lunes, abril 27, 2009

'Monstruos contra alienígenas': nada nuevo en el horizonte

Pixar aparte, la animación no termina de ofrecer títulos que perduren en la memoria. El último, Monstruos contra alienígenas. Entretenida, sí, pero igual que tantas otras películas. Cambia el escenario, cambian los protagonistas (monstruos en lugar de los habituales animales), pero no hay forma de sacudirse la sensación de que ya hemos visto lo que se nos ofrece. Y creo que el problema es la imperiosa necesidad que tiene este género de captar audiencias muy distintas entre sí. Pixar no hace eso. Pixar hace cine. Y eso nos gusta a todos. Pero el resto parecen obligados a cumplir con todas las minorías que pueden pagar una entrada para ver la película. Eso hace que muchos no entiendan la mayoría de las cosas que aparecen en pantalla y que cuando captamos algo tengamos la sensación de haber mordido sólo una zanahoria.

Monstruos contra alienígenas es una película para niños, sin duda alguna. Sus personajes no piden mucho del espectador, como tampoco su previsible y trillado guión. Pero, al mismo tiempo, es una película repleta de guiños que los más pequeños no son capaces de entender. Referencias a E.T., Encuentros en la tercera fase, Teléfono rojo: volamos hacia Moscú, Superdetective en Hollywood, Star Trek y otros muchos clásicos, que harán las (momentáneas, efímeras, insuficientes) delicias de quienes capten los guiños cinéfilos en su momento, pero que también supone gastar energía en gags que dejarán indiferentes a quienes no conozcan el original. Dreamworks se siente en la obligación de incluirlos para que el adulto que acompañe al niño al cine pueda encontrar motivos de satisfacción a lo largo del metraje. Y eso ya sabe a poco para cualquiera en una película de animación, mucho más desde que reina Pixar en el género.

A esto hay que añadir la procedencia de todos los protagonistas de la película, claro, ya que todos ellos tienen su reflejo en títulos clásicos de la ciencia ficción. La mosca, La mujer y el monstruo, Attack of the 50 foot woman, La masa devoradora y Mothra son los puntos originarios de los cinco monstruos de Dreamworks. Todas estas películas se hicieron entre 1954 y 1961, una época para muchos dorada en la ciencia ficción cinematográfica y, claro está, un gancho perfecto para el cinéfilo clásico (como lo pretende ser para el público femenino que la protagonista sea una heroína, una mujer de acción). Pero, claro, eso mismo resta originalidad al planteamiento de Monstruos contra alienígenas. Uno se llega a preguntar cuánto hay de original hay en la película y cuanto de remedo de otros tantos títulos anteriores, los mencionados, los desconocidos y mil más. Y por eso precisamente lo que podría haber sido una propuesta original pierde muchísima fuerza por ahí.

¿Entretenida? Sin duda, no podría decir que es una película aburrida y seguro que los más pequeños se lo pasan bomba. Pero es posible que este filme sea mucho más interesante desde el punto de vista comercial que desde el cinematográfico. La película se ha distribuido en 3-D (no sé hasta qué punto en España hay accesibilidad a ese sistema o al Imax, pero...) y parece que ha logrado muy buenas recaudaciones gracias a ese sistema. Pretende ser una forma más de luchar contra la piratería, de llevar a la gente a los cines para ver algo más que lo que podrían conseguir bajándose la película de Internet. Y me parece estupendo. Pero eso mismo es también una debilidad de la película vista en 2-D. Así, tiene demasiados planos que se nota que están pensado para las tres dimensiones. Y sin las famosas gafas y una proyección adecuada, parecen forzados. Y no tendría porqué ser así.

Otro vicio en el que suele caer el cine de animación está en el doblaje y Monstruos contra alienígenas no se escapa de ese error. Recurrir a personajes más o menos conocidos es un error. En esta ocasión, la protagonista tiene la voz en España de Carolina Cerezuela (Camera café, Hospital Central). Y su voz parece sacada de una película diferente a la que protagonizan el resto de actores de doblaje, una sensación muy similar a la que recuerdo en Dinosaurio con Maribel Verdú. Sigo pensando que en España hay un serio problema con la voz, un terreno que casi ningún actor parece dominar de verdad. Por eso hay actores de doblaje por un lado y actores por otro. Los primeros hicieron que el doblaje español fuera siempre de los mejores. Los segundos lo empobrecen. En la versión original, ponen su voz Hugh Laurie (House), Reese Whiterspoon o Kiefer Sutherland. Pero en Estados Unidos la voz sí es la mitad de la actuación y los actores la cuidan, la preparan y la educan de forma profesional. Sobre eso todavía no se ha reflexionado aquí. Suerte para cuando lo hagan.

Monstruos contra alienígenas es la típica historia de buenos sentimientos y moralina infantil que abunda en el cine de animación. Algún chiste divertido, muchos ya vistos, alguna escena interesante (la boda frustrada), algún momento visual muy impactante (la lucha en el Golden Gate de San Francisco)... y poco más. Pasable, pero predecidble. Para ver algo nuevo en el cine de animación, como siempre, esperaremos a Pixar. Ya queda poco para Up.

lunes, abril 20, 2009

Russell Crowe, el nuevo Robin Hood

Ya tenemos nuevo Robin Hood, y promete ser de los mejores a tenor por los nombres que están envueltos en el proyecto, ya en fase de rodaje. Russell Crowe es el nuevo rostro del forajido del bosque de Sherwood en la película que está dirigiendo Ridley Scott y que llegará a los cines en mayo de 2010 (al menos en Estados Unidos; en España, cruzaremos los dedos para que el estreno no lleve demasiado retraso). La novedad es la primera foto del actor como Robin Hood, que ha sido publicada en el periódico norteamericano USA Today.

Crowe, para mí uno de los mejores actores del momento, logró el papel que rumores previos le daban a Christian Bale (sobradamente conocido por su papel de Batman en la saga dirigida por Christopher Nolan) y Sam Riley (mucho más desconocido, se le puede ver ahora en los carteles de Control, estrenada hace dos fines de semana en España aunque sea una película de 2007). Quizá tuvo mucho que ver que la película cayera en manos de Ridley Scott, ya que es la quinta colaboración entre actor y director (Gladiator, Un buen año, American gangster y Red de mentiras). Antes de que Scott se pusiera manos a la obra, se pensó en directores como Sam Raimi o Bryan Singer.

Como Lady Marian tendremos a Cate Blanchett, una elección que nada tiene que ver con las rumoreadas Kate Winslet y Rachel Weisz, o Sienna Miller, la actriz previamente contratada para el papel y que tuvo que abandonar el proyecto por los continuos retrasos. En esos retrasos se quedó la esencia de lo que iba a ser la película en origen. El título provisional que se dio a concoer tiempo atrás era Nottingham, lo que daba a entender que pretendía ser una versión del mito de Robin Hood desde la óptica del sheriff de Nothingham. Finalmente, lo que se está rodando es una versión cercana a la realidad histórica, lo cual, a priori, pongo en duda conociendo las licencias que se suele permitir Ridley Scott en ese terreno.

Robin Hood ha protagonizado más de un centenar de películas y series de televisión desde que en el lejano 1912 Robert Frazier le pusiera rostro. Douglas Fairbanks encarnó al famoso arquero en 1922 y Errol Flynn lo inmortalizó en 1938, en Robin de los bosques, la mejor y más conocida versión del mito. En 1976, Sean Connery dio vida a un Robin Hood mucho más maduro en Robin y Marian, una película de tono crepuscular. Y en 1991 fue Kevin Costner quien se convirtió en Príncipe de los ladrones. Sobra decir que tengo plena confianza en el tandem Crowe-Scott para ver una película, como poco, entretenidísima. Pero todavía queda mucho para verla.

jueves, abril 16, 2009

Las mejores películas americanas por género

Aquí va otra de esas listas que promueven el debate cinéfilo y la búsqueda de películas que todavía no hayamos visto. El Instituto de Cine Americano publicó el año pasado una de las diez mejores películas por género, hasta alcanzar el centenar de películas (si alguien quiere consultar la lista completa, de 500 candidatas, 50 por categoría, lo puede hacer aquí). ¿Primera conclusión? Que siempre falta mucho cine por ver (a mí, nada menos que 26 de las películas aquí nombradas). ¿La segunda? Que todos echaremos en falta nuestros títulos admirados, esos que nos emocionan y que volvemos a ver una y otra vez. ¿Y la tercera? Que hay géneros que uno no acaba de entender muy bien por qué se incluyen en esta lista (cine deportivo o de gangsters) y otros quedan fuera (musical, terror, acción).

