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viernes, julio 21, 2017

'Dunkerque', cine bélico antológico

Hace ya casi veinte años, Steve Spielberg nos puso el pelo de punta, la piel de gallina y el corazón en la mano mostrándonos cómo era realmente la guerra. La escena inicial de Salvar al soldado Ryan, el desembarco de Normandia, cerró para siempre la imagen idealizada de la guerra de la que solo el disidente Oliver Stone se había apartado hasta entonces. La guerra producía héroes. Pero desde Ryan, hablamos de supervivientes. Y en muchos casos con unos traumas reales y realistas que hacen que este tipo de historias puedan alcanzar un impacto emocional salvaje. Pero cuesta hacerlo. Hay que tener un dominio de cine inmenso para que la guerra, algo tan desconocido para el espectador medio, nos inunde de una manera absoluta. Y Dunkerque lo hace. Mejor de lo que se podría haber soñado, siendo un ejercicio de estilo deslumbrante, que coloca a Christopher Nolan entre los más grandes, pero sin olvidar que hay mucho más detrás de los fuegos artificiales.

Sin ánimo de contar nada más, porque, como siempre, merece la pena descubrirlo todo en la pantalla (y mejor, sin duda, en la gran pantalla), Dunkerque es la historia de la evacuación de las tropas británicas desde esa localidad francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Nolan nos cuenta ese drama desde tres puntos de vista: desde la tierra, con un soldado que busca la manera de abandonar la playa; desde el mar, con los ojos de un hombre que lleva su pequeña embarcación movilizada para a los soldados de allí; y desde el aire, con un pequeño escuadrón que tiene que impedir que los cazas alemanes bombardeen a los barcos de rescate. Tres partes de un mismo relato que Nolan conjunta de una manera más emocional que temporal, modifica el encaje de los eventos para que le sirvan a los propósitos más dramáticos de una manera que encumbra el arte del montaje.

Antes ya ha encumbrado la de la dirección. Nolan es un innovador en el terreno visual, pero nunca lo había hecho como aquí desde una perspectiva tan clásica. La épica bélica que nos muestra es realista, está basada en escenarios, extras y movimientos de cámara naturales, no en efectos especiales y piruetas imposibles. No es esa la guerra que Nolan nos quiere enseñar. La suya es la de verdad, aquella en la que las balas silban sobre nuestras cabezas y provocan un ruido ensordecedor cuando se topan con un objetivo, en la que el ruido de los aviones genera pánico entre quienes no tienen dónde protegerse, en el que el agua no es más que un entorno en el que se puede morir a cada momento. Guerra, como la vivimos en Normandia de la mano de Spielberg, pero esta vez ampliada a los 106 minutos que dura Dunkerque, una duración mucho más ajustada de lo que es habitual, también para Nolan, pero que equivale a una experiencia vital antológica.

Nolan es un maestro, y merece que se le reconozca por ello. Es hábil, es eficaz, es atrevido. Pero ya, sobre todo eso, es un maestro. Cómo rueda, cómo monta, cómo dirige a un puñado de actores tan variopintos, que van desde la juventud de Fionn Whitehead a la veteranía de Kenneth Branagh o Mark Rylance, pasando por sus actores fetiche habituales como Cillian Murphy o Tom Hardy (¿cómo es humanamente posible crear un personaje tan espléndido si solo le vemos los ojos en el 90 por ciento de sus planos?). Cómo hace cine. Nolan es puro cine, y no es de extrañar que sus referentes partan del cine mudo más épico. Su cine es atemporal pero sabe aprovechar la tecnología de su tiempo para crear un espectáculo emotivo que nos enseña que el cine es mucho más que el avance técnico de turno. El cine es emoción, es inmersión, es empatía. Y eso, en Dunkerque es bestial, es una película que atrapa y no suelta hasta el final. Clásico instantáneo.

viernes, noviembre 07, 2014

'Interstellar', Nolan alcanza la cumbre de su reino

Christopher Nolan es un director que destaca por haber sabido llevar lo mejor del cine como arte a lo que se entiende por cine comercial. Esa peculiaridad hace que no todo el mundo vea con buenos ojos su trabajo, pero es difícil resistirse al enorme entretenimiento que hay en sus películas mientras él introduce elementos de mayor calado en ellas. El Caballero Oscuro y Origen eran, hasta ahora, las mejores muestra de esa fusión tan formidable que hace en su cine. Interstellar viene a sumarse a estas como la muestra más ambiciosa de su forma de entender el medio. Es, probablemente, la cumbre de su reino, porque nunca había querido mirar tan lejos. Esta vez, aunque esa forma ya explicada de hacer cine le lleve a dar las explicaciones que el cine comercial está obligado a incluir, se ha mostrado de la forma más compleja, personal y arriesgada, en una historia de ciencia ficción (por momentos dura y sin complejos) que roza las tres horas de duración, que tiene un poder hipnótico brutal y que no sólo no defrauda sino que tiene la capacidad de apasionar.

