Mostrando entradas con la etiqueta Scarlett Johansson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Scarlett Johansson. Mostrar todas las entradas

jueves, abril 30, 2015

'Vengadores. La era de Ultrón', el mayor espectáculo superheroico de la historia... por segunda vez

Cuando Joss Whedon estreno Los Vengadores en 2012 se ganó todos los elogios posible, y con razón. En aquel momento era imposible hacer algo más grande, más satisfactorio para el aficionado y más espectacular. Han pasado tres años y llega Vengadores. La era de Ultrón, colofón a la fase dos del universo cinematográfico de Marvel, y las sensaciones son las mismas. Por imposible que parezca, Joss Whedon lo ha vuelto a hacer. Ha filmado el mayor espectáculo superheroico de la historia, por segunda vez en su carrera. La era de Ultrón es un filme gozoso de principio a fin, casi un clímax continuo con unos niveles de épica extraordinarios, con un desarrollo increíblemente sutil no ya de sus personajes, construidos con mimo, sino de todo ese universo que se ha ido tejiendo desde que Iron Man abrió esta singular y pionera aventura cinematográfica de la que Whedon ha sacado lo más grande con una categoría extraordinaria y un conocimiento sublime de los personajes y de lo que podía sacar de cada uno de ellos.

Resulta inevitable preguntarse cuál de las dos películas de los Vengadores es mejor, y la respuesta más acertada sería que ninguna. Lo que consigue La era de Ultrón es recrear las mismas sensaciones de emoción que generó el filme original, pero en espectadores con tres años más de experiencia en este riquísimo universo. Todo lo bueno de Los Vengadores está en La era de Ultrón, incluyendo un clímax memorable cuyo único enemigo es el marketing que ha desvelado demasiado en los trailers. Y todo lo malo de la primera entrega se intenta corregir. Eso puede provocar defectos nuevos, no es cuestión de decir que estamos ante una película perfecta (y que no lo es se puede ver, por ejemplo, en un personaje secundario presentado previamente y que tiene un indudable sabor a decepción, o en la forma en la que se prescinde del final de una de las películas de este universo), pero el sentido del entretenimiento y de la diversión que exprime Whedon en cada secuencia es tan memorable que cualquier pequeño fallo se disculpa con facilidad.

Whedon es quien más partido ha sacado de un reparto que ya funcionaba a la perfección en las películas individuales. Por ejemplo, La era de Ultrón es, por segunda vez, el filme definitivo de Hulk sin que el alter ego verdoso de Bruce Banner sea su protagonista. Pero sabe tanto Whedon de Marvel y también de cine que al mismo tiempo la introducción de los nuevos personajes es magnífica. Ultrón es un villano a la altura, pero la función se la llevan la Bruja Escarlata que interpreta Elizabeth Olsen y la Visión de un físicamente muy sorprendente Paul Bettany. ¿Cuántas películas basadas en cómics han tenido resultados nefastos por no saber administrar un número de personajes elevados? Pues La Era de Ultrón tiene nada menos que una docena de personajes centrales, más de una quincena de personajes Marvel con los que hay que satisfacer al aficionado y, al mismo tiempo, crear una historia coherente. Incluso Thor, que tiene aquí menos protagonismo que en la entrega anterior, está sensacionalmente descrito con elementos puramente narrativos y nunca de cara a la galería, plantando semillas que, seguro, se verán nacer en Thor. Ragnarok.

El festival de efectos especiales tiene algún momento demasiado digital, sobre todo en la brillante escena inicial (recordatorio, por cierto, de uno de los grandes momentos del clímax de Los Vengadores), pero la acción está tan increíblemente bien orquestada que acaba dando igual. La historia, escrita con sutileza, deja incontables guiños para el aficionado, bien de esta serie cinematográfica o bien de los tebeos (por supuesto, entre ellos está un memorable cameo más de Stan Lee, o la inevitable escena que aparece tras los primeros créditos, de nuevo para poner los dientes largos), y Whedon deja su sello tanto en la bellísima construcción de los personajes como en el constante humor que introduce y que no entorpece en absoluto el drama que hay en el filme. Porque son superhéroes, y su objetivo es entretener al público, pero también están ahí para salvar el mundo y contarlo de una forma humanamente realista como ha hecho Whedon exige una capacidad emocional muy intensa. Así, lo peor de La era de Ultrón no es otra cosa que saber que Whedon no estará para Infinity War, la tercera película del grupo. Porque estas dos son bestiales.

lunes, agosto 11, 2014

'Chef', deliciosa intrascendencia gastronómica

En Chef no hay nada que no nos hayan contado mil y una veces, y que nos lo cuenten en 114 minutos puede ser algo excesivo e intrascendente. Pero, aquí viene lo bueno, hasta ahí llegan los aspectos negativos de Chef, una de esas películas que explotan con inteligencia y categoría el buenrrollismo que todo el mundo necesita de vez en cuando. En ese sentido, es una película deliciosa de ver, y el adjetivo tiene un doble uso en esa frase puesto que el tema de la película se enfoca en la gastronomía, concretamente en la vida de un chef que quiere ser especial en su trabajo y al mismo tiempo feliz en su vida. Como sin conflicto no habría película, al final la trama deriva en una muy clásica pero desenfadada y alegra historia de superación en la que todo el mundo es bueno, todo es divertido y todo acaba saliendo bien. Lo dicho, buen rollo. Pero buen rollo bien hecho.

