martes, mayo 27, 2008

Sydney Pollack: director de actores, productor comprometido, secundario de lujo

Otro gran nombre del Hollywood de los años 70 y 80 nos deja. Sydney Pollack ha muerto a los 73 años de edad, víctima de un cáncer. Fue actor, productor y director. Fue un cineasta. Fue un auténtico hombre de cine Sus películas de hace dos décadas forman parte del imaginario cinematográfico de varias generaciones. Sus últimos recuerdos son como actor secundario. Ganó dos Oscar, ambos por Memorias de África, como director y productor. Fue nominado por otras dos de sus películas como director, Danzad, danzad, malditos y Tootsie, y una vez más como productor, por Michael Clayton.

La última imagen que tengo de él es, precisamente, como actor secundario en Michael Clayton, la notable película de Tony Gilroy, donde daba toda una lección de interpretación en sus pocos minutos en pantalla frente a George Clooney. Casualidades de la vida, este viernes se estrena en España la última película en la que trabajo delante de las cámaras, La boda de mi novia. Prefiero recordarle, sin duda, por Michael Clayton, por Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick, o El juego de Hollywood, de Robert Altman.

Detrás de la cámara, Pollack era, por encima de todo, un director de actores. Hasta doce consiguieron una nominación al Oscar trabajando en sus películas, y dos de ellos ganaron el premio (Gig Young por Danzad, danzad, malditos y Jessica Lange por Tootsie). Le gustaba trabajar con estrellas, sabía hacerlo y consiguió entablar una amistad duradera con alguno, como Robert Redford Y, a pesar de todo, la fase que más le gustaba de rodar una película era el montaje. "Porque estoy solo y no tengo la necesidad de organizar a tanta gente. El montaje es casi como dar forma o continuar el proceso de escritura", explicaba este cineasta hace años.

Resulta curioso comprobar que en televisión, en su juventud, dirigió episodios de series tan recordadas hoy como La hora de Alfred Hitchcock o El fugitivo. De esa faceta, recuerdo con especial cariño la película Ausencia de malicia, quizá porque tiene el periodismo como telón de fono. Su último trabajo como realizador fue La intérprete, la primera película que se pudo rodar dentro del edificio de Naciones Unidas en Nueva York. Como productor, abanderó proyecto comprometidos e importantes, desde su debut con Yakuza a Michael Clayton, pasando por Cold Mountain, El talento de Mister Ripley, Sentido y sensibilidad, Presunto inocente o Los fabulosos Baker Boys.

Descanse en paz.

miércoles, mayo 21, 2008

Indiana Jones vuelve a lo grande

Es él. Es el de siempre. Ha pasado el tiempo pero sigue siendo el mismo que nos encandiló allá por el lejano año de 1981. Es el mismo con el que hemos crecido ya un par de generaciones. Es el mismo héroe socarrón, imperfecto, inteligente e intrépido de siempre. Tiene el mismo miedo a las serpientes que le conocimos cuando buscaba el Arca. Tiene el mismo sentido de la amistad y de la familia que mostró en sus aventuras en el templo perdido o cuando, con su padre, intentaba hallar el Santo Grial. Su sentido del humor sigue tan fresco como hace veinte años, pero sabe que ya no es el joven arqueólogo que viajaba por el mundo buscando las más extrañas reliquias. Ahora tiene un poso de amargura, de decepción por los tiempos que le han tocado vivir. Pero es él. Es Indiana Jones. Todo un placer volver a verle.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal cumple todas las expectativas y se convierte en un entretenimiento espectacular, a la altura de las tres películas anteriores de esta saga. Abunda en el tono divertido e irónica de La última cruzada, pero al mismo tiempo tiene un punto oscuro como El templo maldito. Y abundan los homenajes a En busca del arca perdida. Es el mismo Indiana Jones de siempre, sí, pero el gran acierto de esta cuarta entrega es no presentar al mismo personaje. Han pasado los años e Indiana lo sabe, como lo saben George Lucas y Steven Spielberg. Es imposible no sonreír cuando Indy habla del paso del tiempo y mira las fotos que hay en su escritorio.

Harrison Ford lo borda, como siempre. Si hay un personaje para el que ha nacido, ese es Indiana Jones. Y eso es mucho decir para un actor que ha hecho papeles tan carismáticos como los de Blade Runner o Star Wars. Pero es que esa sonrisa cínica de Indy y su sentido del humor siguen encantando como el primer día. Shia Labeouf es una interesante adquisición de la saga. Como actor viene de la horrible Transformers, pero aquí, en un personaje en apariencia similar, consigue darle un tono fresco y nuevo, que encaja perfectamente (sobre todo con su segunda escena, la del bar) en este salto de la mitología de Indy a los años 50, a las disquisiciones de la guerra fría.

Dado que la promoción de la película ha sido ejemplar, ha evitado el bombardeo (sólo dos trailers que, además, no desvelan casi nada de la trama) y ha ocultado a los fans multitud de detalles de esta nueva aventura de Indy (incluso se han dado pistas falsas sobre los personajes que interpretan algunos actores), prefiero no revelar casi nada de la misma. Vedla como George Lucas y Steven Spielberg han querido que la veáis, descubriéndola poco a poco, escena a escena, diálogo a diálogo, personaje a personaje, escenario a escenario y misterio a misterio. Y disfrutadla, porque estamos ante una oportunidad única.

Sólo con ver la sombra del personaje, su sombrero y su látigo, ya se siente algo especial. Sólo con escuchar la maravillosa melodía que John Williams creó para el personaje (a pesar de que la partitura es la de menor personalidad propia de la saga), ya se ponen los pelos de punta. El cierre musical de la película, al final de los títulos de crédito, es una reinvención preciosa de ese tema. Sólo con recordar la cantidad de veces que uno ha visto sus tres aventuras anteriores tiene multitud de instantes en este Reino de la calavera de cristal en los que volver a sentirse niño por un par de horas.

No me cabe la menor duda de que muchos despreciarán esta película por ser un título de aventuras fantásticas. Habrá quien no entienda su mensaje nostálgico (obvio por el paso del tiempo, y eso va tanto por el desarrollo de los personajes como por el de la industria cinematográfica) o el leve cambio de género que tiene esta aventura con respecto a las anteriores (que si se piensa es de lo más lógico). También quien se limite a desdeñarla por ser una película de Steven Spielberg, un director de masas incomprendido por supuestos elitistas desde el comienzo de su carrera y hoy, incluso, por parte de esa misma masa que antes le adoraba. O de George Lucas, que parece que es una diana incluso más apetecible para algunos sobre todo tras su nueva trilogía de Star Wars. Pero quien no vaya a verla al cine se pierde algo irrepetible.

Yo sólo soy capaz de ponerle un pero. Su clímax deja una sensación de deja vu, tomando como referente la propia saga de Indiana Jones y otras películas de sobra conocidas (pero que no voy a nombrar para no arruinar el final, claro). Pero eso es todo. Lo demás es formidable. Desde las interpretaciones al cuidado guión (que es lo que más costó hacer para que esta película sea hoy una realidad; se descartaron varios libretos, incluso uno que había entusiasmado a Spielberg pero no a Lucas), desde la coreografía de las secuencias de acción (las peleas con espada o la persecución de un coche a una motocicleta ya tienen un nuevo referente) hasta el formidabloe aspecto visual de la película. Todo es formidable.

Ya lo dejas claro en la última escena de la película. El sombrero sigue siendo tuyo, Indy. La película del año sin duda por lo que es y por lo que supone. Chapeau.

sábado, mayo 17, 2008

La sabiduría de Spielberg

Leer las explicaciones de Steven Spielberg siempre es una delicia. Por mucho que algunos disfruten machacando todo lo que hace y todo lo que dice (ya hay quien se ha empeñado en censurar Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal, incluso sin haberla visto, por supuesto...), es un hombre de cine, que sabe de cine y que vive el cine. Y sus palabras son grandes enseñanzas para aquel que las quiera aprovechar. Leo la entrevista que publica hoy El País con motivo del estreno ya la próxima semana (¡qué ganas!) de la cuarta entrega de Indiana Jones y saco muchas conclusiones. Pero sobre todo una.
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Le pregunta Rocío Ayuso por ese crítica tan recurrente a Spielberg y otros directores de su generación de haber destruído el cine de autor y abierto la puerta al cine de palomitas, algo profundamente negativo para los detractores de esta generación que recoluvionó Hollywood a finales de los años 70. Spielberg se ríe y después responde. "No despreciaría a estas películas. Mientras haya sitio para todo tipo de cine, no veo ningún problema. Hay que acostumbrarse a hablar de un género, el de superhéroes, que en ocasiones hace malas películas y en otras muy buenas", contesta el director norteamericano.
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Llevo tiempo dándole vueltas a esta cuestión. Cuando se estrena una película con un héroe o superhéroe de fantasía, la crítica seria se lanza al cuello de sus autores. Desprecian géneros enteros por la forma que adoptan. Pero no se paran a ver el fondo. Como en cualquier otro mundo, todo género da obras muy buenas, obras decentes y obras muy malas. Pero no se encontrará un crítico serio (perdón por la insistencia en ese término) que confiese haber disfrutado con Indiana Jones, que no dejará de ser para ellos un título menor en la filmografía de Spielberg, con Spider-Man o, por citar una película en cartel, con Iron Man. Que no reconocerá Regreso al futuro como un pequeño clásico de los años 80. Que no verá el carácter visionario de una película como Inteligencia Artificial porque no la firma Kubrick y no se rodó en los años 70.
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Ese desprecio es hoy muy acusado en las adaptaciones de cómic o dibujos animados, pero, en realidad, afecta a casi todo el cine fantástico, de aventuras y de ciencia ficción. Parece que algunos sólo saben encontrar cine que merezca la pena en el drama. Un superhéroe nunca les dará para mucho, pero un policía sí. Un arqueólogo aventurero jamás se podrá comparar en su mente a un magnate y su biografía. Una epopeya futurística nunca merecerá la misma categoría que una histórica. Y el caso es que me parece una concepción un poco triste del cine. Delimitar tanto el terreno en el que uno puede encontrar películas apreciables supone perderse mucho cine. A mí me entusiasma el Spielberg de La lista de Schindler o Munich tanto como el Spielberg de E.T. o Minority report. Porque cuando hay un genio detrás de la cámara, no hay película que no pueda convertir en una dignísima obra de arte. Y Spielberg, digan lo que digan, es un genio.