Quizá el problema con Nolan está en que siga habiendo público que no digiere bien esa forma de entender el cine espectáculo. Quizá con Interstellar haya gente que no le perdona que coquetee con tanta facilidad con el Stanley Kubrick de 2001 o el Duncan Jones de Moon como con la ciencia ficción más accesible en sus explicaciones, esa que no deja cabos sueltos para que el lector contraponga las teorías más descabelladas porque siempre hay una escena o un personaje que explica claramente lo que ha sucedido. Eso sucede en Interstellar, es indudable. ¿Minimiza eso el impacto de su cine? Probablemente no, sobre todo si se han aceptado esas normas, las mismas que Nolan ha empleado desde el comienzo de su carrera, mostrando una enorme coherencia en sus planteamientos. A partir de ahí, Nolan tiene tal dominio de todo lo que aparece en la pantalla que la inmersión en su mundo es definitiva, brutal e impresionante, hasta el punto de convertir estos 169 minutos en una experiencia extraordinaria.

Nolan es un maestro a la hora de crear universos sugerentes, y eso en Interstellar se siente desde su primer plano. Su futuro es un reto. La forma en la que lo plasma, un inmenso acierto. La película se convierte así es un estímulo constante, especialmente sensorial pero también emocional. Es cierto que la comercialidad del cine de Nolan implica ciertas concesiones. La previsibilidad es una de ellas, y es fácil intuir cuáles van a ser las explicaciones fundamentales del entramado que crea ya desde la primera media hora de la película, una vez que ha asentado el escenario y entra de lleno en el desarrollo de la historia. Pero al mismo tiempo tiene una impactante capacidad de sorprender. No necesariamente por los giros de su guión, base de un cine mucho más efectista (y por tanto vacío) que el del autor de Memento, sino por la forma en que suceden las cosas. El montaje de la película y el estímulo tanto visual como sonoro (Hans Zimmer, sublime e incluso un poco excesivo) se encargan de ello.

A partir de ahí, Interstellar sabe aprovechar un espléndido reparto, en el que hay algunas sorpresas, que está encabezado por unos fantásticos Matthew McConaughey y Anne Hathaway. Con ellos, Nolan atrapa una emoción necesaria para que la película no sea un simple ejercicio a medio camino entre Kubrick y Terrence Mallick. Y no lo es porque, hay que insistir en que siempre dentro de los parámetros de los que disfruta Nolan, el conjunto es muy atractivo. Cuando se hizo público el primer y críptico trailer de la película, ya quedó claro que debía ser el más ambicioso intento de Nolan como narrador y ahora que la cinta es ya un hecho se puede decir que los objetivos han sido más que colmados. Interstellar es una de esas piezas de ciencia ficción comercial llamadas a perdurar, en las que las normas del espectáculo cinematográfico se aplican sólo en beneficio de la historia. La portentosa habilidad visual de Nolan, su impresionante sentido del ritmo y la colección de escenas formidable completan, con algún leve defecto, un imprescindible cuadro.

viernes, julio 20, 2012

'El Caballero Oscuro. La leyenda renace', majestuoso final de una trilogía irrepetible

Cuando vi por primera vez El Caballero Oscuro me pregunté qué podría hacer Christopher Nolan para superar la que, en ese momento y todavía hoy, era la mejor película que se había hecho nunca basada en un cómic. No sé si atreverme a decir que El Caballero Oscuro. La leyenda renace supera a la segunda entrega de esta portentosa trilogía cinematográfica, realmente no lo tengo claro, pero es que tampoco hace falta esa comparación. Son películas distintas, con sensaciones diferentes y con objetivos narrativos y visuales que se complementan. Sin la anterior, ésta no existiría. Y la anterior, sin ésta, probablemente quedaría un tanto incompleta. Forman parte de un impresionante universo fílmico. Lo que sí tengo claro después de un primer visionado es que esta tercera es una película poderosísima a todos los niveles, intensa y dramática, fiel a la esencia del cómic que permite que un personaje tan conocido como Batman tenga tantas y tan diferentes interpretaciones. En lo que al cine se refiere, éste es el Batman definitivo, como el de la serie de 1992 lo es en animación. Es una maravilla irrepetible y como tal hay que recibirla y, desde ya, venerarla.

No suele ser habitual que una distribuidora pida que no se revele el final de una película. Warner lo ha hecho con ésta y es lógico y entendible, pero viene a ser una ligera contradicción con respecto a la avalancha de markéting que viene mostrando demasiado desde hace unos cuantos meses. Yo cada vez tengo más claro que trailers, reportajes y adelantos visuales, fotográficos o escritos, sólo sirven para arruinar en parte la experiencia cinematográfica tal y como la ha planteado el cineasta. A mí no me hacía falta nada de esto para convencerme de ir a ver El Caballero Oscuro. La leyenda renace. La ecuación era fácil y se sostiene por sí sola. Christopher Nolan ha conseguido que mucha gente se tome en serio las historias de un personaje de cómic. Y el cómic, nos pese lo que nos pese, sigue sin tener el reconocimiento que merece. Por eso, aunque sólo fuera por eso, Nolan es un genio. Batman Begins era una pequeña gran gozada. Pero El Caballero Oscuro llevó el juego a un nivel totalmente nuevo. Nolan hizo un clásico del siglo XXI protagonizado por un tipo con capa y un psicópata con la cara pintada de blanco. Y la gente lo entendió.

