miércoles, diciembre 10, 2008

'Di que sí', ya lo creo que sí...

Jim Carrey es un cómico único. Para lo bueno y para lo malo. Muchos no le aguantan, otros le idolatran, pero en cualquier caso es un actor que lleva más de una década ganando más de 20 millones de dólares por película y por algo será. Nunca me ha entusiasmado en sus comedias más delirantes, aunque sí creo que tiene un talento especial cuando quiere enseñarlo, como hizo en El show de Truman o en aquella deliciosa película que pocos llegaron a ver llamada The Majestic. En esos filmes, Jim Carrey es un poco menos Jim Carrey. O ese Jim Carrey que escuchamos en el doblaje español de sus comedias disparatadas, que también hay que decirlo crea una imagen algo distinta del actor real. Y cuando Jim Carrey es más actor que cómico, consigue que sus películas funcionen. Incluso las comedias, como su último estreno, Di que sí. Ya lo creo que sí funciona.

El punto de partida de Di que sí es uno de los más originales de los últimos tiempos (parte de un libro escrito por un periodista británico que ha elaborado una obra tan delirante como la que nació de la charla con medio centenar de personas que compartían nombre con su mejor amigo), y eso ya es un punto que habla muy bien de esta película. Un hombre aburrido, rutinario, al que ha abandonado su novia y sin ganas de divertirse o hacer algo diferente en su vida prueba una nueva terapia: decir que sí a todas las oportunidades que se le presenten. Es difícil controlar un argumento tan disparatado y mantener la película en un universo realista, pero varios acertadísimos gags y la buena actuación de Jim Carrey lo consiguen. Falla en algunas ocasiones y le sobra algo de metraje (¿dónde quedaron las películas de hora y media?), pero en conjunto triunfa por ser algo diferente.

Y es diferente porque apuesta por una comedia distinta a la que abunda en la cartelera de nuestros tiempos. Por momentos, Di que sí recuerda a la comedia amable que popularizó Frank Capra hace tantos años (y que tiene su mejor ejemplo en ¡Qué bello es vivir!), y también a la comedia existencialista que llegó a su cima hace ya 15 años con Atrapado en el tiempo. En esa relación triunfa el filme protagonizado por Bill Murray, ya un clásico moderno, pero esta Di que sí plantea cuestiones interesantes sobre el modo de vida actual. Nos lleva a preguntarnos por los motivos por los que decimos sí o no a esas oportunidades que se nos presentan en nuestro día a día, a plantearnos por qué actuamos de una determinada manera en cada situación o incluso a pararnos dos veces a pensar si tenemos la vida que queremos o, sin embargo, estamos encorsetados en la que nos impone la sociedad. Una comedia que deja algo en que pensar. Una rareza, sin duda.

Esa es la principal virtud de la película, que tiene sus mejores momentos en el descubrimiento de la nueva filosofía de vida, en la primera aparición de un Terence Stamp brillante (en esa escena, su personaje flaquea bastante en el resto de sus apariciones y, sobre todo, en el innecesario gag final) en su papel de gurú espiritual del sí; en el espectacular número musical de Jim Carrey en el que acaba un intento de suicidio; o en las parodias cinéfilas a títulos tan conocidos como 300 o la saga de Harry Potter. Si por algún lugar flaquea el guión es en todo lo que rodea al personaje de Jim Carrey. Todo parece demasiado artificialmente dispuesto para que encaje en los sucesos de la vida del protagonista, pero sin excesiva profundidad en las situaciones o en los personajes. Y en esa leve sensación que deja la película de no llegar a lo que se propone, destaca una actriz que siempre promete más de lo que al final ofrece, la también cantante Zooey Deschanel (protagonizó la última película de M. Night Shyamalan, El incidente, y la miniserie de televisión Tin Man).

Di que sí es una comedia amable, muy divertida a ratos, diferente y muy del Jim Carrey más interesante. Y hace reír, que es algo fundamental en la vida y en un género, la comedia, que no termina de ofrecer títulos en las últimas décadas que perduren en la memoria del cinéfilo. Éste merece la pena.

lunes, diciembre 08, 2008

Lana Turner, 'femme fatale'

"Una mujer fatal es un personaje tipo, normalmente una villana que usa el poder maligno de la sexualidad para atrapar al desventurado héroe. Es una traducción de la expresión francesa femme fatale, mujer mortífera. Se la suele representar como sexualmente insaciable. Aunque suele ser malvada, también hay mujeres fatales que en algunas historias hacen de antiheroínas e incluso de heroínas. En la actualidad el arquetipo suele ser visto como un personaje que constantemente cruza la línea entre la bondad y la maldad, actuando sin escrúpulos sea cual sea su lealtad". Esta es la definición que hace Wikipedia de mujer fatal. Yo ya tengo una definición mucho más justo y precisa: Lana Turner en El cartero siempre llama dos veces.

Su primera aparición en la película es de las que da vértigo. Un tipo acaba de llegar a un restaurante de carretera en busca de trabajo (el cartel, deliciosamente ambiguo, decía "Se necesita hombre"), y rápidamente convence al dueño de que es perfecto para el trabajo. El dueño sale a atender a un cliente y en ese momento escuchamos un ruido. Algo ha caído al suelo. Nuestro protagonista se gira y ve cómo una barra de labios se desliza por el suelo hasta él. Levante la mirada y encuentra a la mujer fatal. Lana Turner. De un blanco inmaculado, con una sonrisa tan peligrosa como sus curvas. Y su mirada... Capaz de derretir a cualquiera. Ahí nace el deseo mutuo y comienza a desencadenarse la sucesión de acontecimientos que acabará con una justicia poética.

El cartero siempre llama dos veces es una película valiente y atrevida para la época en la que se realizó (data de 1946, cuando la censura tenía un inusitado poder y era difícil ver en pantalla algo que superase un beso de tres segundos). Tay Garnett, un director que alcanzó su cima con esta película y al que se recuerda también por episodios de series de televisión como Los intocables o Bonanza, firma una puesta en escena envidiable, perfecta para crear todo un clásico del cine negro más auténtico: voz en off, una mujer fatal, un hombre capaz de hacer lo que sea por la mujer que desea, un asesinato, una herencia y, sobre todo, una tensión perfectamente distribuida en la dos partes de la película. La atmósfera funciona tan bien como un guión que tardó más de una década en pulirse para trasladar a la pantalla toda la tensión erótica de la novela originaria.

Y si John Garfield está perfecto como la contrapartida de esa mujer fatal, lo cierto es que El cartero siempre llama dos veces es la película de Lana Turner. La actriz, que siempre destacó más por sus escándalos personales (ocho efímeros matrimonios, una hija adolescente que mató a uno de sus amantes, alcoholismo), permanecerá para siempre como Cora, la mujer dispuesta a asesinar a un marido del que nunca estuvo enamorada por el amor del hombre que realmente quiere. Ella misma lo decía, este personaje era su favorito. Y lo hizo suyo desde la primera a la última escena, desde los momentos más dulces y románticos a los más duros y dramáticos. Lana Turner se convirtió con esta película en una femme fatale, de esas que abundaban en el cine de los años 40 pero que hoy son sólo un bello recuerdo.

El gran acierto de El cartero siempre llama dos veces es que equilibra perfectamente sus diferentes actos, desde la gestación del crimen hasta la investigación del mismo, desde la parcela más íntima de los dos protagonistas a las escenas del juicio. Todo encaja, todo sorprende, hasta el final en el que se descubre en qué circunstancias está narrando la historia el personaje de John Garfield. Viendo películas como ésta, uno se pregunta por qué no se hacen más. Pero viendo intentos de resucitar el género como La dalia negra, uno entiende el porqué. Lo explícito mató al cine negro. La sugerencia, la sensualidad, lo misterioso era lo que contaba entonces. Y Lana Turner, como tantas otras diosas del celuloide, sabían lo que tenían entre manos sin necesidad de pasar de la insinuación, de la mirada, de la sonrisa cómplice y a la vez traicionera. Eso era el cine negro.

jueves, noviembre 27, 2008

¿Los mejores personajes de la historia del cine...?

Empire, que hace no demasiado nos ofreció un ránking de las 500 mejores películas de la historia del cine sigue con su tarea de publicar listas y esta vez nos sorprende con su clasificación de los 100 mejores personajes. Como todas las listas, ésta es bastante injusta, pero quizá en este caso podamos utilizar el adjetivo con más razón que nunca, puesto que, como primer defecto, es una lista demasiado basada en el cine más contemporáneo. Un total de 77 de los personajes forman parte de títulos realizados a partir de los años 80. Demasiado desprecio al cine clásico como para tomarla demasiado en serio.

Descubrir el personaje que encabeza el ránking hace que todavía me crea menos la lista. Según Empire, el mejor personaje jamás visto en la pantalla es Tyler Durden, el protagonista de El club de la lucha, de David Fincher. Brad Pitt tiene el mejor personaje de la Historia. Vamos, que no lo comparto. Lo dejo ahí para que nadie me acuse de ensañarme con Brad Pitt. Más injusto me parece teniendo en cuenta que la película me pareció bastante floja (a pesar de que es cierto que tiene una fama inmensa y una aureola de película de culto) y de lo peor de Fincher (un director que, por otra parte, me suele encantar). Y más, evidentemente, teniendo en cuenta que el segundo puesto es para el gran Darth Vader y el Joker de Heath Ledger en El Caballero Oscuro. Star Wars, por cierto, coloca nada menos que seis personajes entre los 100. Alguna satisfacción tenía que darme la lista, aunque no dejo de preguntarme cómo es posible que no esté R2-D2...

