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viernes, octubre 09, 2015

'El coro', un camino fácil para agradar

Hay historias que casi se construyen solas. El coro es claramente una de ellas. Un chico conflictivo que tiene un don y tiene que aprender a desarrollarlo con la ayuda de un mentor que al principio tiene sus dudas. Es una historia que se ha visto una y mil veces, que descansa habitualmente en una vinculación temática directa, en este caso la música, y el acierto fundamental en la elección de los dos actores principales, el joven y el veterano. Vista desde ese punto de vista, El coro es una película bastante apreciable. Lo malo es que, precisamente por el mismo hecho de que es una historia que se construye sola, la hemos visto ya una y mil veces. Y es verdad que François Girard consigue lo esencial, conmover desde la música y con las vivencias de los personajes, pero no sería justo omitir que la suya es una película harto predecible desde el primer minuto.

Es curioso que lo más conseguido de la película desde el punto de vista emocional y psicológico esté en sus primeros minutos, precisamente cuando el tema central de la historia, la habilidad vocal y musical de Stet (Garrett Wareing), todavía no se ha planteado. El coro engancha mucho más por el retrato que por la evolución, porque lo primero sí impacta pero lo segundo está en el terreno de lo predecible. Y es bonito, sin duda, porque los relatos de superación y aprendizaje, mucho más cuando tienen un trasfondo cultural o intelectual, tienen un encanto que es muy difícil de malograr. Girard se aprovecha de eso para que los defectos de la cinta queden enterrados, pero es muy evidente que se trata de una película con muy poco riesgo, y que para evitar que el protagonismo de un chaval, por mucho que Wareing esté bastante notable, le rodea de grandes actores y nombres conocidos.

El de Dustin Hoffman es el más notorio, es evidente, y también el de mayor categoría. Y el que más agrada ver en papeles en los que puede explorar todo su talento. Hoffman forma parte de una generación de intérpretes ya veteranos que han coqueteado con un cine que no está a su altura, con comedias alocadas o películas que directamente no valían la pena, y por eso es tan bonito verles en filmes como El coro. Como los otros nombres conocidos del reparto (Kathy Bates, Debra Winger, incluso Josh Lucas), entra en terrenos que para él no suponen un reto excesivo, eso también es verdad, pero Hoffman tiene un carisma inagotable y cada vez que aparece en la pantalla la ilumina. Girard lo sabe, y una vez que ha introducido a su personaje le deja mucho espacio para que la película se beneficie de esa presencia. Eso no habla excesivamente bien de sus virtudes como narrador, pero después no perjudica en absoluto al filme.

Uno de los problemas de El coro es que se deja llevar por lo fácil, efectivamente, y eso incluye también la música. Aunque en el clímax y en otras escenas clave de la película sí la utiliza Girard con bastante acierto, pero en algunos momentos da una sensación exagerada de refuerzo, que no necesita precisamente porque ya tiene en pantalla una serie de personajes muy atractivos. Ninguno se sale del guión y la película siempre camino por territorios cómodos y sencillos, pero tampoco está escrito que todo tenga que ser rompedor y sorprendente. Es verdad que eso se valora con más facilidad, y que en el caso de El coro se puede achacar a la dependencia que genera la presencia de un actor como Hoffman, pero al final la película se disfruta bastante. Al fin y al cabo, la empatía está servida desde el principio y, con el buen trabajo del joven Wareing, es fácil implicarse con él en su camino.

lunes, agosto 11, 2014

'Chef', deliciosa intrascendencia gastronómica

En Chef no hay nada que no nos hayan contado mil y una veces, y que nos lo cuenten en 114 minutos puede ser algo excesivo e intrascendente. Pero, aquí viene lo bueno, hasta ahí llegan los aspectos negativos de Chef, una de esas películas que explotan con inteligencia y categoría el buenrrollismo que todo el mundo necesita de vez en cuando. En ese sentido, es una película deliciosa de ver, y el adjetivo tiene un doble uso en esa frase puesto que el tema de la película se enfoca en la gastronomía, concretamente en la vida de un chef que quiere ser especial en su trabajo y al mismo tiempo feliz en su vida. Como sin conflicto no habría película, al final la trama deriva en una muy clásica pero desenfadada y alegra historia de superación en la que todo el mundo es bueno, todo es divertido y todo acaba saliendo bien. Lo dicho, buen rollo. Pero buen rollo bien hecho.

De una manera o de otra, Jon Favreau es uno de esos tipos que se nota que se lo pasa bien. Lo hace cuando actúa porque transmite carisma y buen rollo, y lo hace cuando dirige. Hasta ahora había destacado más por grandes espectáculos de acción y efectos especiales, como sus dos entregas de Iron Man (la primera y la segunda) o ese bizarro entretenimiento que era Cowboys y aliens, pero con Chef demuestra que también sabe disfrutar con una historia de corte más realista e intrascendente. ¿De qué otra forma se puede interpretar si no es como diversión el reparto que reúne y el resultado que le da? Él mismo al frente, con John Leguizamo... básicamente haciendo de lo que casi siempre hace John Leguizamo. Lo mismo se puede decir de Sofía Vergara. Scarlett Johansson casi agradece este tipo de películas asentadas en la realidad, por pequeño que sea su papel. A Dustin Hoffman siempre es un placer verle. ¿Y Robert Downey Jr.? Nadie se lo ha pasado mejor que él haciendo esta película.

¿Pero de qué va Chef? Muy sencillo. Favreau interpreta a un jefe de cocina de un buen restaurante al que las cosas le van aparentemente bien, pero que se topa con cuatro problemas. El primero, un blogero gastronómico (Oliver Platt) que acude a su restaurante dispuesto a evaluarle sin piedad. El segundo, un jefe (Hoffman) que le recuerda quién paga las facturas. El tercero, su escasa experiencia en el mundo de las redes sociales que le lleva a meterse en algún que otro lío gracias a su recién estrenada cuenta de Twitter. Y el cuarto, un hijo de diez años (Emjay Anthony) para el que apenas tiene tiempo y que tuvo con su ex mujer (Vergara). Por el camino, Favreau abre el apetito con una delicadeza gastronómica que encandila, con una buena música con la que es fácil conectar (sonidos latinos incluidos), juguetea con las propiedades eróticas de la cocina pero sobre todo convierte el trabajo en los fogones como un aprendizaje vital de buenas intenciones.

Chef funciona así como comedia (ojo al diálogo en español de John Leguizamo, que seguramente perderá gracia en la versión doblada) y como relato costumbrista, pero sobre todo es esa bocanada de buen rollo que el cine sabe insuflar mejor que ningún otro arte. Es fácil encontrar en la película momentos divertidos, tiernos y agradecidos, es muy sencillo dejarse arrastrar por la historia, por mucho que en el último tercio dé la sensación de estar siendo alargada en exceso. ¿Y su intrascendencia? Pues es grande, claro, porque ni es una historia rompedora ni es la mejor que se ha rodado nunca, como tampoco va a cambiar la vida de nadie porque ni siquiera lo pretende. Pero dentro de esa categoría de películas intrascendentes, todos sabemos que las hay de dos clases. Por un lado esas de las que nos hemos olvidado antes incluso de que se terminen. Por otro, las que dejan una sonrisa al acabar la proyección y por eso las acabamos recomendando a quien quiera distraerse durante un par de horas. Chef es, indudablemente, de las segundas. Y por eso en estas líneas lo que se está haciendo es recomendarla.