Aumentar la escala de aquello lleva por fuerza a cambiar el planteamiento otra vez. Pero las bases son las mismas. Nolan extrae lo mejor de algunas historias de cómic (no voy a decir cuáles, porque en algún caso reventaría las sorpresas del filme) y lo traslada a un universo muy personal en el que siempre hay una sensación que se apodera de la película. No es la primera vez que lo digo, pero creo que es importante insistir en que hay toda una evolución psicológica en el Batman de Nolan. Batman Begins habla del miedo, El Caballero Oscuro del caos y El Caballero Oscuro. La leyenda renace de la destrucción... y también del renacer de las cenizas. No hay más que ver el título original, The Dark Knight Rises, mucho más gráfico que la traducción al español. Para hablar de ese renacer, Nolan crea un relato épico, construye una película de guerra más que de superhéroes, con un formidable desarrollo de personajes e historia (quizá levemente ingenuo en algún momento) y un clímax final absolutamente portentoso. La trilogía de Batman de Nolan es lo mejor que se ha rodado nunca sobre un personaje de cómic. Y el final está a la altura.

Porque, a pesar de los logros de Nolan, algunas sensaciones previas eran de duda legítima. Superar El Caballero Oscuro no era tarea fácil. Hacer creíbles a Bane y Catwoman, los nuevos personajes de esta cinta, tampoco. Dar un cierre que hiciera justicia a lo anterior, mucho menos. Pero Nolan sale triunfante de todo. Tendría que haberme hecho caso a mí mismo cuando, después de ver la anterior película, me dije que Nolan tenía carta blanca para hacer lo que quisiera, porque se la había ganado. Si es que nadie ha entendido a Batman en el cine mejor que él. Si es que ha conseguido que incluso las traiciones más grandes a la literalidad de la historia del cómic, que las tiene su visión, sean más fieles al espíritu de lo que cientos de creadores han construido en las viñetas desde que Bob Kane y Bill Finger crearan al personaje en 1939 que las miradas de otros que se han erigido como adalides de esa misma fidelidad. Si lees un cómic, no encontrarás a este Bane. Ni a esta Catwoman. Ni al Joker, al Espantapájaros o al Ra's Al Ghul de las anteriores películas. Pero son ellos en esencia.

Ese es sólo uno de los méritos de Nolan, que ha sabido construir un universo cinematográfico verosímil, creíble, hermoso y violento, en una historia de unas siete horas que quita el aliento de principio a fin, hasta llegar a un final prodigioso, excelso, admirable que he hecho que el director se supere a sí mismo como director de piezas de acción. Mirar a este universo es asumir ingentes grados de genialidad a todos los niveles. Nolan es el arquitecto, pero no hay nada que no esté a la altura. El perfecto vestuario de Lindy Hemming, el maravilloso diseño de producción de Nathan Crowley y Kevin Kavanaugh, la prodigiosa excelencia de la música de Hans Zimmer (me da igual que los Oscar no le acepten por tener no sé qué porcentaje de música no original, debió ganar por El Caballero Oscuro y debería ganar por esta incomparable sinfonía de tensión y acción), la fotografía de Wally Pfister... Todo está a un nivel impresionante. Y por eso está película es un sueño hecho realidad para cualquier aficionado a los cómics de Batman. Todo funciona.

Y qué decir de los actores... Sólo los nombres ya impresionan. Es una gozada ver a Michael Caine en algunas de sus mejores escenas de los últimos años, y eso que da vida a un secundario, uno imprescindible como es Alfred pero secundario al fin y al cabo. Christian Bale es, sencillamente, el Batman definitivo. Pero también el Bruce Wayne, que encuentra un reflejo precioso en el humano policía de Joseph Gordon-Levitt. E insisto en que la literalidad del cómic no encuentra acomodo completo aquí, especialmente en su personaje. No tiene el carisma del Joker de Heath Ledger, pero Tom Hardy es un Bane impresionante que cumple todo lo que cabía esperar de él, por muchas dudas que suscitara y por mucho que se haya hablado más de si se le entiende bien (que sí, por cierto) antes que del personaje que construye. Y Anne Hathaway es perfecta para este universo de Batman. Perfecta, sencillamente perfecta, sensual y mordaz. Incluso con tacones. ¿Quién si no Christopher Nolan podía hacer que tomáramos en serio a una Catwoman que viste prácticamente igual que la de la serie de televisión de los años 60? Origen ya demostró que Nolan también era capaz de escribir buenos personajes femeninos, muy escasos en su todavía corta filmografía, pero este papel y el de Marion Cotillard (precisamente una de las actrices de Origen) son un paso más en ese sentido.

El Caballero Oscuro. La leyenda renace es una gozada. Al mismo nivel que lo fue El Caballero Oscuro, superior a lo que fue Batman Begins. Lo que está claro es que la escalada en la épica es brutal, deudora de un tipo de cine que, en realidad, hace muchas décadas que ya no se hace. También en la duración, que llega hasta los 162 minutos. Pero sobre todo en las sensaciones. Christopher Nolan ha dado dignidad a un tipo de cine del que cada vez menos gente se burla. Lo ha hecho con un respecto reverencial a personajes con décadas de existencia pero dándoles una imagen única y muy personal. Su trilogía de Batman es la obra de autor más comercial que se haya hecho nunca, porque ha conseguido ponernos de acuerdo a casi todos. Y, sí, se le pueden sacar pequeñas pegas, momentos que no todo el mundo va a comprender emocional o argumentalmente y pequeñas caídas de ritmo que habrá quien vea como defectos imperdonables. Pero el conjunto es sencillamente majestuoso, como su final, tanto el clímax como el epílogo. Es una trilogía irrepetible y se cierra como tiene que ser, a lo grande. Gracias, Mr. Nolan.

