viernes, agosto 30, 2013

'Dolor y dinero', mucho más dolor que dinero

Michael Bay sigue siendo Michael Bay. Se había apuntado que Dolor y dinero podía ser un cambio de registro en su filmografía, incluso su mejor película, pero sus 129 minutos evidencian eso, que Michael Bay sigue siendo Michael Bay. ¿Te gusta su cine? Seguramente Dolor y dinero te gustará. ¿No te gusta su cine? Seguramente no te gustará este último filme del director norteamericano. Al no encontrarme entre los fans de Michael Bay, parece obvio que Dolor y dinero no me ha gustado. Esencialmente, y el título deja muy fácil el juego de palabras, porque tiene más dolor que dinero. Dolor para el espectador, por la a todas luces excesiva duración de la película, por el agotador uso de la voz en off, por planos y cámaras lentas vistos una y mil veces en el cine de Michael Bay, por la particular glorificación de la violencia que supone la película, más aún por la insistencia de estar basada en hechos reales y porque, aún siendo así, es completamente inverosímil. Lo mejor, de largo, los actores, pero su trabajo es insuficiente para salvar la película.

Un culturista que trabaja como preparador físico en un gimnasio (una de las frases de la película es "creo en el fitness") sigue los consejos de un gurú para reclamar lo que cree que se ha ganado: Dinero. Aunque robándolo, claro. Y para ello, recluta a otros dos compañeros de pesas e idea un plan genial: secuestrar a uno de sus clientes millonarios y robarle todo lo que tiene. Viendo la película es casi inevitable tener la sensación de que ésto es lo que podría haber sido el enfoque de Michael Bay en El gran Lebowski. Personajes incultos y extremos, barbaridades físicas y mentales, secuestros, una mujer exuberante que no viene a cuento más que para salir con poca ropa en el cartel y en la pantalla... Pero Michael Bay no se parece en nada a aquellos hermanos Coen (antes de caer en el soporífero estado de su filmografía que siguió, precisamente a El gran Lebowski) y el resultado, aún con algún golpe de humor simpático, no es precisamente satisfactorio. Insisto, al fan de Michael Bay, de sus Dos policías rebeldes, lo más probable es que le guste. Es un cambio de registro con respecto a Transformers o La isla, pero esencialmente porque sólo hay una explosión en la película. Lo demás, muy reconocible.

La película empieza con la resolución de su trama para ser después contada como un enorme flashback. Dado que el juego que quiere establecer Bay pasa por la empatía que se genera por los protagonistas, que a nadie se le olvide que son delincuentes venidos a más, no parece la mejor de las decisiones, porque se lleva por delante buena parte de la expectación en torno a sus planes. Demasiado larga es la presentación y demasiado largo es el desarrollo del plan. Incluso demasiado largo es el epílogo. Todo es demasiado largo para un Michael Bay que, una vez más, pide a gritos tijera en la sala de montaje. Quizá de esa forma la película podría haber ganado en su conjunto, habría estado mejor definida y probablemente su director habría notado el agotamiento que provoca el continuo juego de voz en off y cámaras lentas. Lo único que realmente encaja en las pretensiones de la película es el casting. Y ahí, cumpliendo con creces pero sufriendo por los vaivenes del guión, están Dwayne Johnson y Anthony Mackie, aunque los que destacan son Mark Wahlberg y, sobre todo, un siempre espléndido Ed Harris.

Viene a ser curioso que lo mejor de la película sea, precisamente, lo más controlado, lo menos desmadrado, que no es otra cosa que la subtrama que abre el personaje de Ed Harris. Ahí sí se intuye hasta dónde podría haber llegado Dolor y dinero en manos de otros director. En las de Michael Bay no es ni el cambio de registro que se quería ver ni un salto de madurez. Es otra película más de su director, sin explosiones ni robots gigantes pero en línea con sus obsesiones y trucos. No hay mucha diferencia real entre Dolor y dinero las dos entregas de Dos policías rebeldes. Y por mucha fe que se le quiera poner a la película, cada cierto tiempo aparece el Michael Bay de siempre para romper algún instante atractivo, sea con el inexplicable plano a cámara superlenta de los agentes saliendo del furgón ya en la primera escena, el efecto que produce la sacudida eléctrica en la víctima de los estafadores protagonistas o los planos en los que Wahlberg, Johnson y Mackie desfilan cual modelos tratados con esteroides. Y así todo. Puro Michael Bay. Y para colmo, la película llega a España cuando ya está en vídeo en Estados Unidos.

jueves, agosto 22, 2013

'El llanero solitario', entre el western, 'Piratas del Caribe' y 'Sherlock Holmes'

Todo apuntaba a que El llanero solitario podría haberse solventado con un titular muy fácil: Piratas del Caribe en el oeste. Fácil y acertado, eso es indiscutible, aunque la cosa no se queda ahí. Tiene los defectos previsibles, especialmente la exagerada duración de dos horas y media, la excesiva comicidad que ya tiene que afectar a cualquier intento de franquicia como ésta y un Johnny Depp ya cargante en la enésima repetición del mismo papel con distinto nombre. Pero, además de mezclar la base de Piratas con la de Sherlock Holmes, lo que le resta personalidad, en sus mejores momentos encuentra dos aliados. Por un lado, una insana e inverosímil locura en algunos momentos, especialmente el clímax, que genera lo que pretende: entretenimiento. Y, por otro, una admirable puesta en escena de lo más cercano al western. Lo curioso es que cabe la posibilidad de que sea justo eso lo que menos guste al espectador medio, pero quien todavía siente nostalgia por la desaparición del género de indios y vaqueros encontrará momentos sumamente agradables por esa vía.

En realidad, los problemas de El Llanero Solitario obedecen todos a lo mismo: los estudios de márketing. Estos dicen que las películas tienen que empezar con una escena espectacular, que el uso de un personaje conocido obliga siempre a contar una larguísima historia de origen (que supera con creces la media hora), que hay que introducir un personaje femenino que no diga prácticamente nada pero que tenga un momento en el que se enfrenta al villano de la película (intrascendente Ruth Wilson; prácticamente aplicable a Helena Bonham Carter, que casi protagoniza un cameo más que un papel), que hay que introducir por encima de todo un tono cómico incluso en personajes que no se prestan a ello (el mismo Llanero) y que si no llegas a las dos horas y media de la película parece que no estás contando nada. Así se hace mucho cine y, ojo, suele tener éxito. Y por eso no deja de resultar paradójico que El Llanero Solitario haya recibido algunos palos donde Piratas del Caribe recibió bastante elogios, pues aquella es claro referente de ésta, para lo bueno y para lo malo.

Sí es cierto que Armie Hammer sufre con la innecesaria traslación cómica de su personaje y que Johnny Depp es un actor cada vez más cargante y repetitivo en este tipo de papeles (¿en cuántos se ha maquillado ya la cara con diferentes tonalidades de blanco?), pero sorprendentemente el entretenimiento está más que asegurado cuando la película se acerca bien al canon más clásico del western y del propio Llanero Solitario, o bien cuando apuesta por la más absoluta locura en la acción, incluso sin pensar en muchos momentos en la continuidad. Lo primero es mucho más básico de lo que parece, porque ya no se hacen westerns. Y es una pena, porque con la tecnología actual John Ford habría hecho absolutas virguerías con esos míticos paisajes. El Llanero Solitario es un vehículo algo viciado para disfrutar del western, pero eliminando el hecho de que la introducción es larguísima hasta que efectivamente aparece como tal el protagonista de la película, las escenas más conseguidas están en ese primer tramo. Y son las mejores porque son puro western.

La locura es algo que este tipo de películas lleva asociado, hasta el punto de que es imposible entender un clímax como el de El Llanero Solitario sin asumir su más absoluta improbabilidad en todos los sentidos. Pero es ahí cuando sí se ve al Llanero Solitario. Ayuda muchísimo que la correcta partitura de Hans Zimmer se apoye con toda su fuerza en la Overtura del Guillermo Tell de Puccini que se popularizó como tema principal del personaje en sus primeros seriales de radio y cine. Ahí es cuando Armie Hammer sí se hace con el personaje, aunque por momentos uno se crea la explicación del término "kemosabe" con el que Tonto (a propósito, una de las mejores líneas de diálogo en el original es cuando hacen referencia a su significado en español; ¿cómo se traducirá en nuestro país?) se refiere insistentemente al Llanero, porque James Badge Dale (Iron Man 3) llama mucho más la atención que el protagonista del filme, que también queda relegado al segundo lugar de los créditos por la presencia de Depp.

El Llanero Solitario no deja de ser un cierto exceso en todo que hubiera requerido de un corte más adecuado en la sala de montaje, pero entretiene por cosas que no entraban en el guión. ¿Piratas en el Oeste? Sí y no. Porque el Oeste que retratan Verbinski y Jerry Bruckheimer es atractivo. La dinámica a lo Sherlock Holmes (muy presente también en la música de Zimmer) se lleva por delante la casi siempre magnética presencia de Tom Wilkinson, y aunque algo más tópico es también más atractivo el papel de William Fichtner (¿no parece un remedo de Jonah Hex, aquel personaje de cómic en el que se basó una horrenda película protagonizada por James Brolin y Megan Fox?). Pero la verdad es que entretiene más de lo que cabía esperar. Será a lo mejor que yo soy uno de esos nostálgicos que cuando les das dos planos de puro western ya siente simpatía por la película o de los pocos que tendrá un recuerdo real de asociación entre Guillermo Tell y el Llanero Solitario y cede cuando la película hace esa concesión a la memoria. O quizá ambas cosas.

lunes, agosto 19, 2013

'Exorcismo en Georgia', sin exorcismo, ni pies, ni cabeza

Exorcismo en Georgia es una película que ya engaña desde su título. Que nadie entre en la sala pensando que va a ver un exorcismo... porque no hay ninguno en sus 100 minutos. Es más bien una película de fantasmas. ¿Por qué titularla entonces Exorcismo en Georgia? Ni idea. El caso es que se trata de una secuela... que tampoco es una secuela. El título original es The Haunting in Connecticut 2: Ghosts of Georgia, pero no tiene nada que ver con su predecesora más que, es de suponer, el lugar en que acontecen los hechos, pero ni eso porque Georgia viene a ser otro estado norteamericano. Son, por tanto historias independientes. Pero esto serían detalles sin importancia si la película fuera buena. ¿Lo es? No. Está construida de forma muy endeble, no produce el más mínimo terror y casi apunta más como un thriller familiar, aunque esos caminos no los termina de explorar incluso con el esfuerzo del reparto por hacer creíble lo que aparece en la pantalla.

