BÚHO NOCTURNO - PATRICK WILSON
ESPECTRO DE SEDA - MALIN AKERMAN
EL COMEDIANTE - JEFFREY DEAN MORGAN
BÚHO NOCTURNO - PATRICK WILSON
ESPECTRO DE SEDA - MALIN AKERMAN
EL COMEDIANTE - JEFFREY DEAN MORGAN
Muchas veces me he planteado lo fácil que es masacrar una película en una crítica, en unas pocas líneas. Al fin y al cabo, qué importa censurar el trabajo de personas que ni me van ni me vienen, ¿no...? En el punto de mira es una película que se presta a una crítica agresiva, fácil, dura, que corte de cuajo toda la ilusión que pueda despertar en un potencial espectador que no tengo muy claro si ir a verla o no. Podría decir que es previsible, que la historia y muchos detalles son absolutamente inverosímiles, que no es más que otra peliculita de acción de Hollywood, un género que es fácilmente despreciado desde muchos ámbitos, que la comparación de su estructura narrativa con el Rashomon de Akira Kurosawa no se sostiene...
Un poco en la línea de lo esperado, los Oscars fueron un poco descafeinados. Por la huelga de guionistas y por el cine que se premió. La ganadora fue No es país para viejos. No fue una gran ganadora. Sólo se llevó cuatro de los ocho premios a los que optaba, aunque, bien es verdad, se llevó los más grandes: película, director, guión adaptado y actor de reparto. Me dio un poco de pena ver a un grande como Martin Scorsese entregando el premio al mejor director a los hermanos Coen (que no parecía que hubieran ganado un Oscar, parecía que estaban de guasa en el escenario del Kodak Theatre...) por una película que, para mí, no está ni entre las cinco mejores que han hecho (prefiero El gran Lebowski, Fargo, Muerte entre las flores, Barton Fink o su gran olvidada para casi todo el mundo, El gran salto). En realidad no veo a los Coen como material de Oscar, pero...
Hablar de cine es hablar siempre desde un prisma subjetivo. Es un arte, y como tal no llega a todas las personas de la misma forma. Cuando escribo, es obvio que me dejo llevar por mi pensamiento y por mis sentimientos. Lo que intento es que nadie pueda decir que no soy coherente. Y, por eso, no me voy a sumar al carro de Javier Bardem ahora que se ha convertido en el primer actor español que ha conseguido ganar un Oscar en una categoría de interpretación. No voy a dejar que me arrastre la corriente de elogios. Quien me lee y quien me escucha hablar de cine sabe que a mí Bardem no me gusta, ni como personaje ni como actor, y seguramente quien sí tenga a Bardem en buena estima no gustara de leer lo que me sale decir ahora. Por descontado, eso no resta un ápice de carácter histórico al premio.
Suele haber cineastas que casi nadie se atreve a criticar (y no estoy hablando de los espectadores, claro, que de todo hay en el mundo). Directores que, aunque sus trabajos sean fracasos comerciales, parecen bendecidos por el fervor de la crítica y de los premios. Y si encima proceden de eso que se viene en llamar cine independiente, el elogio está asegurado hagan lo que hagan. Los hermanos Coen forman parte de ese grupo, desde que allá por 1984 hicieran Sangre fácil. A mí los Coen me parecían interesantes en sus inicios, pero desde 1998 (ya ha llovido toda una década aunque no lo parezca), desde El gran Lebowski, los veo sumidos en un letargo creativo impresionante (O Brother no me gustó demasiado, Ladykillers es una remake sencillamente horrible de la espléndida El quinteto de la muerte; no voy a perder el tiempo con Crueldad intolerable y sólo me falta por ver El hombre que nunca estuvo allí). La crítica parecía que les había abandonado, pero ha vuelto con más fuerza que nunca con No es país para viejos.
Lo confieso. Este año tengo poco interés por los Oscar (a pesar de ello, me levantaré a verlos la madrugada del domingo para escribir aquí el lunes sobre la ceremonia y los ganadores, no faltaba más...). Y no tengo demasiado interés porque las mejores películas de 2007 no están entre las nominadas. Eso deja una ceremonia descafeinada, en la que pocos de los ganadores principales conseguirán levantarme de alegría del asiento. Y es que para mí son nada menos que cuatro las películas no ya olvidadas, sino despreciadas por la Academia, que tendrían un hueco sin dudarlo entre mis cinco mejores de 2007.