Aquí, otra reseña de El Caballero Oscuro. La leyenda renace.

lunes, julio 16, 2012

Antes de 'El Caballero Oscuro. La leyenda renace'...

El cierre de la trilogía cinematográfica que Christopher Nolan ha dedicado a Batman es, sin duda, una de las noticias de este año 2012. El estreno de El Caballero Oscuro. La leyenda renace (rocambolesco título traducido en España para el mucho más intenso The Dark Knight Rises) obliga a echar la mirada atrás, especialmente a las dos películas anteriores de la saga pero también a las anteriores miradas del cine a este personaje de cómic nacido en el año 1939. Además de los dos de Nolan, hay otros cinco largometrajes de imagen real en los que Batman salvaba Gotham City de alguna amenaza. Todos ellos tienen elementos de interés por sí solos, pero sirven para entender la grandiosidad de la labor que ha llevado a cabo el director de Origen o Memento para ofrecer un Batman imprescindible y una saga de vital importancia para entender el cine contemporáneo norteamericano.
· Batman (1966)
Poco después de su creación, Batman protagonizó dos seriales cinematográficos. Su primera versión en color se vio en la pequeña pantalla, con una serie que desató una Batmanía sin precedentes en Estados Unidos. Batman era una serie de estilo camp y burlesco, traslación distorsionadamente directa de lo que sucedía en unas viñetas lastradas por la censura, propia y ajena, que convirtió a los superhéroes en aquellos años en personajes endebles. El éxito de aquella serie hizo que, tras su primera temporada, se estrenara la película. Con el mismo tono cómico, las mismas onomatopeyas en la pantalla para ilustrar las peleas, los mismos batartilugios inverosímiles (¿cómo calificar un batspray repelente para tiburones...?) y el mismo aspecto risible de Batman y Robin, unos inolvidables Adam West y Burt Ward, la película enfrenta a los héroes nada menos que con cuatro villanos: el Joker, el Acertijo, el Pingüino y Catwoman. En ellos está lo más rescatable de una película que obliga a verla dispuesto a reírse de todo. De la bomba y del tiburón sobre todo, pero incluso de todo aquello de lo que jamás se reiría un aficionado al personaje.
· Batman (1989) / Batman vuelve (1992)
El universo de Tim Burton se cruza con el del Caballero Oscuro y el resultado tiene que ser algo sin duda peculiar. Gótico, excesivo, fantasioso, pero sumamente atractivo. El éxito del primer Batman fue inmenso. Las partes buenas del filme (el misterioso comienzo, el dramático flashback, el espectacular aunque a ratos inverosímil clímax) eclipsaron a los evidentes problemas de ritmo y de guión que arrastraba. Michael Keaton fue una elección sorprendente, por estar totalmente alejado del físico esperable para un superhéroe, pero su mirada convenció a muchos. La armadura, polémica, hizo el resto. Jack Nicholson fue un brillante pero cómico Joker. La secuela, en la que el director tuvo más libertad, es una película mucho más identificable con Tim Burton. Danny de Vito y Michelle Pfeiffer bordaron sus papeles de Pingüino y Catwoman. Para muchos, y me incluyo, esta segunda tentativa es más completa que la primera, aunque Burton subraye el papel de Batman como secundario dentro de un universo bizarro que tiene un aspecto visual distinto en las dos películas pero sencillamente formidable en ambos cosas. Y qué bonito es el Batmóvil.
· Batman Forever (1995) / Batman y Robin (1997)
Como no todo el mundo acabó contento con la visión de Tim Burton sobre Batman, se optó por un cambio de rumbo. Joel Schmacher optó por un mundo más colorista en todos los sentidos, y no sólo en lo visual. Val Kilmer parecía una mejor elección pero no terminó de convencer en Batman Forever. Chris O'Donnell se convirtió en un insufrible Robin. Schumchar optó por jokerizar los dos villanos de la función, el olvidable Dos Caras de Tommy Lee Jones y el poco soportable Enigma de Jim Carrey. Pese a todo, salió una película pasable. Lo que vino a continuación, Batman y Robin, fue sencillamemente inenarrable. Una película disparatada, mal hecha, mal interpretada, mal escrita y aburridísima, una ofensa a todos los aficionados del personaje, del cómic y del cine. Un esperpento en el que George Clonney naufragó como el peor Batman de la historia, pero menos que Arnold Schwarzenegger haciendo el ridículo como Mr. Freeze, Uma Thurman como Hiedra Venenosa o Alicia Silverstone como Batgirl. Es difícil entender cómo se puede hacer una película tan nefasta. Parecía el fin definitivo de la franquicia cinematográfica de Batman, y con razón.
· Batman Begins (2005)
Aunque no muchos se dieran cuenta en aquel momento, sobre todo antes del estreno, Christopher Nolan sentaba con Batman Begins las bases del reboot. Y consiguió algo mucho más difícil. Todos los títulos anteriores podían tener algo de Batman, pero esta película es Batman. Es la demostración de que la fidelidad que necesita una adaptación de este estilo está en el espíritu y no necesariamente en la letra. Cambia muchas cosas del cómic, pero su sinceridad es inmensa. Christian Bale se convierte de golpe en el mejor Batman y en el mejor Bruce Wayne. Batman Begins, un formidable retrato del miedo que muchos pueden subestimar por el hecho de que su protagonista lleve una capa, está plagado de imágenes inolvidables. Sólo la historia de amor, que no es precisamente el fuerte de este realizador, queda algo desdibujada, quizá también en parte debido a que Katie Holmes es el pilar más endeble de un reparto memorable en el que Liam Neeson, Cillian Murphy, Gary Oldman, Morgan Freeman y, sobre todo, Michael Caine, bordan sus papeles, haciendo crecer un muy buen guión.
· El Caballero Oscuro (2008)
Superar Batman Begins era un reto. Nolan ya había convencido y tocaba progresar. Y vaya si lo hizo. El Caballero Oscuro sigue siendo, a falta de la tercera entrega de su saga, la mejor película basada en un cómic, y eso que han proliferado en los últimos años títulos así. Si la primera estudiaba el miedo, ésta se centra en el caos, aumentando la escala de todo lo que aparece en pantalla hasta abrumar al espectador. Detenerse únicamente en el escalofriante Joker de Heath Ledger es un error tan grande como obviar el monumental Harvey Dent que crea Aaron Eckhart. La sustitución de Katie Holmes por Maggie Gyllenhaal tampoco ayudó a que su personaje mejorara, pero eso no enturbia en nada una monumanetal narración oscura, dramática, tensa, más repleta aún que el primer filme de imágenes que se fijan en la memoria. Es una película asombrosa a todos los niveles, un brutal crescendo dramático, emocional y de acción, uno de esos filmes capaces de plantear debates morales y sociales a todo aquel que esté dispuesto a mirar más allá de su envoltorio. Si la primera es sobresaliente, la segunda es sencillamente imprescindible. ¿Y la tercera...?

