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viernes, diciembre 05, 2014
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jueves, abril 17, 2014
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domingo, marzo 24, 2013
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domingo, febrero 10, 2013
'Gangster Squad', entretenido pero poco exigente cine negro
Llegar a la conclusión de que Gangster Squad es una película entretenida supone salvar un escollo importante que Warner había puesto para su disfrute cuando decidió eliminar una escena de la película por su similitud con el tiroteo en la vida real en un cine coincidiendo con el estreno de El Caballero Oscuro. La leyenda renace. Dijeron entonces que lo hicieron para no herir sensibilidades, pero, francamente, tiroteos ha habido en muchos escenarios y no por eso se va a dejar de disfrutar de una buena película de, y ahí está la clave, ficción. La decisión se antoja aún más absurda después de ver que es totalmente imposible llevar la cuenta de cuántos disparos se producen en Gangster Squad, de cuántos cadáveres llegan a sumarse a lo largo de su metraje y de algunas escenas como el violento incidente que abre la historia. Porque, eso sí, Gangster Squad es una película muy violenta, como procede con el relato que está contando. Obviamente, Fleischer gusta de recrearse en algunos de esos momentos, pero tampoco es un exceso insoportable.
El principal problema de la película no está ahí, sino en el desarrollo de los personajes, en sus diálogos y en intentar disimular que estamos ante una versión más truculenta y salvaje de Los intocables. Porque el argumento es básicamente el mismo. Solo cambia que aquí los policías que persiguen al mafioso de turno operan más allá de la ley y sin sus placas, pero hay en la interpretación de Sean Penn un claro intento de acercarse al Al Capone de Robert de Niro en la película de Brian de Palma, a la que se asemeja en demasiadas cosas con los típicos añadidos de lo políticamente correcto (que no falten la mujer, el hispano y el negro), e incluso con homenajes nada velados (la escalera, a la que sólo le falta el carrito de bebé). Es evidente cómo se va a resolver la trama, quién tiene que enfrentarse con quién, qué papel va a jugar la femme fatale de turno o incluso qué personajes no van a llegar con vida al final de la película. Es Emma Stone, pese a cuadrar a la perfección en la imagen más hermosa de la mujer del género negro, y sea cual sea el color de su insinuante vestido, quien más sufre el pobre desarrollo de los personajes.
Pero el conjunto es, decía, sumamente entretenido, porque en el fondo es una buena historia de buenos contra malos que está encarnada por actores carismáticos. Y aunque Josh Brolin es un espléndido actor que lleva el filme con mucho oficio, y se agradecen las presencias de Nick Nolte, Giovanni Ribisi, Robert Patrick, Anthony Mackie o Michael Peña, lo cierto es que la película crece con la presencia de Ryan Gosling, a pesar de su pobre doblaje. Y no es que su personaje esté mucho más desarrollado que el de sus compañeros de reparto, pero sí encierra bastantes más elementos de interés, tanto sobre el papel de su guión como en su traslación a la pantalla. Fleischer se excede en modernizar el aspecto visual del cine negro y, obviamente, choca con la esencia misma del género. Gangster Squad abusa de las cámaras lentas y de los efectos visuales y, salvando una espléndidamente rodada escena de persecución, se acerca a la historia como si fuera un título más de acción. Eso es lo fallido de la película. Pero el desarrollo y la puesta en escena, olvidando estas moderneces que llevan tiempo comiéndose las reglas básicas del cine de género, es más que interesante.
Gangster Squad no es la mala película que muchos han vendido (¿quizá una reacción a esa desmedida reacción de remontar la película?) ni tampoco el clásico instantáneo que se podría haber conseguido con un reparto tan completo e interesante como el que reúne este filme. Pero es una película interesante, contenida en su duración (113 minutos) y desatada en su violencia. Curioso sería que esa misma violencia que sirve para encumbrar a otros directores se utilizara para hundir esta película. Lo mejor, en todo caso, está en la ambientación, en lo que sí sigue con fidelidad aquello que hacía del género negro algo tan especial, ese aire clásico en los escenarios, en la vestimenta e incluso en los comportamientos de los personajes. Y eso está presente aquí, quizá algo enmascarado por el ruido de las balas, pero está. Pero no estamos ante una obra maestra del calibre de Perdición, no. Ni siquiera comparable con L. A. Confidential o Camino a la perdición. Pero es que no todo el cine tiene que ser de arte y ensayo o formar parte de forma inmediata de un panteón de clásicos. El cine entretenido también tiene derecho a vivir.
