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jueves, abril 30, 2015

'Vengadores. La era de Ultrón', el mayor espectáculo superheroico de la historia... por segunda vez

Cuando Joss Whedon estreno Los Vengadores en 2012 se ganó todos los elogios posible, y con razón. En aquel momento era imposible hacer algo más grande, más satisfactorio para el aficionado y más espectacular. Han pasado tres años y llega Vengadores. La era de Ultrón, colofón a la fase dos del universo cinematográfico de Marvel, y las sensaciones son las mismas. Por imposible que parezca, Joss Whedon lo ha vuelto a hacer. Ha filmado el mayor espectáculo superheroico de la historia, por segunda vez en su carrera. La era de Ultrón es un filme gozoso de principio a fin, casi un clímax continuo con unos niveles de épica extraordinarios, con un desarrollo increíblemente sutil no ya de sus personajes, construidos con mimo, sino de todo ese universo que se ha ido tejiendo desde que Iron Man abrió esta singular y pionera aventura cinematográfica de la que Whedon ha sacado lo más grande con una categoría extraordinaria y un conocimiento sublime de los personajes y de lo que podía sacar de cada uno de ellos.

Resulta inevitable preguntarse cuál de las dos películas de los Vengadores es mejor, y la respuesta más acertada sería que ninguna. Lo que consigue La era de Ultrón es recrear las mismas sensaciones de emoción que generó el filme original, pero en espectadores con tres años más de experiencia en este riquísimo universo. Todo lo bueno de Los Vengadores está en La era de Ultrón, incluyendo un clímax memorable cuyo único enemigo es el marketing que ha desvelado demasiado en los trailers. Y todo lo malo de la primera entrega se intenta corregir. Eso puede provocar defectos nuevos, no es cuestión de decir que estamos ante una película perfecta (y que no lo es se puede ver, por ejemplo, en un personaje secundario presentado previamente y que tiene un indudable sabor a decepción, o en la forma en la que se prescinde del final de una de las películas de este universo), pero el sentido del entretenimiento y de la diversión que exprime Whedon en cada secuencia es tan memorable que cualquier pequeño fallo se disculpa con facilidad.

Whedon es quien más partido ha sacado de un reparto que ya funcionaba a la perfección en las películas individuales. Por ejemplo, La era de Ultrón es, por segunda vez, el filme definitivo de Hulk sin que el alter ego verdoso de Bruce Banner sea su protagonista. Pero sabe tanto Whedon de Marvel y también de cine que al mismo tiempo la introducción de los nuevos personajes es magnífica. Ultrón es un villano a la altura, pero la función se la llevan la Bruja Escarlata que interpreta Elizabeth Olsen y la Visión de un físicamente muy sorprendente Paul Bettany. ¿Cuántas películas basadas en cómics han tenido resultados nefastos por no saber administrar un número de personajes elevados? Pues La Era de Ultrón tiene nada menos que una docena de personajes centrales, más de una quincena de personajes Marvel con los que hay que satisfacer al aficionado y, al mismo tiempo, crear una historia coherente. Incluso Thor, que tiene aquí menos protagonismo que en la entrega anterior, está sensacionalmente descrito con elementos puramente narrativos y nunca de cara a la galería, plantando semillas que, seguro, se verán nacer en Thor. Ragnarok.

El festival de efectos especiales tiene algún momento demasiado digital, sobre todo en la brillante escena inicial (recordatorio, por cierto, de uno de los grandes momentos del clímax de Los Vengadores), pero la acción está tan increíblemente bien orquestada que acaba dando igual. La historia, escrita con sutileza, deja incontables guiños para el aficionado, bien de esta serie cinematográfica o bien de los tebeos (por supuesto, entre ellos está un memorable cameo más de Stan Lee, o la inevitable escena que aparece tras los primeros créditos, de nuevo para poner los dientes largos), y Whedon deja su sello tanto en la bellísima construcción de los personajes como en el constante humor que introduce y que no entorpece en absoluto el drama que hay en el filme. Porque son superhéroes, y su objetivo es entretener al público, pero también están ahí para salvar el mundo y contarlo de una forma humanamente realista como ha hecho Whedon exige una capacidad emocional muy intensa. Así, lo peor de La era de Ultrón no es otra cosa que saber que Whedon no estará para Infinity War, la tercera película del grupo. Porque estas dos son bestiales.