martes, julio 27, 2010

'Origen', o cómo Christopher Nolan confirma que es un genio

Lo malo de mostrar una primera chispa de genialidad, es que estás obligado a confirmar que eres un genio o, de lo contrario, la gente podría pensar que ese brillo inicial ha sido un golpe de suerte. No sé si después de lo que Christopher Nolan hizo con Batman (Batman begins, El Caballero Oscuro y una tercera tentrega odavía por hacer) alguien sintió algo parecido. Que Nolan estaba obligado, a pesar de tener ya un puñado de películas interesantes a sus espaldas, a demostrar que era un genio. Pues ya está, aquí lo hace. Origen es una película terriblemente fresca y original (lo que tiene mérito en sí mismo por la temática relacionada con los sueños que aborda, vista en innumerables ocasiones), magníficamente construida, con motivos más que suficientes para disfrutarla a nivel intelectual y a nivel visual, con un reparto maravilloso y con un final de los que permiten el debate durante horas. No, no es el final, es toda la película. Es una genialidad que desde ya mismo tiene un hueco entre los referentes cinematográficos de la década por su carácter único y rompedor, que nada tiene que ver, aunque lo pueda parecer, con otros títulos de temática similar.

Porque puede ser tentador relacionar Origen con Matrix (y algún día habrá que decir que Matrix no era en realidad para tanto -y si lo era, sus secuelas se encargaron de arruinarla- y que la película que se merecía toda la fama es una pequeña joya semiolvidada que se titula Dark City), pero no van por ahí los tiros. Lo que Nolan hace en Origen es construir un universo creíble, un guión completo en sí mismo y que pone el énfasis en las relaciones entre los personajes, en la psicología de los mismos, en sus sueños, miedos y anhelos. Y, sin embargo y al mismo tiempo, es un espectáculo visual de primer nivel, lleno de imágenes inolvidables (atención a la pelea en los pasillos del hotel, deslumbrante e imaginativa, que se mantendrá durante años como una referencia visual) y con un climax final muy extenso que hace gala de un montaje paralelo, de dos y tres escenarios simultáneos, que sólo se puede calificar de perfecto, tan perfecto como los flashbacks que incluye (sólo es discutible el primero, el arranque del filme, que es más efectista que efectivo). Si Nolan ya rueda bien, lo que hace en la sala de montaje es para provocar el aplauso más sincero.

No sería bueno desvelar mucho sobre el contenido de Origen. No porque sea una película que viva de su final o de alguna sorpresa tramposa (todo lo contrario, pues es una película coherente y precisa en todo lo que cuenta... ¿o no?, cabría preguntarse al final), sino porque tiene una asombrosa capacidad de enganchar al espectador en cada secuencia, en cada paso, en cada nivel, con cada imagen y con cada nota de su prodigiosa banda sonora (Hans Zimmer es ya, por derecho propio, el mejor compositor del Hollywood contemporáneo, capaz de mostrarse perfectamente reconocible y, al mismo tiempo, de dotar de una personalidad única a cada una de sus películas). Casi llega a las dos horas y media, pero todo se pasa en un suspiro. Y pide a gritos un segundo visionado. Y un tercero. No porque no se haya entendido, no. Nolan hace un cine inteligente y apela al debate, pero da todo lo que tiene, no se guarda nada. La lectura sólo depende del espectador, que tendrá que decidir qué piensa cuando la pantalla se quede en negro después de un tan inquietante como magnífico plano final.

