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jueves, abril 30, 2015

'Vengadores. La era de Ultrón', el mayor espectáculo superheroico de la historia... por segunda vez

Cuando Joss Whedon estreno Los Vengadores en 2012 se ganó todos los elogios posible, y con razón. En aquel momento era imposible hacer algo más grande, más satisfactorio para el aficionado y más espectacular. Han pasado tres años y llega Vengadores. La era de Ultrón, colofón a la fase dos del universo cinematográfico de Marvel, y las sensaciones son las mismas. Por imposible que parezca, Joss Whedon lo ha vuelto a hacer. Ha filmado el mayor espectáculo superheroico de la historia, por segunda vez en su carrera. La era de Ultrón es un filme gozoso de principio a fin, casi un clímax continuo con unos niveles de épica extraordinarios, con un desarrollo increíblemente sutil no ya de sus personajes, construidos con mimo, sino de todo ese universo que se ha ido tejiendo desde que Iron Man abrió esta singular y pionera aventura cinematográfica de la que Whedon ha sacado lo más grande con una categoría extraordinaria y un conocimiento sublime de los personajes y de lo que podía sacar de cada uno de ellos.

Resulta inevitable preguntarse cuál de las dos películas de los Vengadores es mejor, y la respuesta más acertada sería que ninguna. Lo que consigue La era de Ultrón es recrear las mismas sensaciones de emoción que generó el filme original, pero en espectadores con tres años más de experiencia en este riquísimo universo. Todo lo bueno de Los Vengadores está en La era de Ultrón, incluyendo un clímax memorable cuyo único enemigo es el marketing que ha desvelado demasiado en los trailers. Y todo lo malo de la primera entrega se intenta corregir. Eso puede provocar defectos nuevos, no es cuestión de decir que estamos ante una película perfecta (y que no lo es se puede ver, por ejemplo, en un personaje secundario presentado previamente y que tiene un indudable sabor a decepción, o en la forma en la que se prescinde del final de una de las películas de este universo), pero el sentido del entretenimiento y de la diversión que exprime Whedon en cada secuencia es tan memorable que cualquier pequeño fallo se disculpa con facilidad.

Whedon es quien más partido ha sacado de un reparto que ya funcionaba a la perfección en las películas individuales. Por ejemplo, La era de Ultrón es, por segunda vez, el filme definitivo de Hulk sin que el alter ego verdoso de Bruce Banner sea su protagonista. Pero sabe tanto Whedon de Marvel y también de cine que al mismo tiempo la introducción de los nuevos personajes es magnífica. Ultrón es un villano a la altura, pero la función se la llevan la Bruja Escarlata que interpreta Elizabeth Olsen y la Visión de un físicamente muy sorprendente Paul Bettany. ¿Cuántas películas basadas en cómics han tenido resultados nefastos por no saber administrar un número de personajes elevados? Pues La Era de Ultrón tiene nada menos que una docena de personajes centrales, más de una quincena de personajes Marvel con los que hay que satisfacer al aficionado y, al mismo tiempo, crear una historia coherente. Incluso Thor, que tiene aquí menos protagonismo que en la entrega anterior, está sensacionalmente descrito con elementos puramente narrativos y nunca de cara a la galería, plantando semillas que, seguro, se verán nacer en Thor. Ragnarok.

El festival de efectos especiales tiene algún momento demasiado digital, sobre todo en la brillante escena inicial (recordatorio, por cierto, de uno de los grandes momentos del clímax de Los Vengadores), pero la acción está tan increíblemente bien orquestada que acaba dando igual. La historia, escrita con sutileza, deja incontables guiños para el aficionado, bien de esta serie cinematográfica o bien de los tebeos (por supuesto, entre ellos está un memorable cameo más de Stan Lee, o la inevitable escena que aparece tras los primeros créditos, de nuevo para poner los dientes largos), y Whedon deja su sello tanto en la bellísima construcción de los personajes como en el constante humor que introduce y que no entorpece en absoluto el drama que hay en el filme. Porque son superhéroes, y su objetivo es entretener al público, pero también están ahí para salvar el mundo y contarlo de una forma humanamente realista como ha hecho Whedon exige una capacidad emocional muy intensa. Así, lo peor de La era de Ultrón no es otra cosa que saber que Whedon no estará para Infinity War, la tercera película del grupo. Porque estas dos son bestiales.