jueves, abril 26, 2012

'Los Vengadores', el mayor espectáculo superheroíco de la historia

Hay quien piensa que las expectativas, sobre todo cuando son muy elevadas, son un mal compañero de butaca en el cine. Que si se piensa que lo que vamos a ver es grandioso, nada de lo que se nos ofrezca estará a la altura de lo que deseamos ver. Si tú, amigo lector, piensas así cuando vas a ver una película y te fías, aunque sea mínimamente, de las opiniones que suelo plasmar aquí, igual no te conviene seguir leyendo lo que tengo que decir de Los Vengadores. Porque, y ya lo dejo claro desde el principio, estamos ante el mayor espectáculo de superhéroes que se ha realizado nunca y ante una de esas películas que se convierten en un modelo a seguir durante décadas, como en su momento lo fue el Superman de Richard Donner para contar el origen de un héroe de cómic o El Caballero Oscuro para narrar su vertiente más oscura y realista. Los Vengadores triunfa a todos los niveles porque es imposible hacer esta película con un mayor cariño hacia los personajes y hacia un tipo de cine, el blockbuster hollywoodiense, a menudo demasiado despreciado. Yo, que no lo desprecio, sólo puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto en una sala de cine.

Conocidos los cinco antecedentes de Los Vengadores, el primer triunfo de Joss Whedon a la hora de encarar esta película está en que no son en absoluto necesarias para comprender este filme. Sí, por supuesto, para saber más sobre los personajes que van a acompañarnos durante casi dos horas y media gozosas de principio a fin. Quizá la más necesaria en ese sentido sea Thor, más que nada debido a que el villano de la función (como en el cómic que dio origen de Los Vengadores) sea Loki, e incluso Capitán América. El primer Vengador para saber algo más de la naturaleza del artefacto que sirve de excusa argumental al filme. Pero Whedon se las ingenia para montar una estructura lógica y asumible. Es cierto que hay pequeños fallos de continuidad con las películas anteriores (¿cómo vuelve Thor a la Tierra?) e incluso que la premisa argumental es algo débil, pero llegados al final de la película son detalles nimios en comparación con el divertimento salvaje que ofrece, pues casi hay más acción aquí que en las cinco ya mencionadas juntas.

Porque Whedon lo que hace es coger lo mejor de cada una de las películas anteriores, mezclarlo con su innata capacidad de gestionar repartos con muchos nombres (siempre recomendaré en ese sentido su tristemente breve serie Firefly, un prodigio televisivo que no tuvo suerte en su momento y que en España es muy desconocido) e introducirle las dosis justas de sentido del humor (una constante en la película) y, por supuesto, de épica. Porque no hay otro adjetivo mejor para calificar el clímax de la película, salvaje, intenso, gigantesco, modélico en todos los aspectos. En él da tiempo a construir a los personajes psicológica y visualmente y también a dar un curso de cine. Es impagable el plano secuencia con el que Whedon muestra, a una velocidad trepidante, cómo luchan los Vengadores como equipo. Ese momento pasa desde ya a los anales de la historia del cine de fantasía y ciencia ficción. Sobra decir que los efectos especiales son impresionantemente buenos, y que convierten a la Viuda Negra en una acróbata descomunal, a Ojo de Halcón en el arquero que debe ser, a Hulk en la imparable fuerza de la naturaleza que tiene que ser o a Thor en un auténtico semidios.

Pero no está ahí, en la excelencia visual, lo que hace de Los Vengadores algo único. Eso tan especial es el alma que tiene la película. Los seis héroes tienen su momento de gloria, al menos uno que hable de la capacidad que han tenido estos personajes para enamorar a tantos aficionados durante cinco décadas. Y, seguramente, está aquí la mejor versión de todos ellos, mejor que lo que les hemos visto hasta ahora, pensemos que es bueno o no tan bueno. Si hay uno que mejora de forma exponencial, ese es Hulk. Y si no me creéis, no tenéis más que ver todo su papel en la batalla final por las calles de Manhattan pero, sobre todo, su irrupción en la misma. Es de esos momentos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda mientras piensas que, por fin, alguien ha entendido a un personaje casi siempre maltratado por sus versiones de carne y hueso. Pero no es el único. Es que está todo en la película, todo lo que cabe esperar de ella y del desarrollo de sus protagonistas. De los humanos y de los inmateriales. Que levante la mano el aficionado Marvel que no se emocione al ver el Helitransporte de SHIELD por primera vez. O que no sonría en el inevitable y como siempre divertidísimo cameo del creador del Universo Marvel en los cómics, el mítico Stan Lee.