viernes, julio 06, 2012
'The Amazing Spider-Man', buen cine de superhéroes
Primera advertencia para ver The Amazing Spider-Man: no tiene absolutamente nada que ver con las tres películas de Spiderman que hizo Sam Raimi. Es un reboot total, que es fiel al espíritu del cómic pero no sigue al pie de la letra, ni mucho menos, las historias de las viñetas. Segunda advertencia: más que sobre Spiderman, que también, ésta es una película sobre Peter Parker. Que nadie se asuste al comprobar que el superhéroe no aparece hasta la hora de película, y ésta dura 135 minutos, algo que ya sucedía, y con bastante éxito por cierto, en Batman Begins. Tercera advertencia: si todavía no los has visto, huye de los trailers de la película como de la muerte. La maquinaria hollywoodiense todavía no se ha dado cuenta de que con estos avances está matando la experiencia cinematográfica. Y dos advertencias menores más: que nadie salga del cine antes de la escena que aparece después del primer bloque de créditos finales (aunque es decepcionante, en el fondo es la antesala de la más que segura secuela) y que a nadie se le escape el glorioso cameo de Stan Lee, cocreador de Spiderman junto a Steve Ditko. Una biblioteca y música clásica dan la pista para reconocerle.
Lo más importante de esas advertencias está, obviamente, en las dos primeras. El primer cambio que eso produce es que tenemos un Peter Parker adolescente. Tendría que chocar que, con ese planteamiento, el actor escogido para dar vida al personaje, Andrew Garfield (La red social), tenga 29 años. Pero miradle. Observad detenidamente su impresionante interpretación. Es Peter Parker, es un adolescente tímido y con problemas, solitario pero con ganas de hacer lo correcto. Garfield parece haber cobrado vida directamente desde las viñetas de los primeros cómics en los que apareció, por obra y gracia del mencionado Stan Lee y Steve Ditko. Y a su lado cobra vida una Gwen Stacy casi perfecta, con los rasgos de una Emma Stone que se consolida como una de las actrices del momento compaginando película como Criadas y señoras con este tipo de cine. Tienen tanta química juntos que ésta desborda escenas como el precioso intento de Peter de pedirle una cita a Gwen en los pasillos del instituto o la conversación que tienen en la azotea. Los dos están sencillamente maravillosos.
Marc Webb, director de este reboot, era una de las razones por las que cabía dudar de este proyecto. Su bagaje cinematográfico se limitaba a (500) días juntos. Y, sin embargo, parece entender a la perfección no sólo la naturaleza y la personalidad de Spiderman, sino también lo que necesitaba para que esta reinvención pudiera verse como algo totalmente diferente a las tres películas de Sam Raimi. El movimiento de Spiderman es asombroso y reconocible, el nivel de efectos especiales y la interacción con el villano de la película, el Lagarto (al que da vida con categoría en su mitad humana Rhys Ifans), es sobresaliente en todos sus encuentros, especialmente en el clímax final de la película, el momento en el que de verdad tiene sentido el 3D. Porque, sí, ver a Spiderman balanceándose entre los rascacielos de Nueva York en 3D es algo que merece la pena ver. No tanto el resto de la película, y de hecho algo más de la primera hora podría llevar a pensar en otro nuevo timo con las famosas gafas. Y si a eso se añade el placer de ver a secundarios como Michael Sheen, Sally Field (como los tíos de Peter, Ben y May) y Dennis Leary (como el capitán Stacy, padre de Gwen), pocas pegas se le puede poner a este espectáculo.
