jueves, abril 30, 2015
'Vengadores. La era de Ultrón', el mayor espectáculo superheroico de la historia... por segunda vez
viernes, mayo 09, 2014
'Snowpiercer (Rompenieves)', apocalíptico atrevimiento que flaquea al final
viernes, marzo 28, 2014
'Capitán América. El Soldado de Invierno', Marvel en su punto más poderoso
jueves, abril 26, 2012
'Los Vengadores', el mayor espectáculo superheroíco de la historia
Conocidos los cinco antecedentes de Los Vengadores, el primer triunfo de Joss Whedon a la hora de encarar esta película está en que no son en absoluto necesarias para comprender este filme. Sí, por supuesto, para saber más sobre los personajes que van a acompañarnos durante casi dos horas y media gozosas de principio a fin. Quizá la más necesaria en ese sentido sea Thor, más que nada debido a que el villano de la función (como en el cómic que dio origen de Los Vengadores) sea Loki, e incluso Capitán América. El primer Vengador para saber algo más de la naturaleza del artefacto que sirve de excusa argumental al filme. Pero Whedon se las ingenia para montar una estructura lógica y asumible. Es cierto que hay pequeños fallos de continuidad con las películas anteriores (¿cómo vuelve Thor a la Tierra?) e incluso que la premisa argumental es algo débil, pero llegados al final de la película son detalles nimios en comparación con el divertimento salvaje que ofrece, pues casi hay más acción aquí que en las cinco ya mencionadas juntas.
Porque Whedon lo que hace es coger lo mejor de cada una de las películas anteriores, mezclarlo con su innata capacidad de gestionar repartos con muchos nombres (siempre recomendaré en ese sentido su tristemente breve serie Firefly, un prodigio televisivo que no tuvo suerte en su momento y que en España es muy desconocido) e introducirle las dosis justas de sentido del humor (una constante en la película) y, por supuesto, de épica. Porque no hay otro adjetivo mejor para calificar el clímax de la película, salvaje, intenso, gigantesco, modélico en todos los aspectos. En él da tiempo a construir a los personajes psicológica y visualmente y también a dar un curso de cine. Es impagable el plano secuencia con el que Whedon muestra, a una velocidad trepidante, cómo luchan los Vengadores como equipo. Ese momento pasa desde ya a los anales de la historia del cine de fantasía y ciencia ficción. Sobra decir que los efectos especiales son impresionantemente buenos, y que convierten a la Viuda Negra en una acróbata descomunal, a Ojo de Halcón en el arquero que debe ser, a Hulk en la imparable fuerza de la naturaleza que tiene que ser o a Thor en un auténtico semidios.
Pero no está ahí, en la excelencia visual, lo que hace de Los Vengadores algo único. Eso tan especial es el alma que tiene la película. Los seis héroes tienen su momento de gloria, al menos uno que hable de la capacidad que han tenido estos personajes para enamorar a tantos aficionados durante cinco décadas. Y, seguramente, está aquí la mejor versión de todos ellos, mejor que lo que les hemos visto hasta ahora, pensemos que es bueno o no tan bueno. Si hay uno que mejora de forma exponencial, ese es Hulk. Y si no me creéis, no tenéis más que ver todo su papel en la batalla final por las calles de Manhattan pero, sobre todo, su irrupción en la misma. Es de esos momentos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda mientras piensas que, por fin, alguien ha entendido a un personaje casi siempre maltratado por sus versiones de carne y hueso. Pero no es el único. Es que está todo en la película, todo lo que cabe esperar de ella y del desarrollo de sus protagonistas. De los humanos y de los inmateriales. Que levante la mano el aficionado Marvel que no se emocione al ver el Helitransporte de SHIELD por primera vez. O que no sonría en el inevitable y como siempre divertidísimo cameo del creador del Universo Marvel en los cómics, el mítico Stan Lee.
La mayor sorpresa que esconde esta película, con respecto a cómo probablemente mucha gente se ha imaginado que podría ser, es la gran cantidad de momentos cómicos que reúne. Whedon se acerca a la delgadísima línea que separa una película divertida de una ridícula, precisamente porque abundan los momentos para reír. Pero siempre se queda en el lado bueno de la frontera. Esa comicidad, ese saber reírse de lo que el director tiene entre manos, es lo que le ha faltado a muchas adaptaciones de cómic. Aquí nada sobra, nada suena extraño. Y qué decir de los actores. Este Universo Marvel cinematográfico cuenta con un casting brutal. La socarronería de Robert Downey Jr. como Iron Man, la grandeza de Chris Evans como Capitán América, la calculada ambigüedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner y como Hulk, la clara mejoría de Scarlett Johansson como Viuda Negra con respecto a Iron Man 2, el misterio que aporta Jeremy Renner a Ojo de Halcón, la planta imponente de Samuel L. Jackson como Nick Furia, lo maquiavélico que puede ser Tom Hiddleston como Loki, la ironía de Clark Gregg como el agente Coulson y la seriedad de Cobie Smulders como la agente Hill son sencillamente brillantes.
