La película olímpica por excelencia sigue a dos atletas británicos, uno judío y el otro cristiano, antes de su participación en los Juegos de 1924. Ver a alguien en el cine compitiendo en atletismo sin la música de Vangelis ya no tiene sentido después de esta película. En pantalla vemos a los atletas en carreras de 100 y 400 metros. Un filme académico, muy británico, algo frío, pero que consiguió nada menos que cuatro Oscar, incluyendo el de mejor película.
Tom Cruise tratando de ganar las carreras de la Nascar. Un guión simple se convierte en un muy buen entretenimiento, gracias sobre todo al buen hacer en la dirección de Tony Scott (el hermano de Ridley) y unas interpretaciones convincentes de Cruise, Robert Duvalll y Nicole Kidman. A todo buen piloto hay que encontrarle un rival a muerte, y aquí lo interpreta Cary Elwes. Hans Zimmer pone la música necesaria para que nos importe de verdad quién gane la Nascar.BALONCESTO: Hoosiers
Hablar de Indiana es hablar de baloncesto. Gene Hackman borda su papel de entrenador polémico ante su última oportunidad de triunfar, magníficamente acompañado por Dennis Hopper (nominado al Oscar) y Barbara Hershey. El baloncesto universitario nunca encontrará mejor retrato que el de Hoosiers, una película brillante y emocionante (a lo que contribuye la inolvidable música de Jerry Goldsmith). Es precioso comprobar en esta película cómo ha cambiado el baloncesto, viendo partidos sin línea de tres o con tiros libre a cucharón.
Robert Redford da vida a un joven y prometedor jugador de béisbol. Cuando consigue una prueba para hacerse profesional, su vida se ve truncada por un trágico suceso. Años después, cuando muchos jugadores pensarían en la retirada, él hace realidad su sueño y debuta en la Liga americana, convirtiéndose en una estrella que nadie sabe de dónde ha aparecido. Una muy apreciable película de Barry Levinson que, eso sí, cambia por completo el final de la novela en la que se basa.BOXEO: Rocky
Siempre ha atraído el boxeo al cine americano (un ejemplo más reciente y notable es Cinderella Man). Rocky aprovechó esa corriente y convirtió en estrella a Sylvester Stallone, protagonista y guionista (y ganó el Oscar por su libreto; Rocky también el de mejor película). El combate contra Apollo Creed, un número uno contra un boxeador desconocido y sin futuro, forma parte del imaginario de quienes crecimos en los 80, como también las escaleras que todos queremos subir corriendo en Filadelfia algún día. La saga se alargó hasta la sexta entrega, el pasado año. Y fue una pequeña gozada volver a ver a Rocky.A falta de una película definitiva sobre el deporte rey en España, nos conformaremos con la bonita excusa con la que John Huston montó un filme sobre la Segunda Guerra Mundial. Unos prisioneros aliados intentan escapar del cautiverio nazi aprovechando un partido de fútbol organizado en París por la propaganda alemana. Sólo por ver jugar a Pelé o Ardiles ya merecía la pena este título. Pero tener a Stallone de portero (se rompió un dedo parando un tiro de Pelé) es algo que no tiene precio.
FÚTBOL AMERICANO: Un domingo cualquiera
Oliver Stone se acercó al fútbol americano desde casi todos los ángulos posibles en una sola película que quiso sentar las bases para siempre de la aproximación cinematográfica a este deporte (el título bien podría ser el de la película definitiva sobre el fútbol). Su ambicioso plan se queda a medias, pero la película entretiene. Al Pacino convence pero no enamora como entrenador, Cameron Díaz deja más dudas como directiva. El reparto, brillante, incluye a James Woods, Dennis Quaid o Jamie Foxx. Una curiosidad.
KARATE: Karate Kid
Un torneo de karate para menores de 18 años es la excusa para una de las películas juveniles más populares de los 80. Ralph Macchio se hizo efímera estrella con esta saga (la cuarta película no contaba ya con él como aprendiz, sino con Hilary Swank), innecesaria pero productivamente alargada. ¿Quién no se acuerda del “dar cera, pulir cera” del maestro Miyagi que interpretó Pat Morita? Una jovencísima Elisabeth Shue era la imprescindible e inevitable chica en esta entretenida historia de adolescentes.
Nada menos que un tenista es uno de los dos protagonistas de una de las maravillas de misterio de Hitchcock. Su mujer no le concede el divorcio a pesar de haberle dejado y no puede casarse con su nueva prometida. Un extraño le ofrece la solución: intercambiar asesinatos para que nadie sospeche de ellos. Durante el partido de tenis, descubrimos lo inquietante que puede llegar a ser que un espectador no haga el giro habitual de cuello siguiendo la pelota de un campo a otro. El tenis es sólo una excusa para Hitch, pero aparece.
TIRO CON ARCO: Robin de los bosques
¿No era Robin Hood el mejor arquero de todos los tiempos? Pues lo tenía que demostrar en una competición, y el Príncipe Juan de Claude Rains se la brindó. Para capturarle, claro, pero se la brindó. Errol Flynn se convirtió en el Robin Hood definitivo (sobra decir que él no disparó las flechas más certeras, eso lo hizo el arquero Howard Hill) y Olivia de Havilland en la Lady Marian de nuestros corazones. Esta maravillosa película bien podría haber servido como ejemplo de esgrima, gracias al magnífico combate de espadas con Basil Rathbone.





























