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viernes, mayo 16, 2014

'Godzilla', entretiene pero no triunfa

Después del tremendo error que supuso el Godzilla de Roland Emmerich en 1998, rescatar al conocido monstruo del cine japonés era una aventura relativamente sencilla. Con marcar la más mínima diferencia con respecto a aquella, la curiosidad por ver la nueva película estaba más que garantizada. Y como Gareth Edwards ya había mostrado un enfoque completamente distinto al de Emmerich en Monsters, este Godzilla fue ganando interés. Más aún con los espléndidos trailers que precedieron al estreno del filme. Pero el resultado final es menos satisfactorio de lo que cabía esperar. Entretiene, por supuesto, y eso no es poco en un blockbuster de Hollywood. Tiene buenas ideas y algunos planos y escenas bellísimos, más si cabe para el tipo de película del que estamos hablando. Pero precisamente por ese aspecto, por el género, por el protagonista, no termina de triunfar. No lo hace porque en los primeros 90 minutos de los 126 que dura apenas hay un plano nítido de Godzilla. Y cuando alguien paga una entrada para una película que se titula Godzilla es porque quiere ver a Godzilla. El clímax compensa esa sensación, pero sabe a poco.

En realidad, todo es cuestión de las expectativas que genere una película de este subgénero de monstruos en cada espectador. Todos los aficionados, y el público en general, agradece que una cinta así no se limite sólo a mostrar destrucción y efectos digitales, que se construya una historia al menos solvente alrededor de las secuencias más espectaculares y que haya personajes atractivos en el guión. Pero eso, que es el principal esfuerzo que hace la película, no termina de llegar tan lejos como le habría gustado a Edwards. Probablemente se trate de dar demasiado poso a lo que tendría que haber sido una deliciosa glorificación de la serie B con un presupuesto mayor de lo habitual. Y por el camino se notan además demasiado los trucos para dar una trascendencia aparentemente mayor de la que en realidad tiene, por el empleo de los personajes (de los que es mejor no revelar nada para no destripar algunas sorpresas) y por los reiterativos trucajes para mostrar a la criatura. Edwards ya creó ambiente de película de monstruos en Monsters, y por eso sorprende que apenas traspase esa fórmula en Godzilla.

La película arranca de una forma trepidante, y se agradece. El origen de Godzilla es fiel a la historia original del monstruo japonés, y eso se agradece todavía más. Y la película está rodada con mucho acierto. Pero la construcción es lenta y, aún con todo, sigue dejando los mismos flecos que cualquier otra superproducción de Hollywood, siempre necesitadas de una reescritura más de guión para pulir esos detalles que acaban causando asombro. Siendo justos con la película, y aunque lo mencionado es lo que lleva a una duración excesiva, lo cierto es que ofrece un entretenimiento de primer nivel. Lo que funciona (además de su gran arranque y el misterio que genera Edwards, imposible no destacar los momentos que de verdad hacen justicia al cine de monstruos, ya en el clímax final) lo hace admirablemente bien. Los actores, un reparto formidable y plagado de caras conocidas y notables (aunque algo tramposo según va evolucionando la película), se cuelan entre o mejor, aunque haya personajes que no salen del tópico de la serie B o que incluso no generan la necesaria empatía para que el espectador se preocupe por su destino.

Siempre se dirá que el dinero es lo que hace que estas películas funcionen. Y a veces es verdad, pero con Godzilla no lo es del todo. Es obvio que los efectos especiales son magníficos, pero no menos cierto es que hay escenas formidables por sí solas (la del tren y, sobre todo, la de los paracaidistas), que descansan más en el talento, en la ambientación y en la magia cinematográfico que en el dinero gastado en efectos visuales. Eso es lo que deja a Godzilla por momentos en una espléndida posición como entretenimiento hollywoodiense. Pero el resultado no es tan ambicioso como lo estaba siendo la promoción. Godzilla podría haberse convertido en la película de monstruos definitivo y se queda en un bonito juguete que muestra con más interés las consecuencias de la destrucción que la destrucción en sí misma y que beneficia las dimensiones del monstruo en detrimento del mismo monstruo. Es Godzilla, pero en realidad Godzilla tiene menos tiempo en pantalla del que habría sido deseable. Y el caso es que el aspecto de la criatura, la tensión, la puesta en escena y el reparto eran adecuados, pero la película no pasa del entretenimiento.