· Animación: Blancanieves y los siete enanitos.
Del segundo al décimo: Pinocho, Bambi, El Rey León, Fantasía, Toy Story, La Bella y la Bestia, Shrek, La Cenicienta, Buscando a Nemo.
Disney manda, como no podía ser de otra manera. El viejo estudio coloca siete películas, por dos de Pixar y una de Dreamworks. Personalmente, me sobra esa última, Shrek, una película que me hizo mucha gracia en su día pero a la que no vi la trascendencia que quisieron darle. Que la saga se alargue hasta el cansancio tampoco ayuda a que mejore mi opinión sobre ella. Blancanieves es Blancanieves, sin duda, pero para mí la mejor es La Bella y la Bestia y su séptimo puesto me sabe a muy poco. ¿Y La dama y el vagabundo...? De Pixar sigo pensando que Toy Story 2 es mejor que la original y que Los Increíbles, Ratotuille o Wall·E son mejores películas que Buscando a Nemo, aunque ésta puede ser la más divertida. Y para romper la hegemonia del gran estudio de animación, yo hubiera propuesto El gigante de hierro o El príncipe de Egipto, dos películas bastante infravaloradas (sobre todo la primera) y de una calidad impresionante.

· Comedia romántica: Luces de la ciudad.
Del segundo al décimo: Annie Hall, Sucedió una noche, Vacaciones en Roma, Historias de Filadelfia, Cuando Harry encontró a Sally, La costilla de Adán, Hechizo de luna, Harold y Maude, Algo para recordar.
No es precisamente un género que me apasione, porque le veo síntomas de agotamiento desde hace algunos años, nula originalidad y siempre buscando el esquema que dé el éxito en taquilla aunque lo hayamos visto una y cien veces. Creo que es el género en el que menos películas he visto de las seleccionadas por el Instituto de Cine Americano. Y la que encabeza la lista es una de ellas. Pero Chaplin era un genio, así que... Me sabe a poco el quinto puesto de Historias de Filadelfia y el séptimo de La costilla de Adán. Sin haberla visto, me sorprende muchísimo la presencia de Hechizo de luna y habiéndola visto no comparto en absoluto la inclusión de Algo para recordar. Prefiero Pretty Woman. Y entre los clásicos, ¿dónde quedaron Adivina quién viene esta noche o El apartamento?

· Western: Centauros del desierto.
Del segundo al décimo: Solo ante el peligro, Raíces profundas, Sin perdón, Río rojo, Grupo salvaje, Dos hombres y un destino, Los vividores, La diligencia, La ingenua explosiva.
No hay lista de westerns que no esté encabezada por Centauros del desierto. Y probablemente con todo merecimiento. Es una joya inmortal. Y John Wayne todo un arquetipo insustituible. No es un género que domine demasiado, aunque sí creía tener más controlados los grandes títulos, pero descubro que me faltan cuatro de los seleccionados. La sonrisa es inevitable al leer en las películas elegidas títulos que adoro como Solo ante el peligro (quieren hacer un remake; tiemblo desde el día en que lo oí por primera vez...), Sin perdón (todo un reconocimiento a Clint Eastwood), Dos hombres y un destino (¿existe mejor pareja cinematográfica que Newman y Redford...? Y qué final...) o La diligencia (y es que John Ford era el rey del género). Pero me resisto a creer que algunas de las que no he visto son mejores que Duelo al sol.

· Cine deportivo: Toro salvaje.
Del segundo al décimo: Rocky, El orgullo de los Yanquis, Hoosiers, Los Búfalos de Durham, El buscavidas, El club de los chalados, El relevo, Fuego de juventud, Jerry Maguire.
Esta es la categoría que me parece más discutible. ¿Pueden entrar en la misma categoría Toro salvaje, Hoosiers o El buscavidas? Complicado, muy complicado, aunque tengan el débil nexo en común de una práctica deportiva en sus metrajes. En cualquier caso, sí, Toro salvaje es la mejor. Y me hace mucha ilusión que una película como Hoosiers, probablmente muy desconocida para muchos, ocupe el cuarto lugar de esta lista. Puestos a incluir Jerry Maguire, yo hubiera preferido El color del dinero (continuación de El buscavidas a cargo de Martin Scorsese) o, qué demonios, Karate Kid, una película que marcó como tantas otras los años 80. Sorprende que no esté Carros de fuego, que es la más premiada de entre las películas que se han acercado de una u otra forma al mundo del deporte.

· Película de misterio: Vértigo.
Del segundo al décimo: Chinatown, La ventana indiscreta, Laura, El tercer hombre, El halcón maltés, Con la muerte en los talones, Terciopelo azul, Crimen perfecto, Sospechosos habituales.
Vaya colección de peliculones las que ofrece la categoría de cine de misterio. Y por si quedaba alguna duda, Alfred Hitchcock era, es y siempre será el rey. Nada menos que cuatro películas suyas se cuelan en este apartado. Y la mejor, sin duda, Vértigo. Claro que yo hubiera colocado Con la muerte en los talones en el lugar de La ventana indiscreta (a pesar de la magnética presencia de Grace Kelly), pero... Laura y El halcón maltés son dos películas que resisten el paso del tiempo con una firmeza asombrosa. Me sobra Terciopelo azul, una película a la que no le vi nada genial, y es que David Lynch no me termina de llegar. Entre las más modernas, prefiero sin duda L. A. Confidential o Seven (que sí fue una revolución en su momento y permanece muy vigente en la memoria de los cinéfilos), y entras las clásicas El cartero siempre llama dos veces (no el remake de los 70 con Jack Nicholson y Jessica Lange). ¿Perdición podría entrar en esta categoría...?

· Fantasía: El Mago de Oz.
Del segundo al décimo: El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, Qué bello es vivir, King Kong, De ilusión también se vive, Campo de sueños, El invisible Harvey, Atrapado en el tiempo, El ladrón de Bagdad, Big.
Una selección sorprendente la de las películas fantásticas. Sorprendente por la inclusión de títulos como De ilusión también se vive o El invisible Harvey, que uno no tildaría de fantásticos así de primeras; por el recuerdo al clásico El ladrón de Bagdad y no a los títulos de terror de la Universal; por el ninguneo a la década prodigiosa de la fantasía, los 80; por la mención a títulos modernos pero anclados en la realidad como Atrapado en el tiempo, Campo de sueños (una película que siempre he adorado y que creía algo más olvidada) o Big, y el olvido de fantasías puras y duras como Cristal oscuro, Eduardo Manostijeras o La princesa prometida. Y el olvido perpétuo al mundo de los superhéroes y ese ejemplo inmortal que es el Superman de Richardo Donner o la magia contemporánea de El Caballero Oscuro de Christopher Nolan. Eso sí, no me siento capaz de discutir la supremacía de El Mago de Oz. Es una delicia recomendable para públicos de todas las edades.

· Ciencia ficción: 2001. Una odisea del espacio.
Del segundo al décimo: La guerra de las galaxias, E.T. El extraterrestre, La naranja mecánica, Ultimátum a la Tierra, Blade Runner, Alien, Terminator 2, La invasión de los ladrones de cuerpos, Regreso al futuro.
Cuántas veces habré visto casi todas las películas que conforman este apartado. Y qué distintas son estas películas entre sí. Yo no hubiera incluído E.T. en ciencia ficción, sino en fantasía. De esas décadas tan prodigiosas como llenas de ingenuidad e imaginación, y antes que La invasión de los ladrones de cuerpos, la clásica, yo habría metido a Planeta prohibido, El increíble hombre menguante, La guerra de los mundos o El pueblo de los malditos. No comparto que la elegida sea Terminator 2 y no la película original. Y el toque de nostalgia de incluir Regreso al futuro reivindica una película que es más de lo que muchos piensan. Pero que no esté Encuentros en la tercera fase me parece ofensivo. Se me hace difícil ver una lista de ciencia ficción sin un clásico moderno como Desafío total. Y siempre he pensado que Minority report acabará convertida en un clásico.

