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viernes, agosto 19, 2016

'Star Trek. Más allá', la imagen apabulla al contenido

Se diga lo que se diga, y por mucha normalidad que se aparente vivir, el cambio del capitán siempre provoca turbulencias. J. J. Abrams actualizó Star Trek de una manera valiente, starwarsizándola, y el experimento no salió nada mal. Cambiaba algo de la esencia, desde luego, pero ofreció dos películas tremendamente entretenidas y con historias que contar. En Más allá, tercera cinta del reboot de título indefinido por completo y en realidad sin mucho sentido, se da un paso atrás claro. De la mano de Justin Lin y con un guión escrito a toda prisa por Simon Pegg y Doug Jung, la imagen se ha comido a la historia, no hay contenido real, no pasa nada realmente trascendente en la película para ningún miembro de la tripulación del Enterprise, y aún con las solventes gotas de entretenimiento que sigue dejando la serie estamos sin duda ante la más floja de las tres entregas moderna, una en la que no hay tema de fondo, aunque parece que se intenta que lo haya, y donde hay poca emoción.

El primer gran problema que tiene Más allá es justo ese, que no se sabe muy bien qué se está contando, qué historia es la que quiere transmitir, más allá de un tópico enfrentamiento con un malo misterioso que está ya mil veces visto. Eso funciona bien, pero el orden de los factores en esta ocasión sí altera el producto. No funciona que la gran escena climática (por lo que implica para cualquier trekkie de pro) esté en el primer tercio del filme, desde luego no genera ni por asomo el mismo impacto emocional que cuando vimos algo parecido en las películas originales, y desde luego falla que la motivación del villano quede completamente oculta prácticamente hasta el final de la historia. La desconexión que hay por tanto entre héroes y villanos es total. Y las explicaciones que tendrían que tener muchísimos elementos de la película brillan por su ausencia de una manera clamorosa, dejando en mal lugar al guión.

Y el caso es que la incorporación de Simon Pegg a esas labores de escritura, sumado a lo que se había visto en los trailers, anunciaba una deriva aún más cómica de la serie. Ahí está la sorpresa de Más allá, que no arranca así, incluso prescinde de chistes en la primera hora de la cinta. No falla por donde se podía anticipar, sino por otras cuestiones. Y es que esos intentos de dar un poso, un peso y una profundidad al relato de Kirk, Spock y compañía palidecen porque no hay continuidad y porque no hay un malo a la altura. El añadido de Idris Elba bajo toneladas de maquillaje es más testimonial que otra cosa, como también el añadido de dos personajes femeninos que, hay que reconocerlo, están por estar y porque lucen bien en sus imaginativas revisiones para que encajen en Star Trek. De hecho, y aunque a Lin le obsesiona girar su cámara en un movimiento repetitivo y sin mucho sentido, lo visual funciona bien, si eliminamos secuencias un tanto absurdas como aquella en la que Chris Pine se pone a los mandos de una moto.

Pero, claro, hay un problema evidente y es esa mencionada falta de emoción. Esa sensación sólo se alcanza cuando hay referencias a la tripulación original del Enterprise, la que encabezaban William Shatner y Leonard Nimoy. Chris Pine, Zachary Quinto, el propio Pegg o Zoe Soldana (aquí, más florero y damisela en apuros que nunca por desgracia) han asumido muy bien sus roles, pero la película no les da mucho material con el que jugar. Carreras, saltos, teorías científicas delas que todos parecen saber sin tener en cuenta que Scotty es ingeniero y Uhura se dedica a las telecomunicaciones, porque todos parecen saber de todo, y mucha acción en gravedad cero, que al final parece la excusa que se ha dado el equipo para rodar Star Trek. Más allá. Y el caso es que entretiene, es una película simpática que saca sonridad de vez en cuando (la relación entre el Spock de Quinto y el Bones de Kalr Urban, lo mejor de largo), pero sabe a poco después de Star Trek y Star Trek. En la oscuridad.

viernes, agosto 07, 2015

'Misión imposible. Nación secreta', una serie de inagotable encanto

Quién iba a decir en el ya lejano 1996, cuando Brian De Palma llevó a la gran pantalla la mítica serie de televisión de Misión imposible que hoy, dos décadas más tarde, seguiríamos disfrutando de las aventuras de un Ethan Hunt con el mismo rostro, el de un incansable Tom Cruise, y que la saga habría alcanzado un nivel tan extraordinario. Porque sí, hay que decirlo, Misión imposible es hoy en día el único rival posible de la mística de James Bond. En esta quinta entrega, Nación secreta, Christopher McQuarrie se ha lanzado a un decidido homenaje a todas las anteriores (incluyendo el único patinazo de la serie, la segunda entrega, dirigida por John Woo, a la que supera con creces en la persecución por carretera que imagina) que convence de principio a fin, desde el intenso y divertidísimo prólogo que sirve para volver a sentar de nuevo las bases de lo imposible hasta el final, tan sencillo en su ejecución como brillante por su significado. Y entre medias, algo más de dos horas de intensa diversión y de sincero y brutal entretenimiento.

