Mostrando entradas con la etiqueta Paul Haggis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Haggis. Mostrar todas las entradas

miércoles, enero 05, 2011

'Los próximos tres días', un final complaciente e incapaz

Paul Haggis tiene una fama que, como director, no creo que se merezca. Creo que es un buen guionista y que sus trabajos crecen mucho cuando caen en manos de realizadores de categoría (Clint Estwood usó Million Dollar Baby y Banderas de nuestros padres, además de su argumento para la magistral Cartas desde Iwo Jima) o cuando se mueve con personajes conocidos (suyo es el guión de la reinvención de James Bond en Casino Royale). Pero cuando él mismo dirige sus libretos, no sabe contenerse. Le pasó en la, para mí, sobrevaloradísima Crash (que le arrebató en 2006 el Oscar a la mejor película a la mucho más compleja e infravalorada Munich). Le volvió a suceder en la algo fallida En el valle de Elah. Y le ocurre de nuevo en Los próximos tres días. La historia tiene grandes ideas, pero las más interesantes están bastante mal desarrolladas y las que sí trata las desmonta en un final complaciente y absurdo que revela el trabajo de un director bastante más incapaz de lo que denota su buena dirección de actores. Menos mal que siempre nos quedará Russell Crowe, un monstruo de la interpretación.
-
Contar el argumento de Los tres próximos días casi implica llegar hasta el cabreo que deja su flojísimo final, así que me abstendré de dar muchos detalles. El tema de la película es el límite de la ética humana, qué estarías dispuesto a hacer por la persona a la que amas en un mundo real y dónde están los límites de la decencia. Eso es lo que Paul Haggis expone en las más de dos horas de película. O, sería más correcto decir, lo que pretende exponer. Y todas esas buenas intenciones acaban destrozadas en los últimos quince minutos, donde el autor de este filme se conforma con cerrar las intrigas de la forma más sencilla posible y con zanjar los debates morales planteados con una simpleza casi insultante. Es un final, perdonadme la expresión, para tontos, donde todo tiene que quedar perfectamente explicado y donde todo tiene que satisfacer una moralina floja y cobarde, muy lejos de los planteamientos que había sembrado en algunos momentos de la película, en especial durante la primera hora, la más lenta pero al mismo tiempo la más interesante del filme.
-
En realidad, es una película que se puede dividir en cuatro partes. La primera consta de las dos primeras escenas y es brillante. Una magnífica escena de diálogo y después la que sienta las bases de la historia. Ambas tienen fuerza y enganchan al espectador (insisto, dar detalles sería arruinarlas). La segunda parte, la más lenta, es también la más larga. Funciona en buena medida porque es la que tiene que presentar un desgaste en los personajes, una evolución y todos los dilemas morales que plantea la situación extraordinaria que están viviendo. Pero todos esos dilemas se presentan y muy pocos se desarrollan. La tercera parte, la que en cualquier otra película habría sido el clímax, cobra un ritmo frenético... y de algún modo sigue funcionando visto de forma separada. Y es que da la impresión de que forma parte de un filme completamente diferente, porque no tiene interés alguno en desarrollar lo planteado, sólo en zanjarlo. Y la cuarta, la de conclusiones, es la que termina por arruinar el planteamiento. Es la que, con un buen director, se habría caído del guión o, al menos, reescrito. Pero aquí está, seguramente, tal cual la concibió Haggis y no funciona.
-
Lo mejor de Los tres próximos días es, indudablemente, Russell Crowe. Creo que hay muy poquitos actores como él en el cine comtemporáneo. Tiene tal gama de registros que le da igual el papel, siempre estará en condiciones de afrontarlo con una categoría inmensa. Es asombroso verle padecer sus miserias humanas y el conflicto interior que sufre el rostro que dio vida, por ejemplo, a Máximo en Gladiator. Aquí no es un héroe de una pieza, sino un hombre torturado. Decidido, pero sufriendo. Impagables las dos escenas junto al teléfono de la prisión, de forma aislada y juntas como muestra de la evolución que sufre su personaje. Notable es también el breve papel, casi un cameo, de Liam Neeson, aunque la fuerza que tiene su intervención la diluye Haggis al final. Elizabeth Banks sufre el personaje que mejor encarna la indecisión de Haggis. En ella están algunas de las ideas más brillantes del filme, pero todas ellas quedan diluidas en un momento u otro de la película. También da cierta pena que el personaje de Olivia Wilde no le dé para más que para una coartada final al guionista y director. Brian Dennehy (¡qué placer es ver a este hombre después de tantas películas suyas en los 80!) sí aprovecha sus minutos en pantalla.
-
La sensación que deja Los próximos tres días es de decepción, aunque contradictoria. Por un lado, es un thirller eficaz, que juega relativamente bien con las elipsis temporales y saca cierto partido a sus protagonistas. Por otro, es una película que deja un mensaje final complaciente y tramposo que su distribuidora no sabido bien cómo vender. Cuando uno ve el anuncio de esta película en televisión, sólo encuentra imágenes del tramo final, del de mayor ritmo, y de la escena de Liam Neeson que al final desprestigia Haggis con la resolución de su relato. Y esa no es la película que tienen entre manos. No es un thriller trepidante, aunque su tramo final haga que se acerque a sus fronteras. Y tampoco es una historia reflexiva con los personajes como epicentro, porque su final aleja esa sensación y porque Haggis no sabe a dónde llevarnos en esa reflexión. Por eso, Los próximos tres días se queda en un fallido intento de hacer una gran película, que podría haber sido bastante transgrersora y devastadora si hubiera optado por otros caminos, con algunos puntos a favor pero con demasiados argumentos en contra.

sábado, enero 19, 2008

Perdidos en 'El Valle de Elah'

En el Valle de Elah es una de esas películas que se presentan como una crítica progresista pero que en realidad no saben lo que quieren. No saben cuál es realmente su mensaje porque no se atreve a dar el paso de mostrarse abiertamente en contra del conservadurismo que se propone critcar. Intentan moralizar en lugar de plantear debates y por ello generan rechazo (en la taquilla norteamericana, como todas las películas sobre Irak, y entre el público de a pie, como se demuestra escuchando a la gente cuando sale del cine en España). Mezclan grandes momentos con otros que uno no sabe muy bien cómo clasificar. Les sobra metraje, porque con pequeños detalles intentan desviar la atención del espectador para que no se dé cuenta de la sibilina manipulación de la que está siendo objeto. Y se pierden y nos pierden al mismo tiempo y con la misma facilidad.