domingo, mayo 11, 2008

'Speed Racer', la exaltación de lo imposible

Speed Racer es, por encima de todo, una exaltación de lo imposible. Todo en ella es absolutamente imposible. Desde los efectos especiales hasta los movimientos de cámara, pasando por los personajes o incluso la inagotable paleta de colores que adorna la pantalla. Es una película imposible. De hecho, es incluso difícil ver a Speed Racer como una película. Es, en realidad, una montaña rusa de más de dos horas de la que uno se baja mareado. Alguno habrá disfrutado del viaje, siempre hay alguien que lo hace, pero la mayoría se quedará con esa sensación de mareo que, eso sí, olvidará en poco tiempo. Yo soy de los mareados que asisten atónitos a lo que pasa delante de sus ojos sin llegar a entender cómo se ha gestado lo que ve.

Partimos de la base de que los autores de este producto son los hermanos Wachowski, los mismos que se camelaron al mundo con Matrix, una película mucho menos revolucionaria de lo que se dijo en su día (y que hoy parece algo olvidada), y que abiertamente tomaron el pelo de más de medio mundo con sus dos secuelas. Este proyecto es la adaptación de una serie de animación japonesa de los años 60, una de las primeras que tuvieron éxito en Estados Unidos. No tengo ningún recuerdo de la serie, así que poco o nada puedo decir sobre la fidelidad de los Wachowski a los mitos de Speed Racer. Eso sí, parece que han utilizado la serie como excusa para dar rienda suelta a un universo colorista y exagerado en todos los sentidos.

Como película, Speed Racer cae en numerosos errores. El principal, la duración. Esta película, hecha en los años 80, no habríaasado nunca de los 100 minutos. Hoy, con tanto fuego de artificio por desplegar, nos colocamos en los 135 sin que en realidad sea necesario. Le sobra metraje en muchos sitios y por ello traspasa la delgada línea que separa el cine infantil del cine adulto. Por eso y por su contenido. ¿Para niños? Pues si tenemos en cuenta el desmesurado protagonismo de un irritante niño y un chimpancé (dueño y señor de los títulos de crédito finales, un delirante cierre a una película igualmente delirante, que antecede a unos títulos... de colorines), casi habría que decir que sí, pero en realidad es un envoltorio algo tramposo. Tan tramposo como el trasfondo moral que acaba otorgando el tremendamente previsible final.

Los hermanos Wachowski han creado un universo pretendidamente irreal. Cuando los efectos visuales tienden a crear un mundo virtual lo más real posible, Speed Racer se afana en mostrar imágenes abiertamente irreales a imposibles, manifiestamente imperfectas. Quizá sea su forma de parecer revolucionarios otra vez. Y están tan ocupados en la creación de ese universo mucho más cercano al de la animación que al de la imagen real, que se olvidan de que para hacer una película hace falta crear unos personajes de carne y hueso y un guión. Sí, el guión, ese gran desconocido de este cine moderno, pretencioso y supuestamente novedoso que inunda la ciencia ficción actual. Algunos, muchos, de los diálogos de este Speed Racer no podrían ser más tópicos y vacíos ni aunque lo intentaran.

Speed Racer, eso sí, no engaña. Uno entra a ver colores y ve muchos colores (abstenerse defensores de los colores primarios), uno entra a ver carreras de coches imposibles y ve carreras de coches imposibles, uno entra a ver una historia intrascedente y es exactamente lo que ve. Por el reparto pasan nombres bastante conocidos, incluso reputados, como los de Susan Sarandon, John Goodman, Christina Ricci o Matthew Fox, pero, abducidos por la paleta de colores, no tienen margen para construir personajes. Tampoco hace falta, la verdad, porque todos sabemos por dónde va y dónde va a acabar la película (creo que tiene más emoción incluso la carrera de la Nascar de Días de trueno).

Sólo hay un aspecto de Speed Racer que merece verdaderamente la pena: la banda sonora de Michael Giacchino, un compositor curtido entre la televisión (entre otras, la serie Perdidos) y los videojuegos y que es ya uno de los nombres más interesantes del cine norteamericano gracias a un sello muy personal y a una comprensión absoluta del tono de la película que tiene siempre entre manos. Me entusiasmó en Los Increíbles, me enamoró en Ratatouille (recibió una merecidísima nominación al Oscar, aunque la estatuilla fue para la brillante Expiación de Dario Marianelli) y ha conseguido que esté pendiente ya para siempre de sus futuros trabajos. Lo próximo, el Star Trek de J. J. Abrams. Giacchino es un genio al que seguir la pista. Lo demás de Speed Racer, tremendamente olvidable.

martes, mayo 06, 2008

Coincidencias mortales

La muerte es uno de los elementos más cinematográficos que existen. Es difícil encontrar una película que no aborde el tema, aunque sea indirectamente. Lo que es más inusual es toparse en una misma semana, como me ha sucedido, con dos coincidencias cinematográficas relacionadas con la muerte. Pero no con la muerte en la pantalla grande, sino con la muerte en la vida real.


Atrapa a un ladrón es una película, según algunos expertos, considerada menor dentro de la filmografía de Alfred Hitchcock. ¡Benditas sean las películas menores si proporcionan un entretenimiento como éste! Cary Grant da vida a un ladrón de joyas retirado hace algunos años que se ve obligado a perseguir a un nuevo delincuente que copia sus métodos, y así demostrar que no tiene nada que ver con los robos. En su aventura por la costa francesa conoce a una joven millonaria, interpretada por Grace Kelly, la rubia hitchcockiana por excelencia y una de las mujeres más hermosas que jamás se haya podido ver en una pantalla de cine. La cinta es una magnífica mezcla de thirller y comedia romántica, con grandiosos diálogos y espléndidas interpretaciones.

Hitchcock, que nunca pudo soportar que Grace Kelly dejara el cine, fue, irónicamente, quien le enseñó el camino para hacerlo con esta película. Durante su rodaje conoció al Príncipe Rainiero de Mónaco, con el que acabó casándose. Pero Atrapa a un ladrón contiene una coincidencia mucho más macabra. Hay una escena en la que Grace Kelly conduce un coche a gran velocidad, con una confianza aplastante, para huir de la Policía que persigue al ladrón que interpreta Cary Grant, sentado a su lado. En esa misma carretera donde se rodó la escena, Grace Kelly encontró la muerte en un accidente de tráfico el 14 de septiembre de 1982. No están del todo claras las circunstancias en que sucedieron los hechos, pero parece que le dio un ataque al corazón y perdió el control de su coche.

La sorpresa es inmensa en el comienzo del cuarto capítulo de la segunda temporada de Luz de Luna, aquella serie con la que tantos crecimos en la que Bruce Willis y Cybill Shepherd daban vida a dos detectives que pasaban del amor al odio con una facilidad inmensa. ¡Orson Welles en Luz de Luna! ¿Qué hace un director tan atípico como él en una serie de televisión comercial como ésta? El caso es que encaja perfectamente en este episodio. Y la serie no es mala, no me malinterpretéis. Hoy las tramas se antojan algo simples y es bastante fácil averigurar la conclusión de cada episodio mucho antes de que se produzca, pero sigue teniendo un encanto irresistible ver a David Addison y Maddie Hayes resolviendo misterios más de 20 años después de haberlo visto por primera vez.

