cuatro series de doce episodios. Iron Man era, precisamente, la que mejor resultado dio, por encima de las de Lobezno, X-Men o Blade. La rebelión de Technivoro no es una continuación de aquella serie, que no hace falta ver para entender la película, pero tampoco una versión independiente de la misma. Coge lo que le interesa de aquella primera versión, es decir, la amplia tradición del anime en cuanto a mechas y monstruos, una animación característica y unos espectaculares efectos visuales. Renueva lo que necesita, los diseños tanto de la armadura como de Tony Stark. Añade más personajes secundarios del amplio Universo Marvel en sus versiones más reconocibles para los aficionados al cómic. Y, al mismo tiempo, busca un acercamiento a las películas de acción real, dando el protagonista parte del toque socarrón de Robert Downey Jr., para aplicar a su amistad con Rhodey y a su relación sentimental con Pepper.

Iron Man. La rebelión de Technivoro, que Sony lanza directamente al mercado de vídeo, presenta una historia interesante, no especialmente fiel al cómic en cuanto a sus villanos se refiere (el hijo de Obadiah Stane, Ezekiel, y Technivoro, aquí fusionados para la ocasión), pero con criterios imaginativos para que supongan un reto intelectual y tecnológico para Stark. La historia arranca con el propósito de Stark de lanzar un satélite que controle desde el espacio toda actividad criminal. Aunque se mencionan los problemas éticos y de privacidad que eso supone, la película prescinde de ese debate y se lanza directamente a la acción. Acción bien llevada, por cierto, por el director Hiroshi Hamazaki, que saca partido visual y narrativo de las posibilidades que ofrece Technivoro. Su armadura, que le confiere un aspecto andrógino, es un contrapunto interesante a la conocida imagen de Iron Man y que sea biotecnológica añade un elemento de confrontación bastante atractivo.

Lo más gozoso de La rebelión de Technivoro está en la mezcla de personajes del universo Marvel que ofrece. El choque entre Iron Man y SHIELD es siempre muy entretenido, y más si la confrontación verbal es con Nick Fury (personaje que no sólo coge el aspecto de la interpretación de Samuel L. Jackson en las películas de acción real) y la física con una sumamente atractiva Viuda Negra y un divertido Ojo de Halcón. Pero sorprende que también se cuele en la historia un vengador urbano como el Castigador, que a priori no tendría demasiado que ofrecer en una aventura de este corte más cercano a la ciencia ficción y desde luego marcado por la tecnología, pero que mezclado con los dos agentes de campo de SHIELD deja secuencias más que entretenidas. Eso, unido a sendas piezas de acción para abrir con espectacularidad y cerrar con eficacia la película, hacen de Iron Man. La rebelión de Technivoro un filme más que apreciable para fans de los cómics de Marvel y del anime japonés. La mezcla funciona, pese a tocar ámbitos poco habituales y traspasar fronteras de violencia, más sugerida que mostrada, que pocas veces se ven en la animación de superhéroes.

jueves, abril 04, 2013

Un avance de 'Iron Man 3'

Hoy ha sido un día de casualidades con Marvel de por medio. Esta mañana he empezado la lectura de Marvel Comics. La historia jamás contada, el libro que acaba de editar en España Panini. Y enfrascado yo en tan fascinante lectura, todavía en los pasajes en los que Martin Goodman anda montando una editorial en la que aún no está trabajando siquiera un tal Stan Lee, resulta que escuchó una conversación a mi lado entre dos mujeres que son madres. Una habla del regalo que le quería comprar para el cumpleaños del niño, un juguete de Iron Man, pero resulta que al chaval el que le gusta de verdad es el Capitán América. "¿Iron Man?", pregunta la otra. "Sí, ese que es rojo con cosas metálicas", le contesta. "El de los Vengadores", añade. "¿Eso qué es? ¿Un programa de televisión?", replica. Y ahí, claro, el aficionado al mundo del cómic que hay en mí sonríe y está a punto de participar en la conversación, pero me contengo. "Los superhéroes esos que dirige... cómo se llama... el capitán... Mafia... El capitán Mafia o algo así". Furia. Es Nick Furia. Me sonrío y definitivamente me abstengo de participar en la conversación. Un niño disfrutará más explicándoselo a su madre.