De una manera o de otra, Jon Favreau es uno de esos tipos que se nota que se lo pasa bien. Lo hace cuando actúa porque transmite carisma y buen rollo, y lo hace cuando dirige. Hasta ahora había destacado más por grandes espectáculos de acción y efectos especiales, como sus dos entregas de Iron Man (la primera y la segunda) o ese bizarro entretenimiento que era Cowboys y aliens, pero con Chef demuestra que también sabe disfrutar con una historia de corte más realista e intrascendente. ¿De qué otra forma se puede interpretar si no es como diversión el reparto que reúne y el resultado que le da? Él mismo al frente, con John Leguizamo... básicamente haciendo de lo que casi siempre hace John Leguizamo. Lo mismo se puede decir de Sofía Vergara. Scarlett Johansson casi agradece este tipo de películas asentadas en la realidad, por pequeño que sea su papel. A Dustin Hoffman siempre es un placer verle. ¿Y Robert Downey Jr.? Nadie se lo ha pasado mejor que él haciendo esta película.

¿Pero de qué va Chef? Muy sencillo. Favreau interpreta a un jefe de cocina de un buen restaurante al que las cosas le van aparentemente bien, pero que se topa con cuatro problemas. El primero, un blogero gastronómico (Oliver Platt) que acude a su restaurante dispuesto a evaluarle sin piedad. El segundo, un jefe (Hoffman) que le recuerda quién paga las facturas. El tercero, su escasa experiencia en el mundo de las redes sociales que le lleva a meterse en algún que otro lío gracias a su recién estrenada cuenta de Twitter. Y el cuarto, un hijo de diez años (Emjay Anthony) para el que apenas tiene tiempo y que tuvo con su ex mujer (Vergara). Por el camino, Favreau abre el apetito con una delicadeza gastronómica que encandila, con una buena música con la que es fácil conectar (sonidos latinos incluidos), juguetea con las propiedades eróticas de la cocina pero sobre todo convierte el trabajo en los fogones como un aprendizaje vital de buenas intenciones.

Chef funciona así como comedia (ojo al diálogo en español de John Leguizamo, que seguramente perderá gracia en la versión doblada) y como relato costumbrista, pero sobre todo es esa bocanada de buen rollo que el cine sabe insuflar mejor que ningún otro arte. Es fácil encontrar en la película momentos divertidos, tiernos y agradecidos, es muy sencillo dejarse arrastrar por la historia, por mucho que en el último tercio dé la sensación de estar siendo alargada en exceso. ¿Y su intrascendencia? Pues es grande, claro, porque ni es una historia rompedora ni es la mejor que se ha rodado nunca, como tampoco va a cambiar la vida de nadie porque ni siquiera lo pretende. Pero dentro de esa categoría de películas intrascendentes, todos sabemos que las hay de dos clases. Por un lado esas de las que nos hemos olvidado antes incluso de que se terminen. Por otro, las que dejan una sonrisa al acabar la proyección y por eso las acabamos recomendando a quien quiera distraerse durante un par de horas. Chef es, indudablemente, de las segundas. Y por eso en estas líneas lo que se está haciendo es recomendarla.

viernes, marzo 28, 2014

'Capitán América. El Soldado de Invierno', Marvel en su punto más poderoso

Desde hace ya algunos años, Marvel ha encontrado un extraordinario camino para desarrollar su franquicia cinematográfica. Los Vengadores fue la culminación de una idea, la del universo compartido, que no se había hecho antes en el cine y que ya fue una de las piedras angulares del éxito de sus cómics en los años 60 del pasado siglo. Tras Los Vengadores, las apuestas han subido. Y si hay una película que por el momento está a la altura del reto, esa es Capitán América. El Soldado de Invierno. Iron Man 3 fue algo controvertida entre los aficionados (aunque, para mí, genial) y Thor. El Mundo Oscuro mantuvo esa franquicia individual a un nivel inferior a sus compañeras aún superando algunos logros de su película original. Pero esta continuación de Capitán América. El primer Vengador es una película extraordinaria, con muchos niveles de éxito y, como siempre de forma debatible, la mejor película individual de este universo Marvel porque encuentra una personalidad propia irrebatible dentro de un conjunto mucho más grande que se aventura a modificar con mucha valentía y sin vuelta atrás.

El Soldado de Invierno es una película terriblemente actual en su aspecto visual pero sobre todo en los temas que plantea, y al mismo tiempo es un magnífico homenaje al thriller político de los años 70 y un formidable producto de entretenimiento. Es en esa conjunción donde trasciende el género de superhéroes al que pertenece para convertirse en algo todavía más agradecido. Y puede que haya cierta ingenuidad en alguno de sus planteamientos, pero desde luego es lo de menos. Su construcción es modélica, porque muestra que ha sabido sacar las conclusiones adecuadas de lo que funcionó y de lo que no en las películas previa de Marvel (y en las que no son de Marvel, porque hay en el trasfondo algo que también obedece a los hallazgos de Christopher Nolan especialmente en El Caballero Oscuro) para convertirse en eje de lo que ha sido y de lo que será en el futuro el universo Marvel. Es, en ese sentido, una gozada para los aficionados a estas películas, pero en absoluto una barrera para quienes no se hayan sentido atraídos por estos coloristas personajes.