· Cine de gangsters: El Padrino.
Del segundo al décimo: Uno de los nuestros, El Padrino II, Al rojo vivo, Bonnie y Clyde, Scarface, Pulp Fiction, El enemigo público, Hampa dorada, El precio del poder.
Lo fundamental de esta categoría me parece la decisión sobre el eterno: ¿es mejor El Padrino o El Padrino II? Y yo que casi me decanto por la segunda... aunque Marlon Brando es mucho Marlon Brando. Ya he dicho muchas veces que Tarantino no es santo de mi devoción, así que ver Pulp Fiction junto a El Padrino o Uno de los nuestros me chirría muchísimo. Puestos a colocar una película moderna en esta lista, yo hubiera preferido Infiltrados o Heat, aunque parece que las dos están cayendo en un relativo olvido (¿me equivoco?). No ver en la lista Cayo Largo, La ley del silencio o Sed de mal me duele en el alma cinéfila. ¿Y Los intocables de Eliot Ness? Siempre le he tenido cariño...

· Drama judicial: Matar a un ruiseñor.
Del segundo al décimo: Doce hombres sin piedad, Kramer contra Kramer, Veredicto final, Algunos hombres buenos, Testigo de cargo, Anatomía de un asesinato, A sangre fría, Un grito en la oscuridad, ¿Vencedores o vencidos?.
Este es otro género más que discutible, que abarca películas difícilmente clasificables en la misma estantería... En todo caso, las dos primeras me parecen innegociables, dos títulos clave para entender el cine norteamericano de la época. Ambas películas demuestran los tipos tan distintos de cine que se engloban aquí. Kramer contra Kramer me sorprendió gratamente cuando la vi, me parece mejor película de lo que parece que se piensa hoy. La inclusión de Algunos hombres buenos, siendo una cinta que me gusta, me parece una concesión a la galería. Prefiero mil veces El dilema. Que entre las elegidas no esté Senderos de gloria es, probablemente, una muestra de lo confuso que es este género. De otro modo, es inexplicable este olvido.

· Cine épico: Lawrence de Arabia.
Del segundo al décimo: Ben-Hur, La lista de Schindler, Lo que el viento se llevó, Espartaco, Titanic, Sin novedad en el frente, Salvar al soldado Ryan, Rojos, Los diez mandamientos.
Mucho, mucho, mucho espectáculo hay en esta categoría. Y aunque Ben-Hur siempre formará parte de mis favoritas, el primer puesto para Lawrence de Arabia me parece muy justo. Es una película impresionante que no envejecerá nunca. No sé si metería a La lista de Schindler en la misma categoría, pero contar aquí dos películas de Spielberg es una gran alegría. Y más porque la segunda es Salvar al soldado Ryan, que en su día fue bastante despreciada por motivos de guión que no comparto. Titanic me chirría. No me gusta la película por la que James Cameron se autoproclamó rey del mundo. Prefiero mil veces Apocalypse now, Braveheart o Gladiator. Master and Commander y La pasión están un peldaño por debajo, pero también me hubiera producido alegría verlas por aquí.

jueves, abril 09, 2009

10 PELÍCULAS..., diez frases míticas

Hace ya algunos años, me guardé un recorte de prensa que recogía las diez frases más celebres de la Historia del cine que había recopilado el Libro Guinness del Cine. Pensaba hacerme eco aquí de dicho listado, publicado en 1998, pero está visto que Internet llega a todas partes y hay montones de páginas en las que se pueden consultar esas diez frases memorables. Así que me he puesto manos a la obra y he recopilado otras diez frases míticas, diez frases que se me han grabado de tal forma en la memoria que las he utilizado en la vida diaria con cierta habitualidad. A veces con su sentido más literal, a veces como comparación con algún suceso, a veces simplemente como recordatorio a la película en cuestión. Diez frases míticas ordenadas por orden cronológico.


· DRACULA (1931)
"Yo no bebo... vino".

Tras la fantasmagórica y aterradora aparición de Bela Lugosi en pantalla, poco a poco se van dando a conocer detalles sobre el personaje. Y uno de ellos es el esencial. Cuando Renfield, de viaje de negocios en Transilvania, insta al Conde Dracula a unirse a él en la mesa, éste le replica de una forma tan categórica como terrorífica. Vino no. Pero sí bebe, ya lo creo que sí. Renfield no sabe lo que bebe Dracula, el mejor Dracula que ha visto nunca la pantalla, pero el espectador sí. Yo tampoco bebo vino... ni sangre.

· LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (1939)
"A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre".

Uno de los parlamentos, de los diálogos y de las escenas más famosas del cine de siempre, el final de la primera mitad de Lo que el viento se llevó. Vivian Leigh, sobre un atardecer rojizo y haciendo una solemne promesa, la de que nunca más volverá a sufrir penurias. Poco sabía la buena (¿buena?) de Escarlata O'Hara que todavía le quedaba más de hora y media de sufrimiento en la película. Yo no he pasado hambre, no, pero ¿quién no se acuerda de este memorable momento?

· CASABLANCA (1942)
"Siempre nos quedará París".

Casablanca es la película que más frases célebres ha dejado en la Historia del cine. Lo difícil es escoger sólo una. Que si puede ser el comienzo de una gran amistad, que si de todos los cafés del mundo tuvo que entrar en el mío, que si tócala otra vez Sam (cosa que, en realidad, no se llega a decir en la película). Pero como en el fondo soy un romántico incurable y, además, no conozco de la capital francesa más que uno de sus aeropuertos, me tengo que quedar con ésta. Y es que nunca hubo una pareja como Bogart y Bergman. Bueno, Bogart y Bacall, pero esa además de en el cine vivió su pasión en la vida real.

· CON FALDAS Y A LO LOCO (1959)
"Nadie es perfecto".

No podía faltar en esta lista una película de Billy Wilder. Y no podía faltar el mejor final posible de una comedia sencillamente extraordinaria. Después de toda una película preguntándonos cómo iba a acabar la imposible relación entre Daphne (Jack Lemmon) y Osgood (Joe E. Brown)... nos quedamos con las ganas de saberlo. ¿Por qué? Porque podemos ser muchas cosas en esta vida, ricos o pobres, sensatos o alocados, hombres o mujeres, pero hay una cosa que no podemos ser por mucho que nos empeñemos: perfectos. ¿Y quién quiere perfección...? Yo no. Me gustan esas pequeñas imperfecciones que hacen de la vida algo apasionante.

· EL PADRINO (1972)
"Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar".
Pensad en una frase que os haya puesto los pelos más de punta que ésta. Porque el Padrino, don Vito Corleone, Marlon Brando, lo dice como si nada. Sin amenazar realmente. Pero se ve todo lo que hay detrás de esa sencilla frase. Una oferta que no podrá rechazar. El "no podrá" no implica que la oferta sea tan buena que sea imposible decir no. El "no podrá" significa exactamente eso, que no va a poder rechazarla. Y sólo de pensarlo, insisto, se me ponen los pelos de punta. La amenaza más limpia y hermosa que ha dicho un mafioso en la pantalla. Y en un peliculón de esos imposibles de olvidar.
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· TIBURÓN (1975)
"Vamos a necesitar un barco más grande".
Un tiburón ataca en la costa y hay que cazarle. Vale. Hasta ahí todo parece relativamente fácil, ¿no? Salen tres hombres con un barco a alta mar con ese objetivo. Y entonces es cuando uno de ellos, el jefe de Policía Brody (Roy Scheider), ve por primera vez y de cerca al bicho que quiere cazar. Es grande. Muy, muy grande. Y a Brody no le queda más remedio que asumir que va a necesitar un barco más grande para cazar al animal asesino. Como en tantas y tantas cazas de la vida real, hace falta un barco así.
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· TAXI DRIVER (1976)
"¿Me estás hablando a mí?".
Decía un poco más arriba que pensárais en una frase que ponga los pelos de punta. Es esta. Travis (Robert De Niro) frente al espejo, planeando su cruzada contra aquellos que hacen de Nueva York una ciudad peligrosa. Con un arma en su mano. Y recreando cómo va a reaccionar cuando se encuentre al primer listo al que ajusticiará. Lo que uno siente al ver esta escena sólo se parece a lo que sentí al ver a Clint Eastwood en Gran Torino. Y, no, nunca jamás en la vida le he dicho esta frase a nadie en serio. Yo no soy capaz.

· LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (1977)
"Que la Fuerza te acompañe".
La Fuerza, siempre la Fuerza. Ni la suerte ni nada parecido. Lo que tiene que acompañar a la gente para que las cosas le salgan bien es la Fuerza. Lo complicado en esta saga es recordar qué personaje dijo esta frase en qué escena. Yo siempre me quedo con esa en la que Han Solo (Harrison Ford) se la dice a Luke Skywalker antes del ataque a la Estrella de la Muerte. No creerá en la Fuerza, pero sabe que es lo que su amigo necesita oír. Y si Han lo dice, es que algo tiene que haber... No hay mucha gente que me lo ha dicho, no, pero es una frase que yo sí suelo utilizar. Que la Fuerza os acompañe a todos.