viernes, mayo 09, 2014

'Snowpiercer (Rompenieves)', apocalíptico atrevimiento que flaquea al final

En las historias apocalípticas, el factor determinante para su éxito está en el atrevimiento. Snowpiercer (Rompenieves) es terriblemente atrevida, dicho ese "terriblemente" como muestra del enorme disfrute, de la sobresaliente intriga, de la brutal (y cambiante) puesta en escena y del más que importante y descarnado análisis social a muchos niveles que hay en sus dos primeros actos. Pero Bong Joon-ho, director del filme, no termina de sacar el mismo jugo al tercer acto, a su clímax. Es igualmente valiente, incluso brillante en algunos instantes, pero es ahí donde queda la sensación de que la película se le ha escapado ligeramente de las manos, es donde pesa el exceso de duración (126 minutos acaban siendo demasiados). Ese ligero descenso no impide que el resultado final sea muy satisfactorio, pero si priva a la película (la más cara de la historia del cine surcoreano, y se nota aún a pesar de algunos efectos digitales algo convencionales) de convertirse en un clásico instantáneo, algo que roza durante muchos momentos de su turbadora historia, que a pesar de que es un detalle que no se destaca está basada en un cómic francés que se editó en España en 2006.

Es, algo obvio nada más conocer la sinopsis, una película enfocada a un gran final. El mundo se ha congelado por la acción del hombre (y no hace falta mostrarlo, brillante y minimalista prólogo culminado por la primera gran nota de la sobresaliente partitura de Marco Beltrami), la humanidad ha desaparecido, a excepción de unos pocos supervivientes que viajan a bordo de un tren en continuo movimiento. Dentro del tren, hay clases. Y la clase más baja está descontenta en la cola del tren, que es donde habita. La película es, por tanto, la historia de una revolución que busca alcanzar el primer vagón del tren, la máquina, y revertir el orden social. Pero la clase baja, y los espectadores con ella, desconocen que hay más allá de cada puerta que se atraviesa. La película impacta en cada microuniverso que plantea, en cada secuencia que ofrece, en cada sacudida a las entrañas con los que construye el viaje. Y se plantea, efectivamente, como un viaje que necesita un final a la altura.

Lo tiene, porque la historia, al menos en un resumen aséptico, es casi perfecta, incluso admitiendo el altibajo cinematográfico que hay en su clímax. Por supuesto, es obligado prescindir de algo de lógica en el planteamiento inicial (¿un tren dando vueltas sin parar?), pero cómo lo plasma Joon-ho es una delicia. Oscuro cuando es necesario, dramático cuando lo pide la historia, destacando el carisma de unos personajes muy bien definidos y muy bien interpretados, tanto los actores más conocidos por el espectador occidental como los dos coreanos que se cuelan en la película. Pero como es un viaje, una vez alcanzado el destino la película pierde fuerza. Es difícil decir por qué, dado que en esa escena se produce la aparición de un personaje magnífico que es mejor no desvelar, pero el interés general decae. Los buenos elementos para hacer algo mejor están ahí, pero Joon-ho da demasiadas vueltas sobre las mismas ideas, alarga demasiado un clímax que ha llegado ya antes a su cúspide emocional y no cierra la película con la misma brillantez con la que la ha conducido hasta ahí.

