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viernes, febrero 27, 2015

'Kingsman. Servicio secreto', espías frenéticos

Matthew Vaughnn parece haberle cogido gusto a las adaptaciones de cómics, que son ya sin ningún disimulo la base sustancial de su carrera como director. Stardust era un cuento infantil de Neil Gaiman, no propiamente un cómic, pero puede acomodarse como el primer paso, una imaginativo y divertido. Después llegó Kick-Ass, una probablemente sobrevalorada y violenta historia. Luego hizo X-Men. Primera generación, revitalizando la franquicia de los mutantes de Marvel de una forma innovadora y más que correcta. Y ahora llega Kingsman. Servicio secreto, que adapta The Secret Service, un tebeo de Mark Millar y Dave Gibbons con el que, no tiene demasiado parecido. Algunas situaciones, algunas escenas, unos pocos diálogos y algo de la trama principal, pero hay que ver al filme y al cómic como dos unidades completamente diferentes. La de Vaughnn es una película que encaja más con Kick-Ass que con el resto de su filmografía, que apuesta por la espectacularidad, la irrealidad y la violencia, y que  funciona bastante bien.

Conociendo su procedencia del tebeo, la adaptación causa bastante perplejidad porque supone una revisión absoluta de los planteamientos, la base, la historia, los personajes e incluso el tono del cómic. Pero al margen de las enormes diferencias entre uno y otro, el filme de Vaughnn funciona bastante bien. Y va mejorando según pasan los minutos. Es verdad que hay muchos elementos mil veces vistos, partiendo por la situación de base, la de un joven habilidoso que acaba convirtiéndose en el héroe gracias a un maravilloso mentor, o el concepto de la agencia de espías supersecreta, o incluso la parte en la que un grupo de chavales reciben formación para ser los espías del mañana. Todo eso ya lo hemos visto. Pero Vaughnn le da un toque simpático, a medio camino entre los conceptos más clásicos del género y su particular forma de entender el cine (de los que son exponentes los dos protagonistas, el espía consagrado y el joven dispuesto a comerse el mundo) y, sobre todo, la violencia en la pantalla.

Sobre todo por este último aspecto, es fácil ver la conexión entre Kick-Ass y Kingsman. Vaughnn disfruta con las escenas desmadradas, con las peleas imposibles, con las cámaras lentas y con los movimientos exagerados, sean de sus personajes o de la cámara, y de todo eso hay buenas muestras en este filme. De hecho, eso es casi lo que mejor funciona en el buen conjunto que ensambla, sobre todo en una media hora final brillantemente calculada, divertida, emocionante e intensa. Y aunque le falte sensibilidad y en algunos momentos suene a cierto trabajo de estudio de mercado, el reparto también ayuda, porque los personajes son carismáticos y atractivos, una atractiva revisión del espía clásico y del héroe juvenil más moderno. Colin Firth y Taron Egerton encajan bastante bien en sus papeles y en la dinámica mentor-protegido que se establece entre ellos desde el principio. Que junto a ellos estén un desmadrado Samuel L. Jackson, Mark Strong o Michael Caine no hace más que dar caché a la película.

En realidad, Vaughnn domina el entretenimiento bastante bien. Queda la sensación de que le falta cierto autocontrol en los momentos más desbocados, pero hay que reconocerle que hace funcionar la historia. En esa media hora final incluso quedan perdonados todos los excesos anteriores o las descomunales libertades que se ha tomado en la adaptación del tebeo de Millar y Gibbons (aterra imaginarse la reacción que podría haberse producido si The Secret Service tuviera la legión de aficionados de otras sagas juveniles literarios y cinematográficas), cuestiones que en realidad nunca parecen ajenas a la película que propone Vaughnn. Y es que, para bien o para mal, y aquí es generalmente para bien, este es su cine, uno en el que la realidad importa poco, en el que lo importante es pasárselo bien a un lado y a otro de la pantalla y en el que la ingeniería visual tiene que ser lo más irreal posible para que la violencia encaje en ese concepto de la diversión de acción que tanto le gusta a su director. Pero Kingsman entretener, entretiene. Y mucho.