The Amazing Spider-Man tiene alguna escena que no termina de funcionar, como la detención del atracador de coches, y algún concepto demasiado cinematográfico que inunda una buena historia de cómics, y es que lo de la identidad secreta es algo para estudiar en el cine de superhéroes en general pero que en las cintas de Spiderman alcanza un grado superlativo. Y le tengo algo de manía al diseño del lagarto, demasiado alejado del cómic; al del traje de Spiderman, seguramente porque el de las películas de Sam Raimi me parecía perfecto; e incluso al 3D, aunque el final de esta película me congracia un poco con las dichosas gafas. Pero este filme es una demostración de cómo se puede hacer una espléndida historia de superhéroes que guste incluso a un público que no sienta especial entusiasmo por este tipo de personajes del ideario cultural norteamericano del siglo XX. Es una hermosa historia de desarrollo personal, la de un joven de 17 años cuya vida cambia de repente por un accidente pero que no deja de ser el clásico chaval de mirada embobada con la chica de sus sueños. Sí, hay un lagarto gigante, un tipo que se viste con spandex para luchar contra él y bastantes efectos especiales. Pero todo eso no deja de esconder una historia fantástica y muy, muy, muy entretenida.
Aquí, otra crítica de la película.
Aquí, fotografías de Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans y Marc Webb en la presentación en Madrid del filme.
Aquí, un repaso a las películas de Spiderman que nunca se llegaron a hacer.
domingo, octubre 23, 2011
Soberbia 'Criadas y señoras'
Soberbia. Criadas y señoras es soberbia. Sé que es bastante posible que lejos del mercado americano haya mucha gente que no termine de asumir la historia que cuenta, la vida de las criadas negras y de las mujeres ricas blancas para las que trabajan en un pequeño pueblo de Mississippidurante los años 60. Sé que tiene algunos defectos, que tienen más que ver con el clasicismo que asume desde el principio que con cualquier otra cosa. Pero para mí una película que cuenta con un gran guión y un sobresaliente grupo de protagonistas sólo puede ser soberbia. Porque emociona, conmueve, divierte, hace pensar y deja una satisfacción inconmensurable cuando uno sale del cine. Porque es prodigioso el nivel interpretativo que dan todas las protagonistas de la película, no sólo las más populares Emma Stone o Bryce Dallas Howard, sino también Viola Davis, Octavia Spencer o Jessica Chastain. Sí, se ven venir ciertos giros argumentales. Sí, el final sólo podía ser el que es. Pero qué bien sienta ver de vez en cuando una película con semejante factura, con tan buen diseño de producción, con un esquema clásico y, como decía, sobre todo con un grupo actoral imposible de igualar.
El drama racial vende mucho en Hollywood. Quizá no tanto en Europa, menos en España, donde la dimensión de aquel problema no se llegó a vivir cuando se estaba produciendo, ya que en los años 60 la igualdad entre blancos y negros era la menor de nuestras preocupaciones locales. Y es un tema muy trillado en el cine. Sin embargo, no todas las películas que lo han tratado consiguen introducir el tema de una forma tan elegante e involucradora como lo hace Criadas y señoras. Eso es otro de los aspectos que hace de ésta una película soberbia. Porque es una historia doble, con dos narraciones paralelas. Por un lado, la que ofrece la voz en off de Aibileen (Viola Davis), una mujer negra que trabaja en la mansión de una adinerada familia de Mississippi. Por otro, el de Skeeter, una joven blanca que regresa a casa con la ilusión de convertirse en una escritora. Ambas vidas, desde polos opuestos, tienen sabores amargos, y ambas mujeres van creciendo según se precipitan el acontecimiento que narra la película, que no es otro que la gestación de un libro que recoja el punto de vista del servicio, de las mujeres negras que trabajan para familias adineradas, en plena lucha por los derechos civiles del colectivo afroamericano.
Tate Taylor dirige y escribe la adaptación de la novela de Kathryn Stockett. Al parecer, ambos son amigos de la infancia. Para ella fue su primera obra literaria. Para él, la segunda cinematográfica después de la desconocida Pretty Ugly People. Pero en la pantalla no se vislumbra semejante bisoñez. Ni tampoco que un hombre blanco rueda una historia de mujeres blancas y negras. Hay maestría, hay saber hacer, una historia formidablemente bien construida. Hay talento, mucho talento. Y, sobre todo, un acierto incuestionable a la hora de conformar lo mejor de la película: su reparto. Viola Davis confirma la poderosa presencia que mostró en La duda (aunque entonces quedara eclipsada como secundaria por tres actuaciones prodigiosas). Emma Stone confirma su inmensa categoría como actriz, y esta vez en registros totalmente alejados de la comedia que la dio a conocer, Rumores y mentiras. La para mí desconocida Octavia Spencer es tan poderosa como Davis pero desde una personalidad completamente distinta. Bryce Dallas Howard (La joven del agua) evidencia que es mucho más que una presencia bonita o simplemente la hija de Ron Howard, que es como llegó al mundo del cine. Jessica Chastain (El árbol de la vida) encandila con una sencillez admirable.