· BLADE RUNNER (1982)
"He visto cosas que vosotros no imaginaríais".
Si alguna vez el cine se ha acercado a la poesía, es en este parlamento de Blade Runner. La misión del replicante Roy Batty (Rutger Hauer) llega a su fin ante el blade runner Deckard (Harrison Ford). Y entonces, sólo entonces, Roy es capaz de expresar el inmenso e infinito valor de la vida. El de esos pequeños y grandes recuerdos que nos mantienen vivos. El de todo aquello que se perderá cuando dejemos de respirar. Y no importa quién escucha esos sentimientos. Lo importante es plasmarlos para que no se olviden, antes de que se pierdan como lágrimas en la lluvia. Como las lágrimas que siempre me despierta esta escena.

· E.T. EL EXTRATERRESTRE (1982)
"Mi casa, teléfono".
Pocas cosas me han generado más asombro en un cine que ver a E.T. hablar por primera vez. Y no tiene nada que ver con que tuviera cuatro años cuando lo vi. Tiene que ver con la magia, con los sueños y con la empatía que uno puede sentir con un personaje, por mucho que no sea en realidad más que un amasijo de cables y plástico. Lo de "teléfono, mi casa" es sólo uno de los incontables momentos mágicos que tiene esta película. Pero es algo que permanecerá para siempre en mi memoria. Y seguro que en la de otros muchos que, como yo, cayeron un bue día bajo el influyo de esta preciosa e inolvidable película. Que levante la mano quien no haya dicho nunca "teléfono, mi casa" intentado imitar la voz de E.T. ¿Hay alguien? Pues no sabes lo que te has perdido...

jueves, abril 02, 2009

'Camino', polémica, sueños, fe y realidad

No puedo dejar de pensar que el cine es algo maravilloso. No importa todo lo que hayas oído o leído sobre una película. No importa que un título haya sido centro de la polémica durante meses y eso haya acrecentado las dudas que tengas sobre él. No importa que no suelas equivocarte en las ideas preconcebidas que tienes sobre un filme y que de éste esas ideas sean a priori negativas. No importa que forme parte de un cine que sueles rechazar. Nada de eso importa. Porque siempre, siempre, siempre te vas a encontrar alguna sorpresa. Y esa sorpresa, ahora, se llama Camino. Después de meses de polémica sobre el tratamiento que da la película al Opus Dei, de pensar que iba a ser un filme que no me iba a llamar mucho la atención (a pesar de haber recibido una recomendación muy entusiasta de una persona que se pasa de vez en cuando por aquí y por allá) y de las dudas que siempre me despierta el cine español, Camino me ha encantado.

Despachemos primero la polémica para poder hablar sobre la película. Y es que ese el exactamente el punto de vista que demanda Camino: cine antes que religión. Sectores religiosos la han entendido como un ataque directo a sus postulados y a su forma de entender la vida y la fe, por encima de sus valores cinematográficos. Aparte de las excesivas ganas que parece haber siempre en este país de sentirnos ofendidos por todo, la pega que le puedo poner a ese planteamiento es su excesiva simpleza. Camino no es una película sobre el Opus Dei. Camino, aunque la contiene, no es un vehículo de crítica a esta forma de ser religioso. Camino es la encantadora historia de una niña que se produce en un contexto determinado. Pero Camino va sobre esa niña, no sobre el contexto. Limitarse al contexto es tanto como rechazar las películas de ciencia ficción por el envoltorio o las españolas por ser españolas (mi rechazo se debe a la experiencia no al prejuicio).

¿Que es una película crítica con el Opus Dei? Desde luego. ¿Y qué? ¿Hay algo en la película inventado o tergiversado? No. En todas partes hay personas normales y en todas partes hay fanáticos. Todavía recuerdo que en la ceremonia de los Oscars de 1992 hubo una manifestación a las puertas del teatro para protestar contra El silencio de los corderos. Sus protagonistas eran transexuales que demonizaban la película y a su director, Johnathan Demme, por el simple hecho de que el asesino de la película era un transexual. Y a mí aquello, como esto, me parece demencial. Si protestaran todos los colectivos a los que pertenece cada villano de ficción, no tendríamos cine. Y si en lugar de dedicar tantos esfuerzos a polémicas baldías cada uno se dedicara a hacer su trabajo, las cosas irían mucho mejor. Y un detalle más: ¿es que aquellas personas con sentir religioso que trataron de masacrar la película no vieron a Dios al final? ¿Es que sólo hay una forma de sentir la fe? Si hay quien piense así, eso no es fe; es intolerancia.

Y ahora vamos a lo que importa, la película. El temor inicial a la hora de afrontar Camino venía por el director, Javier Fesser. Hasta ahora, había realizado dos películas: El milagro de P. Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón. Es decir, dos comedias disparatadas (y todavía me estoy arrepintiendo de haber pagado una entrada para ver la segunda). Saltar con éxito a un drama realista y hospitalario como éste parecía una tarea compleja. Pero lo hace de maravilla porque convierte ese en apariencia simple drama en una historia llena de matices, de rincones y recovecos en los que perderse. Camino no se queda en ver la agonía o las circunstancias religiosas de este durísimo trance. Camino es la historia, como decía, de una niña y el centro de la historia no es su muerte, sino sus ilusiones, sus sensaciones, sus creencias, sus sueños. Eso es lo que hace grande a Camino, que no se limita a ser un relato frío y duro, sino que desprende pasión y sentimientos por sus cuatro costados.

La clave para conseguirlo es Nerea Camacho, la pequeña de once años que interpreta a la protagonista. Es dificilísimo rodar con niños (más difícil cuanto más pequeños son) y hay pocos chavales con el suficiente carisma para llevar por sí solos el peso de una película. Nerea lo hace a la perfección y se convierte desde ya en uno de esos nombres que uno desea volver a ver en la gran pantalla lo antes posible, para verla crecer película a película y con los dedos cruzados para que la adolescencia y la madurez no le quiten toda la luz con la que ahora inunda la pantalla. Con un niño como protagonista, también hay que darle mérito al director. Fesse sabe dirigir a Nerea Camacho y consigue que el espectador sueñe y sienta una empatía total con ella. Habrá quien sienta lo mismo que ella en su fe. Mi empatía enlaza más con sus sueños, pero provoca una comprensión inmediata con su sentir religioso (independientemente de que sea compartido o no).

Me gusta Camino por lo que cuenta, por quién lo cuenta y por cómo lo cuenta. El cine español tiene una tendencia a rodar películas con el simple esfuerzo de colocar la cámara y filmar la realidad. Camino va más allá y mete al espectador en un mundo de fantasía, amplía el horizonte de la historia basada en un hecho real y construye cine. Mezcla con habilidad los sueños con la vida real, sin perder ritmo a pesar de que se trata de una película larga (140 minutos) y una historia tan lenta como densa, y la adereza con un magnífico trabajo musical de Rafael Arnau. Camino tiene muchísima magia y ternura. Quien prefiera quedarse en la polémica, allá él. Se perderá una película notable, una sorpresa de esas que te hace recuperar la ilusión por el cine. ¿Una película perfecta? No, pero sí muy recomendable por todo lo que tiene de belleza y por el amplio debate que permite sobre el cine... y sobre la vida.

martes, marzo 31, 2009

Un adiós con Lawrence de Arabia.

No se me ocurre mejor forma de despedir a Maurice Jarre que escuchando su obra maestra, el tema principal de Lawrence de Arabia. Compuso mucha más música de cine a lo largo de cincuenta años de carrera, pero este tema es la esencia de lo que era Maurice Jarre, esto es lo que nos quedará para siempre de él a todos los que soñamos delante de una pantalla de cine, esto es lo que recordaremos, lo inmortal. Hasta siempre.


sábado, marzo 28, 2009

Nostalgia trekkie

Pocas sagas hay tan longevas como la de Star Trek. Este año, en verano, tendremos una nueva entrega, dirigida por J. J. Abrams (que asustó a los trekkies al decir que había que acercar la saga más a Star Wars), centrada en las primeras aventuras de la tripulación clásica del Enterprise, la que forman Kirk, Spock, Bones, Sulu o Uhura. Aunque sea una saga que parece no tener mucho arraigo en España, yo soy un enamorado del humanismo trekkie. Siempre da gusto volver a un universo tan optimista, visualmente atractivo y enormemente entretenido. Ver una película de Star Trek siempre me produce cierta nostalgia, porque recuerdo cómo han cambiado los actores desde que nació este singular universo. Ahora serán otros (aunque Leonard Nimoy aparecerá como Spock), pero es interesante ver cómo envejecieron los protagonistas según se iban haciendo entregas de la serie. Ya queda menos para volver a disfrutar con el espacio, la última frontera.