En la forma de rodar se deje sentir que, aunque esté rodado en buena parte en inglés y con un reparto hollywoodiense, es una película surcoreana. Hay una hermosa mezcla entre influencias muy dispares. Encaja en una ciencia ficción europea (la del cómic de origen, la que invita a pensar en Jodorowsky o Moebius), en un cine asiático del que es representante y en ciertos aspectos del cine de ciencia ficción norteamericano más rompedor (sin pensar en conexiones argumentales, es imposible no pensar en Dark City o District 9). Impacta el planteamiento y cómo se va convirtiendo en realidad ante los ojos del espectador. Impacta el carisma de un Chris Evans que, sin ser un actor excepcional, convence en este cambio de registro, pero también el oficio que aportan una enorme Tilda Swinton que esquiva la caricatura con solemnidad, una emocional Olivia Spencer, un siempre notable John Hurt y un muy adecuado Jamie Bell. Y sobre todo impresiona el viaje que plantea el filme. Porque eso es Snowpiercer, un viaje a lo más oscuro del ser humano, como ha de serlo cualquier historia que quiera ser buena ciencia ficción. Una brillante sorpresa.

viernes, marzo 28, 2014

'Capitán América. El Soldado de Invierno', Marvel en su punto más poderoso

Desde hace ya algunos años, Marvel ha encontrado un extraordinario camino para desarrollar su franquicia cinematográfica. Los Vengadores fue la culminación de una idea, la del universo compartido, que no se había hecho antes en el cine y que ya fue una de las piedras angulares del éxito de sus cómics en los años 60 del pasado siglo. Tras Los Vengadores, las apuestas han subido. Y si hay una película que por el momento está a la altura del reto, esa es Capitán América. El Soldado de Invierno. Iron Man 3 fue algo controvertida entre los aficionados (aunque, para mí, genial) y Thor. El Mundo Oscuro mantuvo esa franquicia individual a un nivel inferior a sus compañeras aún superando algunos logros de su película original. Pero esta continuación de Capitán América. El primer Vengador es una película extraordinaria, con muchos niveles de éxito y, como siempre de forma debatible, la mejor película individual de este universo Marvel porque encuentra una personalidad propia irrebatible dentro de un conjunto mucho más grande que se aventura a modificar con mucha valentía y sin vuelta atrás.

El Soldado de Invierno es una película terriblemente actual en su aspecto visual pero sobre todo en los temas que plantea, y al mismo tiempo es un magnífico homenaje al thriller político de los años 70 y un formidable producto de entretenimiento. Es en esa conjunción donde trasciende el género de superhéroes al que pertenece para convertirse en algo todavía más agradecido. Y puede que haya cierta ingenuidad en alguno de sus planteamientos, pero desde luego es lo de menos. Su construcción es modélica, porque muestra que ha sabido sacar las conclusiones adecuadas de lo que funcionó y de lo que no en las películas previa de Marvel (y en las que no son de Marvel, porque hay en el trasfondo algo que también obedece a los hallazgos de Christopher Nolan especialmente en El Caballero Oscuro) para convertirse en eje de lo que ha sido y de lo que será en el futuro el universo Marvel. Es, en ese sentido, una gozada para los aficionados a estas películas, pero en absoluto una barrera para quienes no se hayan sentido atraídos por estos coloristas personajes.

Eso es otro inmenso acierto del filme, que satisface a públicos muy diversos sin dejar de lado al aficionado. Hay en la película incontables referencias para los lectores de cómics (desde el nuevo e imprescindible cameo de Stan Lee a la introducción de algunos nombres y personajes de forma nada casual) y a los seguidores de este universo cinematográfico (sobre todo con la recuperación de algún personaje de Capitán América. El primer Vengador y las dos secuencias postcréditos, en especial la primera, apasionante por las puertas que abre), pero también, al margen de esto, es un entretenimiento de acción de primer nivel. los hermanos Anthony y Joe Russo ruedas unas coreografías deslumbrantes, integran perfectamente los efectos visuales y todo ello sin que se pierda interés en la trama o en los personajes, que son nuevamente uno de los puntos fuertes de la película gracias a un acertadísimo proceso de casting, ya conocido en el caso de Chris Evans, Scarlett Johansson (por fin cómoda en el papel de Viuda Negra) y Samuel L. Jackson pero novedoso con el peso que siempre da Robert Redofrd o la frescusa de Anthony Mackie como el Halcón.