Eso es otro inmenso acierto del filme, que satisface a públicos muy diversos sin dejar de lado al aficionado. Hay en la película incontables referencias para los lectores de cómics (desde el nuevo e imprescindible cameo de Stan Lee a la introducción de algunos nombres y personajes de forma nada casual) y a los seguidores de este universo cinematográfico (sobre todo con la recuperación de algún personaje de Capitán América. El primer Vengador y las dos secuencias postcréditos, en especial la primera, apasionante por las puertas que abre), pero también, al margen de esto, es un entretenimiento de acción de primer nivel. los hermanos Anthony y Joe Russo ruedas unas coreografías deslumbrantes, integran perfectamente los efectos visuales y todo ello sin que se pierda interés en la trama o en los personajes, que son nuevamente uno de los puntos fuertes de la película gracias a un acertadísimo proceso de casting, ya conocido en el caso de Chris Evans, Scarlett Johansson (por fin cómoda en el papel de Viuda Negra) y Samuel L. Jackson pero novedoso con el peso que siempre da Robert Redofrd o la frescusa de Anthony Mackie como el Halcón.

Capitán América. El Soldado de Invierno es, decididamente, la mejor película individual de esta segunda fase de Marvel Studios, la que arrancó tras Los Vengadores y la demostración de que no es necesario fotocopiar cómics (vale lo mismo con los libros) para lograr una adaptación espléndida, o de que no es necesario calcar los méritos de una película, la primera de la saga, a la hora de hacer una secuela. Porque con el mismo personaje y dentro del mismo universo, lo que El Soldado de Invierno hace es actualizar El primer Vengador, continuar su historia y la de Los Vengadores y abrir incontables puertas para el futuro de la franquicia. Pero, ojo, que además lo hace contando una historia bien llevada, notablemente cerrada y con una personalidad única dentro de este cuadro mayor. Esto es Marvel en su punto más poderoso, demostrando que la figura del superhéroe sirve para muchos registros diferentes con una formidable mezcla de piezas de acción y trama de intriga y espionaje, con personajes carismáticos, sólidas actuaciones y una dirección por momentos sobresaliente. Una gozada.

viernes, febrero 21, 2014

'Her', bellísima carta de amor

Tengo que confesar que no soy un apasionado del cine de Spike Jonze. Le reconozco el carácter rompedor de sus ideas, la inmensa originalidad de su cine a todos los niveles y su capacidad para encontrar los recovecos del alma humana en las más insospechadas situaciones. Pero normalmente sus películas no llegan a emocionarme del todo. Me pasó con Adaptation. El ladrón de orquídeas, me pasó en Cómo ser John Malkovich y me pasó con Donde viven los monstruos. Originales, atractivas, incluso interesantes, pero lejos de ser inolvidables. Her destroza para siempre esa percepción. La bellísima carta de amor que escribe y dirige es una extraordinaria maravilla de principio a fin, planeada con mimo y ejecutada con cariño, interpretada con maestría y montada con inteligencia. Original en su planteamiento, pero brillante más allá de su sinopsis. Ni un pero se le puede poner a esta película tan preciosa como magnética, irresistiblemente humana dentro de su más que atractivo envoltorio de ciencia ficción.

Empezando por su punto de partida, todo hechiza en Her. Theodore (Joaquim Phoenix) trabaja en una empresa que se dedica a crear cartas manuscritas que otras personas no son capaces de redactar, se está divorciando y es un tipo triste y solitario. Un día instala en su ordenador un nuevo sistema operativo, una personalidad más que real a la que decide dar voz de mujer (Scarlett Johansson) y ella misma se pone el nombre de Samantha. Y poco a poco van enamorándose. Qué fácil parece con una sinopsis así caer en los terrenos de la caricatura o, por qué no decirlo, del ridículo. Pero Her está siempre alejadísima de esos peligros porque todo lo que acontece en la pantalla genera empatía, conmueve y emociona. Todo está formidablemente bien hecho a todos los niveles Spike Jonze, un autor de ideas como poco enrevesadas, encuentra aquí el escenario tan innovador en su envoltorio como clásico en su desarrollo y hace posible lo imposible: recrear una vibrante historia de amor en la que sólo llegamos a ver en la pantalla a uno de los dos integrantes de la pareja. Al otro sólo lo escuchamos.

Lo grandioso de Her es que para crear una carta de amor de toques humanamente imposibles describe con absoluta precisión humana todas las etapas del enamoramiento, y lo hace con una delicadeza sensacional. Es Spike Jonze en estado puro, pero también Spike Jonze llevado a su máxima capacidad. Es reconocible en su brillantez formal, pero en lo que toca el corazón merece el aplauso siempre y no a ráfagas como hasta ahora en su filmografía. Y consigue lo mejor de un reparto brillante encabezado por un hombre (Phoenix) y cuatro mujeres (a la ya mencionada Johansson hay que sumar a una Amy Adams que demuestra una vez más que su portentosa creatividad ni tiene límites ni están supeditados a su aspecto físico, una Rooney Mara brillante en su dureza y una Olivia Wilde que casi siempre da la sensación de ser mejor actriz de lo que se reconoce, y que ella prueba en papeles secundarios de mucho peso). De una forma u otra, Theodore enamora a esas cuatro mujeres. Y, de paso, el espectador sale irremediablemente enamorado de la película.