No hay muchos directores que se hayan ganado que siempre pague una entrada de cine para ver sus películas, hagan lo que hagan. Tim Burton es uno de ellos. A lo largo de los años, este realizador ha ido creando un universo de fantasía único, brillante, excepcional. Me gusta su visión de Batman, me emociona su acercamiento al mito de la bella y la bestia a través de un muchacho con tijeras en lugar de manos, me gusta el toque siniestro de su animación, me siento muy identificado con su amor por el cine, incluso a través de la vida del peor director de la historia, me maravilla su forma de contar fábulas de cualquier tipo.
Jumper me llamó la atención hace tiempo. Me gustó la idea de un tipo que pudiera teletransportarse a donde quisiera con sólo tener una referencia visual. Pensé que tenía muchísimas posibilidades cinematográficas. El trailer no era malo del todo. Y el reparto, interesante: Hayden Christensen, Samuel L. Jackson (dos Jedi que se juntaban de nuevo, aunque ésta vez el primero es el héroe y el segundo el villano), Jamie Bell, Diane Lane, Michael Rooker... Pero la verdad es que la película deja una sensación de vacío casi absoluto. Sí, entretenidilla, pero nada más. No hay mucho que rascar.
El segundo fiasco (en el sentido de que no me ha gustado, no de que me haya decepcionado; sabía lo que era de sobra antes de verlo) es Monstruoso. Precedida de una enorme y exitosa campaña de marketing en Internet (que en realidad casi se ha quedado en Estados Unidos, porque en España todavía nadie se ha sumado de verdad al carro de Internet para casi nada) y asociada al nombre de J. J. Abrams, el creador de series como Alias o Perdidos, es una película difícil de evaluar. Rodada cámara digital en mano, como si fuera un documento de los protagonistas, una técnica ya vista hace muchos años en La leyenda de la Bruja de Blair y, mucho más recientemente, en REC. Nada nuevo por ese lado, aunque sí 75 minutos de imagen mareante y de bajísima calidad. ¿Que es lo que se buscaba? Estupendo. ¿Que es mareante? Por descontado.
Juno es de esas películas ante las que uno no sabe muy bien cómo reaccionar antes de ponerse a verla. Por un lado, piensas que va a ser una película sencilla, amable, simpática, para pasar un rato muy entretenido y posiblemente poco más. Por otro, resulta que es la película semi-independiente (luego explico ésto) que ha caído en gracia entre los críticos, algunos de las cuales la llegan a considerar la mejor película del año, lo que unido al bombardeo de nominaciones y premios hace de ella uno de esos títulos imprescindibles de la temporada. Abstraido por completo de lo que dicen unos y otros, el veredicto es claro: ni una cosa ni la otra, pero creo que se acerca más a lo primero que a lo segundo.Después de ver un rápido repaso a las tres primeras películas, vemos el sombrero. Su sombrero. En el suelo. Y ÉL alarga una mano, lo coge y se lo pone. Vemos sólo la sombra. Y sabemos inmediatamente que es él, que es Indiana Jones. El de siempre. Uno de los más grandes iconos de la historia del cine. Uno de los pocos personajes a los que podemos reconocer sólo por su silueta. O por la maravillosa y evocadora marcha que el maestro John Williams compuso para él, y que suena mientras le vemos recoger su sombrero y durante el siguiente minuto.
Ya tenemos trailer de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. El primero. No muestra mucho de la película, alguna pequeña pincelada que, si se sabe ver, dice por dónde va a ir la película. Y todavía sin calavera de cristal a la vista. Pero yo me he quedado sin palabras. Es él. Es Indy. Casi 20 años después de la última vez que le vimos. Pero es él, en plena forma, con el mismo humor de siempre, con el látigo, con el sarcasmo, con todo. Es Indy. ¿Cómo puede ser mala esta película si es Indy...? Y si es Spielberg quien dirige, el último genio de la aventura y la fantasía, ¿cómo va a salir más este glorioso regreso a la gran pantalla...?
Dice el contador que hay en la web de Yahoo (que distribuye el trailer en exclusiva) que me quedan 97 días, 14 horas, dos minutos y siete segundos para que llegue el estreno. Y la espera se me hace eterna...