Y lo bueno es que no hace falta ni siquiera tomar una decisión sobre el sueño o la resolución. La duda también puede enamorar al espectador de Origen. Tanto como el magnífico trabajo de todo su reparto. Leonardo DiCaprio mantiene ticks que asemejan demasiado todos sus papeles, pero su esfuerzo por hacer personajes intrigantes y diferentes es notable. Ken Watanabe aporta la misma sobriedad de siempre, igual que Michael Caine en su reducidísimo papel. Como Cillian Murphy, de nuevo brillante, Caine lleva camino de convertirse en un fijo en el cine de Nolan. Ellen Page cautiva, y lo hace porque ha sabido alejarse aquí de Juno. Marion Cotillard, casi sin quererlo (o eso es lo que hay que creer), se convierte en el centro psicológico de la película. Joseph Gordon-Lewitt es la revelación de la película (aunque tiene ya una larga carrera, se le vio en G.I.Joe o 500 días juntos). Y se agradece que Nolan siga rescatando rostros conocidos de los años 80, en esta ocasión con un papel para Tom Berenger (del mismo modo que hizo con Rutger Hauer en Batman begins). Todos componen un reparto brillante, creíble y muy acertado.

Origen se convierte en una película única porque es imposible clasificarla. Se mueve de maravilla en todos los terrenos y escenarios. Nada resulta artificial, nada se ve inverosímil. Salta con una precisión envidiable de Mombasa a París, de una persecución en el asfalto a una escena romántica, del más puro cine de acción a la mejor intriga psicológica, de una imagen a cámara lenta a un plano tan veloz como imposible sobre el papel. Christopher Nolan demuesrta que es un genio, sí. Y Origen que todavía es posible hacer un cine diferente, rebosante de imaginación y talento, que perdurará en el tiempo por lo que es, por lo que cuenta y por lo que representa y no por una moda pasajera. Es maravilloso entrar en una sala de cine y encontrarse con un prodigio así. Si Nolan ya había hecho que me preguntara qué demonios va a ser capaz de hacer para superar El Caballero Oscuro, y sin por ello dejar de esperar con ansia su tercera película sobre Batman, ahora ya me pregunto dónde está el límite de este director. Veré cada una de sus próximas películas con esa pregunta en la mente. Y ojalá tardemos mucho en ver ese límite.

Origen se estrena el 6 de agosto.

miércoles, agosto 13, 2008

Del miedo en 'Batman begins' al caos en 'El Caballero Oscuro'

La saga de Batman pasa del miedo al caos. Batman begins era un estudio sobre el miedo: como base de nuestras acciones e indecisiones, el pánico a lo desconocido y al futuro, las fobias personales que se pueden y no se pueden superar. El Caballero Oscuro es, en cambio, un estudio sobre el caos. El caos como motor del universo, como destructor de la justicia, como el quebranto de la voluntad, como corruptor de los justos. ¿Y qué fuerza del caos puede ofrecer el cómic más poderosa que el Joker? Si en Batman begins la elección por el Espantapájaros era obvia, mucho más la del Joker para su secuela. Caos, puro caos descontrolado es lo que ofrece el Joker que interpreta Heath Ledger.

La presencia del Joker provoca un considerable aumento de la violencia de la película. Mucho más psicológica que visual, pero violencia al fin y al cabo (la prodigiosa partitura de Hans Zimmer y James Newton Howard contribuye a dar una fuerza casi sobrenatural al Joker). Para Ra’s Al Ghul, el villano central de Batman begins, lo importante era el objetivo. Para el Joker, lo básico es cómo llega a ese objetivo. El Joker disfruta con cada pequeña atrocidad que comete, con cada macabro juego que ofrece, con cada manipulación de peones que lleva a cabo, con cada mentira que usa para pervertir a los héroes.

Esa es la primera diferencia temática que se puede encontrar entre las dos películas que Christopher Nolan ha realizado sobre Batman, pero en absoluto la única. Pese al dominio del caos, y en contra de lo que sucedió en la tetralogía anterior (de Tim Burton y Joel Schumacher), el personaje central de la película es el Señor de la Noche. En Batman begins, se hablaba de su miedo, pero también de su nacimiento (de ahí el título) y aprendizaje. Aquí se pasa al desarrollo de su lucha contra el crimen. Hay dudas, pero no son esenciales. Lo capital en esta secuela es la búsqueda de los límites. ¿Hasta dónde se puede llegar para luchar contra el crimen? ¿Qué clase de héroe necesita el mundo moderno como salvador? Esas son las preguntas que plantea El Caballero Oscuro.

El debate sobre la identidad del héroe encuentra un refuerzo magnífico en la inclusión de Harvey Dent. El fiscal del distrito que promete ser la imagen de una Gotham libre de violencia y corrupción y su lucha contra su yo más oscuro, el que permanece oculto bajo la semblanza del caballero brillante que llega al rescate de toda una ciudad. Su reflexión sobre el heroísmo (“o mueres como un héroe o vives lo suficiente como para convertirte en el villano”) es quizá el análisis más certero y brillante sobre la sociedad actual que se haya hecho en una película del subgénero de superhéroes de cómic. La presencia de Alfred y Lucius Fox actúa como catalizador de la conciencia de Batman. Son sus guías, quienes le marcan esos límites que el héroe no puede sobrepasar. Entre otros aspectos, su éxito o su fracaso determinará la clase de héroe que es Batman.