Her es tierna, bonita, triste y melancólica, se inicia con maestría y se cierra aún mejor. Y en su brillantez, la que hace que se recomiende este filme con entusiasmo a todo tipo de públicos que quieran experimentar emociones ante una pantalla (¿no trata de eso el cine?), Her abre además un debate necesario y fascinante. Teniendo en cuenta que Samantha es un personaje del que sólo escuchamos su voz, ¿quien vea la película doblada habrá disfrutado realmente de Her? ¿Cómo se puede convencer a alguien de que Scarlett Johansson es la coprotagonista del filme si su rostro no llega a verse en la pantalla? Doblada, Her deja de ser una película de Scarlett Johansson y su personaje pertenece por completo a otra actriz. ¿Es eso justo? Probablemente no. Pero no lo es ni con el trabajo interpretativo de la actriz ni tampoco con el propio espectador, que recibe algo diferente de lo que ha creado Spike Jonze (quien, por cierto, completa lo más divertido de la película prestando su propia voz al pequeño alienígena del juego). Una película más que evidencia lo necesaria que es la versión original. Y además, una película grandiosa.

domingo, febrero 03, 2013

'Hitchcock', cine dentro de cine complaciente pero bonito

Las películas de cine sobre cine que se agarran a figuras reconocibles tienen mucho ganado. Hitchcock, obviamente, arranca desde ese terreno y ya tiene ganado una consideración favorable a poco que no ejecute un estropicio de proporciones épicas. Lo que acaba ofreciendo el debutante Sacha Gervasi es un retrato algo edulcorado del conocido como maestro del suspense mientras creaba una de sus últimas obras maestras, Psicosis. Y es, efectivamente, un retrato complaciente en muchos momentos, que no quiere ofender al aficionado, pero no por ello menos bonito de contemplar, francamente gozoso en algunos momentos. Poco aportará en términos históricos a quienes conozcan algo sobre el rodaje de Psicosis, pero para los profanos será una hermosa manera de acercarse a un auténtico clásico siempre disponible para ser descubierto.

Hitchcock no estrictamente un biopic, no abarca toda la vida del protagonista. Ni siquiera un amplio espectro de la misma. Hitchcock es la creación, rodaje y estreno de Psicosis. No va ni pretende ir más allá. Gervasi (cuyo trabajo más relevante hasta ahora es el guión de La terminal, de Steven Spielberg) realiza un ejercicio de síntesis bastante inusual y, por qué no decirlo, agradecido, en esta época. Lo que le podría haber dado para un filme mucho más extenso, y quizá sea posible que le falten algunos minutos en algunos tramos, se queda en unos ajustados 98 minutos en los que, si peca de algo, es de plantear demasiados temas sin llegar a dejar que ninguno coja el protagonismo que habría tenido en otras manos. Está el Hitchcock megalómano, su obsesión con las actrices rubias, su colaboración con su esposa, Alma, su lucha contra los demonios interiores (curiosamente personificados en esta película en Ed Gein, el asesino en serie que inspiró Psicosis, interpretado por un inquietante Michael Wincott), su pelea con la censura y con el estudio por hacer las películas tal y como las quería.

Dar vida a Hitchcock es un caramelo en cierto modo envenenado del que Anthony Hopkins sale más que airoso. En ocasiones parece algo preso de la caracterización física del personaje, pero en otros momentos cobra vida ante la cámara, hasta acabar en un gozoso final que capta a la perfección la esencia de todo lo que representa Hitch, el hombre que quería provocar sensaciones nuevas en el interior de una sala de cine. Las interpretaciones, de hecho, van desde lo mejor a lo más insulso de la película. Toni Collette borda el papel de Peggy Robertson, la secretaria de Hitchcock, dándole el tono de comedia desenfadada que en el fondo requería la película. Scarlett Johansson y Jessica Biel no logran la trascendencia que sí podrían haber tenido, dando vida a Janet Leigh y Vera Miles, las dos protagonistas femeninas de Psicosis. Y aunque James D'Arcy apunta buenos detalles como Anthony Perkins, lo cierto es que el filme pasa totalmente de puntillas sobre su personaje, perdiendo una oportunidad interesante. Ahí, por ejemplo, falta metraje.

En realidad es que, salvo por resaltar la presencia de Scarlett Johansson, el rodaje de Psicosis no alcanza un papel dominante en esta recreación. Importa mucho más su gestación, lo que representa en la carrera de Hitchcock y el momento personal en que le llega (Helen Mirren da vida a Alma, ejemplificando de nuevo los altibajos a los que refería antes, por momentos espléndida pero en otros mera comparsa), su montaje (con la inolvidable anécdota con Bernard Herrmann de la música en la escena de la ducha) y su estreno, que no el proceso de filmación. Quizá por eso los actores que interpretan a actores no cobran tanta relevancia como, por ejemplo,  el escritor Whitfield Cook (Danny Huston, siempre solvente), a quien Hitch considera un rival por el afecto de su esposa y no duda en dejárselo claro cada vez que se cruza con él. Por supuesto, todo está contado desde el prisma más favorable a Hitchcock, carismático hasta en sus flaquezas, y con la sensación de que la idea es dejar bien a todo el mundo, incluso a su odiada Vera Miles.

Hitchcock es una película tan amable como hermosa de ver. O quizá es que el cinéfilo que llevo dentro disfruta sobremanera con películas que tocan los entresijos del mundo del cine. Lo que es un innegable es que hay un sincero intento de mostrar cómo era Hitch y cómo era el cine de aquella época. Además de los ya habituales sobresalientes tareas de diseño de producción, uno de los elementos que más ayudan al espectador en esa tarea es la magnífica banda sonora de Danny Elfman, que recrea el mítico tema de la serie televisiva Alfred Hitchcock Presenta y, por supuesto, algunos de los temas de Psicosis. Hitchcock, con sus toques de humor, es un filme que requiere ganas de disfrutar, porque está hecha como un homenaje cariñoso a una figura que, precisamente, careció del reconocimiento de la industria cuando todavía estaba en activo. Ese es otro de los temas de este interesante y entretenido filme, seguramente el que más sentido da a todo el trabajo que conlleva, con muchas cosas interesantes aunque sólo por esa hermosísima y genial escena final en el cine, en el estreno de Psicosis, ya merece la pena.

