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domingo, enero 15, 2017

'La ciudad de las estrellas. La La Land', portentosa delicia

La maestría con la Damien Chazelle compuso Whiplash hacía esperar lo mejor de su siguiente trabajo. Pero La La Land supera las expectativas. Desde un formidable ejercicio de nostalgia por un género oficialmente declarado muerto pero que en sus coletazos ha dejado ya más de una obra de arte, Chazelle logra una portentosa delicia que encandila desde el brutal número inicial, en el que es imposible contar en cuántos momentos podría haber salido mal un plano secuencia de semejante complejidad, hasta el increíblemente hermoso final de la película, que deja con la lágrima en el rostro, con la sonrisa en la cara, con el corazón en un puño y con el alma feliz de haber asistido a uno de esos raros espectáculos cinematográficos en los que todo parece estar en su sitio para lograr el objetivo de conmovernos durante algo más de dos horas que desbordan tanto talento y a tantos niveles que parece difícil no caer rendidos a los pies de este filme.

Viviendo en el mundo en el que vivimos, en el que los odios se acumulan por las más pintorescas razones y a veces sin haber visto las películas, esta oleada de entusiasmo que ha generado La La Land casi obliga a ir con recelo. Ni su extraordinario trailer, toda una lección de márketing para los que piensan que es necesario destripar una película para venderla, ni el ya mencionado precedente formidable que fue Whiplash parecían contar tanto antes del incomprensiblemente retrasado estreno en España por el éxito sin precedentes en los Globos de Oro. Y sí, viendo La La Land casi parece que se despiertan las alertas intentando encontrar algo que no funcione, algo que lleve a proclamar que estamos todos exagerando, que no es tan buena como se está diciendo. Qué cosas, lo es. Es una auténtica maravilla porque Chazelle es, ahora mismo, el genio de la lámpara que ha fusionado como hacía tiempo que no se hacía el cine y la música.

No hay nadie en el cine contemporáneo que entienda mejor que él la unión entre esas dos artes. Nadie que sepa rodarla de maneras tan diferentes, en el escenario de un gran musical clásico y en el entorno cerrado de una pequeña habitación. Nadie que combine de esa manera amplios y mágicos encuadres con preciosistas primeros planos, que evidencian que Chazelle es un portentoso director de actores, que sabe extraer hasta la última gota de encanto, carisma y elegancia que tienen dentro Emma Stone y Ryan Gosling, dos actores que hacen un trabajo formidable y encantador, cargado de carisma, que triunfan en la faceta musical pero también en la dramática, que bordan cada uno de sus bailes pero que consiguen que La La Land sea una delicia porque es facilísimo entrar en sus cabezas y en sus corazones, cuando las cosas les van bien y cuando les van mal, desde la encantadora escena en el cine viendo Rebelde sin causa hasta el glorioso plano-contraplano que lleva al límite su relación.

Cuando empieza La La Land, los pies no dejan de acompañar la música. Cuando finaliza, es el corazón el que se mueve al son de lo que dicta Chazelle. Lo que se aventuraba ya con ese arranque como un gran musical (qué demonios, desde la belleza de su trailer) se convierte con el paso de los minutos en una película inolvidable, que supera la genialidad técnica que exige un despliegue coreográfico como el que necesita una producción de esta naturaleza, genialidad que no pierde en ninguno de sus números musicales, con una maestría artística de las que dejan huella y que alcanza su cenit en unos diez finales hermosos, magistrales, concentración de todo lo que ha explotado durante las casi dos horas previas y que termina de cerrar una de esas experiencias que merece la pena vivir a corazón abierto, para que el cine pueda tocarlo y enseñarnos que la magia no ha muerto y que aún es posible ver formidables cantos de amor al cine, a la música y a la vida como este.

viernes, enero 09, 2015

'Birdman', el Iñárritu más bizarro

Siempre que alguien utiliza el término "bizarro" en español surge la duda de si se está utilizando con acierto. Su significado según la RAE es "valiente", pero es fácil caer en la trampa de este false friend extraído del inglés para pensar que quiere decir "extraño". Birdman es una de esas películas en las que el término bizarro se puede y se debe entender de las dos maneras. Porque desde luego que se trata de una película bizarra, un valiente y arrojado ejercicio de estilo en el que Alejandro González Iñárritu no deja títere con cabeza en el show bussiness. Pero es también rara, una ensoñación a ratos casi poética y terriblemente arriesgada que funciona bastante bien casi siempre, aunque sobre todo en el tramo final cuesta encontrar un objetivo claro a esta locura. ¿Es un alegato? ¿Es un ataque? ¿Es una defensa? ¿O es simplemente una digresión? Es una película extraña, de eso no hay duda. Como tampoco la hay en cuanto al entretenimiento que ofrece durante sus dos horas. ¿Pero de qué iba todo esto? Ahí es cuando surgen las dudas.

El mismo concepto de la película está marcado por la genialidad. Michael Keaton interpreta a Riggan Thompson, un actor conocido en Hollywood por haber interpretado a un superhéroe, el Birdman que da título a la película, y que años después busca encontrar el prestigio profesional adaptando, dirigiendo e interpretando en Broadway una obra de Raymond Carver. El punto de partido le permite a Iñárritu adentrarse sin miedos, sin reservas y sin límites en una salvaje descripción de la profesión en la que la ironía salpica a todos sus estamentos. Se siente la genialidad del guión en esos diálogos cortantes, en esos retratos preciosos y en esa deliciosa combinación entre la más alucinógena ensoñación y el relato más realista. Ojo a las dobles lecturas, porque siendo Keaton, el primer Batman moderno, el protagonista de la película, hay muchos momentos en los que da la impresión de que la crítica del filme es muy certera y nada gratuita, toda una burla hacia el sistema desde dentro del mismo.

Y todo ello además creando una colección de personajes excepcionales y diversos que completan el relato a todos los niveles, que adquieren identidad propia por separado y viven unas relaciones portentosas. A eso contribuye de una manera muy especial el brutal reparto de la película, aunque no hay que quitar ningún mérito al trabajo literario de Iñárritu y sus otros tres coguionistas. Ahí no hay engranaje débil en la película. Es verdad que resulta fácil apostar por los rostros más conocidos. El propio Keaton está soberbio, como Emma Stone dando vida a la rebelde hija de Riggan, Naomi Watts como la emocionalmente frágil actriz protagonista de su obra de teatro o Edward Norton como el díscolo y polémico actor que comparte escenario con ellos. Pero ojo a un segundo nivel, con Zach Galifianakis (abogado y amigo de Riggan), Andrea Riseborough (la amante del protagonista) o Amy Ryan (su ex mujer). El guión es brillante en muchos momentos y los diálogos siempre inteligentes, pero también porque los actores le dan una vida asombrosa.