Esa es una de las lecciones que da el cine de terror contemporáneo. Leer "basada en hechos reales" al comienzo de una película no implica casi nunca que lo que se ve acabe resultando creíble. Y puede incluso haber pasado tal cual se narra en el filme, pero si no es verosímil en una historia ficcionada, no hay nada que hacer. Ese es uno de los grandes problemas que tiene Exorcismo en Georgia, el principal y del que parten casi todos los demás. Tom Elkins es el director de la película, debutante en la silla con este filme después de ser montador, entre otras, de Exorcismo en Connecticut. Y no consigue lo que se propone porque su película no da miedo, porque no crea unas bases creíbles para su fantasía y porque sus personajes actúan tan erráticamente que pierden toda coherencia.

Hay un aspecto de Exorcismo en Georgia que podría haber ayudado a que la película fuera mejor de lo que es, y es que hubiera apostado más por el drama familiar que por el trasfondo sobrenatural. La historia habla de una madre que ve cosas del otro mundo y que controla estrechamente a una hija que empieza a verlas, mientras que su hermana apuesta por abrazar ese don y el marido de la protagonista no sabe ni qué pensar. Todo esto, en realidad, acaba siendo irrelevante en la historia y, aún con algún momento inquietante, se queda totalmente desaprovechado. Como tampoco se usa bien el fondo histórico-racial que se quiere dar a la historia. Nada cobra entidad y cada conversación se convierte en una transición hacia la siguiente escena nocturna en la que se producirá la consabida escena pretendidamente de terror, con un perro que aparece y desaparece, fantasmas que a ratos son fantasmas y a ratos parecen corpóreos y muchas otras incongruencias más.

Al final, lo más rescatable de Exorcismo en Georgia es su reparto, especialmente el trío de actrices que forman Abigail Spencer, Katee Sackhoff (la más conocida por su destacado papel en la imprescindible serie Battlestar Galactica) y la joven Emily Alyn Lind. Chad Michael Murray completa el cuarteto protagonista. Es lo más destacable y casi lo único, porque poco más queda si el guión es inverosímil, si no hay terror y casi ni siquiera sustitutos, si la realización es escasamente hábil y si el final es bastante poco convincente. Hay algún momento en que parece que el misterio que se esconde detrás de las apariciones puede cobrar algo de identidad propia, pero no lo consigue. Ya es difícil dar el aprobado a una película de terror que no da miedo, pero es que encima no hay muchos más argumentos a los que agarrarse. Al menos, no en la película que llega a los cines, porque alguna idea interesante sí que había en el guión. Y como películas de exorcismos ya hay muchas, no hace falta recurrir a una que ni siquiera tiene ese exorcismo.

viernes, agosto 16, 2013

'Elysium', la sensacional confirmación de Neill Blomkamp

District 9, en 2009, fue una maravillosa sorpresa. Una portentosa historia de ciencia ficción, lo que implica que va mucho más allá de simplemente plantear un escenario imaginativo y habla de temas humanos y profundos. Su carácter independiente le dio ese aire de sorpresa que, probablemente, aupó el filme hasta el éxito de taquilla y la nominación al Oscar. De la noche a la mañana, sobre su director, Neill Blomkamp, se posaron millones de miradas. Quizá por eso su siguiente película se ha hecho esperar cuatro años. Pero viendo Elysium el tiempo es lo de menos, salvo por el tiempo que ha pasado para disfrutar de una nueva maravilla firmada por él. Es una sensacional confirmación de que estamos ante un director que entiende la ciencia ficción, pero sobre todo el cine, que maneja los tiempos, la historia, la imagen y el sonido de una forma sencillamente espectacular. Y aunque tiene pequeños problemas de planteamiento, que se notarán más en la versión original que seguramente en la doblada, y una resolución ligeramente convencional, tiene tanto de grandioso que desde ya se convierte en uno de los mejores filmes de 2013.

Elysium es una base espacial construida en la órbita de la Tierra del siglo XXII para que las clases pudientes puedan mantener su nivel de vida en un planeta agonizante por la contaminación. Ese es el escenario de la película y lo que Blomkamp consigue con él es llevar el clásico enfrentamiento clasista entre ricos y pobres a un escenario de ciencia ficción, abriendo su historia con una apreciable profundidad de temas y derivándolo hacia una siempre interesante y bien llevada resolución, aunque sea en el último tramo cuando el resultado se acerca a propuestas más convencionales. Una pega mínima para todo extraordinario que ofrece. District 9 ya evidenció que Blomkamp se mueve como pez en el agua en las parábolas sociales, y Elysium no se queda atrás. Sí es cierto que en su versión original hay detalles que, sin sacar de la película, sí chirrían en lo que se refiere al idioma dominante y la procedencia de los actores, o en la pronunciación de Matt Damon, demasiado americana para haber crecido entre hispanos. La doblada hará que estos matices se pierdan, pero también eliminará el problema.

Pero ahí acaban los fallos de Elysium, que quedan ocultos tras un guión que funciona como un reloj y unos personajes no sólo formidablemente construidos, sino aún mejor enlazados. Y es que por mucho que Blomkamp sea un extraordinario narrador visual, que lo es, de esos que deja imágenes deslumbrantes en sus trabajos casi sin esfuerzo, la clave para que Elysium funcione tan bien está en su guión. En un minuto plantea el escenario, en diez encarrila las cinco motivaciones que se cruzan en la película. El resto, poco menos de cien minutos más, es puro disfrute: emocional, psicológico, de género y de acción. Hay tiempo para todo en los 109 minutos de la película que construye Blomkamp desde las bases de una ciencia ficción tan apropiada para un público adulto como el juvenil (su segunda mitad tiene un ritmo impresionante y ofrece secuencias de acción muy bien rodadas, en las que quizá algunos vean un exceso de movimiento de cámara), para uno clásico como para uno más moderno.

Es impresionante ver como una película que forzosamente tiene que ser tan digital en sus imágenes, pasa prácticamente siempre por una realizada artesanalmente. Y sus imágenes aúpan pero no sustituyen a la historia, gracias al enorme carisma de los personajes escritos por Blomkamp y por el fantástico trabajo de los principales nombres del reparto. Matt Damon es un buen héroe de acción, mejor cuanto más torturado, como demostró en la saga de Bourne. Siendo un espléndido protagonista, por desgracia para él los elogios se los van a robar Jodie Foster y Sharlto Copley. Es una auténtica lástima que ella se prodigue tan poco en el cine últimamente, porque hay pocas actrices tan capaces de dotar a sus personajes de tan impactante fuerza. Y en el caso de Copley, no hay más que comparar su trabajo aquí con el de District 9. Su versatilidad le hace pasar del hombre desvalido de aquella a la perfecta y díscola máquina de guerra que interpreta en ésta. Alice Braga y Diego Luna son dos magníficos complementos para Damon, pues comparten todo su metraje con él.

Elysium es una película sensacional que responde con maestría a las dos percepciones que se pueden tener sobre ella. Es una película con un cierto grado de intelectualidad, que marca con ello una enorme distancia con respecto al habitual cine veraniego de los estudios de Hollywood. Así, se intuye que Blomkamp ha mantenido su libertad creativa, la que hizo de District 9 una película de referencia, y el resultado es plenamente satisfactorio en este su segundo filme. Pero es también una cinta con nervio, garra y acción, una historia narrada con un ritmo endiablado. La mezcla es brillante, fascinante en sus planteamientos, pero también a nivel visual y sonoro, gracias a los formidables efectos pero sobre todo a un imponente banda sonora escrita por el debutante Ryan Amon, otra de las enormes noticias que deja Elysium. Una espléndida película de ciencia ficción que truinfa a todos los niveles. Así, sí merece la pena pagar una entrada de cine y dejarse llevar durante casi dos horas a ese estimulante mundo que plantea Blomkamp. Así, sí.

miércoles, agosto 14, 2013

'Aviones', mejor entretenimiento infantil de lo que cabía esperar

Ese "del mundo de Cars" que suena en trailers y anuncio, el cambio de Pixar a Disney (no, no es una película Pixar aunque tanto Cars como su secuela sí lo eran) y el hecho de que su franquicia de procedencia funcione mejor en la venta de merchindising que en la pantalla de un cine convirtieron Aviones en un título bajo sospecha desde su anuncio. Pero asumiendo sus reglas básicas y sus sinceras pretensiones, lo cierto es que es un entretenimiento infantil de muy buena factura. Empezando por eso, es obviamente una película para los más pequeños, porque el humor adulto sólo deja algunas de las mejores perlas de la película pero no es una cuestión que explote con abundancia. Lo que importa es la aventura y la diversión. Y ésta es una carrera de aviones con la clásica moral bondadosa que se espera de una película de dibujos animados, realizada con una bellísima factura visual en la que el 3D no se convierte en la habitual molestia.