Y eso se agradece aún más porque la serie ha ido creciendo poco a poco. Si el primer filme pareció autoconclusivo (¿cuando se olvidó Hollywood de hacer que sus historias fueran así para pensar antes de un primer filme en que una franquicia es siempre necesaria?) y el segundo pareció sumir la serie en un cambio radical de estilo, las tres siguientes entregas han apostado decididamente por la creación de un universo con una continuidad reconocible. Y más que una continuidad, una espléndida mezcla entre el tono más clásico del espionaje que propugnaba la serie con una tecnología formidable, escenas de acción de una ejecución brillante (merece la pena destacar la persecución de motos, que por cierto esconde un pequeño guiño final a Casino Royale), coreografías de acción muy bien construidas, escenarios exóticos, muchos guiños a las películas anteriores (y, por qué no decirlo, incluso a Hitchcock) y un humor muy adecuado y liberador.

Parte del éxito está, precisamente, en que el grupo de espías que se ha ido formando en torno a Ethan Hunt funciona francamente bien para conseguir esa mezcla entre acción y humor. A estas alturas, el carisma de Tom Cruise como héroe de acción está más que demostrado (por si acaso, ojo a su entrada en escena en este filme), pero Simon Pegg, Jeremy Renner y Ving Rhames ayudan muchísimo a que la película encuentre un desarrollo fluido y divertido. Pero es que además los tres añadidos en esta entrega son tan acertados que por momentos da la sensación de que ya formaban parte de la saga. Rebecca Ferguson aporta ese misterioso encanto del espionaje con un personaje femenino fuerte y muy bien definido, Alec Baldwin aporta una presencia que invita a cabrearse todavía más por desaprovechar tan a menudo su talento en comedias absurdas y películas de medio pelo, y Sean Harris da vida a un villano interesante que sí supone un reto para los héroes. Nada falla por ese lado.

Sí se puede decir que hay algún que otro altibajo en el ritmo, algo fácil de comprender viendo su duración de 131 minutos (aunque no es excusa, ya que todas las entregas de la serie salvo la primera superan las dos horas y manejaban mejor este aspecto), pero McQuarrie ha firmado una muy buena película de acción, que provoca continuas sonrisas de aprobación entre los seguidores de la saga, entre el aficionado al género y quizá también entre quienes se asomen por primera vez al mundo de Ethan Hunt. Y es que ofrece un entretenimiento tan sincero y desenfadado que es toda una invitación total a ver o redescubrir toda la saga. Misión imposible va a llegar a las dos décadas de vida cinematográfica en una buena forma casi imposible de creer. Y sí, desde parámetros completamente distintos, siendo la única serie de acción que se merece estar cerca de las aventuras de 007. Si Bond es ahora más oscuro, Misión imposible es un entretenimiento más divertido. Y las dos conviven de fábula para deleite de los que estamos a este lado de la pantalla.

jueves, diciembre 15, 2011

'Misión imposible. Protocolo fantasma', rivalizando con James Bond

Viviendo como estamos viviendo una época desmadrada del género de acción, en el que el más imposible todavía, por absurdo que pueda resultar, parece ser el único objetivo a conseguir y por el que se puede convencer a un espectador para pagar una entrada, se agradecen películas como Misión imposible. Protocolo fantasma. Y eso que también se esfuerza es buscar ese más imposible todavía (¿podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el título de la saga?), pero lo hace en base a un guión claro y entretenido, con un rodaje espectacular pero nítido, y con unos actores carismáticos. Misión imposible lleva una década y media rondando los cines de todo el mundo, siempre con Tom Cruise como estrella, y es un título ganador casi siempre. De hecho, como saga rivaliza con la de James Bond, a pesar de que aquella pueda presentar muchas más películas y algunas décadas más forman parte del imaginario universal del cine. A diferencia de las tres primeras partes, ésta sí mantiene conexiones con la anterior entrega y, aunque es una película perfectamente autónoma, sí asienta sus bases en la idea de continuar la saga. A este nivel de entretenimiento, que hagan las que quieran.