¿Pero cuál es entonces el problema de Birdman? Puede que no haya un problema como tal en la película y que este surja en todo caso en el patio de butacas. Siendo una película completamente diferente, y con una estructura absolutamente genial de aparente plano secuencia falseado convenientemente, a veces resulta complejo saber hacia dónde va, qué pretende, cuál es su mensaje. Durante los tres primeros cuartos la fascinación es total y hace que la película avance con brillantez. Es divertida, ingeniosa e inteligente, una amalgama de elementos casi antagónicos (Broadway como escenario y aspiración frente al blockbuster hoillywoodiense como medida del éxito y de la satisfacción personal y psicológica). ¿Pero en realidad de qué va Birdman? En la persecución de la respuesta a esa pregunta, a Iñárritu se le escapa ligeramente el filme en su tramo final, y quizá la única forma de replicar a esa cuestión sea ver el último plano de la película y asimilar que todo esto no ha sido más que una fábula. Una bizarra y casi siempre genial, pero una fábula.

viernes, diciembre 05, 2014

'Magia a la luz de la luna', Woody Allen, ese embaucador

Da la impresión de que Woody Allen debe estar disfrutando de este momento de su carrera, en el que sus admiradores y detractores están ya bastante enrocados en sus posiciones, los primeros encontrando genialidad hasta en la más aburrida de sus películas y los segundos destrozando incluso las que los primeros veneran como obras maestras indiscutibles. En ese planteamiento, casi parece que Magia a la luz de la luna es un guiño a esta ficticia disputa, porque trata sobre un desenmascarador de embaucadores, un mago (Colin Firth) que trabaja sobre el escenario pero también descubriendo las farsas de quienes se hacen pasar por auténticos mediums. Y, claro, es inevitable pensar que Woody Allen se considera a sí mismo ese embaucador capaz de engañar a todos, incluyendo a los más escépticos con su cine. Magia a la luz de la luna consigue su propósito a ratos, pero sigue siendo una muestra más de su cine, mucho más plano de lo que en realidad parece. Sobra decir, claro, que quien firma esto está más cerca del segundo grupo que del primero.

Por eso mismo, es más que posible que los admiradores de Woody Allen no encuentren razones en estas líneas para seguir leyendo o valorando esta opinión. Incluso aunque se diga que algunos aspectos de la película son más que disfrutables. Si algo es Allen por encima de todo, es un espléndido director de actores, de ahí que tenga una memorable colección de intérpretes a sus órdenes en su ya extensísima filmografía. En este caso, ver el formidable y apasionado duelo que mantienen Colin Firth y Emma Stone es sencillamente fascinante. Hay pegas, por supuesto. La primera, la inagotable insistencia de Allen en hacer que todos sus protagonistas actúen como émulos de sí mismo, ese neurótico a punto de estallar. Firth lo controla algo más, pero es inevitable ver resquicios de un papel que Allen habría deseado interpretar. La segunda, que el personaje de Stone, pese a estar brillante, utiliza un lenguaje y una forma de hablar que rompe por completo la atmósfera de época que persigue el director y guionista situando la película en los años 20 del siglo XX.

La química entre Firth y Stone es espléndida, de largo lo mejor de la película, y esa fantástica sensación que deja el reparto en cualquier película de Allen se incrementa con los secundarios (Jacki Weaver vuelve a sobresalir, como casi siempre). Pero la película carece de equilibrio y su ritmo está lejos de ser preciso, y es fácil preguntarse durante demasiado tiempo hacia dónde pretende ir Allen. Por el camino quedan secuencias interesantes (el observatorio, el baile), pero el conjunto se resiente. A ratos es tan divertida como las mejores películas de su autor, pero a ratos resulta tan inofensiva e intrascendente como las peores. Y así, se disfruta mucho más del duelo entre la medium y el mago que de todo lo que sucede a continuación. En la primera mitad de la película hay sarcasmo e interés, pero casi todo va decreciendo, hasta que llega un final al que ya es difícil prestarle demasiada atención, porque no se sabe si la película es una mirada cínica o una entusiasta a la vida.

Pero en realidad Magia a la luz de la luna encaja muy bien en el cine de Woody Allen por casi todo, algo que él mismo subraya ya desde hace mucho tiempo desde los mismos créditos (idénticos rótulos blancos sobre fondo negro, con música intercambiable entre diferentes películas; una seña de identidad para los aficionados, el principio del aburrimiento para los detractores), así que lo más probable es que convenza a quienes habitualmente disfrutan con sus películas. No es este el caso, porque me resulta difícil encontrar encontrar la genialidad a Magia a la luz de la luna más allá de sus actores. No es la película de época que quiere ser más allá de un rótulo y unos coches, pero tampoco es una película actual. No es una comedia desenfrenada ni tampoco pide a gritos que se tome demasiado en serio la historia. Y no se ve si no es más que una broma, un pasatiempo, o si de verdad quiere ser algo más. Embauca por momentos, sí, pero al final, como tantas otras veces, queda la sensación de que es un engaño. Hábil, pero un engaño a fin de cuentas.

jueves, abril 17, 2014

'The Amazing Spider-Man 2', tan brillante y valiente como un tanto extraña

Aceptando como punto de partida que es un filme muy entretenido, no es nada fácil valorar The Amazing Spider-Man 2. El poder de Electro, secuela del temprano reboot que Marc Webb comenzó hace dos años con la primera entrega. No es fácil desde ningún punto de vista, ni para el lector habitual de cómics, ni para quien se acerque a esta película sin demasiado conocimiento sobre el personaje. Y no es fácil porque combina momentos de gran brillantez en esto que se ha venido a conocer como cine espectáculo, con una segunda mitad vibrante a todos los niveles, y planteamientos sumamente valientes para una película de superhéroes, a los sólo Capitán América. El Soldado de Invierno y de otra forma ha querido acercarse, pero al mismo tiempo deja un sabor de boca extraño. Primero, por sus errores, que son difíciles de justificar (y aún más difíciles de explicar para no reventar la historia), y segundo porque, en realidad, esta segunda película es la mitad de la historia propuesta, por mucho que esté coronada por un sensacional clímax que hacía necesario poner el punto final (y aparte, de hecho) donde efectivamente lo coloca el guión.