Curiosamente, estas dos referencias a Marvel suceden el mismo día en que me reciben en las oficinas de Disney una colección de juguetes de Iron Man, además de las encantadoras damas que llevan su oficina de prensa. Y es que he sido uno de los invitados a ver como adelanto dos secuencias de Iron Man 3, la primera película de la fase dos de las películas del estudio, tras la brillante culminación de la primera en Los Vengadores. Apenas hemos visto poco más de un cuarto de hora del que no voy a adelantar spoilers, pero que sí sirven para sacar algunas primeras impresiones sobre lo que se va a ver el próximo día 26. Lo primero, que hay un claro objetivo de hacer la saga un tanto más oscura. El referente es, obviamente, el Batman de Christopher Nolan. La prueba está en la segunda de las secuencias que vimos, la más breve, que no tenía más objetivo más objetivo que presentarnos al Mandarín que interpreta Ben Kingsley. Pues bien, la música temporal que se usa (para quien no lo sepa, se utiliza música de otras películas para orientar al compositor o para mostrar escenas de una forma cercana a como se verían en el cine) es la de Hans Zimmer para presentar a Bane en El Caballero Oscuro. La leyenda renace.

Lo bueno, no obstante, estaba en la otra secuencia, mucho más larga y muestra de lo que también quiere ser Iron Man 3: un espectáculo más grande que Iron Man y que Iron Man 2. La escena en cuestión está bastante anticipada ya en los diferentes trailers que se han difundido, es el ataque a la mansión de Tony Stark en el acantilado desde varios helicópteros, que la acribillan con lanzamisiles y ametralladoras. Y el espectáculo es grande. Muy grande. Si el clímax y otras secuencias que todavía no hemos visto concretan las sensaciones que deja este adelanto, podemos estar ante la película Marvel más movida hasta la fecha, sin duda muy superior en este sentido a las dos primeras de esta saga concreta. Y es muy Marvel también. Es decir, con conflictos personales de por medio, como ya sucedía en las anteriores películas. Hay que recordar que en esta tercera entrega hay relevo en la dirección. Jon Favreau, responsable de las dos primeras, deja paso a Shane Black, que apenas cuenta en su filmografía como director con Kiss Kiss, Bang Bang, de 2005, pero que como guionista creó la saga de Arma letal o El último boy scout.

La agilidad de Tony Stark en los diálogos seguirá muy presente. Robert Downey Jr. seguirá siendo la versión definitiva del personaje, sólo que esta vez parece añadirse un toque a lo Luz de luna en su relación con Pepper Potts (Gwyneth Paltrow). Pero lo bueno del personaje se mantiene. Era previsible, pero se agradece. En tan poco tiempo de adelanto también hubo ocasión para ver a dos de los nuevos personajes, Maya Hansen (interpretado por la deliciosa Rebecca Hall) y Aldrich Killian (con el rostro de Guy Pearce). El avance pone los dientes largos, tanto como los trailers y eso que en estos quince minutos sólo hemos visto a Iron Man con la nueva armadura que vestirá en esta película. Y conste que no es mi favorita, ya que prescinde de los diseños más clásicos. Parece que seguirá presente lo que hizo buenas a Iron Man y Iron Man 2, el humor, la acción y el magnífico aspecto visual de la armadura en la pantalla. ¿Con un fondo más adulto? Da la impresión de que sí, pero habrá que esperar al estreno, el día 26, para salir de dudas. Pero pinta bien.

jueves, abril 26, 2012

'Los Vengadores', el mayor espectáculo superheroíco de la historia

Hay quien piensa que las expectativas, sobre todo cuando son muy elevadas, son un mal compañero de butaca en el cine. Que si se piensa que lo que vamos a ver es grandioso, nada de lo que se nos ofrezca estará a la altura de lo que deseamos ver. Si tú, amigo lector, piensas así cuando vas a ver una película y te fías, aunque sea mínimamente, de las opiniones que suelo plasmar aquí, igual no te conviene seguir leyendo lo que tengo que decir de Los Vengadores. Porque, y ya lo dejo claro desde el principio, estamos ante el mayor espectáculo de superhéroes que se ha realizado nunca y ante una de esas películas que se convierten en un modelo a seguir durante décadas, como en su momento lo fue el Superman de Richard Donner para contar el origen de un héroe de cómic o El Caballero Oscuro para narrar su vertiente más oscura y realista. Los Vengadores triunfa a todos los niveles porque es imposible hacer esta película con un mayor cariño hacia los personajes y hacia un tipo de cine, el blockbuster hollywoodiense, a menudo demasiado despreciado. Yo, que no lo desprecio, sólo puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto en una sala de cine.

Conocidos los cinco antecedentes de Los Vengadores, el primer triunfo de Joss Whedon a la hora de encarar esta película está en que no son en absoluto necesarias para comprender este filme. Sí, por supuesto, para saber más sobre los personajes que van a acompañarnos durante casi dos horas y media gozosas de principio a fin. Quizá la más necesaria en ese sentido sea Thor, más que nada debido a que el villano de la función (como en el cómic que dio origen de Los Vengadores) sea Loki, e incluso Capitán América. El primer Vengador para saber algo más de la naturaleza del artefacto que sirve de excusa argumental al filme. Pero Whedon se las ingenia para montar una estructura lógica y asumible. Es cierto que hay pequeños fallos de continuidad con las películas anteriores (¿cómo vuelve Thor a la Tierra?) e incluso que la premisa argumental es algo débil, pero llegados al final de la película son detalles nimios en comparación con el divertimento salvaje que ofrece, pues casi hay más acción aquí que en las cinco ya mencionadas juntas.