Uno de esos seis personajes de la saga de Lucas es el Han Solo de Harrison Ford, que es el único actor en colocar dos de sus personajes entre los diez más celebrados. ¿Le convierte eso en el mejor actor? Indudablemente no, pero lo que es innegable es que Ford le da un carisma inmenso a sus personajes. El otro que coloca, obviamente, es Indiana Jones. Clint Eastwood (su Hombre sin nombre y Harry Calahan), Jack Nicholson (sus papeles en El resplandor y Alguien voló sobre el nido del cuco) y ¡¡¡Hugo Weaving!!! (Matrix y V de vendetta, en la que encima ni siquiera muestra el rostro) también colocan dos personajes en la lista. Y eso sorprende más todavía pensando que Marlon Brando o Robert de Niro sólo colocan uno de sus personajes en la lista o que actores (¿actores...?) como Ben Stiller o Will Ferrel también están en el ránking.

Sólo hay diez personajes femeninos en la lista, y uno encima es un dibujo animado. ¿Dónde quedaron la Ilsa de Ingrid Bergman en Casablanca, la Gilda de Rita Hayworth en Gilda, la Catherine de Elizabeth Taylor en De repente, el último verano, la Kirsten de Lee Remick en Días de vino y rosas la Isabeau de Michelle Pfeiffer en Lady Halcón, la Lolita de Sue Lyon en la versión de Lolita de Kubrick, la Sugar de Marylin Monroe en Con faldas y a lo loco, Katharine Hepburn en el papel que quiera...? Es cierto que el cine es un mundo bastante machista, que las actrices que llegan a los 40 años se encuetran en un camino sin salida. Listas como ésta demuestran que es así, que las actrices no suelen tener buenos papeles, ni siquiera cuando son jóvenes, y, por algún motivo, no calan igual en el espectador. Y eso que hay montones de papeles femeninos que permanecen en nuestra memoria, más en el cine clásico que en el contemporáneo (y quizá por eso hay tanta ausencia).

Y puestos a pensar en nombres que faltan por aquí, se me ocurren decenas de personajes. El Robin Hood de Errol Flynn en Robin de los bosques, el Superman de Christopher Reeve en las cuatro películas sobre el superhéroe que protagonizó, el Harry Powell de Robert Mitchum en La noche del cazador, el C. C. Baxter de Jack Lemmon en El apartamento, el Oskar Schindler de Liam Neeson o el Amon Goeth de Ralph Fiennes en La lista de Schindler, el Roger O. Thornhill de Cary Grant en Con la muerte en los talones, el Little Bill Dagget de Gene Hackman en Sin perdón o el Popeye Doyle del mismo actor en French Connection, el Truman Burbank de Jim Carrey en El Show de Truman (¿cómo es posible que Carrey tenga en la lista a Ace Ventura y no a Truman?) o el Christof de Ed Harris en la misma película, el Jake La Motta de Robert de Niro en Toro Salvaje, el monstruo de Boris Karloff en Frankenstein, el Himmler de Charles Chaplin en El gran dictador...

Hay tantos grandísimos personajes, tantos papeles que sus actores hicieron grandes, que ver algunos de los que aparecen en la lista causa tanto asombro como malestar, y lo mismo se puede decir de las ausencias. Seguro que todos encontramos un personaje que tenemos más que claro que debiera estar aquí. Y en los puestos altos. Ésta es la lista completa, con el nombre del personaje, el actor que le da vida y la película en la que aparece (en algunos casos, aparece citada uno de los varios títulos en los que tiene presencia, en la mayoría de las veces se trata de su primera aparición). Juzgad vosotros mismos.

1 - Tyler Durden (Brad Pitt / El club de la lucha)
2 - Darth Vader (Dave Prowse; James Earl Jones, voz / La guerra de las galaxias)
3 - El Joker (Heath Ledger / El Caballero Oscuro)
4 - Han Solo (Harrison Ford / La guerra de las galaxias)
5 - Hannibal Lecter (Anthony Hopkins / El silencio de los corderos)
6 - Indiana Jones (Harrison Ford / En busca del Arca perdida)
7 - El Nota (Jeff Bridges / El gran Lebowski)
8 - Jack Sparrow (Johnny Depp / Piratas del Caribe)
9 - Ellen Ripley (Sigournery Weaver / Alien)
10 - Vito Corleone (Marlon Brando / El padrino)
11 - James Bond (Sean Connery / Goldfinger)
12 - John McLane (Bruce Willis / Jungla de cristal)
13 - Gollum (Andy Serkis / Las dos torres)
14 - Terminator (Arnold Schwarzenegger / Terminator)
15 - Ferris Bueller (Matthew Broderick / Todo en un día)
16 - Neo (Keanu Reeves / Matrix)
17 - Hans Grubber (Alan Rickman / Jungla de cristal)
18 - Travis Bicle (Robert De Niro / Taxi Driver)
19 - Jules Winnfield (Samuel L. Jackson - Pulp Fiction)
20 - Forrest Gump (Tom Hanks / Forrest Gump)
21 - Michael Corleone (Al Pacino / El padrino II)
22 – Ellis Red Redding (Morgan Freeman / Cadena perpetua)
23 – Harry Calahan (Clint Eastwood / Harry el Sucio)
24 – Ash (Bruce Campbell / Posesión infernal)
25 - Yoda (Frank Oz / El Imperio contraataca)
26 - Ron Burgundy (Will Ferrel / El reportero)
27 - Tony Montana (Al Pacino / El precio del poder)
28 - Gandalf (Ian McKellen / La comunidad del Anillo)
29 - Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis / Pozos de ambición)
30 - Jigsaw (Tobin Bell / Saw)
31 - Aragorn (Viggo Mortensen / La comunidad del Anillo)
32 - Jason Bourne (Matt Damon / El caso Bourne)
33 - Tequila (Chow Yun-Fat / Hard boiled)
34 - Rocky Balboa (Sylvester Stallone / Rocky)
35 - Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe / Gladiator)
36 - Harry Potter (Daniel Radcliffe / Harry Potter y la piedra filosofal)
37 - Eduardo Manostijeras (Johnny Depp / Eduardo Manostijeras)
38 - Donnie Darko (Jake Gyllenhaal / Donnie Darko)
39 - Marty McFly (Michael J. Fox / Regreso al futuro)
40 - Patrick Bateman (Christian Bale / American Psycho)
41 - Mary Poppins (Julie Andrews / Mary Poppins)
42 - Alex Delarge (Malcolm McDowell / La naranja mecánica)
43 - El hombre sin nombre (Clint Eastwood / El bueno, el feo y el malo)
44 - Peter Wenkman (Bill Murray / Cazafantasmas)
45 - Amelie Poulan (Audrey Tatou / Amelie)
46 - Anton Chigurh (Javier Bardem / No es país para viejos)
47 - Blade (Wesley Snipes / Blade)
48 - Tony Stark (Robert Downey Jr. / Iron Man)
49 - Walter Sobchak (John Goodman / El gran Lebowski)
50 - Quint (Robert Shaw / Tiburón)
51 - Mal Reynolds (Nathan Fillion / Serenity)
52 - George Bailey (James Stewart / ¡Qué bello es vivir!)
53 - Luke (Paul Newman / La leyenda del indomable)
54 - Luke Skywalker (Mark Hammill / La guerra de las galaxias)
55 - Frank Drebin (Leslie Nielsen / Agárralo como puedas)
56 - Juno MacGuff (Ellen Page / Juno)
57 - Brick Tamland (Steve Carell / El reportero)
58 - Rick Blaine (Humphrey Bogart / Casablanca)
59 - Tommy Devito (Joe Pesci / Uno de los nuestros)
60 - Ace Ventura (Jim Carrey / Ace Ventura)
61 - R. P. McMurphy (Jack Nicholson / Alguien voló sobre el nido del cuco)
62 - Matilda (Natalie Portman / Leon, el profesional)
63 - Wall·E (Ben Burtt, voz / Wall·E)
64 - Withnail (Richard E. Grant / Withnail y yo)
65 - White Goodman (Ben Stiller / Cuestión de pelotas)
66 - La Novia (Uma Thurman / Kill Bill)
67 - Frank Booth (Dennis Hopper / Terciopelo azul)
68 - Napoleon Dynamite (John Heder / Napoleon Dynamite)
69 - Keyser Soez (Kevin Spacey / Sospechosos habituales)
70 - Atticus Finch (Gregory Peck / Matar a un ruiseñor)
71 - Serpiente Plissken (Kurt Russell / 1997: Escape de Nueva York)
72 - V (Hugo Weaving / V de vendetta)
73 - Jack Torrance (Jack Nicholson / El resplandor)
74 - E.T. (Debra Winger, voz / E.T. El extraterrestre)
75 - Marge Gunderson (Frances McDormand / Fargo)
76 - Dr. Emmett Brown (Christopher Lloyd / Regreso al futuro)
77 - Ed (Nick Frost / Zombis party)
78 - Axel Foley (Eddie Murphy / Superdetective en Hollywood)
79 - Boba Fett (Jeremy Bullock / El Imperio contraataca)
80 - Norman Bates (Anthony Perkins / Psicosis)
81 - Lobezno (Hugh Jackman / X-Men)
82 - Marv (Mickey Rourke / Sin City)
83 - Señor Rubio (Michael Madsen / Reservoir Dogs)
84 - Agente Smith (Hugo Weaving / Matrix)
85 - Vincenzo Coccotti (Christopher Walken / Amor a quemarropa)
86 - Roy Batty (Rutger Hauer / Blade Runner)
87 - Dracula (Christopher Lee / Dracula)
88 - Jessica Rabbit (Kathleen Turner, voz / ¿Quién engañó a Roger Rabbit?)
89 - Princesa Leia (Carrie Fisher / La guerra de las galaxias)
90 - La malvada Bruja del Oeste (Margaret Hamilton / El Mago de Oz)
91 - Escarlata O’Hara (Vivien Leigh / Lo que el viento se llevó)
92 - Randal Graves (Jeff Anderson / Clerks)
93 - Martin Q. Blanck (John Cussack / Un asesino algo especial)
94 - Buzz Lightyear (Tim Allen / Toy story)
95 - Freddy Kruegger (Robert Englund / Pesadilla en Elm Street)
96 - Ethan Edwards (John Wayne / Centauros del desierto)
97 - Clarice Starling (Jodie Foster / El silencio de los corderos)
98 - Charles Forster Kane (Orson Welles / Ciudadano Kane)
99 - HAL 9000 (Douglas Rain, voz / 2001: Una odisea del espacio)
100 - Martin Riggs (Mel Gibson / Arma letal)