sábado, junio 11, 2011

'X-Men. Primera generación', muchos aciertos notables, algunos errores notables

Lo que Matthew Vaughan mostró en Kick-Ass no alimentaba demasiadas esperanzas, como tampoco algunas de las decisiones del casting de personajes de esta X-Men. Primera generación, pero lo cierto es que el resultado final es notable. Notable en buena parte de su metraje y, sobre todo, en un formidable climax, maravillosamente bien resuelto y con un final abierto de esos que hacen desear que esta entrega sea el comienzo de una fructífica saga. Pero, también hay que decirlo, con notables errores, tanto en la narración como, confirmando los temores previos, en la elección de algunos de los miembros de esta primera generación de mutantes. La película trata de ser continuista con la saga ya conocida, iniciada por Bryan Singer, pero al mismo tiempo quiere ser un nuevo comienzo. Es un difícil equilibrio del que esta nueva entrega no siempre sale triunfante, pero el conjunto es una magnífica película de aventuras, con buenos toques sociales y políticos, con algunos personajes muy bien perfilados y magníficas secuencias tanto de acción como de diálogo. Merece la pena.

Quizá lo mejor que se pueda decir de esta película para llamar la atención de nuevos espectadores es que no hace falta conocer absolutamente nada de la mitología de los mutantes de Marvel Comics, ni siquiera las tres películas anteriores (en beneficio de la saga, olvidaremos Lobezno), para seguir con interés la trama. Sólo hay dos detalles que podrían pasar desapercibidos a quien no tenga conocimientos previos: el comienzo de la película, sorprendentemente calcado al del primer X-Men de Singer, y los acertados cameos de dos de los actores que participaron en la trilogía previa (esta vez, y a diferencia de otras películas Marvel, no aparece el creador de los personajes, Stan Lee). El mayor acierto es colocar la trama en la época de la guerra fría, un momento histórico, político y social que da una especial relevancia al inicio del conflicto entre humanos y mutantes, cuyos primeros pasos se ven aquí. A los viejos aficionados al cómic, no obstante, les sorprenderá comprobar qué mutantes aparecern y de qué forma se explican muchas cosas sobre su historia. Eso es difícil de encajar, de hecho, porque la selección parece aleatoria en muchos casos, sin justificación dramática alguna (¿Banshee aparece sólo por la escena del sónar...? ¿La Bestia sólo por ser azul...?).

X-Men. Primera generación parece planteada como la película de Charles Xavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr, futuro Magneto (Michael Fassbender), pero el primero pierde peso ante un imponente Fassbender (sin duda, el mejor actor de la película, formidable su versión del antagonista más clásico de los X-Men del cómic, a la altura y a la vez diferente del Ian McKellen de las películas de Singer) y ante el villano de la función, Sebastian Shaw (Kevin Bacon). El acierto de ambos es componer figuras dramáticas espléndidamente dibujadas sin necesidad de caer en el clásico histrionismo que se le suele dar a los villanos. La secuencia final en la que ambos se enfrentan es simple pero antológica, de lo mejor que se ha rodado nunca en el cine de superhéroes. McAvoy, en cambio, tiene grandes momentos y otros en los que no termina de fraguar como Profesor X (en uno de ellos, sorprende la elección de Vaughn de colocar en recuadros -¿viñetas?- los momentos de adiestramiento, cuando es una fórmula con la que ya fracasó Ang Lee con Hulk), lejos de la templanza y el buen hacer de Patrick Stewart en la serie cinematográfica original. Al final son Shaw y Magneto, y no Xavier a pesar de su indudable protagonismo de la película, quienes marcan el ritmo narrativo y el pulso de la historia.