Nada me parece más poco atractivo a la hora de ver una película de espías que asomarme al trailer o incluso leer las sinopsis del filme, por oficiales y presumiblemente libres de spoilers que sean. Porque, al final, destripan tantas cosas que acaban por quitarle toda la gracia a la película. En IMDB, tres líneas del argumento bastan para desvelar lo que es el protocolo fantasma del título y una de las sorpresas más espectaculares de su metraje. Algún cartel del filme, acaba con otra sorpresa. Una pena, pero es un error ya demasiado repetido en el cine moderno como para no darlo por sentado de forma sistemática y huir de toda información divulgada de este filme. Dicho eso, sí se puede hablar largo y tendido del alcance de esta cuarta entrega de la saga cinematográfica de Misión imposible, basada en una muy popular serie de televisión de los años 60. Y lo primero que se puede decir, sin miedo a destriparle nada a nadie, es el juicio sobre el filme, una notable y entretenidísima pieza de acción, que enriquece el ya destacable mosaico en que se ha convertido esta saga, que ha pasado ya por las manos de directores tan diversos como Brian de Palma, John Woo (esta segunda entrega es, para mí, la única que no aprueba) y J. J. Abrams.

Y ahora cae en las de Brad Bird. El nombre, seguramente, le será desconocido a muchos, aunque muchos habrán visto alguna de las tres maravillosas películas que adornaban hasta ahora su filmografía: El gigante de hierro, Los increíbles y Ratatouille. Sí, tres películas de dibujos animados, la primera de ellas para Warner y las dos siguientes para Pixar. Misión imposible. Protocolo fantasma es su bautismo de fuego en un filme de acción real y pasa la prueba con una nota muy elavada. Quizá heredando la necesidad narrativa de la animación de mostrar con claridad lo que sucede en pantalla, Bird ofrece un thriller de acción y espías de lo más clásico en su realización (sólo se salen de la norma las escenas rodadas para el formato IMAX, sencillamente espectaculares para mostrar los exóticos marcos que siempre exige una película de este calibre), incluso en sus peleas y persecuciones, aunque éstas se acerquen bastante más al cine contemporáneo por su espectacularidad y sus rápidos movimientos de cámara. Se beneficia, también, de un guión claro (obra de dos debutantes en cine pero que ya trabajaron en Alias con Abrams, productor de este filme), quizá incluso algo inocente en algunos momentos pero que sirve ciertamente a los propósitos de la saga y de su nuevo director.

Tom Cruise (nunca entenderé por qué resulta siempre tan fácil desmerecerle...) sigue ejerciendo como magnífico héroe de acción sobre el que, de momento, no pasan los años. Lo cierto es que su Ethan Hunt, el papel que hizo suyo en 1996 (¡hace 15 años!) con el primer filme de la saga es ahora mismo un claro rival de James Bond. Tampoco parece descabellado considerarle como precursor del actual 007 interpretado por Daniel Craig. Y es que las películas de Bond y las de Misión imposible parecen tener muchos elementos narrativos y visuales en común, hasta el punto de que se puede considerar a estas dos sagas como perfectos y complementarios rivales por la hegemonía en el cine de acción actual, en su vertiente más clásica. Misión imposible apuesta algo más por la introducción de la comedia (de ahí la ampliación del papel en la tercera entrega del cómico Simon Pegg... aunque no termine de cuajar como relajo cómico en algunos momentos y se le lance con descaro a la parte más seria del filme en cuanto es necesario) y por un reparto algo más coral que el de 007 (espléndido Jeremy Renner, muy adecuada Paula Patton), aunque adolece en esta entrega de villanos tan brillantes como había tenido hasta ahora la saga y como suele presentar la de su colega británico (parecen todos algo desaprovechados, en especial la asesina que interpreta la francesa Léa Seydoux).

El papel de Simon Pegg no es la única conexión con la tercera entrega de Misión imposible, que sí se detiene en dar explicaciones narrativas que remiten a la anterior película. La segunda y la tercera parte de esta saga se concibieron como rupturas, como una nueva vía para seguir explorando la mitología de Misión imposible (aunque es verdad que la tercera ya tenía mucho que ver con la primera... y quizá pretendía borrar del recuerdo de muchos la segunda, venerado por algunos sectores, por cierto, aunque yo guardo de ella un recuerdo horrible), pero Protocolo fantasma apuesta por la continuidad. Además de algunas líneas del guión, hay varios cameos que así lo indican (¿para qué destriparlos?). Misión imposible. Protocolo fantasma cumple con creces todos los objetivos que se marca. Entretiene, divierte, emociona y, sobre todo, mantiene viva la llama de la tensión hasta el último segundo, exactamente lo que uno espera de algo que lleva este título. Si además hay una buena dirección, la siempre acertada elección de escenarios exóticos a lo largo de todo el mundo y espectaculares secuencias de acción (la escalada cobra una nueva y hermosa definición; no miréis abajo los que tengáis vértigo), y un toque realista dentro de lo imposible, no queda más remedio que rendirse a la evidencia de que estamos ante una película espectacular en su campo.