Star Trek (1966), serie de televisión

Star Trek. La película (1979)

Star Trek II. La ira de Khan (1982)

Star Trek III. En busca de Spock (1984)

Star Trek IV. Misión salvar la tierra (1986)

Star Trek V. La última frontera (1989)

Star Trek VI. Aquel país desconocido (1991)

Star Trek (2009)

martes, marzo 24, 2009

Los Coen no se quedan en la memoria

Desde Sangre fácil hasta Quemar después de leer han pasado 25 años y trece películas escritas por Ethan y Joel Coen y dirigidas por el segundo. Autores que, por lo general, cuentan con el fervor de la crítica. Durante algún tiempo, contaron con el mío. Y ahora, por fin, me doy cuenta de cuál es el problema de sus películas: no se quedan en la memoria. No importa que sean buenas, malas o regulares, los Coen como cineastas no consiguen capturarme, no dejan una huella imborrable en mis sueños cinéfilos, no consiguen que sus historias o sus personajes perduren en mi cerebro. Insisto, y eso es lo más curioso, sucede con casi todas sus películas, también con aquellas que recuerdo que me gustaron cuando las vi en su momento. Porque me gustó Fargo, pero ahora mismo no soy capaz de recordar por qué, qué es lo que me hizo disfrutar de ella o alguna escena en concreto. Lo mismo me sucede con Muerte entre las flores. O con Barton Fink.

Hay dos excepciones a este olvido sistemático. Una es obvia, es El gran Lebowski. Para todos aquellos que hemos alabado en alguna ocasión el cine de los Coen, ésta es nuestra película sin duda alguna. No todo el mundo la pilla, no todo el mundo entiende este humor. Pero si entras en el juego de la película, sus escenas y sus personajes sí perdurarán en la memoria. El Nota es el Nota. En la segunda excepción, debo ser un ejemplar único: El gran salto. Es, de largo, la película más criticada de los Coen. Y el motivo es que muchos ven en ella una traición al estilo de estos dos singulares hermanos, ven un espíritu mucho más cercano a Frank Capra y ya se sabe que tanto optimismo, tanta bondad, ya no vende en nuestros días. Qué demonios, en realidad no vendía ni en los de Capra, un director que fue ninguneado con demasiada frecuencia por sus contemporáneos. Quizá El gran salto también cobre más valor en el futuro, porque ni con la muerte de Paul Newman se ha recordado demasiado.

Después de ver Lebowski y todas las películas ya mencionadas, había que profundizar en el cine de los Coen. Sangre fácil y Arizona Baby me parecieron en su día excentrícas pero curiosas. No me enamoraron, pero tampoco me generaron rechazo. Eso comenzó a llegar con O Brother. No la entendí en absoluto y no me hizo gracia. Me salté El hombre que nunca estuvo allí y Crueldad intolerable, y así llegué a Ladykillers. Y descubrí que los Coen se habían quedado sin ideas, masacrando un clásico de la comedia como El quinteto de la muerte. Tres años después llegó No es país para viejos, a la que todavía no le he visto la genialidad por ningún lado. Y un año más adelante Quemar después de leer, que seguro que se lo pasaron bomba rodándola, pero yo ya la he olvidado. Como El hombre que nunca estuvo allí, que la vi la semana pasada y me pareció un flojísimo intento de homenajear al cine negro (el planteamiento me recordó por momentos al clásico El cartero siempre llama dos veces; sobra decir que esa es una genialidad y las de los Coen no me lo parece en absoluto). Por Crueldad intolerable no creo que pase. ¿Una comedia romántica de los Coen?

Y ahora leo que el siguiente proyecto de los Coen es un remake de Valor de ley. Ni más ni menos que una película de John Wayne, concretamente la que le valió el Oscar al mejor actor. No la he visto, tengo que confesarlo. Pero, habiendo revisado casi toda la filmografía de los Coen, no soy capaz de ver a estos dos hermanos revisando un western. No hay nada en su cine (ni siquiera el tiroteo de No es país para viejos) que apunte al éxito, y tampoco soy capaz de imaginar la excentricidad con la que, sin duda, van a sorprendernos para suplir al mito del Oeste por excelencia en la versión moderna. Dicen que el protagonismo de este remake no va a estar en el personaje que hizo John Wayne, sino en el de la chica de 14 años que busca al asesino de su padre en territorio indio con la ayuda de aquel y otro hombre de la ley. Y he sentido pánico sólo de pensarlo. Puro pánico. Veremos qué sale...

martes, marzo 17, 2009

Una 'Resistencia' entretenida pero irregular

La Lista de Schindler supuso un antes y un después para los directores que quisieran aproximarse a historias sobre el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Llegar al nivel de la película de Steven Spielberg (adaptando un libro que Billy Wilder quiso que fuera su último filme) es prácticamente imposible. En el buen sentido de la palabra, Schindler contamina cualquier proyecto posterior sobre este tema. Resistencia no es una excepción. Aunque se quede muy lejos del nivel de la obra de Spielberg, el tono quiere ser similar, algunas escenas tienen claras influencias de Schindler y la música de James Newton Howard (nominada al Oscar; creo que este interesantísimo compositor tiene trabajos mucho más notables que éste) sigue el dictado la prodigiosa creación de John Williams para su amigo Spielberg. Resistencia narra la historia de un grupo de judíos que se esconden en los bosques de Bielorrusia, en un campamento que construyen y dirigen los tres hermanos Bielski para evitar que los nazis acaben con ellos.

Edward Zwick, director de Resistencia, lleva años rodando películas demasiado parecidas. No es difícil encontrar paralelismos entre esta película, Tiempos de gloria, El último samurai e incluso Diamante de sangre, todas ellas obras del mismo realizador. Todas ellas son películas irregulares que, seguramente, podrían haber dado más de sí. Y todas ellas, eso sí, presentan una corrección formal notable al que se añade un buen trabajo, ya sea de sus actores, de sus directores de fotografía, de sus compositores o de sus directores artísticos. Lo que es discutible es si la calidad de las películas de Zwick es por el trabajo de su director o por estas otras cuestiones. ¿Tiempos de gloria conmueve por la dirección o por unos actores descomunales? ¿El último samurai engancha por la labor de Zwick o por el retrato del Japón feudal? ¿Diamante de sangre gusta por el empleo de la cámara o por una historia atractiva?

Son preguntas difíciles de responder, pero lo que es innegable es que las películas de Zwick tienen interés. Busca buenas historias y las rueda con eficiencia, dejando siempre para el recuerdo algún detalle especial. Para Resistencia, cuenta con dos grandes bazas. Por un lado, los actores. Da gusto ver cómo Daniel Craig consigue no encasillarse en el papel de James Bond, cómo Liev Schreiber compagina productos independientes (produce Paramount Vantage, la filial independiente del gran estudio) con superproducciones (dentro de poco estrenará Lobezno, donde será Dientes de Sable, el villano al que se enfrenta Hugh Jackman), cómo Jamie Bell sigue creciendo como actor después de sorprender hace ya algunos años en Billy Elliot. Los tres tienen escenas para recordar. Craig y Bell comparten el momento más humano de todos, cuando el primero se desmorona y el segundo encuentra sus dotes de líder. Schreiber tiene dos: cuando le informan del destino de su familia y cuando descubre que sus camaradas son tan antisemitas como los alemanes.

Por otro lado, destaca mucho la ambientación de la película. La fotografía es una maravilla y esta película es un perfecto ejemplo para explicar lo que esta labor (que algunas veces queda confinada al análisis de los cinéfilos más pedantes, dicho con todo el cariño del mundo hacia ellos) puede hacer por un filme. Sólo hay que fijarse en el cambio de tonalidades cuando la película pasa de una estación a otra, en especial cuando llega el invierno. Estas dos cosas son más que suficientes para sostener una película que sobrepasa las dos horas y que, a pesar de que podría haber ofrecido mucho más, entretiene. La pena es que no conmueva tanto como prometía la historia. Zwick falla en la construcción del planteamiento y deja demasiadas lagunas en el primer tercio de la película, que quizá tendría que haber empezado y hacer más hincapié en el segundo, en la vida diaria en el campamento. Por falta de metraje, esa parte también flaquea y pierde demasiadas explicaciones necesarias. Y al final falta épica, la que Zwick sí supo poner en Tiempos de gloria o El último samurai. Con todo, y sobre todo por la historia (y no necesariamente el guión), una película interesante.

jueves, marzo 12, 2009

10 PELÍCULAS... con nombre de hombre

Cumpliendo con lo prometido, la nueva entrega de 10 películas... no podía tratar otro tema que el cine con nombres de hombre en el título. Reflejo del número de papeles que hay para actores y actrices, hay muchas más películas con título masculino, por lo que se han quedado muchísimos en el tintero. He intentado que sean películas de las que no he hablado aquí o que no sean demasiado recientes. El caso es despertar recuerdos e impresiones...

