Mostrando entradas con la etiqueta Elizabeth Olsen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elizabeth Olsen. Mostrar todas las entradas

jueves, abril 30, 2015

'Vengadores. La era de Ultrón', el mayor espectáculo superheroico de la historia... por segunda vez

Cuando Joss Whedon estreno Los Vengadores en 2012 se ganó todos los elogios posible, y con razón. En aquel momento era imposible hacer algo más grande, más satisfactorio para el aficionado y más espectacular. Han pasado tres años y llega Vengadores. La era de Ultrón, colofón a la fase dos del universo cinematográfico de Marvel, y las sensaciones son las mismas. Por imposible que parezca, Joss Whedon lo ha vuelto a hacer. Ha filmado el mayor espectáculo superheroico de la historia, por segunda vez en su carrera. La era de Ultrón es un filme gozoso de principio a fin, casi un clímax continuo con unos niveles de épica extraordinarios, con un desarrollo increíblemente sutil no ya de sus personajes, construidos con mimo, sino de todo ese universo que se ha ido tejiendo desde que Iron Man abrió esta singular y pionera aventura cinematográfica de la que Whedon ha sacado lo más grande con una categoría extraordinaria y un conocimiento sublime de los personajes y de lo que podía sacar de cada uno de ellos.

Resulta inevitable preguntarse cuál de las dos películas de los Vengadores es mejor, y la respuesta más acertada sería que ninguna. Lo que consigue La era de Ultrón es recrear las mismas sensaciones de emoción que generó el filme original, pero en espectadores con tres años más de experiencia en este riquísimo universo. Todo lo bueno de Los Vengadores está en La era de Ultrón, incluyendo un clímax memorable cuyo único enemigo es el marketing que ha desvelado demasiado en los trailers. Y todo lo malo de la primera entrega se intenta corregir. Eso puede provocar defectos nuevos, no es cuestión de decir que estamos ante una película perfecta (y que no lo es se puede ver, por ejemplo, en un personaje secundario presentado previamente y que tiene un indudable sabor a decepción, o en la forma en la que se prescinde del final de una de las películas de este universo), pero el sentido del entretenimiento y de la diversión que exprime Whedon en cada secuencia es tan memorable que cualquier pequeño fallo se disculpa con facilidad.

Whedon es quien más partido ha sacado de un reparto que ya funcionaba a la perfección en las películas individuales. Por ejemplo, La era de Ultrón es, por segunda vez, el filme definitivo de Hulk sin que el alter ego verdoso de Bruce Banner sea su protagonista. Pero sabe tanto Whedon de Marvel y también de cine que al mismo tiempo la introducción de los nuevos personajes es magnífica. Ultrón es un villano a la altura, pero la función se la llevan la Bruja Escarlata que interpreta Elizabeth Olsen y la Visión de un físicamente muy sorprendente Paul Bettany. ¿Cuántas películas basadas en cómics han tenido resultados nefastos por no saber administrar un número de personajes elevados? Pues La Era de Ultrón tiene nada menos que una docena de personajes centrales, más de una quincena de personajes Marvel con los que hay que satisfacer al aficionado y, al mismo tiempo, crear una historia coherente. Incluso Thor, que tiene aquí menos protagonismo que en la entrega anterior, está sensacionalmente descrito con elementos puramente narrativos y nunca de cara a la galería, plantando semillas que, seguro, se verán nacer en Thor. Ragnarok.

El festival de efectos especiales tiene algún momento demasiado digital, sobre todo en la brillante escena inicial (recordatorio, por cierto, de uno de los grandes momentos del clímax de Los Vengadores), pero la acción está tan increíblemente bien orquestada que acaba dando igual. La historia, escrita con sutileza, deja incontables guiños para el aficionado, bien de esta serie cinematográfica o bien de los tebeos (por supuesto, entre ellos está un memorable cameo más de Stan Lee, o la inevitable escena que aparece tras los primeros créditos, de nuevo para poner los dientes largos), y Whedon deja su sello tanto en la bellísima construcción de los personajes como en el constante humor que introduce y que no entorpece en absoluto el drama que hay en el filme. Porque son superhéroes, y su objetivo es entretener al público, pero también están ahí para salvar el mundo y contarlo de una forma humanamente realista como ha hecho Whedon exige una capacidad emocional muy intensa. Así, lo peor de La era de Ultrón no es otra cosa que saber que Whedon no estará para Infinity War, la tercera película del grupo. Porque estas dos son bestiales.