Empezando por los aciertos, estos arrancan desde la primera película. El reparto es formidable, y es un enorme acierto haber dado el protagonista a un actor como Andrew Garfield, que transmite toda la sensibilidad, las dudas, la comedia que necesita Spiderman, tanto sin máscara como con ella, con un lenguaje corporal excepcional. La química de Garfield con Emma Stone es soberbia y eso es lo que hace funcionar la parte romántica de la historia, junto con una acertada dirección de Webb, muy cómodo en este terreno. Siempre se siente a Peter Parker y Gwen Stacy como el corazón emocional de la película, como ya sucedió en la primera parte. Webb, muy diestro en esa faceta, no se maneja tampoco mal en la acción y en el festival de efectos visuales que supone la película, mostrando al Spiderman más creíble y espectacular que se ha visto nunca en pantalla. Es un absoluto sueño hecho realidad para cualquiera que conozca el personaje verle balancearse por Nueva York como lo hace.

Eso, la espectacularidad visual de Electro (un al comienzo desacertado Jamie Foxx, salvable de la schumacherización -los seguidores de la primera saga de Batman saben lo que eso supone- a la que se veía abocado por el espléndido trabajo digital), el inquietante papel de Dane DeHaan como Harry Osborn (aunque el suyo sea el que peor se acaba dibujando al final y el que más sufre la acumulación de ideas en el filme), el ritmo creciente y la muy acertada mezcla de comedia, romance y acción que ha de proponer una película de Spiderman que quiera ser fiel al cómic son sus puntos fuertes. Junto con la valentía que contienen algunos aspectos del guión, por los giros que propone (aunque haya que decir que deja cierto sabor a decepción el misterio sobre los padres de Peter que planeó con más acierto sobre la primera película) y la forma de encarar la película en algunos momentos, incluyendo elipsis más que interesantes, hacen de The Amazing Spider-Man 2 una película como poco tan conseguida como su predecesora, aunque haya más pros y contras que destacar aquí que en una regularmente notable primera entrega.

¿Qué falla? En primer lugar, y duele por recurrente, la inclusión de demasiados personajes, lo que lleva a que algunos queden inútilmente desaprovechados. En segundo lugar, los también típicos problemas del cine de acción, en el que parece difícil creer por qué pasan algunas cosas fácilmente solucionables de otra forma. Así planea sobre la película una sensación de estar a medio construir, modificada sobre la marcha, que lastra en cierta medida el resultado final, aún sin arruinar en absoluto su más que gozoso entretenimiento. Eso sucede porque se ha generado tal ansiedad por crear una saga que incontables conceptos quedan para la siguiente secuela. Y también, íntimamente ligado con esto, porque la asfixiante promoción de la película cuenta demasiado, arruina la experiencia y desvela aún más defectos. Hay escenas y diálogos de los trailers que no están en el filme, incluso algunos para cambiar radicalmente algunos instantes. Da la impresión de que hay movimientos improvisados y eso pesa, aún reconociendo el gran trabajo de montaje que hace que uno salga del cine con la sensación de haber disfrutado, sufrido y animado como un niño pequeño.

domingo, marzo 24, 2013

'Los Croods', algo más que 'Los Picapiedra' en 'Ice Age'

La primera impresión previa a ver Los Croods lleva a pensar que es una mezcla entre Los Picapiedra y Ice Age. Y resulta que lo es. De la primera transforma el prototipo de sus protagonistas y les lleva a un estado evolutivo diferente para convertirlos en auténticos cavernícolas. De la segunda, toma el viaje, la montaña rusa, la búsqueda de un lugar a salvo de la destrucción del mundo que se avecina. Pero, al final, y aunque siguiendo muchos lugares comunes, lo que queda es una película muy divertida, tanto en su historia como en sus personajes, en los principales y en los secundarios, con un nivel de animación bastante notable, en algunos momentos deslumbrante. Por supuesto, esta primera película de Dreamworks distribuida por Fox recorre los caminos más habituales del cine de animación moderno, conflictos familiares y personales ya vistos y las moralinas de siempre, pero Los Croods cumple con lo que prometen: diversión para toda la familia que confirma la buena línea que sigue el estudio en los últimos tiempos.

Admito que la mencionada mezcla no me llamaba mucho la atención. Veo a Los Picapiedra con demasiada nostalgia y Ice Age no se encuentra entre mis sagas de animación favoritas. Pero me gusta mucho el rumbo de Dreamworks en los últimos años, dejando los divertimentos más infantiles para sus sagas de protagonismo animal (Madagascar, Kung Fu Panda) y arriesgando algo más o, al menos, ofreciendo propuestas algo más diferentes en el resto de sus propuestas. Así, en poco más de tres años hemos podido ver Monstruos contra alienígenas, Cómo entrenar a tu dragón, Megamind y El origen de los Guardianes, títulos atractivos, mejores o peores, que se alejan de las temáticas más trilladas del cine de animación, que apuestan por la fantasía e incluso por la ciencia ficción y que buscan ir más allá de la típica historia de animalitos. Y llega Los Croods. Y aceptando las limitaciones que tiene de partida o el deseo de repetir algunas fórmulas que funcionan, sólo puedo decir cosas positivas sobre ella.

Primer mérito indiscutible: apenas siete personajes con diálogo en la película y unos cuantos bichos prehistóricos para reforzar la comedia. Los Croods (por cierto, error de traducción, ya que tendrían que haber sido los Crood) es una familia de cavernícolas, comandada por Grug, el padre de familia. Junto a él, su esposa, Ugga; su suegra, Gran; y sus tres hijos, Eep, Thunk y Sandy. La mayor de los tres, Eep, es ya una adolescente que sueña con ver el mundo que le rodea, en contra de los deseos de un sobreprotector padre, que entiende que no hay nada mejor que la seguridad de la caverna en la que vive toda la familia y que sólo abandona para conseguir comida. Pero la curiosidad de Eep hará que salga de la cueva sola y de noche. Y se topará con Chico, un muchacho algo más evolucionado con el que conecta de forma inmediata... después de que le enseñe el fuego. Y como la tierra tiembla el mundo se acerca a su fin, los Croods tendrán que afrontar el momentos más importante de sus vidas.

Segundo mérito, este más o menos discutible: la interacción entre los personajes es espléndida. Desde la historia de amor juvenil entre Eep y Chico, hasta los celos paternales de Grug, pasando por la divertida interacción del padre de familia con su suegra o la comicidad absurda (pero no estúpida) de Thunk. Quizá el personaje más intrascendente sea el de la madre, que no termina de encontrar el momento de lucimiento que sí tienen todos los demás, pero el conjunto es bastante efectivo. Y el uso de los animales como motores de la acción y de la comedia es perfecto. Y tercer mérito: visualmente es impresionante. Las escenas de destrucción volcánica son verdaderamente asombrosas y más dignas de una película de acción real, de esas que tanto gastan en efectos digitales que a veces parecen dibujos animados, que de una de animación como ésta. ¿El resultado? Una película divertida y emocionante, que usa con cierto el tópico de abrir la narración con un estilo de animación diferente y que se guarda una mínima broma final con una clase de los divertidos y coloristas (parte del riesgo del filme) animales que se cuelan en la historia.