Hay algunos notables errores de esos que arruinan la magia de la fantasía en el cine, desde trucajes visuales simples (el imposible vuelo de Banshee con una mano ocupada) y alguno que otro en el guión, que tienen que ver con el manejo del tiempo y, de nuevo, con la elección de los personajes. Poner dos mutantes con poderes mentales en la película hace que ambos se resten protagonismo y capacidad. Emma Frost (interpretada fríamente por January Jones) al final se queda como figura decorativa (y con escaso e insinuante vestuario), como un personaje sin desarrollar cuando su potencial es tremendo. A pesar de todo, tiene parte en una de las mejores escenas de la película, la que sucede en la mansión de un general soviético con la participación de Erik y Xavier, una escena que sirve especialmente para marcar el futuro antagonismo de ambos (el que se fragua, por cierto, en una mucho más tranquila escena delante de un tablero de ajedrez que evoca el duelo entre Patrick Stewart e Ian McKellen al final de la primera X-Men) y, cabe suponer, tendrá mayor protagonismo en futuras secuelas si las hay. Jennifer Lawrence (nominada al Oscar este año por Winter's bone) compone una Mística más que interesante, muy por encima de sus compañeros juveniles de reparto.

Lo que convence de Primera generación es su carácter aventurero, casi a lo James Bond en algunos momentos (aunque, por supuesto, aderezado con las notas fantásticas que permiten unos poderes sobrehumanos), su gran imaginería visual sin llegar a ser dependiente del trabajo de efectos especiales (que en algunas escenas son muy buenos y que en otras parecen casi dibujos animados, como en la primera gran manifestaciones de los poderes mutantes de un joven Erik nte Shaw) y su trasfondo capaz de generar un generoso debate sobre muchas cuestiones. Todo está bien entrelazado en un guión escrito por cuatro personas (entre ellos el propio Vaughn) basándose en una historia de Sheldon Turner y Bryan Singer (de ahí, seguramente, la amplia conexión temática con las anteriores películas, de las que sirve como precuela aunque no del todo), aunque con algún agujero demasiado visible que, además, va contra la continuidad conocida del cómic. Los cambios funcionan en algunos casos (la escena final en la playa), pero en otros, como decía más arriba, parecen aleatorios y sin motivo aparente.

En conclusión, una espléndida película de mutantes, de aventuras, de cómic y de confrontación social, quizá más irregular en su conjunto que las dos primeras X-Men de Singer pero cuyos mejores momentos superan con creces lo visto hasta ahora en las películas sobre los mutantes de Marvel. El impactante final, en el que Fassbender pide a gritos una película con protagonismo absoluto, hace augurar una nueva saga de gran calidad. Ojalá lo sea.

miércoles, mayo 26, 2010

'Kick-Ass', un extraño despropósito

Que el cómic ya se ha instalado como una de las principales referencias de los blockbusters veraniegos de Hollywood es una realidad. Que lo hace de una forma un tanto extraña, también. Mientras, por un lado, triunfan las películas sobre superhéroes, por otro también consiguen buenos resultado de taquilla otros títulos basados en novelas gráficas o miniseries fuera del circuito de los personajes más conocidos. Estos títulos se mueven en una doble tendencia que concfluye en un aire de incorrección más o menos forzada, la de la violencia salvaje (aunque no es para tanto, luego matizo...) por un lado y la del humor más fácil por otro. Kick-Ass es una de esas películas. Procede de un cómic alabado pero para mí muy discutible. Y la película seguramente encontrará su público, pero el resultado final es un extraño despropósito que no acaba de mantener la fidelidad al cómic original (sí la visual; la temática es otro cantar) ni, tampoco, de encontrar una vía cinematográfica salvable.

Kick-Ass supone una especie de experimento multimedia y probablemente ésto sea lo único por lo que se recordará el título. La obra en cómic, de Mark Millar y John Romita Jr., ya tenía vendidos los derechos cinematográficos antes incluso de publicarse. La escritura del guión de la película se hizo de forma casi pararela al desarrollo de los ocho números de los que consta la serie en cómic, que terminó de llegar a las librerías apenas unas semanas antes del estreno del filme. No han sido desarrollos paralelos, sino colaborativos. Es decir, que las amplias diferencias que hay entre uno y otro producto no tienen nada que ver con diferencias creativas entre los responsables de ambos, no. Simplemente, los guionistas de cine han querido explorar otros caminos del mundo creado por Millar y Romita. En esencia, las dos son obras supuestamente irreverentes situadas en un mundo similar al nuestro pero en el que hay gente que se preguntan por qué no hay superhéroes y se lanzan a llenar ese hueco. Ni la novela gráfica ni la película me satisfacen, pero menos aún el filme de Matthew Vaughan.