· ALEJANDRO MAGNO
El hombre que trató de unir todo el mundo conocido. Sorprendió ver a Oliver Stone rodando una película épica sobre Alejandro Magno, porque es un género que no había tocado nunca y en el que no se mueve tan a gusto como en el cine más político y polémica. A Colin Farrel le cayó encima un marrón del que no salió mal y Angelina Jolie sentó las bases de lo que era interpretarse a sí misma (aunque aquí no me disgustó). Lo mejor de la película, sin duda, Val Kilmer, a ratos la música de Vangelis y alguna de las escenas de batalla. Lo peor, el afán de (homo)sexualizar a todos los personajes en todas y cada una de las escenas. Si ya queda claro en la primera, ¿por qué insistir? Irregular y algo olvidable.

· CHAPLIN
El genio del cine en estado puro. Robert Downey Jr. se convirtió en un actor de prestigio con su formidable retrato de Charles Chaplin. Es imposible no sonreír al verle recrear la famosa escena de los panecillos de La quimera de oro. Es uno de los muchos logros de este biopic de Richard Attenborough, una película larga (de todos modos, se me hace difícil pensar qué se podría recortar, y estoy seguro de que tanto el director como los actores encontró motivos para la sonrisa en todas sus escenas, incluso en las más tristes) y algo lenta (como casi todas las cintas biográficas), pero imprescindible para aquellos que vemos con una sonrisa el cine que trata sobre las etapas pioneras de este arte. El reparto, que ya era de lujo en 1992, ha ganado mucho con los años. Me quedo con Kevin Kline dando vida a Douglas Fairbanks.

· ED WOOD
El peor director de la Historia del cine encontró en Tim Burton un alma gemela (afortunadamente, la calidad cinematográfica de uno y otro están en las antípodas), el perfecto cineasta para contar su peculiar vida. Ed Wood es un precioso relato sobre cine, rodado en un exquisito blanco y negro (como las películas del propio Ed Wood) y con un grupo de actores inolvidables, desde Johnny Depp hasta un prodigioso Martin Landau (que da vida a Bela Lugosi; imprescindible para cualquier seguidor del mejor Drácula del cine), pasando por Bill Murray, Sarah Jessica Parker, Patricia Arquette o Jeffrey Jones. Formidable homenaje a un cine muy especial. La película contó con una distribución horrenda en España, a pesar de que ser una de las mejores películas de Tim Burton.

· FLASH GORDON
El héroe que salva al universo de la destrucción. Revitalizado el cine de aventuras y ciencia ficción con Star Wars en 1977, era cuestión de tiempo que Flash Gordon saltara a la gran pantalla. Lo hizo con un protagonista tan desconocido como soso, Sam Jones, pero rodeado de grandes nombres como un impagable Max Von Sydow como Ming O un Thimothy Dalton muy divertido como Barin. La sensualidad de Ornella Muti como la Princesa Aura realmente transportaba a otra galaxia. Flash Gordon no es una buena película, quizá incluso al contrario si se toma demasiado en serio, pero también es un encantador y muy entretenido relato kitsch, plagado de colores y de pura serie B con dinero. Y si faltaba algo para hacerla inolvidable, ahí queda el tema que Queen compuso para la película. Un delirio tan imposible como divertido.

· HAMLET
El príncipe shakespeariano de dudas metafísicas. Kenneth Branagh rodó una apabullante, preciosista y formidable adaptación de la obra más famosa del mundo. Y se reservó para él mismo el papel protagonista dentro de un reparto absolutamente formidable (a partir de esta película comencé a adorar a Dereck Jacobi). Cuatro horas de cine puro, que confirmaron a Branagh como uno de los cineastas más importantes de los 90 (lo que acentúa la preocupación por saber qué demonios le ha pasado desde entonces...). El director apostó por rodar íntegro el texto de Shakespeare, con la única modificación de la época en que transcurre la historia, lo que fue todo un acierto desde el punto de vista visual. Formidable música de Patrick Doyle. A los cines de España sólo llegó doblada la versión reducida del filme. Después de haber visto la completa (e imprescindible) sólo aguanté diez minutos delante del televisor ante la copia mutilada, maldiciendo el poco esfuerzo que hacen los espectadores a la hora de ver cine.

· HANNIBAL
El sociópata por excelencia del mundo del cine. Tras revelar al mundo una nueva forma de aproximarse al asesino en serie con El silencio de los corderos, la secuela sólo podía llevar por título el nombre del delicioso (perdón por el juego de palabras; al fin y al cabo es un caníbal...) Hannibal Lecter. Anthony Hopkins, como en la primera, borda el papel, ahora de la mano de un Ridley Scott que enamora con su visión de la exquisita Florencia. Eso sí, Julianne Moore no consigue hacer olvidar a Jodie Foster. El final, violento, explícito y algo asqueroso, fue muy criticado a pesar de que encaja perfectamente en la historia. Una tonelada de maquillaje ocultó a un Gary Oldman que ni siquiera aparecía en los títulos de crédito. Hans Zimmer, que ya me gustaba, me ganó para siempre con la música de esta película. Mejor película de lo que pueda parecer y, con un estilo muy diferente, muy cerca de la altura de su predecesora.

· PAPILLON
El preso que intenta escapar a toda costa. Steve McQueen, todo un icono del cine de los años 70, protagoniza este drama carcelario (un subgénero que triunfó mucho desde entonces, desde Fuga de Alcatraz a Cadena perpetua) intenso y duro. La diferencia con películas similares está en el escenario escogido: la Guayana Francesa. Su prisión es una isla de la que nadie ha escapado antes. Por lo demás, cuenta con todos los argumentos típicos del subgénero: intentos de huída fallidos, compañeros de celda carismáticos (un Dustin Hoffman notable, que basó su actuación en el escritor Dalton Trumbo), un alcaide despótico y mucho drama. Se vendió como una historia real, pero, ante la crudeza de los hechos mostrados, Francia protestó y afirmó que había mucho de invención en el filme. Papillon, por cierto, no es un nombre, sino un apodo: mariposa en francés.

· ROCKY
El boxeador que se enfrenta a la oportunidad de su vida. En apariencia, una película más de Sylvester Stallone, ¿no? No, en absoluto. Rocky es una película hermosa, con un gran guión (sorprendentemente escrito por el propio Stallone... que ganó así su único Oscar), un intenso relato sobre un boxeador de medio pelo que recibe la oferta de su vida: un combate contra el campeón de los pesos pesados, Apollo Creed. Con una acertadísima música de Bill Conti (el tema del combate final es uno de los más perfectos que he escuchado nunca) y un desarrollo magnífico y basado siempre en los personajes, Rocky es una de esas películas que no envejece ni envejecerá nunca, que sigue emocionando aunque ya hayan pasado 30 años desde su estreno y todos sepamos cómo termina el combate. De sus cinco secuelas, la mejor, sin duda, la última.

· TANGO Y CASH
Dos policías, el rebelde que tendrá que aceptar a seguir las normas y el recto que tendrá que aprender a saltarse el guión, rivales al principio y grandes amigos al final. Stallone y Kurt Russell eran ya dos de las más importantes estrellas de acción del cine americano. Juntarles era cuestión de tiempo, y eso que el papel de Russell lo iba a interpretar en un principio Patrick Swayze (que prefirió hacer, ojo al título español, De profesión: duro). Tango y Cash es una película mala, de acuerdo, y buena prueba de ello es que renegó del filme hasta su director, Andrei Konchalovsky. Pero a ver quién la ve y admite que no se lo ha pasado bien. Con una Teri Hatcher (Mujeres desesperadas) de 25 años y Jack Palance y Brion James (el replicante Leon de Blade Runner) haciendo de malos, ¿qué más da que el guión sea lamentable, tópico y facilón? Si el caso era comer unas cuantas palomitas y reírse un rato... A Stallone le dio tiempo a meter bromas para su ex esposa Briggitte Nielsen y su amigo Jackie Chan (a quien copió la escena inicial del camión).