Porque Whedon lo que hace es coger lo mejor de cada una de las películas anteriores, mezclarlo con su innata capacidad de gestionar repartos con muchos nombres (siempre recomendaré en ese sentido su tristemente breve serie Firefly, un prodigio televisivo que no tuvo suerte en su momento y que en España es muy desconocido) e introducirle las dosis justas de sentido del humor (una constante en la película) y, por supuesto, de épica. Porque no hay otro adjetivo mejor para calificar el clímax de la película, salvaje, intenso, gigantesco, modélico en todos los aspectos. En él da tiempo a construir a los personajes psicológica y visualmente y también a dar un curso de cine. Es impagable el plano secuencia con el que Whedon muestra, a una velocidad trepidante, cómo luchan los Vengadores como equipo. Ese momento pasa desde ya a los anales de la historia del cine de fantasía y ciencia ficción. Sobra decir que los efectos especiales son impresionantemente buenos, y que convierten a la Viuda Negra en una acróbata descomunal, a Ojo de Halcón en el arquero que debe ser, a Hulk en la imparable fuerza de la naturaleza que tiene que ser o a Thor en un auténtico semidios.

Pero no está ahí, en la excelencia visual, lo que hace de Los Vengadores algo único. Eso tan especial es el alma que tiene la película. Los seis héroes tienen su momento de gloria, al menos uno que hable de la capacidad que han tenido estos personajes para enamorar a tantos aficionados durante cinco décadas. Y, seguramente, está aquí la mejor versión de todos ellos, mejor que lo que les hemos visto hasta ahora, pensemos que es bueno o no tan bueno. Si hay uno que mejora de forma exponencial, ese es Hulk. Y si no me creéis, no tenéis más que ver todo su papel en la batalla final por las calles de Manhattan pero, sobre todo, su irrupción en la misma. Es de esos momentos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda mientras piensas que, por fin, alguien ha entendido a un personaje casi siempre maltratado por sus versiones de carne y hueso. Pero no es el único. Es que está todo en la película, todo lo que cabe esperar de ella y del desarrollo de sus protagonistas. De los humanos y de los inmateriales. Que levante la mano el aficionado Marvel que no se emocione al ver el Helitransporte de SHIELD por primera vez. O que no sonría en el inevitable y como siempre divertidísimo cameo del creador del Universo Marvel en los cómics, el mítico Stan Lee.

La mayor sorpresa que esconde esta película, con respecto a cómo probablemente mucha gente se ha imaginado que podría ser, es la gran cantidad de momentos cómicos que reúne. Whedon se acerca a la delgadísima línea que separa una película divertida de una ridícula, precisamente porque abundan los momentos para reír. Pero siempre se queda en el lado bueno de la frontera. Esa comicidad, ese saber reírse de lo que el director tiene entre manos, es lo que le ha faltado a muchas adaptaciones de cómic. Aquí nada sobra, nada suena extraño. Y qué decir de los actores. Este Universo Marvel cinematográfico cuenta con un casting brutal. La socarronería de Robert Downey Jr. como Iron Man, la grandeza de Chris Evans como Capitán América, la calculada ambigüedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner y como Hulk, la clara mejoría de Scarlett Johansson como Viuda Negra con respecto a Iron Man 2, el misterio que aporta Jeremy Renner a Ojo de Halcón, la planta imponente de Samuel L. Jackson como Nick Furia, lo maquiavélico que puede ser Tom Hiddleston como Loki, la ironía de Clark Gregg como el agente Coulson y la seriedad de Cobie Smulders como la agente Hill son sencillamente brillantes.

Los Vengadores es una montaña rusa desde el principio. Es evidente que cuando se pone toda la carne en el asador es en su descomunal batalla final, pero todas las secuencias de acción son impactantes. Todas, sin excepción. Y sus bromas son divertidas, igualmente sin excepción. Es un sueño hecho realidad. Y cuando uno está pensando que no hay nada que pueda hacer de Los Vengadores una película más espectacular, satisfactoria, gozosa y entretenida, llega el epílogo que Joss Whedon ha incluido y del que hay que ser un insensato para revelar nada, aunque es verdad que sólo los fans de Marvel lo comprenderán en toda su magnitud. Y, una vez entendido y asumido, sólo queda comportarse como un fan hambriento de más y desear que llegue ya, cuando antes Los Vengadores 2. Eso sí, después de haber saboreado en el cine en más de una ocasión este audaz vehículo de hacer felices a quienes hemos leído cómics de superhéroes durante años y de ofrecer un sincero gran rato a quienes no conozcan de nada a estos personajes. Una joya a día de hoy inigualable. Sin más y sin complejos.

martes, abril 10, 2012

Antes de 'Los Vengadores'...

