Mostrando entradas con la etiqueta Heath Ledger. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Heath Ledger. Mostrar todas las entradas

miércoles, agosto 13, 2008

Del miedo en 'Batman begins' al caos en 'El Caballero Oscuro'

La saga de Batman pasa del miedo al caos. Batman begins era un estudio sobre el miedo: como base de nuestras acciones e indecisiones, el pánico a lo desconocido y al futuro, las fobias personales que se pueden y no se pueden superar. El Caballero Oscuro es, en cambio, un estudio sobre el caos. El caos como motor del universo, como destructor de la justicia, como el quebranto de la voluntad, como corruptor de los justos. ¿Y qué fuerza del caos puede ofrecer el cómic más poderosa que el Joker? Si en Batman begins la elección por el Espantapájaros era obvia, mucho más la del Joker para su secuela. Caos, puro caos descontrolado es lo que ofrece el Joker que interpreta Heath Ledger.

La presencia del Joker provoca un considerable aumento de la violencia de la película. Mucho más psicológica que visual, pero violencia al fin y al cabo (la prodigiosa partitura de Hans Zimmer y James Newton Howard contribuye a dar una fuerza casi sobrenatural al Joker). Para Ra’s Al Ghul, el villano central de Batman begins, lo importante era el objetivo. Para el Joker, lo básico es cómo llega a ese objetivo. El Joker disfruta con cada pequeña atrocidad que comete, con cada macabro juego que ofrece, con cada manipulación de peones que lleva a cabo, con cada mentira que usa para pervertir a los héroes.

Esa es la primera diferencia temática que se puede encontrar entre las dos películas que Christopher Nolan ha realizado sobre Batman, pero en absoluto la única. Pese al dominio del caos, y en contra de lo que sucedió en la tetralogía anterior (de Tim Burton y Joel Schumacher), el personaje central de la película es el Señor de la Noche. En Batman begins, se hablaba de su miedo, pero también de su nacimiento (de ahí el título) y aprendizaje. Aquí se pasa al desarrollo de su lucha contra el crimen. Hay dudas, pero no son esenciales. Lo capital en esta secuela es la búsqueda de los límites. ¿Hasta dónde se puede llegar para luchar contra el crimen? ¿Qué clase de héroe necesita el mundo moderno como salvador? Esas son las preguntas que plantea El Caballero Oscuro.

El debate sobre la identidad del héroe encuentra un refuerzo magnífico en la inclusión de Harvey Dent. El fiscal del distrito que promete ser la imagen de una Gotham libre de violencia y corrupción y su lucha contra su yo más oscuro, el que permanece oculto bajo la semblanza del caballero brillante que llega al rescate de toda una ciudad. Su reflexión sobre el heroísmo (“o mueres como un héroe o vives lo suficiente como para convertirte en el villano”) es quizá el análisis más certero y brillante sobre la sociedad actual que se haya hecho en una película del subgénero de superhéroes de cómic. La presencia de Alfred y Lucius Fox actúa como catalizador de la conciencia de Batman. Son sus guías, quienes le marcan esos límites que el héroe no puede sobrepasar. Entre otros aspectos, su éxito o su fracaso determinará la clase de héroe que es Batman.

Formalmente, la diferencia entre ambas películas es obvia. Batman begins tenía una estructura clásica de tres actos. En el primero, Bruce Wayne aprendía lo necesario para cumplir la promesa realizada s sus padres asesinados y enfrentarse al crimen de Gotham. En el segundo, se presentaba en su ciudad y Batman conocía sus posibilidades y a sus enemigos. En el tercero, el héroe lucha por salvar a la ciudad de la destrucción. El Caballero Oscuro rompe por completo con esa estructura clásica. ¿El motivo? El caos, obviamente. Lo temático trasciende a lo formal. Muchos momentos climáticos, muchos personajes con su momento estelar, muchas aparentes resoluciones que abren nuevos dilemas. Y, eso sí, un final impresionante.

Y para quien quiera profundizar en las diferencias visuales, lo primero que hay que decir es que El Caballero Oscuro es una película esencialmente urbana. Salvo un pequeño paréntesis, Gotham es la estrella. En Batman begins no vemos Gotham en todo su esplendor hasta el segundo acto (al menos la Gotham decadente en la que se mueve Batman), y el primero se desarrolla en un ambiente radicalmente distinto al de la ciudad. Las diferencias en el traje de Batman son sutiles, pero muy apreciables. Tanto que se explican en la propia película y pasan, sobre todo, por una mayor movilidad en el cuello. En la primera película ya era mucho menos rígido que en las cuatro anteriores, pero en ésta alcanza sus máximas posibilidades. Y, por supuesto, tenemos un cambio de vehículo, pero no por ello dejamos de ver el espléndido Batmóvil creado para Batman begins.