jueves, abril 26, 2012

'Los Vengadores', el mayor espectáculo superheroíco de la historia

Hay quien piensa que las expectativas, sobre todo cuando son muy elevadas, son un mal compañero de butaca en el cine. Que si se piensa que lo que vamos a ver es grandioso, nada de lo que se nos ofrezca estará a la altura de lo que deseamos ver. Si tú, amigo lector, piensas así cuando vas a ver una película y te fías, aunque sea mínimamente, de las opiniones que suelo plasmar aquí, igual no te conviene seguir leyendo lo que tengo que decir de Los Vengadores. Porque, y ya lo dejo claro desde el principio, estamos ante el mayor espectáculo de superhéroes que se ha realizado nunca y ante una de esas películas que se convierten en un modelo a seguir durante décadas, como en su momento lo fue el Superman de Richard Donner para contar el origen de un héroe de cómic o El Caballero Oscuro para narrar su vertiente más oscura y realista. Los Vengadores triunfa a todos los niveles porque es imposible hacer esta película con un mayor cariño hacia los personajes y hacia un tipo de cine, el blockbuster hollywoodiense, a menudo demasiado despreciado. Yo, que no lo desprecio, sólo puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto en una sala de cine.

Conocidos los cinco antecedentes de Los Vengadores, el primer triunfo de Joss Whedon a la hora de encarar esta película está en que no son en absoluto necesarias para comprender este filme. Sí, por supuesto, para saber más sobre los personajes que van a acompañarnos durante casi dos horas y media gozosas de principio a fin. Quizá la más necesaria en ese sentido sea Thor, más que nada debido a que el villano de la función (como en el cómic que dio origen de Los Vengadores) sea Loki, e incluso Capitán América. El primer Vengador para saber algo más de la naturaleza del artefacto que sirve de excusa argumental al filme. Pero Whedon se las ingenia para montar una estructura lógica y asumible. Es cierto que hay pequeños fallos de continuidad con las películas anteriores (¿cómo vuelve Thor a la Tierra?) e incluso que la premisa argumental es algo débil, pero llegados al final de la película son detalles nimios en comparación con el divertimento salvaje que ofrece, pues casi hay más acción aquí que en las cinco ya mencionadas juntas.

Porque Whedon lo que hace es coger lo mejor de cada una de las películas anteriores, mezclarlo con su innata capacidad de gestionar repartos con muchos nombres (siempre recomendaré en ese sentido su tristemente breve serie Firefly, un prodigio televisivo que no tuvo suerte en su momento y que en España es muy desconocido) e introducirle las dosis justas de sentido del humor (una constante en la película) y, por supuesto, de épica. Porque no hay otro adjetivo mejor para calificar el clímax de la película, salvaje, intenso, gigantesco, modélico en todos los aspectos. En él da tiempo a construir a los personajes psicológica y visualmente y también a dar un curso de cine. Es impagable el plano secuencia con el que Whedon muestra, a una velocidad trepidante, cómo luchan los Vengadores como equipo. Ese momento pasa desde ya a los anales de la historia del cine de fantasía y ciencia ficción. Sobra decir que los efectos especiales son impresionantemente buenos, y que convierten a la Viuda Negra en una acróbata descomunal, a Ojo de Halcón en el arquero que debe ser, a Hulk en la imparable fuerza de la naturaleza que tiene que ser o a Thor en un auténtico semidios.

Pero no está ahí, en la excelencia visual, lo que hace de Los Vengadores algo único. Eso tan especial es el alma que tiene la película. Los seis héroes tienen su momento de gloria, al menos uno que hable de la capacidad que han tenido estos personajes para enamorar a tantos aficionados durante cinco décadas. Y, seguramente, está aquí la mejor versión de todos ellos, mejor que lo que les hemos visto hasta ahora, pensemos que es bueno o no tan bueno. Si hay uno que mejora de forma exponencial, ese es Hulk. Y si no me creéis, no tenéis más que ver todo su papel en la batalla final por las calles de Manhattan pero, sobre todo, su irrupción en la misma. Es de esos momentos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda mientras piensas que, por fin, alguien ha entendido a un personaje casi siempre maltratado por sus versiones de carne y hueso. Pero no es el único. Es que está todo en la película, todo lo que cabe esperar de ella y del desarrollo de sus protagonistas. De los humanos y de los inmateriales. Que levante la mano el aficionado Marvel que no se emocione al ver el Helitransporte de SHIELD por primera vez. O que no sonría en el inevitable y como siempre divertidísimo cameo del creador del Universo Marvel en los cómics, el mítico Stan Lee.

La mayor sorpresa que esconde esta película, con respecto a cómo probablemente mucha gente se ha imaginado que podría ser, es la gran cantidad de momentos cómicos que reúne. Whedon se acerca a la delgadísima línea que separa una película divertida de una ridícula, precisamente porque abundan los momentos para reír. Pero siempre se queda en el lado bueno de la frontera. Esa comicidad, ese saber reírse de lo que el director tiene entre manos, es lo que le ha faltado a muchas adaptaciones de cómic. Aquí nada sobra, nada suena extraño. Y qué decir de los actores. Este Universo Marvel cinematográfico cuenta con un casting brutal. La socarronería de Robert Downey Jr. como Iron Man, la grandeza de Chris Evans como Capitán América, la calculada ambigüedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner y como Hulk, la clara mejoría de Scarlett Johansson como Viuda Negra con respecto a Iron Man 2, el misterio que aporta Jeremy Renner a Ojo de Halcón, la planta imponente de Samuel L. Jackson como Nick Furia, lo maquiavélico que puede ser Tom Hiddleston como Loki, la ironía de Clark Gregg como el agente Coulson y la seriedad de Cobie Smulders como la agente Hill son sencillamente brillantes.