Capitán América. El Soldado de Invierno es, decididamente, la mejor película individual de esta segunda fase de Marvel Studios, la que arrancó tras Los Vengadores y la demostración de que no es necesario fotocopiar cómics (vale lo mismo con los libros) para lograr una adaptación espléndida, o de que no es necesario calcar los méritos de una película, la primera de la saga, a la hora de hacer una secuela. Porque con el mismo personaje y dentro del mismo universo, lo que El Soldado de Invierno hace es actualizar El primer Vengador, continuar su historia y la de Los Vengadores y abrir incontables puertas para el futuro de la franquicia. Pero, ojo, que además lo hace contando una historia bien llevada, notablemente cerrada y con una personalidad única dentro de este cuadro mayor. Esto es Marvel en su punto más poderoso, demostrando que la figura del superhéroe sirve para muchos registros diferentes con una formidable mezcla de piezas de acción y trama de intriga y espionaje, con personajes carismáticos, sólidas actuaciones y una dirección por momentos sobresaliente. Una gozada.

jueves, abril 26, 2012

'Los Vengadores', el mayor espectáculo superheroíco de la historia

Hay quien piensa que las expectativas, sobre todo cuando son muy elevadas, son un mal compañero de butaca en el cine. Que si se piensa que lo que vamos a ver es grandioso, nada de lo que se nos ofrezca estará a la altura de lo que deseamos ver. Si tú, amigo lector, piensas así cuando vas a ver una película y te fías, aunque sea mínimamente, de las opiniones que suelo plasmar aquí, igual no te conviene seguir leyendo lo que tengo que decir de Los Vengadores. Porque, y ya lo dejo claro desde el principio, estamos ante el mayor espectáculo de superhéroes que se ha realizado nunca y ante una de esas películas que se convierten en un modelo a seguir durante décadas, como en su momento lo fue el Superman de Richard Donner para contar el origen de un héroe de cómic o El Caballero Oscuro para narrar su vertiente más oscura y realista. Los Vengadores triunfa a todos los niveles porque es imposible hacer esta película con un mayor cariño hacia los personajes y hacia un tipo de cine, el blockbuster hollywoodiense, a menudo demasiado despreciado. Yo, que no lo desprecio, sólo puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto en una sala de cine.

Conocidos los cinco antecedentes de Los Vengadores, el primer triunfo de Joss Whedon a la hora de encarar esta película está en que no son en absoluto necesarias para comprender este filme. Sí, por supuesto, para saber más sobre los personajes que van a acompañarnos durante casi dos horas y media gozosas de principio a fin. Quizá la más necesaria en ese sentido sea Thor, más que nada debido a que el villano de la función (como en el cómic que dio origen de Los Vengadores) sea Loki, e incluso Capitán América. El primer Vengador para saber algo más de la naturaleza del artefacto que sirve de excusa argumental al filme. Pero Whedon se las ingenia para montar una estructura lógica y asumible. Es cierto que hay pequeños fallos de continuidad con las películas anteriores (¿cómo vuelve Thor a la Tierra?) e incluso que la premisa argumental es algo débil, pero llegados al final de la película son detalles nimios en comparación con el divertimento salvaje que ofrece, pues casi hay más acción aquí que en las cinco ya mencionadas juntas.