Kick-Ass, la película, es una comedia adolescente que adquiere el disfraz de un cómic pretendidamente revolucionario. Lo que en las viñetas pretende ser una sátira sobre el cómic de superhéroes y, más concretamente, el perfil del aficionado adolescente y cómo influye en él la fantasía que consume, en la pantalla cae a un nivel de humor mucho más bajo, simplón y barato. Tiene momentos en los que es inevitable reírse, sí (cuando Kick-Ass y Bruma roja se suben al coche del segundo y suena la música de la radio es un momento impagable), pero el conjunto es absurdo. Pierde la noción de lo que quiere y de lo que podría ser. Si el original busca un anclaje en la realidad, la adaptación se pierde en eso, en el absurdo. ¿Violenta? Sí y no. Muertes, todas las que queráis. Sangre muy poca. Eso ya le pasó a Lobezno, que nos presentó a un sanguinario tipo con unas garras de un metal indestructible pero con el líquido rojo vetado en pantalla. Se nota tanto que las muertes son de mentirijilla, que en ningún momento cabe pensar en lo rompedor del invento.

El guión también se pierde en esas absurdeces que lastran la película en todo momento. Cambia ciertos elementos del cómic sin pies ni cabeza, con la única intención de que aparezcan calcos de viñetas (eso lo hizo mucho mejor 300 o incluso Sin City) y sin necesidad de que tengan ninguna justificación argumental, buscando quizá atrapar a quien disfrutara con la lectura. No creo que lo consiga. A mí, desde luego, los cambios me han confundido. No veo sentido a que sea Bruma Roja y no Kick-Ass quien se lance como un poseso al interior de un edificio en llamas, y lamento que se haya perdido el patetismo del motivo por el que entran. No entiendo el artificial dramatismo del que se quiere dotar a la historia de Big Daddy y Hit-Girl, que no sólo no encaja en el tono de la película sino que desvirtúa la idea original. No comprendo por qué hay que meter como sea a una chica joven y guapa en cualquier película, aunque el personaje sea un despropósito y los guionistas ni siquiera sepan qué hacer con ella al final. No entiendo nada. Es lo malo de ver un absurdo.

¿Los actores? Pues hacen lo que pueden, tampoco se les puede culpar de este desaguisado. La mayoría son desconocidos, muchos por su juventud. Quizá va siendo hora de que Nicolas Cage se aleje definitivamente del cine basados en cómics, porque nunca parece el actor indicado. Mark Strong, que había dejado dos grandes muestras de villanos en Sherlock Holmes y Robin Hood, bordea el ridículo en un papel sin pies ni cabeza. Vaughan venía de sorprender con su anterior película como director, la preciosa Stardust, pero ahora da un paso atrás, justo con una película de cómic y cuando está a punto de encargarse de la nueva entrega de X-Men. Kick-Ass no es algo demasiado alentador antes de acometer esa tarea. Ha habido polémica por la violencia, porque uno de los protagonistas sea una cría asesina y malhablada. Ni caso. No hay ni polémica. Simplemente es un extraño despropósito que igual sirve para echar unas risas viéndola en grupo, pero nada más.