Aunque el año pasado mezclaron filosofía con ¡Rompe Ralph! y Brave y aunque Cars está entre lo más flojo de Pixar, esta es una clara película Disney que busca aprovechar un buen éxito de la casa. No es que ese sea un concepto como para alterarse: el cine sigue siendo un negocio y la gente paga entradas para ver películas que le entretienen. En este caso, que entretienen a los más pequeños, y eso parece más que asegurado. A pesar de que, como en Cars, es difícil encontrar demasiado carisma visual y expresividad de gestos a los personajes como tales y a que la historia es sencilla y lineal, sin riesgo ni sorpresas, lo cierto es que el resultado final cumple con lo que promete siguiendo esquemas sobradamente conocidos, un héroe que quiere hacer en la vida algo distinto de su destino (un avión fumigador que quiere ser un avión de carreras), unos amigos incondicionales que le ayudan a realizar su sueño y un instructor con un oscuro pasado y dotes de manda.

No habrá que insistir mucho en lo que conlleva que sea una película pensada para los más pequeños (y para venderles aviones como en su día se vendieron y se siguen vendiendo coches), pero sí merece la pena detenerse en pequeños detalles que amenizan la proyección para los más grandes. En primer lugar, un comienzo rockero y atrevido que, de alguna manera, lleva a las mentes nostálgicas a recordar Top Gun durante unos breves instantes. Hay algunas alusiones a películas clásicas en las que los aviones juegan un papel destacado y, por qué no decirlo, la carrera final recuerda muchísimo a La amenaza fantasma (sí, ese muy vilipendiado Episodio I de Star Wars). Más adelante, hay algún chiste francamente divertido (las lágrimas de los británicos o la alusión a la compañía informática de la manzana), aunque decididamente no se trata de una película que apuesta con claridad por el humor (salvo con los clásicos secundarios cómicos... y con demasiado parecido con Cars). Y, sobre todo, unas muy bellas imágenes con los aviones en vuelo.

La baza visual es lo más destacado de la película, a pesar de que Aviones no está producida por los estudios punteros de la casa y a que es la segunda cinta de su director, Klay Hall, y la primera que se estrena en cines. No hay engaño alguno en su propuesta, es un filme para mantener entretenidos a los críos durante hora y media, y lo cierto es que consigue su propósito sin despeinarse. Sin riesgo alguno y aceptando sin problema todos los rasgos más habituales del cine deportivo más tradicional y de las fantasías animadas infantiles de los últimos tiempos, esas en las que los buenos son muy buenos, los malos son muy malos y los que dudan entre un lado y el otro siempre se acaban decantando por el correcto. Y que conste que en la escena del túnel llegué a pensar que todo lo que estaba ya pensando en escribir había que dejarlo a un lado y decir que Aviones era una película rompedora. Pero no, es lo que todos podemos esperar. Sin trampa ni cartón, con aventura y entretenimiento.

lunes, agosto 12, 2013

'RED 2', un más de lo mismo mejor que el original

RED fue más de lo mismo, la clásica comedia de acción que parece más una reunión de viejos amigos que una película aceptable. RED 2 viene a ser lo mismo que aquella, pero resulta que acaba siendo mejor. Y es difícil decir por qué, porque esta parece la clásica secuela que muchos ventilarían con un "si te ha gustado la primera ésta también te va a gustar, y si no te gustó ésta tampoco". No es que la mejora sea descomunal, pero quizá las piezas encajen mejor en la secuela. Quizá haya chistes más divertidos que en la primera entrega, aunque siga sin verle la gracia al personaje de Helen Mirren (parece menos presente en esta entrega) o al de John Malkovich (por repetitivo, quizá el actor menos en forma de todos los que aparecen en la franquicia). Pero Bruce Willis entiende este tipo de películas desde los años 90, Mary-Louise Parker está divertidísima y las inclusiones de Anthony Hopkins, David Thewlis, Catherine Zeta-Jones y, en menor medida, Lee Byung-hun son acertadas. Sí, persisten los inexplicables agujeros en la trama, pero RED 2, en conjunto, entretiene más que RED.

Básicamente hablamos de lo mismo que ya ofrecía aquella película, una serie de actores veteranos que se meten en una historia de acción sin límites. Si RED 2 es más entretenida se debe a que sus puntos fuertes son más sólidos que en la primera entrega. Y el principal es la relación entre los personajes de Bruce Willis y Mary-Louise Parker, que es divertida y funciona de principio a fin. Él, a pesar de la edad, sigue siendo un gran héroe de acción (su primera secuencia en solitario así lo atestigua), y muchas de las secuencias de la película evidencian que sigue teniendo un apreciable sentido del humor. Ella, por su parte, complementa a la perfección a Willis, y juntos protagonizan los mejores gags de la película, a pesar de algún exceso como la persecución por las calles de París, que, eso sí, tiene un final brillante. Para hacer crecer esta parte de la película, la interacción con Catherine Zeta-Jones es muy agradable, aunque su personaje sepa al final a muy poco.

¿Los puntos flacos? En realidad, los mismos que en la primera entrega aunque aquí se notan algo menos. No termino de encontrarle la gracia a los personajes de John Malkovich o Helen Mirren por mucho que lo intente, les veo demasiado caricaturizados y exagerados, no son partícipes de los momentos más divertidos (aunque en esta segunda entrega Malkovich sí se acerca a alguno), y en el caso de Mirren (su alusión a que es la reina de Inglaterra es lo más divertido de su presencia en la película) arrastra a Brian Cox a repetir prácticamente su participación en la primera película. Hay dos momentos delirantes con coches de por medio, el primero lo protagonizan Willis y Zeta-Jones, el segundo Mirren y Byung Hun. El primero es divertido, el segundo suena a hueco, exagerado y digital. No parece casualidad. Y eso que las escenas de acción en general están muy bien resueltas, no desentonan en la película y tampoco da la sensación de que haya dobles, aunque sin duda los hay.

RED 2 ofrece casi dos horas de la conocida mezcla de acción y comedia que estaba en las previsiones. Pero sí la película crece es probablemente porque Bruce Willis está algo más cómodo y a que Parker se lleva de calle muchas de las escenas de comedia. Hay que dar por descontado que este es un cine que no se toma en serio a sí mismo, y basa en esa percepción el olvido de casi todos sus errores. Y al final, en realidad, lo acaba consiguiendo. Con sus altibajos, con sus defectos, y con el recuerdo algo escaso que dejó la primera entrega, lo cierto es que este singular universo de veteranos crece con respecto a la primera gracias a la solvente locura de Anthony Hopkins, sin que se note demasiado el cambio de director (Robert Schwentke deja su silla a Dean Parisot, realizados hace 14 años de Héroes fuera de órbita) y con una historia simpática.

viernes, agosto 09, 2013

'Pacific Rim', un mastodóntico y entretenido juguete

Pacific Rim es, por encima de todo, un mastodóntico juguete que ha costado cerca de 200 millones de dólares y que supone un aumento de escala en la filmografía de un Guillermo del Toro que, apeándose de El hobbit, no dirigía desde que en 2008 estrenó la segunda entrega de Hellboy. Aparquemos por un momento los prejuicios que puedan formarse sobre una película basada en las continuas batallas de robots y monstruos gigantes. ¿Hecho? Bien, entonces ya e puede decir que Pacific Rim es una película muy entretenida. No busca otra cosa, aunque por un momento, sólo por uno y que el propio Del Toro destroza (luego explico cómo), casi da la impresión de que puede aspirar a algo más. Pero habiendo visto lo que otros directores han hecho con material más o menos cercano, lo que procede es alabar la forma en que el responsable de El laberinto del fauno ha llevado a la pantalla esta descomunal frikada.

Mucho se ha hablado, por supuesto antes de ver el filme, del parecido de Pacific Rim con otras franquicias, fundamentalmente Transformers y Godizlla. Podemos añadir otras referencias del anime como Mazinger Z o Robotech. Obviamente, la cinta de Del Toro va de robots gigantes y de monstruos del mismo o mayor tamaño. ¿Es que no se pueden hacer ya películas que traten sobre estos dos asuntos, tan apetecibles para un público friki? Pues eso. Pero es que Pacific Rim suma otra virtud. Si realmente lo fuera, sería mejor Transformers que el de Michael Bay y mejor Godzilla que el de Roland Emmerich. Lo que Del Todo hace es rodar batallas que se pueden seguir, que se entienden, que tienen una coreografía y un lenguaje. A partir de ahí podemos discutir la gracia que pueda tener eso, pero el mexicano da argumentos de sobra para defender su forma de entender un cine de espectáculo grandilocuente por encima, sobre todo, de la de Michael Bay.

¿Y tiene gracia ver a robots y monstruos peleando? Pues sí, la tiene, siempre y cuando se asuma la ausencia de pretensiones. Es casi un videojuego que se ha permitido Del Toro y que ha costado una millonada, pero que acaba ofreciendo lo que se espera de una película palomitera de verano. Eso también comporta un peaje, que además de las habituales incongruencias aquí vuelve a tener la forma de varios secundarios cómicos. Hay dos científicos, interpretados por Charlie Day y Burn Gormann, que, volcándose en la caricatura, dejan escapar algunas de las ideas más perversas y atractivas que había en la parte del guión de Del Toro y Travis Beacham que no va sobre peleas. Y los cameos de los amigos del director, Ron Perlman y, sobre todo, Santiago Segura, son absolutamente superfluos. Con ellos tiene que ver la escena que hay después de los primeros créditos (se está poniendo de moda ubicar ahí el último chiste, sin necesidad de esperar al final), pero sobre todo lo más lamentable de la película: la ruptura del mejor instante.