Para acabar, propongo un debate que sé que tengo perdido de antemano. Obviamente, y siendo una película de dibujos animados más todavía, en España muy poca gente verá Los Croods en versión original. Sin embargo, para mí es necesario decir que de lo más destacable de la película es precisamente su reparto original. Una divertidísima Emma Stone muestra una espléndida química con Ryan Reynolds, y Nicolas Cage (sí, Nicolas Cage también está aquí) hace su mejor interpretación en años sin necesidad de que se le vea en pantalla. Dado el nivel que a veces sufrimos en el doblaje en España, y especialmente esa irritante tendencia de colocar a los famosos de turno para doblar películas de animación, me parece necesario insistir en que la voz es una parte esencial de la interpretación. ¿Y qué mejor forma de inculcar esa importancia a las generaciones futuras que viendo dibujos animados tal y como fueron concebidos? Lo sé, una batalla perdida de antemano, pero el gran trabajo de los protagonistas de Los Croods merecía que lo intentara de nuevo. En todo caso, asumo que el doblaje no se llevará por delante esta vez los muchos méritos de la cinta.

domingo, febrero 10, 2013

'Gangster Squad', entretenido pero poco exigente cine negro

Es evidente que el cine negro ya no es lo que era. Y, por eso, no que afrontar cada película nueva que salga como si fuera a reinventarlo. Sucede un poco lo mismo que con los musicales, que o bien se encumbran como la película que renueva el género o se aplastan sin piedad si no se convierten en un clásico instantáneo. Gangster Squad es un ejemplo perfecto para describir este fenómeno. Es obvio que no va a reinventar el género, pero tampoco lo pretende. Y, por tanto, el resultado es una película sumamente entretenida. Poco exigente, sí, con diálogos flojos y con elementos más que previsibles, incluso algunos ridículos. Pero casi siempre bien llevada y bien interpretada. Creo que la mejor forma de saber qué se va a ver está en pensar en el género, asumir que el guión es una traslación de Los intocables de Eliot Ness al Hollywood de finales de los años 40, mezclarlo con su interesante reparto, sumar altísimas dosis de disparos, y recordar que su director es Ruben Fleischer, responsable de Bienvenidos a Zombieland y 30 minutos o menos.

Llegar a la conclusión de que Gangster Squad es una película entretenida supone salvar un escollo importante que Warner había puesto para su disfrute cuando decidió eliminar una escena de la película por su similitud con el tiroteo en la vida real en un cine coincidiendo con el estreno de El Caballero Oscuro. La leyenda renace. Dijeron entonces que lo hicieron para no herir sensibilidades, pero, francamente, tiroteos ha habido en muchos escenarios y no por eso se va a dejar de disfrutar de una buena película de, y ahí está la clave, ficción. La decisión se antoja aún más absurda después de ver que es totalmente imposible llevar la cuenta de cuántos disparos se producen en Gangster Squad, de cuántos cadáveres llegan a sumarse a lo largo de su metraje y de algunas escenas como el violento incidente que abre la historia. Porque, eso sí, Gangster Squad es una película muy violenta, como procede con el relato que está contando. Obviamente, Fleischer gusta de recrearse en algunos de esos momentos, pero tampoco es un exceso insoportable.

El principal problema de la película no está ahí, sino en el desarrollo de los personajes, en sus diálogos y en intentar disimular que estamos ante una versión más truculenta y salvaje de Los intocables. Porque el argumento es básicamente el mismo. Solo cambia que aquí los policías que persiguen al mafioso de turno operan más allá de la ley y sin sus placas, pero hay en la interpretación de Sean Penn un claro intento de acercarse al Al Capone de Robert de Niro en la película de Brian de Palma, a la que se asemeja en demasiadas cosas con los típicos añadidos de lo políticamente correcto (que no falten la mujer, el hispano y el negro), e incluso con homenajes nada velados (la escalera, a la que sólo le falta el carrito de bebé). Es evidente cómo se va a resolver la trama, quién tiene que enfrentarse con quién, qué papel va a jugar la femme fatale de turno o incluso qué personajes no van a llegar con vida al final de la película. Es Emma Stone, pese a cuadrar a la perfección en la imagen más hermosa de la mujer del género negro, y sea cual sea el color de su insinuante vestido, quien más sufre el pobre desarrollo de los personajes.

Pero el conjunto es, decía, sumamente entretenido, porque en el fondo es una buena historia de buenos contra malos que está encarnada por actores carismáticos. Y aunque Josh Brolin es un espléndido actor que lleva el filme con mucho oficio, y se agradecen las presencias de Nick Nolte, Giovanni Ribisi, Robert Patrick, Anthony Mackie o Michael Peña, lo cierto es que la película crece con la presencia de Ryan Gosling, a pesar de su pobre doblaje. Y no es que su personaje esté mucho más desarrollado que el de sus compañeros de reparto, pero sí encierra bastantes más elementos de interés, tanto sobre el papel de su guión como en su traslación a la pantalla. Fleischer se excede en modernizar el aspecto visual del cine negro y, obviamente, choca con la esencia misma del género. Gangster Squad abusa de las cámaras lentas y de los efectos visuales y, salvando una espléndidamente rodada escena de persecución, se acerca a la historia como si fuera un título más de acción. Eso es lo fallido de la película. Pero el desarrollo y la puesta en escena, olvidando estas moderneces que llevan tiempo comiéndose las reglas básicas del cine de género, es más que interesante.