sábado, octubre 27, 2007

'Stardust', una fantasía como las de antes

Hacía mucho, mucho, mucho tiempo que el cine fantástico no dejaba en las pantallas una joya como Stardust. Si este filme se hubiera hecho en los años 80 (con los medios de aquella época, claro) hubiera sido uno más dentro de una colección de películas inolvidables como La princesa prometida, Willow, La historia interminable, Dentro del laberinto, Cristal oscuro y tantas otras. Unas fueron mejores, otras peores, pero todas ellas dejaron un recuerdo imborrable entre quienes las vimos en aquellos años. Ya sabéis que soy un nostálgico de la fantasía de aquella década. Y Stardust me lleva precisamente a esa época, a esas sensaciones. Al estar rodada en una época en la que la fantasía ya no es como antes, ésta se convierte en una película realmente especial.
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Stardust es una aventura tremendamente entretenida, que despliega una imaginación tremenda que hay que atribuir, en primer lugar, a Neil Gaiman. Conozco poco, más allá de su magnífica reputación, de este autor inglés de fantasía y ciencia ficción, que ha tocado prácticamente todos los campos, desde la novela al cómic (Sandman, Los libros de la magia) pasando por el cine (coguionista de la inminente Beowulf, que tiene una pinta impresionante) y la televisión. Stardust es, originalmente, un relato de fantasía escrito por Gaiman que fue publicado en una miniserie con bastantes ilustraciones. Todavía no lo he leído, pero lo haré en breve porque la historia es fascinante.
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También tiene mucho mérito la dirección de Matthew Vaughan. Esta es su segunda película, después de Layer Cake, cinta que no he visto, y ya se ha comprometido para adaptar al cine el cómic de Marvel Thor. Stardust es fantasía, a veces realmente tétrica, a veces más infantil, pero lo que está claro es que es una película para toda la familia. Normalmente cuando se pone esa calificativo quiere decir que es una película estúpida. Stardust no lo es. Su humor funciona casi siempre sin caer en el ridículo en que suelen caer este tipo de producciones con demasiada facilidad. Es divertida, pero no cargante. Es entretenida, pero no trivial. Es bonita, pero no empalagosa. Casi todo funciona bien en el guión, aunque tiene algún pequeño agujero, que seguramente cabe achacar a la ingenuidad de antaño que desprende la película, alejada de los discursos trascendentalistas en los que suele caer la fantasía moderna.
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Y la película funciona porque tiene un puñado de actores maravillosos. Lo mejor de la película, sin duda alguna, es Michelle Pfeiffer. ¿Cómo hemos podido sobrevivir cinco años sin ver a esta impresionante actriz en la pantalla? Tiene 49 años y sigue siendo una belleza impresionante. Ya quisieran algunas veinteañeras de las que tanto se habla en los medios de comunicación, esas que confunden juventud con belleza como si fuera lo mismo, tener la elegancia de la Pfeiffer. Salvo con su voz en la película de dibujos animados de Simbad (muy recomendable, por cierto), no recuerdo que Michelle Pfeiffer haya hecho antes de villana. ¡Y qué villana! He disfrutado con ella como hacía tiempo que no disfrutaba con una actriz en el cine.
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Leí hace poco una entrevista en la que Michelle Pfeiffer dijo esto: "No estaba muy segura de si quería volver. Había una parte de mí que habría estado muy feliz si me hubiese retirado definitivamente. Acepte particupar en Stardus para ver si disfrutaba del regreso, pensando que tal vez ésta iba a ser mi última experiencia y que no iba a actuar nunca más. Pero disfruté tanto que ahora me doy cuenta de que es algo que tiene que seguir estando en mi existencia". Y en la nuestra, sin duda. ¡No te retires nunca, Michelle!
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Anda por ahí un divertido, aunque a veces algo pasado de rosca, Robert De Niro (sigo viendo en él tanto talento desaprovechado...), un majestuoso Peter O'Toole (siempre es un placer ver en la pantalla al mismísimo Lawrence de Arabia, aunque sea en un papel tan breve como éste), una pareja protagonista un pelín sosa (Charlie Cox y Claire Danes son lo más tópico de la historia aunque tampoco es que estén mal) y algún que otro secundario memorable como el mercader que interpreta Ricky Gervais (al que no conocía de nada y veo que es sobre todo un actor de televisión). o el guardian del muro. Todo ello con un lenguaje más moderno con el que el director considera que ha hecho "una película fantástica-no fantástica". Extraña definición, la verdad...
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Y tenemos unicornios, brujas malvadas, cazadores de rayos, piratas, estrellas, magia, traiciones y ansias de poder, la gran historia de amor y, sobre todo muchísima imaginación. Para todo, para el desarrollo de este particular universo y para situaciones que, de verdad, no se habían visto antes en el cine de género (y me encantaría hablar de un par de ellas, pero ¿por qué destriparos el final si puedo animaros a que lo veaís en el cine...?). Fantasía pura y un entretenimiento de primera. Hacía mucho que no disfrutaba tanto con una película de género como ésta.