El descenso de Pacific Rim a lo terrenal sólo se produce en ese en un momento, justo el que hace saltar por los aires el cameo de Santiago Segura, un hermoso flashback que explica el papel en la trama de Mako Mori (interpretada por Rinko Kikuchi, conocida por la sobrevalorada y probablemente bastante olvidada Babel). En esa escena está toda la fuerza emocional que, probablemente, falta en el resto de la película para que Pacific Rim fuera algo más que un juguete, por entretenido que sea. Y es que el resto del reparto viene a cumplir papeles prefabricados. Raleigh Becket y Chuck Hansen, interpretados de forma suficiente por los guapos Charlie Hunnam y Robert Kazinsky, vienen a reeditar el duelo en todo de Maverick y Iceman en Top Gun, mientras que Idris Elba aporta empaque dando vida al jefe militar que está presente en cualquier película de género que se precie. Corrección absoluta por ese lado, conscientes todos ellos de que lo que el espectador ha ido a ver es la brutal batalla de dos categorías diferentes de monstruos.

Me resulta particularmente agradecido ver batallas en las que puedo seguir los movimientos. Eso es lo que ofrece Del Toro. Casi parece una expresión de ese deseo de visibilidad la pelea para probar la compatibilidad entre Raleigh y Mako, un mensaje claro de que apuesta por un cine de acción diferente al que hoy es norma, que se basa en movimientos atropellados e imposibles de seguir. Salgo de Pacific Rim pensando en que sé cómo son tanto los robots como los monstruos, cómo se mueven y cómo es su forma de pelear, a pesar del eterno truco de mostrarlos en la oscuridad y la lluvia para camuflar las flaquezas (muy bien camufladas, por cierto) de los efectos visuales, y eso es algo que no puedo decir de películas como Transformers o Battleship, por recordar aquella copia mezclada con el juego Hundir la flota. Pacific Rim no pasará a la historia como un título imprescindible, pero sus 131 minutos son un acertado y entretenidísimo homenaje al mundo de mechas y monstruos del imaginario de ficción japonés.

martes, agosto 06, 2013

'Los Pitufos 2', la misma medicina

Era lógico que saltaran las alarmas cuando se anunció una película de acción real sobre Los Pitufos. Que si la falta de ideas de Hollywood, que si ya no saben de dónde sacar películas, que si qué será lo siguiente... Y el caso es que el resultado fue una agradable y divertida aventura juvenil que se sostenía bastante mejor de lo que casi el mundo pensaba, a pesar de que la crítica se resistió bastante a encontrarle puntos fuertes. Tuvo éxito, y la secuela era casi obligada. Llega ahora Los Pitufos 2 y es la misma medicina. Eso quiere decir que es una película simpática y entretenida, pero que ya no goza del factor sorpresa que benefició tanto a la primera entrega. Con un poco más de protagonismo para Pitufina, ampliando la nómina tanto de héroes como de villanos y buscando un cambio de escenario, el filme ofrece exactamente lo que cabe esperar de una secuela. Todo está en el manual del márketing para vender secuelas. Y entretiene, claro, pero sabe a poco porque se limita a seguir el camino ya marcado para las franquicias.

Ese manual para las secuelas establece que la fórmula debe de ser parecida a la de la película original. Eso se traduce aquí en que, con el mismo director, Raja Gosnell, nuevamente un pequeño grupo de pitufos (pequeño para reducir el trabajo de los animadores) tiene que venir al mundo de los humanos, en esta ocasión para rescatar a Pitufina, secuestrada por Gárgamel (un desbocado Hank Azaria) con la ayuda de sus pequeños ayudantes. Se repite la estructura, se repite el villano, se repite la misión con algún matiz y se repiten los protagonistas humanos, también con otro matiz en forma de añadido: Brendan Gleeson da vida al padrastro de Pat Winslow (Neil Patrick Harris) y el pequeño Jacob Tremblay da vida al pequeño Azul, hijo de Pat y Grace (Jayma Mays). El manual también dicta el cambio de escenario para que la historia parezca lo suficientemente diferente. Y, así, los Pitufos tienen que ir esta vez a París, conformando una bonita postal turística.

La principal novedad de esta segunda entrega de la franquicia, que incluso antes de su estreno ya tiene anunciada una tercera entrega, está en los malotes. Son dos pequeños seres similares a los Pitufos creados por Gárgamel pero que no tienen la piel azul de los pitufos. El villano, acompañado como siempre por su gato Azrael, necesita la fórmula con la que Papá Pitufo transformó a Pitufina, para conseguir la energía de la que se nutre su magia, que le ha convertido en toda una celebridad en el mundo de los humanos. Y el plan es tan sencillo (el guión es sencillo, e incluso demasiado conveniente en algunas ocasiones) como abrir un pequeño portal al mundo de los pitufos, secuestra a Pitufina en el mismo día de su cumpleaños y conseguir de ella la fórmula. Ahí está servida la clásica historia sobre la familia, que encuentra su contrapartida en los protagonistas humanos, que también está presente en el manual de la secuela y también en el del cine familiar.

Los Pitufos 2 es como Los Pitufos. Eso tiene su parte positiva y su parte negativa. La positiva es que está adecuadamente realizada, aunque puede llegar a cansar el exceso de animación por ordenador (no sólo con los pitufos protagonistas), el guión tiene los suficientes puntos de humor y de cinefilia (Mays disfrazada como Audrey Hepburn para sonsacar información al personal del hotel o frases sueltas de Gárgamel que son referencias a varias películas, incluyendo El Imperio contraataca) y la acción es bastante entretenida dentro de lo que se puede esperar en una película de este estilo. Pero quienes hayan visto la primera entrega comprobarán que no hay nada realmente original en esta continuación. Es un correcto más de lo mismo pero no deja de ser más de lo mismo. Quizá una película ambientada en el mundo de los pitufos hubiera dado más juego, pero, claro, habría sido más cara. Para quien se anime, hay escena al final de los créditos. Nada imprescindible, pero, como toda la película, simpática.

Otra crítica de la película, en Cómic para todos.

viernes, agosto 02, 2013

'Guerra mundial Z', zombis para todos los públicos

Para decidir si Guerra mundial Z es o no una película que un espectador concreto querría ver, tiene que saber un detalle: no hay sangre. Ni una gota. Es, probablemente, la primera película de zombis en la que la escena más truculenta, la única que hay realmente en las dos horas que dura el filme. no procede del ataque de uno de los no muertos sino de un accidente. Probablemente, esto haga que el público tradicionalmente vinculado al cine de zombis vea Guerra Mundial Z como una cinta blanda y escasamente atractiva. Insisto, hablando dentro de los planteamientos del subgénero. En realidad, es un thriller placentero y amable, de buenas intenciones y un desarrollo aceptable, con algunas escenas tensas, algunas concesiones al cine familiar (de público y de contenido) y algún momento de asumibile comicidad (el momento del refresco). Con menos fuerza de la que requería la historia precisamente por la exagerada pretensión de que no se vean muchas cosas, excesivamente correcta en algunos momentos pero entretenida porque va al grano.

Justo eso es su punto fuerte. No hay respiro y prácticamente desde la primera escena vemos el lío en el que está metido el investigador de la ONU que interpreta Brad Pitt, tan omnipresente como carismático en la película, que tendrá que averiguar como hacer frente a una plaga que está convirtiendo a las personas en seres descerebrados y sin vida que sólo saben satisfacer sus instintos más primarios y van mordiendo a casi todos los normales. Marc Forster rueda las escenas de acción con la adecuada tensión y bastante eficacia, aunque también con cierto grado de aturdimiento del espectador. La idea es no ver con claridad al zombi, al menos durante la primera mitad larga de la película. En el clímax sí se les ve, pero justo ahí está el momento en el que más chirría la obsesiva pretensión de ocultar vísceras y la presencia del rojo sangre hasta extremos que resultan exagerados.

Ese ese el precio a pagar para conseguir el famoso PG-13 que permitirá que el público objetivo sea mucho más amplio y la recaudación mucho más jugosa. No hay en realidad más razón que esa, y ahí sí se pueden realizar críticas a la película. Guerra mundial Z no quiere ser la reinvención del género, sino la consecuencia de una estrategia de márketing. Bien es verdad que, en la consecución de ese objetivo, el entretenimiento parece bastante asegurado. Salvo algún exceso absurdo (la llamada al móvil en el momento más inoportuno) y la argumentalmente poco justificada reticencia del personaje de Brad Pitt a sumarse al equipo que pretende salvar el mundo, el desarrollo de la película es bastante correcto, y lleva la acción a lugares bastante originales, aunque a veces con diálogos demasiado simples y trillados, pronunciados por personajes que tienen poco peso en la trama, y unos efectos visuales demasiado orientados a que se intuya más que verse, lo que rebaja el efecto de algunas secuencias (como la huida de la base militar).

Queda la sensación de que, dentro del buen entretenimiento general que proporciona Guerra Mundial Z, el resultado es demasiado blando. También parece no atisbarse realmente un escenario apocalíptico en el que de verdad esté en juego el futuro de la humanidad, a pesar de que los épicos planos aéreos están entre lo mejor de la película. Quizá la omnipresencia del personaje de Brad Pitt, también productor de la película y en otro trabajo correcto (y en realidad el primero en una película de estas características), juegue en contra del efecto general que produce la película. Cumple con lo que prometía, un fondo muy violento (la forma, insisto, no, porque casi todo sucede fuera de plano) y una realización efectiva. Mientras que quede claro que son zombis para todos los públicos y que Brad Pitt está en todas y cada una de las escenas de la película, es difícil que defraude. Pero saber esas dos cosas es vital, porque por encima de todo es eso y no otra cosa es lo que ofrece Guerra mundial Z.

viernes, julio 26, 2013

'Tres 60', un thirller endeble

Gusta que el thriller se haya instalado en el cine español con absoluta cotidianidad. Y gusta que los intentos traten de aprovechar diferentes escenarios y temáticas. Tres 60 intenta ciertas acrobacias, y aunque en algún momento da la sensación de que pueden salir relativamente bien, el final hace que la película sea más endeble de lo que parece durante el entretenimiento que sí puede ofrecer en sus poco más de 100 minutos. Eso sí, siempre y cuando no se esté constantemente buscando las cosquillas al guión, porque siendo así se encuentran con suma facilidad. Lo complejo es que para argumentar este juicio hay que revelar el final y en estas líneas esa posibilidad ni se plantea, pero sí se puede decir que parece evidente que deja en entredicho buena parte del andamiaje ideológico y argumental de la película y que lo hace, además, sin el necesario desarrollo. Ahí, quizá, estaba la posibilidad de que la película tuviera la profundidad que falta en muchos thrillers, pero una elipsis se la lleva por delante.