Gangster Squad no es la mala película que muchos han vendido (¿quizá una reacción a esa desmedida reacción de remontar la película?) ni tampoco el clásico instantáneo que se podría haber conseguido con un reparto tan completo e interesante como el que reúne este filme. Pero es una película interesante, contenida en su duración (113 minutos) y desatada en su violencia. Curioso sería que esa misma violencia que sirve para encumbrar a otros directores se utilizara para hundir esta película. Lo mejor, en todo caso, está en la ambientación, en lo que sí sigue con fidelidad aquello que hacía del género negro algo tan especial, ese aire clásico en los escenarios, en la vestimenta e incluso en los comportamientos de los personajes. Y eso está presente aquí, quizá algo enmascarado por el ruido de las balas, pero está. Pero no estamos ante una obra maestra del calibre de Perdición, no. Ni siquiera comparable con L. A. Confidential o Camino a la perdición. Pero es que no todo el cine tiene que ser de arte y ensayo o formar parte de forma inmediata de un panteón de clásicos. El cine entretenido también tiene derecho a vivir.

viernes, julio 06, 2012

'The Amazing Spider-Man', buen cine de superhéroes

El éxtasis provocado por Los Vengadores y el esperado final de la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman, que llegará a los cines en julio (¿superará la maravilla que fue El Caballero Oscuro?) han colocado al cine de superhéroes de cómic, en sus más diversas variedades, porque las tiene, en un estado de gracia que será difícil superar. The Amazing Spider-Man, probablemente contra todo pronóstico, se convierte en el tercer eje ineludible de esta especie de subgénero del cine de acción y fantasía. Porque podemos pensar en lo innecesario que puede ser un reboot sólo cinco años después del cierre de una trilogía sobre el personaje, lo aburrido que hubiera podido ser contemplar de nuevo el origen de Spiderman o las dudas que pudiera despertar el cambio de director y protagonistas. Todas esas dudas eran lícitas. Pero ver The Amazing Spider-Man las despeja casi todos, porque ofrece una película tan vibrante como emotiva y que aprovecha con categoría los cánones de una película de origen que ya estableció allá en los años 70 el Superman de Richard Donner y Christopher Reeve.

Primera advertencia para ver The Amazing Spider-Man: no tiene absolutamente nada que ver con las tres películas de Spiderman que hizo Sam Raimi. Es un reboot total, que es fiel al espíritu del cómic pero no sigue al pie de la letra, ni mucho menos, las historias de las viñetas. Segunda advertencia: más que sobre Spiderman, que también, ésta es una película sobre Peter Parker. Que nadie se asuste al comprobar que el superhéroe no aparece hasta la hora de película, y ésta dura 135 minutos, algo que ya sucedía, y con bastante éxito por cierto, en Batman Begins. Tercera advertencia: si todavía no los has visto, huye de los trailers de la película como de la muerte. La maquinaria hollywoodiense todavía no se ha dado cuenta de que con estos avances está matando la experiencia cinematográfica. Y dos advertencias menores más: que nadie salga del cine antes de la escena que aparece después del primer bloque de créditos finales (aunque es decepcionante, en el fondo es la antesala de la más que segura secuela) y que a nadie se le escape el glorioso cameo de Stan Lee, cocreador de Spiderman junto a Steve Ditko. Una biblioteca y música clásica dan la pista para reconocerle.

Lo más importante de esas advertencias está, obviamente, en las dos primeras. El primer cambio que eso produce es que tenemos un Peter Parker adolescente. Tendría que chocar que, con ese planteamiento, el actor escogido para dar vida al personaje, Andrew Garfield (La red social), tenga 29 años. Pero miradle. Observad detenidamente su impresionante interpretación. Es Peter Parker, es un adolescente tímido y con problemas, solitario pero con ganas de hacer lo correcto. Garfield parece haber cobrado vida directamente desde las viñetas de los primeros cómics en los que apareció, por obra y gracia del mencionado Stan Lee y Steve Ditko. Y a su lado cobra vida una Gwen Stacy casi perfecta, con los rasgos de una Emma Stone que se consolida como una de las actrices del momento compaginando película como Criadas y señoras con este tipo de cine. Tienen tanta química juntos que ésta desborda escenas como el precioso intento de Peter de pedirle una cita a Gwen en los pasillos del instituto o la conversación que tienen en la azotea. Los dos están sencillamente maravillosos.

Marc Webb, director de este reboot, era una de las razones por las que cabía dudar de este proyecto. Su bagaje cinematográfico se limitaba a (500) días juntos. Y, sin embargo, parece entender a la perfección no sólo la naturaleza y la personalidad de Spiderman, sino también lo que necesitaba para que esta reinvención pudiera verse como algo totalmente diferente a las tres películas de Sam Raimi. El movimiento de Spiderman es asombroso y reconocible, el nivel de efectos especiales y la interacción con el villano de la película, el Lagarto (al que da vida con categoría en su mitad humana Rhys Ifans), es sobresaliente en todos sus encuentros, especialmente en el clímax final de la película, el momento en el que de verdad tiene sentido el 3D. Porque, sí, ver a Spiderman balanceándose entre los rascacielos de Nueva York en 3D es algo que merece la pena ver. No tanto el resto de la película, y de hecho algo más de la primera hora podría llevar a pensar en otro nuevo timo con las famosas gafas. Y si a eso se añade el placer de ver a secundarios como Michael Sheen, Sally Field (como los tíos de Peter, Ben y May) y Dennis Leary (como el capitán Stacy, padre de Gwen), pocas pegas se le puede poner a este espectáculo.

The Amazing Spider-Man tiene alguna escena que no termina de funcionar, como la detención del atracador de coches, y algún concepto demasiado cinematográfico que inunda una buena historia de cómics, y es que lo de la identidad secreta es algo para estudiar en el cine de superhéroes en general pero que en las cintas de Spiderman alcanza un grado superlativo. Y le tengo algo de manía al diseño del lagarto, demasiado alejado del cómic; al del traje de Spiderman, seguramente porque el de las películas de Sam Raimi me parecía perfecto; e incluso al 3D, aunque el final de esta película me congracia un poco con las dichosas gafas. Pero este filme es una demostración de cómo se puede hacer una espléndida historia de superhéroes que guste incluso a un público que no sienta especial entusiasmo por este tipo de personajes del ideario cultural norteamericano del siglo XX. Es una hermosa historia de desarrollo personal, la de un joven de 17 años cuya vida cambia de repente por un accidente pero que no deja de ser el clásico chaval de mirada embobada con la chica de sus sueños. Sí, hay un lagarto gigante, un tipo que se viste con spandex para luchar contra él y bastantes efectos especiales. Pero todo eso no deja de esconder una historia fantástica y muy, muy, muy entretenida.