"Buenas noches. Soy Orson Welles" es lo primero que oímos en ese episodio. El genial y mítico director aparece en pantalla, con un inmenso puro en la mano, para presentar un episodio que se rodó en gran parte en blanco y negro, reivindicando el encanto de otros tiempos en los que el color sólo pertenecía a la vida real. ¿Qué tiene que ver eso con la muerte? Nada en realidad. Pero esas imágenes de Orson Welles son las últimas que se rodaron de Welles en vida. Welles murió el 10 de octubre de 1985, el mismo día en que falleció otro actor, Yul Bryner. El episodio se emitió apenas cinco días más tarde y, lógicamente, estaba dedicado a él. Pocas veces se graba a alguien sabiendo que serán sus últimas imágenes.

jueves, mayo 01, 2008

'Iron Man', un cómic espléndido y muy convincente

Cualquier aficionado al cómic siente reacciones encontradas cuando se anuncia que un personaje va a tener adaptación cinematográfica. Por un lado, sabe que puede ser un sueño hecho realidad, ver a personajes que ha visto cientos de veces en la viñeta trasladados a la gran pantalla. Pero, por otro lado, sabe que si se hace mal puede ser una auténtica pesadilla. Entre las películas que gustaron se cuentan Spider-Man, Batman Begins o X-Men. Entre las sencillamente olvidables para el común de los espectadores e incluso para muchos de los fans, por mucho cariño que se le pueda tener a los personajes, figuran Elektra, Catwoman o Los 4 Fantásticos. Iron Man es el primer superhéroe que llega a los cines este año (los próximos, Hulk y Batman, ambas secuelas). Y el resultado es sencillamente espléndido.
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No deja de ser curioso que Iron Man lleve años gestándose como una película de cómic light, sin demasiadas pretensiones que superen el entretenimiento durante dos horas, y muy por debajo de las expectativas generadas por otras sagas superheróicas. Poco a poco, y según se iban viendo imágenes fijas y en movimiento de la película, fue llamando más la atención. Y si no fuera porque las expectativas en The Dark Knight (me niego por el momento a llamarla El Caballero Oscuro, como ya han adelantado los trailers que se traducirá en España), me atrevería a decir que es la mejor adaptación de un cómic de superhéroes que se ha hecho en bastante tiempo, muy por encima de otros productos surgidos de Marvel Comics como Daredevil, Hulk (ojalá la secuela supere al aburrido original) o Ghost Rider, y probablemente al mismo nivel de las películas iniciales de sagas como Spider-Man o X-Men.
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Con lo que conozco de la mitología de Iron Man (que, tengo que reconocerlo, no es demasiado), la película se presenta como una adaptación tremendamente fiel (quizá demasiado similar a la primera mitad de la película de animación que se hizo del héroe hace sólo un año, The invincible Iron Man). Se cambia la guerra de Vietnam por Afganistán (siempre he considerado importante que un cómic tenga los pies en una realidad histórica; no hay motivo para tener como única referencia cinematográfica de Vietnam joyas del cine como El cazador, o de Afganistán títulos como Leones por corderos), pero pocos cambios más hay. Y las dos horas de la película que dirige Jon Favreau (el abogado amigo del alter ego de Daredevil en la película homónima) se convierten así en una modélica historia iniciática del personaje.
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Ese puede ser el punto más débil de la película, que, como todo título del género de superhéroes, se centra en el nacimiento del héroe. Para quien conozca la historia puede ser algo largo el devenir de los acontecimientos (como suele ser habitual en este subgénero, Iron Man como todos lo conocemos no aparece hasta la segunda hora de metraje) pero está claro que el objetivo es que toda la audiencia se familiarice con todo el universo del personaje para fidelizarla de cara a próximas películas. Porque seguro que habrá secuela, algo que queda convenientemente preparado a lo largo de la película(impagable el comentario que hace junto a uno de los prototipos de la armadura Jim Rhodes, interpretado por Terrence Howard... o el final tras los títulos de crédito, del que luego digo algo más).
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El gran acierto de esta película es el cásting. De largo. ¿Por qué? Porque continúa, con el mayor acierto posible, la línea abierta por Tim Burton cuando escogió a un actor como Michael Keaton para dar vida a Batman. El superhéroe cinematográfico no tiene por qué ser un actor hipermusculoso de 23 años. No todos los superhéroes son iguales y Iron Man es de los más diferentes en ese sentido. Tony Stark, el hombre que se enfunda la armadura, es antes de ser superhéroe un playboy millonario, amante de la bebida, de las mujeres y de la buena vida, empresario del sector armamentístico y un hombre sin más principios que disfrutar del momento. ¿Encaja ahí una estrella hollywoodiense pletórica de juventud? Desde luego que no. ¿Encaja Robert Downey Jr.? Como un guante. Brillante trabajo del actor que descubrí dando vida a Chaplin en el cine hace ya 16 años, muy bien secundado por Jeff Bridges (Gwyneth Paltrow parece más perdida en este universo de cómic).
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Los efectos especiales son formidables, hasta el punto de que ya empieza a ser una tarea para auténticos expertos diferenciar los planos reales de los que se han realizado por ordenador. La dirección de Favreau, elegante y sin estridencias, ayuda a que el mundo real y el digital se integran de maravilla. Las escenas de acción están perfectamente calculadas y planificadas. No son muchas (y eso se debe, insisto, al enfoque iniciático; la secuela seguro que tendrá bastante más movimiento) pero sí muy eficaces, como casi todo lo que se ve en la pantalla. Quizá lo más convencial sea el climax final, pero hay que reconocer que a todo aficionado al personaje se le va a caer la baba, literalmente, la primera vez que vea en movimiento la armadura roja y dorada del protagonista.
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El humor está muy presente, inteligentemente insertado, y eso permite que sea una película espléndida para los aficionados más jóvenes (tiene la calificación de no recomendada para menores de siete años, y estoy de acuerdo, los niños mayores la disfrutarán muchísimo). El momento más divertido, no podía ser otro, es el cameo del gran Stan Lee, creador del personaje en las viñetas. Lee nos sigue deleitando con sus apariciones en las películas basadas en héroes de Marvel Cómics. El cameo en Iron Man es uno de los mejores que ha protagonizado, quizá el mejor junto con su memorable aparición en Los 4 Fantásticos y Silver Surfer. Otro guiño al cómic que no todo el mundo entederá es el nombre del ordenador con el que interactúa Tony Stark (que no es otro que Jarvis, en los cómics originales el nombre del mayordomo de la mansión de los Vengadores).
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Y otro cameo más de especial importancia es el que cierra la película, después de los títulos de crédito, del que no doy más detalles para no reventar la sorpresa (eso sí, si queréis saber de qué personaje y actor se trata, podéis verlo aquí). La insensatez generalizada de no esperar hasta el final me ha convertido en el único espectador en mi sesión que ha visto el formidable cierre de Iron Man. Avisados quedáis, no salgáis de la sala hasta el final, porque si no habréis dilapidado algún que otro centimo del carísimo precio de la entrada. Jamás un final de una película había abierto tanto la puerta a todo un mundo de posibilidades para el aficionado al mundo del cómic...
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En resumen, Iron Man es una de las mejores adaptaciones de cómic Marvel que se han hecho hasta la fecha. Y hay unas cuantas bastante buenas ya. Un poco más de dos horas de sincero y honesto entretenimiento que divertirá a jóvenes y mayores, a aficionados a este universo y debutantes en la materia.

miércoles, abril 23, 2008

'Closer': cuatro motivos para disfrutar de una película que no me genera empatía

Casi siempre que me pongo a ver una película cifro sus posibilidades de éxito conmigo en la empatía que puedan generarme los personajes. Cuanto más me interesan las vidas ajenas que veo, por distintas y distantes que sean a la mía, más disfrutaré con la película. Con Closer no me sucede nada parecido. Con ninguno de los cuatro personajes principales siento empatía alguna. Más bien siento una cierta antipatía. No siento la vida como ellos, no afronto las relaciones personales como ninguno de ellos. No sé ponerme en su piel. Pero me encanta la película. ¿Cómo puede ser eso posible? Hay cuatro razones que hacen que disfrute viendo las desventuras amorosas de estos cuatro personajes incomprensibles desde mi visión del mundo.

La primera razón es un reparto de lujo. Jude Law, Clive Owen, Natalie Portman y Julia Roberts. Ellos cuatro sostienen sin ayuda de más personajes secundarios los 100 minutos de película. De Jude Law admiro su capacidad para meterse en la piel de personajes tan diversos; puede ser un tipo duro o frágil, poderoso o débil, racional o pasional. De Clive Owen destaco su sobriedad; le toca un tipo duro y lo sostiene admirablemente, adaptándose a cada conversación con los distintos personajes con una facilidad asombrosa. De Natalie Portman lo admiro todo; hay pocas actrices que lloren tan bien o que sonrían tan bien en una pantalla, es una actriz inmensa, a la que adoro desde que era una niña (una Beautiful girl, en realidad). De Julia Roberts destacaría que, sin ser santo de mi devoción, no lastra la película; y eso es mucho decir.

La segunda razón es un guión sencillamente maravilloso. Es una película de diálogos. Ingeniosos, duros, ácidos, banales o trascendentes. Da igual. Hay de todo en esta película. Desde la delirante y divertidísima conversación a través del chat entre los dos personajes masculinos hasta las más tiernas conversaciones de enamorados, pasando por los durísimos cruces de palabras en los momentos de la ruptura. La conjunción de tonos tan diversos es un truco de magia. Tantas sentencias admirables contiene esta película, que es imposible destacar una sola frase de esta historia de extraños que jamás llegan a conocerse.