Las dos primeras imágenes que deja la película son confusas. La primera, suferos en San Sebastián con música pop-rock de fondo. La segunda, unos títulos de crédito y música de suspense a cargo del efectivo Roque Baños. ¿Con cuál quedarse? La apuesta es por el thriller, pero a veces puede parecer lo contrario por la juventud de los protagonistas, el por lo visto necesario romance (con el más que obligatorio desnudo femenino que sigue inalterablemente presente en el cine español aunque aquí tarde en salir) y el tono de humor que desprende un personaje secundario que aparece y desaparece a conveniencia, incluso se bromea sobre eso en el guión. Va en esa línea que los dos actores protagonistas debuten aquí en el mundo del largometraje procedentes de la televisión o la presencia del surf, mucho más marginal de lo que pudiera parecer y casi en el fondo una excusa para justificar el precioso escenario y algún que otro patrocinio publicitario que parece haber recibido el filme.

Es de agradecer que haya un esfuerzo de crear una atmósfera atractiva con el tema escogido como telón de fondo (el tráfico de órganos), e incluso es correcto el macguffin que impulsa la historia, pero hay demasiada ingenuidad en la unión de las piezas del puzzle, la casualidad está demasiado presente y todo parece muy fácil. Incluso secuencias que prometen bastante y que generan la tensión que requiere un thriller, como la de la suite del hotel o la abadía, se solventan con demasiada sencillez, restándoles trascendencia y, sobre todo, efecto en el patio de butacas, donde no se llega a sentir el nerviosismo que tendría que provocar la empatía con los personajes. Rául Mérida y Sara Sálamo son una agradable pareja protagonista, pero navegan en un guión (obra de Luiso Berdejo, coautor de Insensibles) que no termina de establecer relaciones personales demasiado consistentes y que va introduciendo y olvidando personajes con demasiada facilidad, hasta el punto de que los únicos que cobran entidad son los alivios cómicos, el joven Guillermo Estrella (hermano pequeño del protagonista) y Adam Jezierski (su mejor amigo).

Tres 60 es, en conjunto, demasiado endeble. No lleva mal del todo el visionado, pero la reflexión rebaja bastante la nota final. Está rodado con bastante eficacia y no se puede decir que los actores desentonen (aunque la "colaboración especial" de Geraldine Chaplin corra el riesgo de generar perplejidad en el espectador), pero no termina de alzar el vuelo de una forma contundente y que enganche al espectador por las entrañas o por el corazón, algo que parece esencial en una película de género. Y aquí, por desgracia, lo evidente es muy evidente y lo que no lo es no termina de desarrollarse con tanta eficacia. Está por encima de ser una película fallida, pero no parce alcanzar los objetivos que se propone, algo que quizá con algo más de arrojo sí podría haber conseguido. Y ahí sí me refiero a ese giro final, que casi parece el punto de partida de una película que podría llegar más lejos que ésta.

miércoles, julio 24, 2013

'Lobezno inmortal', correcta redención

X-Men orígenes: Lobezno fue una de las más decepcionantes muestras del actual cine de superhéroes que copa la cartelera mundial desde hace algunos años. Su fracaso fue notable, porque su protagonista era un personaje ya establecido con éxito en la trilogía de X-Men que inició Bryan Singer con la figura de Hugh Jackman.  Su anunciada secuela se convirtió de repente en un nuevo punto de partida que pudiera hacer olvidar aquella. Y, efectivamente, su arranque entronca con X-Men. La decisión final, reivindicable final de la trilogía original del universo mutante. Eso es el primer acierto de Lobezno inmortal. También lo es llevar a Logan a Japón, un escenario muy adecuado para el personaje. Esas decisiones hacen que la esperanza crezca durante una primera mitad del filme bastante interesante, aunque se desinflan algo en la segunda, mucho más convencional y previsible. Aún así, Lobezno inmortal es una más que decente aventura superheroica, que sigue con relativa fidelidad el original en viñetas pero que tiene un problema no menor: la escena postcréditos emociona mucho más que todo el filme.

Dejemos aparcada esa escena por un momento, tampoco voy a desvelar el contenido porque en este pequeño rincón de Internet se considera perjudicial el spoiler, y centrémonos en las dos horas que llegan antes de eso. No era difícil superar el resultado de X-Men orígenes: Lobezno y eso lo hace con bastante solvencia Lobezno inmortal. Su historia es mucho más interesante que aquella, y encuentra referentes mucho más adecuados en el cómic que su predecesora. ¿Hace falta conocer el cómic para disfrutarla? No, en absoluto. ¿Y las películas anteriores? Conviene por el tono continuista con el personaje, pero en realidad basta con saber cómo acabó la La decisión final, aunque el detalle importante para comprender el estado anímico y vital de Logan se relata en el tramo intermedio de la cinta. Basta con asumir el enorme carisma que desprende Hugh Jackman como Logan. El papel siempre ha sido suyo, y su presencia sigue siendo imponente, y aunque ya cuente con 45 años sigue teniendo cuerpo y planta de superhéroe. Cuando el guión acompaña dándole frases propias de Lobezno, no hay ninguna fisura en su trabajo. Y aquí tiene varios de esos momentos.

Lo que se le escapa a Mangold (un director capaz de lo mejor, El tren de las 3:10, y de lo peor, Noche y día) es la parte final de la película. El arranque, en cambio, es más que correcto. Encuentra el perfil de héroe torturado de inicio y debilitado en la historia que tanto gusta en los últimos años y consigue esquivar la saturación que puede provocar esa vía tan explorada, y que hace pocas semanas se vio otra vez en El Hombre de Acero. Hace que el personaje se desenvuelva con acierto en el escenario japonés, y que los personajes secundarios queden relativamente bien integrados en la historia. Sobre todo los de Mariko y Yukio, nombres que sonarán a los aficionados al cómic como el amor japonés de Logan y su aliada, esta segunda mucho más compleja en la historieta que en el filme, donde queda, y dicho en el mejor de los sentidos, casi como un personaje de videojuego. Las desconocidas y hasta ahora más modelos que actrices Tao Okamoto y Rila Fukushima se encargan respectivamente de esos personajes.

Puede que a Lobezno inmoral le pese la incontenible escalada de espectacularidad que aumentó en este tipo de cine con Los Vengadores y, sobre todo, El Hombre de Acero (habría que asumir esta segunda entrega de las aventuras de Logan en solitario como la constatación definitiva de que el cine de superhéroes no sigue un modelo único... y que el grado de espectacularidad no debe ser el mismo), o puede que sea que en su clímax es donde se acumulan los mayores clichés del relato, pero el último acto sabe a poco. No por Logan, porque es ahí donde se le en su mayor esplendor, pero sí porque sabe a oportunidad perdida, por motivos que es mejor no desvelar para no arruinar el desarrollo de la película. Sí se puede decir que entre las decepciones está el muy poco aprovechado personaje de Viper, interpretada por Svetlana Khodchenkova, y que queda simplemente como la excusa argumental para que Lobezno vea mermado su factor curativo. Mucho más se podría haber hecho con ella, pero también con todos los personajes masculinos que rodean a Logan, planos o no demasiado bien explicados.

Lobezno inmortal deriva en un pequeño aunque entretenido batiburrillo de temas, imágenes y protagonistas, previsible en su desenlace y con algunas ideas muy interesantes en su desarrollo, producto de haber sabido situar a Logan en un escenario muy adecuado, incluso cuando la película se convierte en un llamativo team-up de Lobezno con Yukio (que también se había explorado, de una forma distinta, en la serie anime de Lobezno, en 2010). Tiene escenas de acción entretenidas y bien rodadas (destaca la del tren) y el buen sabor de boca que deja permite pensar que su final abierto permitiría hacer una secuela directa. Pero, claro, entonces aparece la escena postcréditos y las sensaciones cambian. Su impacto es inmenso y liga esta película con la próxima de la franquicia, X-Men: Days of Future Past, que marcará en 2014 el regreso de Bryan Singer a este universo. Y, sí, lo que pide debate, lo que genera emoción, lo que hace que el espectador se coloque en el filo de la butaca es esa escena. La película ya se ha olvidado. Insisto, es bastante correcta y supone la redención que Lobezno necesitaba tras su fallido título de X-Men orígenes. Pero es que esa escena postcréditos...

martes, julio 23, 2013

'Zarafa', los dibujos animados no se acaban en Hollywood

Disney, Pixar, Dreamworks, Warner... La animación lleva en nuestros días, desde siempre en realidad, nombres de estudios norteamericanos. Hollywood manda en casi todo. Pero por mucho que dominen, con o sin merecimiento, que opiniones sobre eso habrá tantas como espectadores, nada acaba allí. Los dibujos animados por supuesto que no. Y si en España Las aventuras de Tadeo Jones ya fue un aviso con sus pros y sus contras, Francia es otro país que lleva reclamando atención en este terreno, incluso en tierras americanas como demostró la nominación al Oscar de El ilusionista. Zarafa es otro tipo de película, es una que busca claramente al público más infantil, pero que al mismo tiempo cierra una historia bonita, con una realización más que correcta y un leve atrevimiento en sus temas para tocar palos que la animación normalmente no gusta de remover.