El Caballero Oscuro llega hoy a España convertida ya en la tercera película que más dinero ha recaudado en Estados Unidos, nada menos que 441,5 millones de dólares. Por encima sólo tiene a La guerra de las galaxias (461 millones) y Titanic (600 millones). En el mercado internacional, y sin haberse estrenado todavía en muchos países, como el nuestro, ya lleva recaudados otros 263 millones, para un total de 704,5 millones de dólares. Y otro hito de taquilla. Hacía nada menos que cuatro años y medio que una película no encabezaba el ranking de taquilla durante cuatro semanas consecutivas. Tras su estreno en diciembre de 2003 lo hizo El retorno del Rey, la tercera y última entrega de El Señor de los Anillos.

martes, julio 22, 2008

'El Caballero Oscuro', sencillamente insuperable

El Caballero Oscuro es la mejor adaptación cinematográfica que jamás se ha hecho de un cómic. Así, sin más, sin medias tintas, sin ambigüedades de ningún tipo. Es la mejor. De largo. Pero no es sólo eso. Es también una de las películas más rompedoras, salvajes, perturbadoras, dramáticas y revolucionarias que se han hecho en años. Habrá quien piense que exagero por estar hablando de cine de superhéroes. Yo lo que pienso es que muchos caerán en el error de menospreciar este filme por el hecho de que su protagonista lleve una capa y una capucha, por su origen en las viñetas y porque el merchandising sea para algunos ejecutivos más importante que la propia película. Pero los 150 minutos de El Caballero Oscuro son el mejor ejemplo de cómo llevar el cine de acción a sus límites y sobrepasarlos, de cómo poner la historia y los personajes por encima de la espectacularidad visual y logren que ambos sean sobresalientes, en definitiva de cómo hacer cine, magnífico cine.

Hace sólo tres años, Christopher Nolan construyó un nuevo universo cinematográfico para Batman. Lo hizo anclado en la realidad y respetando la esencia más fantasiosa del personaje que durante décadas ha crecido en el cómic. Hubo casi completa unanimidad en reconocer Batman Begins como el mejor filme que se había hecho nunca de uno de los héroes más destacados de DC Comics y uno de los mejores con un superhéroe como protagonista. Tres años después, Nolan ha roto, para bien, todas las fronteras que podía tener ese universo. Ha rebasado todos los límites narrativos, visuales y de personajes que podía haberse marcado con su primera incursión en este mundo. Ha ofrecido lo que parecía imposible y ha superado las altísimas expectativas que había puestas en esta secuela, demostrando que se puede hacer cine del bueno dentro de un subgénero como el de superhéroes y en una segunda parte.

Lleva el cine norteamericano ya unos cuantos intentos de demostrar que ha superado el impacto psicológico del 11-S. Todo lo anterior eran fuegos artificiales en comparación con lo que ofrece El Caballero Oscuro. Y (casi) todo eso es gracias a una espeluznante composición del Joker. Heath Ledger se despidió a lo grande del mundo del cine. Es inútil trazar comparaciones entre su personaje y el Joker que hizo Jack Nicholson para el Batman de Tim Burton. Aquel nadaba en un mundo de fantasía y éste lo hace en uno realista. Los dos son sencillamente perfectos. Pero el terror que desprende la risa psicopática de Ledger no tiene igual. Ledger borda su papel en todos los sentidos. Nolan ha sabido entender al personaje como muy pocos lo han hecho. Entre ambos, han tejido una criatura siniestra, perversa, psicótica y malévola, sin por ello renunciar al toque cómico que siempre ha tenido el payaso príncipe del crimen. Un retrato inolvidable.

Christian Bale, que ya se había convertido en el Batman perfecto en la primera película de la saga, progresa en el personaje de forma tan natural como magistral. Es Más Bruce Wayne que hace tres años y es más Batman que hace tres años. Su juego con la voz, ayudado seguramente por la tecnología digital, es portentoso. Y, como en el caso del Joker, lleva su papel al extremo en todos los sentidos. Eso es algo que en este tour de force cinematográfico hacen todos los actores, desde Michael Caine y Morgan Freeman repitiendo sus roles de Batman Begins, hasta los nuevos Aaron Heckhart (magnífico como Harvey Dent a lo largo de todas las etapas de su personaje) y Maggie Gyllenhaal (dejando a la altura del betún a su predecesora en el papel de ayudante del fiscal, Katie Holmes). Decir más de cualquiera de ellos supone arruinar las sorpresas de la película, muchas, brillantes y que, afortunadamente, esta vez la promoción no se ha encargado de frustrar.