Hay que retroceder hasta los años 60 del siglo pasado para conocer el origen de los superhéroes de Marvel Comics. Uno de los aspectos más novedosos que introdujeron, además de ser personajes realistas con problemas con los que se pudieran identificar los lectores (más allá, obviamente, del toque fantástico que sus superpoderes daban a las historias), fue el concepto de universo. Todos estos personajes vivían en el mismo universo, interactuaban, sus vidas y sus aventuras se cruzaban con naturalidad en las diferentes colecciones. Lo que hoy parece tan evidente y cotidiano, en los años 60 era un terreno inexplorado y novedoso. Las películas que llevamos viendo desde 2008 y que ahora confluirán en Los Vengadores, de Joss Whedon, han heredado ese mismo concepto. Y eso, al margen de la mayor o menor calidad de las películas (que a mí me parece notable), es un concepto que está ayudando a escribir la historia de las superproducciones hollywoodienses de nuestros días, porque nadie hasta ahora lo había hecho. Son cinco los títulos que merece la pena ver antes de afrontar la reunión de sus personajes en Los Vengadores.
· Iron Man (2008)
Robert Downey Jr. es el perfecto Tony Stark. Socarrón, aventurero, cínico y atractivo. Jon Favreau, director de esta película inaugural del Universo Marvel cinematográfico, supo sacar todo el jugo a una interpretación logradísima y que ya forma parte de los cánones del personaje por derecho propio. Iron Man se convirtió en un magnífico espectáculo superheroíco, apto para todos los públicos, incluso para los que no conozcan el cómic, gracias al carisma de su protagonista, una buena historia, una lograda atmósfera y unos espléndidos efectos visuales que nunca se superponen a la historia. Del resto se encarga el actor protagonista. Quizá el punto menos positivo de la película es el que sufren todas las películas de estas características, que siempre optan por contar el origen del personaje y eso lastra la narración en algunos momentos. Pero es tan entretenida que, al final, ni se nota.
· El increíble Hulk (2008)
Aunque Hulk (2003) es una película apreciada en algunos sectores, Ang Lee fracasó al llevar a la vida al personaje. A la hora de retomar la historia, El increíble Hulk se planteó desde el inicio con la intención de que el gigante verde tuviera una adaptación digna en la gran pantalla. Y se consiguió. Louis Leterrier no es precisamente un artesano, pero supo insuflar vida a un efecto digital con la ayuda de un muy buen trabajo de Edward Norton (será el gran ausente de Los Vengadores, sustituido por Mark Ruffalo a causa de eso que llaman en Hollywood diferencias creativas) y encajarlo en una historia atractiva y conseguida. La clara apuesta por la acción, sin dejar de lado en todo caso los aspectos más humanos de Hulk, fue un acierto. La lucha final entre Hulk y Abominación fue un más que digno colofón a una película que, quizá siendo la más floja y la más desconectada de todas las que confluyen en Los Vengadores, rozó el notable.
· Iron Man 2 (2010)
Jon Favreau repitió en la dirección de la secuela de Iron Man. Por un lado, acertó al proponer más espectáculo, ya libre de las ataduras inherentes a la narración del origen del personaje. Por otro, falló en la elección de los villanos. El principal, Mickey Rourke no termina de ser un enemigo convincente ni ofrece un clímax lo suficientemente espectacular. Con poco metraje, la inclusión de Scarlett Johansson como la Viuda Negra pareció más una introducción a Los Vengadores que una necesidad narrativa. Pero Robert Downey Jr. sigue siendo el mayor acierto de cásting de las películas Marvel y se echa la película a sus espaldas en todo momento. El resultado, en cualquier caso, es de nuevo un entretenidísimo espectáculo, quizá levemente por debajo del original. En el crecimiento del universo Marvel que ofrece se agradece la inclusión de Máquina de Guerra y detalles sobre el padre de Tony Stark, que después jugaría un papel importante en Capitán América. Por si alguien lo dudaba, era la prueba de que Los Vengadores estaba sobre la mesa.
· Thor (2011)
De estas cinco películas, Thor es quizá la que merece el juicio más ambiguo. Es, probablemente, la que más mimbres tenía para ser una gran película que trascendiera el género de superhéroes, pero Kenneth Branagh sólo consigue dar los pasos necesarios en el primer tercio de la película, el que se desarrolla en los mundos mágicos de los dioses de Asgard. Chrish Hemsworth, sin demostrar grandes dotes como actor, es un gran acierto de casting para dar vida a Thor, al igual que Anthony Hopkins y Tom Hiddleston (que volverá en Los Vengadores) en los papeles de Odín y Loki. Branagh falla en muchos momentos del camino del héroe en la Tierra, con la inclusión de una anodina Natalie Portman y un duelo final contra el Destructor que resultó algo pobre. Al resto de la película le faltó la espectacularidad de aquellas primeras escenas ymontaje final muestra un extraño ritmo que sitúa el pico climático al comienzo y no al final. La recreación de Asgard es notable y también la breve introducción de Ojo de Halcón.
· Capitán América (2011)
Chris Evans ya había sido la Antorcha Humana en las películas de Los 4 Fantásticos y eso suscitó dudas sobre su capacidad de interpretar a Steve Rogers, el más patriótico de los superhéroes. Pero lo consiguió, ayudado por unos fantásticos efectos visuales que hicieron creíble su transformación de tipo enclenque a supersoldado. Joe Johnston elaboró un magnífico espectáculo, entretenido en todo momento, con una ambientación de época formidable y un innegable tono aventurero, además de notables escenas de acción. Hugo Weaving, en un espléndido reparto de secundarios, es un Cráneo Rojo de categoría. Como Thor, que fuera en 3D supuso un añadido innecesario. Si hay una película necesaria antes de ver Los Vengadores, esa es sin duda Capitán América. Que su subtítulo sea El primer Vengador es la pista más clara. Su metraje está lleno de referencias a este Universo Marvel que se viene construyendo desde 2008.
· El Universo Marvel
Hay dos elementos que han servido para crear ese concepto de universo también en el cine. El primero, las escenas que sirven como epílogo a todas estas películas, y que tienen como protagonista a Nick Fury, interpretado por Samuel L. Jackson. En ellas se han ido introduciendo vínculos y motivos argumentales de cara a Los Vengadores, desde la que abrió la puerta a todo este universo en Iron Man (en la que da la sensación de que no estaba del todo claro cómo iba a hacerse Los Vengadores) hasta la de Capitán América, que añadía, de hecho, el primer trailer de la película que dirige Joss Whedon. El segundo son los cameos de Stan Lee, el padre del Universo Marvel en el cómic. Este detalle no es exclusivo de las películas que desembocan en Los Vengadores (también aparece en las películas de otros de los personajes que creó, como Spider-Man Los 4 Fantásticos o X-Men), pero ayuda a darle esa mayor cohesión desde el punto de vista del aficionado, que no narrativamente puesto que siempre interpreta a personajes diferentes.