Formalmente, la diferencia entre ambas películas es obvia. Batman begins tenía una estructura clásica de tres actos. En el primero, Bruce Wayne aprendía lo necesario para cumplir la promesa realizada s sus padres asesinados y enfrentarse al crimen de Gotham. En el segundo, se presentaba en su ciudad y Batman conocía sus posibilidades y a sus enemigos. En el tercero, el héroe lucha por salvar a la ciudad de la destrucción. El Caballero Oscuro rompe por completo con esa estructura clásica. ¿El motivo? El caos, obviamente. Lo temático trasciende a lo formal. Muchos momentos climáticos, muchos personajes con su momento estelar, muchas aparentes resoluciones que abren nuevos dilemas. Y, eso sí, un final impresionante.

Y para quien quiera profundizar en las diferencias visuales, lo primero que hay que decir es que El Caballero Oscuro es una película esencialmente urbana. Salvo un pequeño paréntesis, Gotham es la estrella. En Batman begins no vemos Gotham en todo su esplendor hasta el segundo acto (al menos la Gotham decadente en la que se mueve Batman), y el primero se desarrolla en un ambiente radicalmente distinto al de la ciudad. Las diferencias en el traje de Batman son sutiles, pero muy apreciables. Tanto que se explican en la propia película y pasan, sobre todo, por una mayor movilidad en el cuello. En la primera película ya era mucho menos rígido que en las cuatro anteriores, pero en ésta alcanza sus máximas posibilidades. Y, por supuesto, tenemos un cambio de vehículo, pero no por ello dejamos de ver el espléndido Batmóvil creado para Batman begins.

El Caballero Oscuro llega hoy a España convertida ya en la tercera película que más dinero ha recaudado en Estados Unidos, nada menos que 441,5 millones de dólares. Por encima sólo tiene a La guerra de las galaxias (461 millones) y Titanic (600 millones). En el mercado internacional, y sin haberse estrenado todavía en muchos países, como el nuestro, ya lleva recaudados otros 263 millones, para un total de 704,5 millones de dólares. Y otro hito de taquilla. Hacía nada menos que cuatro años y medio que una película no encabezaba el ranking de taquilla durante cuatro semanas consecutivas. Tras su estreno en diciembre de 2003 lo hizo El retorno del Rey, la tercera y última entrega de El Señor de los Anillos.

martes, julio 22, 2008

'El Caballero Oscuro', sencillamente insuperable

El Caballero Oscuro es la mejor adaptación cinematográfica que jamás se ha hecho de un cómic. Así, sin más, sin medias tintas, sin ambigüedades de ningún tipo. Es la mejor. De largo. Pero no es sólo eso. Es también una de las películas más rompedoras, salvajes, perturbadoras, dramáticas y revolucionarias que se han hecho en años. Habrá quien piense que exagero por estar hablando de cine de superhéroes. Yo lo que pienso es que muchos caerán en el error de menospreciar este filme por el hecho de que su protagonista lleve una capa y una capucha, por su origen en las viñetas y porque el merchandising sea para algunos ejecutivos más importante que la propia película. Pero los 150 minutos de El Caballero Oscuro son el mejor ejemplo de cómo llevar el cine de acción a sus límites y sobrepasarlos, de cómo poner la historia y los personajes por encima de la espectacularidad visual y logren que ambos sean sobresalientes, en definitiva de cómo hacer cine, magnífico cine.

Hace sólo tres años, Christopher Nolan construyó un nuevo universo cinematográfico para Batman. Lo hizo anclado en la realidad y respetando la esencia más fantasiosa del personaje que durante décadas ha crecido en el cómic. Hubo casi completa unanimidad en reconocer Batman Begins como el mejor filme que se había hecho nunca de uno de los héroes más destacados de DC Comics y uno de los mejores con un superhéroe como protagonista. Tres años después, Nolan ha roto, para bien, todas las fronteras que podía tener ese universo. Ha rebasado todos los límites narrativos, visuales y de personajes que podía haberse marcado con su primera incursión en este mundo. Ha ofrecido lo que parecía imposible y ha superado las altísimas expectativas que había puestas en esta secuela, demostrando que se puede hacer cine del bueno dentro de un subgénero como el de superhéroes y en una segunda parte.

Lleva el cine norteamericano ya unos cuantos intentos de demostrar que ha superado el impacto psicológico del 11-S. Todo lo anterior eran fuegos artificiales en comparación con lo que ofrece El Caballero Oscuro. Y (casi) todo eso es gracias a una espeluznante composición del Joker. Heath Ledger se despidió a lo grande del mundo del cine. Es inútil trazar comparaciones entre su personaje y el Joker que hizo Jack Nicholson para el Batman de Tim Burton. Aquel nadaba en un mundo de fantasía y éste lo hace en uno realista. Los dos son sencillamente perfectos. Pero el terror que desprende la risa psicopática de Ledger no tiene igual. Ledger borda su papel en todos los sentidos. Nolan ha sabido entender al personaje como muy pocos lo han hecho. Entre ambos, han tejido una criatura siniestra, perversa, psicótica y malévola, sin por ello renunciar al toque cómico que siempre ha tenido el payaso príncipe del crimen. Un retrato inolvidable.