martes, noviembre 25, 2008

¿'Irreversible'? Insoportable

A lo largo de toda mi vida, sólo he dejado a la mitad tres películas. Si mi memoria no falla, la primera fue The Doors, de Oliver Stone (el cóctel de sexo, drogas y rock and roll de la vida de Jim Morrison cayó en mis manos siendo demasiado joven; es la única a la que le daré otra oportunidad en el futuro); Remando al viento, de Gonzalo Suárez (tan pedante como aburrida); y Crash, de David Cronenberg (un rocambolesco e imposible cóctel entre suicidas al volante y locos del sexo; no confundir con el más moderno Crash de Paul Haggis, película que por cierto tampoco me entusiasma a pesar del fervor crítico que suscita...). Ayer estuve a punto de abandonar una película por cuarta vez. Estuve a punto de pulsar el botón de Stop y mandar Irreversible al limbo del olvido. No lo hice, pero no por falta de méritos. Quizá porque sólo dura 93 minutos. Quizá porque, en el fondo, quería ver cómo acababa (o empezaba) aquello. Quizá porque, en el fondo, me da pena despreciar el trabajo de un cineasta (¿cineasta?).

Irreversible es la historia de una violación contada al revés. Cada secuencia empieza donde acaba la que veremos a continuación. Es un continuo flashback. Siend la forma un simple artificio que no sé hasta que punto sirve a la historia (pero que da que hablar de una película siempre y, en ocasiones, camufla los numersos defectos de un filme, como sin duda intenta ser el caso), pero me preocupa mucho más el fondo. En Irreversible no hay una historia, no importan demasiado los personajes, todo gira en torno a una única secuencia, la de la violación del personaje de Monica Bellucci. Estoy acostumbrado a la violencia en el cine, e incluso la defiendo como medio para contar una historia. Pero lo de Irreversible no es violencia. Es sadismo. Es la recreación más pura en un acto execrable. Los algo más de diez minutos que dura ese escena son lo más vomitivo y despreciable que he visto jamás en una película. Suficiente sin duda para dejar de ver una película.

Se abre el debate de la necesidad de mostrar ciertas cosas en pantalla. Y desde luego que ésto cuesta verlo. Muchísimo. Al espectador desde luego, aunque al director parece que en absoluto. Y lo digo porque en la primera parte de la película, hasta esa escena, los movimientos de cámara son mareantes, frenéticos, irreales y algo absurdos (cuánto daño ha hecho la steady-cam, que ha provocado que tantos directores se quieran vender como artistas sólo con mover la cámara sin ningún sentido). Es precisamente en esa escena cuando la cámara permanece por primera vez fija, vigilante, tratando de convertirnos a todos los espectadores en voyeurs involuntarios, deseosa de captar todos los detalles, incluso los más dolorosos, sádicos y deprimentes. Todos.

En esa primera parte de la película, sus responsables incluyeron un ruido de fondo en una frecuencia de 28 herzios, inaudible para el oído humano y muy similar a la que provoca un terremoto. Esa frecuencia es capaz de generar en las personas nauseas, vómitos y mareos. Esa, dicen, es la razón de que mucha gente se marchara de la proyección, algo que se convirtió en habitual. Tanto es así, que la revista Newsweek declaró que ésta era la película de la que más gente se había marchado en su año, 2002. No creo que tengan datos, pero lo que está claro es que recoge hechos ciertos. La gente se marchaba de los cines durante la proyección de esta película con cierta normalidad.

Por algún extraño motivo que yo no soy capaz de comprender, éste es un motivo de orgullo para los responsables de la película. No sólo incluyeron esa frecuencia en la cinta con el fin de provocar un malestar generalizado en los espectadores, sino que en el DVD francés se destaca que, de las 2.400 personas que vieron el filme en el Festival de Cannes, 200 salieron de la sala antes de que finalizara la proyección. En San Sebastián sucedió algo parecido. No concibo el cine como algo elitista, como algo que deba causar rechazo en el espectador, como algo que roce la nausea y lo enfermizo. A mí si me dicen que un elevado porcentaje de espectadores no ha sido capaz de aguantar lo que está viendo, me induce a no verlo. No soy tan morboso. Y, por tanto, no puedo valorar positivamente, nunca, jamás, una película como Irreversible.

Se me hace difícil entender cómo se puede hacer de una violación gráfica y explícitamente mostrada en la pantalla el eje de una película. Lo que vemos antes de la secuencia es un galimatías borroso, molesto y sin demasiado sentido. Lo que vemos después ya no importa después de haber asistido a semejante festival del horror. Y es después donde se puede ver cierto desarrollo (cierto, limitado y escaso para sostener una película) de los personajes, pero ya es supérfluo. Ya estoy fuera de la película, ya no tengo interés en el mundo que veo en la pantalla, sólo siento asco y perplejidad por la morbosa secuencia que he visto. Sin duda se habló mucho en su día de la película. Sin duda suscitó polémica. Pero es el morbo por el morbo. No hay cine en Irreversible. Sólo morbo. Y por desgracia vende. Yo he tardado seis años en caer en este morboso asunto. Ojalá no hubiera caído nunca. No es Irreversible. Es insoportable. En el sentido más amplio de la palabra.

miércoles, noviembre 19, 2008

Harry el Sucio, un icono tan vilipendiado como valorado

Ponéos en situación. Sois una banda de atracadores, que estáis a punto de dar un buen golpe en un banco de San Francisco. Suena la alarma justo cuando estáis a punto de salir de la oficina, armados hasta los dientes. Os espera un coche en la puerta. Pero un policía que andaba por allí, comiéndose un perrito caliente, os ve y os da el alto. Se produce un tiroteo. El coche pierde el control y se estrella. Uno de vosotros, que no ha podido subir a tiempo al coche, recibe un balazo en el brazo y queda tendido en el suelo. El rifle, muy cerquita. Pero llega el policía. Te apunta y te dice lo siguiente: "Sé lo que estás pensando. Si disparé las seis balas o solo cinco. La verdad es que con todo este ajetreo, yo también he perdido la cuenta. Pero siendo éste un Mágnum 44, el mejor revolver del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro, no crees que debieras pensar que eres afortunado. ¿Verdad que sí, vago?". Y aunque la traducción en el doblaje español es ésta y no termine de encajar del todo con lo que realmente dice el personaje, ese es Harry el Sucio.

Estamos hablando de una película de 1971, la primera de una saga de cinco entregas (Harry el fuerte, Harry el ejecutor, Impacto súbito y La lista negra), que generó muchísima controversia en su día. En primer lugar, porque su villano, Scorpio, estaba basado en uno de los asesinos de moda en Estados Unidos por aquellas fechas, el que tan magníficamente retrató David Fincher en Zodiac. De aquel psicópata real conserva los mensajes a través de la prensa en los que reivindica y anuncia nuevos crímenes y convierte en realidad el anuncio de Scorpio nunca materializado de secuestrar un autobús escolar. La controversia viene por el hecho de que la policía aún no había conseguido detener a Zodiac, nunca lo consiguió de hecho, pero Hollywood ya estaba haciendo películas sobre él. Pero sobre todo fue polémica por su violencia, física, visual y narrativa.

El emblema de la vertiente crítica con Harry el Sucio fue un artículo publicado en The New Yorker por Pauline Kael, un analista que nunca tuvo en buena estima a Eastwood, en enero de 1972: "Se trata de una visión imaginaria de derechas de este cuerpo de policía (el de San Francisco) considerado como un grupo enormemente debilitado por liberales ilusos. La idea subyacente en esta película es que durante un breve y glorioso periodo, la policía cuenta con alguien realista en su seno -y lo expulsa. (...) Se lleva al público a una identificación total con Harry y a que se sienta victorioso por el hecho de que los liberales no consigan pararle. (...) Si está de acuerdo con la película -y es difícil resistirse, porque se utilizan las técnicas de suspense más hábiles a niveles emocionales muy primitivos-, tendrá un único deseo, ver sufrir al maníaco. (...) Harry el Sucio sólo es evidentemente una película de género, pero el género de acción siempre ha encerrado un potencial fascista, que ha terminado por salir a la superficie. (...) Harry el Sucio es una película profundamente inmoral".

Aunque con los años los responsables de la película (Eastwood y su director, Don Siegel) negaron que la filme tuviera interés político, lo cierto es que planteaba (si no por primera vez, sí desde luego una de las primeras en hacerlo) la sobreprotección de los delincuentes por encima incluso de sus víctimas, algo que en aquellos tiempos se estaba convirtiendo en un problema serio en Estados Unidos. Harry el Sucio dio voz a muchos norteamericanos que pensaban que un criminal estaba más protegido por la Ley que una víctima, que veían a sus agentes de la ley limitados por esas mismas leyes que deberían garantizar la seguridad de las personas. Eso lo plantea Harry el Sucio sin dar demasiadas soluciones reales o realistas. ¿Desde un punto de vista fascista, como llega a decir Kael? Quizá es mucho decir, pero tampoco se puede negar que los vigilantes cinematográficos (o de cualquier género de ficción) tienen un punto antidemocrático. Se saltan las leyes para garantizar su cumplimiento en un escenario inexistente. No es una crítica social, pero sí tiene un marco realista que puede generar debate.

