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viernes, julio 12, 2013

'The East', ecoterroristas difusos

The East es una película correcta, aceptable y entretenida. Nada novedoso hay en este relato de un grupo ecoterrorista y medio hippie en el que se infiltra una agente de una empresa privada, pero funciona de principio a fin con cierta solvencia. Pero tiene un problema fundamental, y es que no concentra en sus casi dos horas la mejor película que podría haberse obtenido con este material. Por ejemplo, su resolución abre puertas que parecían más interesantes y el personaje que interpreta Ellen Page habría dado para mucho más de lo que da desde su órbita secundaria. Surgen ahí dos hipotéticas películas que caen en el olvido y que, de alguna manera, muestran picos de interés mayores que el que provoca lo que finalmente ha sido The East. De hecho, el estallido de la segunda de esas líneas deja en evidencia un crecimiento intenso en el filme que obliga a pensar que la hora anterior no ha cautivado de la misma manera. Al crecer, The East se destapa como una gran reflexión personal y social. Pero no siempre consigue ese nivel.

No quisiera que quede la impresión con lo anteriormente dicho de que The East es una mala película, porque no lo es. De hecho, por momentos se acerca mucho a lo contrario. El tema es interesante, reflexivo y bien tratado. Sarah Moss, una antigua agente del FBI (Brit Marling, también coproductora y coguionista del filme), trabaja ahora para una empresa privada de inteligencia dirigida por Sharon (Patricia Clarckson). Su encargo es infiltrarse en un grupo anarquista y ecoterrorista llamado The East, liderado por Beni (Alexander Skarsgard) y en el que encuentra la mayor oposición en Izzy (Ellen Page). Conviviendo con ellos y formando parte de los tres golpes que se plantean dar, Sarah va entendiendo cada vez más sus motivaciones hasta el punto de cuestionarse su propia vida. El argumento, insisto, es interesante, actualización contemporánea de muchas películas de corte social. Algunas de las ideas que va soltando Zal Batmanglij en su segundo largometraje, muy atractivas. Pero, después de un inicio prometedor, tarda en arrancar.

Y tarda en arrancar precisamente porque busca hacer un retrato tan extenso como impreciso (la chica muda, la experta informática, la escena del juego de la botella...) de todo el grupo anarquista en el que se infiltra Sarah, ofreciendo una imagen cuasi mesiánica de su líder y unas creencias basadas casi en la fe para después diluir todo lo que ha mostrado en la primera hora de la película con un escenario mucho más terrenal. No terminan de encajar esas dos visiones de la película, de sus mensajes y de sus personajes principales salvo por algunos detalles. Y uno de ellos es Ellen Page, que con su personaje es quien hace crecer la película en su ecuador. Es ahí donde el gran asunto de fondo cobra la humanidad y unos tintes personales que encajan a la perfección. Es en ella, probablemente, donde habría residido la película más interesante de contar (con permiso, insisto, del punto en el que acaba), de la que salen los momentos más impactantes y los dramáticamente mejor construidos (la conversación en el hotel o la tensa confesión posterior junto a la fábrica).

Lo que Batmanglij y Marling sí consiguen es que personajes muy cambiantes y no siempre demasiado bien explicados (¿por qué de una escena para otra Sarah pasa de vivir una relación sentimental que compensa todo lo demás a encontrarse conviviendo con un extraño?) impacten en cada momento por separado y encajen en una trama social y reivindicativa que siempre se mueve sobre el delgado alambre que separa la simpatía de la antipatía. Es precisamente en las dobleces morales que se exponen en algunas escenas donde The East cobra la fuerza que hace que se sostenga como película sin demasiados problemas, donde el filme se cierra como una obra que entretiene a pesar de sus defectos y donde los actores pueden dar lo mejor de sí mismos. Y aunque la presencia de Patricia Clarkson es siempre muy agradecida, lo mejor en ese terreno lo ofrece Ellen Page, en el marco de una película satisfactoria aunque algo difusa.

martes, julio 27, 2010

'Origen', o cómo Christopher Nolan confirma que es un genio

Lo malo de mostrar una primera chispa de genialidad, es que estás obligado a confirmar que eres un genio o, de lo contrario, la gente podría pensar que ese brillo inicial ha sido un golpe de suerte. No sé si después de lo que Christopher Nolan hizo con Batman (Batman begins, El Caballero Oscuro y una tercera tentrega odavía por hacer) alguien sintió algo parecido. Que Nolan estaba obligado, a pesar de tener ya un puñado de películas interesantes a sus espaldas, a demostrar que era un genio. Pues ya está, aquí lo hace. Origen es una película terriblemente fresca y original (lo que tiene mérito en sí mismo por la temática relacionada con los sueños que aborda, vista en innumerables ocasiones), magníficamente construida, con motivos más que suficientes para disfrutarla a nivel intelectual y a nivel visual, con un reparto maravilloso y con un final de los que permiten el debate durante horas. No, no es el final, es toda la película. Es una genialidad que desde ya mismo tiene un hueco entre los referentes cinematográficos de la década por su carácter único y rompedor, que nada tiene que ver, aunque lo pueda parecer, con otros títulos de temática similar.