martes, mayo 04, 2010

'Iron Man 2', espectáculo del bueno

El primer Iron Man se convirtió hace dos años, por derecho propio, en una de las mejores adaptaciones de cómics Marvel que jamás se han hecho, a pesar de que se produjo con mucho menos bombo que otras películas del género. Al mismo tiempo, aquella cinta fue la génesis del Universo Marvel cinematográfico que estamos viendo y que seguiremos viendo en los próximos años. De la secuela de Iron Man lo primero que hay que decir es que es tan espléndida como la primera entrega, tan entretenida como aquella, con un sentido del espectáculo tan refinado como la original. ¿Diferencias? Las hay. A simple vista para bien, porque crece aquello que en parte faltaba en la primera: la espectacularidad. Rascando algo más, hay otra diferencia más negativa, y es que el guión, siendo muy interesante, no termina de sacar partido a algunos de los elementos y personajes que pone en pantalla. Pero es una gozada. Como la primera. ¿Mejor? Qué difícil decidir cuál de las dos es mejor.

Si en la primera entrega ya quedó claro, la segunda confirma aún más que esta saga no tendría ningún sentido sin Robert Downey Jr. La mayoría de los actores consiguen, a lo largo de sus carreras, encontrar un personaje que les define. Tony Stark/Iron Man es el de Robert Downey Jr. Vista su interpretación parece sencillamente imposible encontrar a alguien que hubiera podido aunar con semejante brillantez la socarronería y excentricidad del multimillonario inventor con la seriedad de su trabajo, su carácter de mujeriego empedernido con la lucha por la vida es que está inmerso, la comicidad de algunas secuencias con la mayor profundidad de otras. No sé por qué hay tanto miedo, sobre todo en las nominaciones anuales, a destacar a un actor que interpreta a un personaje de cómic. Ojalá los premios a Heath Ledger por su sobrecogedora actuación en El Caballero Oscuro vayan teniendo reflejo en trabajos como el de Robert Downey Jr.