La tercera razón es el montaje y el uso de la elipsis. Vemos nada menos que cinco años en la vida de estos cuatro personajes. Los saltos en el tiempo son los más naturales, precisos y adecuados que he visto en mucho tiempo. La información que recibimos es la necesaria, la que es imprescindible conocer para seguir el ritmo de la historia. Lo que no sabemos lo iremos descubriendo en base al avance del guión y con acertadísimos flashbacks. Un auténtico lujo que debemos a Mike Nichols, director veterano pero al todavía que le queda mucha fuerza narrativa y cinematográfica que enseñar.

Y la cuarta razón es uno de los mejores comienzos que ha deparado el cine moderno. Es imposible ver los dos primeros minutos y medio (¿a quién no le ha sucedido algo similar, que se le vaya la mirada con una persona desconocida que vemos por la calle y a la que en ese momento sabemos que nunca jamás volveremos a ver?), los que enseña el vídeo colgado aquí abajo, y no sentir curiosidad por saber qué pasa de ahí en adelante. El resto está a la altura. Una pequeña joya moderna.

lunes, abril 21, 2008

'Robocop': ¿El futuro o los años 80?

En la segunda mitad de los años 80 llegó Robocop. Antes de producirse, nadie quería hacerla. Cuando se estaba rodando, los problemas dificultaron en exceso su estreno. Y después de que llegara a los cines, la recepción fue fantástica. Robocop nace como una película de serie B muy típica de los años 80, tanto en la temática como en el aspecto visual, pero se ubica, como tantas otras películas de su tiempo, en un futuro no muy lejano. ¿El futuro o los años 80? Ambas cosas, habría que decir. Ese es el valor actual de una película muy apreciada también en su momento como lo que es, una película de ciencia ficción con un trasfondo más profundo y que rebosa violencia por los cuatro costados, la violencia que se convirtió en la imagen de marca del director Paul Verhoeven.

Nunca queda del todo claro en qué año se desarrolla la película, pero es obviamente un futuro no muy lejano. El lugar, la ciudad de Detroit, asolada por el crimen. Quizá uno de los elementos más clarividentes de Robocop sea la presencia de la OCP, una corporación privada que lleva asuntos públicos, en este caso, el funcionamiento de la Policía de Detroit. La OCP quiere dar un paso más, que la seguridad de la ciudad tenga agentes no humanos. Pero los fallos del robot construído para ese fin (un majestuoso ED-209 realizado mediante técnicas de stop motion, las mismas que hicieron de Ray Harryhausen una leyenda en el campo de los efectos especiales) obligan a abordar otro proyecto, la creación de un ciborg, mitad hombre y mitad máquina. El asesinato de Murphy, un policía recién llegado, será la oportunidad esperada.

Vista desde un punto de vista superficial, Robocop no deja de ser el típico entrentenimiento de ciencia ficción de los años 80. El guión está plagado de lugares comunes y situaciones tópidas que pueden reforzar ese sentimiento. Pero a otro nivel, Robocop es un muy interesante ejercicio de identidad, una lucha entre la humanidad y la frialdad de la máquina. En este sentido, a Verhoeven siempre le ha gustado destacar la importancia de la secuencia en la que Robocop, una vez asumido que antes fue un hombre llamado Murphy, visita la vacía casa que ocupó junto a su familia. Los recuerdos se agolpan. El hombre, sus miedos y sus sueños, van venciendo a las órdenes programadas. Había otra secuencia prevista para reforzar esa idea, la de Robocop visitando la tumba de Murphy, pero no llegó a rodarse.

Si bien se trata de una película futurista en la que vemos ciborgs y robots, lo cierto es que la estética es muy ochentera en casi todos sus aspectos. Y también la temática. La violencia en las calles o la apuesta armamentística es muy propia de los años de gobierno de Ronald Reagan, aunque, por desgracia, nada de esto ha perdido actualidad en nuestro días. Y lo mismo se puede decir de los yuppies tan bien reflejados en el enfrentamiento directivo en la OCP. Paul Verhoeven ve una lectura más en la película, una de carácter religiosa. El director compara a Robocop nada menos que con Jesús, ve similitudes en su martirio, en su muerte y en su resurrección (pretende ser una señal en este sentido el plano en el que se le ve, enfrentándose al hombre que le ha matado como hombre, caminando sobre las aguas). Para esto hay que echarle mucha imaginación, pero lo cierto es que subyace también esa interpretación.

Pero si algo es Robocop es una auténtica película de serie B, una de las muchas realizadas en los años 80 y que han encontrado un hueco en la historia de la ciencia ficción. El escaso presupuesto no le daba al director, así que, para conseguir más dinero y tiempo para rodar la película, decidió dejar para el final una escena que no se podía eliminar, el tiroteo al cuerpo de Murphy que da inicio a la vida de Robocop. A pesar del poco dinero disponible, los efectos especiales creados por Rob Bottin y Phill Thippett son sencillamente magníficos, como la iluminación de los directores de fotografía Sol Negrin y Jost Vacano, que siempre encuentra reflejos que destacar en la piel metálica de Robocop.

Después de meses sin encontrar a un actor adecuado para el papel (se pensó en Arnold Schwarzenegger, seguramente por influencia de Terminator, pero se le descartó por ser demasiado grande y musculoso), se acabó contratando a Peter Weller, que desde el principio tuvo claro el tipo de movimiento corporal del que quería dotar a Robocop. Pero hubo problemas desde el principio. El pesadísimo traje, que le hacía perder al actor casi un kilo y medio cada día por la deshidratación, llegó al rodaje justo el día que la cámara empezaba a grabar. Pero la sorpresa llegó cuando Weller comprobó que el traje no le permitía moverse como había ensayado. Al final, un retraso de un par de días le dio tiempo a perfeccionar unos movimientos que hoy son la esencia del personaje.

El retraso en la contratación de Weller no fue el único problema en el reparto. Stephanie Zimbalista (la actriz protagonista de la serie Remington Steele) fue la escogida para el papel de la agente Anne Lewis, pero podos días antes del comienzo del rodaje abandonó la película. Hoy es difícil imaginarse a una actriz de aspecto más frágil haciendo éste papel, sobre todo después de tantos años viendo a Nancy Allen como la finalmente escogido. Era una actriz conocida por papeles más desagradables y menos heróicos que el de Lewis y por sus rubios rizos. Para romper con esa imagen, lo primero que hizo Verhoeven fue pedirle que se cortara el pelo. Si los personajes calaron en la audiencia, también lo hizo la música de Basil Poledouris, que creó una pegadiza marcha para el personaje.

Verhoeven acabó convencido de que su primera película americana es la mejor que ha rodado nunca en Estados Unidos, pero al principio no quiso hacerla. Pensaba que el guión era una basura y fue su mujer quien le convenció para que la hiciera. No deja de ser curioso que, de hecho, marcara la tendencia de un director como éste, que hasta entonces no había hecho ciencia ficción (ni tenía mucho intereés por hacerla) y hoy es famoso gracias a ese género, después de películas como Desafío total o Starship Troopers. Con ésta segunda compartió Robocop el análisis de fascista que se hizo desde algunos sectores. Hay mucha violencia, sí, incluso tendencias algo reaccionarias, pero no deja de ser la manifestación del deseo del director de que la violencia se vea en pantalla. No hay mucho más detrás de eso.

Robocop ya ha tenido dos secuelas. La primera, más apreciable de lo que fue apreciada en su día, contó, en una de sus primeras incursiones en el mundo del cine, con un guión de Frank Miller (genio del cómic, codirector de Sin City y ahora director en solitario de la futura The Spirit). Robocop 3, en cambio, fue un enorme fiasco, una película con un tono de violencia irrisoriamente rebajado y un serio déficit de imaginación y presupuesto. Ahora se habla de la posibilidad de hacer una nueva película, ya que Robocop forma parte de los planes de futuro de la renacida Metro Goldwyn-Meyer. Habrá que esperar un tiempo para saber si se trata de una secuela o de un remake de la película original, un nuevo lanzamiento de una saga que en los años 80 se hico su hueco en los corazones de los aficionados a la ciencia ficción.

lunes, abril 14, 2008

La última gran aventura clásica

John Huston siempre rodó películas de aventuras. Desde La Reina de África hasta El halcón maltés, pasando por Moby Dick o El tesoro de Sierra Madre. De distintos géneros, pero siempre aventuras. Él mismo era un aventurero y su cine lo reflejaba perfectamente. Sin saberlo quizá en aquel momento, en 1975 estrenó la última gran aventura cinematográfica del cine clásico hollywoodiense. Porque exactamente eso, y no otra cosa, es El hombre que pudo reinar. Michael Caine siempre ha dicho que si hay una película por la que la gente le recordará será ésta, porque, después de verla, todos decimos aquello de "ya no se hace cine como éste". Y es verdad, ya no se hace.

Pero costó mucho hacerla. Muchísimo. John Huston, apasionado lector de Kipling (se basa en un relato suyo), quiso emprender el proyecto en los años 40. Entonces su pareja protagonista habría sido Humphrey Bogart y Spencer Tracy (dos genios que sólo coincidieron en Río arriba, en 1930). Lo quiso hacer en los años 50, y entonces el dúo ideal de Huston lo componían Bogart y Clark Gable. En los 60 también lo intentó, y la pareja habría sido la formada por Burt Lancaster y Kirk Douglas. A comienzos de los 70 hubo un intento más, y se contactó con Paul Newman. Él declinó hacer la película porque entendía que los protagonistas debían ser británicos, como los personajes. Y sugirió dos nombres: Sean Connery y Michael Caine. El resto es historia.