Porque puede ser tentador relacionar Origen con Matrix (y algún día habrá que decir que Matrix no era en realidad para tanto -y si lo era, sus secuelas se encargaron de arruinarla- y que la película que se merecía toda la fama es una pequeña joya semiolvidada que se titula Dark City), pero no van por ahí los tiros. Lo que Nolan hace en Origen es construir un universo creíble, un guión completo en sí mismo y que pone el énfasis en las relaciones entre los personajes, en la psicología de los mismos, en sus sueños, miedos y anhelos. Y, sin embargo y al mismo tiempo, es un espectáculo visual de primer nivel, lleno de imágenes inolvidables (atención a la pelea en los pasillos del hotel, deslumbrante e imaginativa, que se mantendrá durante años como una referencia visual) y con un climax final muy extenso que hace gala de un montaje paralelo, de dos y tres escenarios simultáneos, que sólo se puede calificar de perfecto, tan perfecto como los flashbacks que incluye (sólo es discutible el primero, el arranque del filme, que es más efectista que efectivo). Si Nolan ya rueda bien, lo que hace en la sala de montaje es para provocar el aplauso más sincero.

No sería bueno desvelar mucho sobre el contenido de Origen. No porque sea una película que viva de su final o de alguna sorpresa tramposa (todo lo contrario, pues es una película coherente y precisa en todo lo que cuenta... ¿o no?, cabría preguntarse al final), sino porque tiene una asombrosa capacidad de enganchar al espectador en cada secuencia, en cada paso, en cada nivel, con cada imagen y con cada nota de su prodigiosa banda sonora (Hans Zimmer es ya, por derecho propio, el mejor compositor del Hollywood contemporáneo, capaz de mostrarse perfectamente reconocible y, al mismo tiempo, de dotar de una personalidad única a cada una de sus películas). Casi llega a las dos horas y media, pero todo se pasa en un suspiro. Y pide a gritos un segundo visionado. Y un tercero. No porque no se haya entendido, no. Nolan hace un cine inteligente y apela al debate, pero da todo lo que tiene, no se guarda nada. La lectura sólo depende del espectador, que tendrá que decidir qué piensa cuando la pantalla se quede en negro después de un tan inquietante como magnífico plano final.

Y lo bueno es que no hace falta ni siquiera tomar una decisión sobre el sueño o la resolución. La duda también puede enamorar al espectador de Origen. Tanto como el magnífico trabajo de todo su reparto. Leonardo DiCaprio mantiene ticks que asemejan demasiado todos sus papeles, pero su esfuerzo por hacer personajes intrigantes y diferentes es notable. Ken Watanabe aporta la misma sobriedad de siempre, igual que Michael Caine en su reducidísimo papel. Como Cillian Murphy, de nuevo brillante, Caine lleva camino de convertirse en un fijo en el cine de Nolan. Ellen Page cautiva, y lo hace porque ha sabido alejarse aquí de Juno. Marion Cotillard, casi sin quererlo (o eso es lo que hay que creer), se convierte en el centro psicológico de la película. Joseph Gordon-Lewitt es la revelación de la película (aunque tiene ya una larga carrera, se le vio en G.I.Joe o 500 días juntos). Y se agradece que Nolan siga rescatando rostros conocidos de los años 80, en esta ocasión con un papel para Tom Berenger (del mismo modo que hizo con Rutger Hauer en Batman begins). Todos componen un reparto brillante, creíble y muy acertado.

Origen se convierte en una película única porque es imposible clasificarla. Se mueve de maravilla en todos los terrenos y escenarios. Nada resulta artificial, nada se ve inverosímil. Salta con una precisión envidiable de Mombasa a París, de una persecución en el asfalto a una escena romántica, del más puro cine de acción a la mejor intriga psicológica, de una imagen a cámara lenta a un plano tan veloz como imposible sobre el papel. Christopher Nolan demuesrta que es un genio, sí. Y Origen que todavía es posible hacer un cine diferente, rebosante de imaginación y talento, que perdurará en el tiempo por lo que es, por lo que cuenta y por lo que representa y no por una moda pasajera. Es maravilloso entrar en una sala de cine y encontrarse con un prodigio así. Si Nolan ya había hecho que me preguntara qué demonios va a ser capaz de hacer para superar El Caballero Oscuro, y sin por ello dejar de esperar con ansia su tercera película sobre Batman, ahora ya me pregunto dónde está el límite de este director. Veré cada una de sus próximas películas con esa pregunta en la mente. Y ojalá tardemos mucho en ver ese límite.

