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viernes, septiembre 27, 2013

'2 Guns', divertidísima buddy movie

Viendo a Denzel Washington y Mark Walhberg en 2 Guns da la impresión de que eso de la química entre actores es fácil. Ellos solitos se bastan y se sobran para hacer de esta película una de las buddy movies más divertidas, entretenidas y logradas de los últimos años, pero afortunadamente la cosa no acaba en ellos. Son de largo lo mejor que ofrece, pero Baltasar Kormákur, director islandés responsable de la olvidable Contraband, también protagonizada por Wahlberg, rueda con un entusiasmo difícil de prever viendo su anterior filme, sin estorbar lo que consiguen sus dos actores protagonistas y dándoles un espléndido marco en el que convertir esta adaptación de un cómic editado en 2007 por Boom! Studios en 109 minutos de película terriblemente gozosos que es mejor descubrir sin avances previos, sin trailers ni fotografías que dejen entrever alguna de las sorpresas que esconde un guión ágil, frenético y con chispa. Sí, es una comedia de acción, pero menuda comedia de acción, que derrocha carisma y grandes momentos.

Y es que todo pasa por la química entre Denzel Washington y Mark Wahlberg. Cuando aparecen en la primera escena, subidos en su coche setentero, con su aire chulesco y su conversación desenfadada, el espectador se ve empujado y obligado a creer que entre ellos hay una complicidad, una amistad, una relación especial, la que tienen que mostrar los protagonistas de una buddy movie. Diálogos rápidos y ácidos, gestos cómplices, una complicidad sencillamente perfecto. Ahí, ya desde la primera escena, es donde se construye el éxito de 2 Guns, porque si eso funciona da igual cómo se desenvuelva todo lo demás. Ellos hacen creíble lo inverosímil y divertido todo lo que sucede en las algo menos de dos horas que dura la película. Sin contar absolutamente nada del argumento, lo único que hay que saber antes de verla es que estos dos forman equipo. ¿Para qué? La primera escena lo aclara.

A Kormákur le queda la misión de no estropear lo que consiguen sus actores. Y lo hace, lleva la película bastante bien, filma con mucho acierto las escenas de acción, las peleas y las persecuciones sin que nada apabulle el auténtico punto fuerte del filme, la envidiable química entre Washington y Wahlberg. Incluso le proporciona un buen escenario, a medio camino entre la película fronteriza, el spaghetti western y el policíaco más contemporáneo, al que contribuyen asombrosamente bien un desatado Bill Paxton y un casi autoparódico Edward James Olmos. Entre todos ellos, sus secuaces, aliados y enemigos, son constantes las peleas y enfrentamientos, los tiroteos y los insultos, todo ello vestido con un disfraz de divertimento sincero y muy entretenido en el que no falta de nada, ni siquiera la casi obligatoria escena de desnudo (femenino, por supuesto), a cargo de una Paula Patton menos carismática que en Misión imposible. Protocolo fantasma. Gracias a todo eso, da igual lo hilarante y rocambolesco que pueda ser a ratos el guión.

2 Guns encierra multitud de detalles gozosos: diálogos, gestos, caracterizaciones, peleas... Dentro de esta alocada mezcla, un guiño divierte tanto como un retrovisor o un toro, y una propina da tanto juego como un disparo o unas tostadas. Es verdad que en torno a los dos tercios, cuando se acumulan las sorpresas y los giros de guión, la película tiene un ligero bajón, pero su enorme ritmo y la desenfadada diversión que propone solventan cualquier duda antes del alocado clímax y casi perfecto final. También es verdad que ni Denzel Washington ni Mark Wahlberg inventan nada en sus respectivas carreras, pero su química y el hecho de que su diversión rodando la película sea directamente proporcional al del espectador viéndoles compensa por completo cualquier leve síntoma de repetición. Y para rematar la faena, hay en la película un elemento que desatará las carcajadas del público español. Sobre todo del futbolero. Y seguro que Denzel Washington, Mark Walhberg o Baltasar Kormákur no entenderían una risa en ese momento concreto. Pero es una de muchas en una comedia de acción altamente recomendable.

jueves, diciembre 15, 2011

'Misión imposible. Protocolo fantasma', rivalizando con James Bond

Viviendo como estamos viviendo una época desmadrada del género de acción, en el que el más imposible todavía, por absurdo que pueda resultar, parece ser el único objetivo a conseguir y por el que se puede convencer a un espectador para pagar una entrada, se agradecen películas como Misión imposible. Protocolo fantasma. Y eso que también se esfuerza es buscar ese más imposible todavía (¿podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el título de la saga?), pero lo hace en base a un guión claro y entretenido, con un rodaje espectacular pero nítido, y con unos actores carismáticos. Misión imposible lleva una década y media rondando los cines de todo el mundo, siempre con Tom Cruise como estrella, y es un título ganador casi siempre. De hecho, como saga rivaliza con la de James Bond, a pesar de que aquella pueda presentar muchas más películas y algunas décadas más forman parte del imaginario universal del cine. A diferencia de las tres primeras partes, ésta sí mantiene conexiones con la anterior entrega y, aunque es una película perfectamente autónoma, sí asienta sus bases en la idea de continuar la saga. A este nivel de entretenimiento, que hagan las que quieran.