El final de la película (que no voy a contar), que tampoco gustó a Kael al entenderlo como un desprecio "al iluso sistema legal", era, en realidad, un calco del final de Solo ante el peligro, una película unánimente aclamada desde su estreno años antes. Quizá la clave para entender la diferencia entre lo que Kael llama "liberales ilusos" y los "fascistas" como Harry el Sucio esté en otro diálogo de la película. "No quiero más dificultades como las que tuvo en el distrito Fillmore hace un año, ¿entendido? Esa es mi política", le dice el alcalde, tras pedirle que actúe como correo para pagar el rescate que pide Scorpio. "Sí, pero cuando un hombre acosa a una mujer con la intención de violarla, yo mato al hombre. Esa es mi política" le responde Harry. ¿Con intención? ¿Y cómo está seguro de ello?", pregunta de nuevo el alcalde. "Cuando un hombre desnudo persigue a una mujer con un cuchillo en la mano, imagino que no está recaudando fondos para la Cruz Roja", sentencia nuestro detective.

Harry Callahan es un icono, vilipendiado en su día por la crítica y alabado por buena parte del público, que ha ido ganando prestigio con los años. Hoy es indudable que este personaje está detrás de la mayoría de los detectives más famosos del cine de acción más moderno, desde el Martin Riggs de Mel Gibson en Arma Letal (la escena en la que el detective Riggs soluciona un intento de suicidio sólo se puede entender como un homenaje a la película de Don Siegel) hasta el John McClane de la saga Jungla de cristal (el juego Simon dice de su tercera parte recuerda mucho a cómo Scorpio intenta comprobar que el detective Callahan actúa solo). Harry el sucio es, sin duda, un policiaco de referencia de los años 70, uno de los thrillers más celebrados y notables de su época y un filme que no ha perdido con los años ni un ápice de su interés. Una gozada.

Y no, pese a la creencia popular no es en Harry el Sucio donde dice la frase que más fama y leyenda ha dado al personaje, aquella de "vamos, alégrame el día". Eso quedó para Impacto súbito.

miércoles, noviembre 12, 2008

'Atrapado en el tiempo': un delirante estudio sobre la naturaleza humana

Atrapado en el tiempo es una de esas películas que llaman la atención de poca gente a priori pero que pocos olvidan después de verla. Admitámoslo, es delirante pensar que pueda tener interés una película que cuenta las peripecias de un hombre del tiempo de una televisión local, malhumorado y gruñón (Bill Murray), cuando va a cubrir en un pueblecito americano la celebración del día de la marmota, para vivir una y otra vez ese mismo día, sin posibilidad alguna de salir de él por motivos absolutamente desconocidos. Lo dicho, delirante. Pero según pasa el metraje, uno se da cuenta de que es una película que explora la propia naturaleza del ser humano, porque da una respuesta a muchos de los interrogantes que cualquier de nosotros podría hacerse en esa situación. ¿Qué harías si tuvieras siempre el mismo día por delante sin que lo que hagas tenga consecuencia alguna al día siguiente?

La respuesta que ofrece Atrapado en el tiempo (¿por qué demonios no se tradujo literalmente el título original, El día de la marmota) es completa y compleja. No ofrece sólo un camino, sino que explora casi todos los posibles a través de escenas cortas y secuencias algo más prolongadas, jugando con maestría con el tiempo cinematográfico, con la elipsis y con el montaje. Desde la faceta altruista que le lleva a prevenir todos los males que suceden en Punxsatawney (que así se llama el pueblo, aunque en realidad la película está rodada en Woodstock), hasta la egoísta que le lleva a tratar de ligarse como sea a cualquier mujer del pueblo primero y después a la productora que le acompaña en el viaje (Rita, Andy McDowell), de quien se va enamorando poco a poco. Esta historia de amor, por cierto, no figuraba tan extensamente en el guión original. Lo único que se esquivó intencionadamente es la faceta violenta. Al protagonista no le da por matar a nadie, aún sabiendo que no tendrá consecuencias.

Después de vista, es difícil imaginarse Atrapado en el tiempo sin Bill Murray (un tipo que, al margen de la calidad de sus películas, admito que siempre me ha caído bien y eso siempre predispone favorablemente para ver un título como éste). Pero no fue la primera opción de su director, Harold Ramis (fue chocante ver tras la cámara a uno de los protagonistas de Cazafantasmas). En un momento dado habló con Tom Hanks para ofrecerle el papel. Y Tom Hanks no lo vio claro. El motivo es muy sencillo: la imagen que todo el mundo tiene de Tom Hanks es de buena persona, mientras que Phil tenía que parecer un tipo amargado, sobrepasado por los acontecimientos que le rodean en algunas ocasiones, imprevisible en otras, pero siempre divertido. Bill Murray ofrece todo eso y mucho más en el que se ha convertido en el papel de su vida. Y eso que tuvo muchas discusiones con el director, porque él quería un acercamiento más filosófico a la historia y Ramis apostaba por algo más cómico.

El envoltorio de comedia no oculta, en todo caso, una de las propuestas fantásticas (¿no lo es estar atrapado en un día que odias durante años y años...?) más arriesgadas de las últimas décadas, una película magnífica y entrañable, divertida y emocionante. Y, sobre todo, un título que, como decía más arriba, perdura en la memoria de quien la ve. Es así porque triunfa en todos los terrenos, en el dramático y en el cómico. El espectador está deseando ver los progresos del protagonista, ver qué se va a inventar para ese día repetido y cómo va a emplear los conocimientos adquiridos en el mismo día que ya ha vivido. Y a todos nos pesa como una losa ese despertador que, invariablemente, a las seis de la mañana, nos despierta con los acordes del I got you babe.

Me encanta el repetido encuentro con ese viejo conocido insoportable (Ned, inolvidable la actuación de Stephen Tobolowsky), sus técnicas para aprender día tras día todo lo que le gusta a Rita para así poder conquistarla, sus intentos infructosos de acabar con su vida e incluso el momento en el que llega a la conclusión de que es un dios ("un dios, no El Dios, al menos no lo creo") por el simple hecho de que no puede morir. Es inolvidable su visita al psicoanalista. El doctor le cree cuando le cuenta que está atrapado en el día de la marmota y le pide seguir viéndole para solucionar el problema. "¿Le viene bien mañana?", le dice, provocando una nueva reacción desesperada y divertidísima. Cada escena es un lujo porque sorprende siempre. Una gozada de película, un pequeño gran clásico, una de las mejores comedias contemporáneas.

Si estáis tentados de felicitar a alguien por el día de la marmota, tenéis que esperar todavía un poco: es el 2 de febrero...

sábado, noviembre 08, 2008

'La lengua de las mariposas': la magia en la mirada de un niño

El cine español se ha ganado mi recelo en muchas ocasiones. Pretendidas obras maestras, aclamadas universalmente por la crítica de nuestro país, me parecen alejadas de la vida, de la realidad y del arte con demasiada frecuencia a pesar de todos los parabienes y premios que reciben. Pero de vez en cuando uno descubre una joya imperecedera. Y yo acabo de descubrir La lengua de las mariposas. Sí, ya sé que la película se estrenó en 1999. Y añado para mi propia vergüenza cinéfila que forma parte de mi videoteca desde hace mucho tiempo. Pero nunca había encontrado el momento de verla. Ahora la he visto. Y todavía la recuerdo, tengo sus imágenes grabadas en la memoria. Tengo su historia clavada en el alma. Mente y corazón se ponen de acuerdo en no demasiadas ocasiones. Y cuando una película te llega a ambos, no queda más remedio que reconocer que estás ante uno de esos títulos que perdurarán en el tiempo, de esos que merece la pena recomendar y enseñar a quienes no lo han visto. Un peliculón, en definitiva.

La esencia de La lengua de las mariposas está en la mirada de un niño, Manuel Lozano, que da vida a Moncho. Y digo da vida porque es lo que hace, darle vida a un personaje creado en un guión, un personaje que podría no haber emocionado tanto, pero que este chaval hizo suyo de una forma ejemplar. Dice tantas cosas su mirada que es imposible resumirlas aquí. Habría que estudiar todas y cada una de sus escenas, todos los descubrimientos que hace ese niño pequeño a lo largo de los 100 minutos que dura el filme. Pero puestos a elegir, hay dos momentos sencillamente inolvidables. El primero, el de la imagen, el final de la película, el descubrimiento de que todos llevamos dentro un odio que no entendemos, de que quien hoy es tu modelo mañana puede ser tu enemigo, de lo que una persona tiene que hacer para garantizar su supervivencia. De cosas que un niño no entiende pero se ve obligado a asumir.

El segundo, la conversación que mantiene con su profesor (Fernando Fernán-Gómez) sobre el cielo y el infierno. ¿Quién no se ha hecho esas preguntas alguna vez? ¿Quién no ha contrapuesto dos explicaciones contradictorias como las de su padre y su madre para temas tan trascedentales? Lozano ha seguido trabajando en cine y televisión, pero reconozco que no he visto nada más de lo que ha hecho tras debutar en La lengua de las mariposas. Quizá sea el momento de descubrir si ese niño que tanto era capaz de emocionar mantiene ese capacidad como adolescente. Y si la mantendrá como adulto. Lo consiga o no, su papel en La lengua de las mariposas quedará para siempre en el recuerdo.

Manuel Lozano logró el papel déspués de que su director, José Luis Cuerda, viera a cientos de niños. El realizador, que considera que en su película no hay "nada Cameron, nada Spielberg" (no comparto la rebaja que hace del cine de Spielberg, pero...), quizá no sepa que es posible que deba al propio Spielberg su elección del actor protagonista. Cuenta Cuerda que en el proceso de cásting Manuel Lozano le dijo "que sabía un método definitivo para defenderse del Tiranosaurio Rex. ¿Cuál era el método? 'Quedarse quieto', me ha dicho. 'Es que el Tiranosaurio Rex ataca al movimiento, ¿sabes?'. Yo no lo sabía". Y quizá Manuel Lozano lo sabía precisamente por haber visto Parque Jurásico, de Steven Spielberg, estrenada cinco años del estreno de La lengua de las mariposas.