¿Es En el Valle de Elah una mala película? Yo no diría eso, puesto que tiene algunos alicientes y algunos muy buenos momentos. ¿Es una buena película? Tampoco sería capaz de decirlo, porque no me llega ni el mensaje ni la forma en que me lanzan ese mensaje. El filme cuenta la historia de un policía militar ya retirado (Tommy Lee Jones) que se lanza a la búsqueda de su hijo, también militar, desaparecido poco después de regresar de Irak. En esa tarea encontrará la ayuda de una agente de policía despreciada por muchos sus compañeros (Charlize Theron). El muchacho, como era de suponer (aunque no se nos dice casi hasta la media hora de película, y es en esa primera parte donde sobra más metraje), aparece muerto y la búsqueda del hijo se convierte en la de sus asesinos.

Lo mejor de esta película, sin duda, son los actores. Tommy Lee Jones siempre ha sido un actor brillante y lo demuestra una vez más. Su creación de un rudo, avejentado y entristecido militar retirado es formidable en toda la película. No flaquea, conmueve siempre aunque el guión no lo haga, solo o acompañdo por otros actores en escena, con la palabra y con la mirada, sobre todo con la mirada. Charlize Theron, actriz a la que sólo parece apreciarse cuando aparece en pantalla afeada, vuelve a dar muestras de que es fantástica en su trabajo. Pocas miradas como la de esta mujer son tan fuertes en pantalla. Pocas aguantan un cara a cara constante tan intenso y tan cambiante con un actor del calibre de Tommy Lee Jones (brillante también su enfrentamiento final con Jason Patric). Si la tiranía de la belleza y la juventud de Hollywood se lo permite, envejecerá delante de la pantalla y crecerá como actriz más todavía.

Susan Sarandon tiene un brevísimo personaje (cabría más hablar de apariciones que de personaje por su escaso tiempo en pantalla; una pena, talento desaprovechado) y eso le vale para dejarnos uno de los cara a cara más brillantes de los últimos años, sin compartir espacio físico ni plano, con Tommy Lee Jones. Soberbia la conversación telefónica en la que él le dice a ella que su hijo está muerto, sencillamente soberbia y conmovedora. Y junto a estos tres magníficos actores, un elenco de secundarios del que sobresalen un par de nombres que bordan sus papeles, actores como Jason Patric (¿quién iba a decir que que el protagonista de Speed 2 podría hacer un buen papel?) o Josh Brolin (actor a seguir, brillante en American Gangster, aquí demasiado breve pero intenso en un papel bastante similar).

En el Valle de Elah es la segunda película como director de Paul Haggis. Su nombre comenzó a sonar, a pesar de llevar muchísimos años en el negocio, como guionista de esa maravilla que es Million Dollar Baby. Después de se colocó detrás de la cámara para dirigir Crash, la sorpresa en los Oscar de hace dos años, una película que nunca me ha terminado de llegar ni conmover y que me pareció sumamente fácil y nada arriesgada de realizar. Tan poco arriesgada como En el Valle de Elah. Sí, el tema que trata es controvertido (los efectos de la guerra de Irak en los soldados que allí van destinados), pero el enfoque es tremendamente superficial (como le pasaba a Crash aunque en su día se hablara de ella como una película valiente y comprometida).

Sobra decir que busca ser una crítica a la intervención norteamericana en Irak (no deja de resultar curioso que haya ni un solo cineasta norteamericano que quiera dar una visión más favorable o que no se haya atrevido a rodar ese punto de vista, que, por otra parte, tiene muchos adeptos en Norteamérica). Pero parte de la confusión, se desarrolla en una confusión aún mayor y al final uno no sabe qué quiere contar realmente la película. La culpa de eso también hay que buscarla en la amalgama que suponen las tres personalidades que se ofrecen del hijo militar muerto, que apenas llega a aparecer en la película, que son imposibles de fundir en un mismo personaje. No es creíble que el buen soldado que tiene su padre en la mente, el soldado más o menos sensible que se ve en Irak y el macarra que se presenta en Estados Unidos sean la misma persona. No es creíble en asboluto. Y ahí flaquea la película, casi tanto como en la previsible resolución de la intriga policial.

Por el camino queda una metáfora tan obvia que da título a la película (el Valle de Elah es el lugar donde David se enfrentó a Goliath, se supone que es una acusación al Gobierno de Estados Unidos de mandar a unos jóvenes a una guerra con sólo unas piedras para derrotar a un enemigo invencible) y que ofrece un par de escenas formidables. Pero eso puede que sea sólo por el talento de un reparto formidable. Paul Haggis sigue sin hacer una película verdaderamente apreciable como director, a pesar de que la crítica le suele dar todo su fervor. Le sigo prefieriendo como guionista de ese genio que es Clint Eastwood. En conjunto, En el Valle de Elah se queda como una decepcionante película con un reparto impresionante.