Nada me parece más poco atractivo a la hora de ver una película de espías que asomarme al trailer o incluso leer las sinopsis del filme, por oficiales y presumiblemente libres de spoilers que sean. Porque, al final, destripan tantas cosas que acaban por quitarle toda la gracia a la película. En IMDB, tres líneas del argumento bastan para desvelar lo que es el protocolo fantasma del título y una de las sorpresas más espectaculares de su metraje. Algún cartel del filme, acaba con otra sorpresa. Una pena, pero es un error ya demasiado repetido en el cine moderno como para no darlo por sentado de forma sistemática y huir de toda información divulgada de este filme. Dicho eso, sí se puede hablar largo y tendido del alcance de esta cuarta entrega de la saga cinematográfica de Misión imposible, basada en una muy popular serie de televisión de los años 60. Y lo primero que se puede decir, sin miedo a destriparle nada a nadie, es el juicio sobre el filme, una notable y entretenidísima pieza de acción, que enriquece el ya destacable mosaico en que se ha convertido esta saga, que ha pasado ya por las manos de directores tan diversos como Brian de Palma, John Woo (esta segunda entrega es, para mí, la única que no aprueba) y J. J. Abrams.

Y ahora cae en las de Brad Bird. El nombre, seguramente, le será desconocido a muchos, aunque muchos habrán visto alguna de las tres maravillosas películas que adornaban hasta ahora su filmografía: El gigante de hierro, Los increíbles y Ratatouille. Sí, tres películas de dibujos animados, la primera de ellas para Warner y las dos siguientes para Pixar. Misión imposible. Protocolo fantasma es su bautismo de fuego en un filme de acción real y pasa la prueba con una nota muy elavada. Quizá heredando la necesidad narrativa de la animación de mostrar con claridad lo que sucede en pantalla, Bird ofrece un thriller de acción y espías de lo más clásico en su realización (sólo se salen de la norma las escenas rodadas para el formato IMAX, sencillamente espectaculares para mostrar los exóticos marcos que siempre exige una película de este calibre), incluso en sus peleas y persecuciones, aunque éstas se acerquen bastante más al cine contemporáneo por su espectacularidad y sus rápidos movimientos de cámara. Se beneficia, también, de un guión claro (obra de dos debutantes en cine pero que ya trabajaron en Alias con Abrams, productor de este filme), quizá incluso algo inocente en algunos momentos pero que sirve ciertamente a los propósitos de la saga y de su nuevo director.

Tom Cruise (nunca entenderé por qué resulta siempre tan fácil desmerecerle...) sigue ejerciendo como magnífico héroe de acción sobre el que, de momento, no pasan los años. Lo cierto es que su Ethan Hunt, el papel que hizo suyo en 1996 (¡hace 15 años!) con el primer filme de la saga es ahora mismo un claro rival de James Bond. Tampoco parece descabellado considerarle como precursor del actual 007 interpretado por Daniel Craig. Y es que las películas de Bond y las de Misión imposible parecen tener muchos elementos narrativos y visuales en común, hasta el punto de que se puede considerar a estas dos sagas como perfectos y complementarios rivales por la hegemonía en el cine de acción actual, en su vertiente más clásica. Misión imposible apuesta algo más por la introducción de la comedia (de ahí la ampliación del papel en la tercera entrega del cómico Simon Pegg... aunque no termine de cuajar como relajo cómico en algunos momentos y se le lance con descaro a la parte más seria del filme en cuanto es necesario) y por un reparto algo más coral que el de 007 (espléndido Jeremy Renner, muy adecuada Paula Patton), aunque adolece en esta entrega de villanos tan brillantes como había tenido hasta ahora la saga y como suele presentar la de su colega británico (parecen todos algo desaprovechados, en especial la asesina que interpreta la francesa Léa Seydoux).

El papel de Simon Pegg no es la única conexión con la tercera entrega de Misión imposible, que sí se detiene en dar explicaciones narrativas que remiten a la anterior película. La segunda y la tercera parte de esta saga se concibieron como rupturas, como una nueva vía para seguir explorando la mitología de Misión imposible (aunque es verdad que la tercera ya tenía mucho que ver con la primera... y quizá pretendía borrar del recuerdo de muchos la segunda, venerado por algunos sectores, por cierto, aunque yo guardo de ella un recuerdo horrible), pero Protocolo fantasma apuesta por la continuidad. Además de algunas líneas del guión, hay varios cameos que así lo indican (¿para qué destriparlos?). Misión imposible. Protocolo fantasma cumple con creces todos los objetivos que se marca. Entretiene, divierte, emociona y, sobre todo, mantiene viva la llama de la tensión hasta el último segundo, exactamente lo que uno espera de algo que lleva este título. Si además hay una buena dirección, la siempre acertada elección de escenarios exóticos a lo largo de todo el mundo y espectaculares secuencias de acción (la escalada cobra una nueva y hermosa definición; no miréis abajo los que tengáis vértigo), y un toque realista dentro de lo imposible, no queda más remedio que rendirse a la evidencia de que estamos ante una película espectacular en su campo.