Y podría seguir porque todo el reparto está inmenso. Aunque aquí se podría encontrar la primera pega a la película: el nulo peso que tienen los personajes masculinos en la historia. Cierto es que estamos ante un filme de mujeres, pero a veces parece que la mirada de los escasos hombres de la historia se hace desaparecer a conveniencia. Algún contrapunto más habría sido beneficioso para redondear la obra, sobre todo en lo que se refiere a la relación entre Skeeter y Stuart, ese esquivo joven al que le presentan con el fin de que inicie su búsqueda de marido (fascinante subtrama, por cierto, la de la personalidad y vida social de Skeeter, que también ahonda de manera realista en cómo eran los años 60 para ciertas costumbres que hoy ya están socialmente aceptadas; ojo, por cierto, al enorme gag sobre el tabaco una de las primeras escenas de la película). Puestos a buscar otra pega, es evidente que en la película hay un espíritu inspirador, un ánimo de conquista social, que sólo puede derivar la historia hacia un punto muy concreto, lo que hace que algunos giros se vean venir con demasiada facilidad. ¿Pero quién dice que el cine vive de las sorpresas? No es así y Criadas y señoras es una muestra evidente.
Porque todo aquí funciona. Funcionan los grandes momentos (se pone la carne de gallina cuando Skeeter descubre por qué le ha pedido Henry, el camarero, que se vaya cuanto antes a casa de Aibileen), el duelo interpretativo crece a dimensiones formidables (inolvidables las conversaciones llenas de complicidad entre Emma Stone y Viola Davis, o las trufadas de dobles intenciones entre la primera y Bruce Dallas Howard), funciona en la parte más dramática (impresionante silencio que lo dice todo cuando Tate Taylor completa con maestría y desde otro punto de vista la escena que abre la película) y funciona en la comedia (brutal la escena en la que se descubre el gran secreto Minni y Hilli, los personajes de Octavia Spencer y Bryce Dallas Howard; o la magnífica aparición secundaria de una Sissy Spacek a la que se echa de menos en el cine), funciona la ambientación y funciona el montaje. Funciona todo. Por eso es una película soberbia. Pero si por algo tiene que destacar es por el inolvidable duelo interpretativo de dos actrices que nada tienen que ver, Viola Davis y Emma Stone, que obligan a quitarse el sombrero y a salir del cine con una sonrisa en los labios. Dicen que será la sorpresa en los Oscars, porque nadie contaba con ella antes de estrenarse. Yo sólo puedo añadir una cosa: bravo.
miércoles, octubre 05, 2011
'Crazy, Stupid, Love' y la confusión entre los tres términos
No termino de decidirme sobre Crazy, Stupid, Love. No sé si es una locura de película, no sé si va sobre el amor o si en realidad es sobre la estupidez. Igual es una mezcla entre las tres cosas y el título es muy adecuado. Pero es que no sé si los actores me terminan de convencer, porque todos ellos (los conocidos y los menos conocidos) tienen grandes momentos, pero en realidad me saben a poco casi todos (en especial algunos de los conocidos). Y el caso es que me he reído, en algunas secuencias verdaderamente divertidas que tiene la película, pero también es verdad que, al margen de los intentos de salirse del cliché que a ratos parece que van a progresar, desprende cierto tono previsible (al fin y al cabo, es una comedia romántica, y todos sabemos cómo evolucionan las comedias románticas). Estoy confundido, sí. Pero entre tanto he pasado dos horas un tanto largas para esta propuesta pero entretenidas al fin y al cabo. En realidad, funciona mejor que la media de películas similares, con lo que tiene un aprobado bastante holgado, pero, como sucede en este género, no pasa de ahí y apela a un público bastante claro, el que esté dispuesto a recibir sus enredos y casualidades de buen grado.