La mayor sorpresa que esconde esta película, con respecto a cómo probablemente mucha gente se ha imaginado que podría ser, es la gran cantidad de momentos cómicos que reúne. Whedon se acerca a la delgadísima línea que separa una película divertida de una ridícula, precisamente porque abundan los momentos para reír. Pero siempre se queda en el lado bueno de la frontera. Esa comicidad, ese saber reírse de lo que el director tiene entre manos, es lo que le ha faltado a muchas adaptaciones de cómic. Aquí nada sobra, nada suena extraño. Y qué decir de los actores. Este Universo Marvel cinematográfico cuenta con un casting brutal. La socarronería de Robert Downey Jr. como Iron Man, la grandeza de Chris Evans como Capitán América, la calculada ambigüedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner y como Hulk, la clara mejoría de Scarlett Johansson como Viuda Negra con respecto a Iron Man 2, el misterio que aporta Jeremy Renner a Ojo de Halcón, la planta imponente de Samuel L. Jackson como Nick Furia, lo maquiavélico que puede ser Tom Hiddleston como Loki, la ironía de Clark Gregg como el agente Coulson y la seriedad de Cobie Smulders como la agente Hill son sencillamente brillantes.

Los Vengadores es una montaña rusa desde el principio. Es evidente que cuando se pone toda la carne en el asador es en su descomunal batalla final, pero todas las secuencias de acción son impactantes. Todas, sin excepción. Y sus bromas son divertidas, igualmente sin excepción. Es un sueño hecho realidad. Y cuando uno está pensando que no hay nada que pueda hacer de Los Vengadores una película más espectacular, satisfactoria, gozosa y entretenida, llega el epílogo que Joss Whedon ha incluido y del que hay que ser un insensato para revelar nada, aunque es verdad que sólo los fans de Marvel lo comprenderán en toda su magnitud. Y, una vez entendido y asumido, sólo queda comportarse como un fan hambriento de más y desear que llegue ya, cuando antes Los Vengadores 2. Eso sí, después de haber saboreado en el cine en más de una ocasión este audaz vehículo de hacer felices a quienes hemos leído cómics de superhéroes durante años y de ofrecer un sincero gran rato a quienes no conozcan de nada a estos personajes. Una joya a día de hoy inigualable. Sin más y sin complejos.

martes, abril 10, 2012

Antes de 'Los Vengadores'...

