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jueves, agosto 22, 2013

'El llanero solitario', entre el western, 'Piratas del Caribe' y 'Sherlock Holmes'

Todo apuntaba a que El llanero solitario podría haberse solventado con un titular muy fácil: Piratas del Caribe en el oeste. Fácil y acertado, eso es indiscutible, aunque la cosa no se queda ahí. Tiene los defectos previsibles, especialmente la exagerada duración de dos horas y media, la excesiva comicidad que ya tiene que afectar a cualquier intento de franquicia como ésta y un Johnny Depp ya cargante en la enésima repetición del mismo papel con distinto nombre. Pero, además de mezclar la base de Piratas con la de Sherlock Holmes, lo que le resta personalidad, en sus mejores momentos encuentra dos aliados. Por un lado, una insana e inverosímil locura en algunos momentos, especialmente el clímax, que genera lo que pretende: entretenimiento. Y, por otro, una admirable puesta en escena de lo más cercano al western. Lo curioso es que cabe la posibilidad de que sea justo eso lo que menos guste al espectador medio, pero quien todavía siente nostalgia por la desaparición del género de indios y vaqueros encontrará momentos sumamente agradables por esa vía.

En realidad, los problemas de El Llanero Solitario obedecen todos a lo mismo: los estudios de márketing. Estos dicen que las películas tienen que empezar con una escena espectacular, que el uso de un personaje conocido obliga siempre a contar una larguísima historia de origen (que supera con creces la media hora), que hay que introducir un personaje femenino que no diga prácticamente nada pero que tenga un momento en el que se enfrenta al villano de la película (intrascendente Ruth Wilson; prácticamente aplicable a Helena Bonham Carter, que casi protagoniza un cameo más que un papel), que hay que introducir por encima de todo un tono cómico incluso en personajes que no se prestan a ello (el mismo Llanero) y que si no llegas a las dos horas y media de la película parece que no estás contando nada. Así se hace mucho cine y, ojo, suele tener éxito. Y por eso no deja de resultar paradójico que El Llanero Solitario haya recibido algunos palos donde Piratas del Caribe recibió bastante elogios, pues aquella es claro referente de ésta, para lo bueno y para lo malo.

Sí es cierto que Armie Hammer sufre con la innecesaria traslación cómica de su personaje y que Johnny Depp es un actor cada vez más cargante y repetitivo en este tipo de papeles (¿en cuántos se ha maquillado ya la cara con diferentes tonalidades de blanco?), pero sorprendentemente el entretenimiento está más que asegurado cuando la película se acerca bien al canon más clásico del western y del propio Llanero Solitario, o bien cuando apuesta por la más absoluta locura en la acción, incluso sin pensar en muchos momentos en la continuidad. Lo primero es mucho más básico de lo que parece, porque ya no se hacen westerns. Y es una pena, porque con la tecnología actual John Ford habría hecho absolutas virguerías con esos míticos paisajes. El Llanero Solitario es un vehículo algo viciado para disfrutar del western, pero eliminando el hecho de que la introducción es larguísima hasta que efectivamente aparece como tal el protagonista de la película, las escenas más conseguidas están en ese primer tramo. Y son las mejores porque son puro western.

La locura es algo que este tipo de películas lleva asociado, hasta el punto de que es imposible entender un clímax como el de El Llanero Solitario sin asumir su más absoluta improbabilidad en todos los sentidos. Pero es ahí cuando sí se ve al Llanero Solitario. Ayuda muchísimo que la correcta partitura de Hans Zimmer se apoye con toda su fuerza en la Overtura del Guillermo Tell de Puccini que se popularizó como tema principal del personaje en sus primeros seriales de radio y cine. Ahí es cuando Armie Hammer sí se hace con el personaje, aunque por momentos uno se crea la explicación del término "kemosabe" con el que Tonto (a propósito, una de las mejores líneas de diálogo en el original es cuando hacen referencia a su significado en español; ¿cómo se traducirá en nuestro país?) se refiere insistentemente al Llanero, porque James Badge Dale (Iron Man 3) llama mucho más la atención que el protagonista del filme, que también queda relegado al segundo lugar de los créditos por la presencia de Depp.

El Llanero Solitario no deja de ser un cierto exceso en todo que hubiera requerido de un corte más adecuado en la sala de montaje, pero entretiene por cosas que no entraban en el guión. ¿Piratas en el Oeste? Sí y no. Porque el Oeste que retratan Verbinski y Jerry Bruckheimer es atractivo. La dinámica a lo Sherlock Holmes (muy presente también en la música de Zimmer) se lleva por delante la casi siempre magnética presencia de Tom Wilkinson, y aunque algo más tópico es también más atractivo el papel de William Fichtner (¿no parece un remedo de Jonah Hex, aquel personaje de cómic en el que se basó una horrenda película protagonizada por James Brolin y Megan Fox?). Pero la verdad es que entretiene más de lo que cabía esperar. Será a lo mejor que yo soy uno de esos nostálgicos que cuando les das dos planos de puro western ya siente simpatía por la película o de los pocos que tendrá un recuerdo real de asociación entre Guillermo Tell y el Llanero Solitario y cede cuando la película hace esa concesión a la memoria. O quizá ambas cosas.