· TARZAN
El hombre mono por excelencia. Disney casi siempre ha preferido heroínas para sus películas, pero eso no quiere decir que desdeñe el héroe masculino. Tarzan fue la mejor forma de cerrar una década dorada para el gran estudio, una espléndida película de aventuras que es mejor de lo que mucha gente cree, puesto que no muchas la citan entre sus favoritas de esos años. Un magnífico guión acompañado de una maravillosa animación y una música inolvidable (a cargo de Hans Zimmer y con canciones de Phil Collins) son sus puntos fuertes. Fue toda una sorpresa descubrir a un Tarzan con cuerpo tan de animal como de hombre y con movimientos de surfero que incluso necesitaron la creación de un nuevo software para la animación. Fue una gran sorpresa y la constatación de que se puede hacer un cine adulto de animación (a pesar de los inevitables secundarios cómicos).

sábado, marzo 07, 2009

'Watchmen': haciendo posible lo imposible

Adaptar Watchmen al cine es imposible. Pero se ha hecho. ¿Eso es bueno, es malo o es irrelevante? Hay una línea muy fina entre el valor y la locura, pero partiendo de esa premisa de imposibilidad creo que el proyecto que encabeza Zack Snyder, con sus aciertos y sus errores, es un acto valiente y digno de elogiar. Watchmen, la película, es un muy digo entretenimiento, un filme bien hecho (más sencillo y logrado en sus efectos que otros títulos que quieren ser más revolucionarios), correctamente desarrollado y abierto tanto a aficionados de la novela gráfica como a desconocedores absolutos del mundo que crearon allá en los años 80 Alan Moore y Dave Gibbons. En todo caso, la película requiere dos análisis totalmente independientes, uno como película en sí misma y otro como adaptación de esta biblia del cómic. En el primero, el Watchmen de Snyder sale muy bien parado porque, con toda la dificultad que tenía la tarea, funciona; en el segundo queda algo peor, a pesar de que en muchas escenas se opta por la fidelidad más directa a las viñetas y por la gran cantidad de homenajes al cine fantástico (el dormitorio a lo 2001 o la sutil referencia a 300, la anterior película de Snyder) y al cómic (se ven portadas de Batman de fondo).

Hay coincidencia general en que lo mejor de la película está en los títulos de crédito iniciales y tengo que estar de acuerdo. El hermoso, nostálgico y positivamente anacrónico relato que se nos hace en apenas tres minutos (bajo los acordes del The times they are a-changin' de Bob Dylan) es un perfecto resumen del mundo en el que se mueve esta historia: en unos años 80 alternativos, en los que Estados Unidos ha vencido en Vietnam, Nixon ha cambiado la Constitución para poder presentarse a su quinta relección y la guerra fría amenaza con dar paso a un holocausto nuclear entre los americanos y los soviéticos, un mundo en el que héroes disfrazados tuvieron un papel muy importante y hoy son proscritos de la ley. Y si esos tres minutos no bastan para ubicar al espectador, la presencia de las Torres Gemelas en el fondo de este Nueva York ficticio colocarán al espectador donde debe estar para apreciar lo que está viendo. A partir de ahí, la película (que dura 160 minutos) afronta algunos altibajos pero se mantiene con firmeza, sobre todo en su segunda mitad.

Los altibajos tienen que ver con el segundo análisis, el que se tiene que hacer en relación con el cómic original. Watchmen, la novela gráfica, fue una ruptura temática y de desarrollo de personajes con respecto al cómic hecho anteriormente, pero también (y quizá sobre todo) en su narrativa. Snyder intenta copiar esa sensación y queda un cierto poso de fracaso. Cine y cómic son medios muy distintos y el efecto prodigioso de las viñetas, de los planos contrapuestos, de las secuencias paralelas (la mejor, la más emocionante, la más completa y compleja que tiene el cómic está en el capítulo 11 y en la película no aparece), de las simbologías que tenía la novela gráfica se difumina en la película. Watchmen cambió para siempre el cómic, pero la película no puede tener (y afortunadamente no tiene) las mismas pretensiones. Valorarla así sería injusto porque sí es un sincero intento de adaptar un gran cómic. Y ahí sí triunfa. El cine no está en el mismo punto en que estaba el cómic a mediados de los años 80. No hay nada rupturista en la película, como sí lo había en el cómic. Ni la violencia, ni el sexo, ni la psicología del superhéroe son ya novedades.

A pesar de ser una película larga, hay mucho material que se ha quedado en la sala de montaje. El recorte de metraje (Snyder ya ha anunciado dos versiones más largas de la película que verán la luz en DVD; falta la historia de piratas y su vinculación con la historia del mundo real, pero también otros muchos detalles, como algún importante flashback con el Comediante o la historia del psicólogo de la prisión) no favorece nada el desarrollo de los plantemientos temáticos y de personajes más característicos del cómic. Quizá sólo le pase a quienes conocen el cómic, pero se nota que faltan cosas, faltan más explicaciones sobre qué mueve al Doctor Manhattan, a Ozimandias o a Rorschach. Muchas más. No se entiende en la película la motivación que ofrece en el cómic la historia de Alejandro Magno. Tampoco por qué el Doctor Manhattan vacila en la importancia que tiene la vida humana. Esas explicaciones y el mundo realista en el que se movían los personajes es parte de la grandeza de Watchmen y en la película no aparece. Le falta espíritu en momentos clave, como la escena que se desarrolla en Marte o los flashbacks relacionados con Espectro de Seda (el principal personaje femenino, interpretada por Malin Ackerman).

Quizá Snyder peque de un exceso de celo a la hora de trasladar el cómic a la pantalla y eso haga aún más inabarcable y compleja la tarea de hacer esta película. Quizá Watchmen necesita algo más de adaptación y menos de traslación directa a la pantalla. Los dos grandes cambios que realiza, además, funcionan de forma desigual. La sutileza que preside cada aparición en el cómic de Nixon se pierde por completo en la película, que prefiere mostrar una caricatura del presidente norteamericano (un signo más del exceso visual que se puede ver en el uso de la violencia, muy explícita y muy abundante; como en el cómic, sí, pero con 20 años de pérdida de autocensuras y barreras). El otro gran cambio, el más polémico, ha sido el final de la historia. No voy a revelar nada, pero el de la película parece funcionar a primera vista pero se hace más difícil que resista un segundo análisis. Eso sí, no me cabe duda de que el del cómic hubiera provocado carcajadas en el público actual (que, de hecho, no omite unas sorprendentes risas en algunas de las escenas más tensas y dramáticas de la película).

Hay dos personajes que destacan por encima del resto: Rorschach (un inquietante Jackie Earle Haley) y el Comediante (un preciso Jeffrey Dean Morgan). Los dos son los mejores ejemplos de fidelidad al espíritu y a la imagen del cómic, son quienes mejor llevan a la pantalla la polémica ideológica que plasmaba el cómic y son, sobre todo el primero, los motores de la historia. Búho Nocturno (muy acertado Patrick Wilson) encaja a la perfección como el vínculo más humano en este mundo irreal y a ratos también lo consiguen las dos mujeres, madre e hija, que visten el traje de Espectro de Seda (Carlo Gugino, a la que le falta en la película, la mejor escena de su personaje en el cómic, y la mencionada Akerman). Para mí lo más flojo del grupo de personajes centrales hay que buscarlo en el Doctor Manhattan (interpretado por Billy Crudup), cuya imponente presencia visual oculta lo mucho que le falta de desarrollo, y en Ozimandias (Matthew Goode), homosexualizado en exceso ya desde los títulos de crédito y más previsible de lo que hubiera sido deseable.