Iron Man nos hablaba del efecto que podía tener sobre el mundo la aparición de una máquina bélica tan contundente como la armadura del héroe. Iron Man 2 nos habla de la reacción del mundo a esa irrupción, y ahí juego un papel importante un empresario rival, Justin Hammer (un divertido Sam Rockwell). El concepto, analizado millones de veces en el cómic (y no sólo en los de este personaje, desde luego), es apasionante. Sin embargo, este planteamiento queda algo lastrado por la obsesión del cine de superhéroes de centrarse en historias de origen, que era precisamente lo que relantizaba la primera entrega. Y como aquí el de Iron Man ya está establecido, son muchos los minutos de su metraje los que se dedican a contarnos la historia del villano, Látigo (un Mickey Rourke adecuado en un personaje que no queda del todo bien dibujado), minutos que lastran bastante, sobre todo en la primera mitad de la película. Habrá quien también vea lentitud en muchos tramos de la película, pero a mí más me parecen elementos de cohesión entre las dos entregas de Iron Man y, sobre todo, con el resto de ese ya mencionado Universo Marvel cinematográfico.

Y es que muchas de las novedades (y elementos ya vistos, aunque fuera de pasada en la primera, como el escudo que usará el Capitán América; todo un toque de irreverencia el uso que se le da en ésta) que aporta Iron Man 2 parecen pensadas para expandir ese universo. El Nick Furia de Samuel L. Jackson tiene aquí más metraje que en la primera película por eso, porque se está gestando la película de los Vengadores. La introducción de la Viuda Negra de Scarlett Johansson tiene también esa razón de ser, además de introducir el nombre de otra estrella en el reparto. La actriz, por cierto, confirma que, hoy por hoy, es más una imagen de marca que una intérprete. No es que falle su personaje (mucho más breve de lo que sugiere que uno de los elementos más publicitados haya sido su traje ajustado de cuero negro), es que ella parece conformarse con exhibir una incuestionable imagen sexy y bordar la escena de acción que se le presenta (una escena, por cierto, rodada de forma magnífica por Jon Favreau, quien ya en la primera parte demostró un gran estilo como realizador de acción eludiendo la confusión en pantalla que suele dominar este género).

La mejora de la secuela con respecto al original se nota en su espectacularidad. Lo más decepcionante de Iron Man, seguro que por falta de medios para aumentar su escala, era su clímax. Aquí el avance es considerable, porque se trata de un magnífico enfrentamiento final dividido en tres segmentos (el peor de ellos, por desgracia para el personaje de Rourke, el último), intercalado con una segunda acción paralela muy bien montada. Es aquí donde destaca la novedad de este filme que parece propia de esta saga y que no tendrá protagonismo en los Vengadores (aunque todo es posible): Máquina de Guerra. Don Cheadle sustituye (y mejora) a Terrence Howard como James Rhodes. La presencia de dos armaduras en la parte final del filme aumenta el espectáculo, un tanto digital a veces pero lleno de diversión en todo momento (y muy bien planteado por su director, intercalando planos de los rostros dentro de la armadura con la acción). Gwyneth Paltrow repite papel y sensaciones con respecto a la primera entrega, bien pero quizá algo desaprovechada.

Una parte importante de esta saga es el humor, muy presente de nuevo en la secuela (incluyendo, una vez más, el impagable cameo del creador del personaje, Stan Lee; buscadle después de la presentación de Iron Man en la Expo Stark), pero no por ello se desprecian elementos más dramáticos o trascedentes (quizá lo más endeble sea la conexión de Tony Stark con su padre), lo que hace de Iron Man 2 un magnífico ejemplo de cine espectáculo, un modelo para futuras películas que busquen objetivos similares, un cine de cómic espléndido y un título muy recomendable para introducir al público en ese género, una cinta de acción con un ritmo y una elegancia que ya quisieran títulos con mucha mayor reputación, dos horas de puro entretenimiento. Y que sean algo más de dos horas, porque quien se vaya antes del final de los títulos de crédito, como ya sucedió en la primera entrega, se perderá la última escena del filme... que invita directamente a seguir inmerso en el Universo Marvel. Y larga vida a ese universo mientras produzca películas como ésta.

domingo, octubre 19, 2008

Me gusta el plan de Marvel

Quienes en su día se quedaron en el cine a ver los títulos de crédito completos de Iron Man, o quienes tengan ya la película en DVD, pudieron ver una escena en la que Samuel L. Jackson, interpretando a Nick Furia, el líder de SHIELD, le hablaba a Tony Stark del Proyecto Vengador. Era la muestra más evidente de que las últimas películas basadas en superhéroes de Marvel Comics iban a introducir una nueva variante en el cine moderno. Se estaba consolidando la creación de un universo cinematográfico interconectado, tal y como están las vidas de esos personajes en el cómic. En la misma Iron Man había una segunda muestra que pasó bastante más desapercibida:

Si os fijáis en la pantalla que hay debajo del brazo derecho de Tony Stark, lo que se ve es un diseño del escudo del Capitán América. Sin duda, una elegante manera de preparar el terreno para el cada vez más cercano salto a la gran pantalla del héroe más patriótico de Marvel. Pero es que el plan tenía un nuevo paso que todavía no habíamos visto. En la edición en DVD de El increíble Hulk se podrá ver un comienzo alternativo de la película que Bruce Banner (Edward Norton) se va al Ártico con la intención de acabar con su vida y poner fin a su pesadilla. Antes de que logre su objetivo, se transforma en Hulk y éste sale de allí con uno de sus poderosos saltos. Su fuerza provocará que se rompa el hielo y deje al descubierto una conocida figura que se puede intuir en la imagen de abajo.

Además de la secuela de Iron Man (en la que su director, Jon Favreau, ya ha adelantado que SHIELD tendrá protagonismo... lo que apunta a que veremos más al Nick Furia de Samuel L. Jackson) y la esperada adaptación de Thor (proyecto que ahora parece estar en manos de ¡¡¡Kenneth Branagh!!!), el siguiente filme Marvel a estrenar dentro de este magnífico plan será precisamente Capitán América, que contará con el sugerente subtítulo de First Avenger (El primer Vengador). No hay todavía director ni protagonista para este filme, cuyo estreno está previsto para 2011, pero ya se sabe que el guión situará la historia en sus orígenes: en la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, lo más normal es que veamos el enfrentamiento original con el nazi Craneo Rojo, que finaliza con el accidente que deja al Capitán América enterrado en el hielo, en animación suspendida y a la espera de revivir en nuestros días.
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Con Iron Man, Hulk, Thor y Capitán Ameríca, Marvel dará el siguiente paso en la evolución, la película sobre los Vengadores con la que tanto tiempo llevan soñando los fans. La idea es hacerla con los mismos actores que las películas de cada héroe individual, lo que dará una cohesión al Universo Marvel cinematográfico (Marvel ya fue la primera casa en crear en el mundo del cómic el concepto de universo para todos sus personajes, que hasta entonces vivían sus aventuras en solitario y sin influir en los demás) nunca vista hasta ahora en las adaptaciones al cine de cualquier cómic. DC planeó una adaptación de la Liga de la Justicia (ahora congelada, si no definitivamente cancelada) en la que, por motivos económicos, no pensaba contar con Christian Bale como Batman ni Brandon Routh como Superman. El plan de Marvel, además de dotar de una calidad interpretativa al proyecto, es mucho más sugerente que el de DC. Yo ya me estoy frotando las manos...