Porque Whedon lo que hace es coger lo mejor de cada una de las películas anteriores, mezclarlo con su innata capacidad de gestionar repartos con muchos nombres (siempre recomendaré en ese sentido su tristemente breve serie Firefly, un prodigio televisivo que no tuvo suerte en su momento y que en España es muy desconocido) e introducirle las dosis justas de sentido del humor (una constante en la película) y, por supuesto, de épica. Porque no hay otro adjetivo mejor para calificar el clímax de la película, salvaje, intenso, gigantesco, modélico en todos los aspectos. En él da tiempo a construir a los personajes psicológica y visualmente y también a dar un curso de cine. Es impagable el plano secuencia con el que Whedon muestra, a una velocidad trepidante, cómo luchan los Vengadores como equipo. Ese momento pasa desde ya a los anales de la historia del cine de fantasía y ciencia ficción. Sobra decir que los efectos especiales son impresionantemente buenos, y que convierten a la Viuda Negra en una acróbata descomunal, a Ojo de Halcón en el arquero que debe ser, a Hulk en la imparable fuerza de la naturaleza que tiene que ser o a Thor en un auténtico semidios.

Pero no está ahí, en la excelencia visual, lo que hace de Los Vengadores algo único. Eso tan especial es el alma que tiene la película. Los seis héroes tienen su momento de gloria, al menos uno que hable de la capacidad que han tenido estos personajes para enamorar a tantos aficionados durante cinco décadas. Y, seguramente, está aquí la mejor versión de todos ellos, mejor que lo que les hemos visto hasta ahora, pensemos que es bueno o no tan bueno. Si hay uno que mejora de forma exponencial, ese es Hulk. Y si no me creéis, no tenéis más que ver todo su papel en la batalla final por las calles de Manhattan pero, sobre todo, su irrupción en la misma. Es de esos momentos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda mientras piensas que, por fin, alguien ha entendido a un personaje casi siempre maltratado por sus versiones de carne y hueso. Pero no es el único. Es que está todo en la película, todo lo que cabe esperar de ella y del desarrollo de sus protagonistas. De los humanos y de los inmateriales. Que levante la mano el aficionado Marvel que no se emocione al ver el Helitransporte de SHIELD por primera vez. O que no sonría en el inevitable y como siempre divertidísimo cameo del creador del Universo Marvel en los cómics, el mítico Stan Lee.

La mayor sorpresa que esconde esta película, con respecto a cómo probablemente mucha gente se ha imaginado que podría ser, es la gran cantidad de momentos cómicos que reúne. Whedon se acerca a la delgadísima línea que separa una película divertida de una ridícula, precisamente porque abundan los momentos para reír. Pero siempre se queda en el lado bueno de la frontera. Esa comicidad, ese saber reírse de lo que el director tiene entre manos, es lo que le ha faltado a muchas adaptaciones de cómic. Aquí nada sobra, nada suena extraño. Y qué decir de los actores. Este Universo Marvel cinematográfico cuenta con un casting brutal. La socarronería de Robert Downey Jr. como Iron Man, la grandeza de Chris Evans como Capitán América, la calculada ambigüedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner y como Hulk, la clara mejoría de Scarlett Johansson como Viuda Negra con respecto a Iron Man 2, el misterio que aporta Jeremy Renner a Ojo de Halcón, la planta imponente de Samuel L. Jackson como Nick Furia, lo maquiavélico que puede ser Tom Hiddleston como Loki, la ironía de Clark Gregg como el agente Coulson y la seriedad de Cobie Smulders como la agente Hill son sencillamente brillantes.

Los Vengadores es una montaña rusa desde el principio. Es evidente que cuando se pone toda la carne en el asador es en su descomunal batalla final, pero todas las secuencias de acción son impactantes. Todas, sin excepción. Y sus bromas son divertidas, igualmente sin excepción. Es un sueño hecho realidad. Y cuando uno está pensando que no hay nada que pueda hacer de Los Vengadores una película más espectacular, satisfactoria, gozosa y entretenida, llega el epílogo que Joss Whedon ha incluido y del que hay que ser un insensato para revelar nada, aunque es verdad que sólo los fans de Marvel lo comprenderán en toda su magnitud. Y, una vez entendido y asumido, sólo queda comportarse como un fan hambriento de más y desear que llegue ya, cuando antes Los Vengadores 2. Eso sí, después de haber saboreado en el cine en más de una ocasión este audaz vehículo de hacer felices a quienes hemos leído cómics de superhéroes durante años y de ofrecer un sincero gran rato a quienes no conozcan de nada a estos personajes. Una joya a día de hoy inigualable. Sin más y sin complejos.