Los Vengadores es una montaña rusa desde el principio. Es evidente que cuando se pone toda la carne en el asador es en su descomunal batalla final, pero todas las secuencias de acción son impactantes. Todas, sin excepción. Y sus bromas son divertidas, igualmente sin excepción. Es un sueño hecho realidad. Y cuando uno está pensando que no hay nada que pueda hacer de Los Vengadores una película más espectacular, satisfactoria, gozosa y entretenida, llega el epílogo que Joss Whedon ha incluido y del que hay que ser un insensato para revelar nada, aunque es verdad que sólo los fans de Marvel lo comprenderán en toda su magnitud. Y, una vez entendido y asumido, sólo queda comportarse como un fan hambriento de más y desear que llegue ya, cuando antes Los Vengadores 2. Eso sí, después de haber saboreado en el cine en más de una ocasión este audaz vehículo de hacer felices a quienes hemos leído cómics de superhéroes durante años y de ofrecer un sincero gran rato a quienes no conozcan de nada a estos personajes. Una joya a día de hoy inigualable. Sin más y sin complejos.

martes, mayo 04, 2010

'Iron Man 2', espectáculo del bueno

El primer Iron Man se convirtió hace dos años, por derecho propio, en una de las mejores adaptaciones de cómics Marvel que jamás se han hecho, a pesar de que se produjo con mucho menos bombo que otras películas del género. Al mismo tiempo, aquella cinta fue la génesis del Universo Marvel cinematográfico que estamos viendo y que seguiremos viendo en los próximos años. De la secuela de Iron Man lo primero que hay que decir es que es tan espléndida como la primera entrega, tan entretenida como aquella, con un sentido del espectáculo tan refinado como la original. ¿Diferencias? Las hay. A simple vista para bien, porque crece aquello que en parte faltaba en la primera: la espectacularidad. Rascando algo más, hay otra diferencia más negativa, y es que el guión, siendo muy interesante, no termina de sacar partido a algunos de los elementos y personajes que pone en pantalla. Pero es una gozada. Como la primera. ¿Mejor? Qué difícil decidir cuál de las dos es mejor.

Si en la primera entrega ya quedó claro, la segunda confirma aún más que esta saga no tendría ningún sentido sin Robert Downey Jr. La mayoría de los actores consiguen, a lo largo de sus carreras, encontrar un personaje que les define. Tony Stark/Iron Man es el de Robert Downey Jr. Vista su interpretación parece sencillamente imposible encontrar a alguien que hubiera podido aunar con semejante brillantez la socarronería y excentricidad del multimillonario inventor con la seriedad de su trabajo, su carácter de mujeriego empedernido con la lucha por la vida es que está inmerso, la comicidad de algunas secuencias con la mayor profundidad de otras. No sé por qué hay tanto miedo, sobre todo en las nominaciones anuales, a destacar a un actor que interpreta a un personaje de cómic. Ojalá los premios a Heath Ledger por su sobrecogedora actuación en El Caballero Oscuro vayan teniendo reflejo en trabajos como el de Robert Downey Jr.

Iron Man nos hablaba del efecto que podía tener sobre el mundo la aparición de una máquina bélica tan contundente como la armadura del héroe. Iron Man 2 nos habla de la reacción del mundo a esa irrupción, y ahí juego un papel importante un empresario rival, Justin Hammer (un divertido Sam Rockwell). El concepto, analizado millones de veces en el cómic (y no sólo en los de este personaje, desde luego), es apasionante. Sin embargo, este planteamiento queda algo lastrado por la obsesión del cine de superhéroes de centrarse en historias de origen, que era precisamente lo que relantizaba la primera entrega. Y como aquí el de Iron Man ya está establecido, son muchos los minutos de su metraje los que se dedican a contarnos la historia del villano, Látigo (un Mickey Rourke adecuado en un personaje que no queda del todo bien dibujado), minutos que lastran bastante, sobre todo en la primera mitad de la película. Habrá quien también vea lentitud en muchos tramos de la película, pero a mí más me parecen elementos de cohesión entre las dos entregas de Iron Man y, sobre todo, con el resto de ese ya mencionado Universo Marvel cinematográfico.

Y es que muchas de las novedades (y elementos ya vistos, aunque fuera de pasada en la primera, como el escudo que usará el Capitán América; todo un toque de irreverencia el uso que se le da en ésta) que aporta Iron Man 2 parecen pensadas para expandir ese universo. El Nick Furia de Samuel L. Jackson tiene aquí más metraje que en la primera película por eso, porque se está gestando la película de los Vengadores. La introducción de la Viuda Negra de Scarlett Johansson tiene también esa razón de ser, además de introducir el nombre de otra estrella en el reparto. La actriz, por cierto, confirma que, hoy por hoy, es más una imagen de marca que una intérprete. No es que falle su personaje (mucho más breve de lo que sugiere que uno de los elementos más publicitados haya sido su traje ajustado de cuero negro), es que ella parece conformarse con exhibir una incuestionable imagen sexy y bordar la escena de acción que se le presenta (una escena, por cierto, rodada de forma magnífica por Jon Favreau, quien ya en la primera parte demostró un gran estilo como realizador de acción eludiendo la confusión en pantalla que suele dominar este género).