jueves, mayo 01, 2008

'Iron Man', un cómic espléndido y muy convincente

Cualquier aficionado al cómic siente reacciones encontradas cuando se anuncia que un personaje va a tener adaptación cinematográfica. Por un lado, sabe que puede ser un sueño hecho realidad, ver a personajes que ha visto cientos de veces en la viñeta trasladados a la gran pantalla. Pero, por otro lado, sabe que si se hace mal puede ser una auténtica pesadilla. Entre las películas que gustaron se cuentan Spider-Man, Batman Begins o X-Men. Entre las sencillamente olvidables para el común de los espectadores e incluso para muchos de los fans, por mucho cariño que se le pueda tener a los personajes, figuran Elektra, Catwoman o Los 4 Fantásticos. Iron Man es el primer superhéroe que llega a los cines este año (los próximos, Hulk y Batman, ambas secuelas). Y el resultado es sencillamente espléndido.
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No deja de ser curioso que Iron Man lleve años gestándose como una película de cómic light, sin demasiadas pretensiones que superen el entretenimiento durante dos horas, y muy por debajo de las expectativas generadas por otras sagas superheróicas. Poco a poco, y según se iban viendo imágenes fijas y en movimiento de la película, fue llamando más la atención. Y si no fuera porque las expectativas en The Dark Knight (me niego por el momento a llamarla El Caballero Oscuro, como ya han adelantado los trailers que se traducirá en España), me atrevería a decir que es la mejor adaptación de un cómic de superhéroes que se ha hecho en bastante tiempo, muy por encima de otros productos surgidos de Marvel Comics como Daredevil, Hulk (ojalá la secuela supere al aburrido original) o Ghost Rider, y probablemente al mismo nivel de las películas iniciales de sagas como Spider-Man o X-Men.
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Con lo que conozco de la mitología de Iron Man (que, tengo que reconocerlo, no es demasiado), la película se presenta como una adaptación tremendamente fiel (quizá demasiado similar a la primera mitad de la película de animación que se hizo del héroe hace sólo un año, The invincible Iron Man). Se cambia la guerra de Vietnam por Afganistán (siempre he considerado importante que un cómic tenga los pies en una realidad histórica; no hay motivo para tener como única referencia cinematográfica de Vietnam joyas del cine como El cazador, o de Afganistán títulos como Leones por corderos), pero pocos cambios más hay. Y las dos horas de la película que dirige Jon Favreau (el abogado amigo del alter ego de Daredevil en la película homónima) se convierten así en una modélica historia iniciática del personaje.
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Ese puede ser el punto más débil de la película, que, como todo título del género de superhéroes, se centra en el nacimiento del héroe. Para quien conozca la historia puede ser algo largo el devenir de los acontecimientos (como suele ser habitual en este subgénero, Iron Man como todos lo conocemos no aparece hasta la segunda hora de metraje) pero está claro que el objetivo es que toda la audiencia se familiarice con todo el universo del personaje para fidelizarla de cara a próximas películas. Porque seguro que habrá secuela, algo que queda convenientemente preparado a lo largo de la película(impagable el comentario que hace junto a uno de los prototipos de la armadura Jim Rhodes, interpretado por Terrence Howard... o el final tras los títulos de crédito, del que luego digo algo más).
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El gran acierto de esta película es el cásting. De largo. ¿Por qué? Porque continúa, con el mayor acierto posible, la línea abierta por Tim Burton cuando escogió a un actor como Michael Keaton para dar vida a Batman. El superhéroe cinematográfico no tiene por qué ser un actor hipermusculoso de 23 años. No todos los superhéroes son iguales y Iron Man es de los más diferentes en ese sentido. Tony Stark, el hombre que se enfunda la armadura, es antes de ser superhéroe un playboy millonario, amante de la bebida, de las mujeres y de la buena vida, empresario del sector armamentístico y un hombre sin más principios que disfrutar del momento. ¿Encaja ahí una estrella hollywoodiense pletórica de juventud? Desde luego que no. ¿Encaja Robert Downey Jr.? Como un guante. Brillante trabajo del actor que descubrí dando vida a Chaplin en el cine hace ya 16 años, muy bien secundado por Jeff Bridges (Gwyneth Paltrow parece más perdida en este universo de cómic).
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Los efectos especiales son formidables, hasta el punto de que ya empieza a ser una tarea para auténticos expertos diferenciar los planos reales de los que se han realizado por ordenador. La dirección de Favreau, elegante y sin estridencias, ayuda a que el mundo real y el digital se integran de maravilla. Las escenas de acción están perfectamente calculadas y planificadas. No son muchas (y eso se debe, insisto, al enfoque iniciático; la secuela seguro que tendrá bastante más movimiento) pero sí muy eficaces, como casi todo lo que se ve en la pantalla. Quizá lo más convencial sea el climax final, pero hay que reconocer que a todo aficionado al personaje se le va a caer la baba, literalmente, la primera vez que vea en movimiento la armadura roja y dorada del protagonista.
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El humor está muy presente, inteligentemente insertado, y eso permite que sea una película espléndida para los aficionados más jóvenes (tiene la calificación de no recomendada para menores de siete años, y estoy de acuerdo, los niños mayores la disfrutarán muchísimo). El momento más divertido, no podía ser otro, es el cameo del gran Stan Lee, creador del personaje en las viñetas. Lee nos sigue deleitando con sus apariciones en las películas basadas en héroes de Marvel Cómics. El cameo en Iron Man es uno de los mejores que ha protagonizado, quizá el mejor junto con su memorable aparición en Los 4 Fantásticos y Silver Surfer. Otro guiño al cómic que no todo el mundo entederá es el nombre del ordenador con el que interactúa Tony Stark (que no es otro que Jarvis, en los cómics originales el nombre del mayordomo de la mansión de los Vengadores).
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Y otro cameo más de especial importancia es el que cierra la película, después de los títulos de crédito, del que no doy más detalles para no reventar la sorpresa (eso sí, si queréis saber de qué personaje y actor se trata, podéis verlo aquí). La insensatez generalizada de no esperar hasta el final me ha convertido en el único espectador en mi sesión que ha visto el formidable cierre de Iron Man. Avisados quedáis, no salgáis de la sala hasta el final, porque si no habréis dilapidado algún que otro centimo del carísimo precio de la entrada. Jamás un final de una película había abierto tanto la puerta a todo un mundo de posibilidades para el aficionado al mundo del cómic...
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En resumen, Iron Man es una de las mejores adaptaciones de cómic Marvel que se han hecho hasta la fecha. Y hay unas cuantas bastante buenas ya. Un poco más de dos horas de sincero y honesto entretenimiento que divertirá a jóvenes y mayores, a aficionados a este universo y debutantes en la materia.