Caine y Connery son dos actores brillantes, majestuosos. Dos auténticos genios de la ironía, de la mordacidad, de la tragedia y también de la comedia. Ellos sustentan el peso de una película brillante, divertida, emocionante, colosal en una palabra. El guión es una auténtica maravilla, pero cuesta imaginar lo que hubiera sido El hombre que pudo reinar en manos de otros actores. Claro que para eso ya estaba John Huston, para elegir a los mejores, como siempre había hecho a lo largo de una carrera en la que trabajó siempre con los más grandes. "Muchas de las escenas eran sólo entre ellos dos, y las ensayaban por la noche. Juntos elaboraban el trabajo de antemano de tal modo que lo único que yo tenía que hacer era decidir cómo colocar la cámara", dijo una vez Huston.

Ellos consiguen hacer creíble la rocambolesca historia de dos truhanes británicos, ex soldados del imperio, que parten desde la India, atravesando Afganistán, con el único objetivo de ser coronados como reyes de Kafiristán, una tierra que ningún occidental ha pisado desde Aljandro Magno ("¿Alejandro qué?", pregunta el personaje de Caine a Kipling, quien le responde explicándole quien és y les alerta de que nadie más consiguió llegar allí. "Si un griego pudo, nosotros también", es la inmensa réplica de Caine). Es imposible no ir cogiendo cariño a estos dos viejos tramposos según se van sucediendo los pasajes de su aventura, es imposible no sonreír ante cada golpe del destino que sufren, ante cada nuevo escenario que contemplan, ante cada diálogo brillante que dicen con una naturalidad propia sólo de los genios.

Visualmente, la película es una auténtica maravilla. Que Huston sabía colocar la cámara es algo que cualquier apasionado del cine puede decir. Pero dos nombres más hicieron posible que la película brille como lo hace, incluso más de 30 después de haberse estrenado, porque ésta es una película que nunca envejecerá. Se trata de Ben Bart, responsable de la dirección artística (incluyendo no sólo los escenarios sino también las joyas y demás ornamentos), y Edith Head, encargada del vestuario (un nombre mítico por sus 35 nominaciones al Oscar y ocho estatuillas que tiene en haber, por películas como Eva al desnudo, Sabrina o El golpe).

La película, por cierto, se rodó en Marruecos, en el pueblo de Ouarzazate, conocido como el Hollywood marroquí por la cantidad de producciones que se han realizado allí, algunas de las más recientes Gladiator o El reino de los cielos. Allí encontró Huston al hombre que daría vida al sumo sacerdote de Sikandergul, un tipo que tenía nada menos que 103 años. Cuando Huston terminó la película, hizo un pase para él y otros ancianos que aparecen junto a él en la película, y le pidió al intérprete que les preguntara que les había parecido. "Después de esto, nosotros nunca moriremos", fue lo que le dijeron a Huston los ancianos. Y es verdad. Ese es el mágico poder que tiene el cine. Y más si es una película de John Huston.

Una curiosidad patria para acabar. El hombre que pudo reinar no es el título original exacto de la película. The man who would be king debiera haberse traducido como El hombre que sería rey. Pero, claro, la película se estrenó en España apenas unos meses después de que Franco muriera, y la mención del "rey" podía no gustar en los sectores más franquistas de la sociedad de la época.

miércoles, abril 09, 2008

Las caras que Oliver Stone pone a Bush y compañía

Oliver Stone ya está perfilando el reparto de W, la película biográfica que está preparando sobre el presidente norteamericano, George W. Bush. Será el tercer presidente que Stone refleje en sus películas, después de haber hecho JFK (Kennedy sólo aparecía en imágenes de archivo) y Nixon (Anthony Hopkins era el actor que se metió en la piel del entonces inquilino de la Casa Blanca). Los nombres escogidos por Stone no tienen desperdicio, y conforman un reparto de lo más interesante. Ahora bien, está claro que ha buscado visiones mucho más atractivas que la realidad en la mayoría de los casos...

Josh Brolin dará vida a Bush. Brolin se ha destapado como uno de los actores más interesantes del momento, gracias a sus papeles secundarios en películas como American gangster o En el valle de Elah, o su protagonista de No es país para viejos.

Elizabeth Banks no es un nombre excesivamente conocido, aunque ha tenido apariciones importantes. Por ejemplo, era la secretaria de Jameson en las tres entregas de Spider-Man y tenía un pequeño papel en Atrápame si puedes, de Steven Spielberg. Dará vida a Barbara Bush, esposa de George W. Bush.

James Cromwell es un actor de sobra conocido. Desde que allá por 1995 protagonizara Babe, ha aparecido en multitud de películas como secundario. En Pánico nuclear, la última aparición cinematográfica del agente Jack Ryan, ya ejerció de presidente de Estados Unidos. Ahora será Bush padre.

Ellen Burnstyn, la protagonista de El exorcista que lleva unos cuantos años sin hacer papeles de demasiada relevancia, volverá por la puerta grande de la mano de Stone. En W será Barbara Bush, esposa de Bush padre y madre del todavía presidente de los Estados Unidos.

El ex primer ministro británico Tony Blair tendrá nuevo rostro. En La Reina fue Michael Sheen quien le dio vida, y, de hecho, se ha hablado de una nueva película en la que repetiría papel, ésta centrada en el propio político británico. En la película de Oliver Stone, Tony Blair será Ioan Gruffudd, protagonista de Los 4 Fantásticos.

El último papel adjudicado que se ha conocido hasta el momento es el de Condoleezza Rice. Thandie Newton, conocida por Misión Imposible 2 o Crash, es la actriz que se lo ha adjudicado. La diferencia de atractivo entre personaje real e intérprete es aquí más acusada que en los demás papeles.
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Quedan jugosos papeles todavía por adjudicar, como son los del vicepresidente Dick Cheney o el secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Y como se dice que la película tendrá numerosas escenas relacionadas con la guerra de Irak (que serán en las que aparecerá Tony Blair), me sigo preguntando si José María Aznar tendrá protagonismo en la historia... ¿Hay algún actor que pueda parecerse a nuestro ex presidente del Gobierno...?

domingo, abril 06, 2008

Adiós a un grande, Charlton Heston

Cuando muere un actor tan conocido como Charlton Heston, las crónicas se ocupan de decir lo que todo el mundo ya sabe de él. Las principales películas que ha protagonizado. Sus papeles que han pasado a la historia. Sobra que yo añada algo más a todo lo que se ha escrito ya de este mítico actor, que ha muerto a la edad de 84 años, después de unos cuantos luchando contra el Alzheimer que primero le apartó de las pantallas de cine y más tarde ha acabado con su vida. Pero es que se ha ido un grande, uno de los últimos actores del Hollywood más clásico, de ese con el que hemos crecido muchas generaciones. Y se merece un emotivo recuerdo.

Teniendo en cuenta el dominio del doblaje en España, no mucha gente conocerá su voz, profunda y dura, tan propia de los personajes fuertes que siempre interpretó. Echad un vistazo a algún DVD en versión original y disfrutad con su voz. Nadie la llamaba Charlton. Todo el mundo prefería Chuck. Todo el mundo salvo una persona, su esposa y ahora viuda, Lydia Clarke, que le llamaba Charlie.

Pudo haber interpretado el papel principal de la serie Yo, Claudio, o de películas como Tiburón (lo rechazó, al igual que Oliver Reed), Alejandro Magno (prefirió hacer Los diez mandamientos), 1941 (porque entendía la película como un insulto a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial), Superman (los productores optaron por Marlon Brando), La profecía, Sólo ante el peligro o El Álamo (papel que no quiso hacer por las connotaciones políticas de la película). Pero no formar parte de estas grandes películas no mermó en absoluto su carrera.

Cuando en 1960 protagonizó una obra de teatro dirigida por Laurence Olivier, éste le dijo a Heston que tenía potencial para ser el mejor actor americano del siglo XX. Heston volvió al día siguiente con malas críticas de la obra y le preguntó a Olivier si él había aprendido a olvidar esas malas críticas cuando le llegaban. "Lo que es más importante, amigo, y mucho más duro es olvidar las buenas", le respondió. Heston nunca abandonó el teatro por la pantalla grande y, de hecho, hizo su último papel sobre las tablas en 1999, junto a su esposa.

Dijo que su peor película era La selva blanca, de 1972. Pero todos le recordaremos siempre por las buenas. Por ser un Ben-Hur majestuoso. Por su papel de Taylor en El planeta de los simios (y por formar parte, como simio, en un precioso cambio de roles, en el remake que hizo Tim Burton). Por el Moisés que separaba las aguas del Mar Rojo en Los diez mandamientos. Por el detective Vargas de Sed de Mal. Por ser la imagen cinematográfica de El Cid. Por ser El último hombre vivo en aquella peculiar y setentera versión de Soy leyenda. Por formar parte del impresionante reparto del Hamlet de Kenneth Branagh. Por tantas horas de sueños y de historias inolvidables.