jueves, julio 28, 2011

Espléndida 'Capitán América'

Espléndida, sencillamente espléndida. Capitán América. El primer vengador es, por dejarlo claro desde el principio, la mejor película de superhéroes de este 2011. Es una magnífica pieza de aventuras de época, situada en la Segunda Guerra Mundial. Tiene un protagonista carismático (y aquí hay sorpresa, pues en Chris Evans residían muchas de las dudas que despertaba este filme), un villano magnífico, unos personajes secundarios bien desarrollados y muy bien interpretados, un diseño de producción espectacular, un ritmo alto, un más que agradecido (y asombroso por venir de donde viene, del propio Hollywood) sentido de la autoparodia, un magnífico clímax y un estilo adecuado a lo que tiene que ser una gran película de cómic. Lo tiene todo. Y es, al mismo nivel del primer Iron Man, la mejor película que ha deparado este Universo Marvel de cine que desembocará el próximo año en la esperadísima Los Vengadores. Capitán América es una gozada en la que es difícil, francamente difícil, encontrar algún pero.

Cuando se anunció que Joe Johnston iba a dirigir Capitán América, saltaron las alarmas. Con sólo ocho títulos en más de 20 años de carrera como director, venía de firmar su peor película y uno de los peores inventos en años del cine americano, El hombre lobo, un desbarajuste en toda regla que, insisto, hacía temer lo peor. Pero había un precedente positivo al que agarrarse: Rocketeer. Tan denostada a veces como desconocida en general, aquella era una buena adaptación de cómic, sencilla y amena, entretenida. Y con el enemigo nazi de fondo. Puede parecer una tontería, pero sin esa película en su filmografía es posible que Capitán América hubiera sido diferente. Que el papel protagonista recayera en Chris Evans tampoco disparó las buenas expectativas. Había creado un un aceptable Johnny Storm, la Antorcha Humana, en las malas películas de Los 4 Fantásticos, pero el tono burlón de aquel está en las antípodas de lo que debía ser Steve Rogers, el Capitán América. Para sorpresa de muchos, son precisamente Johnston y Evans quienes se convierten en la base de una espléndida película.

Johnston acierta en todo lo que aparentemente depende de él. En el tono de la película, en los encuadres y en los movimientos de cámara, en el montaje, en la dirección de actores. Todo es lo que tiene que ser en un filme así. Todo encaja y funciona con una precisión admirable a lo largo de los 124 minutos de metraje, nada chirría, absolutamente nada, todo es tan clásico como debe de ser y tan moderno como lo requiere alguna que otra escena. Hay acción contemporánea, pero que aparece fluida y natural viéndose en el frente de la Segunda Guerra Mundial. Y Evans demuestra desde el primer momento que afronta un papel totalmente diferente al de la Antorcha Humana y hace suyo al Capitán América en todo el filme, desde las primeras escenas en las que se muestra como un enclenque Steve Rogers hasta las finales en las que el heroísmo del Capitán América se apodera de la pantalla con una sencillez envidiable. Y eso parece fácil sobre el papel, pero si adaptar un cómic ofrece a veces tan pobres resultados, o al menos tan previsibles o cuadriculados, será que no es tan sencillo como parece.