El dúo de directores que forman Glenn Ficarra y John Facqua firman su segunda película tras la cámara (la primera fue Philip Morris, ¡te quiero!) y lo hacen con una película como poco curiosa. Interesante, desde luego, porque, sin revelar absolutamente nada de su desarrollo, plantea algunas cosas que no son muy habituales en una comedia romántica. Y entretenida por contar con un guión hábil, aunque previsible (insisto, seguro que es más una cuestión de género y de expectativas generadas por estudios de mercado que por pretensión cinematográficas), y un reparto experto que arrastra al espectador con facilidad. Lo que no termina de estar claro, en una película tan llena de mensajes inspiradores sobre el amor, es qué pretende decirnos exactamente. El final lo distorsiona todo bastante, y es ahí, en la resolución de todas las tramas, donde Crazy, Stupid, Love pierde buena parte de la fuerza que sí consigue acumular a lo largo de su metraje. No es ninguna novedad, más bien parte de la idiosincrasia de una comedia romántica, pero uno no pierde la esperanza de que llegue el día en que una película así sorprenda. Incluso en su final.
Crazy, Stupid, Love parte de premisas bastante inverosímiles, que dificultan la verosimilitud de la película, y la primera es la falta de química que hay entre la pareja protagonista, la que forman Steve Carell y Julianne Moore. El caso es que los dos, por separado, ofrecen buenos momentos (más ella que él, porque a él le sigo viendo muy cercano a su papel de siempre salvo en alguna escena contada), pero juntos no tanto. En la segunda escena, que transcurre en el interior de un coche, ni siquiera parece que formen parte de la misma película. Este matrimonio protagonista pasa por malos momentos y se separa, lo que desencadena toda la historia. Por un lado, él conoce a un tipo que le enseña a ser todo lo que no es, atractivo para las mujeres, descarado, ligón... Ella, por su parte, duda entre volver a la vida que conocía o dar un paso adelante con la vida que ha imaginado, que es el motivo por el que ha decidido romper su matrimonio. Por alguna extraña razón, me costaría mucho imaginar que de Hollywood hubiera salido una película con esos papeles cambiados, pero me resulta un planteamiento más interesante que el que ofrece la película.
Al final la mejor historia de todas (¿es ese el mensaje que realmente quiere contar esta película?) es la que en la primera mitad de la película (que llega a unas excesivas dos horas) aparece más desdibujada, la que afecta al personaje que interpreta Emma Stone (y que incluye la mejor broma cinéfila de la película; hacer referencia a otras películas o actores es algo que se está poniendo de moda y, la verdad, se agradece por su realismo). La actriz está más que correcta, pero su trabajo sabe a poco después de haberla visto en Rumores y Mentiras y Criadas y señoras, todavía por estrenar. De hecho, es esa es la característica esencial de casi todos los actores de la película, que sus trabajos saben a poco. Le sucede lo mismo a los breves papeles de Marisa Tomei o Kevin Bacon, personajes a los que se le intuyen muchas cosas, pero que al final se quedan en algo normal, episódico y, en el fondo, casi intrascendente. También funciona bastante bien la parte de amor adolescente, personificada en el chico de trece años al que da vida Jonah Bobo y la joven de 17 con el rostro de Analeigh Tipton. Pero si como motor de una película que apuesta por rostros conocidos encaja más la historia de dos intérpretes desconocidos, es que algo no ha terminado de funcionar en la película. Y eso que falla es la química.
La química es esencial en una comedia romántica. Muchas, con peores guiones sobreviven gracias a ese detalle. Y aquí falla en algunas de las parejas que se forman. Sí hay química, curiosamente donde no manda el amor, en la relación entre los dos personajes masculinos principales, los del propio Carell y Ryan Gosling. No es que ninguno de los dos ofrezca la interpretación de sus vidas, pero una vez asimilada la premisa que les une (con cierto esfuerzo por lo inverosímil que es), ofrecen los mejores momentos de la película, junto con el inevitable enredo final. Enredo, por cierto, que tiene un halo de originalidad (y de buena comedia, todo hay que decirlo) porque no es realmente tan final como suele suceder en este tipo de películas. Crazy, Stupid, Love entretiene de forma sincera, aunque después de una primera película más que extraña se nota que sus directores se han plegado en cierta medida a las exigencias comerciales de Hollywood. Lo hacen con oficio, dejando una serie de buenos momentos de comedia y con buenas actuaciones individuales (que cuando se mezcla, por desgracia, no funcionan igual de bien; si entre Carell y Moore no hay química, mucho menos la hay entre ella y Kevin Bacon). Con todo, una agradable comedia que, sin demasiadas pretensiones, se deja ver con mucha facilidad.