La mejora de la secuela con respecto al original se nota en su espectacularidad. Lo más decepcionante de Iron Man, seguro que por falta de medios para aumentar su escala, era su clímax. Aquí el avance es considerable, porque se trata de un magnífico enfrentamiento final dividido en tres segmentos (el peor de ellos, por desgracia para el personaje de Rourke, el último), intercalado con una segunda acción paralela muy bien montada. Es aquí donde destaca la novedad de este filme que parece propia de esta saga y que no tendrá protagonismo en los Vengadores (aunque todo es posible): Máquina de Guerra. Don Cheadle sustituye (y mejora) a Terrence Howard como James Rhodes. La presencia de dos armaduras en la parte final del filme aumenta el espectáculo, un tanto digital a veces pero lleno de diversión en todo momento (y muy bien planteado por su director, intercalando planos de los rostros dentro de la armadura con la acción). Gwyneth Paltrow repite papel y sensaciones con respecto a la primera entrega, bien pero quizá algo desaprovechada.

Una parte importante de esta saga es el humor, muy presente de nuevo en la secuela (incluyendo, una vez más, el impagable cameo del creador del personaje, Stan Lee; buscadle después de la presentación de Iron Man en la Expo Stark), pero no por ello se desprecian elementos más dramáticos o trascedentes (quizá lo más endeble sea la conexión de Tony Stark con su padre), lo que hace de Iron Man 2 un magnífico ejemplo de cine espectáculo, un modelo para futuras películas que busquen objetivos similares, un cine de cómic espléndido y un título muy recomendable para introducir al público en ese género, una cinta de acción con un ritmo y una elegancia que ya quisieran títulos con mucha mayor reputación, dos horas de puro entretenimiento. Y que sean algo más de dos horas, porque quien se vaya antes del final de los títulos de crédito, como ya sucedió en la primera entrega, se perderá la última escena del filme... que invita directamente a seguir inmerso en el Universo Marvel. Y larga vida a ese universo mientras produzca películas como ésta.

viernes, diciembre 04, 2009

Scarlett me descoloca

Scarlett Johansson me descoloca. Y no, no estoy hablando de los efectos que su atractivo físico puedan tener sobre mí, sino del efecto que ese atractivo físico y otras cosas tienen en la carrera de la actriz. Para hablar de ella, hay que hablar de un punto de inflexión: Lost in translation. Hasta ese momento, había hecho cine independiente de cierto prestigio (Ghost world; para mí prescindible totalmente, una sorpresa negativa con todo lo bueno que había oído de ella), cine de terror de serie B (Arac attack), películas comerciales que necesitaban de una niña (Causa justa, Solo en casa 3) y un papel de cierta relevancia con un director notable, Robert Redford (El hombre que susurraba a los caballos).

Con este currículum, no es de extrañar que Lost in translation se vendiera antes de su estreno, no con la participación de Scartlett, sino como la película en la que Bill Murray iba a sorprender a todo el mundo. Y lo hace, ya lo creo que lo hace, porque como casi todos los buenos cómicos esconde un gran actor. Pero cuando vi Lost in translation, y dado que a Bill Murray siempre le he tenido cierto cariño, para mí la sorpresa fue ese chiquilla de 19 años que se encontraba todavía más perdida que el hombre cincuentón que acaparaba los posters de la película. Nada de lo que le había visto hasta ese momento, ni siquiera dirigida por Robert Redford, me llevaba hasta ese personaje tan hermoso.

Pero aquí llegó la sorpresa. La aparición de Scarlett Johansson en Lost in traslation acaparó elogios, y no sólo por su categoría como actriz. Además de sus cualidades interpretativas, gustó, y mucho se escribió sobre ello, que una actriz alejada de los cánones de belleza estilizada (¿enfermiza?) que rigen en la sociedad actual se mostrara con semejante naturalidad. Pese a todo, Scarlett se convirtió en un sex symbol. No digo que no lo merezca ni que no lo parezca. Pero fue una sorpresa. Y ese sex symbol me temo que ha ido devorando a la actriz. Con esporádicos regresos a la categoría, como su papel en Match point. Pero el resto me tiene descolocado. ¿Es una buena actriz? ¿Es una cara bonita? ¿Es sólo un busto?

En A good woman no tiene registros y Helen Hunt se la merienda con una facilidad aplastante. Tiene aquí la misma cara que en La dalia negra o Las hermanas Bolena, inexpresiva y sin dotar de personalidad a sus personajes. En Scoop y Vicky Cristina Barcelona pasa por delante de la cámara como podría estar haciendo cualquier otra cosa, con un desinterés enorme. Como heroína de acción hasta ahora (y a la espera de su Viuda Negra en Iron Man 2, a la que pertenece la imagen) es un fracaso, porque en La isla sólo sabe poner cara de asombro y correr, y en The Spirit enseñar el escote junto a otras actrices que parecen hacer lo mismo, contribuyendo al fiasco absoluto que es la película.

¿Está devorando la maquinaria de imagen de Hollywood a quien podría haber sido una gran actriz? ¿Por qué parece que está más pendiente de su (según me han dicho poco interesante) carrera musical o de los anuncios que hace que de las películas que escoge? Supongo que sus próximos filmes definirán el futuro de Scarlett. En el horizonte sólo tiene Iron Man 2 y Los Vengadores. Ya veremos.

sábado, enero 03, 2009

El despropósito de 'The Spirit'

The Spirit es un despropósito. Punto. Creo que así dejo bien claro el humor con el que salí del cine tras ver la primera película como director en solitario de Frank Miller, antaño un revolucionario de la escena del cómic y hoy un tipo al que uno no sabe muy bien cómo agarrar. The Spirit es una de esas películas que uno no acaba de entender cómo se han podido realizar así, cómo una productora ha invertido dinero en ella y cómo los actores no han sido capaces de alertar al director o a sí mismos del ridículo en el que estaban cayendo. The Spirit es, sobre todo, una mala película, pero también, según dicen casi todas las referencias que he podido encontrar, una muy mala adaptación de una obra que se considera precursora del cómic moderno. En definitva, y como decía, un despropósito.