Si Johnston y Evans son la base, el envoltorio es de lujo. En todo. El diseño de producción es envidiable, tanto en las escenas del Nueva York de los años 40 como en las escenas de guerra, mezcla casi perfecta del toque clásico de la Segunda Guerra Mundial con las pinceladas futuristas que requiere una película de este tipo. El equilibrio en ese sentido es magnífico, nada desentona. Es un enorme acierto haber convertido Capitán América en una película de época, era lo necesario para contar el origen del héroe y el resultado no podría ser mejor, aderezado por la formidable música de un Alan Silvestri que disfruta y hace disfrutar. Y, por supuesto, es magnífico el encaje de esta película en el Universo Marvel cinematográfico, con claras referencias a las películas de Iron Man y Thor, y el siempre formidable cameo del creador de este mundo en el cómic, el gran Stan Lee, un cameo tan divertido como siempre. Hablando del Universo Marvel, si en todas las películas anteriores era imprescindible aguantar hasta el final de los títulos de crédito para ver la última escena de la película, en ésta es quizá todavía más importante, pues es la última antes de Los Vengadores, de Joss Whedon.

Qué decir del formidable reparto de la película. Tommy Lee Jones, Hugo Weaving, Stanley Tucci, Toby Jones... Todos contribuyen a elevar un peldaño el nivel de la cinta, porque todos ellos, en consonancia con Chris Evans, se creen sus papeles. Da igual que se presten al cliché, como el Coronel Chester Phillips de Tommy Lee Jones. O que ofrezcan grandes posibilidades de histrionismo, como el de Craneo Rojo (formidable diseño y maquillaje) de Hugo Weaving. Todo funciona, todo está controlado, todo aparece en su justa medida. Incluso la bien calibrada, aunque inevitable, historia de amor, que se inicia de forma inocente y casi desapercibida y que finaliza con emotividad. Hayley Atwell también encaja en esa cada vez más habitual figura de chica dulce y mujer dura que tiene que aparecer en el cine de acción contemporáneo. Para los fans del cómic, hay muchísimos detalles en los que fijarse, pero la inclusión de Dum Dum Dugan con el rostro de Neal McDonough es, seguramente, uno de los más interesantes, sin olvidar la presencia de Bucky Barnes como compañero de fatigas de Steve Rogers.

El nombre del personaje que da título a la película intimida, eso no se puede negar, y llevará a muchos a esperar el filme como si fuera un producto patriotero y propagandístico. Quienes esperen ver eso, se van a llevar una sorpresa tan grande como grata. No sólo no es un panfleto, sino que la película sabe reírse de sí misma y de la propia sociedad estadounidense, de su patriotismo desmedido, sin ridiculizar nada y sin tomarse más en serio de lo que debe. Capitán América encaja justo donde debe, todo lo que aparece en pantalla obedece a una necesidad argumental o visual, sin que la una entorpezca a la otra en ningún momento, ni siquiera con algún que otro plano forzado para la conversión de la película en 3D. Todo funciona, muchísimas cosas brillan, convirtiéndose en un gran homenaje al serial de los años 30 y a quienes trataron de rescatar su espíritu en las últimas décadas (y no sólo no es descabellado sino que se antoja obligatorio acordarse de las películas de Indiana Jones de Steven Spielberg y George Lucas, por ese tono de aventura desenfadada y prodigiosamente entretenida y por los nazis como enemigos del héroe).

Si tienes formidables piezas de acción, un respeto evidente por el original del cómic, un guión competente y actores profesionales, lo normal es que salga un producto tan entretenido como lo es Capitán América. Termina la proyección y la verdad es que no se me ocurre nada que me sobre, nada que me falte, ningún personaje que visualice con la cara de otro actor. Nada. Todo es genial, todo me ha hecho disfrutar como un niño pequeño, desde el misterioso prólogo hasta el emocionante final, desde las escenas de personajes (nada desdeñables) a las de acción (formidablemente bien ejecutadas), desde el toque musical al dramático. Una auténtica gozada, un modelo a seguir para futuras adaptaciones de cómic que se muevan en parámetros similares a los del Capitán América del cómic. ¿Quién dice que no se puede hacer buenas películas de superhéroes por caminos diferentes a los oscuros y prodigiosos designios de Christopher Nolan? Capitán América enseña el camino para otros héroes, porque no sólo de Batman y su oscuridad vive el cine de cómic. Y así da gusto.