Watchmen triunfa como auténtico cine espectáculo y de entretenimiento (magnífica la secuencia de la prisión, en su ejecución y en su coreografía), triunfa como cine de superhéroes asequible a todo tipo de públicos (porque no se para sólo en la acción), triunfa en el contacto emocional a través de la música (prodigiosa la secuencia en el cementerio mientras suena The sound of silence de Simon y Garfunkel; menos afortunado y mucho más risible es el uso del Hallelujah de Leonard Cohen en la escena de sexo), triunfa visual y temáticamente en el uso de un material original tremendamente complejo, mucho más de lo que aspira a ser la película. Pero fracasa en una trascendencia que jamás podrá acercarse a la del cómic, fracasa en la elección de algunas escenas en detrimento de otras mucho más relevantes para la historia, fracasa en darle alma a los momentos más sobrecogedores de la novela gráfica. Habrá quien se quede con lo bueno y habrá quien se quede con lo malo. Habrá profanos que gracias a la película descubran éste y otros cómics y habrá puristas que la desprecien. No es la película definitiva de superhéroes como sí lo es el cómic, pero yo me quedo con lo bueno. Porque hay mucho de bueno en este magnífico entretenimiento. Porque, aunque no sea perfecto, supone hacer posible lo que parecía imposible.

lunes, marzo 02, 2009

10 PELÍCULAS... con nombre de mujer

Muchas historias de cine giran en torno a una mujer, pero no hay tantas que apuesten por una protagonista femenina, y muchas menos aún que le den el título de la película al nombre de una mujer. Pero las hay y de los géneros más variados. Mujeres a las que admirar, mujeres a las que adorar, mujeres con las que sufrir y mujeres con las que soñar. Mujeres...

· AMELIE
Una niña que se crea su propio universo imaginario se convierte en una joven que se dedica a hacer felices en los demás en el camino de su propia felicidad. Amelie es una historia muy bonita, con detalles realmente preciosos, pero como película se queda corta. Quizá es que no he superado todavía la aversión que le tengo a Jean-Pierre Jeunet desde que destrozó por completo la saga de Alien con su Resurrección, pero lo cierto es que me molesta la forma de rodar que tiene este director. Demasiados movimientos bruscos de cámara, demasiados planos imposibles, demasiada exageración visual, demasiada irrealidad gratuita. Y eso afecta a la película, simpática pero poco más. Sé que Amelie levanta pasiones, pero no es mi caso. La historia sí, la película no.
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· CARRIE
La joven más inadaptada del instituto se convierte en su peor pesadilla cuando todo el mundo decide reírse de ella y explotan sus poderes psíquicos. Su venganza será una masacre. Carrie, la novela de Stephen King, es sobrecogedora, está escrita con un impecable estilo de trabajo de investigación y es sorprendente en todo momento. Carrie, la película de Brian de Palma, tiene instantes muy brillantes pero otros muchos que no lo son tanto. Sissy Spacek borda su papel. No deja de tener su gracia ver a John Travolta como el macarra de la historia y a William Katt (El gran héroe americano) como el chico aparentemente bueno (que en la novela lo es menos que en la película). En su momento fue un bombazo aunque no ha envejecido demasiado bien. Eso sí, por mucho que te lo esperes, es imposible no pegar un salto con el susto final.
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· LAURA
Una mujer de la que se enamora un policía mientras investiga su asesinato. Prodigiosa obra maestra de Otto Preminger, una de las mejores películas de cine negro de su década por excelencia, los 40, y un título imprescindible que no parece contar con la misma fama que otras películas de su época. Narrada con una maestría muy difícil de encontrar hoy en día y trazando unos personajes magistrales, sus continuas sorpresas y giros argumentales no son en absoluto forzadas sino pasos precisos de una historia magnífica. La encantadora y sensual Gene Tierney impresiona hasta desde el cuadro. Es curiosisísimo ver (y obligatorio oír en versión original) a Vincent Price antes de convertirse en un mito del cine fantástico y de terror.
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· LOLITA
Una joven, casi una niña, se convierte en el deseo sexual de un profesor que alquila una habitación en la casa en la que vive con su madre. Él, dispuesto a todo, se casará con la mujer sólo por tener cerca a Lolita. Kubrick hizo una arriesgada adaptación de la más que polémica novela de Vladimir Nabokov, dándole un gran papel a Peter Sellers antes de convertirle en su protagonista absoluta de Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?. Sue Lyon borda su papel de niña promiscua y flaquea algo más en el de joven arrepentida (para algunos era algo mayor para el personaje; sin embargo, tenía 16 cuando se estrenó la película y en el libro se dice que Lolita tiene 14) y James Mason está francamente interesante en el papel del hombre obsesionado con la protagonista. Para la época en la que se hizo, con censura de por medio, una película muy arriesgada y valiente.
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· MARY POPPINS
La ñinera que todo niño querría tener. Mary Poppins es una de las mejores cintas infantiles que se han rodado nunca, llena de magia, de música y canciones inolvidables (¿quién no ha oído aquello de "supercalifragilistico..."?), y de personajes fantásticos. Julie Andrews borda el papel de Mary Poppins y Dick Van Dyke está sencillamente irrepetible. La fusión de imagen real y dibujos animados fue pionera en su época (aunque más de dos décadas después ¿Quién engañó a Roger Rabbit? estirara las posibilidades hasta el infinito). Inolvidable, irrepetible y una de esas películas que da gusto enseñar a todas las nuevas generaciones que la pueden conocer. Uno de los motivos por los que Disney siempre será único.
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· MARY REILLY
El ama de llaves de un científico que resulta ser mucho más. La aproximación de Stephen Frears al mito de Jekyll y Hyde se produjo a través de la mirada de una mujer. La película, a pesar de las libertades que se tomaba con respecto a la novela original de Robert Louis Stevenson, y a su vez basada en otro libro de Valirie Martin, tiene puntos de interés. No demasiados, eso sí. Julia Roberts no termina de hacerse con un personaje algo soso y John Malkovich cae en lo fácil al dar vida al monstruoso Hyde. La portentosa banda sonora de George Fenton le da a la película una atmósfera única y eleva el resultado final muy por encima de lo que hubiera ofrecido sólo la parte visual. No es, ni de lejos, de las mejores películas sobre esta historia.
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· POCAHONTAS
La princesa india que tiene que lidiar con los conquistadores de América. Disney siempre ha tenido un especial aprecio por las heroínas, pero nunca hasta Pocahontas le había dado sólo el nombre de una de ellas al título de una película. La ruptura que produjo fue en su aspecto físico. Potenciando la sensualidad (y en algún momento hasta la sexualidad) más que nunca, el estudio se basó en el cuerpo de Naomi Campbell para dar vida a esta leyenda americana. La película no es de las mejores de una década gloriosa para Disney, en la que vieron la luz grandes títulos como La bella y la bestia, El jorobado de Notre Dame o Tarzan, pero sí es una muy entretenida cinta de aventuras con una más que correcta música de Alan Menken.
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· REBECCA
Una mujer como referente, como asfixia, como modelo imposible de imitar o superar. Pocos directores se atreverían a convertir en protagonista principal de una historia a una mujer que no llega a aparecer nunca en la película. Y Alfred Hitchcock era uno de esos directores. Joan Fontaine da vida a una ingenua y enamorada joven, que se casa con un hombre que ha perdido ha visto morir a su primera esposa. Y esa es Rebecca. El recuerdo de esa primera mujer le hará imposible la vida a la sustituta hasta el dramático final de la película. Para el recuerdo el inquietante papel (y la permanente presencia) del ama de llaves, intenso y sobrecogedor. Y el impresionante escenario gótico de Manderley, uno de los más bonitos de la historia del cine.
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· SHEENA
Una niña perdida en la selva africana es criada en un poblado indígena y acaba convertida en su protectora. Sheena, adaptación de un cómic, es una peliculita olvidable pero que genera cierto cariño entre los aficionados. Quizá el atuendo de la bella Tanya Roberts y la escena de desnudo que ningún director se resiste a incluir en este género tenga bastante que ver. El cine de acción y fantástico nunca ha sabido encontrar una respuesta inteligente cuando la protagonista es una mujer, y aunque las cintas de los 80 tenían cierto encanto (Supergirl, El guerrero rojo) los puntos débiles han quedado patentes en las más modernas (Elektra, Catwoman). Sheena tuvo años después una serie de televisión con Gena Lee Nolin, una ex vigilante de la playa, como protagonista. Ni la película ni la serie son gran cosa, la verdad...
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· THELMA & LOUISE
Dos mujeres, una soltera y liberal, la otra casada y acobardada, emprenden un viaje de fin de semana y acaban viviendo la aventura de sus vidas. Susan Sarandom y Geena Davis hacen un trabajo formidable es una de las mejores películas de Ridley Scott. Y si ellas llevan la voz cantante, en la historia y en la interpretación, tampoco se quedan atrás un brillante Harvey Keitel y un acertadísimo (de las pocas veces) Brad Pitt. Scott rueda como casi siempre con una precisión formidable y cuenta con dos aliados más de lujo: una fotografía preciosa de las carreteras americanas y una magnífica banda sonora de ese genio que es Hans Zimmer. Una gozada de película que, digan lo que digan, no tiene por qué entusiasmar sólo a las mujeres.