Frank Miller, como hizo Will Eisner en los años 40 con The Spirit, revolucionó el cómic en los años 80 con su visión de Daredevil y Batman (Año uno sigue siendo para mí la mejor visión del personaje, por encima incluso de la otra obra visionaria de Miller, El regreso del Señor de la Noche). La lástima es que aquel genio sigue viviendo de aquellos éxitos y publicando historias cuya calidad sí encuentra discusión entre los fans. Hay quien le sigue viendo como un creador inimitable, hay quien piensa que es un lunático. Entre las obras de esos años posteriores a su cumbre se encuentra Sin City, que él mismo se encargó de llevar al cine junto con Robert Rodríguez. Sin City fue una película curiosa por su particular traslación de las viñetas a imágenes en movimiento, por un singular uso del color y la luz y por un reparto fascinante. Pero tampoco era una obra de arte, para qué nos vamos a engañar.

Sin City, eso sí, debió espolear a Miller, que decidió lanzarse en solitario a dirigir una película. Y la elegida fue la adaptación de The Spirit. Una elección obvia, pues Miller tuvo una gran amistad con Eisner, al que siempre consideró su maestro. Eso llevó a muchos a pensar que, si bien Miller no era un director experto, al menos trataría el material con un respeto reverencial. Pues no. No hay nadie que conozca el cómic que haya hablado bien de la película. Por desgracia, aún no he podido hacerme con material del personaje de Eisner, así que ésta es una comparación que yo personalmente no puedo hacer. Pero el hecho de leer a tanta gente poniendo el grito en el cielo al comentar la película de Miller no puede ser nada bueno para valorarla. Pero sí es, en cambio, un argumento más para acercarme al cómic y, en su caso, valorarlo más.

Y como yo no puedo establecer esa comparación, me limito a expresar una opinión sobre The Spirit como película. Y después de verla, ésta sólo puede ser tremendamente negativa. Sería fácil decir que Miller se vuelca en el aspecto visual de la película en detrimento del desarrollo de los personajes o la historia. En realidad, no deja de ser un eufemismo para ocultar que el guión es lamentablemente ridículo y los personajes inexistentes. Eso deriva, como no podía ser de otra forma, en un desinterés absoluto por el complot (¿complot?) del villano o las motivaciones (¿motivaciones?) del héroe. Todo es un galimatías sin sentido y, eso sí, realizado con muy poco sentido del ridículo. Colorines, muchos y variados, en un intento, imagino, de profundizar en el catálogo visual que Miller nos mostró en Sin City (a pesar de que no tengan nada que ver el ambiente de una y otra serie en el cómic). Una apuesta por el cómic más cómico y menos serio y adulto. Pero absolutamente nada más.

La película es una exaltación de la estupidez (la de absolutamente todos los personajes) y también de la mujer objeto. Sí, en The Spirit, el cómic, aparecen sensuales mujeres fatales. Pero confundir eso con mostrar un pantalla un catálogo de piernas, traseros y escotes (nada más, no nos engañemos por los nombres) es triste. Esto último es lo que hace Miller, sobre todo con Eva Mendes, que para eso tiene el papel femenino principal, pero también con el resto de personajes femeninos, desde Paz Vega hasta Scarlett Johansson (que empiezo a pensar que ya tiene más interés en mostrarse que en actuar), pasando por Jamie King o Stana Katic. Todas las actrices salvo Sarah Paulson (la única que aparece sin un vestuario provocativo) y Seychelle Gabriel, de largo la actriz con más carisma y talento de la película, a pesar de su cortísimo papel (es Sam Saref, el papel de Eva Mendes, en los flashbacks de la película) y de ser la más joven de todo el reparto. Es la única mujer que muestra carisma en la película y es lo único que se me ha quedado en la memoria, la cara y el trabajo de esta adolescente debutante de la que espero saber algo más en el futuro.

En el lado masculino, Gabriel Macht (a quien sólo conozco, pero realmente no recuerdo, de El buen pastor) interpreta al héroe, a Spirit. Y hace lo que puede, pero no es demasiado, ya que el personaje se diluye entre tanto fuego de artificio, tanta frase absurda que el guión le atribuye, una inútil, prescindible y reiterativa voz en off, y el galimatías general que supone la película. Pero puestos a sonrojarse, quien mayor vergüenza ajena provoca es Samuel L. Jackson. Desenfrenado, incontrolado, inverosímil y bastante ridículo su papel como Octopus, el archienemigo de Spirit. Cuesta entender qué le pasaba por la cabeza al actor a la hora de desplegar su arsenal de gritos y gestos exagerados. Eso es lo que algunos creen que es un villano de cómic. Menos mal que nos sigue quedando el propio cómic para descubrir que eso no es cierto.

Desde que se vieron las primeras imágenes y los primeros trailers, el mundo del cómic, los aficionados del noveno arte en general y del personaje en particular, pusieron el grito en el cielo. Y sus malos augurios, por desgracia, se han cumplido. Es más, diría que se han quedado cortos. El nefasto recibimiento en taquilla a la película es sobradamente merecido. Cuando yo fui a verla, hubo una persona que no llegó ni a la hora de proyección y se salió de la sala. De no tener la costumbre de permanecer hasta el final, por malo que sea lo que estoy viendo, creo que yo también me habría marchado. The Spirit no es sólo una mala película y una explicación de por qué muchos espectadores no pueden tomarse en serio películas que tengan su origen en el mundo del cómic. Es, sobre todo, una pérdida de tiempo.