Los Vengadores es una montaña rusa desde el principio. Es evidente que cuando se pone toda la carne en el asador es en su descomunal batalla final, pero todas las secuencias de acción son impactantes. Todas, sin excepción. Y sus bromas son divertidas, igualmente sin excepción. Es un sueño hecho realidad. Y cuando uno está pensando que no hay nada que pueda hacer de Los Vengadores una película más espectacular, satisfactoria, gozosa y entretenida, llega el epílogo que Joss Whedon ha incluido y del que hay que ser un insensato para revelar nada, aunque es verdad que sólo los fans de Marvel lo comprenderán en toda su magnitud. Y, una vez entendido y asumido, sólo queda comportarse como un fan hambriento de más y desear que llegue ya, cuando antes Los Vengadores 2. Eso sí, después de haber saboreado en el cine en más de una ocasión este audaz vehículo de hacer felices a quienes hemos leído cómics de superhéroes durante años y de ofrecer un sincero gran rato a quienes no conozcan de nada a estos personajes. Una joya a día de hoy inigualable. Sin más y sin complejos.
jueves, julio 28, 2011
Espléndida 'Capitán América'
Espléndida, sencillamente espléndida. Capitán América. El primer vengador es, por dejarlo claro desde el principio, la mejor película de superhéroes de este 2011. Es una magnífica pieza de aventuras de época, situada en la Segunda Guerra Mundial. Tiene un protagonista carismático (y aquí hay sorpresa, pues en Chris Evans residían muchas de las dudas que despertaba este filme), un villano magnífico, unos personajes secundarios bien desarrollados y muy bien interpretados, un diseño de producción espectacular, un ritmo alto, un más que agradecido (y asombroso por venir de donde viene, del propio Hollywood) sentido de la autoparodia, un magnífico clímax y un estilo adecuado a lo que tiene que ser una gran película de cómic. Lo tiene todo. Y es, al mismo nivel del primer Iron Man, la mejor película que ha deparado este Universo Marvel de cine que desembocará el próximo año en la esperadísima Los Vengadores. Capitán América es una gozada en la que es difícil, francamente difícil, encontrar algún pero.
Cuando se anunció que Joe Johnston iba a dirigir Capitán América, saltaron las alarmas. Con sólo ocho títulos en más de 20 años de carrera como director, venía de firmar su peor película y uno de los peores inventos en años del cine americano, El hombre lobo, un desbarajuste en toda regla que, insisto, hacía temer lo peor. Pero había un precedente positivo al que agarrarse: Rocketeer. Tan denostada a veces como desconocida en general, aquella era una buena adaptación de cómic, sencilla y amena, entretenida. Y con el enemigo nazi de fondo. Puede parecer una tontería, pero sin esa película en su filmografía es posible que Capitán América hubiera sido diferente. Que el papel protagonista recayera en Chris Evans tampoco disparó las buenas expectativas. Había creado un un aceptable Johnny Storm, la Antorcha Humana, en las malas películas de Los 4 Fantásticos, pero el tono burlón de aquel está en las antípodas de lo que debía ser Steve Rogers, el Capitán América. Para sorpresa de muchos, son precisamente Johnston y Evans quienes se convierten en la base de una espléndida película.
Johnston acierta en todo lo que aparentemente depende de él. En el tono de la película, en los encuadres y en los movimientos de cámara, en el montaje, en la dirección de actores. Todo es lo que tiene que ser en un filme así. Todo encaja y funciona con una precisión admirable a lo largo de los 124 minutos de metraje, nada chirría, absolutamente nada, todo es tan clásico como debe de ser y tan moderno como lo requiere alguna que otra escena. Hay acción contemporánea, pero que aparece fluida y natural viéndose en el frente de la Segunda Guerra Mundial. Y Evans demuestra desde el primer momento que afronta un papel totalmente diferente al de la Antorcha Humana y hace suyo al Capitán América en todo el filme, desde las primeras escenas en las que se muestra como un enclenque Steve Rogers hasta las finales en las que el heroísmo del Capitán América se apodera de la pantalla con una sencillez envidiable. Y eso parece fácil sobre el papel, pero si adaptar un cómic ofrece a veces tan pobres resultados, o al menos tan previsibles o cuadriculados, será que no es tan sencillo como parece.