Origen se estrena el 6 de agosto.

viernes, febrero 15, 2008

'Juno', una película simpática y entretenida, algo sobrevalorada

Juno es de esas películas ante las que uno no sabe muy bien cómo reaccionar antes de ponerse a verla. Por un lado, piensas que va a ser una película sencilla, amable, simpática, para pasar un rato muy entretenido y posiblemente poco más. Por otro, resulta que es la película semi-independiente (luego explico ésto) que ha caído en gracia entre los críticos, algunos de las cuales la llegan a considerar la mejor película del año, lo que unido al bombardeo de nominaciones y premios hace de ella uno de esos títulos imprescindibles de la temporada. Abstraido por completo de lo que dicen unos y otros, el veredicto es claro: ni una cosa ni la otra, pero creo que se acerca más a lo primero que a lo segundo.
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Lo esencial de Juno es Ellen Page, una joven actriz de 21 años que borda su papel con una sencillez y una naturalidad espectaculares. Sin ella, es probable que esta película hubiera caído en el olvido. Ellen Page mejora el guión que tiene entre manos, da una vida inusitada a cada secuencia en la que participa y hace creíbles diálogos que autoasumen demasiado que deben ser graciosos e hilarantes y no siempre están a la altura. No es nada fácil llevar el peso de una película que ofrece un punto de vista tan original, el de una adolescente que se queda embarazada y decide tener el niño y darlo en adopción a una pareja que ha puesto un anuncio en una revista. Embarazos no deseados se han visto unos cuantos en el cine, pero nunca desde el punto de vista de una madre tan joven y desde una óptica tan desenfadada. Porque Ellen Page, Juno, es el motor de la historia, lo demás queda en un segundo plano.
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Esa misma concepción, siendo original y positiva, acaba por mermar otras bazas de la película. El guión engaña, es bastante menos ocurrente de lo que parece, pero los actores dan vida a muchas de las situaciones. Pero algunos quedan arrinconados. J. K. Simmons, padre de la joven Juno, realiza un papel extraordinario... pero desaprovechado, lo mismo que le sucede al futuro padre adoptivo del bebé de Juno (Jason Bateman) en la parte final de la película. Al recorrer nueve meses de la vida de los protagonistas, la película pasa por encima de muchas situaciones que podrían haber dado mucho juego y deja algo desdibujados a muchos personajes, en especial los de los padres de la joven (padre y madrastra). También deja en el aire muchas relaciones entre personajes, como la que mantiene Juno con el padre de la criatura (un divertido Michael Cera).
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Pero lo cierto es que la película consigue su objetivo: la sonrisa del espectador durante casi todo el metraje y, sobre todo, al final. Y como eso no es tan habitual, hay que agradecerlo y aplaudirlo como se merece. A pesar de tratar un tema polémico, no pretende ser una película moralizante, no es un discurso aleccionador, sino una historia humana. Y por eso cae simpática de principio a fin. Tiene cuatro nominaciones al Oscar (mejor película, mejor director, mejor guión y mejor actriz protagonista), pero lo cierto es que sólo apostaría por ella para que Ellen Page se llevara una merecida estatuilla por su retrato de Juno (Page fue derrotada en los Globos de Oro por Julie Christie, también nominada a los premios de la Academia).
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La comparación de Juno con Pequeña Miss Sunshine se ha establecido de inmediato. Y es verdad que es la película sencilla del año, por recaudación (costó 2,5 millones y hace algunas semanas llevaba en taquilla, sólo en Estados Unidos, unos 75) y por valoración del público (8,3 sobre 10 en IMDB) Pero se corre el riesgo de calificar a Juno como lo que no es. Y no es una película independiente en el sentido estricto de la palabra. No lo es porque viene de un pequeño estudio (Fox Searchlight), sí, pero filial de uno de los grandes (20th Century Fox). Y seguramente la Fox habrá tenido mucho que ver en la campaña de promoción que le ha proporcionado esas cuatro nominaciones a los Oscar o las tres a los Globos de Oro.
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No lo es tampoco por sus actores. Porque no son grandes estrellas, pero a ninguno se le caen los anillos por formar parte de superproducciones al igual que de películas más pequeñas como ésta. Y por citar una pequeña curiosidad, en Juno se dan cita Elektra (Jennifer Garner, en Daredevil y Elektra), Kitty Pryde (la propia Ellen Page, en X-Men. La decisión final) y J. J. Jameson (J. K. Simmons, en las tres entregas de Spider-Man), tres personajes de adaptaciones cinematográficas de cómic. ¿Eso es bueno o es malo? Ni bueno ni malo, simplemente demuestra las conexiones entre el cine de los grandes estudios y el cine independiente, que ambos pueden gustar a todo tipo de públicos por mucho que se intente trazar, con demasiada frecuencia, una frontera entre los espectadores que ven uno y otro cine.
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Probablemente estemos ante la película sobrevalorada del año, por los motivos que sean, pero que se pasa un buen rato con esta simpática historia es algo que queda fuera de toda duda. Yo, a pesar de todo, la he disfrutado. Mucho.