La lengua de las mariposas no deja de ser un relato costumbrista de la España previa a la Guerra Civil. Algo que el cine español ha tratado en innumerables ocasiones y casi nunca con demasiado acierto, casi nunca para que perdurara de verdad en la memoria y en el corazón del espectador, quizá como un simple tributo a la Historia de nuestro país. Pero La lengua de las mariposas triunfa por su aparente sencillez (que no simplicidad, no confundir), por su acercamiento a la Historia a través de la mirada de un niño, lo que él ve de una situación diferente y conflictiva ("tu padre no le ha regalado un traje al maestro", le dice su madre; "pero si se lo ha regalado", le responde el crío), el fin de la República y el alzamiento que dio pie a la última guerra vivida en España.

Cuerda consigue algo inusual en una película de temática política: contar los hechos sin necesidad de demostrar revanchismo o parcialidad. No es una película para rojos. O no tiene por qué serlo. Lo que la película muestra es un pedazo de nuestra historia. Aquí no hay buenos ni malos. Aquí lo que se plasma es una situación como la que se vivió en cientos de pueblos de España. En la que tu mejor amigo, tu compañero de trabajo, tu hermano, de repente era detenido por traidor, por rojo, por anarquista. Y tú, para salvar tu propia vida y a tu familia, te veías obligado a disimular. A insultar. A denunciar. Y como toda película que se basa en la valentía del ser humano, en la toma de las decisiones más duras que se pueden tomar en una vida, La lengua de las mariposas conmueve. ¿Se puede pedir algo más?

Sólo ganó un Goya, para el recientemente desaparecido Rafael Azcona por su guión, adaptado de tres cuentos escritos por Manuel Rivas. Aquel fue el año de Todo sobre mi madre. Á mí Almodóvar no ha conseguido y probablemente nunca conseguirá conmoverme como lo ha hecho La lengua de las mariposas. Fernando Fernán-Gómez no logró el premio al mejor actor, porque lo ganó Paco Rabal por Goya en Burdeos. Manuel Lozano tampoco ganó el galardón al actor revelación, que se fue para Carlos Álvarez, por Solas. Aunque el cine español no supiera valorar La lengua de las mariposas, para mí es una de las películas clave de las últimas décadas. Y con el tiempo, no me cabe duda de que irá cobrando mucho más valor. Una obra de arte.

lunes, noviembre 03, 2008

'Caótica Ana': El reposo no cambia el horrendo final

Me gusta el cine de Julio Medem. Me perdió con su documental La pelota vasca y me asustó la durísima crítica con la que fue recibida su última película, Caótica Ana. Por eso y por otras circunstancias, es una de esas películas que no pude ver cuando se estrenó. Ahora la he visto. Y, como me recomendaron, la he dejado reposar unos días antes de lanzarme a escribir sobre ella. Pero el reposo no ha cambiado ninguna de las sensaciones que me dejó al y tras verla. Es una película de Julio Medem, sin duda. Pero es Julio Medem, también guionista del filme, quien destroza todos los logros de la película en sus diez minutos finales, asombrosamente absurdos, que dejan una perplejidad enorme y una sensación de pena por no haber sabido cerrar una buena película. Más aún, por haber destrozado lo que había visto hasta entonces.

Medem suele ser un cineasta incomprendido, pero nunca había sido imcomprensible. Caótica Ana, hasta ese final, encaja a la perfección en el cine de Médem. Es la historia de un alma y una psique torturada, una mujer joven es la protagonista (siempre ha tenido el director buena mano para los personajes femeninos) y vive en un universo muy lejano de la realidad. El cine de Medem no se puede ver preguntándose cómo se ganan la vida los personajes, de qué comen, dónde están la familia y los amigos o porque el mundo real no les afecta. El cine de Medem siempre se ha movido en un universo muy personal, muy imaginativo, muy irreal, y Caótica Ana no es una excepción. La hipnosis y la reencarnación son temas nuevos, pero no están muy lejanos de la poesía de Los amantes del círculo polar el surrealismo de Tierra o la amnesia de La ardilla roja. Lo dicho, encaja. Por ahí no está el problema de la película.

Pero llega el final y rompe con todo lo anterior. En esos diez minutos finales, Medem se carga todas las bases del personaje que tanto esfuerzo ha gastado en construir. De esa Ana que sólo busca la libertad y su propia vida pasamos a una Ana en posiciones sumisas y en una vida que la anterior jamás tendría. De una Ana empática, pasamos a una Ana antipática. De un mundo de ensoñaciones e ilusiones, pasamos a otro escatológico y absurdo. No he conseguido encontrar ninguna explicación de Medem a ese final en las declaraciones que hizo para promocionar la película. Sólo he llegado a leer su confesión de que Caótica Ana es, en realidad, "una película política". Si esa es la explicación para ese final, sólo se puede decir que produce estupor por lo ingenuo y vacío que resulta.

Ana es una joven pintora (los cuadros que se ven en la película son los que pintó la hermana de Julio Medem, auténtico germen de la película, que murió hace algunos años en un accidente de tráfico) que vive en Ibiza con su padre, en una cueva y a la que una mecenas (Charlotte Rampling) se lleva a Madrid para lanzar su educación artística. Medem escogió a una actriz sin experiencia, Manuela Vellés, para darle todo el peso de la película. Y aprueba, aunque en algunas escenas se nota demasiado esa falta de pasado interpretativo. Como aprueba en general el reparto al completo (aunque Bebe no me termine de convencer como actriz), gracias a un muy buen director de actores como es Medem.

El director y guionista juega sobre el alambre con la concepción de lo masculino y lo femenino ("ellos, todos violadores; nosotras, todas putas", se llega a decir) que plasma en la película, pero no llega a ser irritante y encaja con el aspecto visual como lo temático encaja en la filmografía del realizador. Quizá sea por el juego entre diosa y bruja que plasma a través de los recuerdos de vidas pasadas que Ana ofrece a través de la hipnosis, quizá sea por el vaivén optimista y pesimista sobre las relaciones entre el hombre y la mujer que van plasmando las relaciones de los personajes de Manuel Vellés y Bebe a través de la película.

Si Medem tiene algo, es su capacidad para crear imágenes hipnóticas. Y eso lo tiene también en Caótica Ana. Es espléndida la secuencia en la que Ana se descubre en Madrid, en sus calles, rodeada de extraños (parafraseada más adelante en Nueva York, aunque con un efecto menos impactante) o el regreso de Ana para ver a su padre enfermo. Esa fuerza la mantiene Medem. El control sobre la película, no. El final acaba con toda la ilusión, con todo el magnetismo, con todo el interés (con esa cuenta atrás que engancha a lo largo de la película) que genera durante casi todo su metraje Caótica Ana. Todo eso se pierde con un final sencillamente horrendo.

miércoles, octubre 29, 2008

'Red de mentiras': Ridley Scott convence pero no se supera

Ridley Scott está en forma. Acumula en los últimos años un puñado de películas notables y su último trabajo, Red de mentiras, es claramente uno de ellos, a pesar de los defectos que presenta. La maestría a la hora de rodar del realizador está presente. El dominio del montaje, también. Actuaciones notables, como en casi cualquier película de Scott. Pero algo no termina de funcionar. Red de mentiras sufre de un problema que no tenía el Scott de las últimas películas. No lo es, pero se hace demasiado larga. Hasta ahora, casi todos sus últimos títulos pedían a gritos más metraje, el que siempre acabábamos viendo en las ediciones en DVD. A Red de mentiras le sobran algunos de sus 128 minutos, algunas vueltas, algunos desvíos. Pero eso no impide que estemos ante un magnífico ejercicio de estilo, un apasionante thriller con trasfondo político. Una buena película, en definitiva, que convence aunque no supere títulos precedentes de su director.

Quizá el principal problema de Red de mentiras es que ofrece muchas cosas que ya habíamos visto en el cine reciente de Ridley Scott. Un escenario problemático como el de Black Hawk derribado. Un choque de culturas como en El reino de los cielos. Una relación entre dos personajes como la de American Gangster (aunque aquí trabajan aparentemente juntos y no son rivales). Un mundo violento como el de Hannibal (a niveles muy diferentes, pero la violencia no deja de ser un instinto primario que puede tener reflejo en pantalla en películas de muy distinta temática). Y quizá haber visto todo eso antes haga de Red de mentiras una película imperfecta. Pero por muy imperfecta que sea, es imposible despegarse de la sensación de que hoy pocos directores saben rodar (la persecución en el desierto de tres coches y dos helicópteros, sencillamente impresionante) o montar (la primera escena en la que aparece Russell Crowe o las conversaciones telefónicas entre éste y Leonardo DiCaprio) como Ridley Scott. Eso le convierte en un genio y cada una de sus películas, al margen de otras consideraciones, en un más que apreciable entretenimiento.

Scott entra en el complejo mundo del terrorismo de origen islamista, ese que el cine parece haber descubierto tras el 11-S y que debe estar dando trabajo en Hollywood a todos los actores de rasgos musulmanes que haya en las agendas de los representantes. No es fácil porque implica muchos riesgos. El principal siempre es el de crear la imagen del bueno y el malo, pero no el único. El reflejo de la sociedad y la cultura que se ve en pantalla depende de mucho más que el uso de un escenario o una lengua. Scott triunfa en ese terreno gracias, a partes iguales, al hábil guión de William Monahan y a su magnífico reparto. No hay una recreación excesiva en la violencia, pero no se esconde. De otro modo, la historia quedaría coja. No se puede hablar de terrorismo sin mostrar atentados. Y la perspectiva de los personajes es la adecuada. Esto no es una clásica película del oeste. Aquí todos mienten. Todos menosprecian en algún momento la vida de los demás. Todos tienen ese lado oscuro que les lleva a replantearse sus vidas en algún momento.