lunes, octubre 03, 2011
Photocall, rueda de prensa y crítica de 'Criadas y señoras'
El director Tate Taylor y las actrices Viola Davis, Emma Stone y Octavia Spencer han presentado hoy en Madrid Criadas y señoras. El filme no se estrena en España hasta el próximo día 28 (demasiado retraso con respecto a Estados Unidos, donde se pudo ver a comienzos de agosto y donde se ha convertido en la película sorpresa de la temporada con 150 millones de dólares recaudados), y será en esa semana cuando podáis leer aquí la crítica correspondiente. No obstante, como he estado presente en el photocall y en la rueda de prensa, ya os puedo adelantar unas cuantas cosas que he subido a la red sobre esta magnífica película. Aquí podéis leer una primera crítica, más formal que las que publico en La Sala de Cine. Aquí, un repaso a lo que ha dado de sí la rueda de prensa. Y aquí unas cuantas imágenes tomadas por este humilde cinéfilo tanto del Photocall como de la rueda de prensa posterior que han dado realizador e intérpretes.
Admito que me ha sabido a poco, que me hubiera gustado estar con estos profesionales algo más de la media hora que hemos tenido (que se queda en menos de la mitad por las preguntas y por las traducciones), y que hubiera sido estupendo tenerles a nuestra disposición menos cansados, pues la rueda de prensa fue el fin de la jornada con los medios, después de las siempre preferentes entrevistas con las televisiones. Pero es tanta la admiración que me ha provocado la película, que todo lo perdono. Es tan espectacular el trabajo de estas tres actrices que hoy han pasado por Madrid, que no voy a lamentar que no hayan tenido más tiempo para quienes escribimos sobre cine. A Emma Stone la descubrí hace poco gracias a su gran papel en Rumores y mentiras, pero es que ahora triunfa también en el drama. A Viola Davis la admiré en La duda aunque tres interpretaciones brutales hicieran que se hablara poco de ella. Y a Octavia Spencer es la primera vez que la veo pero ya tengo su nombre más que apuntado.
Apuntad vosotros Criadas y señoras, que estoy seguro de que no os va a decepcionar.
sábado, julio 02, 2011
'Rumores y mentiras'... o cómo descubrir a Emma Stone
El nombre de Emma Stone sonaba de vez en cuando. Y yo me preguntaba quién era, porque no recordaba haberla visto en una película. Mala cosa, si de lo que hablamos es de una actriz. Los fantasmas de mis ex novias, Supersalidos, Bienvenidos a Zombieland, Un rockero de pelotas o Una conejita en el campus no son títulos que me animen a conocerla. Cuando se anuncia que va a interpretar a Gwen Stacy en la próxima The amazing Spider-Man me digo que tengo que ver a esta actriz en acción. Y llega Rumores y mentiras. ¿Otra película dirigida por un director casi debutante sobre amoríos adolescentes contados desde un punto de vista de comedia, sin duda abusando de chistes facilones y sexuales? Tampoco me atraía. Pasó el tiempo, pasó hasta una nominación al Globo de Oro para Stone por esta película. Pero yo seguía sin verla. Hasta que dije basta. Y la vi. ¿Y sabéis qué? Hacía mucho tiempo que no disfrutaba con una comedia ligera tanto como lo he hecho con Rumores y mentiras. Pero sobre todo he disfrutado con el espléndido, natural, y atractivo trabajo de Emma Stone, un maravilloso (¿y tardío?) descubrimiento a la que ya le tengo el ojo echado. Cinéfilamente, por supuesto.Olive es una joven estudiante que pasa desapercibida en su instituto, hasta el día en el que se empieza a propagar el rumor de que ha mantenido relaciones sexuales con un chico. A partir de ahí, su entorno estudiantil empieza a percibirla de forma diferente, sea para bien o para mal. Y el rumor crece de forma exponencial hasta que no hay forma de pararlo, con los consiguientes enredos cómicos que cabe suponer. Una película como Rumores y mentiras sólo puede funcionar, a cualquier nivel, si la elección de su protagonista es acertada. Emma Stone es mucho, muchísimo más que un acierto. Ella sola se come la película, se apodera de ella, la domina a su antojo, mueve al espectador hacia donde quiere en todo momento con su voz, con su sonrisa, con su mirada, con sus lágrimas, en definitiva con su interpretación, brillante de principio a fin, conmoverdora y realista, divertida y dramática, siempre adeacuada al tono de cada escena. Parece mentira que una película con este tono dé a una actriz la oportunidad de lucirse a tantos niveles, pero lo hace. Ya lo creo que lo hace. Rumores y mentiras es Olive. Es Emma Stone.