Aquí, otra crítica de la película.
Aquí, fotografías de Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans y Marc Webb en la presentación en Madrid del filme.
Aquí, un repaso a las películas de Spiderman que nunca se llegaron a hacer.

domingo, octubre 23, 2011

Soberbia 'Criadas y señoras'

Soberbia. Criadas y señoras es soberbia. Sé que es bastante posible que lejos del mercado americano haya mucha gente que no termine de asumir la historia que cuenta, la vida de las criadas negras y de las mujeres ricas blancas para las que trabajan en un pequeño pueblo de Mississippidurante los años 60. Sé que tiene algunos defectos, que tienen más que ver con el clasicismo que asume desde el principio que con cualquier otra cosa. Pero para mí una película que cuenta con un gran guión y un sobresaliente grupo de protagonistas sólo puede ser soberbia. Porque emociona, conmueve, divierte, hace pensar y deja una satisfacción inconmensurable cuando uno sale del cine. Porque es prodigioso el nivel interpretativo que dan todas las protagonistas de la película, no sólo las más populares Emma Stone o Bryce Dallas Howard, sino también Viola Davis, Octavia Spencer o Jessica Chastain. Sí, se ven venir ciertos giros argumentales. Sí, el final sólo podía ser el que es. Pero qué bien sienta ver de vez en cuando una película con semejante factura, con tan buen diseño de producción, con un esquema clásico y, como decía, sobre todo con un grupo actoral imposible de igualar.

El drama racial vende mucho en Hollywood. Quizá no tanto en Europa, menos en España, donde la dimensión de aquel problema no se llegó a vivir cuando se estaba produciendo, ya que en los años 60 la igualdad entre blancos y negros era la menor de nuestras preocupaciones locales. Y es un tema muy trillado en el cine. Sin embargo, no todas las películas que lo han tratado consiguen introducir el tema de una forma tan elegante e involucradora como lo hace Criadas y señoras. Eso es otro de los aspectos que hace de ésta una película soberbia. Porque es una historia doble, con dos narraciones paralelas. Por un lado, la que ofrece la voz en off de Aibileen (Viola Davis), una mujer negra que trabaja en la mansión de una adinerada familia de Mississippi. Por otro, el de Skeeter, una joven blanca que regresa a casa con la ilusión de convertirse en una escritora. Ambas vidas, desde polos opuestos, tienen sabores amargos, y ambas mujeres van creciendo según se precipitan el acontecimiento que narra la película, que no es otro que la gestación de un libro que recoja el punto de vista del servicio, de las mujeres negras que trabajan para familias adineradas, en plena lucha por los derechos civiles del colectivo afroamericano.

Tate Taylor dirige y escribe la adaptación de la novela de Kathryn Stockett. Al parecer, ambos son amigos de la infancia. Para ella fue su primera obra literaria. Para él, la segunda cinematográfica después de la desconocida Pretty Ugly People. Pero en la pantalla no se vislumbra semejante bisoñez. Ni tampoco que un hombre blanco rueda una historia de mujeres blancas y negras. Hay maestría, hay saber hacer, una historia formidablemente bien construida. Hay talento, mucho talento. Y, sobre todo, un acierto incuestionable a la hora de conformar lo mejor de la película: su reparto. Viola Davis confirma la poderosa presencia que mostró en La duda (aunque entonces quedara eclipsada como secundaria por tres actuaciones prodigiosas). Emma Stone confirma su inmensa categoría como actriz, y esta vez en registros totalmente alejados de la comedia que la dio a conocer, Rumores y mentiras. La para mí desconocida Octavia Spencer es tan poderosa como Davis pero desde una personalidad completamente distinta. Bryce Dallas Howard (La joven del agua) evidencia que es mucho más que una presencia bonita o simplemente la hija de Ron Howard, que es como llegó al mundo del cine. Jessica Chastain (El árbol de la vida) encandila con una sencillez admirable.

Y podría seguir porque todo el reparto está inmenso. Aunque aquí se podría encontrar la primera pega a la película: el nulo peso que tienen los personajes masculinos en la historia. Cierto es que estamos ante un filme de mujeres, pero a veces parece que la mirada de los escasos hombres de la historia se hace desaparecer a conveniencia. Algún contrapunto más habría sido beneficioso para redondear la obra, sobre todo en lo que se refiere a la relación entre Skeeter y Stuart, ese esquivo joven al que le presentan con el fin de que inicie su búsqueda de marido (fascinante subtrama, por cierto, la de la personalidad y vida social de Skeeter, que también ahonda de manera realista en cómo eran los años 60 para ciertas costumbres que hoy ya están socialmente aceptadas; ojo, por cierto, al enorme gag sobre el tabaco una de las primeras escenas de la película). Puestos a buscar otra pega, es evidente que en la película hay un espíritu inspirador, un ánimo de conquista social, que sólo puede derivar la historia hacia un punto muy concreto, lo que hace que algunos giros se vean venir con demasiada facilidad. ¿Pero quién dice que el cine vive de las sorpresas? No es así y Criadas y señoras es una muestra evidente.

Porque todo aquí funciona. Funcionan los grandes momentos (se pone la carne de gallina cuando Skeeter descubre por qué le ha pedido Henry, el camarero, que se vaya cuanto antes a casa de Aibileen), el duelo interpretativo crece a dimensiones formidables (inolvidables las conversaciones llenas de complicidad entre Emma Stone y Viola Davis, o las trufadas de dobles intenciones entre la primera y Bruce Dallas Howard), funciona en la parte más dramática (impresionante silencio que lo dice todo cuando Tate Taylor completa con maestría y desde otro punto de vista la escena que abre la película) y funciona en la comedia (brutal la escena en la que se descubre el gran secreto Minni y Hilli, los personajes de Octavia Spencer y Bryce Dallas Howard; o la magnífica aparición secundaria de una Sissy Spacek a la que se echa de menos en el cine), funciona la ambientación y funciona el montaje. Funciona todo. Por eso es una película soberbia. Pero si por algo tiene que destacar es por el inolvidable duelo interpretativo de dos actrices que nada tienen que ver, Viola Davis y Emma Stone, que obligan a quitarse el sombrero y a salir del cine con una sonrisa en los labios. Dicen que será la sorpresa en los Oscars, porque nadie contaba con ella antes de estrenarse. Yo sólo puedo añadir una cosa: bravo.

miércoles, octubre 05, 2011

'Crazy, Stupid, Love' y la confusión entre los tres términos

No termino de decidirme sobre Crazy, Stupid, Love. No sé si es una locura de película, no sé si va sobre el amor o si en realidad es sobre la estupidez. Igual es una mezcla entre las tres cosas y el título es muy adecuado. Pero es que no sé si los actores me terminan de convencer, porque todos ellos (los conocidos y los menos conocidos) tienen grandes momentos, pero en realidad me saben a poco casi todos (en especial algunos de los conocidos). Y el caso es que me he reído, en algunas secuencias verdaderamente divertidas que tiene la película, pero también es verdad que, al margen de los intentos de salirse del cliché que a ratos parece que van a progresar, desprende cierto tono previsible (al fin y al cabo, es una comedia romántica, y todos sabemos cómo evolucionan las comedias románticas). Estoy confundido, sí. Pero entre tanto he pasado dos horas un tanto largas para esta propuesta pero entretenidas al fin y al cabo. En realidad, funciona mejor que la media de películas similares, con lo que tiene un aprobado bastante holgado, pero, como sucede en este género, no pasa de ahí y apela a un público bastante claro, el que esté dispuesto a recibir sus enredos y casualidades de buen grado.