Él mismo dijo que "el minuto en el que sientas que has dado una actuación floja, es el momento de retirarse". Mientras su salud se lo permitió, nunca se retiró. Porque Charlton Heston siempre fue Charlton Heston. "Puedes vivir toda una vida, pero si eres honesto contigo mismo, tu trabajo nunca será perfecto", dijo también. Perfecto o no, él era un grande que seguiremos viendo en las películas. Hasta siempre.

martes, abril 01, 2008

'Náufragos', o cómo rodar una espléndida película de suspense en un bote salvavidas

A Hitchcock le encantaban los retos. Lo que quería por encima de todo era sorprender a la audiencia y para ello nada era intocable. No lo era la estrella, que podía morir en un asesinato antes de la mitad de la película. No lo era la música, que podía no aparecer sin que nadie la echara en falta. No lo era el reparto, que podía estar repleto de nombres desconocidos. No lo era la estructura cinematográfica, que podía quebrar completamente la clásica estructura de tres actos o incluso en el montaje, rodando en larguísimos planos sin corte. Y no lo era tampoco el escenario. Hitch podía rodar en decenas de ellos para una sola película, desde los más famosos hasta los más intimistas, o en uno solo. Náufragos sólo tiene un escenario. Un bote salvavidas. Apenas una decena de personajes en todo el metraje. Y es una maravilla de película.

Náufragos no fue entendida en su estreno y muchos críticos de la época (se estrenó en 1944) la despedazaron... precisamente porque no captaron el mensaje. Hitchcock quiso hacer su contribución a la lucha contra el nazismo. Y la hizo mediante una metáfora del momento histórico, por lo visto demasiado sutil para algunos. Vista hoy sorprende que alguien pensara incluso que los nazis la podrían haber utilizado para sus propósitos, pero así se llegó a publicar en Estados Unidos. Paradójicamente, en Alemania no se pudo llegar a ver la película hasta el año 1974, ya en televisión. Para el doblaje germano, y como en algunas escenas se hablaba alemán, se pretendió que el náufrago nazi era en realidad en holandés que se había enrolado en el ejército de Hitler.

Lo realmente prodigioso de Náufragos no es sólo que mantenga la tensión en un escenario único tan pequeño como es un bote salvavidas que recoge a un pequeño grupo de supervivientes de un barco hundido por un submarino nazi. Lo increíble es la verosimiltud de todos y cada uno de sus planos. Aunque se rodó en el interior de un estudio, la barca siempre se está moviendo como si la estuviera meciendo el oleaje marino (eso y el agua provocó que todos los miembros del equipo sufrieran mareos, y más de uno incluso neumonías), por orden expersa del director. Y tan increíblemente verosímil como el movimiento es el cambio de ángulo para cada plano. Hithcock hace la barca tan grande como quiere y es capaz de ofrecer planos desde todos los ángulos.

Quizá sea una de las películas más desconocidas de Hitchcock (lo que permite el maravilloso gustazo de poder descubrirla todavía hoy, seis décadas después de su estreno), pero también es uno de sus títulos que más reconocimiento obtuvo de Hollywood. No ganó ningún Oscar, pero tuvo tres nominaciones (director, guión original -el escritor John Steinbeck es el autor del libreto- y fotografía en blanco y negro), lo que no está nada mal para un director frecuente y tristemente repudiado por la Academia. Talullah Bankhead, el nombre más conocido del reparto en aquella época (más como actriz de teatro que de cine), logró el premio a la mejor actriz concedido por el Círculo de Críticos de Nueva York.

Una anécdota memorable del rodaje Náufragos es una conversación que habla y mucho del carácter de su director. Una de las actrices de este filme (ninguna de ellas cumple precisamente el arquetipo rubio de la mujer soñada por el director, que se acercaba muchísimo a la imagen de Grace Kelly), Mary Anderson, le preguntó a Hitch cuál era su mejor lado para rodar sus planos desde ese ángulo. "Estás sentada en él, querida", le contestó el realizador. La historia no ha recogido la respuesta de Anderson ante este comentario, tan machista como ácido. Anderson nunca llegó a hacer una gran carrera en el mundo del cine, aunque antes había llegado a aparecer en Lo que el viento se llevó.

Sabido es que a Hitckcock le encantaba hacer un cameo en todas sus películas. ¿Y cómo puede hacerse esa breve aparición en una película que tiene por único escenario un bote salvavidas...? Fácil, al menos para el mago del suspense: apareciendo en un periódico que lee uno de sus naúfragos, en un anuncio de un producto para perder peso. ¡Y ambas fotos son reales y del famoso realizador, puesto que el propio Hitchcock se había puesto a dieta antes de rodar esta película! Sin duda alguna, uno de sus cameos más logrados y divertidos, que incluso propicio que el estudio que se encargó de la película, 20th Century Fox, recibiera cartas preguntando por estas píldoras para adelgazar que, claro está, no existían...

sábado, marzo 29, 2008

El primer y para muchos mejor Bond... ¿villano de Bond?

El cine depara, de vez en cuando, paradojas divertidísimas. ¿Cómo si no habría de interpretarse que Sean Connery pueda ser el villano de una futura película de James Bond? Nada es seguro todavía. El Daily Mail acaba de publicar unas declaraciones del propio Connery apuntando la posibilidad de regresar a la saga pero en el bando opuesto, como malo de la función. Y, por mucho que duela al hablar de un actor de la categoría de Connery, es obligatorio recordar el principal intento de este intérprete de ser la némesis del héroe en una película, la horripilante adaptación cinematográfica de la mítica serie Los Vengadores.

Hecho ese triste paréntesis, es obvio que hay pocas personas como Sean Connery que puedan conocer mejor la saga de James Bond, después de haber dado vida al espía británico en siete ocasiones. Y, además, a Connery le gusta el giro que se ha dado en la historia y el nuevo agente 007 del siglo XXI. "Daniel Craig es una elección fantástica. Creo que van a volver a un tipo de película de Bond más realista, no creo que pudieran haber ido mucho más lejos con los efectos especiales", explica el actor escocés.

¿Y de qué depende que Connery vuelva a la saga de James Bond? Como siempre, del sueldo, y más teniendo en cuenta que Connery es hoy un actor retirado que, incluso, rechazó participar en la cuarta entrega de Indiana Jones (dijo entonces que era muy difícil sacarle de su retiro y que si había un papel que podría haberlo hecho era precisamente el de Henry Jones Senior). "No me importaría volver como villano, pero no creo que me pagasen el suficiente dinero", añade Connery, como si quisiera frenar la más que segura euforia que vivirán en estos momentos los seguidores del agente secreto más famoso y rentable de la historia del cine. Al parecer, el escocés suele pedir cheques de más de 10 millones de euros para sacarle de su retiro.
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Sin ser un gran seguidor de la saga, admito que ver a Connery enfrentándose a Bond me parecería fantástico. Pero si no es posible (por razones económicas o de salud; hay que recordar que Connery se ha enfrentado a un cáncer de gargante del que afortunadamente se declara recuperado), es obligado que los productores de la mítica saga le ofrezcan, al menos, un cameo. De momento, los actuales responsables de Bond se han reunido con Connery para hacerle llegar sus ideas. No sería, en todo caso, para la próxima entrega de la saga, Quantum of solace, que ya se está rodando, sino para un título futuro.

lunes, marzo 24, 2008

10 PELÍCULAS... que hacen su peculiar homenaje a 'Star Wars'

Decir a estas alturas que Star Wars cambió la historia del cine no es descubrir algo nuevo. Decir que influyó de forma decisiva a un par de generaciones de los actuales directores de cine, tampoco. Muchos han querido dejar constancia de su admiración por la saga galáctica de George Lucas con los más dispares homenajes a Darth Vader, Luke Skywalker y compañía. Son innumerables los que se han visto en las tres últimas décadas, y no sólo en el mundo del cine, sino también en el de la música o la televisión. A veces son diálogos, a veces imágenes, a veces chistes más o menos privados. Estas son, por orden alfabético, diez películas que hacen su peculiar homenaje a Star Wars.
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CLERKS (1994), DE KEVIN SMITH

Casi toda la filmografía de Kevin Smitg está plagada de referencias a Star Wars (incluso en el título de una de sus películas, Jay y el Silencioso Bob contraatacan, haciendo referencia al Episodio V), pero la más recordada por los fans es la de Clerks. En esa película se ve a dos de sus protagonistas manteniendo uno de los debates más clásicos de los aficionados a la saga galáctica, qué episodio es mejor, si El Imperio contraataca o El retorno del Jedi. Y debatiendo también sobre la cantidad de personal civil que tuvo que matar la rebelión al destruir la segunda Estrella de la Muerte, todavía en construcción...

COCOON (1985), DE RON HOWARD

Star Wars ha dejado frases inolvidables, pero destaca una por encima de todas las demas: Que la Fuerza te acompañe. En el cine se ha escuchado muchas veces, pero particularmente simpática fue la del final de Cocoon. Cuando los alienígenas se disponen a marcharse de la Tierra con ese grupo de jubilados que ansían la eterna juventud, el personaje de Steve Guttenberg, capitán del barco que alquilaron para encontrar a sus compañeros ocultos en el fondo del mar, se despide de la única mujer de la expedición con esa frase. ¿Qué mejor forma de despedir a alguien que no es de la Tierra que con ese deseo...?