Ese aspecto de la película lo engrandecen los actores. Cada vez me parece menos exagerado decir que Russell Crowe es el mejor actor del momento. No importa el papel que le pongas delante, siempre te ofrece una interpretación nueva, fresca, única. Es sencillamente espectacular el uso que hace en esta película de una mirada por encima de las gafas que impresiona por igual al personaje al que da réplica y al espectador. A pesar de no ser el personaje principal, suyas son las mejores escenas. Y Scott, que ya ha trabajado cuatro veces con él (además de ésta y American Gangster, Un buen año y Gladiator), sabe aprovecharlo de una forma ejemplar. Quedan para siempre en la memoria las escenas de Crowe en su entorno familiar y hablando por teléfono con otros espías. "Estoy salvando a la humanidad, cariño", le llega a decir a su mujer.

DiCaprio se nota que ha aprendido mucho de sus películas con Martin Scorsese (no en vano es el hombre que colocó a Robert De Niro en el firmamento), pero todavía adolece de una falta de recursos que le lleva a mostrar gestos demasiado cercanos en películas muy diferentes. A veces da la sensación de que sigue en Infiltrados, a veces en Diamante de sangre. Pero a veces está sólo en Red de mentiras, y por eso vale la pena también su trabajo. Una sorpresa aún mayor es la de Mark Strong (al que se pudo ver en Syriana), que cierra el triángulo dando vida al jefe de los servicios secretos jordanos con una fuerza inusitada. "Los americanos son incapaces de guardar un secreto. Son una democracia", dice en una de sus escenas con DiCaprio. Su mejor momento, sin embargo, es el encuentro en el desierto con el hombre que quiere insertar en la célula terrorista. Una secuencia impresionante.

No es, ni mucho menos, la película definitiva sobre el terrorismo islamista, aunque sí una interesante reflexión sobre el mundo en el que vivimos y al que hemos desembocado tras una cruenta espiral de odio de la que, por desgracia, todavía no habremos visto los últimos capítulos. Le sobra metraje y le falta trascedencia. Pero es una película notable. Como las que casi siempre hace Ridley Scott.

Red de mentiras se estrena el próximo 7 de noviembre.

domingo, octubre 26, 2008

'Tú y yo', una auténtica e inolvidable comedia romántica

Pocos géneros me despiertan más dudas a priori que el de la comedia romántica. Pocos, muy pocos, me suelen dejar la sensación a posteriori de que ya he visto decenas de veces las mismas situaciones, a los mismos actores, las mismas historias. El deja vú que me deja habitualmente la comedia romántica es el peor enemigo posible para una película. Pero de vez en cuando uno se lleva sorpresas incluso en este género que tan poco me llama la atención. Y eso suele suceder cuando uno rebusca entre los clásicos, claro. Ver Tú y yo ha sido una delicia incomparable, porque es una película auténtica e inolvidable, divertida e ingeniosa, dirigida con buen pulso y, sobre todo, magníficamente interpretada.

Y ante tanta genialidad en la pantalla, uno no deja de preguntarse cómo serán las otras versiones. Porque este Tú y yo de 1957 es en realidad un remake que Leo McCarey hizo de una película de 1938 que él mismo dirigió, también titulada en España Tú y yo (el título original de ésta es Love affair y de su remake An affair to remember), protagonizada por Charles Boyer e Irene Dunne. Ambas películas se rodaron prácticamente con el mismo guión. Y en 1999, la industria de Bollywood hizo su propia versión de esta historia de amor, titulada Mann. También está inspirada en ella (en realidad, en la cita en el Empire State Building de la que hablo luego) Algo para recordar, de 1993, con Tom Hanks y Meg Ryan. Los guiños a Tú y yo en esta película refrescaron la memoria de los norteamericanos, que compraron nada menos que dos millones de copia de aquella en VHS.

Pero la que he visto y me ha entusiasmado es, sin duda, la más conocida de las tres, la protagonizada por el gran Cary Grant y Deborah Kerr. Lo que ya no cabe preguntarse es qué habría pasado si el papel femenino hubiera sido, como pretendieron los cineastas, para Ingrid Bergman, puesto que ya formó pareja con Grant en Encadenados. McCarey creía que entre sus dos versiones "no hay verdaderamente mucha diferencia". "No es otra que la que hay entre Charles Boyer y Cary Grant. Cary Grant jamás ha podido ocultar del todo ese maravilloso sentido del humor que tiene, a pesar de todos sus esfuerzos no puede desembarazarse de él y en esta ocasión tampoco lo logró. Esta es la principal razón por la que la segunda versión, incluso en las más emocionantes escenas de amor, es divertida", añade.

Y es totalmente cierto. Cary Grant es el alma indiscutible de Tú y yo. Él la hace funcionar a un nivel exquisito e inesperado, como hizo funcionar tantas y tantas comedias en su carrera, desde Arsénico por compasión a Historias de Filadelfia. La clase, la gracia, la magia que desprendía este actor no la tenía ni la tiene prácticamente nadie. Y aquí no es la brillante comedia de diálogo que tan bien maneja en películas de Howard Hawks o incluso en los momentos más cómicos de Alfred Hitchcock. En Tú y yo hace un manejo de los silencios envidiable. Aunque todo el mundo piense en Cary Grant al recordar este filme, lo cierto es que no se puede hacer una buena película romántica sin que haya una química envidiable entre la pareja protagonista. Deborah Kerr está igualmente espléndida, simpática en los momentos divertidos, seria en los más dramáticos. Nunca antes habían trabajado juntos. ¡Quién lo diría!

¿Y qué sería de una comedia romántica que no tuviera una canción para recordar? An affair to remember no la cantó Deborah Kerr, sino Marni Nixon, la misma cantante que ya dobló a Kerr en El rey y yo. La canción, por cierto, estuvo nominada al Oscar, pero no ganó. La estatuilla se la llevó la canción de la película La máscara del dolor. Éste fue una de las cuatro nominaciones que logró, sin éxito, Tú y yo: música, vestuario y fotografía. Éste fue el año de El puente sobre el Río Kwai, así que no hubo espacio siquiera para pensar en que Tú y yo pudiera tener nominaciones más importantes. Pero el premio de la memoria del público no hay quien se lo quite.

El punto de partida de la película ya es brillante. Los protagonistas son dos personas sencillas que nunca han tenido verdadera suerte en el terreno amoroso, pero que están comprometidos con sendas parejas que han permitido que el lujo sea ya parte de sus vidas. Él es un galán seductor que se va a casar con una heredera millonaria, caprichosa y superficial. Ella es una cantante retirada que se va a casar con millonario magnate del petróleo, del que quizá está enamorada pero al que respeta por el cariño que le demuestra. Y ambos coinciden en un crucero de lujo antes de que sus compromisos se hagan realidad. Y se enamoran. Casi sin querer. Casi sin darse cuenta. Con una hermosa visita a la abuela de él (qué escenas tan magníficas, de verdad). De la forma más tonta. Conociéndose poco a poco y, en realidad, haciendo lo imposible por no enamorarse.

Y por el camino quedan secuencias memorables. Ese primer beso fuera de cámara (sólo vemos las piernas de la pareja en una escalera), ese alejamiento autoimpuesto para no comprometer su futuro (sobre todo cuando se sientan a cenar espalda contra espalda o en esa conversación que tienen con él dando vueltas a una escalera) o la cita en el Empire State Building, que para cualquier apasionado de Nueva York es otro hermoso detalle. Es una genialidad plantear una cita seis meses después, tiempo más que suficiente para saber si realmente se quieren y si pueden vivir sus vidas sin el lujo que les rodea. Y es una genialidad ver cómo se desenvuelven ambos protagonistas en la vida real, con un trabajo y con un objetivo inigualable: el amor verdadero. Y es una secuencia sencillamente magnífica la espera de Cary Grant en lo alto de la torre neoyorquina bajo una tormenta. O el emotivo reencuentro entre los enamorados. O la resolución de la película. ¡Qué película tan bonita, de verdad!

miércoles, octubre 22, 2008

El Hombre sin Nombre, la quintaesencia del spaghetti western

El western es sin duda el género más norteamericano del cine. Pero hay un subgénero del western que no tiene nada que ver con Hollywood. Se trata del spaghetti western. A mediados de los 60, desde Europa también se quiso explotar el filón. Estas películas solían estar producidas por un estudio italiano, contar con un reparto europeo y muchas veces bastante español y, en algunas ocasiones, contaban con una estrella norteamericana. Los rodajes en España (Almería se convirtió en el paraíso de este subgénero) llevaban a los guionistas a ubicar sus historias en la frontera estadounidense con México. Los escenarios siempre tenían un aspecto sucio, usado, algo decandente. Pocos duda de que la quintaesencia de ese subgénero está en la trilogía del Hombre sin Nombre, las tres películas que rodó Sergio Leone con Clint Eastwood como protagonista.

Eastwood no había conseguido todavía dar el salto al cine y era por aquel entonces la estrella de la serie de televisión Rawhide, también un western. Y Sergio Leone, con quien había pupitre en sus años de estudiante, se acordó de él tras no poder conseguir a Henry Fonda, James Coburn o Charles Bronson. La película iba a llamarse El magnífico extranjero, pero apenas tres días antes del estreno cambió su título por el de Por un puñado de dólares. En realidad, se trataba de un remake no autorizado de la japonesa Yojimbo, de Akira Kurosawa (que demandó y arruinó a la productora, que no pudo pagar a Leone por su trabajo... casi obligándole a seguir en el futuro el camino abierto por este film). Y aunque mucha gente piensa que este fue el primer spaghetti western de la historia, cuando se rodó ya había en torno a una veintena de películas del subgénero. Sí fue la primera en tener distribución internacional, aunque a Estados Unidos llegó nada menos que tres años después de su rodaje.

Por un puñado de dólares, con su escaso presupuesto, tiene mucho de icono. Por un lado, la apariencia del Hombre sin Nombre (a la que Eastwood contribuyó mucho, sobre todo los cigarros negros que compró en una tienda en Beverly Hills). Por otro, la inolvidable música de Ennio Morricone (látigos, campanas y coros que rompieron la apariencia habitual de la música de western americano), compositor que al principio no convenció a Leone, hasta que escuchó la música con la que el genial músico abre la película. El propio Leone explica la diferencia entre el western tradicional y el suyo: "En John Ford se mira por la ventana con esperanza. Yo muestro a alguien que tiene miedo de abrir la puerta. Y, si lo hace, recibe una bala entre los ojos". La violencia, por tanto, es una de las características del género (la que más recelos despertó, sobre todo en Estados Unidos) y está muy presente a lo largo de toda la película.