viernes, noviembre 15, 2013

'Blue Jasmine', ni frío ni calor en el nuevo Woody Allen

Manteniendo su ritmo de película por año, Woody Allen sigue sin sorprender en su nuevo filme. Blue Jasmine, que así se titula la cinta de este 2013, encaja perfectamente en la filmografía del cineasta, sobre todo en la más reciente. Y eso quiere decir que, siguiendo su trayectoria, prácticamente se puede anticipar si a cada espectador le va a gustar o no este título. Después de años sin descubrir nada sorprendentes, desde Match Point (2005), estas líneas no van a ser especialmente elogiosas. Y es que el problema esencial de Blue Jasmine es que no muestra una idea clara de lo que realmente quiere contar y no deja nada realmente digno de recordar. Ni frío ni calor. No es frío porque el reparto, como casi siempre en las películas de Woody Allen, entretiene lo suficiente. Pero no es calor porque se olvida con la misma facilidad con la que han pasado sus 98 minutos. Otra más de Woody Allen, de la que, como el cartel ya anticipa, sólo se recordará que la protagonizó Cate Blanchett.

Y es que la actriz está francamente bien en la película, pero su personaje viene con el lastre habitual, es el protagonista woodyallenizado que tiene que tener por fuerza una película de Woody Allen. Habrá quien piense que esa es la firma del autor, como lo es la idéntica música de jazz (que parece bastante mal utilizada en la película, de una forma aleatoria y sin demasiado significado) o estos títulos de créditos iniciales sobre fondo negro que se repiten filme tras filme. Pero es una fórmula que hace ya mucho tiempo que sobrepasó los límites del agotamiento. Blanchett, de forma individual, sensacional, pero dentro de la filmografía de su aquí director, una más con características muy semejantes. El reparto, en todo caso, viene a ser lo mejor de la película, a pesar de que Alec Baldwin está más frío que de costumbre, pero sobre todo gracias al buen trabajo de Sally Hawkins, que interpreta a la hermanastra pobre de Blanchett.

Jasmine es la esposa de un hombre de negocios (Alec Baldwin) que, de repente, se ve sin dinero y sin los lujos que tenía en su anterior vida, y tiene que irse a vivir con su hermana (Hawkins) y sus dos hijos, lidiando con el novio de ésta (Bobby Cannavale) y buscando cómo ganarse la vida de ahí en adelante. En realidad, otro de los problemas de Blue Jasmine está en que, por momento, parece mucho más atractiva la historia de esa hermanastra que la de la que finalmente escoge Allen para llevar el peso del filme. El contraste entre los diferentes mundos de los que proceden se diluye como una vía descartada por la película, que se limita a abrazar los indudables méritos de su actriz protagonista. Ella es la que se lleva las miradas y los elogios, ella es todo lo que en realidad tiene que ofrecer la película para marcar una diferencia. Y ella está fantástica. Es el envoltorio lo que no ofrece nada nuevo.

Pasan los minutos y Blue Jasmine no deja de caminar de forma errática, hasta el punto de que no se sabe a dónde ha conducido ni siquiera cuando acaba la historia. Y eso no deja de ser un aspecto frustrante porque hay momentos en los que la película parece que va a despegar, tanto formal (con una doble narración que finalmente se desinfla bastante) como argumentalmente (cuando más directamente se enlazan las vidas de las dos hermanas), pero acaba cerrándose sin muchas conclusiones (más, insisto, en la historia de la hermana). Ni frío ni calor, otro filme más de Woody Allen que encaja en lo que ha venido haciendo en los recientes y nada espectaculares años de su carrera, incluso a pesar de que ciertos sectores de crítica y público hayan encontrado ahí algunas obras maestras. Lo que sí se le agradece siempre a Woody Allen es que nunca se le desmadra la duración de sus películas. En esta, con dos líneas temporales, tiene algo más de mérito. Pero la película es Cate Blanchett. Magnífica. Pero nada más.