E.T. EL EXTRATERRESTRE (1982), DE STEVEN SPIELBERG

Sabido es que Steven Spielberg y George Lucas son grandes amigos desde hace muchísimos años. Por eso, no extraña ver constantes guiños a Star Wars en las películas de Spielberg. La broma privada más celebrada fue la de E.T. En la fiesta de Halloween, el entrañable ser de otro planeta, disfrazado de fantasma con una sábana, ver a un chaval disfrazado de Yoda. Y se va detrás de él diciendo "mi casa, mi casa". Lucas le devolvió la gracia a Spielberg en el Episodio I, La amenaza fantasma, incluyendo una delegación de E.T.s en el Senado Galáctico.

EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA (1981), DE STEVEN SPIELBERG

Uno de los guiños más desconocidos a Star Wars es el que incluyó Spielberg en En busca del Arca perdida. ¿Cómo enlazar Star Wars con la historia de un arqueólogo que está buscando el Arca en la que Moisés depositó las tablas de los diez mandamientos? Muy sencillo. Se busca una pared llena de jeroglíficos y se coloca, a la vista pero pasando desapercibido, un relieve con la forma de R2-D2 y C-3PO. ¿No lo vísteis? Pues está en la foto, en la columna que hay a la izquierda de Indy, justo a la altura del hombro del arqueólogo más famoso de la historia del cine...


ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE (1977), DE STEVEN SPIELBERG

El primer guiño de Spielberg a Lucas fue en una película que se estrenó el mismo año que el primer episodio de la saga galáctica. En la espectacular e inolvidable secuencia final de Encuentros en la tercera fase, la de la llegada de la nave nodriza, un detalle se le pasó a mucha gente. Cuando vemos por primera vez esa inmensa nave se puede apreciar (en la foto junto a los focos) una unidad R2 pegada boca abajo al casco. Es la primera vez que se vio a un astrodroide con esa función. Para ver algo similar en la mitología de Star Wars hubo que esperar al Episodio I, en 1999, cuando varias unidades R2 trataban de reparar la hipervelocidad del crucero de la reina Amidala, de Naboo.

ERAGON (2006), DE STEFEN FANGMEIER
Tras el asesinato de su tío, a manos de las fuerzas de un malvado tirano, un joven decide buscar su destino junto a un anciano maestro que le ayudará a controlar sus nuevos poderes. Para ello, tendrá que salvar a una valerosa y hermosa joven, cautiva de ese dictador y unirse a la rebelión. ¿La guerra de las galaxias? Sí, pero también Eragon. Toda la película (y todo el libro en el que se basa) es un guiño continuo a la historia de Star Wars. Pero el mejor homenaje es este plano, del joven protagonista antes de emprender su epopeya, mirando la puesta de sol. Luke Skywalker hizo lo mismo en Tatooine en el Episodio IV.

MEN IN BLACK (1997), DE BARRY SONNENFELD
Men in black se basa en que, sin saberlo, estamos rodeados de alienígenas. Muchos famosos son, en realidad, seres de otros mundos que viven en la Tierra. En la agencia que controla su presencia en nuestro planeta, se llega a ver un inmenso panel con el que los agentes especiales del Gobierno norteamericano controlan a varios de ellos. Y George Lucas, como no podía ser de otra forma, es uno de esos extraterrestres. Le vemos, de hecho, trabajando en el guión del Episodio I. Bien pensando, esto explicaría muchas cosas de su prodigiosa imaginación para crear universos como los de Star Wars...


REGRESO AL FUTURO (1985), DE ROBERT ZEMECKIS
Cuando Marty McFly viaja desde los años 80 a los 50, tiene la ventaja de tener una información cultural que sus futuros padres no tenían en ese momento... Y como tiene que convencer a su padre de que salga con su madre para seguir existiendo, puede recurrir al miedo de los Sith. De esta guisa se presenta en casa de su futuro padre para decirle que es Darth Vader y que tiene una misión para él: llevar a su futura esposa al famoso baile. Claro que el amigo Marty no debía llevar muy bien la vieja rivalidad entre Star Wars y Star Trek... Dice ser Darth Vader, pero también que viene del planeta Vulcano y hace el saludo que tantas veces vimos hacer a Spock...

TITÁN A.E. (2000), DE DON BLUTH Y GARY GOLDMAN
Cualquier película de ciencia ficción que se haya hecho después de 1977 ha tenido que sufrir las inevitables comparaciones con Star Wars. Titán A.E. es quizá una de las que más y mejor se haya acercado al espíritu desenfadado de la primera entrega de la saga galáctica. El homenaje, además de la historia en si misma, se puede ver en la imagen. ¿A qué os recuerda una parte de esos deshechos espaciales...? ¿No es la mismísima Estrella de la Muerte lo que se puede ver justo abajo en el centro de la foto...? ¿Quién habrá sido el rebelde que habrá tirado a la basura una estación espacial tan poderosa como ésa...?

TOY STORY 2 (1999), DE JOHN LASSETER
Son muchos los guiños en Toy Story a Star Wars, sobre todo en la secuela de la maravillosa película de Pixar. La escena inicial, la de Buzz Lightyear adentrándose en la fortaleza de Zurg tiene muchos que pueden pasar muy desapercibidos. Ahí se puede escuchar el sonido de la respiración de Darth Vader, de los blasters o de los sables de luz. Pero el guiño definitivo es cuando Buzz y Zurg se ven las caras. El héroe se niega a rendirse y acusa al tirano de haber matado a su padre. La respuesta de Zurg... ¿Realmente hace falta que diga cuál es la respuesta de Zurg...?

sábado, marzo 22, 2008

'10.000', una correcta aventura

Cada vez que llega a los cines una película de Roland Emmerich, los críticos se frotan las manos. ¡Es hora de despedazar un estreno! Por eso, esta vez el director ha adoptado medidas preventivas: los críticos no pudieron ver la película antes del estreno. No hubo pase de prensa. Quizá así Emmerich ha conseguido algún espectador más porque, efectivamente, en cuanto la han visto, los críticos han masacrado 10.000. Y tampoco es para tanto, la verdad, porque 10.000 es una correcta película de aventuras, sin más, algo vacía pero lo suficientemente espectacular como para llenar algo menos de dos horas de entretenimiento. Pero ya se sabe que la crítica es así...

Emmerich se dio a conocer con Stargate (antes había hecho Soldado aniversal, pero aquella , mucho más que una película de su director, era el título que unía a dos de los forzudos de moda en los 80, Jean-Claude Van Damme y Dolph Lundgren), una entretenidísima aventura de ciencia ficción. Después realizó Independence Day, un filme que la gente se tomó demasiado en serio para disfrutarlo en su justa medida. El patinazo de Godzilla fue enorme (ni pies ni cabeza en una grandilocuente demostración de que el dinero no garantiza una buena obra de acción), y después dirigió El patriota (la única de todas estas que no he visto) y El día de mañana (sin ser nada del otro mundo, mejor de lo que esperaba). Emmerich no un director ni bueno, ni malo. Es un correcto profesional que un día se creyó muy bueno pero que tampoco es tan malo.

10.000 recupera para el cine el periodo de la prehistoria, ese que tantos delirios provocó en los años 60 con películas del tipo Hace un millón de años (con una espectacularmente imposible Rachel Welch), esas en la que los dinosaurios eran la principal preocupación de los hombres de la época. La película de Emmerich no tiene tampoco rigor histórico alguno (ni en el argumento, ni en los escenarios ni en el aspecto visual de los personajes). Pero aceptado ese lastre (cada día más inevitable en el cine actual, especialmente en el norteamericano), no deja de ser una correcta película de aventuras, en la que un hombre se enfrenta al destino por el amor de la mujer que quiere y por la libertad de su pueblo.

El guión es bastante tópico, pero avanza con cierta corrección. Los actores, ninguno de ellos demasiado conocido, simplemente cumplen con lo que se les pide: actuar con cierta credibilidad frente a una pantalla verde que después se rellenará en postproducción con el entorno fantástico en el que transcurre la historia. Lo mejor, sin duda, son las escenas de masas en el tramo final del filme, que recuerdan al cine de otra época. Porque, a pesar de los efectos especiales por ordenador (bastante visibles en las apariciones del tigre de dientes de sable o las de los mamuts), el tono que Emmerich le da al filme pretende ser bastante clásico. Los movimientos de cámara son pausados, la acción se ve perfectamente, se prescinde del ritmo de videoclip que tanto daño ha hecho en el cine moderno de acción y aventuras.

Emmerich se permite el lujo plagiar lo que todos han plagiado ya en el más reciente cine de aventuras: las grandes panorámicas se ofrecen como Peter Jackson las rodó para su trilogía de El Señor de los Anillos, con un amplio movimiento circular que permita ver todo el horizonte. Ya no hay caminar de protagonistas en este tipo de cine que no haga clara referencia a la visión cinematográfica de Tolkien. Ya no se puede planificar una escena así de otro modo. El propio Emmerich se plagia a sí mismo en el tramo final de la película, donde es inevitable recordar algunos momentos de Stargate.