Christian Bale, que ya se había convertido en el Batman perfecto en la primera película de la saga, progresa en el personaje de forma tan natural como magistral. Es Más Bruce Wayne que hace tres años y es más Batman que hace tres años. Su juego con la voz, ayudado seguramente por la tecnología digital, es portentoso. Y, como en el caso del Joker, lleva su papel al extremo en todos los sentidos. Eso es algo que en este tour de force cinematográfico hacen todos los actores, desde Michael Caine y Morgan Freeman repitiendo sus roles de Batman Begins, hasta los nuevos Aaron Heckhart (magnífico como Harvey Dent a lo largo de todas las etapas de su personaje) y Maggie Gyllenhaal (dejando a la altura del betún a su predecesora en el papel de ayudante del fiscal, Katie Holmes). Decir más de cualquiera de ellos supone arruinar las sorpresas de la película, muchas, brillantes y que, afortunadamente, esta vez la promoción no se ha encargado de frustrar.

Otro de los prodigios que acomete con nota Christopher Nolan es la destrucción literal de la estructura cinematográfica tal y como la conocemos. "Bienvenido a un mundo sin reglas", dice el eslogan de la película. Y es cierto, tanto en la forma como en el fondo de la película. Nolan pasa del instante más brillante al plano más oscuro, de la comedia más inteligente al drama más terrorífico, de una historia de mafia a otra psicópatas. ¿Introducción, nudo y desenlace? ¿Para qué? Su historia va mucho más allá y vive media hora de introducción y dos horas de clímax. Hay tantos momentos que colocan al espectador en el borde de la butaca, que uno pierde la cuenta con facilidad. Y por eso la sensación de montaña rusa es constante. No hay bajones en el ritmo, hay un crescendo impresionante, un guión memorable y una actuaciones irrepetibles. Y todo ello lo consigue Nolan sin perder la perspectiva clásica que tiene su encuadre, sin volverse loco buscando la pirueta imposible, primando la historia por encima de todo lo demás.

Estamos ante una joya, ante uno de los títulos más importantes de la década. Las dos horas y media de El Caballero Oscuro no se contemplan. Se devoran. El poder hipnótico que tiene esta película hacía mucho que no se veía en una pantalla. La fuerza de los personajes de esta durísima historia de terror urbano, tampoco. Sencillamente, una película grandiosa que ya tiene un hueco en la historia del cine. Como decía, habrá quien piense que exagero. Pero son tantos los momentos de El Caballero Oscuro que se me han quedado grabados para siempre en la retina, que decir menos de lo que he dicho sería no hacer justicia a lo que acabo de ver. Ya estoy deseando volver a verla.

Nota: Por desgracia, en España no se podrá ver la película hasta el 13 de agosto. Hoy se han celebrado pases para la prensa tanto en Madrid como en Barcelona, y yo he sido uno de los afortunados que ha podido estar en el primero.

viernes, febrero 16, 2007

Batman ya tiene a Dos Caras: Aaron Eckhart

La nueva entrega cinematográfica de Batman va completando su reparto. El último nombre que se ha añadido es el de Aaron Eckhart, que dará vida al fiscal del distrito Harvey Dent y su posterior alter ego diabólico, Dos Caras. Este villano ya apareció en Batman Forever, interpretado por Tommy Lee Jones, y Dent apareció en el primer Batman de Tim Burton, con el rostro de Billy Dee Williams. En el cómic, la vida del fiscal Dent cambia por completo cuando un mafioso le arroja ácido en la mitad de su rostro durante un juicio. Su mente sufre un colapso y se divide. Se convierte en Dos Caras, un personaje que toma todas sus decisiones en función de lo que decida una moneda. Si sale el lado marcado, dominan sus pensamientos más malvados. Si sale la cara buena, la justicia en la que creía Harvey Dent prevalece. Cuando Bob Kane creó al personaje lo que buscaba era una especia de Doctor Jekyll y Mister Hyde moderno.
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Aaron Eckhart, nacido en California, cumplirá 29 años el próximo mes. Hasta ahora no ha tenido demasiados grandes papeles, aunque el año pasado Brian de Palma le dio uno de los principales papeles de La Dalia Negra. No deja de ser curioso que Darren Aronofsky le quisiera para interpretar al Comisario Gordón en su proyecto de Batman: Año Uno que nunca llegó a realizarse. Entre sus películas más destacadas se encuentran Gracias por fumar, Persiguiendo a Betty, Erin Brokovich o Un domingo cualquiera.
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Christopher Nolan comenzará en breve a rodar la continuación de Batman Begins, que tendrá el sugerente título de The Dark Knight. Christian Bale volverá a enfudarse el manto del murciélago, y junto a él repetirán en el reparto Gary Oldman (Gordon), Michael Caine (Alfred) y Morgan Freeman (Lucius Fox). Quien no seguirá en la saga es Katie Holmes (aunque su personaje, la fiscal Rachel Dowes, sí aparecerá con el rostro de otra actriz que todavía no ha sido escogida). El papel del Joker, que bordara Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton, lo interpretará en esta ocasión Heath Ledger, una elección arriesgada y alejada de la imagen tradicional del villano más representativo del universo de Batman. El buen hacer de Nolan en Batman Begins, donde demostró que entendía al personaje de maravilla, le garantiza mi entrada para esta secuela.