El dúo de directores que forman Glenn Ficarra y John Facqua firman su segunda película tras la cámara (la primera fue Philip Morris, ¡te quiero!) y lo hacen con una película como poco curiosa. Interesante, desde luego, porque, sin revelar absolutamente nada de su desarrollo, plantea algunas cosas que no son muy habituales en una comedia romántica. Y entretenida por contar con un guión hábil, aunque previsible (insisto, seguro que es más una cuestión de género y de expectativas generadas por estudios de mercado que por pretensión cinematográficas), y un reparto experto que arrastra al espectador con facilidad. Lo que no termina de estar claro, en una película tan llena de mensajes inspiradores sobre el amor, es qué pretende decirnos exactamente. El final lo distorsiona todo bastante, y es ahí, en la resolución de todas las tramas, donde Crazy, Stupid, Love pierde buena parte de la fuerza que sí consigue acumular a lo largo de su metraje. No es ninguna novedad, más bien parte de la idiosincrasia de una comedia romántica, pero uno no pierde la esperanza de que llegue el día en que una película así sorprenda. Incluso en su final.

Crazy, Stupid, Love parte de premisas bastante inverosímiles, que dificultan la verosimilitud de la película, y la primera es la falta de química que hay entre la pareja protagonista, la que forman Steve Carell y Julianne Moore. El caso es que los dos, por separado, ofrecen buenos momentos (más ella que él, porque a él le sigo viendo muy cercano a su papel de siempre salvo en alguna escena contada), pero juntos no tanto. En la segunda escena, que transcurre en el interior de un coche, ni siquiera parece que formen parte de la misma película. Este matrimonio protagonista pasa por malos momentos y se separa, lo que desencadena toda la historia. Por un lado, él conoce a un tipo que le enseña a ser todo lo que no es, atractivo para las mujeres, descarado, ligón... Ella, por su parte, duda entre volver a la vida que conocía o dar un paso adelante con la vida que ha imaginado, que es el motivo por el que ha decidido romper su matrimonio. Por alguna extraña razón, me costaría mucho imaginar que de Hollywood hubiera salido una película con esos papeles cambiados, pero me resulta un planteamiento más interesante que el que ofrece la película.

Al final la mejor historia de todas (¿es ese el mensaje que realmente quiere contar esta película?) es la que en la primera mitad de la película (que llega a unas excesivas dos horas) aparece más desdibujada, la que afecta al personaje que interpreta Emma Stone (y que incluye la mejor broma cinéfila de la película; hacer referencia a otras películas o actores es algo que se está poniendo de moda y, la verdad, se agradece por su realismo). La actriz está más que correcta, pero su trabajo sabe a poco después de haberla visto en Rumores y Mentiras y Criadas y señoras, todavía por estrenar. De hecho, es esa es la característica esencial de casi todos los actores de la película, que sus trabajos saben a poco. Le sucede lo mismo a los breves papeles de Marisa Tomei o Kevin Bacon, personajes a los que se le intuyen muchas cosas, pero que al final se quedan en algo normal, episódico y, en el fondo, casi intrascendente. También funciona bastante bien la parte de amor adolescente, personificada en el chico de trece años al que da vida Jonah Bobo y la joven de 17 con el rostro de Analeigh Tipton. Pero si como motor de una película que apuesta por rostros conocidos encaja más la historia de dos intérpretes desconocidos, es que algo no ha terminado de funcionar en la película. Y eso que falla es la química.

La química es esencial en una comedia romántica. Muchas, con peores guiones sobreviven gracias a ese detalle. Y aquí falla en algunas de las parejas que se forman. Sí hay química, curiosamente donde no manda el amor, en la relación entre los dos personajes masculinos principales, los del propio Carell y Ryan Gosling. No es que ninguno de los dos ofrezca la interpretación de sus vidas, pero una vez asimilada la premisa que les une (con cierto esfuerzo por lo inverosímil que es), ofrecen los mejores momentos de la película, junto con el inevitable enredo final. Enredo, por cierto, que tiene un halo de originalidad (y de buena comedia, todo hay que decirlo) porque no es realmente tan final como suele suceder en este tipo de películas. Crazy, Stupid, Love entretiene de forma sincera, aunque después de una primera película más que extraña se nota que sus directores se han plegado en cierta medida a las exigencias comerciales de Hollywood. Lo hacen con oficio, dejando una serie de buenos momentos de comedia y con buenas actuaciones individuales (que cuando se mezcla, por desgracia, no funcionan igual de bien; si entre Carell y Moore no hay química, mucho menos la hay entre ella y Kevin Bacon). Con todo, una agradable comedia que, sin demasiadas pretensiones, se deja ver con mucha facilidad.

lunes, octubre 03, 2011

Photocall, rueda de prensa y crítica de 'Criadas y señoras'

El director Tate Taylor y las actrices Viola Davis, Emma Stone y Octavia Spencer han presentado hoy en Madrid Criadas y señoras. El filme no se estrena en España hasta el próximo día 28 (demasiado retraso con respecto a Estados Unidos, donde se pudo ver a comienzos de agosto y donde se ha convertido en la película sorpresa de la temporada con 150 millones de dólares recaudados), y será en esa semana cuando podáis leer aquí la crítica correspondiente. No obstante, como he estado presente en el photocall y en la rueda de prensa, ya os puedo adelantar unas cuantas cosas que he subido a la red sobre esta magnífica película. Aquí podéis leer una primera crítica, más formal que las que publico en La Sala de Cine. Aquí, un repaso a lo que ha dado de sí la rueda de prensa. Y aquí unas cuantas imágenes tomadas por este humilde cinéfilo tanto del Photocall como de la rueda de prensa posterior que han dado realizador e intérpretes.