Una curiosidad para acabar. Durante toda la proyección de 10.000, tuve la sensación de que había visto antes a la actriz protagonista. Su nombre es Camilla Belle y tiene 21 años. Demasiado joven para recordarla por alguna película reciente, pensé. Y me puse a buscar es su filmografía. Y entonces me di cuenta. ¡Camilla Belle es la niña que aparece al comienzo de El mundo perdido, la secuela de Parque Jurásico! Cómo pasa el tiempo, madre mía...

jueves, marzo 20, 2008

'2001' se queda totalmente huérfana

Años después de que muriera Stanley Kubrick, 2001: Una odisea del espacio se ha quedado totalmente huérfana. La muerte de Arthur C. Clarke es el adiós de uno de los padres de la ciencia ficción del siglo XX. Era un visionario, un hombre adelantado a su tiempo. Quizá no un grandísimo escritor (aunque esto, como todo lo que tiene que ver con el arte, es discutible), pero sí un tipo de una imaginación prodigiosa. Y a él, además de a Kubrick, se le debe uno de los más grandes e importantes iconos de la historia del cine (y no sólo de la ciencia ficción).

Y es que 2001 no es sólo una película de ciencia ficción. Es, para empezar, una visión del futuro. Clarke publicó en 1948 El centinela, un relato que se convirtió en la base de 2001. Kubrick convenció al escritor para hacer juntos y al mismo tiempo una novela y una película. Ocho meses trabajaron juntos para presentar un guión a la Metro Goldwyn-Mayer. Y cuando dos genios trabajan juntos, lo normal es que acaben distanciados. Kubrick introdujo cambios en el guión y Clarke se centró en su novela, que se publicó muy poco después del estreno de la película, en 1968.

Como prueba de la visión de futuro de 2001, aquí va un párrafo de la novela. "Hizo aparecer (en su pantalla) los principlaes diarios electrónicos del mundo; sabía los códigos de los más importantes de memoria. Mantenía la portada en pantalla mientras recorría rápidamente los titulares en busca de las noticias que le interesaban. Cuando las pinchaba, el rectángulo del tamaño de un sello se expandía hasta llenar toda la pantalla y podía leerlas cómodamente". Y después añade: "Cuanto más maravillosos eran los medios de comunicación, más triviales y deprimentes parecían ser sus contenidos". No sólo predijo cómo sería Internet, sino que se aventuró a calificar cómo serían sus informaciones. Y estábamos a finales de los años 60.

Decía Clarke en su 90 cumpleaños (que lo celebró el pasado 16 de diciembre, bien poco antes de su muerte) que uno de sus pesares era no haber visto en vida pruebas irrefutables de la existencia de vida extraterretre. Seguro que alguien se lo acaba contando, esté donde esté. Hasta siempre, visionario.

jueves, marzo 13, 2008

Adiós a la Criatura de la Laguna Negra

Si escribo que ha muerto Ben Chapman seguro que nadie sabe de quién estoy hablando. Lo triste es que seguro que mucha gente tampoco sabrá mucho más si digo que era el hombre que estaba dentro del traje de la Criatura de la Laguna Negra, en la película que en España se tituló La mujer y el monstruo. Es un pequeño clásico de terror de los años 50 que no demasiada gente conoce y que, dentro de la incultura de cine clásico que se propaga cada vez más, cada vez conocerá menos gente. Pero el caso es que Ben Chapman ha muerto a los 79 años. Es el responsable de un pequeño gran recuerdo de mi imaginario fantástico. Y por eso quería recordar su figura y la película.

La mujer y el monstruo se estrenó el 5 de marzo de 1954. Hoy se considera a este título como parte de los clásicos de terror de la Universal (y como tal se comercializó en la colección de DVDs que vio la luz hace unos años), a pesar de haber sido rodado dos décadas más tarde que los títulos más emblemáticos, el Dracula de Bela Lugosi o el Frankenstein de Boris Karloff. El director fue Jack Arnold, director clásico de fantasía de los años 50, responsable de películas como El increíble hombre menguante o Tarántula, que acabó su carrera en televisión. La mujer y el monstruo fue una de las primeras películas en rodarse con la técnida de 3-D.

Ben Chapman no era un actor. Él fue quien dio vida a la Criatura de la Laguna Negra en las escenas rodadas en superficie. Para las (impresionantes para la época) tomas bajo el agua se contó con Ricou Browning, un nadador profesional que tuvo que aguantar la respiración hasta cuatro minutos para que se pudiera cumplir el deseo de que no se vieran las burbujas de oxígeno bajo el agua. A Chapman le pagaban 300 dólares a la semana por enfundarse el traje del monstruo. No tuvo nunca una carrera en el mundo del cine, apenas un par de pequeños papeles. Pero siempre será la Criatura de la Laguna Negra. La gente le recordaba por ello. Le pedía autógrafos, se hacía fotos con él y acudía a convenciones con cierta regularidad.

No deja de ser curioso que Hollywood esté preparando para este mismo año un remake de La mujer y el monstruo. Breck Eisner (Sahara) será su director. La criatura la encarnará Brian Steele, un tipo con mucha experiencia bajo el maquillaje de monstruos de cine. No en vano ha participado en las dos películas de Hellboy (la segunda llegará este mismo año a las pantallas) y Underworld o en La joven del agua. No es que un remake de este tipo me inspire mucha confianza, pero sólo por el cariño que le tengo a la película original es más que probable que la vea.

martes, marzo 11, 2008

'Interview': La imagen engaña

Interview es una película muy notable que no demasiada gente conocerá. Para darle el valor que merece, hay que comenzar diciendo que es un remake de una película holandesa del mismo título, dirigida en 2003 por Theo Van Gogh, ese realizador que fue asesinado en 2004 por un islamista holandés de origen marroquí. Steve Buscemi, uno de los actores favoritos del cine independiente norteamericano, ha dirigido este remake, el primero de una serie de tres interpretaciones en Estados Unidos de películas anteriormente realizadas por Van Gogh. Buscemi se reserva para sí mismo el papel principal de la película.
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La historia que cuenta es, en apareciencia, sencillísima. Un periodista político se ve degradado a entrevistar a una joven actriz, protagonista de culebrones y películas de terror. El encargo le parece aburrido y banal, y muestra total desinterés durante la entrevista. Por eso, la personalidad del periodista no tarda en chocar con la de la actriz, pero, poco a poco, la situación se va transformando. La guerra entre periodista y actriz se convierte en una guerra entre dos personalidades más parecidas de lo que parecía y, sobre todo, en una guerra de sexos. Ni ella ni él son personas tan seguras como aparentaban al principio, ni ella ni él son lo que aparentan en absoluto.
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Y es que la imagen engaña. Sienna Miller tiene una imagen. Es una guapísima actriz de 26 años que, hasta hoy, es mucho más famosa por las noticias que genera más allá de la pantalla, primero su relación con Jude Law, ahora su futuro matrimonio con Rhys Ifans, que su trabajo como intérprete. Con una filmografía en la que aparecen películas como Casanova o el remake de Alfie, no había conseguido llamar la atención como actriz. Interview es la primera película que veo en la que Sienna Miller es la protagonista (también la vi en Stardust). Y la impresión que me ha provocado es fabulosa. Crea un personaje creíble e intenso, hace una interpretación de lo más interesante y a la vez provocadora. Es capaz de cambiar de registro con una gran naturalidad. Una mujer sexy en el aspecto físico, pero también una mujer interesante en otros planos. Brillante de verdad. Y toda una sorpresa, precisamente por esa imagen que tiene.
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Buscemi también tiene una imagen, ya lo he mencionado más arriba. Es un icono del cine independiente. Pero para poder dedicarse a ese mundo, trabaja habitualmente en otro tipo de cine mucho más comercial. Es bastante frecuente verle prestando su voz a personajes a dibujos animados (Monster House no hace mucho) y ha aparecido, se supone que sólo para ganar dinero, en películas como La isla, un par de entregas de Spy Kids o Armageddon. Su imagen aquí no engaña. Es un actor que impresiona en cada papel que hace. En Interview impresiona con registros muy diferentes de los que enseñaba, por ejemplo, en Fargo o El gran Lebowski. Pero impresiona. Es un muy buen actor. Y también un competente realizador. Interview es su tercera película como realizador, la primera que veo. Y me lo apunto para el futuro.
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Además de por su dirección y por sus interpretaciones (de los dos personajes que copan la práctica totalidad de la película) Interview engancha también por un guión muy inteligente (cuyo verdadero valor, como el de la película en su conjunto, depende de lo que suponga la película original, que no he tenido el placer de ver). Da gusto ver una historia tan centrada en el desarrollo de los personajes y de las situaciones. Da gusto escuchar diálogos inteligentes y apropiados. Interview, que no deja de ser una película independiente, con todo lo que ese supone de límite a su distribución y difusión, se convierte en un título muy recomendable. Enseña mucho sobre la vida, sobre el periodismo y sobre el show business. 80 minutos de muy buen cine.