Si Johnston y Evans son la base, el envoltorio es de lujo. En todo. El diseño de producción es envidiable, tanto en las escenas del Nueva York de los años 40 como en las escenas de guerra, mezcla casi perfecta del toque clásico de la Segunda Guerra Mundial con las pinceladas futuristas que requiere una película de este tipo. El equilibrio en ese sentido es magnífico, nada desentona. Es un enorme acierto haber convertido Capitán América en una película de época, era lo necesario para contar el origen del héroe y el resultado no podría ser mejor, aderezado por la formidable música de un Alan Silvestri que disfruta y hace disfrutar. Y, por supuesto, es magnífico el encaje de esta película en el Universo Marvel cinematográfico, con claras referencias a las películas de Iron Man y Thor, y el siempre formidable cameo del creador de este mundo en el cómic, el gran Stan Lee, un cameo tan divertido como siempre. Hablando del Universo Marvel, si en todas las películas anteriores era imprescindible aguantar hasta el final de los títulos de crédito para ver la última escena de la película, en ésta es quizá todavía más importante, pues es la última antes de Los Vengadores, de Joss Whedon.
Qué decir del formidable reparto de la película. Tommy Lee Jones, Hugo Weaving, Stanley Tucci, Toby Jones... Todos contribuyen a elevar un peldaño el nivel de la cinta, porque todos ellos, en consonancia con Chris Evans, se creen sus papeles. Da igual que se presten al cliché, como el Coronel Chester Phillips de Tommy Lee Jones. O que ofrezcan grandes posibilidades de histrionismo, como el de Craneo Rojo (formidable diseño y maquillaje) de Hugo Weaving. Todo funciona, todo está controlado, todo aparece en su justa medida. Incluso la bien calibrada, aunque inevitable, historia de amor, que se inicia de forma inocente y casi desapercibida y que finaliza con emotividad. Hayley Atwell también encaja en esa cada vez más habitual figura de chica dulce y mujer dura que tiene que aparecer en el cine de acción contemporáneo. Para los fans del cómic, hay muchísimos detalles en los que fijarse, pero la inclusión de Dum Dum Dugan con el rostro de Neal McDonough es, seguramente, uno de los más interesantes, sin olvidar la presencia de Bucky Barnes como compañero de fatigas de Steve Rogers.
El nombre del personaje que da título a la película intimida, eso no se puede negar, y llevará a muchos a esperar el filme como si fuera un producto patriotero y propagandístico. Quienes esperen ver eso, se van a llevar una sorpresa tan grande como grata. No sólo no es un panfleto, sino que la película sabe reírse de sí misma y de la propia sociedad estadounidense, de su patriotismo desmedido, sin ridiculizar nada y sin tomarse más en serio de lo que debe. Capitán América encaja justo donde debe, todo lo que aparece en pantalla obedece a una necesidad argumental o visual, sin que la una entorpezca a la otra en ningún momento, ni siquiera con algún que otro plano forzado para la conversión de la película en 3D. Todo funciona, muchísimas cosas brillan, convirtiéndose en un gran homenaje al serial de los años 30 y a quienes trataron de rescatar su espíritu en las últimas décadas (y no sólo no es descabellado sino que se antoja obligatorio acordarse de las películas de Indiana Jones de Steven Spielberg y George Lucas, por ese tono de aventura desenfadada y prodigiosamente entretenida y por los nazis como enemigos del héroe).
Si tienes formidables piezas de acción, un respeto evidente por el original del cómic, un guión competente y actores profesionales, lo normal es que salga un producto tan entretenido como lo es Capitán América. Termina la proyección y la verdad es que no se me ocurre nada que me sobre, nada que me falte, ningún personaje que visualice con la cara de otro actor. Nada. Todo es genial, todo me ha hecho disfrutar como un niño pequeño, desde el misterioso prólogo hasta el emocionante final, desde las escenas de personajes (nada desdeñables) a las de acción (formidablemente bien ejecutadas), desde el toque musical al dramático. Una auténtica gozada, un modelo a seguir para futuras adaptaciones de cómic que se muevan en parámetros similares a los del Capitán América del cómic. ¿Quién dice que no se puede hacer buenas películas de superhéroes por caminos diferentes a los oscuros y prodigiosos designios de Christopher Nolan? Capitán América enseña el camino para otros héroes, porque no sólo de Batman y su oscuridad vive el cine de cómic. Y así da gusto.