El gran e inesperado éxito de taquilla provoca que Eastwood y Leone vuelvan a unir fuerzas apenas un año después. Como en la primera película, Leone vuelve a contar con Gian Maria Volonté como el villano de la función (si es que se puede hablar de héroes y villanos en un escenario tan inmoral como el de estas películas), y completó el trío protagonista con un soberbio Lee Van Cleef. El título de la película hace referencia a la introducción en la trama de los cazadores de recompensas, tipos que iban viajando por los pueblos del oeste capturando (normalmente más muertos que vivos, en línea con la violencia deseada) a los delincuentes de los carteles de Se busca. Con un mayor presupuesto, Leone realza todas las cualidades de su primera cinta del subgénero, sobre todo con un precioso final, la apoteosis de su técnica de montaje y primeros planos, realzada con belleza por la música, de nuevo, de Morricone.

La muerte tenía un precio multiplica el éxito de Por un puñado de dólares. Y, de paso, el reconocimiento internacional de Sergio Leone. Una tercera película era casi obligada, y ahí Leone cumplió con un sueño infantil: la guerra de secesión americana. Con mucho más dinero, rodó la película más ambiciosa y compleja de las tres, la más larga y la más cruenta (como evidencia la absurda pelea entre los ejércitos del Norte y del Sur por el puente, un claro mensaje antibelicista, o la codicia sin límite de los tres protagonistas). Eli Wallach sustituye a Volonté como el aparente villano de la historia y aporta un mayor toque de humor que su predecesor y sus dos compañeros de reparto. Muchos de los hallazgos de El bueno, el feo y el malo ya estaban en sus dos predecesoras, sobre todo en La muerte tenía un precio (el duelo final no es más que una recreación del anterior añadiendo un pistolero más), pero la ambición y, sobre todo, la mezcla con el episodio bélico, hacen que ésta sea la más recordada de las tres.

El Hombre sin Nombre en realidad tuvo tres. En Por un puñado de dólares, era Joe. En La muerte tenía un precio, Monco. Y en El bueno, el feo y el malo, además de ser el primero de los tres personajes citados (inolvidable la presentación de los tres, superponiendo el sustantivo que le correspondía a cada uno con un rótulo en pantalla), era simplemente el Rubio. No es el mismo personaje, aunque la iconografía, los comportamientos, la consira cínica y los ojos entornados sean los mismos. Pero esa es la magia del cine. Y la quintaesencia del spaghetti western.

domingo, octubre 19, 2008

Me gusta el plan de Marvel

Quienes en su día se quedaron en el cine a ver los títulos de crédito completos de Iron Man, o quienes tengan ya la película en DVD, pudieron ver una escena en la que Samuel L. Jackson, interpretando a Nick Furia, el líder de SHIELD, le hablaba a Tony Stark del Proyecto Vengador. Era la muestra más evidente de que las últimas películas basadas en superhéroes de Marvel Comics iban a introducir una nueva variante en el cine moderno. Se estaba consolidando la creación de un universo cinematográfico interconectado, tal y como están las vidas de esos personajes en el cómic. En la misma Iron Man había una segunda muestra que pasó bastante más desapercibida:

Si os fijáis en la pantalla que hay debajo del brazo derecho de Tony Stark, lo que se ve es un diseño del escudo del Capitán América. Sin duda, una elegante manera de preparar el terreno para el cada vez más cercano salto a la gran pantalla del héroe más patriótico de Marvel. Pero es que el plan tenía un nuevo paso que todavía no habíamos visto. En la edición en DVD de El increíble Hulk se podrá ver un comienzo alternativo de la película que Bruce Banner (Edward Norton) se va al Ártico con la intención de acabar con su vida y poner fin a su pesadilla. Antes de que logre su objetivo, se transforma en Hulk y éste sale de allí con uno de sus poderosos saltos. Su fuerza provocará que se rompa el hielo y deje al descubierto una conocida figura que se puede intuir en la imagen de abajo.

Además de la secuela de Iron Man (en la que su director, Jon Favreau, ya ha adelantado que SHIELD tendrá protagonismo... lo que apunta a que veremos más al Nick Furia de Samuel L. Jackson) y la esperada adaptación de Thor (proyecto que ahora parece estar en manos de ¡¡¡Kenneth Branagh!!!), el siguiente filme Marvel a estrenar dentro de este magnífico plan será precisamente Capitán América, que contará con el sugerente subtítulo de First Avenger (El primer Vengador). No hay todavía director ni protagonista para este filme, cuyo estreno está previsto para 2011, pero ya se sabe que el guión situará la historia en sus orígenes: en la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, lo más normal es que veamos el enfrentamiento original con el nazi Craneo Rojo, que finaliza con el accidente que deja al Capitán América enterrado en el hielo, en animación suspendida y a la espera de revivir en nuestros días.
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Con Iron Man, Hulk, Thor y Capitán Ameríca, Marvel dará el siguiente paso en la evolución, la película sobre los Vengadores con la que tanto tiempo llevan soñando los fans. La idea es hacerla con los mismos actores que las películas de cada héroe individual, lo que dará una cohesión al Universo Marvel cinematográfico (Marvel ya fue la primera casa en crear en el mundo del cómic el concepto de universo para todos sus personajes, que hasta entonces vivían sus aventuras en solitario y sin influir en los demás) nunca vista hasta ahora en las adaptaciones al cine de cualquier cómic. DC planeó una adaptación de la Liga de la Justicia (ahora congelada, si no definitivamente cancelada) en la que, por motivos económicos, no pensaba contar con Christian Bale como Batman ni Brandon Routh como Superman. El plan de Marvel, además de dotar de una calidad interpretativa al proyecto, es mucho más sugerente que el de DC. Yo ya me estoy frotando las manos...

jueves, octubre 09, 2008

Otra lista con las mejores películas

La inagotable ambición de elaborar una lista con las mejores películas de la historia tiene un nuevo hito. La revista Empire ha creado una nueva clasificación con la opinión de 10.000 lectores, 150 personalidades de Hollywood y 50 críticos. El objetivo, encontrar las 500 mejoras películas de la historia (no hay una lista clara para consultar, pero si alguien quiere bucear en el ranking, puede hacerlo aquí). Y como todas estas listas es muy discutible y debatible... ¿Pero quién se resiste a analizarla...?

Según esta encuesta, la mejor película es El padrino. La verdad es que, como película, siempre he tenido una mayor debilidad por El padrino II (que está en el puesto 19), pero la verdad es que el Vito Corleone de Marlon Brando es mucho Vito Corleone... La tercera entrega de la saga no consigue colarse entre las 100 mejores, pero Francis Ford Coppola sí logra colocar a Apocalypse Now en el puesto número 7. Sólo él y Steven Spielberg pueden presumir de tener dos de las diez películas más valoradas.

Y es que el segundo puesto es para En busca del Arca perdida. Siempre me ha parecido el mejor Indiana Jones (lo mantengo tras el estreno de la entretenidísima cuarta entrega, El reino de la calavera de cristal), y su lugar, tan arriba en la tabla, me parece un más que merecido a Spielberg. El espléndido y a veces menospreciado director norteamericano, el tipo que más me ha hecho adorar el cine en toda mi vida, coloca otras tres películas entre las cien primeras: Encuentros en la tercera fase (59), E.T. (47) y La lista de Schindler (44).

La sensación de satisfactoria redención (siquiera con esta lista que, no hay que olvidar, no es más que una encuesta) se acrecienta cuando en el tercer puesto se encuentra El Imperio contraataca. La influencia de la saga galáctica de Lucas es inmensa, sus méritos cinematográficos innegables y su papel como icono social y cultural de las últimas cuatro décadas sencillamente indiscutible. La guerra de las galaxias ocupa además el puesto 22 y El retorno del Jedi el 91. La nueva trilogía no aparece. Y yo que sigo pensando que La venganza de los Sith no tiene nada que envidiar a sus predecesoras (vale, El Imperio está por encima de todo, pero las otras dos...)

Para encontrar la mejor película de Martin Scorsese hay que bajar al puesto número 6, donde encontramos Uno de los nuestros (¿la mejor...? ¿Y Taxi driver...? ¿Y Toro salvaje...?). La mejor de Billy Wilder es El apartamento (probablemente, aunque eso habría que debatirlo...), que está en el puesto 11. La de Stanley Kubrick, 2001 (lo comparto plenamente), en el 16. La de Ridley Scott, Blade Runner (sin duda), en el puesto 20. La de Alfred Hitchcock, Vértigo (estoy de acuerdo), en el 40. La mejor de Tim Burton, Eduardo Manostijeras (lo aplaudo, siempre he pensado que es su obra maestra), en el 66. Y las sorpresas llegan cuando se busca los títulos que casi siempre suelen encabezar estas listas, Casablanca y Ciudadano Kane. La primera ocupa el puesto 17 y la segunda cae nada menos que hasta el 28.

La lista de las 100 mejores deja sorpresas. Entre los diez primeros, encuentro dos de las películas más populares de los últimos tiempos... y que menos aguanto. Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, ocupa el noveno lugar y El club de la lucha, de David Fincher, el décimo. Nunca he visto la genialidad de Tarantino (y esta película no logró dejar recuerdo alguno en mi memoria), sí la de Fincher aunque ésta me parece, de largo, su peor y más tramposa película. Con lo revolucionarias que me parecen Seven y Zodiac, y que sea El club de la lucha su película más popular...