Admito que me ha sabido a poco, que me hubiera gustado estar con estos profesionales algo más de la media hora que hemos tenido (que se queda en menos de la mitad por las preguntas y por las traducciones), y que hubiera sido estupendo tenerles a nuestra disposición menos cansados, pues la rueda de prensa fue el fin de la jornada con los medios, después de las siempre preferentes entrevistas con las televisiones. Pero es tanta la admiración que me ha provocado la película, que todo lo perdono. Es tan espectacular el trabajo de estas tres actrices que hoy han pasado por Madrid, que no voy a lamentar que no hayan tenido más tiempo para quienes escribimos sobre cine. A Emma Stone la descubrí hace poco gracias a su gran papel en Rumores y mentiras, pero es que ahora triunfa también en el drama. A Viola Davis la admiré en La duda aunque tres interpretaciones brutales hicieran que se hablara poco de ella. Y a Octavia Spencer es la primera vez que la veo pero ya tengo su nombre más que apuntado.

Apuntad vosotros Criadas y señoras, que estoy seguro de que no os va a decepcionar.

sábado, julio 02, 2011

'Rumores y mentiras'... o cómo descubrir a Emma Stone

El nombre de Emma Stone sonaba de vez en cuando. Y yo me preguntaba quién era, porque no recordaba haberla visto en una película. Mala cosa, si de lo que hablamos es de una actriz. Los fantasmas de mis ex novias, Supersalidos, Bienvenidos a Zombieland, Un rockero de pelotas o Una conejita en el campus no son títulos que me animen a conocerla. Cuando se anuncia que va a interpretar a Gwen Stacy en la próxima The amazing Spider-Man me digo que tengo que ver a esta actriz en acción. Y llega Rumores y mentiras. ¿Otra película dirigida por un director casi debutante sobre amoríos adolescentes contados desde un punto de vista de comedia, sin duda abusando de chistes facilones y sexuales? Tampoco me atraía. Pasó el tiempo, pasó hasta una nominación al Globo de Oro para Stone por esta película. Pero yo seguía sin verla. Hasta que dije basta. Y la vi. ¿Y sabéis qué? Hacía mucho tiempo que no disfrutaba con una comedia ligera tanto como lo he hecho con Rumores y mentiras. Pero sobre todo he disfrutado con el espléndido, natural, y atractivo trabajo de Emma Stone, un maravilloso (¿y tardío?) descubrimiento a la que ya le tengo el ojo echado. Cinéfilamente, por supuesto.

Olive es una joven estudiante que pasa desapercibida en su instituto, hasta el día en el que se empieza a propagar el rumor de que ha mantenido relaciones sexuales con un chico. A partir de ahí, su entorno estudiantil empieza a percibirla de forma diferente, sea para bien o para mal. Y el rumor crece de forma exponencial hasta que no hay forma de pararlo, con los consiguientes enredos cómicos que cabe suponer. Una película como Rumores y mentiras sólo puede funcionar, a cualquier nivel, si la elección de su protagonista es acertada. Emma Stone es mucho, muchísimo más que un acierto. Ella sola se come la película, se apodera de ella, la domina a su antojo, mueve al espectador hacia donde quiere en todo momento con su voz, con su sonrisa, con su mirada, con sus lágrimas, en definitiva con su interpretación, brillante de principio a fin, conmoverdora y realista, divertida y dramática, siempre adeacuada al tono de cada escena. Parece mentira que una película con este tono dé a una actriz la oportunidad de lucirse a tantos niveles, pero lo hace. Ya lo creo que lo hace. Rumores y mentiras es Olive. Es Emma Stone.

Habrá quien piense que éste es un papel fácil. Y puede que en algunos momentos el guión así lo haga parecer. Eso es indiscutible, porque no hay película de este tan manido género de la comedia de instituto que que no incurra en ciertos vicios, en esquemas repetitivos o en situaciones inverosímiles. Algo de esto también hay en Rumores y mentiras, pero Emma Stone sobresale por encima de todo lo negativo que se pueda decir de la película. Absolutamente de todo. Y obliga a pensar en ella como en una actriz de verdad, con tablas, con carisma (¿con futuro...? Ojalá, ojalá que sí...), y no como la típica niña mona hollywoodiense escogida por un book y no por su talento interpretativo, capaz de protagonizar una película como ésta con el piloto automático y sin dejar ningún tipo de recuerdo especial en el espectador. Y eso tiene mérito en Stone, en especial en las escenas que comparte con sus padres en la ficción, Stanley Tucci y Patricia Clarkson, ambos divertidísimos y muy metidos en el tono desenfadado del filme (muy por encima de una Lisa Kudrow empeñada en repetir hasta la saciedad el papel de Friends que le dio la fama o un aburrido pero más correcto Thomas Haden Church).

El influjo de Emma Stone es tan inmenso gracias a la ayuda de su doble papel en la película como protagonista y narradora, contando la película a cámara (pero de forma integrada en la narración con absoluta naturalidad) y tomando parte en la inmensa mayoría de las escenas. Eso es lo que haría imposible que Rumores y mentiras funcionara si Emma Stone no fuera la actriz adecuada. Porque si profundizamos en el guión encontramos algunas ideas poco aprovechadas (el hermano adoptivo o, sobre todo en el tramo final, la amistad de Olive con Rhiannon, una demasiado desaprovechada Aly Michalca), algunas situaciones inverosímiles (especialmente el final de la película, un típico, tópico e increíble giro), y algunos enfoques más que tradicionalistas (el retrato de las juventudes católicas encabezadas por Marianne, una divertida Amanda Bynes). Los típicos agujeros que puede tener una comedia adolescente escrita por un guionista debutante y dirigida por alguien como Will Glock, un director que con cuatro películas ya está encasillado en el género (lo próximo es Amigos con derecho a roce, protagonizada por Justin Timberlake y Mila Kunis, y en la que también aparecerá Emma Stone).

Pero, contra todo pronóstico, Rumores y mentiras no cae en la habitual zafiedad en los chistes sobre sexo o en la inane repetición de gracietas facilonas. Sorprendentemente (y quizá por esa descabellada fusión entre la historia y una novela clásica, lo que le sirve al guionista para aderezar su libreto con chistes divertidísimo sobre el cine actual), encuentra situaciones divertidas, cómicas, bien llevadas, con gusto y con gracia. Y aunque es inevitable atribuirle gran parte del mérito al gran trabajo de Emma Stone, lo cierto es que la película deja un buen sabor de boca por lo que es y no sólo por el rostro que se hace cargo de llevarla a buen puerto. Es una propuesta fresca y divertida, a la que por supuesto le falta originalidad (aunque intenta por todos los medios aportar cosas nuevas desde el punto de vista narrativo) pero que convence, por encima de todo, por el maravilloso trabajo de Emma Stone, una joven, atractiva y talentosa actriz que ojalá confirme todas sus virtudes en el futuro.