Y cuando parecía que Star Wars nunca más iba a volver a los cines, que su futuro pasaba por la televisión, va George Lucas y vuelve a sorprendernos... Se sabía que estaba preparando dos series, una de animación por ordenador, a la que corresponden las imágenes de este post, y otra de acción real. La primera está previsto que llegue a la pequeña pantalla en otoño y para la segunda habrá que esperar bastante más. Pues ahora resulta que la primera la veremos en verano... ¡¡¡en el cine!!! El 15 de agosto se podrá ver en pantalla grande (en Estados Unidos; las fechas internacionales del estreno aún no se conocen) el episodio piloto, algo más de tres años después del estreno de La venganza de los Sith, la que se suponía iba a ser última aportación cinematográfica de la saga.

¡Qué gozada disfrutar con una película de la que uno no espera demasiado, sorprenderse en el cine con un título que ofrece algunos de los mejores momentos del año, descubrir todavía hoy formas de narrar! Eso es lo que me ha pasado con Expiación. Lo admito. Tenía ciertas reservas por el tipo de historia que es y que en el cine me suele parecer preciosista pero aburrida. Quizá el referente más claro sea El paciente inglés, que me provocó precisamente eso, cierto aburrimiento sin desmerecer sus logros visuales. Pero la sorpresa con Expiación ha sido grata, muy grata, por bastantes motivos. En la historia no me voy a meter demasiado para no correr el riesgo de desvelar aspectos fundamentales de la película, pero aún así hay muchas cosas que se pueden comentar de esta historia de amor apasionado que transcurre en la Inglaterra de los años 30 y 40, en el seno de una familia adinerada.
La primera mitad de la película es sencillamente brillante. Joe Wright, director que debutó con Orgullo y prejuicio, demuestra un espectacular dominio de la cámara, del tiempo cinematográfico, de la elipsis, del montaje y de la narración. Es impresionante ver cómo hace encajar una doble narración de los mismos hechos, desde dos puntos de vista tan diversos como imprescindibles para entender las motivaciones de la historia. Se respirá la tensión, la pasión y hasta el drama en cada una de las secuencias. Algunas parecen triviales, pero poco a poco el espectador va descubriendo que cada detalle cuenta, sobre todo los más pequeños. Muy impresionante para un director casi novel y un escándalo que su nombre no sea uno de los cinco nominados al Oscar, a pesar de las siete candidaturas de su película.
El segundo acto tiene un bajón de ritmo y de interés bastante severo. Pero es breve. Porque de repente, sin avisar, casi sin darnos cuenta, nos deja una joya como hace mucho tiempo que no se veía, un plano secuencia maravilloso, sobrecogedor, brillante e inolvidable. De esos que hacen que un escalofrío te recorra la espalda ante tanta belleza. Describirlo con palabras sería indecente. Es para verlo y recordarlo para siempre. El tercer acto recupera el pulso narrativo con mucha fuerza y la película desemboca en un final maravilloso y precioso, coronado con un epílogo sencillamente precioso. Y así uno sale de la sala pensando que ha visto una película brillante y emocionante, algo no tan frecuente como pueda parecer.
El reparto es británico en su totalidad y eso hace que muchas de las caras no sean excesivamente conocidas. Sí es perfectamente reconocible una Keira Knightley que, pese a todo lo bueno que se diga y escriba sobre ella, sigue sin decirme gran cosa. En conjunto, los actores están correctos, como suele suceder con un reparto británico, pero no inolvidables. Salí de la película pensando que nadie desprende el carisma de Clark Gable o Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, de Humphrey Bogart o Ingrid Bergman en Casablanca. Esa es la fuerza que al final le falta a la película. Clase, lo que se dice clase, no hay en Expiación hasta el final, cuando Vanessa Redgrave hace una pequeña pero imprescindible aparición en la película.
Y hay un detalle más absolutamente imprescindible en Expiación: la música de Dario Marianelli. Absolutamente perfecta. Desde el juguetón comienzo con una máquina de escribir como instrumento hasta las notas más trágicas. Una absoluta obra maestra musical, integrada en la película y a su servicio con una perfección que hacía tiempo que no veía. Descubrí a Marianelli en V de Vendetta. Después he escuchado sus trabajos en Orgullo y prejuicio, Los hermanos Grimm y La extraña que hay en ti, pero no he visto esas películas, así que el juicio no puede ser completo. Y me apunto el nombre de Marianelli para el futuro. Nominado al Oscar por esta película, tengo la sensación de que Alberto Iglesias no va a tener muchas opciones ante esta espectacular partitura.
Antes de ir a verla, no pensaba yo que recomendaría Expiación con tanto entusiasmo, no... Pero es una de las películas imprescindibles del año. Sin duda.