También es bastante sorprendente que en el género más americano por antonomasia, el western, las película realizadas en Hollywood dejen paso a las europeas. La mejor cinta del oeste según este ranking sería Hasta que llegó su hora (14), seguida por El bueno, el feo y el malo (25). Hasta que llegó su hora es, precisamente, la mejor película no americana. Españolas sólo hay una, El espíritu de la colmena, en el puesto 93. En cuanto a los musicales, no hay duda: Cantando bajo la lluvia es el mejor (puesto octavo), aunque se echa de menos a West Side Story. Para encontrar la mejor película animada hay que descender hasta el puesto 99: Toy story. Y también discrepo, claro. Echo en falta muchos títulos, pero mi favorito sigue siendo La Bella y la Bestia. El mejor Bond, el último hasta la fecha: Casino Royale.

La fantasía y la ciencia ficción salen muy bien paradas en esta lista. El puesto 15 para El Caballero Oscuro corona a la maravillosa recreación del mundo de Batman que ha hecho Christopher Nolan como le mejor película basada en un cómic (Batman begins aparece en el puesto 81). Las tres partes de El Señor de los Anillos se cuelan entre las cien primeras, aunque discrepo del orden (La comunidad del Anillo en el 24, El retorno del Rey en el 34 y Las dos torres en el 54). Y hay grandísimas sorpresas como Terroríficamente muertos, la segunda entrega de la alocada saga Evil Dead de Sam Raimi (49) o Regreso al futuro (23), además de las dos primeras entregas de Alien (la segunda, de James Cameron, supera en dos puestos a la primera, de Ridley Scott; discrepo abiertamente, claro...) o Terminator 2 (puesto 35, la primera no aparece).

Y todavía tengo trabajo... De las 100 mejores, he visto 71, así que me quedan por ver nada menos que 29... Hay tantas películas y tan poco tiempo...

martes, octubre 07, 2008

10 PELÍCULAS... diez besos inolvidables

Un beso, un simple beso. Un gesto tan sencillo como hermoso basta para hacer historia en el cine. Casi todas las películas, sean del género que sean, tienen un beso. ¿Cómo no tenerlo...? Muchos han pasado a la historia por los más variopintos detalles. Muchos faltarán de esta pequeña lista, porque seguro que casi todo el mundo tiene al menos un beso de cine imborrable en su memoria. Los hay de todo tipo, pero el beso que siempre se recuerda es el beso de amor. Uno como éstos.
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ADIVINA QUIÉN VIENE ESTA NOCHE (1967)
El beso de Adivina quién viene esta noche pasó a la historia por ser un osado reflejo de su tiempo. En unos años 60 en los que el amor interracial empezaba a ser algo más o menos habitual (sin embargo, el matrimonio entre personas de distinta raza era todavía ilegal en 14 estados norteamericanos cuando se gestó el proyecto), la película que dirigió Stanley Kramer se erigió como un grito social. El filme empezaba prácticamente con este beso, rodado con una maestría y una elegencia poco usual. A través del espejo retrovisor de un taxi. Seguro que más de un espectador se frotaba los ojos y dudaba que hubiera visto lo que realmente había visto. El beso entre Sidney Poitier y Katharine Houghton ya había roto barreras.
CASABLANCA (1941)
La película más romántica de la historia es más recordada por sus frases antológicas que por sus besos, pero cuando ambas cosas se fundían en pantalla algo mágico surgía. Pocas veces una pareja ha desprendido tanta química como la que formaban Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. En el flashback en el que vemos a sus personajes en Francia ("siempre nos quedará París"), son varios los besos que se dan. Pero destaca uno, el que se dan después de que Ilsa le diga a Rick que "el mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos". "Bésame... Bésame como si fuera la última vez", le dice ella. Ilsa sabe que es realmente la última vez que se besarán. Rick lo desconoce. Y esa ignorancia, además de explicarnos por qué el alcohol era el único refugio que tenía al volver a verla en Casablanca, lo hace aún más hermoso.

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD (1953)
Quizá el más famoso de la historia del cine, una inolvidable imagen de Burt Lancaster y Deborah Kerr devorados por las olas, tumbados sobre la arena y besándose apasionadamente. Y curiosamente es una escena que parte de un momento tremendamente romántico pero que acaba en pelea de enoramorados (adúlteros, eso sí). "Nadie me ha besado como lo haces tú", le dice ella. Y así, de esa forma tan inocente e inesperada, se inicia una discusión, generada por las dudas del hombre y las fantasías anteriores de la mujer. Son las horas previas del ataque japonés a Pearl Harbor. Y la tragedia que está por venir hace aún más valiosos los besos que se han dado.

DESAYUNO CON DIAMANTES (1961)
¿Qué más necesita un beso para crear una imagen hermosa y romántica? Blake Edwards tenía clara la respuesta: la lluvia empapando los cuerpos y, sobre todo, los rostros de los dos enamorados. Y también un gato. Y los acordes de la inolvidable Moon River de Henry Mancini. El mejor final posible, mostrando el beso desde cuatro ángulos diferentes partiendo desde un primer plano, para una de las comedias románticas más bonitas que se hayan visto nunca. No hacían falta palabras, sólo dos miradas, para saber lo mucho que se querían. Y el beso entre George Peppard y Audrey Hepburn era sólo cuestión de tiempo. Si la magia existe en el cine, esta película y esta escena en particular se acercan mucho a ella.

DUELO AL SOL (1946)
Una historia de amor y odio sólo puede finalizar con un beso apasionado. Duelo al sol es el mejor ejemplo de ello. Sólo al final, cuando están a punto de morir, la salvaje mestiza interpretada por Jennifer Jones y el arrogante vaquero al que da vida Gregory Peck se dan cuenta de lo que realmente sienten el uno por el otro. Un "te quiero" cambia los disparos por el deseo de darse un último beso. Ella se arrastra con sus últimas fuerzas, con un esfuerzo agónico y casi sobrehumano, intentando llegar hasta él para demostrar que también le ama. Sus cuerpos, empapados en sangre, sudor y lágrimas. Y tras el lamento por los besos que ya nunca más se darán, sólo queda el silencio.
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EL IMPERIO CONTRAATACA (1980)
Lo llevábamos esperando desde la primera película, cuando en La guerra de las galaxias Han se pregunta si una princesa y un tipo como él tendrían futuro. Pocas veces habremos escuchado una frase de un hombre para convencer a una mujer como "Te gusto porque soy un sinvergüenza. ¿No quieres un sinvergüenza en tu vida?" y que la escena acabe en beso. Y aunque ella dice que le gustan los hombres decentes, princesa y sinvergüenza, Carrie Fisher y Harrison Ford, se besan mientras suena el más hermoso tema de amor que haya compuesto nunca el maestro John Williams. ¿A quién le podía importar en ese momento el acoplamiento de energía del flujo inverso, 3PO...?

ENCADENADOS (1946)

La censura tenía antes normas muy estrictas que afectaban incluso a los besos más inocentes. Fueran como fueran, el contacto entre los labios no podía durar más de tres segundos. De lo contrario, se cortaba la escena. ¿Qué hizo el genial Alfred Hitchcock? Encadenar esos tres segundos a lo largo de una secuencia de dos minutos y medio, creando el que en su día se conoció como el beso más largo de la historia del cine. Cary Grant e Ingrid Bergman se besan una y otra vez, sin que apenas se rompa el contacto físico entre ambos. Se mueven entre el balcón y la habitación, una conversación de teléfono se produce entre tanto. "Nuestro amor es bastante extraño". "¿Por qué?". "Porque a lo mejor tú no me quieres". "Cuando deje de quererte ya te avisaré". "¿Pero me quieres?". "Los actos importan más que las palabras". Sin duda.


LA DAMA Y EL VAGABUNDO (1955)

Disney también ha sabido siempre enseñar el lado más romántico del amor. Incluso cuando sus protagonistas son animales. ¿Quién no recuerda con inmenso cariño la escena del beso de La Dama y el Vagabundo? Ese momento inadvertido, robado y hermoso en el que los dos enamorados juntan sus labios por culpa de un traicionero espagueti. Y cómo ella aparta la mirada, algo avergonzada pero consciente de ese amor. Y de cómo él, como gesto romántico, le ofrece la última albóndiga del plato. Y todo ello mientras suena una canción llamada Bella notte. Sí, incluso Disney sabía cómo era el amor, aunque tuviera que contarlo con protagonistas del mundo animal, a veces más humanos que los hombres y las mujeres...


SPIDER-MAN (2002)

Cuando el héroe es Spider-Man y la chica es Mary Jane, sólo hay una forma de hacer creíble un beso: con el héroe boca abajo, colgado de una de sus telarañas. Tanto gustó la escena y tanto marcó romántico el tono de la película, que hay referencias a esta secuencia en las otras dos partes de la saga del superhéroe arácnido. En la vida real, un beso así es difícil, y más si se hace bajo la lluvia (¡pero qué romántico queda el aguacero!). Tobey Maguire lo pasó muy mal rodándola, viendo como su nariz se llenaba de agua. Y como la boca la tenía ocupada besando a Kirsten Dunst, respirar se hacía difícil. Pero todo vale la pena por un beso así. ¿Quién no ha soñado con tener poderes arácnidos después de ver esta escena...?

TENER Y NO TENER (1944)

Humphrey Bogart y Lauren Bacall acabaron siendo pareja en la vida real. No es de extrañar viendo el beso de Tener y no tener. "¿Por qué has hecho esto?", le pregunta él después del primer beso. "No estaba segura de si me gustaría", dice ella, dando comienzo al juego que, en realidad, llevaban ya entablando toda la película. "¿Y cuál es el veredicto?", añade él. "Todavía no lo sé", sentencia ella antes de besarle de nuevo. Esa escena finaliza con una inolvidable Lauren Bacall elevando para siempre la temperatura de los cines, las salas de estar y cualquier lugar en el que se vea esta película. "Sabes cómo silbar, ¿verdad, Steve? Sólo tienes que juntar los labios y soplar". Su mirada valía más incluso que el beso. Inolvidable.