Zarafa es la historia de una jirafa. Pero no estamos ante un producto de estilo Disney en el que los animales son personificados con voz y carácter humanos. El protagonista es Maki, un niño que ve su destino unido al de una jirafa que tiene que convertirse en el regalo de Egipto a Francia como modo de persuasión para que los europeos ayuden a los africanos en el asedio de los ejércitos de Túnez a Alejandría a comienzos del siglo XIX. La mezcla entre historia, aventura y fábula funciona admirablemente bien. No es una película que se decante por los vericuetos más oscuros y dramáticos de su propuesta, pero tampoco los rehuye. Hay que tener muy presente que arranca con un tema tan difícil de tratar en una película de dibujos animados como el esclavismo. Aunque no llega a verse, Maki es un niño procedente de una aldea arrasada, y el villano del filme es un traficante de seres humanos, aunque en aquella época fuera una profesión más común.

Ante la asunción de que técnicamente es una película con medios mucho más modestos de los que utilizan los títulos más comerciales (lo cual, ojo, no impide corrección y un producto solvente), hay un claro deseo de que sea el guión lo más atractivo de Zarafa. Por eso, sus personajes están construidos con mimo y la narración se hace desde dentro de la película: un anciano cuenta la historia de Maki, la jirafa y sus compañeros de viaje a un grupo de niños, que asisten con asombro a las hazañas que escuchan, en una bonita analogía con los más pequeños que pueblen el patio de butacas. Y siendo una película pensada para ellos, es innegable que funcionan francamente bien sus cambios de escenario (el desierto, la montaña nevada o la urbe parisina), al igual que el carisma de los personajes, que esquivan con mucha habilidad la posibilidad de responder a estereotipos que siempre tiene una película de dibujos animados.

Hay en Zarafa dosis de historia, de cultura y de magia, en un conjunto en el que ninguna de las tres asume el protagonismo por encima de las otras. Contar con un protagonista de tan corta edad es siempre un reclamo evidente para los niños, pero los adultos pueden disfrutar de la rivalidad entre Hassan y el esclavista Moreno o con el desparpajo de la pirata Bouboulina. Esos detalles hacen que la película no sea tan infantil como puede dar a entender el cartel o algunas sinopsis. Es, evidentemente, un producto para los más pequeños, pero también una correcta cinta de aventuras, con las adecuadas dosis de diversión, drama y acción, que incluye aspectos didácticos en su guión para explicar algunas secuencias (como la del espejismo) y que saber aprovechar sus bazas. Más que correcta.

lunes, julio 22, 2013

'Llévame a la luna', el perenne mensaje de la comedia romántica

Llévame a la luna es una comedia romántica. Y lo que podría ser simplemente una clasificación es, en realidad, un mensaje perenne. Es una comedia romántica con todo lo que hoy en día comporta ser una comedia romántica. Es decir, se trata de un filme sencillo, con los tradicionales giros previsibles en su guión, con el atractivo físico de ella y el cómico de él, con las cada vez más corrientes tomas falsas en los créditos finales (esto solía ser material extra del DVD, pero...), con algunas secuencias simpáticas y la mismas dosis de corrección que de instrascendencia. Nada hace que Llévame a la luna (Un plan parfait en el original; hay que reconocer que en esta ocasión dice más el título español que este, porque al menos hace referencia a un mensaje específico del filme) sea diferente de tantos otros productos de corte similar. Incluso el exotismo de sus escenarios es ya un elemento muy tratado en este subgénero. Tan cierto es que no engaña en lo que promete como que no ofrece nada realmente emocionante. Es, insisto, una comedia romántica.

El curioso punto de partida de Llévame a la luna es que Isabelle forma parte de una familia en la que todos los primeros matrimonios de sus mujeres han fracasado y han sido las segundas nupcias las que les han dado la felicidad en la vida. Y la entrada que escoge Pascarl Chaumeil (en su segundo largometraje, tras Los seductores; antes fue director de segunda unidad para Luc Besson en León. El profesional, El quinto elemento o Juana de Arco) es contarla como una anécdota de cena navideña. Una historia dentro de la historia, excusa bastante endeble por momentos porque es difícil asumir la presencia de la oyente del relato y que sólo sirve para provocar algún que otro chiste musical y un final aún más amable de lo que ya es habitual en la comedia romántica. Que quede claro que eso ya no es ni bueno ni malo en sí mismo, es simplemente inocente y corriente.

Como suele ser habitual, el éxito de la comedia romántica reside en la compenetración que tenga la pareja protagonista y la empatía que despierte en el espectador. El cómico Dany Boon y la bella Diane Kruger ni destacan ni naufragan. Tienen escenas que entretienen y otras que no tienen tanto interés. Están y cumplen, cada uno de ellos por los motivos evidentes por los que forman parte de la película, ahondando en otro tópico de este tipo de cine que está en la evidente diferencia de edad entre los protagonistas que se intenta disimular (en este caso, Boon es diez años mayor que Kruger). ¿Química? La justa. Y tan globalizado está el proceso de rodar una comedia romántica, que el hecho de ser francesa no añade nada distintivo a la película más que el idioma. Ni siquiera se aprovecha para que el escenario sea relevante, y la presencia en la película de Kenia o Rusia se queda en el gag visual y en la composición de la rocambolesca escena final. Simpática, pero imposible.

La comedia romántica vive años (¿décadas?) de estancamiento. Cambian los protagonistas, las profesiones, los escenarios, la diferencia de edad, la excusa con la que se encuentran los enamorados, pero sus fórmulas llevan mucho tiempo inalteradas. Y es que siempre acabamos viendo a la pareja que se conoce, se enamora, se desenamora y se acaba encontrando porque el final tiene que ser siempre feliz. Sus autores creen que la fórmula funciona y no van a cambiar nada. Y debe de funcionar, ojo, porque se siguen produciendo en serie cintas así y eso quiere decir que serán rentables. Siguen teniendo un público que las consume y por tanto se complica que alguien tenga el arranque de valentía de hacer algo diferente, de cambiar aunque sea levemente las constantes del género. Obviamente, no soy fan de la comedia romántica actual, aunque lo más probable es que el espectador que normalmente las disfrute como escapismo puro y duro disfrute razonablemente bien de Llévame a la luna. Pero eso es todo. Que sea poco o mucho dependerá de cada espectador.

sábado, julio 20, 2013

'Expediente Warren: The Conjuring', buen cine de terror

Uno de los géneros que menos me llama la atención en el cine contemporáneo es el de terror. La explicación es sencilla: hace tiempo que se alejó de sus principios más básicos. Tengo que reconocer que no esperaba que el director de Saw e Insidious, James Wan, fuera el que me reconciliara en buena medida con el género. Expediente Warren: The Conjuring es una película de terror. Eso que parece una simple obviedad, es un punto de partida esencial. Porque, evidentemente, no es una película perfecta, que deja con la sensación de que no había satisfecho por completo las expectativas de los siempre ominosos anuncios de texto con que empieza el filme, antes de anunciar el consabido "basado en hechos reales". Pero su clásica factura, ambientada además en la década de los 70 del siglo pasado, funciona admirablemente bien durante buena parte de sus casi dos horas de metraje. Y funciona porque da miedo, no sustos, que es lo que hizo que la alabada Insidious no me inquietara lo más mínimo en realidad. Y resulta que Wan ha anunciado que deja el cine de terror tras Insidious 2, justo ahora que me ha convencido. Maldita sea.

Expediente Warren: The Conjuring apuesta por una forma clásica de rodar terror, con sus sombras, sus puertas que se cierran, sus crujidos de madera en la noche, sus rincones ocultos y sus oscuros secretos por descubrir. Hace alguna que otra trampa a ese planteamiento, rompiéndolo de forma innecesaria en algunas ocasiones con trucajes digitales, pero el resultado es formidable por momentos. No es una película que llene las zonas negras de la pantalla con los habituales sustitos que se han apoderado del cine de terror o con criaturas que generan más asco que miedo. Al contrario, y aún controlando a la perfección la planificación de lo que aparece en la pantalla, domina con mucho acierto el terror psicológico, el de verdad, el que genera una sensación continua de inquietud en el espectador. Y quizá lo que más se le pueda reprochar es cuando da el salto de lo psicológico a lo carnal. Eso es mucho más convencional dentro del género y mucho más inverosímil dentro de la historia, sin duda lo que impide que el cierre del filme sea redondo.

El acierto de la película de Wan arranca desde su mismo planteamiento, con una introducción que asienta el tono de la película (aunque su posterior relación con la trama central sea uno de los patinazos de la película, por inconsistente) y presentar a una de las dos partes protagonista, los investigadores Lorraine y Ed Warren (interpretados por Vera Farmiga y Patrick Wilson, que en Insidious era la víctima y aquí es la solución). La otra parte es una familia tradicional, Carolyn y Roger Perron (Lily Taylor y Ron Livingston) con sus cinco hijas, que se mudan a un viejo caserón, que es donde empiezan a suceder fenómenos inexplicables. Una de casa encantada, sí, pero no del todo. A Wan, con guión de los hermanos gemelos Chad y Carey Hayes, no le hace falta reinventar el género. Seguir sus características más contrastadas le vale para hacer un genuino producto de terror, sólo lastrada por no llegar tan lejos como prometía o por el siempre exagerado uso de la música para potenciar más el susto concreto que el miedo que recorre el espinazo.