Otro de los prodigios que acomete con nota Christopher Nolan es la destrucción literal de la estructura cinematográfica tal y como la conocemos. "Bienvenido a un mundo sin reglas", dice el eslogan de la película. Y es cierto, tanto en la forma como en el fondo de la película. Nolan pasa del instante más brillante al plano más oscuro, de la comedia más inteligente al drama más terrorífico, de una historia de mafia a otra psicópatas. ¿Introducción, nudo y desenlace? ¿Para qué? Su historia va mucho más allá y vive media hora de introducción y dos horas de clímax. Hay tantos momentos que colocan al espectador en el borde de la butaca, que uno pierde la cuenta con facilidad. Y por eso la sensación de montaña rusa es constante. No hay bajones en el ritmo, hay un crescendo impresionante, un guión memorable y una actuaciones irrepetibles. Y todo ello lo consigue Nolan sin perder la perspectiva clásica que tiene su encuadre, sin volverse loco buscando la pirueta imposible, primando la historia por encima de todo lo demás.

Estamos ante una joya, ante uno de los títulos más importantes de la década. Las dos horas y media de El Caballero Oscuro no se contemplan. Se devoran. El poder hipnótico que tiene esta película hacía mucho que no se veía en una pantalla. La fuerza de los personajes de esta durísima historia de terror urbano, tampoco. Sencillamente, una película grandiosa que ya tiene un hueco en la historia del cine. Como decía, habrá quien piense que exagero. Pero son tantos los momentos de El Caballero Oscuro que se me han quedado grabados para siempre en la retina, que decir menos de lo que he dicho sería no hacer justicia a lo que acabo de ver. Ya estoy deseando volver a verla.

Nota: Por desgracia, en España no se podrá ver la película hasta el 13 de agosto. Hoy se han celebrado pases para la prensa tanto en Madrid como en Barcelona, y yo he sido uno de los afortunados que ha podido estar en el primero.

jueves, enero 24, 2008

El Joker ha muerto


Se me hace raro decir que el Joker ha muerto cuando ni siquiera he visto la película en la que aparecerá el personaje. Pero es muy propio del mundo cómic la muerte del villano. Y es muy propio de la vida real la muerte de un actor joven, con un futuro prometedor, en circunstancias extrañas. No seré yo quien diga que Heath Ledger se ha suicidado a base de pastillas. No voy a caer en ese sensacionalismo tan sencillo para el periodismo de hoy en día porque no tengo ni la más remota idea de lo que rondaba la cabeza de Heath Ledger antes de echarse a dormir para siempre. Pero el caso es que ha muerto. Y, como se dice por ahí, lo único que no tiene solución es la muerte.

Cuando oí que Christopher Nolan había escogido a Heath Ledger para encarnar al Joker en The Dark Knight no le había visto en ninguna película. La elección me sorprendió, me pareció bastante insólita y a priori muy alejada del concepto del personaje, pero no podía juzgar al actor. Eso sí, confiaba en Nolan. Lo que hizo en Batman begins fue espectacular y tenía carta blanca, al menos por parte de este fan absoluto del universo de Batman, para encarar la secuela como quisiera. Todavía no hemos podido ver a Ledger y ya se nos ha muerto. Qué injusto.

Ni siquiera una veintena de películas nos ha dejado Heath Ledger. Yo sólo le he visto en dos. Quería conocer al Joker antes de verle en la pantalla, claro. Me gustó mucho, a pesar de lo breve de su papel, en Monster's ball. Me gustó aún más en Brokeback Mountain, papel que le valió una nominación al Oscar, estatuilla que le arrebató Philip Seymour Hoffman por Truman Capote. En ambas me pareció un actor muy interesante, capaz de muchos y variados registros, y por eso me apetecía verle en un papel tan distinto a todos los que había hecho como el de Joker. Y será la última vez que le vea. Qué lástima.

Rápidamente han surgido recuerdos de otros casos. Hay quien se acordó de James Dean. Hay quien pensó en River Phoenix. Desde que me enteré de su muerte, y precisamente pensando en su imagen como el Joker, no me quito de la cabeza a Brandon Lee, que murió durante el rodaje de El Cuervo. Lee y Ledger nos dejarán para el recuerdo su cara pintada de blanco dando vida a un personaje del mundo del cómic. Qué irónico es el mundo del cine de vez en cuando...