viernes, mayo 16, 2014

'Godzilla', entretiene pero no triunfa

Después del tremendo error que supuso el Godzilla de Roland Emmerich en 1998, rescatar al conocido monstruo del cine japonés era una aventura relativamente sencilla. Con marcar la más mínima diferencia con respecto a aquella, la curiosidad por ver la nueva película estaba más que garantizada. Y como Gareth Edwards ya había mostrado un enfoque completamente distinto al de Emmerich en Monsters, este Godzilla fue ganando interés. Más aún con los espléndidos trailers que precedieron al estreno del filme. Pero el resultado final es menos satisfactorio de lo que cabía esperar. Entretiene, por supuesto, y eso no es poco en un blockbuster de Hollywood. Tiene buenas ideas y algunos planos y escenas bellísimos, más si cabe para el tipo de película del que estamos hablando. Pero precisamente por ese aspecto, por el género, por el protagonista, no termina de triunfar. No lo hace porque en los primeros 90 minutos de los 126 que dura apenas hay un plano nítido de Godzilla. Y cuando alguien paga una entrada para una película que se titula Godzilla es porque quiere ver a Godzilla. El clímax compensa esa sensación, pero sabe a poco.

En realidad, todo es cuestión de las expectativas que genere una película de este subgénero de monstruos en cada espectador. Todos los aficionados, y el público en general, agradece que una cinta así no se limite sólo a mostrar destrucción y efectos digitales, que se construya una historia al menos solvente alrededor de las secuencias más espectaculares y que haya personajes atractivos en el guión. Pero eso, que es el principal esfuerzo que hace la película, no termina de llegar tan lejos como le habría gustado a Edwards. Probablemente se trate de dar demasiado poso a lo que tendría que haber sido una deliciosa glorificación de la serie B con un presupuesto mayor de lo habitual. Y por el camino se notan además demasiado los trucos para dar una trascendencia aparentemente mayor de la que en realidad tiene, por el empleo de los personajes (de los que es mejor no revelar nada para no destripar algunas sorpresas) y por los reiterativos trucajes para mostrar a la criatura. Edwards ya creó ambiente de película de monstruos en Monsters, y por eso sorprende que apenas traspase esa fórmula en Godzilla.

La película arranca de una forma trepidante, y se agradece. El origen de Godzilla es fiel a la historia original del monstruo japonés, y eso se agradece todavía más. Y la película está rodada con mucho acierto. Pero la construcción es lenta y, aún con todo, sigue dejando los mismos flecos que cualquier otra superproducción de Hollywood, siempre necesitadas de una reescritura más de guión para pulir esos detalles que acaban causando asombro. Siendo justos con la película, y aunque lo mencionado es lo que lleva a una duración excesiva, lo cierto es que ofrece un entretenimiento de primer nivel. Lo que funciona (además de su gran arranque y el misterio que genera Edwards, imposible no destacar los momentos que de verdad hacen justicia al cine de monstruos, ya en el clímax final) lo hace admirablemente bien. Los actores, un reparto formidable y plagado de caras conocidas y notables (aunque algo tramposo según va evolucionando la película), se cuelan entre o mejor, aunque haya personajes que no salen del tópico de la serie B o que incluso no generan la necesaria empatía para que el espectador se preocupe por su destino.

Siempre se dirá que el dinero es lo que hace que estas películas funcionen. Y a veces es verdad, pero con Godzilla no lo es del todo. Es obvio que los efectos especiales son magníficos, pero no menos cierto es que hay escenas formidables por sí solas (la del tren y, sobre todo, la de los paracaidistas), que descansan más en el talento, en la ambientación y en la magia cinematográfico que en el dinero gastado en efectos visuales. Eso es lo que deja a Godzilla por momentos en una espléndida posición como entretenimiento hollywoodiense. Pero el resultado no es tan ambicioso como lo estaba siendo la promoción. Godzilla podría haberse convertido en la película de monstruos definitivo y se queda en un bonito juguete que muestra con más interés las consecuencias de la destrucción que la destrucción en sí misma y que beneficia las dimensiones del monstruo en detrimento del mismo monstruo. Es Godzilla, pero en realidad Godzilla tiene menos tiempo en pantalla del que habría sido deseable. Y el caso es que el aspecto de la criatura, la tensión, la puesta en escena y el reparto eran adecuados, pero la película no pasa del entretenimiento.

viernes, marzo 02, 2012

'Luces rojas', trazas de cineasta por crecer

El nombre de Rodrigo Cortés lo tengo anotado desde hace tiempo. Concursante, su primera película, llamaba indudablemente la atención. Buried, la segunda, fue toda una sorpresa. Un tipo que es capaz de mantener la tensión durante hora y media en un escenario tan limitado como un ataúd tiene que merecer la pena... si lo confirma en sus siguientes trabajos. Llega su tercera película, Luces rojas, y es de esas que quieres que te gusten. Y hay muchos motivos para que así sea. También otros para que no se pueda considerar una obra redonda, ni tampoco mejor que su predecesora. Pero Cortés exhibe trazos de un cineasta que acabará confirmándose si mantiene el crecimiento y que ya, desde la imperfección, deja elementos de sumo interés a nivel narrativo y a nivel cinematográfico. No redondea bien del todo la película, y eso obedece a las explicaciones que da y a las que no da, pero cuenta con un espléndido reparto. Y con un Robert de Niro que mejora buena parte de sus trabajos de los últimos años.