Ahí radica un cierto placer inexplicable, en la sensación de sentir un miedo profundo, y a eso apela continuamente Expediente Warren: The Conjuring. Ahí es donde la película se convierte en un producto sobresaliente, que consigue hacer sentir como propios el sufrimiento y la inquietud de la familia protagonista, pero también las sensaciones de los dos investigadores. La empatía que se ve en la pantalla traspasa ese umbral y se instala en el patio de butacas. Esa sensación es probablemente lo más difícil de conseguir en una película de terror y Wan llega hasta ahí. Luego es cierto que paga algún que otro peaje al cine actual, pero es inevitable aplaudir las buenas intenciones y la más que notable ejecución de la mayoría de la película. No se acerca a las cumbres del género, pero sí es verdad que bebe mucho más de El exorcista que de las propias Saw e Insidious. Y eso, al menos como alternativa, es una noticia espléndida. El cine de terror merece que se sigan explorando caminos como éste, inteligente en sus planteamientos y en sus imágenes.

jueves, julio 18, 2013

'Ahora me ves...', un espléndido truco de magia

No existe el truco de magia perfecto, pero sí aquel que entretiene durante su disfrute. La analogía con Ahora me ves..., una película que se centra precisamente en el mundo de la magia, es muy adecuada. Puede estar lejos de la perfección y tiene defectos bastante evidentes que no son ajenos a las modas que crea y exporta el cine norteamericano de puro escapismo, pero al mismo tiempo es una película enormemente entretenida, que engancha desde su eficaz prólogo y que mantiene en tensión hasta el final gracias a un cásting sensacional, una historia atractiva y un efectismo visual sobresaliente por momentos. Es, en realidad, un gran truco de magia en sí mismo, que basa su éxito en sus propios méritos pero también en las ganas del espectador de dejarse sorprender. Y si eso sucede, si el espectador se deja llevar y cree en la magia que se le ofrece, es difícil sustraerse al encanto del plan de cuatro magos para convertirse con sus trucos en los mejores ladrones del mundo, a la vista de todo su público y de unos desesperados agentes de la Ley.

Vamos por un momento a ese prólogo. Cuatro magos, cuatro escenas consecutivas formidablemnte musicadas por Brian Tyler, cuatro habilidades completamente diferentes, cuatro vidas que no tienen nada que ver salvo por los trucos que practican. Los cuatro son citados en un extraño lugar de una forma muy peculiar, a través de una carta del tarot. Ese prólogo contiene lo mejor de la película, el carisma de sus protagonistas y un ritmo endiablado. Y pasado el prólogo tenemos una elipsis de un año. Lo que esconde esa elipsis puede ser más o menos fácil de adivinar para cada espectador, pero da absolutamente igual. Ahora me ves... es, decía, un truco de magia, y como tal hay que confiar en él y disfrutar del tiempo que dure. Apresurar conclusiones o restarle mérito al sólido y contundente entretenimiento que ofrece sólo por anticipar el final no sirve de mucho. Y es un final que se puede anticipar, sí. Pero, reitero, da igual, no tiene tanta importancia como para arruinar las casi dos horas de disfrute que tiene la película.

Viendo la filmografía de Louis Leterrier (El increíble Hulk, Furia de titanes), se puede afirmar sin problemas que ha firmado aquí su mejor película, a pesar de que mantiene las constantes de su cine: escenas meritorias conjugadas con un excesivo descontrol de la cámara. Su capacidad para rodar bien queda de manifiesto en la formidable escena en Las Vegas, captando a la perfección el sentido del espectáculo que reina en el escenario y en el mundo que tan notablemente quiere retratar. El exagerado movimiento de la cámara, esa mareante costumbre del cine contemporáneo, amenaza en algunos momentos con sacrificar la atención del espectador, pero es más poderoso el influjo de la historia. Pero también hay que reconocer que la historia convence, además de por el misterio, también por el efectismo de Leterrier. El tipo sabe rodar, aunque de vez en cuando se le olvide.

Y el tercer elemento en el que se sustenta la película, además de un guión inteligente aunque discutiblemente resuelto y una dirección eficaz aunque no en todo momento, es un reparto admirable que permite ver la película desde numerosos puntos de vista. No estaría de más que alguien le dijera a Jesse Eisenberg que actuar implica que no todos sus personajes hablen igual, pero tiene carisma junto a la socarronería, también muy repetida, de Woody Harrelson, la presencia desenfadada y puro show bussiness de Isla Fisher y la acertada expresión corporal de Dave Franco. Ellos son los magos, los ladrones, los que hacen realidad está muy atractiva mezcla de The Prestige y Ocean's Eleven. Pero es Mark Ruffalo el que da cuerpo a todo, interpretando al agente del FBI que les persigue. Que Morgan Freeman y Michael Caine coincidan siempre es un gusto, y aunque ninguno de los dos haga el papel de su vida, tienen un empaque que para sí quisieran todos los actores del mundo. Y Mélanie Laurent, como la agente de Interpol que ayuda al FBI, completa el cuadro. Insisto: formidable reparto.

Leterrier aprovecha notablemente un guión de Ed Solomon (sorprendente su buena labor, siendo el autor de Los Ángeles de Charlie o Super Mario Bros.), Boaz Yakin (lo mismo: Prince of Persia. Las arenas del tiempo o El Vengador) y Edward Ricourt (debutante). Funciona la química entre los personajes, desde el odio que el agente del FBI muestra ante los magos hasta su frustración ante su compañera de Interpol o el personaje de Morgan Freeman, un desenmascarador profesional de magos que siempre se cree un paso por delante de lo que piensa la Ley, pasando por la arrogancia del mecenas de los artistas con el rostro de Michael Caine o la tensión sexual entre Eisenberg y Fisher. Funciona su presentación, su desarrollo y, obviando el mareante problema del cine de Leterrier, las escenas de acción, las persecuciones en coche o a pie. Funcionan los diálogos, brillantes en ocasiones. Funciona casi todo. ¿El final? Un tanto complaciente aunque esté anticipado en una de las frases más emblemáticas de la película. Pero qué más da. Es un detalle sin importancia ante una de las sorpresas comerciales de la temporada. Muy, muy, muy entretenida.

lunes, julio 15, 2013

'El hipnotista', un thriller extraño

El hipnotista es un thriller extraño, porque tiene un punto de partida atractivo pero se desarrolla en un guión lleno de agujeros. Lo es también porque es una película de Lasse Hallstrom, habituado a ofrecer historias bonitas y ésta sin embargo es truculenta en muchos sentidos, igualmente en el encaje en la filmografía de su director, puesto que llega a España fuera de su orden correcto y tras el estreno del que sí es su último filme hasta la fecha, el más que olvidable Un lugar donde refugiarse. Por momentos engancha, con acertadas dosis de tensión pero tiene valles largos y prolongados en los que no sucede gran cosas y que incluso llegan a aburrir, aspecto en el que no ayuda nada que la película supere levemente las dos horas de duración. Aunque seleccionada por la Academia sueca para representar a su país en los Oscar, ni siquiera entró en la lista de nueve seleccionadas previa al quinteto final que sí acudió a la ceremonia.

Hay dos tramas en El hipnotista. Por un lado, un agente de policía investiga el asesinato de una familia, suceso en el que hay un superviviente, el hijo mayor de la pareja, vivo aunque incapaz de hablar con la policía para ofrecer pistas. Por otro, un hipnotista vive una severa crisis en su matrimonio (que se ve en los detalles más que en el relato al principio; un acierto notable) cuando es convocado por ese policía para tratar de obtener respuestas del muchacho. Ambas líneas se cruzan al comienzo de la película y, he aquí uno de los grandes problemas de El hipnotista, tardan una hora larga en volver a reunirse. Y en esa hora pasan cosas, pero otras son un gran y artificial relleno que, sobre todo al final, se antoja innecesario. Da la impresión por momentos de que la película tendría que haber arrancado ahí, a la hora, y que insertar algunos de los minutos precedentes como flashbacks le habría dado un mejor ritmo y un resultado más satisfactorio.

Porque en esa hora es donde El hipnotista llega a aburrir. Es cierto que Hallstrom se siente especialmente cómodo en el retrato de la crisis de pareja entre Erik y Simone (interpretada por Lena Olin, el rostro más conocido para el espectador habituado al cine norteamericano), y que esas escenas podrían haber sustentado con bastante solvencia una película de otro estilo, pero el hecho de estar ante un thriller que por el otro lado de su narración no termina de arrancar con firmeza (ni siquiera en la segunda hora, pese a mejorar) hace que la mezcla no sea del todo buena. Y eso que los personajes, en sí mismos, son atractivos y están bien interpretados. Hay historias que no se cuentan en la película que los hacen interesantes. Pero precisamente lo que cuenta la película es lo más artificial de todo, porque abre vías que no termina de explorar (lo que sucedió dos años atrás en la vida de pareja, la soledad sentimental del agente Joona Linna). Y en la resolución del misterio es inevitable observar trampas enormes, que no enumeraré para no arruinar el seguimiento de la historia.