Habrá quien piense que éste es un papel fácil. Y puede que en algunos momentos el guión así lo haga parecer. Eso es indiscutible, porque no hay película de este tan manido género de la comedia de instituto que que no incurra en ciertos vicios, en esquemas repetitivos o en situaciones inverosímiles. Algo de esto también hay en Rumores y mentiras, pero Emma Stone sobresale por encima de todo lo negativo que se pueda decir de la película. Absolutamente de todo. Y obliga a pensar en ella como en una actriz de verdad, con tablas, con carisma (¿con futuro...? Ojalá, ojalá que sí...), y no como la típica niña mona hollywoodiense escogida por un book y no por su talento interpretativo, capaz de protagonizar una película como ésta con el piloto automático y sin dejar ningún tipo de recuerdo especial en el espectador. Y eso tiene mérito en Stone, en especial en las escenas que comparte con sus padres en la ficción, Stanley Tucci y Patricia Clarkson, ambos divertidísimos y muy metidos en el tono desenfadado del filme (muy por encima de una Lisa Kudrow empeñada en repetir hasta la saciedad el papel de Friends que le dio la fama o un aburrido pero más correcto Thomas Haden Church).
El influjo de Emma Stone es tan inmenso gracias a la ayuda de su doble papel en la película como protagonista y narradora, contando la película a cámara (pero de forma integrada en la narración con absoluta naturalidad) y tomando parte en la inmensa mayoría de las escenas. Eso es lo que haría imposible que Rumores y mentiras funcionara si Emma Stone no fuera la actriz adecuada. Porque si profundizamos en el guión encontramos algunas ideas poco aprovechadas (el hermano adoptivo o, sobre todo en el tramo final, la amistad de Olive con Rhiannon, una demasiado desaprovechada Aly Michalca), algunas situaciones inverosímiles (especialmente el final de la película, un típico, tópico e increíble giro), y algunos enfoques más que tradicionalistas (el retrato de las juventudes católicas encabezadas por Marianne, una divertida Amanda Bynes). Los típicos agujeros que puede tener una comedia adolescente escrita por un guionista debutante y dirigida por alguien como Will Glock, un director que con cuatro películas ya está encasillado en el género (lo próximo es Amigos con derecho a roce, protagonizada por Justin Timberlake y Mila Kunis, y en la que también aparecerá Emma Stone).
Pero, contra todo pronóstico, Rumores y mentiras no cae en la habitual zafiedad en los chistes sobre sexo o en la inane repetición de gracietas facilonas. Sorprendentemente (y quizá por esa descabellada fusión entre la historia y una novela clásica, lo que le sirve al guionista para aderezar su libreto con chistes divertidísimo sobre el cine actual), encuentra situaciones divertidas, cómicas, bien llevadas, con gusto y con gracia. Y aunque es inevitable atribuirle gran parte del mérito al gran trabajo de Emma Stone, lo cierto es que la película deja un buen sabor de boca por lo que es y no sólo por el rostro que se hace cargo de llevarla a buen puerto. Es una propuesta fresca y divertida, a la que por supuesto le falta originalidad (aunque intenta por todos los medios aportar cosas nuevas desde el punto de vista narrativo) pero que convence, por encima de todo, por el maravilloso trabajo de Emma Stone, una joven, atractiva y talentosa actriz que ojalá confirme todas sus virtudes en el futuro.