Es evidente que hay ambición detrás de Luces rojas. Sólo con leer los nombres que conforman el reparto, esa percepción cobra fuerza. Pero va más allá. Rodrigo Cortés, autor también del guión, construye un mundo apasionante (subrayado, como en Buried, con otra maravillosa overtura musical de Víctor Reyes) y unos personajes espléndidamente bien definidos a través de los pequeños detalles. Pero la ambición y la calidad que ofrece en muchos aspectos no bastan para hacer de Luces rojas una película ejemplar y redonda. No terminan de convencer determinados elementos y, sobre todo, las explicaciones. No tanto las que da, que en realidad se pueden llegar a entender como previsibles, sino las que no da. Hay una cierta irregularidad difícil de entender en ese sentido, aunque queda compensada con la creación de una espléndida atmósfera, que engancha con inusitada facilidad.

Cillian Murphy (camaleónico) y Sigourney Weaver (precisa) interpretan a dos profesores universitarios que se dedican a desenmascarar a los farsantes que dicen tener poderes paranormales. Una de sus alumnas, Elizabeth Olsen (encantadora... y no por físico o belleza, sino en un sentido más amplio), se unirá a ellos. Robert de Niro da vida a un psíquico que se retiró de la vida pública hace décadas tras un inquietante suceso y que ahora regresa. Los caminos de todos ellos, obviamente, se van a cruzar. Hay un mimo especial en despertar sensaciones directas, basadas en el momento, en el aquí y el ahora. Y ahí, por supuesto, destaca De Niro. En los últimos años, ha sido un actor engullido por su leyenda, lejos de la capacidad artística que tiene y que ha mostrado en tantos papeles, convertido casi en una caricatura de sí mismo (es inevitable, en cierto sentido, hilar esto con la gloriosa caricatura del actor que ofrece Eugenio Mira interpretando a un joven De Niro). Y aquí De niro vuelve a ser un actor inquietante. Se convierte en su personaje. transmite emociones y tensión. No está obviamente, al nivel de sus inolvidables trabajos mayores, pero engancha.

En realidad, engancha como lo hace todo el reparto, al que Rodrigo Cortés sabe administrar con inteligencia para ofrecer una variadísima gama de sensaciones y motivaciones, en pantalla y en la historia, pero también fuera de ellas. Ese es el verdadero mérito de Luces rojas, además, insisto, de la construcción de una atmósfera notable en la que todo parece creíble. Por supuesto, es un thriller sobrenatural que está muy supeditado a la resolución final (y, quizá también aunque eso queda más a la interpretación de cada espectador, a un escueto plano final tras los títulos de crédito que el director, según me confesó, considera "una puerta"). No es ésta una película tramposa y, cuando la historia comienza a cerrarse, un simple repaso a lo visto (repaso que, además, ofrece en pantalla en una concesión al espectador menos concentrado) lo confirma sin atisbo de dudas. No quiere decir esto que Luces rojas sea una película impermeable. Al contrario, hay ideas inteligentes y muchos caminos abiertos. Caminos que marcan los personajes (es también obligado hacer mención a un desatado Leonardo Sbaraglia del que quedan ganas de saber más o al simple creíble Toby Jones) y su acertadísima composición.

Luces rojas da algo menos de lo que prometía, a diferencia de Buried, que era mejor película de lo que parecía que iba a ser. Pero es una apuesta valiente de un director interesante. No tiene un guión perfecto, pero sí están contenidas en él buenas intenciones y algunos resultados más que notables, espléndidamente refrendados por un grupo de actores formidables. Ver tan vulnerable a un Cillian Muprhy inquietante en los Batman de Christopher Nolan es una gozada, y hacerlo con el contrapunto de la prometedora Elizabeth Olsen, por escasa que pueda parecer su intervención, hace crecer su personaje mucho más. Contemplar a una Sigourney Weaver tan segura de su trabajo siempre es una gozada. Y ver de nuevo a Robert de Niro creyéndose su personaje es, simplemente, impagable para quienes llevamos años sufriendo con su declive. Quizá Rodrigo Cortés tenga razón y su tercera película sea una de esas que crece en un segundo visionado. En el primero se atisban sus aciertos y sus errores. Y se intuye un buen debate entre espectadores inquietos. No es poco, no.

Entrevista con el director, Rodrigo Cortés.
Fotografías de la presentación en Madrid, con Rodrigo Cortés y Cillian Muprhy.