Hay que retroceder hasta los años 60 del siglo pasado para conocer el origen de los superhéroes de Marvel Comics. Uno de los aspectos más novedosos que introdujeron, además de ser personajes realistas con problemas con los que se pudieran identificar los lectores (más allá, obviamente, del toque fantástico que sus superpoderes daban a las historias), fue el concepto de universo. Todos estos personajes vivían en el mismo universo, interactuaban, sus vidas y sus aventuras se cruzaban con naturalidad en las diferentes colecciones. Lo que hoy parece tan evidente y cotidiano, en los años 60 era un terreno inexplorado y novedoso. Las películas que llevamos viendo desde 2008 y que ahora confluirán en Los Vengadores, de Joss Whedon, han heredado ese mismo concepto. Y eso, al margen de la mayor o menor calidad de las películas (que a mí me parece notable), es un concepto que está ayudando a escribir la historia de las superproducciones hollywoodienses de nuestros días, porque nadie hasta ahora lo había hecho. Son cinco los títulos que merece la pena ver antes de afrontar la reunión de sus personajes en Los Vengadores.
· Iron Man (2008)
Robert Downey Jr. es el perfecto Tony Stark. Socarrón, aventurero, cínico y atractivo. Jon Favreau, director de esta película inaugural del Universo Marvel cinematográfico, supo sacar todo el jugo a una interpretación logradísima y que ya forma parte de los cánones del personaje por derecho propio. Iron Man se convirtió en un magnífico espectáculo superheroíco, apto para todos los públicos, incluso para los que no conozcan el cómic, gracias al carisma de su protagonista, una buena historia, una lograda atmósfera y unos espléndidos efectos visuales que nunca se superponen a la historia. Del resto se encarga el actor protagonista. Quizá el punto menos positivo de la película es el que sufren todas las películas de estas características, que siempre optan por contar el origen del personaje y eso lastra la narración en algunos momentos. Pero es tan entretenida que, al final, ni se nota.
· El increíble Hulk (2008)
Aunque Hulk (2003) es una película apreciada en algunos sectores, Ang Lee fracasó al llevar a la vida al personaje. A la hora de retomar la historia, El increíble Hulk se planteó desde el inicio con la intención de que el gigante verde tuviera una adaptación digna en la gran pantalla. Y se consiguió. Louis Leterrier no es precisamente un artesano, pero supo insuflar vida a un efecto digital con la ayuda de un muy buen trabajo de Edward Norton (será el gran ausente de Los Vengadores, sustituido por Mark Ruffalo a causa de eso que llaman en Hollywood diferencias creativas) y encajarlo en una historia atractiva y conseguida. La clara apuesta por la acción, sin dejar de lado en todo caso los aspectos más humanos de Hulk, fue un acierto. La lucha final entre Hulk y Abominación fue un más que digno colofón a una película que, quizá siendo la más floja y la más desconectada de todas las que confluyen en Los Vengadores, rozó el notable.
· Iron Man 2 (2010)
Jon Favreau repitió en la dirección de la secuela de Iron Man. Por un lado, acertó al proponer más espectáculo, ya libre de las ataduras inherentes a la narración del origen del personaje. Por otro, falló en la elección de los villanos. El principal, Mickey Rourke no termina de ser un enemigo convincente ni ofrece un clímax lo suficientemente espectacular. Con poco metraje, la inclusión de Scarlett Johansson como la Viuda Negra pareció más una introducción a Los Vengadores que una necesidad narrativa. Pero Robert Downey Jr. sigue siendo el mayor acierto de cásting de las películas Marvel y se echa la película a sus espaldas en todo momento. El resultado, en cualquier caso, es de nuevo un entretenidísimo espectáculo, quizá levemente por debajo del original. En el crecimiento del universo Marvel que ofrece se agradece la inclusión de Máquina de Guerra y detalles sobre el padre de Tony Stark, que después jugaría un papel importante en Capitán América. Por si alguien lo dudaba, era la prueba de que Los Vengadores estaba sobre la mesa.
· Thor (2011)
De estas cinco películas, Thor es quizá la que merece el juicio más ambiguo. Es, probablemente, la que más mimbres tenía para ser una gran película que trascendiera el género de superhéroes, pero Kenneth Branagh sólo consigue dar los pasos necesarios en el primer tercio de la película, el que se desarrolla en los mundos mágicos de los dioses de Asgard. Chrish Hemsworth, sin demostrar grandes dotes como actor, es un gran acierto de casting para dar vida a Thor, al igual que Anthony Hopkins y Tom Hiddleston (que volverá en Los Vengadores) en los papeles de Odín y Loki. Branagh falla en muchos momentos del camino del héroe en la Tierra, con la inclusión de una anodina Natalie Portman y un duelo final contra el Destructor que resultó algo pobre. Al resto de la película le faltó la espectacularidad de aquellas primeras escenas ymontaje final muestra un extraño ritmo que sitúa el pico climático al comienzo y no al final. La recreación de Asgard es notable y también la breve introducción de Ojo de Halcón.
· Capitán América (2011)
Chris Evans ya había sido la Antorcha Humana en las películas de Los 4 Fantásticos y eso suscitó dudas sobre su capacidad de interpretar a Steve Rogers, el más patriótico de los superhéroes. Pero lo consiguió, ayudado por unos fantásticos efectos visuales que hicieron creíble su transformación de tipo enclenque a supersoldado. Joe Johnston elaboró un magnífico espectáculo, entretenido en todo momento, con una ambientación de época formidable y un innegable tono aventurero, además de notables escenas de acción. Hugo Weaving, en un espléndido reparto de secundarios, es un Cráneo Rojo de categoría. Como Thor, que fuera en 3D supuso un añadido innecesario. Si hay una película necesaria antes de ver Los Vengadores, esa es sin duda Capitán América. Que su subtítulo sea El primer Vengador es la pista más clara. Su metraje está lleno de referencias a este Universo Marvel que se viene construyendo desde 2008.
· El Universo Marvel
Hay dos elementos que han servido para crear ese concepto de universo también en el cine. El primero, las escenas que sirven como epílogo a todas estas películas, y que tienen como protagonista a Nick Fury, interpretado por Samuel L. Jackson. En ellas se han ido introduciendo vínculos y motivos argumentales de cara a Los Vengadores, desde la que abrió la puerta a todo este universo en Iron Man (en la que da la sensación de que no estaba del todo claro cómo iba a hacerse Los Vengadores) hasta la de Capitán América, que añadía, de hecho, el primer trailer de la película que dirige Joss Whedon. El segundo son los cameos de Stan Lee, el padre del Universo Marvel en el cómic. Este detalle no es exclusivo de las películas que desembocan en Los Vengadores (también aparece en las películas de otros de los personajes que creó, como Spider-Man Los 4 Fantásticos o X-Men), pero ayuda a darle esa mayor cohesión desde el punto de vista del aficionado, que no narrativamente puesto que siempre interpreta a personajes diferentes.