Sorprende, y se agradece, la valentía y la sinceridad visual de Hallstrom a la hora de mostrar el crimen, pero también, en este caso negativamente, la endeblez de algunos vericuetos de la historia (los generales y algunos detalles, nimios en el conjunto pero que molestan si se advierten en el momento), mucho más tratándose de la adaptación de una novela. Lo mejor que ofrece El hipnotista es el misterio y algunas de sus secuencias, como las sesiones de hipnosis (rodadas todas de formas diferentes, lo que amplía mucho los registro de la película) o el retrato más intimista de la pareja protagonista. El conjunto, por desgracia, flaquea demasiado porque no es capaz de conjuntar los diferentes aspectos que ofrece. De alguna manera, apunta los errores que cometió estrepitosamente en Un lugar donde refugiarse, pero siendo un respiro local a su carrera norteamericana es apreciable. Lejos de ser una película redonda, sin duda, pero apreciable en algunos de sus intentos a pesar de sus problemas.

viernes, julio 12, 2013

'The East', ecoterroristas difusos

The East es una película correcta, aceptable y entretenida. Nada novedoso hay en este relato de un grupo ecoterrorista y medio hippie en el que se infiltra una agente de una empresa privada, pero funciona de principio a fin con cierta solvencia. Pero tiene un problema fundamental, y es que no concentra en sus casi dos horas la mejor película que podría haberse obtenido con este material. Por ejemplo, su resolución abre puertas que parecían más interesantes y el personaje que interpreta Ellen Page habría dado para mucho más de lo que da desde su órbita secundaria. Surgen ahí dos hipotéticas películas que caen en el olvido y que, de alguna manera, muestran picos de interés mayores que el que provoca lo que finalmente ha sido The East. De hecho, el estallido de la segunda de esas líneas deja en evidencia un crecimiento intenso en el filme que obliga a pensar que la hora anterior no ha cautivado de la misma manera. Al crecer, The East se destapa como una gran reflexión personal y social. Pero no siempre consigue ese nivel.

No quisiera que quede la impresión con lo anteriormente dicho de que The East es una mala película, porque no lo es. De hecho, por momentos se acerca mucho a lo contrario. El tema es interesante, reflexivo y bien tratado. Sarah Moss, una antigua agente del FBI (Brit Marling, también coproductora y coguionista del filme), trabaja ahora para una empresa privada de inteligencia dirigida por Sharon (Patricia Clarckson). Su encargo es infiltrarse en un grupo anarquista y ecoterrorista llamado The East, liderado por Beni (Alexander Skarsgard) y en el que encuentra la mayor oposición en Izzy (Ellen Page). Conviviendo con ellos y formando parte de los tres golpes que se plantean dar, Sarah va entendiendo cada vez más sus motivaciones hasta el punto de cuestionarse su propia vida. El argumento, insisto, es interesante, actualización contemporánea de muchas películas de corte social. Algunas de las ideas que va soltando Zal Batmanglij en su segundo largometraje, muy atractivas. Pero, después de un inicio prometedor, tarda en arrancar.

Y tarda en arrancar precisamente porque busca hacer un retrato tan extenso como impreciso (la chica muda, la experta informática, la escena del juego de la botella...) de todo el grupo anarquista en el que se infiltra Sarah, ofreciendo una imagen cuasi mesiánica de su líder y unas creencias basadas casi en la fe para después diluir todo lo que ha mostrado en la primera hora de la película con un escenario mucho más terrenal. No terminan de encajar esas dos visiones de la película, de sus mensajes y de sus personajes principales salvo por algunos detalles. Y uno de ellos es Ellen Page, que con su personaje es quien hace crecer la película en su ecuador. Es ahí donde el gran asunto de fondo cobra la humanidad y unos tintes personales que encajan a la perfección. Es en ella, probablemente, donde habría residido la película más interesante de contar (con permiso, insisto, del punto en el que acaba), de la que salen los momentos más impactantes y los dramáticamente mejor construidos (la conversación en el hotel o la tensa confesión posterior junto a la fábrica).

Lo que Batmanglij y Marling sí consiguen es que personajes muy cambiantes y no siempre demasiado bien explicados (¿por qué de una escena para otra Sarah pasa de vivir una relación sentimental que compensa todo lo demás a encontrarse conviviendo con un extraño?) impacten en cada momento por separado y encajen en una trama social y reivindicativa que siempre se mueve sobre el delgado alambre que separa la simpatía de la antipatía. Es precisamente en las dobleces morales que se exponen en algunas escenas donde The East cobra la fuerza que hace que se sostenga como película sin demasiados problemas, donde el filme se cierra como una obra que entretiene a pesar de sus defectos y donde los actores pueden dar lo mejor de sí mismos. Y aunque la presencia de Patricia Clarkson es siempre muy agradecida, lo mejor en ese terreno lo ofrece Ellen Page, en el marco de una película satisfactoria aunque algo difusa.

jueves, julio 11, 2013

Concurso 'Jack, el caza gigantes', gana un Combo Pack de la película

Gracias a Warner Brothers y Partners Hub podéis ganar un Combo Pack (Blu-Ray, DVD y copia digital) de Jack, el caza gigantes, la película dirigida por Bryan Singer. Para participar en el sorteo, sólo tenéis que seguir las siguientes instrucciones:

1. Entrar en el cuestionario ¿Eres valiente? de la aplicación que hay a continuación.


2. Dejar un comentario en esta entrada (si es un comentario anónimo, indicando un nombre al que poder asignar un número para el sorteo) contando lo que quieras, pero incluyendo el resultado del cuestionario.

3. Tenéis de plazo hasta la medianoche del próximo domingo día 21 de julio de 2013. Todos los comentarios que lleguen después de esa hora, no entrarán en el concurso.

4. El ganador se comunicará en los comentarios de esta misma entrada a lo largo del día 22 de julio. En ese mismo momento se solicitará a dicho ganador que escriba un correo electrónico a la dirección que aparece en el perfil para comunicar su dirección postal y así recibir el premio.

5. El ganador podrá reclamar su premio, bien con ese correo electrónico o bien con un posterior comentario en esta entrada durante los días 22 y 23 de julio. A partir de ahí, el premio pasará a manos de un primer reserva, que se sorteará en caso de no responder el primer ganador.

6. Este concurso está abierto a participantes de cualquier lugar de España.

¡Mucha suerte a todos los que decidáis participar! Esta es la nota oficial de la película:

Libres en la Tierra por primera vez en siglos, los gigantes tratan de reclamar la tierra que perdieron en su día, obligando al joven Jack (Nicholas Hoult) a entrar la batalla de su vida para detenerlos. Luchando por un reino y sus habitantes, y por el amor de una valiente princesa, se enfrenta cara a cara con los imparables guerreros que pensaba que sólo existían en las leyendas… y tiene la oportunidad de convertirse en una leyenda él mismo.  Dirigida por Brian Singer (X-Men, Superman Returns).

Reparto: Nicholas Hoult (X-Men: Primera generación), Ewan McGregor (Star Wars, Moulin Rouge!), y Stanley Tucci (Capitán América: El primer vengador).

miércoles, julio 10, 2013

'Hijos de la medianoche', una bonita fábula demasiado larga

Sin conocer el original literario, se nota que hay un esfuerzo apreciable en Hijos de la medianoche para contentar al lector de la novela de Salman Rushdie en que está basada la película, y que el propio escritor se encarga de adaptar para la gran pantalla. Pero ese mismo esfuerzo es lo que termina por devorar el filme. Sus casi dos horas y media de duración se hacen largas y no terminan de concretar temas y detalles que son esbozados en la pantalla. Eso deja secuencias en tierra de nadie y un ritmo bastante irregular, que se hace especialmente pesado en los tramos intermedios de la película. En todo caso, la fábula es bonita, la alegoría sobre la independencia de la India que está presente en la historia es interesante y la realización de la directora Deepa Mehta es bastante acertada, y eso es lo que hace que se vea con agrado a pesar de que no sea en sí misma una adaptación brillante.

El punto débil de la película está en una cierta indefinición que pesa casi desde el principio. Arranca como un cuento familiar, se adentra en la alegoría política y acaba siendo una historia de realismo mágico ambientada en la India. Y todos estos aspectos están bien desarrollados en algún momento, pero poco concretados en el siguiente. Quizá el problema haya que buscarlo en la adaptación del propio Rushdie (que también ejerce como narrador en la versión original) y en la necesidad de tratar de condensarlo todo en la pantalla en lugar de entender que cine y literatura son medios diferentes y exigen métodos igualmente distintos. Porque lo más probable es que esta misma historia, con una construcción literaria, sea mucho más atractiva que con el andamiaje cinematográfico que prepara Mehta, porque el filme pierde en ocasiones la emoción personal que se supone que deben transmitir los personajes y las situaciones en las que se ven envueltos.

Hijos de la medianoche sigue la historia de Saleem Sinai, desde que nace literalmente al mismo tiempo que la India proclama su independencia, y que arranca con la historia de cómo se conocieron sus abuelos. Y a partir de ahí, sobre todo para quienes no hayan leído la obra de Rushdie, es mejor dejarse sorprender con todo lo que sucede y no leer ni siquiera las sinopsis oficiales. Con saber que se trata de una combinación de drama, comedia y fantasía es más que suficiente porque, de lo contrario, quedan expuestos demasiados de los giros que adopta la historia. Y como la mayoría son inteligentes y están muy bien llevados, de nuevo hay que pensar que el problema que arrastra la película está en el lenguaje, que quizá hubiera requerido menos tiempo de prólogo y más de la historia central (por ejemplo, en la trascendencia de los hijos de la medianoche como conjunto).

Con una cuidada ambientación en la India y con un espléndido y extensísimo reparto (en el que sólo hay un nombre occidental, el del espléndido Charles Dance en un papel muy breve), la película convence en lo visual y en algunos momentos de su muy extensa historia. Pero el conjunto flaquea por irregular y, en esa línea, emociona sólo a ratos, cuando la historia pide a gritos un torbellino sentimental continuo. No lo hay, aunque sí hay momentos divertidos y emocionantes, y a eso hay que agarrarse para disfrutar más de la película. Lo que parece inevitable es pensar que, como otros muchos títulos del cine contemporáneo, la capacidad de síntesis no está en sus aciertos. Sobre todo teniendo en cuenta que, en realidad, es una historia intimista y personal que triunfa mucho más en esas escenas pequeñas ("¿y si al final no eres tan especial?") que en las más grandes.